Sociología del vocerío

gritos.gif   Entre el Hola y el Tomate

Hoy, todo el mundo tiene algo que declarar: todos tenemos un pronunciamiento o un juicio o una valoración o una reflexión que hacer.  Escúchenme, léanme, mírenme. Creemos tener algo que decir y, además, creemos que eso que hay que confesar hemos de hacerlo con gran énfasis, con resolución y seguridad. No es mala cosa, no. Es preferible que la gente se exprese, aunque sea pomposa e inútilmente; es deseable que las personas se manifiesten (aunque sea retóricamente), a que reserven su dictamen por reparo o por timidez o por censura. Algunos, por ejemplo, agigantamos este hecho: colaboramos periódicamente en la prensa e incluso duplicamos el número de las opiniones vertidas abriendo blogs como éste en el que escribimos con frecuencia (antes, todos los días laborables; ahora…, cuando puedo). ¿Deplorable esta multiplicación?

La verdad, es una suerte vivir en una época en la que los medios democratizan el acceso de los potenciales usuarios. Es una gran fortuna poder disponer de recursos públicos para expresar una opinión y, por tanto, para hacer valer nuestra voz. Decía Albert O. Hirschman que cuando el ciudadano o el empleado o el usuario se sienten a disgusto con su circunstancia o con un servicio que la empresa o el Estado le dan tienen dos opciones: la salida  o la voz. La salida es la escapatoria; la voz es la protesta. Manifestarnos en la calle es una forma de protesta que no sustituye a la política, pero es una manera de politizar la voz, un modo de hacer ostensible, un medio de representar la palabra en escenas. En democracia, el Parlamento es una de las instituciones de la voz, de la voz, en el sentido de Hirschman. Se pronuncian palabras de critica y se representan intereses que se expresan con discursos. Pero los medios de comunicación también son el lugar de la protesta, aquel espacio en el que verter la voz, en el que emitir opiniones para defender casos o para justificar posiciones. Su gran número se lo pone difícil a quien quiera hacer un acopio de dichas opiniones, a quien quiera averiguar cuáles son los intereses en litigio. Un engorro, vaya. En los viejos buenos tiempos, cuando el analfabetismo era lo acostumbrado y los medios escasos, las voces eran pocas, no se dejaban oír fácilmente y, en todo caso, el resultado no era tan complejo como lo ha llegado a ser después. Hoy, ya digo, hay juicio sobre cualquier cosa (como protesta o como adhesión) y todos creemos tener derecho a expresarlo. No está mal si esas opiniones no se igualan, si no las tomamos como equivalentes. No está mal  si éstas procuramos fundamentarlas o documentarlas. ¿No son eso los intelectuales…, individuos que piensan, que protestan, que no se reservan sus juicios públicos, sino que, por el contrario, los difunden a manos llenas? Los periódicos, las televisiones, las radios o los cibermedios  los reclaman: gracias a sus opiniones vertidas, los lectores, los espectadores, los oyentes y los internautas creen hacerse ideas de lo que hay que pensar. Es, si quieren,  una pedagogía pública, pero entraña también un riesgo: el del caos y el de la cacofonía. Échenle un vistazo a España. 

En efecto, hay algo que se ha impuesto en nuestro país y que es un peligro creciente. Para abreviar lo llamaremos el estilo rosa. La lógica, la dinámica y la retórica de los medios públicos se asemejan cada vez más a ciertos programas televisivos y  a algunas revistas del corazón. ¿Qué es la prensa rosa? Ya saben: son publicaciones (y televisiones) en las que se persigue a personajes célebres para arrancarles alguna declaración, alguna opinión, algún juicio sobre sus penúltimos amoríos. Es, por supuesto, el lugar del cotilleo, el corral de vecindad al que se asoman los espectadores para asombrarse con las habladurías, pero es también el proscenio en el que representar el famoseo: un modo de certificar la existencia. Si sales, si te roban la imagen, si te piden opinión, es que cuentas, ya cuentas. Pero eso que dices o que dicen no es todo, sólo una parte de lo que encubres. Hay, pues, un toma y daca. Algunos confiesan algo, pero todos los espectadores saben que hay algo más que no se revela, que detrás de esas pocas palabras triviales o comprometedoras, hay… tomate; hay… tela. 

Admito tener algunas nociones de cultura rosa. Y detesto esa inclinación que debería ser inconfesable, pero que a mí me serena.  Por ejemplo, al echar un vistazo al Hola me entretengo, pero me pongo verde de envidia cuando veo a esos famosos que siempre están descansando. O, por ejemplo, al contemplar por unos instantes el Tomate me aquieto el estrés y me embobo con algo que no me concierne. El Hola y el Tomate rompen nuestra actualidad diaria más perentoria y quiebran nuestra contemporaneidad más angustiosa.  Pero el problema no es ése. La auténtica cuestión es que el Hola y el Tomate han acabado por contagiarlo todo, han terminado por imponer una retórica expositiva en los medios que también se ha adueñado de la política.

 Cuando alguien alcanza celebridad, aunque sea por un presunto delito, lo primero que hace es enfundarse unas gafas ahumadas tras las que emboscarse: siempre lo veremos avanzar con determinación negándose a hacer declaraciones… Quizá cansado del acoso, harto de ser pasto de paparazzi, el famoso evita todo dato o noticia. Advierte que no responderá a preguntas, insidiosas o no. Como mucho hará alguna declaración con la que acallar esa persecución de la que es objeto. Por el contrario, cuando alguien desea alcanzar una celebridad de la que aún no goza, entonces lo veremos agitándose, exaltándose, reclamando la atención de los medios. ¿Tienes algo valioso de lo que sentirte satisfecho? Nada valdrá mientras no haya un micrófono que lo registre. Estamos viendo, cada vez más, a políticos que organizan ruedas de prensa sin preguntas, hartos quizá de la persecución de la que son objeto; y vemos también a representantes públicos que pronuncian una gran declaración (en una sala o en las páginas de un periódico) para hacer manifiestos sus puntos de vista (que en tantas ocasiones son meras trivialidades, aunque ellos los tengan en alta estima).

No quiero pecar de apocalíptico, pero creo que el periodismo analítico, reflexivo y documentado está de capa caída. No es que triunfe la prensa de opinión, no. Lo que acaba dominando es la prensa de opiniones. Por inercia o dejadez o por comodidad o por colusión de intereses (entre partidos y periódicos), hay muchos medios y reporteros que se atienen a esa retórica expositiva de la prensa rosa: personajes que no admiten preguntas y a los que se persigue con tesón o celebridades equívocas que se pronuncian con gran énfasis y poco seso. El choque entre partidos políticos es democráticamente saludable. Sin embargo, trasladado ese litigio a los medios con la lógica rosa, el enfrentamiento es enloquecedor: siempre habrá alguien que convoque un mitin o una rueda de prensa en la que decir una cosa muy gruesa que será respondida con otra convocatoria en la que verter una respuesta de mayor estrépito. Mientras tanto, los espectadores, digo… los ciudadanos, estamos empezando a sentir un hastío creciente… ¿ante la voz? No: ante el vocerío.

0 comentarios

  1. No se si las cosas están tan mal como dice. Es cierto que hay vocerio (como dice) pero la democracia funciona!

  2. Estimado Justo:

    Una vez más, acertadísimas tus apreciaciones sobre el vocerío al que aludes de los medios de comunicación (y en otros ámbitos). Aquello que se enseña en las facultades de periodismo de que la prensa también debe desempeñar una función didáctica parece haberse diluido en las aguas de borrajas de este momento de confrontación del que estamos siendo testigos. Por lástima, lo único que parece haber sido un patrimonio exclusivamente español ha sido este vocerío, esta sinrazón que no le pertenece ni a la derecha ni a la izquierda, sino a ambas, como la moderna manifestación de esa vieja crítica machadiana a la brutalidad española que termina siempre en los mamporros polvorientos de nuestra raza.

    Siempre digo a mis alumnos que Machado nos hace mejores, quizás para incitar inútilmente a la lectura de sus sabios versos, que como tú sabes huyen del vocerío español: ¿cuándo hablarás de Machado, querido Justo? Tan vigente y tan amado, este poeta nos recuerda: «Me paro a distinguir las voces de los ecos». Salud y enhorabuena una vez más.

  3. Gracias a ti, Luis. La verdad es que la invitación que haces a reflexionar con Machado llega muy hondo. Para mí, Machado sigue siendo el poeta de la reflexión que se reparte a manos llenas, que se expresa más allá del narcismo de la voz. Ojalá pueda algún día hacer lo que me propones. No sé si sabré.

  4. Señor Serna: Aunque no se si estoy de acuerdo con todos sus argumentos : me parece muy interesante lo que hoy se aborda después de dias de latencia.

  5. Es cierto que la revolución tecnológica permite que un número mayor de ciudadanos puedan expresar su opinión y leer las de otros muchos. Empero, la revolución internatua reflejada en un blog no pasa de ser un acto un tanto narcisista que apenas influye en la formación de opinión, primero porque en la mayoría de los casos son muy pocos los lectores y menos los comentaristas, segundo porque muchos de ellos acuden a este o aquel blog porque se identifican con lo que en él se expresa.
    Nunca el hombre ha sufrido tanta cantidad de información, la mayoría de ella, como dice Justo, cada vez más influenciada por los métodos rosas, por ejemplo, hemos recibido enormes cantidades de informaciones, opiniones, reportajes sobre la guerra de Irak, pero la mayoría de los medios han trivializado este dramático y sangriento hecho sin pararse, sin detenerse en lo principal, la muerte de más de medio millón de personas. Daños colaterales, errores de apreciación, me equivoqué, tipología de las bombas, armamentos, costo, dinero, pero ni una palabra del dolor inmenso que aflige a miles y miles de personas, eso no puede ser tratado de modo rosa. Y si, tenemos mucha información, pero ante todo sufrimos mucha manipulación, de modo que hoy son los diarios gratuitos, donde el análisis, el pensamiento o la crítican brillan por su ausencia, los que de verdad están de-formando la opinión de una población que cada vez se mueve más por las consignas de quienes gritan y alborotan sin motivo alguno, de quienes creen que el barullo y el insulto son las mejores armas para el debate político, incluso el intelctual, personaje que al estilo zoliano, está en peligro de extinción para desgracia de todos.
    Respecto a lo que decís de Machado, imprescindible tenerlo siempre cerca, inevitable leer siempre que se pueda un fragmento del Juan de Mairena.

  6. Pienso, estimado Quiñones que la labor de la prensa no es educar sino informar y opinar, teniendo mucho cujidado en diferenciar información de opinión. Deben educar la escuela y la práctica democrática. La democracia no es sino una praxis y su ejercicio cotidiano a todos niveles enseña a matizar, a modular la voz. La proliferación —bendita sea— de medios de comunicación y su apertura a los usuarios de la que habla hoy Justo Serna, permite escuchar el eco de la propia voz y quizás a deleitarse en ella y acaso a ir un poco más lejos, un poco más alto cada vez. Por ello es preciso aprender a modularla, sobre todo cuando se da la confrontación con el otro, con el interlocutor.Creo que esa práctica cotidiana de enbtrar y salir de blogs acabará produciendo con el tiempo una sana práctica de confrontación civilizada y de debate sereno y argumentado.

  7. Tomando algunas ideas de tu escrito, creo que los
    cambios mas importantes son:

    a) El «ser famoso» es un mérito que supera la razón de esta  fama, aunque ésta se haya logrado en terrenos nada respetables. En realidad es algo que en el Reino Unido ya conocían, dos sociedades una que se alimentaba de prenas amarilla y otra de prensa seria. Evidentemente ambos niveles empiezan a ser cada vez mas indistinguibles. Esto es preocupante.

    b) La democracia significa poder opinar, pero tambien gobernar en representación. El político no es un opinador mas, es un argumentador. Creo que ante la marea de «vocerío» el argumento (equivocado o no) no consigue destacarse. De nuevo el modelo ingles, la percepción del cambio climático cambió cuando alguien de forma razonada le puso precio y consecuencias. En los medios actuales se mezcla opinión y argumento con mucha facilidad. Es un tema cuantitativo, argumentar pueden pocos, opinar
    muchos. Un articulo en Nature o en Science no es asimilable a un mitin político o a Carrusel Deportivo y el negocio de la comunicación tiende a ponerlos al mismo nivel.

    c) Más que nunca hay que recuperar las referencias, las autoridades morales por la vía del conocimiento demostrado que muchas veces no es el éxito económico y social.

    Entenderás, pues, mi manía hacia los blogs y las tertulias radiofónicas: allí está la opinión pero difícilmente el argumento, pues éste es difícil de expresar, poco inmediato y no puede escribirse o decirse ni con facilidad, ni con brillantez y lo más importante, no hay argumento sin responsable detrás de él. Hablar con alguien detrás de un seudónimo me supera, necesito saber quién es y de qué cosas parece saber. Una cosa es la libertad de opinión y otra el concimiento sufciente para el análisis en cada situación concreta.

    ——————–

    Nota de Justo Serna: El autor del comentario que precede es  Gregorio Martín, catedrático de de Ciencias de la Computación e
    Inteligencia Artificial. Esta precisión la hago para conocimiento de los lectores, a fin de que sepan desde qué espacio académico dice lo que dice. A Gregorio Martín debo el primer estímulo para escribir hoy sobre este ‘Vocerío’: en un correo electrónico enviado días atrás me invitaba a reflexionar sobre algunas cosas que en parte trato en este post. Lamento no haber respondido una a una a las interesantes cuestiones  que me hacía. Fdo.: JS.

  8. Le dan ustedes demasiada transcendencia al asunto. En un país visceral como el nuestro, las tertulias o el vociferío pueden provocar cambios en el 2 o el 3% de la población como mucho. Somos un pais de \

  9. Querido Profesor Serna:

    Tras quince días sin teléfono y sin nada de lo que depende de él, claro, y otros cinco más sin conexión a Internet, como «castigo» de La Telefónica (perdón por el artículo, que sé que no se lleva) por no tener el Adsl contratado con ellos, llego al fin a darle las gracias por sus amables palabras tras la brillante presentación de su libro y mi humilde croniquilla de ella; por el monigote de nieve que nos dedicó al Señor Veyrat y a mí y por el enlace a la página del dibujante de ese Monigote, realmente notable y talentoso.

    Leídas sus aportaciones de éstos días, en los que he «descansado» de Internet y sufrido su falta, lamento muchísimo no haber podido comentar nada a su artículo sobre la pérdida de memoria senil y a lo que eso nos conmueve como hijos, nietos o simples espectadores del declinar humano, pero, pese a mi alejamiento de su blog, debido, como sabe, a haber aparecido siempre aquí con mi nombre (Sí, Don Gregorio Martín, suele ser muy peligroso: hay locos en la Red) y a los ataques furibundos que recibí de quien me conocía, pero actuaba tras máscara, debo regresar, como lo hice para «colgar» la croniquita citada, ahora para darle las gracias, como ya he dicho, pero no me puedo sustraer, ya que estoy aquí a comentar su artículo de hoy, aunque sólo opine y no argumente, ay.

    Aunque la función de la prensa y del periodismo en general no sea educar, me parece que tampoco debería ser “deseducar” y, en esos programas y publicaciones que usted cita, se deseduca. Todos, no solo usted, esté tranquilo, sentimos curiosidad y miramos a veces, ese espectáculo grotesco que constituyen los programas rosas de televisión. Se ven como quien asiste a una zarzuela o como el que se para a mirar, asombrado, una pelea callejera por lo peculiar, por el absurdo que suponen esos famosos de los que nunca habíamos oído hablar y que jamás han hecho nada. Los miramos como miramos a los transeúntes desde la mesita del bar con terraza en la calle, mientras tomamos una horchata. Observamos a gentes que sólo pasan, que no hacen nada y con cuya contemplación podemos pasar horas porque uno de los espectáculos más entretenidos que hay es el humano; en esos programas, unimos ese espectáculo con el añadido del componente bochornoso y chabacano que jamás estaría a nuestro alcance si no tuviéramos una televisión. No creo que ninguno de los que frecuentamos su blog, conozcamos nada similar a Belén Esteban, ni siquiera tendremos, no ya un compañero de trabajo, que trabajar no trabajan y es imposible, un vecino como Coto Matamoros y ese espectáculo ramplón y miserable nos hipnotiza y fascina. Es lo más natral, lo malo es que, a base de tenerlos presentes en nuestro cuarto de estar, de oírlos insultarse de modo carcelario (incluidos los periodistas) y preguntarles cosas que serían bochornosas hasta en la consulta de un médico, comienza a parecer natural lo inadmisible y ese modo sin modos, influye en el modo de producirse de todos, incluidos los políticos. Cuando la educación es mucho menos estricta, cuando los niños son dioses a los que no se puede recriminar y el espectáculo chabacano está instalado en nuestras casas y lo vemos como al crío delincuente y problemático al que, en el fondo, todos sus compañeros miraban con admiración, la “deseducación” es rápida e irreversible.

    Pero yo trato siempre de ser positiva y me parece que todo esto de lo que hablamos es el tributo que debemos pagar a los colosales medios con los que contamos. Que quienes hacen un buen uso de esos medios son la minoría, claro, ya, pero siempre ha sido así y en todos los órdenes, como es una minoría quien participa aquí y hay blogs con miles de entradas diarias. Eso es así y seguirá siendo así, sólo creo que hay que estar alerta para que no nos influya demasiado el modo de expresarse de Jesuelín y que, a la vista de ese espectáculo, no nos avergoncemos de esas cosas que parecen trasnochadas: la ética, la dignidad, el respeto a uno mismo y a los demás…

    A mí esos programas me han servido para verlos con mis hijos y explicarles, a la vista de lo que aparece en una hora, prácticamente todo lo que no debe hacerse.

    Un saludo y mil gracias, otra vez. Éste blog me ha dado la oportunidad de conocer y entender a personas que jamás hubieran pasado por mi vida de no ser por Internet, compensa enormemente a La Pantoja e incluso a la Duquesa de Alba :-)

  10. También yo he estado ausente durante un tiempo bastante prolongado y ahora, al ponerme al día, me salta a la vista lo más destacado de lo que usted ha escrito desde que no le visitaba en su blog. Menciona la hospitalización de su madre. Espero, de todo corazón, que fuera por algo sin importancia de lo que esté totalmente recuperada.

    Saludos cariñosos.

  11. Muchas gracias, señora Serrano, por sus amables palabras. Pero mayor agradecimiento le debo por el realismo y la sensatez con que afronta el mundo rosa y los espectáculos ‘tan edificantes’ con que a veces nos deleitamos como cotillas. Insisto: yo también. De todos modos, la observación de estos mosntruos del famoseo, que son ‘freaks’ del circo actual, hay que compensarla con el esmero de la reflexión y de la lectura, de la ironía y del sarcasmo también. Son como ciertos medicamentos: que no se pueden tomar si no se rebajan sus contenidos. El problema es que se extienden los malos modos: ese «modo sin modos», como usted bien señala.

  12. De la Cultura a la Barbarie hay un solo paso. Toda la represión sobre los instintos que el ser humano ha ejercido a través de siglos de Civilización sobre sí mismo, desaparece en minutos.

    Personas con un gran bagaje cultural, quedan fascinadas por las señales electrónicas que emiten configuracciones de imágenes, en las que se desarrollan vivencias ajenas a los verdaderos problemas que afectan a la sociedad. Queda prisionero de las imágenes en la butaca.

    Así el alienamiento social está asegurado y la Libertad secuestrada..

  13. Lo cierto es que, la mayoría de las veces, prefiero agazaparme tras la lectura de sus comentarios y de quienes intervienen con tanta sensatez que comentar nada. Poco voy a añadir.

    En mi oficina solíamos discutir sobre este efecto en la sociedad. Nos preguntábamos si nos merecemos este vocerío. Es decir, si es la sociedad la que demanda estos programas o son los programadores lo que nos van moldeando a su gusto.
    Yo miro las fotos del Hola en la peluqueria, como corresponde. Y me sucede como a usted. Eso de ver gente que no hace nada, me deja tranquila, ya estamos los demás para apoyar sus iniciativas.
    De todo este vocerío y salserío rosa lo más triste que he encontrado es que mi sobrina nieta, que tiene cuatro años, sepa más de Julián Muñoz y la Pantoja que de Blancanieves, por ejemplo.
    O que mi hija, en clase, pregunte a criaturas de diez o doce años y todos sepan quién es el del tomate, y digan que ZP es el rey de España.

    Los periodistas no están para educar, su labor es informar.

    El problema añadido en estos programas es que los «desinformadores» no son periodistas, aunque lleven un bloc de notas y un boli, ni tienen puñetera idea de nada, ni casi la más mínima educación.

    No sé cómo sé tantas cosas si yo, como la inmensa mayoría de los españoles, sólo veo los documentales de la 2.

  14. Los documentales de La 2, apreciada Russafa, nos permiten aprender sobre el cortejo nupcial de las grullas, algo seguramente aburrido. Pero yo tengo algún amigo que se hizo toda una cultura naturalista con esos somníferos televisivos. Se justificaba apelando a la semejanza que tenemos con los animales… Ahora, mi amigo habla con mucho aplomo de los hábitos de los animales más insólitos. O eso creo. Pero, en su caso, son admirables la técnica y el procedimiento, pues la información que recibe de la televisión la une a sus lecturas copiosas y enciclopédicas: sabe que Darwin fue en el ‘Beagle’ y que la teoría de la evolución –en su versión moderna– empezó en las Islas Galápagos, justo cuando el gran naturalista contemplaba admirado la diversidad de los pájaros pinzones. Es decir, yo creo que nuestros famosos son como grullas o como pinzones: varían de isla a isla, pero tienen el mismo aspecto y sobre todo vienen del mismo ancestro originario. Se les ve el plumero, en fin.

  15. Y es bueno, verles el plumero, querido Serna. Aprecio enormemente las aportaciones que aquí se han hecho, aún disintiendo de algunas, y celebro el regreso de Ana Serrano y Gertrud Tieleman a quien tanta cordura y sentido de la realidad debemos. Pero vuelvo a la frase primera: verles el plumero significa re-conocernos en ellos. La paremia de Stendhal de que la novela (del XIX) es un espejo al borde del camino, vale para la Televisión del XXI. De ese espejo puesto ante nosotros, novela de la vida cotidiana, debemos aprender: eso es lo que nos educa, no lo que digan o hagan, prediquen o intenten argumentar los supuestos periodistas que nos agobian con su griterío o el famoseo que pasea sus plumas de pavo real o desnudeces de pavo all horno. Es preciso, como dice muy sensatamente Ana Serrano aprender a «descifrar», a leer el posible jeroglífico que nos ofrecen los medios, y para ello nada mejor desde una perspectiva adulta (¡ay, tan difícil de conseguir!) que educar así a nuestros hijos y a nosotros mismos «leyendo» correctamente la televisión y los demás medios. ¿Quiénes somos los españoles? ¿Qué somos? ¿A dónde vamos? La eterna tríada de preguntas tiene su respuesta en las pantallas, en los micrófonos de radio, los diarios. Se trata de aprender a leerlos. Incluídos los «nicks». Muchas veces el pseudónimo escogido por cada quidam brilla lleno de significado.

  16. Que mejor forma de llamar a ese periodismo (por llamarlo de alguna manera, al fin y al cabo informan de algo) rosa que vocerío, ¿por qué en esos programas hablan a gritos?jajajaja, que se encuentra uno en el mejor momento de la siesta (Cuando se puede, claro) y te despiertan con un «CaRMINAAAAAAAAAAAAAAAAAA, EN BREVES MOMENTOS, TA CHAN TA CHAN», jajaja. Triste y triste. Recuerdo antaño cuando llegaba yo del colegio y había en televisión toda una parrilla infantil, ahora…ya no hay nada de eso. ¿Qué nos está pasando? Incluso se realizan test de embarazo, de paternidad, en vivo y en directo…muy fuerte. Cualquier día los profesores en al universidad, como comentó entre risas uno de ellos el año pasado, terminarán la clase con un eslogan en la camiseta, publicitario, diciendo «esta clase ha sido patrocinada por Signal, dientes blancos siempre».
    Saludos PoP!

  17. Mi apreciación sobre los documentales de la 2, o punt 2 era irónica. A mi no me da tiempo a hacer la siesta con ellos porque estoy en la oficina, pero animalicos de diversas especies también tenemos aquí.

    No es fácil ni cómodo «educar» a leer entre líneas, ya venga de un diario, de un micrófono o de unas imágenes. Ni hacerles comprender la diferencia entre el vocerío y la sensatez, entre la cultura y la ramplonería. Y todos los adultos no tienen la misma visión de lo que es ser adulto ni de la educación.Muchos adultos se quedaron en Peter Pan.

  18. Cierto, Russafa, y por ello existe definiido por los psicoanalistas «el síndrome de Peter Pan». Pero es preciso esforzarse, aunque sea con pataletas de ahogado, en no verse sumergido por el aluvión de aguas fecales y saber evitar su contaminación.

  19. Señor Veyrat. ¿Tan mal hemos hecho las cosas para haber llegado a esto?
    Sé que no es una mayoría, afortunadamente, pero chillan tanto que parecen más millones.

  20. Ni usted ni yo somos culpables, Russafa. El sistema hace que sea la publicidad quien paga los costosísimos gastos de las televisiones: A más audiencia más dinero que entra en las arcas, pues la publicidad no premia a los programas poco vistos. Luego… vale todo, y lo que la conciencia profesional de verdaderos periodistas no soportaría, ese trabajo sucio, lo hacen mercenarios que usurpan la profesión. No sólo es el caso de las y los comentaristas rosa, también el de los intoxicadores políticos: Ni César Vidal ni Federico Jiménez Losantos, son periodistas. Son profesores, el uno de filología española y el otro de historia. Y eso, los curas lo saben y lo permiten. ¿Por qué han decidido tras una larguísima reunión episcopal renovarles los contratos? Respuesta que puede hallarse en todos los periódicos: La audiencia, ya que el lodo que vierten en esta sociedad, sobre usted Russafa y cientos de miles de Russafas, trae dinero a la COPE, luego a la Conferencia episcopal.

  21. Entonces doy gracias a los cielos por el hecho de saber pensar. Porque, por mucho que intenten tirarme basura encima todavía sé cómo quitármela e, incluso, hacer un quiebro para que no me toque.

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