Es extraordinariamente interesante el repaso que ayer domingo le daba la prensa al estado de nuestra derecha. Por ejemplo, Abc se tomaba en serio el análisis de esa derecha reformista de la que el periódico se siente emisario o portavoz. De una parte, el director del diario, José Antonio Zarzalejos recordaba a aquel José María Aznar del año 2000, cuando el centrismo sin complejos parecía la palabra de orden del partido, cuando los principales dirigentes no estaban condicionados por el discurso extremista que ahora les viene de fuera –dice– y que tanto beneficia a José Luis Rodríguez Zapatero. De otra parte, una entrevista en Abc a Alberto Ruiz Gallardón le permitía al entrevistado buscar ese reformismo, esa moderación que consigna entre sus correligionarios y que peligra por el estrépito de la derecha extrema y externa (a la que, por cierto, Fraga también ha criticado recientemente). Hoy lunes, el periódico conservador vuelve a tratar este grave asunto en uno de sus editoriales. Celebra, otra vez, el liderazgo de Mariano Rajoy, auténtico heredero de aquella derecha centrista o reformista que habrían encarnado Manuel Fraga y el primer Aznar, y acaba diciendo: “las condiciones son, por tanto, muy favorables al PP, y lo seguirán siendo siempre que sea capaz de centrar el debate social y político sobre estos asuntos y no secundar la estrategia de crispación que, al alimón, están ejecutando tanto quienes, diciéndose afines a los populares, buscan anular su capacidad de maniobra e instalarlos en la radicalidad, como el Gobierno, para asegurarse una participación similar a la del 14-M y, por tanto, el voto del electorado de la izquierda más extremista”.
Por otro lado, El País evocaba ayer domingo la fundación de Alianza Popular, de la que hoy se cumplen treinta años. En el reportaje el diario reproducía unas palabras de Fraga pronunciadas justamente en 1976. Confiaba agrupar a la derecha reformista, decía: «Lo que estamos haciendo en AP es aislar a la extrema derecha y traer las fuerzas conservadoras hacia el centro». Fue, qué duda cabe, una tarea interesante, de supervivencia personal y de reordenación del espacio político, cosa que se prolongó años después con la refundación del partido, con la creación del PP. A la vez, en el mismo diario, Karmentxu Marín le hacía una de sus entrevistas guasonas a Manuel Fraga. En una parte de la interviú, Marin hacía mención de una cita empleada alguna vez por el ex presidente de la Xunta de Galicia para alegrarse de haber promocionado a José María Aznar: “Si no vencí reyes moros, engendré quien los venciera”, reproduce Marín para preguntar inmediatamente: “¿Aznar es su engendro?”. La respuesta de Fraga es contundente y previsible: “No. La palabra engendro tiene dos significados. Yo le designé, y me alegro de haberlo hecho”.
Estas palabras me han hecho recordar ciertas cosas… He releído el capítulo que José María Aznar dedica a su mentor, a Manuel Fraga, en su libro Retratos y perfiles. Justamente allí habla de la oportunidad que le dio permitiéndole encabezar el paso de Alianza Popular al nuevo Partido Popular. Y he releído también mis papeles, lo que escribí para mí… Es curioso: si atendemos a los esbozos que Aznar hizo en su último libro, el capítulo que dedica a Fraga es seguramente muy certero y a la vez bastante inmisericorde. Le tiene respeto, claro, le tiene admiración, una admiración debida, contenida, algo roñosa (como parece corresponder al carácter del ex presidente del Gobierno). Tal vez por eso hay también en sus palabras algo de reproche o de reconvención indirecta, el reparo de quien se ve justamente como el contraejemplo del retratado, el pero de quien valora la quietud y el sosiego en la toma de decisiones.
En palabras de Aznar, Fraga siempre habría sido expeditivo, “un vendaval”: como esos individuos a los que les cuesta disfrutar de la lentitud y de la demora, de esa parsimonia en la que la vida se expresa y en la que están los mejores detalles de la existencia. Cuenta el autor que, siendo joven, veía a don Manuel, entonces ministro de Información y Turismo, acudir a un piscina de mucho ringorrango del Madrid más distinguido, la misma balsa a la que concurrían quien hace la semblanza y sus hermanos. “Aparecía con un bañador grande”, nadaba, tomaba el sol y se iba. “En total, venían a ser unos cinco o seis minutos”. Siempre las prisas, esas perentorias urgencias del que está muy ocupado y no dedica más que unos minutos al solaz o al descanso: siempre ese vendaval…, un ventarrón que, sin llegar a ser temporal, amenaza con arrastrar todo lo que encuentra a su paso, siempre esos apremios de quienes se jactan de trabajar más que nadie o de quienes llegan los primeros y se retiran los últimos.
Cuando casi está por acabar el capítulo que le dedica, José María Aznar traza un perfil de Fraga de una precisión verdaderamente asombrosa. “Fraga es la encarnación misma de la pasión política. Vive por la política, para la política y de la política. Es su elemento, el único horizonte donde está cómodo, la única atmósfera donde puede respirar. No he conocido a nadie con una vocación política tan arraigada en su propia naturaleza, tan indiscernible de su identidad y de su carácter. Eso le ha proporcionado una increíble capacidad para sacrificarse por lo que él consideraba una causa justa o adecuada a los intereses generales, y también ese rasgo de carácter tan propio de Fraga que consiste en empeñarse en ser siempre el primero y marcharse el último. Fraga ha padecido más que nadie las consecuencias de esa ansiedad, que podía conducir a la precipitación, en algunos casos a la dispersión, en otros a una sobreactuación no siempre necesaria. El ritmo vertiginoso que imprimía Fraga a su actividad le llevaba a elaborar y articular proyectos sumamente valiosos, pero también a pasar demasiado de prisa sobre muchas cosas y a no rentabilizar como era posible hacerlo el ingente esfuerzo que estaba desplegando. Ahora bien, a esa energía le debemos nuestro partido. Fraga es el creador del Partido Popular y consiguió articular un proyecto en torno a esa gran visión”.
Repasemos esos enunciados, los verbos que definen la actividad del retratado.
1. Vivir la política como pasión y ser ésta “el único horizonte donde está cómodo, la única atmósfera donde puede respirar” hasta el punto de ser “indiscernible de su identidad y de su carácter”. ¿Cuál ha sido, pues, la vida de don Manuel más allá de la política? Si hemos de hacer caso al autor de esta semblanza no hay atmósfera ni horizonte que no sea esa actividad.
2. “Sacrificarse por lo que él consideraba una causa justa o adecuada a los intereses generales”. Capacidad de sacrificio por lo que uno mismo juzga adecuado o pertinente no significa necesariamente esfuerzo generoso, sino una visión cerrada, autosuficiente, incluso intolerante.
3. «Empeñarse en ser siempre elprimero y marcharse el último». Quien llega el primero y se marcha el último demuestra empeño, laboriosidad, dedicación, pero quien destaca en otra persona esa obstinación diagnostica también un desmedido afán de protagonismo.
4. Padecer “esa ansiedad, que podía conducir a la precipitación, en algunos casos a la dispersión, en otros a una sobreactuación no siempre necesaria”. La ansiedad es congoja, es desazón, es falta de sosiego que lleva, en efecto, a la premura, a la multiplicación improductiva y sobre todo a un exceso. Decir de Fraga que sobreactúa no tiene lectura positiva alguna.
5. “Elaborar y articular proyectos sumamente valiosos, pero también a pasar demasiado de prisa sobre muchas cosas y a no rentabilizar como era posible hacerlo el ingente esfuerzo que estaba desplegando”. Nuevamente, los apremios de quien carece de sosiego, de quien no sabe sacar un provecho razonable del empeño, del “ingente esfuerzo”, sólo pueden revelar a una persona que es incapaz de medir con lógica y mesura la tarea que realiza.
¿Se puede decir más en menor espacio, con menos palabras y con una crítica más explícita? ¿Se puede reprochar de una manera más expresa? Con este perfil trazado, José María Aznar demuestra tener una maña increíble de retratista, pues le saca al personaje los claroscuros…

Lo he recordado ahora que la prensa se apresura a esbozar la imagen de Fraga, treinta años después de que fundara Alianza Popular.

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