Nostalgia del futuro

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1. Qué curiosas coincidencias. Rafa Torres hablaba en su blog del espacio ruidoso, de ese espacio exterior en el que, al parecer, los ventiladores y las máquinas nos hacen ensordecer. Por su parte, Julia Puig hablaba de literatura infantil en su bitácora, de lo que significa contar y leer historias. Ambos comentarios me hicieron recordar una cosa aparentemente tan banal como qué es lo que nos hace humanos, qué es lo que nos distingue desde niños. No pude evitarlo: recordé a Hal 9000, de 2001 (Stanley Kubrick) . Hay en aquella película secuencias memorables que rentengo desde que la vi por primera vez con nueve o diez años. Para mí, cuando la estaba contemplando era un relato majestuoso e indescifrable, como esos cuentos enigmáticos de los que hablaba Julia Puig. La veía como una película de ciencia-ficción, sí, pero hermética y bella, o quizá oscura y premonitoria. Con astronautas en hibernación; con tripulantes enfundados en sus trajes blancos moviéndose con lentitud sideral; con comida en cápsulas o en patés de colorines. Era el futuro. El porvenir no estaba en una población de la Tierra, con adelantos que podríamos ver, sino en una estación espacial o en la nave Discovery, no-lugares convertidos en alojamiento humano. Recuerdo los atavíos de los pasajeros o de la tripulación de la estación espacial: una moda muy pop, de un primer pop prehippy, con pantalones aún estrechos. Pero recuerdo sobre todo la vida en el Discovery. Era una aventura en el sentido más literal de la expresión: un viaje más allá de las estrellas, con un destino que no se conoce bien y con unas metas que la tripulación verdaderamente ignora. Pero quien lo sabe todo es ese otro miembro de la tripulación que desde entonces me fascinó: Hal 9000.  

Las computadoras de entonces, de los años sesenta, se llamaban así: computadoras. O al menos  eso era lo que oíamos en pantalla. Y su aspecto externo no era como los ordenadores de hoy: su parte decisiva no era una pantalla o teclado, sino el ojo que te ve, una especie de objetivo con el diafragma bien abierto. Hal era como Polifemo, pues disponía de un solo ojo, sí, pero, a diferencia de aquel, tenía un dominio panóptico sobre la nave: en todos los rincones del Discovery había terminales que le facilitaban el control de lo que pasaba. Porque, como nos recuerdan Joan Bassa y Ramon Freixas en su libro dedicado al cine de ciencia-ficción, “es necesario precisar ante todo la existencia de dos tipos diferentes de computadora: la máquina programada, archivo de memoria y suminsitrador de datos, y el cerebro electrónico, categoría máxima de máquina dotada de una inteligencia propia, capaz de razonamientos de todo tipo y, sobre todo, no sólo capaz de responder, sino también de preguntar”. Hal es memoria y razonamiento, capaz de averiguar lo que pasa.

 hal.jpg Pero lo que pasaba no sólo lo advertía con su único ojo. También sus redes neuronales le permitían acoplarse a la nave, solaparse con ella, de modo que un desperfecto técnico era captado o percibido inmediatamente.  La historia de 2001 puede ser interpretada de modo diverso y hay, desde luego, distintos problemas que allí se nos muestran:  el dominio espacial, sí; pero también los misterios de la existencia, la ambición y la soledad; el poderío de las máquinas y la pequeñez del hombre; las persistentes necesidades humanas de amor, de comprensión, que aquí las expresa Hal, un cacharro concebido para ser perfecto pero cuyo desarreglo neuronal empieza cuando debe enfrentarse a los hombres; las promesas, en fin, de superación que nos depara el futuro (con ese superhombre que vemos nacer). 

superhombre.gif Cuando Dave Bowman, el único astronauta que sobrevive, empieza a desconectar la computadora, el cacharro tiene miedo. “Just what do you think you’re doing, Dave?”, le dice Hal. Es una pregunta literal pero es también la expresión de un miedo, pues su vida se apaga, cosa que puede producir serios daños en esas redes cerebrales. Justo en ese momento empezamos a oír ruidos electrónicos, chasquidos metálicos (así lo recuerdo) y un tarareo de Hal. No es el vals de Strauss (ese que Rafa Torres recuerda también), sino una cancioncilla infantil. “Daisy, Daisy…” Esa canción nos muestra la infancia de la computadora: le fueron introducidos recuerdos y sentimientos, recursos de la existencia humana que siempre se expresan bajo la forma de relatos. Ruidos, valses y sonsonetes. Siendo niño, la primera vez que vi aquella película no la entendí (insisto), pero quedé definitivamente fascinado por la mezcla de imágenes y sonidos. Admití que el futuro era así y que, por supuesto, el espacio exterior (qué bien sonaba aquello: el espacio exterior) era exactamente igual al visto en 2001. Era una película pomposa, cierto, pero qué película, señores. No puedo volver a verla (o a oírla) sin sentir una punzada de nostalgia por el… futuro.  

2. Del Gulag al Spútnik

3. El proyecto Apolo y nosotros

elvientodelaluna.jpg

4. El último Kubrick…

15 comments

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  1. Jaime

    Como dice usted en su reseña de Muñoz Molina: “Hermosa vista. Magnífica desolación”. Eso es el espacio exterior no?

  2. Paco

    Serna: siempre escribe de actualidad. Para què puñetas escribe sobre 2oo1. No había nada mejor que decir? Ay, compañero!

  3. Juan

    Leo lo que dice de Kubrick. Me gusta 2001. Pero no Eyes Wide Shutt. Me gusta el SK, pero creo que no le ha beneficiado que ustedes lo conviertan en un director de culto.

  4. iker

    Así, sin quererlo, la nostalgia siempre nos invado como un inprevisible reducto, mientras en la tele se habla de falta de consenso entre populares y socialistas. Hal 9000/ IBM una computadora capaz de entender el miedo como lo tiene el hombre frente a la muerte. Un ente artificial capacitado e incapacitado, que se vuelve loco frente a las diatribas con las que tiene que enterderse el ser humano a diario. Hal 9000 también se volvería loco si se le programara para establecer la plantilla adecuada de la que partir con tal de establecer un modelo lógico de acabar con el terrorismo. Tal vez si los políticos recurrieran con más asiduidad a su infancia, y vieran lo poco que les queda de inocencia, la cosa iría mejor entre ellos

  5. Juan Navidad

    Hace años regalé un libro a mi hermano pequeño, Robertillo. Era del año 1930 más o menos y en él se nos planteaban cómo pensaba su autor que sería el futuro. Las sensaciones que transmitía el librito eran por un lado sonrisa, ingenuidad y en algunas ocasiones, incluso carcajada abierta. Por otro lado, quisiera terminar con una frase que viene muy a cuento que en unas semanas estará publicada en un libro, \

  6. Juan Navidad

    -Lo pongo de nuevo- mil disculpas…

    Hace años regalé un libro a mi hermano pequeño, Robertillo. Era del año 1930 más o menos y en él se nos planteaban cómo pensaba su autor que sería el futuro. Las sensaciones que transmitía el librito eran por un lado sonrisa, ingenuidad y en algunas ocasiones, incluso carcajada abierta. Por otro lado, quisiera terminar con una frase que viene muy a cuento que en unas semanas estará publicada en un libro, Frases para no dejar de pensar -en ese momento será ya parte del pasado-.

    Dice: Este año, hace años, no lo habría imaginado así.

    Saludines,
    Juan Navidad
    http://www.juannavidad.com

  7. Julia Puig

    Para los que crecimos en las últimas décadas del siglo XX, el siglo XXI significaba la frontera de la ciencia ficción y la realidad. Esta diferencia no estaba dentro de nuestras cabezas por que sí, era parte de los imaginarios colectivos que la literatura y el cine colocaban en nuestras mentes. Odisea 2001 con su nave espacial Discovery y Hal, marcaban un mundo sin fronteras, un mundo en el que se vivía en el espacio, y en el cual la moda, la arquitectura, el diseño, todo cobraba formas extraordinarias fruto de la imaginación. Al salir de aquella sala de cine nos quedaba, la ilusión de lo que sería el siglo XXI, en definitiva de lo que sería el futuro.

    Sin embargo, una cosa nos quedaba clara de todas aquellas películas y relatos fantásticos, el futuro tendría que venir acompañado del desarrollo del conocimiento, lo que nos haría hijos de las estrellas, era allí, donde se encontraba el secreto de nuestra emancipación y nuestro futuro. Efectivamente, Justo, una inolvidable nostalgia.

  8. Tallaferro

    Hace ya unos cuantos años que estamos en el siglo XXI, esa centuria que parecía que nunca iba a llegar, y que estaba llamada a ser “el futuro hecho realidad”, a juzgar por las películas que se podían ver en los cines de los años ochenta del pasado siglo, como la Guerra de las galaxias o E.T., que cuando éramos niños nos permitieron soñar e ilusionarnos. Ahora, en cambio, cuando somos adultos y contemplamos la realidad, nos damos cuenta del valor que tenía y tiene la “inocencia” infantil frente a la cruda realidad del día a día.

  9. Kant

    Compartiendo la añoranza por aquella “Discovery”, he de recalar en los comentarios de Julia Puig y de Tallaferro respecto a las esperanzas frustradas en el 2007¿De verdad se frustraron?
    Hal 9000 – a quien quise hacerle una exposición en el año 2001 aunque la limitación intelectual de algún político provinciano lo impidió – no sólo es el Polifemo que lo ve Todo del que nos habla Serna, es el Polifemo enloquecido por la ceguera de su propia brutalidad – esa falta de conocimiento que apunta Puig – y que delata su propia condición natural como cíclope que es, bruto, tosco. No, nuestro hoy no es de ilusiones perdidas, en todo caso, de ilusos: cosechamos lo que sembramos.
    Es el resultado lógico de confiar en la brutalidad como instrumento de relación y de visión del mundo. Y eso tenemos, a Hal 9000 sin ningún Bowman que la desconecte al monstruo nacido del sueño de la razón.

  10. Justo Serna

    El conocimiento como esperanza del porvenir era, en efecto, lo que algunos soñábamos cuando niños. Ahora perdida la inocencia, de repente nos encontramos con la brutalidad o incluso con la inercia de las máquinas que nos arrastran. Pero, como dice \’Kant\’ (y nadie mejor que él podría decirlo), ya no hay un Bowman que pare esto, que frene el vértigo.

  11. Justo Serna

    Por Dios, Sr. Gómez, no tiene nada de excepcional. Es una evocación personal de lo que fue el impacto que ese fenómeno cultural ampuloso, barroco y fino a la vez, tuvo en un muchacho de diez años, que es cuando la vi por primera vez. De todos modos, le agradezco la ironía…

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