¿Enemigo a las puertas?

 waterloo.jpg    Desde hace tiempo, el mundo siempre está punto de acabar. Para algunos, esa crisis, su derrumbe inminente, comenzó décadas atrás, en los primeros años del siglo XX. Las cosas marchaban tan deprisa, el desarrollo de la técnica era tan vertiginoso, la irrupción de las masas era tan amenazante, que muchos contemporáneos sólo podían asistir desazonados a lo que les llegaba, a lo que arrollaba un escenario burgués ya desvencijado. Los europeos sabían que todo se transformaba. Algunos afectaban comportamientos distantes, ajenos irresponsablemente a lo que suponían que tendría remedio o a lo que por carecer de procedimiento no merecía esfuerzo o aplicación. Otros, por el contrario, se empecinaron en tratar de comprender las cosas, buscando sentido, extraviados, cargando con su propio estupor y ceguera. Fue aquél el inicio de un tiempo atroz, un tiempo en el que, como deploró Borges, pareció imponerse “cualquier simetría con apariencia de orden –el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo—”, unas simetrías que bastaron, añade, “para embelesar a los hombres”. Esa impresión de derrumbe la tuvimos, qué duda cabe, cuando vimos por primera vez aquellas imágenes humeantes de las Torres Gemelas, cuando, poco después, se precipitaban. El mundo cambió. No sabíamos qué podía ser aquello, si un acto de terrorismo a gran escala o el inicio de una guerra de nuevo tipo. Yo era un espectador y, como Fabrizio del Dongo en Waterloo (mil veces evocado), me veía aturdido. En aquel célebre pasaje de La cartuja de Parma, un dolido y atolondrado Fabrizio acababa preguntándose sobre el sentido de los proyectiles, del polvo, de la pólvora… “¿He asistido a una verdadera batalla?”, se interroga.

waterloo2.jpg Estuvo en el centro del combate pero no pudo ver gran cosa siéndole difícil determinar si Waterloo era algo significativo para la marcha victoriosa del Emperador.  Hoy sabemos que Waterloo fue una batalla decisiva, como sabemos también que con el 11-S presenciamos una acometida violenta, mortífera, desconcertante. Pero igualmente sabemos que los embates de los enemigos, sus proyectiles, sus bombas, dejan el campo semioculto por una humareda blanca, la batalla sin fin. Son tales el polvo y los humos que aún quedan en suspensión –y no son simples metáforas– que no se divisan ni el curso ni los límites ni el frente en que están los adversarios que golpean con tanta fiereza. Están ocultos y eso hace difícil prevenir sus ataques, combatirlos. Ojalá fuera fácil atisbar o adivinar dónde se encuentran y cuál pueda ser la próxima embestida. Debemos defendernos, pero a la vez debemos evocar a los muertos, rendirles homenaje y recuerdo, mientras sigue el curso de una batalla incierta.Más aún: no sabemos si esto es verdaderamente una guerra o, por el contrario, escaramuzas y refriegas sangrientas, atroces, de quienes emboscados pueden dañar porque se saben huidos del presente, ajenos a las blanduras occidentales y burguesas, a toda forma de humanitarismo. El fanatismo facilita estas cosas, qué duda cabe. Ahora bien, como me he atrevido a decir una y otra vez en mis artículos de prensa, hay que refinar la respuesta sin dejarse llevar por la ciega ira o la venganza o el linchamiento; hay que obrar con contundencia legal, pues lo que de nosotros esos enemigos esperan es que también abandonemos la mansedumbre constitucional, burguesa.  

No es mera conjetura lo que ahora digo: es lo que pudimos leer meses atrás en unos extractos de la carta de Abdennabi Kounjaa, aquel muyahidin del 11-M: «No soporto vivir esta vida como una persona débil y humillada bajo la mirada de los infieles y tiranos», decía el presunto terrorista, pues «esta vida es el camino hacia la muerte», un camino en el que es preferible «la muerte a la vida», un camino que pasa por provocar la guerra abierta, sin freno, sin contención, sin reglas, de Occidente contra el Islam.   Aunque con otro vocabulario, colmado de exhortaciones religiosas, Abdennabi Kounjaa podría haber dicho aquello que confesara el mortífero, cínico y provocador fanático que aparece por las páginas de El agente secreto, de Joseph Conrad: “Nuestro objetivo ha de ser romper la superstición y el culto de la legalidad. Nada me gustaría más que ver al inspector Heat y a sus pares asumiendo la tarea de limpiarnos a plena luz del día con la aprobación de la gente. Entonces habremos ganado la mitad de la batalla; la desintegración de la vieja moralidad se habrá asentado en su propio templo”.  

Pues bien, romper la superstición y el culto de la legalidad es algo que ya se ha hecho y, al parecer, repetidamente. Las cárceles de Bush, repartidas por todo el mundo, sin jurisdicciones visibles, sin reservas reconocidas, son una ignominia que todo buen liberal, todo constitucionalista, todo defensor del Estado de Derecho, no pueden aceptar. Imagino la soberbia religiosa, fanática, de los suicidas, su apetito destructivo, la fortaleza de sus creencias, los preparativos… Pero sobre todo imagino la fría racionalidad con que idean sus acciones. Sospecho su júbilo: esos fieros terroristas saben que la única posibilidad que les cabe para destruirnos, para acabar con nuestra superioridad moral y legal, es romper esa superstición y es culto de la legalidad. De lo que se trata es de dejar un solar carbonizado, arrasar con las vidas de inocentes provocando la respuesta ilegal y brutal de los países dañados. 

 «Nada me gustaría más”, dice el terrorista de Conrad, “que ver al inspector Heat y a sus pares asumiendo la tarea de limpiarnos a plena luz del día con la aprobación de la gente». Añade: «entonces habremos ganado la mitad de nuestra batalla; la desintegración de la vieja moralidad se habrá asentado en su propio templo». El proceso de civilización que llega hasta hoy, un proceso que no es exactamente acumulativo y que puede perderse cuando arruinamos la moralidad y la contención, ha exigido de nuestras sociedades una limitación de la violencia, de su uso, de la represión. Antaño, muchos siglos atrás, buena parte de los conflictos se resolvían a mamporros o con las armas, con torturas y sevicias. Hoy, sin embargo, el uso de la violencia es muy limitado entre particulares, comparado con lo que fue; y su despliegue por el Estado está reducido a casos de defensa y estricta represión legal. El fundamento de esa represión basada en la Ley tiene un origen remoto y se asienta en la mejor tradición liberal, aquella que estableciera los derechos naturales de los individuos y que, por tanto, restringiera la violencia ejercida por el Gobierno a la Ley, a esa Ley que define previamente qué es delito, y a la Publicidad, a la rendición de cuentas ante los ciudadanos.

¿Qué hacer ante el terrorista que golpea sin piedad y que, además, busca vulnerar nuestro sentido de la legalidad? ¿Le aplicamos los mismos principios, sin reparo, sin freno, sin compasión? De la respuesta que demos a estos interrogantes –que ya me formulé meses atrás en un artículo— dependerá nuestro concepto de la  sociedad decente. Al final, habrá que determinar si lo que tenemos a las puertas es al enemigo o la moralidad; al final habrá que preguntarse si no estaremos echando fuera los dengues legalistas por los que los muhayidines tanto nos desprecian.                                                           torres2.jpg 

  1. Si algo nos enseña la literatura es que la visión maniqueista del mundo que pretende imponer EEUU (al parecer es sumamente beneficioso para ese país el tener un enemigo a las puertas, real o no), visión que comparten con quienes pretenden combatir, es que no todo es blanco o negro. A las impresiones de Fabrizio durante Waterloo hay que sumarle la bandada de buitres que se abate sobre el mismo campo de batalla, como nos lo mostró Hugo en Los Miserables.
    ¿Hay una guerra? ¿Hay interés en mantener un estado de guerra? ¿A quienes nos oponíamos a una intervención militar nos están convenciendo de que la guerra es inevitable?
    No lo sé. No identifico al enemigo.
    Un saludo

  2. Me parece un derrotista, Serna. usted no sabe lo que dice. Es de pena ése comentario sobre el terrorismo.

  3. Tal vez en el post está mal expresado pero pone que la visión maniqueista del mundo la comparten EEUU y a quienes éstos combaten.
    También la comparte, al parecer, Cazón.

  4. Me ha parecido un agudísimo artículo, don Justo. Pone el dedo en la llaga, pues realmente este nuevo desafío terrorista puede ser leído no como una guerra más, sino como un referéndum occidental sobre nuestro sistema de valores.

    Hace cuatro años, cuando aún era reciente el atentado del 11-S (como Fabrizio, aún estábamos todos un poco aturdidos, asimilando lo que había sucedido) tuve la suerte de recibir del profesor Joan del Alcázar unas lúcidas observaciones sobre el desastre. Decía Alcázar que el método de ataque que habían seguido los terroristas era nuevo, y por lo tanto, también deberían ser nuevas las respuestas que diera EEUU.
    No se trataba de una guerra al uso: el ataque que había hecho tambalearse y literalmente derrumarse al epicentro del mundo civilizado había sido llevado a cabo por unas pocas personas, armadas únicamente con navajas.

    Tal vez suene a tópico, pero creo que la lucha contra el terrorismo no puede consistir, por inútil e incluso contraproducente, en un ataque bélico a los lugares de origen de esos terroristas.

    Señor Cazón en Adobo, lleva razón con su protesta contra las atrocidades de los regímenes teocráticos islámicos, y sin duda podrá deleitarnos con sus acertadas reflexiones al respecto cuando hablemos de ellos. Pero el tema de debate de hoy es otro, según creo: la actitud occidental (es decir, la nuestra) frente a una amenaza extraña, frente a un mundo que no se rige por nuestro sistema de valores.

  5. Bueno, pues 5 años después, se comprueba que EEUU ha errado completamente el método de lucha contra el terrorismo. Yo menos que nadie le voy a negar a los USA el derecho a defenderse, pero creo que la situación exigía métodos mas sutiles (empleo o creación de fuerzas especializadas en contraterrorismo, servicios de inteligencia e infiltración) que el mero envío en aluvión de todos sus efectivos militares a zonas como Afaganistan e Irak. Zonas en las que hemos visto que no es que la situación haya mejorado mucho después de la invasión de las mismas.

    Cuando EE.UU cuenta con la mayor tecnología militar y de espionaje del mundo, y cuerpos como las Fuerzas Especiales, Delta Force, etc, sus acciones debian haber estado encaminadas a eliminar de la manera mas quirúrgica posible a los terroristas y aquellos que les apoyan, y no realizar invasiones desproporcionadas que han acabado atrayendo al islamismo radical a millares de jovenes dispuestos a inmolarse al igual que sus «héroes» del 11-S

  6. Hace unos treinta años, entrevisté en París a uno de los autores de «·El retorno de los brujos», una obra que en aquella época había hecho furor, Jacques Bergier. El motivo era que Bergier había publicado, ya entonces, un libro titulado «La troisième guerre mondiale est commencée». La tesis de Bergier eera que una guerra larvada estaba librándose entre Ocidente y Oriente (eran tiempos de la guerra fría, pero su análisis la desbordaba «in extenso») pero no entre ejércitos convencionales sino a través de bandas armadas llamadas ya entonces «terroristas» que en realidad eran los agentes inconfesos de las multinacionales. El propio Carlos, paradigma de terroristas, el Bin Laden de aquellos tiempos, era un ser tan ambiguo como el gurú saudita, y nadie sabía muy bien si trabajaba para un lado, para el otro, para los dos o para un abanico más amplio. Viene esto a cuento que desde las grandes migraciones guerreras, Gengis Kahn, los asdeptos de Mahoma, los de cristo a las órdenes de Cortés, han sido siempre avanzadillas económicas, con el afán de lucro por delante, pero detrás del lábaro de cruz o de la media luna. ¿Hay alguien tan ingenuo como para pensar que la prédica de Pedro el Ermitaño tenía como objeto únicamente facilitar a través de las Cruzadas el acceso a Tierra Santa de los peregrinos cristiano? ¿Que el objeto de la santa Inquisición no fuera apoyar al brazo armado del Estado para fortalecerlo en su lucha contra herejes e infieles cuyas tierras y gentes eran después explotadas por los nobles amos? ¿Que las huestes de Mahoma sólo querían hablar bien de Alá? ¿Que Augusto quería exportar el estoicismo a los germanos?

  7. No había terminado, pero el «parato» este se disparó. En definitiva, y ya termino, las guerras tienen siempre una motivación económica, y habitualmente se revisten de dignidad religiosa. El sacrosanto petróleo que mancha la sotanilla de Jahvé, Cristo o Alá, está en la base de todo. La Tercera Guerra mundial no ha comenzado ahora, empezó hace muchos años, cuando el «Viejo de la Montaña» reunió a las cabezas de las grandes compañías del mundo y les dijo: Vamos a jugar a las guerras por fanáticos «interposés», el contenido de la cucaña merece la pena. Unos creerás que mueren por Alá, los otros por Jesús o la herencia de Abraham, pero nuestras cajas rebosarán de oro. De oro rojo, teñido de sangre irracionalmente vertida. No en campos de batalla abiertos, al modo de Klausevitz, sino a base de golpes de manos planeados en despachos a menudo bien iluminados, con aire acondicionado y por ejecutivos que cobran dietas multimillonarias. Eso es lo que pienso. Y no tenemos más que ver cómo tras el 11-M se decretaba la conquista de Irak y se ponía en marcha una cofradía llamada de «Donantes» que ya se estaban repartiendo los despojos de la antigua Babilonia. Quién reconstruiría las refinerías, el otro vendería armamento al nuevo ejército, los más harían viviendas baratas y los palaciones necesarios para gobernar… No sigo. Quien quiera entender, como decía precisamente el militante Jesús de Nazareth, después de echar los comerciantes del Templo, que entienda.

  8. Por todas las razones expuestas, yo, como ciudadana, me siento estafada. Estafada desde que se produjo la primera invasión en este país, o desde que éste, aunque se denominara de otra forma invadió los de más allá, eso sí, revestidos de poder divino, pero con la bolsa preparada, de la misma manera que hacen ahora, siempre por el afán económico, el poder, porque Dios, si existe, debe de tener alguna participación en ello. De hecho, seguramente presidente del consejo de administración.

    Probablemente voy a preguntar una tontería, ¿son mejores nuestros valores que los del resto del mundo? ¿en tanto se diferencian de los demás? Predicamos una cosa y la resolvemos de forma distinta. Somos crueles, locos, sanguinarios pero educados. ¡llevamos tantos siglos imponiendo nuestra occidental visión!

  9. Ya se lo he preguntado a las miles de mujeres maltratadas y asesinadas a manos de sus «hombres»
    Y a los muchos homosexuales denostados hasta hace bien poco.

  10. Y aquí por un Código civil obsoleto, la connivencia de jueces e instituciones y el machismo …. ¡ah! y la religión que forma parte indisoluble de nuestros valores, igual que en los países musulmanes ..

    Afortunadamente, eso es cierto, nuestros valores han mejorado bastante con respecto a los otros. Pero, no por ello, nos hemos de comportado de forma más brutal que aquéllos a quienes ponemos a caldo …

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    RODERICK GUZMAN MEZA

    Plenamente de acuerdo con el ilustre colega Don Miguel Veyrat. ¿Qué bomba ha sido fabricada con un propósito improvisador? ¿Quién presiona el botón si no es el acaudalado industrial, el ensombrerado petrólero o el ceñudo ejecutivo? Ante tan amplio escenario para presenciar el mediocre drama maniqueísta estadounidense, con un director inepto incapaz de comprender la diferencia entre su feudo y el desértico latifundio afgano o la histórica Bagdad. El profesor Serna, agudo como siempre, no pretende en esta ocasión acometer contra ciertos elementos del sistema que ha ocasionado este enfrentamiento entre los muyahidines y los cruzados, pero desliza algunos conceptos favorables a posiciones sostenidas por este servidor en otros sitios de la red. ¿Qué es Bin Laden? ¿Un mercenario, un terrorista, un actor o un fantasma? ¿A qué propósitos inconfesables sirve su imagen cada vez que se aproxima una elección en los Estados Unidos? ¿Por qué se vislumbra su apariencia patriarcal cuando los ciudadanos deben acudir a las urnas? Es la personificación de un miedo tenaz que pretenden enquistar en las conciencias y subconciencias de los estadounidenses. Saludos.

  12. Exacto, Roderick, veo que ha penetrado en la metáfora del fantasma de Carlos, que aparecía y desaparecía según las necesidades estratégico-informativo-manipulativas de la Guerra Fría. Ahora es caliente, muy caliente esta guerra, pero no se juega en los tableros de los campos de batalla tradicionales. Ya no hay ejércitos que se enfrenten con uniformes rojos o azules para ser fácilmente reconocidos por los suyos (y también por el enemigo): incluso en la última rebatiña bélica en terreno libanés, un ejército de uniforme y cascos se enfrentaba con una horda terrorista que se amparaba en civiles para cometer sus golpes de mano. No, ya no sirve el viejo «arte de la guerra», pero sus fundamentos son los mismos, sólo que ahora se solapan. Existen dudas, muchas, sobre el 11 de septiembre. Poco a poco, a medida que se avecina la hora en que el Káiser Busch puede ser vencido por los dispositivos democráticos de esa gran democracia, la primera de occidente que a pesar de todo no deja de ser EEUU, se van sabiendo más cosas. A más pérdida de poder, más y mejores comisiones de investigación, hasta que todo el sucio cieno cubierto de baba y petróleo aflore. Hasta que se adivinen las urdimbres que unen en medio de la niebla a las grandes oficinas de intereses que se enfrentan por dioses interpuestos.

  13. Yo no creo que Serna quiera equiparar los valores occidentales y los islamicos. Si lo leen veràn que no es asi. Me hace el efecto de que lamenta el curso de la politica americana. Alguna vez se preguntaba dònde estaba el frente de esta guerra del terrorismo.

  14. Lean este artículo muy interesante aparecido en ABC. Algunos de sus argumentos los han planteado J.Serna y otros de los presentes.

    11-S, el terror invisible

    EDUARDO SAN MARTÍN

    HOY hace exactamente cinco años, junto con las Torres Gemelas, se derrumbaron otros edificios. Entre ellos, y de forma definitiva, el que albergaba el viejo orden internacional y sus seguridades, basadas en un equilibrio de amenazas que garantizaba que nadie se atrevería a lanzar la primera piedra. Entre octubre de 1989, cuando las revoluciones tranquilas derribaron el último contrafuerte de las dictaduras comunistas, y los ataques del 11 de septiembre de 2001, la utopía que alumbraba el fin de la Historia aguardaba encarnarse en un nuevo orden que sustituyera, de manera tranquila, el mutuo terror asegurado. Los aviones de Alí Atta y sus diecisiete compañeros acabaron abruptamente con esa ensoñación y dieron por finiquitada una época. El terror se hacía invisible, por lo que no había manera de equilibrarlo.

    Se imponía, pues, una nueva forma de guerra contra esa amenaza, difusa pero altamente eficaz, que aprovechaba las ventajas de la globalización y la relajación inducida por una década de distensión. Cinco años después, el balance pone los pelos de punta. ¿Ha sido esa guerra una equivocación? Desde luego que no. Los indudables errores cometidos por el Gobierno norteamericano pueden haber agravado la amenaza, pero ésta no es producto de las mentes calenturientas de unos visionarios neoconservadores. Ahora bien, ¿hemos de continuar esa guerra en los términos en que se formuló bajo el impacto emocional del ataque terrorista más despiadado de la historia? Con toda seguridad, tampoco.
    Vale la pena detenerse en el balance. Dejando aparte el fracaso de posguerra en Irak, que ya ha dado lugar a una bibliografía exhaustiva, Afganistán no es un ejemplo de reconstrucción nacional. Karzai se ve obligado a pactar con los talibanes del sur mientras los mandos de la OTAN reclaman más recursos para detener a una guerrilla que ha importado, con éxito, la técnica del atentado suicida. El ataque contra la embajada de Estados Unidos, la semana pasada, representa un salto importante en esa escalada. Entretanto, los señores de la guerra siguen controlando el negocio de la heroína, que supone el 90 por ciento de la producción mundial.

    Mientras, la bienintencionada Iniciativa para un Gran Oriente Medio, que debería extender la democracia a los países de la región, languidece porque, como denunciaba recientemente Gilles Kepel, a medida que las elecciones las iban ganado los islamistas, «la democratización ha dejado de ser una prioridad para Washington». También ganó Hamás en Palestina, con las secuelas ya conocidas. La reciente guerra del Líbano, por otra parte, ha debilitado al Gobierno israelí, ha fortalecido el prestigio de Hizbolá y ha interrumpido la reconstrucción física y política del país, en perjuicio de los intereses occidentales en la zona; y ha mostrado una vez más la falta de resolución de Washington para imponer el final de un conflicto que sigue nutriendo de «mártires» las filas del islamismo radical. Y por si fuera poco, emerge como potencia en la región una república clerical presidida por un fanático antisemita en vías de obtener la tecnología necesaria para fabricar armas nucleares.

    No es extraño que el propio primer ministro británico, aliado fiel de Bush, admitiera tácitamente que Occidente está perdiendo esa guerra. Fue a principios de agosto en Los Ángeles: «No ganaremos la batalla contra el extremismo global al menos que venzamos en el nivel de los valores». ¿Blair convertido a la Alianza de Civilizaciones? No. No hace falta apuntarse al candor para quitarse la venda. Richard Haas, jefe de planificación política con Colin Powell, llegaba a una conclusión semejante hace menos de un mes: «No puede derrotarse al terror sólo mediante las armas». Entre la retórica apaciguadora de los aliancistas y la ceguera belicista de los halcones, debería abrirse una tercera vía. La apuntaba el último número de The Economist, un semanario que apoyó decididamente la guerra de Irak. «El mundo -decía- debe seguir esforzándose por destruir Al Qaida y, aún más, la idea que representa. Pero sería mejor que lo hiciera con medios más inteligentes que los utilizados hasta ahora por Bush».

  15. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    No puede una política imperialista como la estadounidense prescindir de sus demonios, fantasmas y brujas para mantener bajo buen recaudo la energía emancipadora del pensamiento. Cuentan para ello con una compleja mediática, cinematográfica y literaria. El pedestal de Saddam fue corroído por el ácido de la traición y ahora espera sentencia por crímenes aplaudidos por Washington cuando pretendían atemperar a los Ayatolás y sus masas enceguecidas por el furor antiyankee. Pero Osama Bin Laden se escurre como el agua, entre montañas, valles y feudos medievales de líderes tribales. ¿Favorecido por el «establisment»?

  16. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    Fe de Erratas: En la cuarta línea del comentario anterior, quise decir «Cuentan para ellos con una compleja red mediática…»

  17. Por supuesto, por el «establisment» del general Pervez Musharraf que a su vez está sostenido (él y su aparato buclear) por el establishment neocom en el poder actualmente en EEUU. Un dictador como Musharraf habría detenido ya hace tiempo en las montañas del norte, donde está instalado Bin Laden con mujer e hijos, de haberlo querido. O haber «recibido la orden».

  18. Y Serna? Dónde está Serna? Porquè no dice nada. Como escribe cosas tan largas, estará agotado. A ver si les dice algo a Veyrat y a Roderick. Y al gran Cazón. Él es el que eleva el nivel de este blog.

  19. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    !Vaya, señor Cazón, es usted listo! Clama por la presencia del profesor Serna y se alaba de paso, tras el nick interrogador. Encima se corona como el «gran»…

  20. Gran «cazzo».

  21. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    Con permiso del profesor Serna, quisiera estimado Don Miguel leyerá mi entrega de hoy en blog_zone de Periodista Digital sobre el tema aquí tratado, desde una perspectiva, tal vez un poco imaginativa, pero conforme a cómo la percibimos de este lado del Atlántico quienes hemos sido afectados por esa política de intervencionismo tantas veces aludida. Una vez más, pido permiso al profesor Serna y me disculpo si es un abuso de confianza. Gracias.

  22. amigo Roderick, me resulta muy difícil localizar su texto en el inmenso mar de letras que es ese diario, ¿por qué no reproduce aquí su intervención y así podemos todos disfrutar de ella, e intervenir si ese es el caso? Gracias.

  23. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    Don Miguel, me parece que no debería yo traer mi artículo a esta sección que es de absoluta propiedad del profesor Serna. No creo correcta esta acción. Si lo tiene a bien, le guiaré: Después de abrir Periodista Digital, debe dirigir su mirada hacia la derecha donde aparece escrito: blog_zone; de allí será dirigido a la sección de bitácoras. Siempre a la derecha bajo el título Hispanoamérica, en el quinto lugar descendente, verá donde está escrito Herejías y Silencios. Allí intento realizar una humilde labor que me gustaría compartir con todos. Eso sí, quiero aclarar que tan solo he hecho esto por ser un tema tratado aquí en la página del profesor Serna, a quien le pido disculpas si esto no es de su agrado. Gracias.

  24. Lo siento, me resulta imposible.

  25. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    Bueno, sí el profesor Serna lo aprueba, entonces pegaré aquí el material señalado. Gracias por la atención.

  26. Avatar de Fernández del Río
    Fernández del Río

    Siempre que aparece un nuevo video de Osama recuerdo esos maravillosos montajes de la película Forrest Gump en los que aparece éste personaje ocupando un lugar principal en algunas de las imágenes más representativas de la historia reciente de EEUU. También me trae recuerdos de los superhéroes y los supervillanos de los cómics. No podría asegurarlo, pero me temo que Bin Laden sea también un personaje virtual.
    Afganistán e Irak tienen petroleo, heroina o tierras por las que han de pasar los oleoductos, no han sido ocupados por su vinculación con el terrorismo.
    Pero los atentados son reales, los que los perpetran también. No son una exclusividad musulmana, todo ser humano es capaz de lo peor (y de lo mejor) y ahí tenemos en la historia de occidente: torturadores (en activo para la CIA), dictadores que asesinan a todo posible opositor, guerras estúpidas, terrorismo de Estado…
    Como alguien dijo: acabar con la vida de un hombre por un ideal no es defender una idea, es acabar con la vida de un hombre.

    Si hacer eso está mal ha de estarlo para todos, no solo para los que asesinan burgueses inocentes, también para los que dicen que los defienden.

  27. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    Como ha dicho Don Fernández del Río, a veces tengo la impresión de estar frente a una enorme manipulación de los hechos. Sí, hubo, hay y habrá terrorismo; sí se han derrumbado las torres luego de los avionazos, pero el escurridizo Bin Laden, me parece en ocasiones un holograma, una ficción urbano – político – militar. O acaso, como todo genio que se respete, se esconde por su propia voluntad en una lámpara.

  28. Por supuesto, Roderick, copypaste…

  29. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    MUCHAS GRACIAS, PROFESOR SERNA. AQUÍ VA MI ENTREGA DE HOY. HAGO ECO DEL TITULO DE UN LIBRO FRANCES QUE HA SIDO PROSCRITO EN AMÉRICA.

    ¿La Gran Impostura?
    11.09.06 @ 17:28:42. Archivado en Historia, Política
    No me causa sorpresa que ante la cercanía de un torneo electoral en Estados Unidos, aparezca en las pantallas de la televisión de este país, una imagen de extremistas lanzando amenazas, evocando la gracia divina en su lucha contra los infieles, esgrimiendo frases conocidas sobre el enfrentamiento entre cruzados e islamistas, deshilando los tapetes con cierta sorna cuando profieren intimidaciones contra occidente.

    Poco antes de noviembre del 2004, cuando el actual presidente de Estados Unidos aspiraba a la reelección, los medios televisivos de ese país mostraron a un inesperado Osama Bin Laden blandiendo el alfanje contra quienes son sus enemigos declarados. Pausado y flemático, sentado sobre el polvoriento suelo, el hombre más buscado del mundo vuelve a sacar del arcón la fantasmagoría de una monumental avalancha de sufrimiento contra los guerreros del mal.

    Eran momentos en que la administración republicana se enfrentaba a la crítica de todos los estratos de la sociedad por haber llevado al país a una guerra cada día más carente de sentido, cada vez más manchada por las salpicaduras del petróleo y la sangre tanto de inocentes ciudadanos de las naciones invadidas como de sus jóvenes soldados, inoculados con el veneno del patriotismo chapucero de los personeros del gobierno.

    Oportunamente, el gran jeque ocupa las pantallas. Su presencia patriarcal, su luenga barba regada sobre el pecho, su albo turbante, su lánguida y acuosa mirada, su túnica y sus AK 47 adormecidas a su lado como siniestras mascotas, aterrorizaban a los ciudadanos, les hacía revivir la catástrofe del 11 de septiembre del 2001, cuando una avanzada de extremistas incrustó dos aviones en las torres gemelas del Centro Mundial del Comercio de Nueva York y el Pentágono y casi tres mil personas perdieron la vida en explosiones, incendios y lanzamientos en picada desde una altura de varios centenares de metros.

    Los demócratas debieron quedar perplejos porque cualquier estrategia proselitista les servía de poco ante la vuelta a escena del endriago mayor, del sacrílego demonio de las cuevas afganas, del fantasma saudí. La presencia del caudillo árabe era la mejor propaganda para los intereses de Bush, Cheney, Rumsfeld, Rice y demás testaferros de mantenerse otro período al frente de los enriquecedores asuntos que trae consigo la guerra de prevención, de ocupación y de saqueo planificada con minuciosa frialdad y creciente maldad.

    Ahora, a pocas semanas de acudir a las urnas para reemplazar o ratificar unidades legislativas, reaparece la mítica imagen del espanto personificada por Osama Bin Laden y sus adláteres, solazados y festivos por los, en ese momento, próximos atentados contra Nueva York y Washington. Se reviven los miedos, el pánico se mueve con estremecedor vértigo en los canales arteriales de los estadounidenses y de todo el mundo.

    No vale la pena alentar teorías de conspiración, no tenemos forma de probar nada. Pero curioso es que con la proximidad de los encuentros electorales, este recurso mediático de un terrorista ceremonioso y casi litúrgico vuelva a ser utilizado de manera contundente para torcer cualquier posible dirección tendiente al cambio de autoridades.

    Este 11 de septiembre se cumplen cinco años de aquella monstruosa hecatombe. Para nada nos manifestamos a favor de semejante acto. El mundo no debe volver a ser testigo de tales escenas. Decimos no a la guerra global, sea cual sea su dimensión, su manifestación y sus terrenos de enfrentamiento.

    El sacrificio de personas inocentes a cambio del sometimiento de un sistema o gobierno, como venganza por actos contrarios a los intereses de un grupo, etnia, pueblo o nación, no es propiamente un suceso emparentado con la justicia, ni lo que esperamos sea la realidad de este nuevo siglo. Pero nos imaginamos, de ser un atentado terrorista y no una patraña orquestada por psicóticos lo que vivimos hace cinco años, que estos empachos los sentiremos por mucho tiempo más mientras persistan determinados intereses por la hegemonía, por el control de los recursos naturales y financieros, así como también por preservar el dominio político y militar.

    Es tan curioso que Estados Unidos haya podido capturar a Saddam Hussein, escondido en un agujero maloliente, confundido por los gases tóxicos, demacrado por el hambre y la angustia, traicionado por sus propios correligionarios, enceguecidos por el resplandor metálico del oro y ni siquiera hayan estado cerca de asomarse a las grutas donde supuestamente se esconde un sujeto al que se le ha reconocido una enfermedad renal limitante, bloqueado el acceso a sus recursos financieros, perseguido por el ejército más poderoso conocido en la historia de la humanidad.

    Los aliados de Washington en la región, representados por el General Pervez Musharraf y su horda de acólitos dictatoriales tampoco han visto la orla del hábito a Bin Laden, a pesar de tenerlo allí cerca, en las franjas montañosas, no sé cuánto de inaccesibles y escabrosas, que separa al país islámico del de los ahora nuevamente guerrilleros talibanes.

    No sé, la forma de manipulación pueden ser muy variadas, algunas son absolutamente brillantes, pero en esta ocasión, algo parece no embonar muy bien en el engranaje y un termómetro adecuado para hacer cálculos son las elecciones estadounidenses.

    En el 2008, cuando Bush deba salir de la Casa Blanca, muchos esperan el cambio hacia la órbita demócrata, más popular consecuente con los emigrantes, menos belicosa. No debemos sorprendernos si el mito Bin Laden se mantiene para tratar de evitar lo que parece inevitable, el desmoronamiento de la escalada militar estadounidense para apropiarse de los recursos energéticos de países donde no se les tiene una pizca de simpatía.

  30. Hoy me siento fascinada leyéndolos a ustedes y me atrevo a intervenir sólo para decirlo. Un placer, un verdadero placer leer sus opiniónes y su modo de expresarlas.

    Gracias.

  31. No me gustan nada las tesis conspirativas, sean las del 11-S o las del 11-M. Hay un mundo cifrado y oscuro por revelar y sólo los servicios secretos estarían en disposición de aclarar. ¿Han pensado seriamente en lo que eso significa?

  32. Avatar de Pedro L. Angosto.
    Pedro L. Angosto.

    Grande fue el impacto, más grande el dolor por tanta víctima inocente, víctimas que hoy en la sociedad de la información, desconocemos su número, al igual que las de Irak, porque en la sociedad norteamericana se ha instalado el miedo que emana de la mentira. Sí, fue una tragedia, inmensa, más por premeditada, pero premeditada y alevosa fue la invasión de Irak, sangrienta y humillante para todo el que se sienta ser humana es la muerte diaria de miles de iraquíes, claro ellos están acostumbrados a la muerte, ha sido parte de su menú desde la noche de los tiempos, su dolor, por tanto no importa.
    Ha pasado mucho tiempo ya desde los atentados de las torres gemelas, entre tanto han ocurrido muchas otras tragedias en el mundo, en el mismo Estados Unidos, miles de personas habitantes de Nueva Orleans siguen viviendo en sus casas arruinadas, comiendo mierda en ese lugar maravilloso de la nación más poderosa de la tierra que creó la música contemporánea.
    Con mi solidaridad por las víctimas de todo tipo de barbarie, hay una cuestión que me preocupa sobremanera desde el 11-S o desde antes: La política del miedo, la permuta que parecen querer vendernos a los ciudadanos de las democracias dormidas para que cambiemos libertad por seguridad. El miedo es la verdadera política del futuro, el miedo es una tremenda amenaza para la libertad, para la humanidad: A él se dedican con denuedo los dueños de la globalización de los capitales y el pensamiento único. Hay que pensar un poco en aquel célebre poema de Bertolt Brecht: Al final, no tardará mucho, vendrán por nosotros, ya nos tienen escondidos.

  33. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    No aliento una posición paranoica con esto de las conspiraciones. El mundo se estremece cada cierto tiempo con movimientos poderosos que le transforman. Luego de las luchas ideológicas, queda más para idear oscuras maquinaciones, para interrumpir el decurso de la historia sobre delicados parajes. Alguien en alguna parte, bajo cualquier aspecto, podría estar atizando las brasas o pisoteando las cenizas de la fogata. Los servicios secretos apenas vendrían a ser una astilla sobresaliendo en la epidermis de lo ignoto.

  34. Avatar de Pedro L. Angosto.
    Pedro L. Angosto.

    Sólo un añadido, en un mundo desigual -cada vez lo es más- nadie, nunca, podrá eliminar ni delincuencia ni terrorismo: Ambas cosas parten de la desigualdad económica, cultural, histórica. La libertad, la justicia y la educación siguen siendo las únicas armas válidas contra esas lacras. Empero, nadie parece estar por la labor y sí por la de matar moscas a cañonazos: La guerra y el miedo siempre han dado altos dividendos a quienes no han creido nunca en la democracia ni en las libertades públicas, que nunca se han conquistado para siempre, en cualquier momento -ya hay síntomas en muchas «democracias»- se pueden perder, sobre todo cuando la ciudadanía se ha vuelto acomodaticia y no tiene el más mínimo interés en movilizarse por absolutamente nada.

  35. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    Lo anterior, estimado Pedro, ubica a Estados Unidos y a las bandas de terroristas en la misma línea, tal de una manera mucho más paralela de lo que nos gustaría reconocer. Ambos, a sus maneras características, han alentado miedo, guerra, discriminaciones y desigualdades de todo tipo.

  36. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    Fe de Erratas: en la segunda línea del comentarios anterior dice: «tal de una manera mucho más paralela…» Debe decir: «tal vez de una manera…».

  37. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    Estimado amigo autonombrado Cazón en adobo, veo que usted tiene una lúcida imaginación; sin embargo, me pregunto ¿por qué la desperdicia? Digamos que entra en razón y nos deleita con algún sesudo análisis sobre el tema del cual hemos conversado este día. ¿Tiene algún impedimento? De ser así le entenderemos como personas civilizadas y decentes que somos. Reciba un cordial saludo y nuestros mejores deseos de que se mejore.

  38. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    He leído lo que usted ha denominado análisis. Imagino que sí, es irrebatible, pero versa sobre un ignoto tema. De allí el silencio de Serna. Hagalo de nuestro conocimiento para poder entonces sí, disfrutar de su sapiencia. ¿Conoce usted la palabra coherencia?

  39. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    Disculpe usted, Cazón en condimento ajoso, no soy español. Mi entorno no es tan afortunado como el suyo. Somos hispanoamericanos que hemos vivido durante mucho tiempo en medio de las argucias de ciertos poderes, tal vez conocidos por usted aunque no los haya experimentado. Un cordial saludo.

  40. Avatar de Pablo Veyrat Cendoya
    Pablo Veyrat Cendoya

    Cazón, macho ¿no te aburre exhibir tus complejos a diario en estas páginas? ¿Puedes entender que tu opinión sobre Goytisolo, Marías y demás gente del entorno Prisa-pogre no sólo no interese, sino que además irrite al encontrarla incrustada en lo que, sin ella, hubiera sido una discusión fluída sobre un tema completamente distinto y bastante más interesante para quienes la mantienen?

    ¿Acaso te irrita que la gente sea feliz discutiendo pacíficamente sin compartir tu honda animadversión para con aquellos, a tu parecer, encumbrados injustamente? Sangre de horchata ¡cómo pueden vivir sin indignarse ante tamaña injusticia!

    Y, sobre todo, una cosa: no entiendes nada. Esto no es un concurso de agudeza, no puntúa ser filólogo y «saber mucho de escribir», ni encajar el argumento enlatado justo en el punto débil de la argumentación del otro. Va de pensar por uno mismo y compartirlo con otros. De este modo, algunos, tratan de entender mejor qué ocurre. Se llama dialogar o pensar con otros.

    Tu presunto análisis, onanismo aparte, no pasa de ser un «y ellos más», en lugar de centrarte en cuáles pueden ser las causas del problema. Luego alargas el post atacando a gente que según tú no debería ni aparecer en la prensa ni ser tan estimada. No he encontrado un solo argumento genuino en tus intervenciones. Todo conocido. Y tan mísero. Es una pena. La estupidez de la masa, que dices combatir, se ataca predicando con el ejemplo, no uniéndose a ella.

    De verdad, das la impresión de haber estado encerrado en una facultad muy, muy pequeñita y de pensar que el mundo gira en torno a tus frustraciones. Sé bueno y piénsalo, ¿vale? No creo que quieras que esa sea tu aportación al mundo. Un saludo.

    Por cierto, ¿por qué no firmas con tu nombre? ¿Te avergüenzas de lo que dices? ¿No estás dispuesto a dar la cara por lo que cuentas? Entonces lo sabes.

  41. Pablo, si yo fuera Cazón, al menos un Cazón sensato, dejaría de dar la murga después de tu severísima andanada. «Dar la murga», leo en el Diccionario de la RAE, es «molestar con palabras o acciones que causan hastío por prolijas o impertinentes». Cazón, comprenda usted que sus frecuentes comentarios ajenos a la discusión son prolijos e impertinentes y a muchos de sus lectores les causan hastío. Yo ya no le pido que ponga su nombre; lo que pido –si es que quiere continuar aquí– es que trate de los asuntos que se debaten, no de la última ocurrencia que le viene, casi siempre una defensa de Francisco Umbral.

  42. Gracias, Roderick por su lúcido análisis. No he querido intervenir para dar lugar a que esto no se convirtiera en un diálogo particular y pudiesen entrar otros compañeros. A mí, como a Justo serna, tampoco me gustan las conspiraciones, pero como las brujas en Galicia, «haberlas, haylas». Claro que es tarea y deber de los servicios de inteligencia desenmarscararlas, pero también de los periodistas, intelectuales o simples ciudadanos lúcidos el denunciarlas.
    En cuanto a ese pobre imbécil adobado, les he dicho varias veces a todos ustedes que lo traten como a un insecto molesto: como por demócratas no podemos aplastarlo, pasen de él, ignórenlo. Como decíamos cuando éramos niños (e infantil es el pobre señor) ¡Ya se cansará! Porque las andanadas como las que le acaba de atizar Pablo con toda razón y con argumentos, por cierto, les excitan más que alejan.

  43. Cazón en adobo se cree con la verdad universal, él decide qué hemos de leer y qué webs hemos de visitar para ser tan cultos y tan letrados (???) como él..ehm, no gracias.
    Al margen de ello, creo que lo más importante del 11-S es todo lo que ocurrió y que no sabremos nunca, la verdad, es triste que las políticas vayan por esos derroteros. El otro día, vi en el cine «United 93» , más que por el morbo, la reitración sensacionalista a lo Ooliver Stone (o la dignificación de sus héroes americanos), porque me parece que el director de Bloody Sunday, Omagh…es mucho más honesto, y lo cierto es que me resultó una película muy interesante, sin recreos ni tópicos.
    Bueno, nada más, la verdad es que sobre el 11-S queda poco más que decir, más que nada porque no nos dejan conocer más aspectos para que que podamos extraer conclusiones. Muy triste.

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