Los comunistas y los majaderos

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1. El resentimiento –la animosidad con que se sobrelleva a los otros– es un concepto sobre el que reflexionó ampliamente Friedrich Nietzsche. Quien se siente impotente, quien no puede hacerse a sí mismo, quien no soporta a los demás por su desenvoltura… se consume en su propia debilidad: un rencor interior que no sabe o no puede expresar. Todo le agota, le agosta. Espera rebajar a los otros y no les tolera su disentimiento o su orgullo de hacerse y ser diferentes. El resentido vive en la aversión de sí mismo…  

He leído con sorpresa e incluso con estupor el artículo Longevidad del resentimiento, que Félix de Azúa publicó días atrás, artículo que mereció un par de respuestas durísimas, una de ellas de Miguel Veyrat: tajante, contundente, exacta. He releído el texto de Félix de Azúa y he quedado simplemente desconcertado por la inquina que dedica a tantos contemporáneos suyos, a casi todos nosotros, vaya. ¿Cuál es la clave de lectura? La izquierda española, la de hoy, pero también la de treinta años atrás, vive en el resentimiento de los majaderos, en la impotencia de quienes no saben hacerse a sí mismos sin experimentar rencor hacia los mejores. ¿Y quiénes  fueron los mejores? Como izquierdista que fue, Félix de Azúa se lamenta por haber despreciado a Adolfo Suárez y a Felipe González; deplora su ceguera de tal; se flagela por haber creído en una ficción tóxica: el maoísmo.  

Éramos jóvenes –parece disculparse– y ya se sabe que la juventud es un estado en el que se suele dar la exaltación algo bobalicona de lo simple, de lo rotundo, una exaltación hecha con empeño feroz. Félix de Azúa era joven, pues, y maoísta, seguidor o heredero, por tanto, de la Revolución Cultural. No sé si llegó a pertenecer a la Joven Guardia Roja o a Bandera Roja, que eran dos de las organizaciones revolucionarias que mayor prestigio alcanzaron frente al reformismo que encarnaba Santiago Carrillo. Al Partido Comunista de España se le veía como una entidad anquilosada, aburguesada, envejecida, frente a BR o la JGR, experimentos audaces de quienes querían cambiar las cosas de raíz, sin ataduras, sin concesiones, sin contemplaciones. Los maoístas de entonces se presentaban como lo que eran: jóvenes revolucionarios y, al igual que en el caso francés, eran la consecuencia izquierdista del 68. Impugnaban la democracia burguesa, las instituciones occidentales, etcétera. Eran, insisto, los jóvenes de entonces. ¿De entonces? Vamos a ver. ¿De qué fechas estamos hablando? Creo que en todo esto hay una maniobra narcisista y una confusión cronológica.   

Veamos en qué consiste esa maniobra narcisista. Félix de Azúa habla expresamente de la Transición y, por tanto, sus nostalgias lo son de Adolfo Suárez o de Felipe González.  Habría sido su juventud maoísta la que le habría llevado a repudiar alocadamente a quienes eran políticos de talla, sensatos, prudentes. Hasta aquí parece todo muy correcto y autopunitivo. Pero si nos fijamos bien hay un problema de cronología: mejor dicho, Félix de Azúa incurre en un anacronismo con el que creo que quiere salvarse. La lógica de este procedimiento la he visto empleada en algunas memorias o autobiografías. Para dar fuerza y sinceridad a la evocación de la propia vida no hay nada mejor que ser inmisericorde con uno mismo o, mejor, con lo que fuimos. Si censuras con crudeza lo que fuiste, si te das un severo rapapolvo por lo que hiciste, entonces la autenticidad del recuerdo pasa sin mayor problema y parece responder con fidelidad al pacto autobiográfico que estableces con tu lector. No puedes mentir, enredar o confundir cuando la evocación de ti mismo es tan extremadamente dura. Y, sin embargo, ese procedimiento tiene truco: si te condenas por lo que fuiste acabas reflotándote por lo que ahora eres, de modo que siempre te salvas en presente. Cuando fuiste maoísta te enorgullecías de serlo; ahora que ya no lo eres te enorgulleces también. Es un procedimiento de narcisismo que no entraña un auténtico autoanálisis, porque la inspección sólo sirve para preservarte en cada instante que estás viviendo en presente.  

Veamos en qué consiste la confusión cronológica en la que incurre Félix de Azúa. Cuando Adolfo Suárez es nombrado Presidente del Gobierno estamos en 1976. Yo tengo diecisiete años y siento una vaga simpatía por el partido socialista. Ya ven, siempre he sido muy moderado, incluso cuando las circunstancias invitaban a la exaltación. Pero no acaba aquí la cosa. Estoy en COU y  con ayuda de otros organizo una encuesta multitudinaria sobre nuestras inclinaciones políticas. No me pidan exactitud científica. El sondeo que yo hice entre mis colegas no habría superado el examen descuidado del estadístico menos riguroso. Pero no es eso lo que ahora importa: en los resultados que yo reúno  ganaban los socialistas y sólo en tercer lugar quedaba el Partido Comunista de España. Entre mis condiscípulos también alguno decía sentir simpatías por los maoístas, algo que a mí me parecía inquietante y  pintoresco. Tanto es así que poco tiempo después me vi comprando el Libro Rojo, de Mao, para tratar de advertir cuál era el encanto –al parecer metafórico, poético— del Gran Timonel. Ninguno, la verdad. Hablo, ya ven, de bobadas de adolescentes. Pero Félix de Azúa no era joven hacia 1976: tenía ya treinta y dos años y, por tanto, su maoísmo no era la efusión de un púber ni la quimera de un muchacho. Su repudio de Suárez o de González, gentes pactistas y serias que contribuyeron a crear un espacio constitucional, fue una irresponsabilidad del adulto. ¿O es que con treinta y tantos años se era aún un irresponsable? Por otra parte, en ese dolor metafísico con el que sobrevive, Félix de Azúa olvida algo fundamental: a un protagonista igualmente sensato y serio que no menciona, cosa que prueba el capricho de sus juicios y de su memoria. 

Félix de Azúa no alude a Santiago Carrillo, sólo de manera indirecta como el jefe de los majaderos, digo de los comunistas. Con ese retrato generacional tan sesgado, la memoria rehace a su antojo la historia, expulsa a los protagonistas que incomodan y, nuevamente, se salva: si repudié a Suárez y González fue porque era joven y de izquierdas, o sea, majadero. Mire, no: los comunistas españoles de entonces –esos a quienes caricaturiza haciéndolos simplemente prosoviéticos— actuaron de manera responsable, adulta, madura y contribuyeron como pocos a que la Transición discurriera por los cauces pacíficos. Por tanto, hacia finales de los setenta, el Partido Comunista de España no era ese grupo de majaderos a los que Suárez habría puesto en cintura –tal como se infiere de lo dicho por el articulista–, sino una organización sensata a la que debemos políticas de consenso y responsabilidad.  

Al final, si lo miramos bien, el texto de Félix de Azúa no es lo que parece: una evocación de la propia militancia o ceguera personal. A la postre, el artículo es la consumación y la confirmación de una trayectoria descendente: la de quien habiéndose aupado a la columna del izquierdismo más exquisito comprueba que la política es un asco, entonces como ahora. O, en otro términos, vistas las cosas desde el presente de cada momento, entonces como ahora siempre estoy en lado correcto. Por eso, en estos momentos, no me extrañaría que el viejo maoísta acabara buscando y apoyando a nuestro Sarkozy local. En Francia, los antiguos maos ya lo han hecho.

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2. Artículos de Justo Serna en Levante-EMV:

-Sobre Federico Jiménez Losantos.

-Sobre José María Aznar.

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  1. TRIBUNA: FÉLIX DE AZÚA

    Longevidad del resentimiento
    Félix de Azúa, El País, 12/02/2007

    Recuerdo perfectamente con qué ferocidad despreciábamos a Adolfo Suárez. El plural se refiere a la izquierda de aquellos años. Ni siquiera le odiábamos, era demasiado insignificante. Un burócrata que sólo suscitaba el sarcasmo, un trepador cuyas contradicciones podían facilitar la insurrección proletaria. Es cierto que le había votado una mayoría de la población, pero ya se sabe: los españoles son franquistas, borregos, rancios. Supongo que eso es lo que piensan de Zapatero muchos nacionalistas.

    Luego pasamos a despreciar a González. Algunos habían sido compañeros suyos en la Universidad de Sevilla: un chisgarabís, un pelmazo del que huía la gente. Los sarcasmos contra Suárez se hicieron más virulentos contra González. Basta con releer lo que escribían las grandes plumas de la izquierda sobre la entrada de España en la OTAN.

    Ahora, cuando el país va regresando inexorablemente al Ruedo Ibérico, nos percatamos de que Suárez y González fueron una bendición inmerecida para una casta intelectual fatua y microcéfala. Un par de políticos inteligentes, prudentes, hábiles, que nos libraron de nosotros mismos. Si hubieran triunfado los míos, por ejemplo, Cataluña habría sido una república popular maoísta. Nunca se lo agradeceré suficientemente a Suárez y González.

    Éramos jóvenes y en ese periodo amorfo llamado “juventud”, que en España dura hasta los cuarenta años, está permitido ser un majadero y que sin embargo te haga caso la prensa. Pero ahora, cuando se reproduce el viejo estilo del rencor y el resentimiento, ya nadie es joven, ni siquiera los jóvenes son jóvenes. Los “jóvenes” nacionalistas vascos patean las tumbas de los asesinados por sus padres. Han nacido viejos.

    El mes pasado, escribía Muñoz Molina en estas mismas páginas su desaliento ante el delirio en el que ha caído la casta dirigente. Era el grito espantado de alguien que, por vivir fuera, se percata de lo asombrosamente inútil que llega a ser la elite española. El delirio de la oposición, perpetuamente encadenada a sus tráficos vaticanos, a su ética momificada, ese espíritu de bronca tan compatible con la codicia. El delirio de los periféricos, reduciendo sus fortalezas regionales a siniestras aldeas endogámicas cada vez más hormigonadas. El delirio del actual gobierno, convencido de poder dialogar con los nacionalistas, desde los más presentables hasta ETA, y proponiendo alianzas con el Islam. Vaya panorama.

    Hace unos días tuve ocasión de hablar con una persona excepcional. Ha conocido la esclavitud verdadera, la de las mujeres que se pudren en los países islámicos. Ha vivido en Somalia, Etiopía, Arabia Saudita, Kenya… Sabe que en este momento no hay mayor injusticia que el islamismo explotador de una mitad de la población condenada por su sexo. La miseria del proletariado en la época de Marx era un privilegio comparada con la miseria de millones de esclavas (laborales, familiares, sexuales) que se ocupan de la totalidad del trabajo de la aldea mientras los hombres se dedican a pavonearse rifle en mano y a rezar. No podía concebir que alguien como Zapatero, con mando en un país europeo, hablara de “alianza de civilizaciones”. ¿Qué civilizaciones? Si a sus hijas les hubieran cortado el clítoris y cosido los labios externos quizás no fuera tan frívolo.

    Suárez dialogó con gente que le despreciaba, pero que estaba deseando salir de la cloaca. Es cierto que los comunistas seguían persuadidos de que no había nación en la tierra que pudiera compararse con la URSS (¡la de Breznev!), y que nuestros jefes hablaban en verso sobre Rumania y sobre la portentosa inteligencia de Ceacescu. Estos majaderos, sin embargo, ya no creían en sus propias mentiras y por lo tanto se podía dialogar con ellos. Suárez lo hizo y consiguió que entraran en el orden democrático al que juzgaban un modo de explotación más peligroso que el fascismo. Suárez dialogó porque lo que tenía delante era un fantasma que al oír el primer ring de monedas se esfumó como Drácula y se dedicó a proteger a las focas.

    No es ese el caso de ETA, ni el de los islamistas que con tanta precisión describe una y otra vez Antonio Elorza. Ni siquiera es el caso del PNV. Quizás Esquerra Republicana esté más cerca de la lucidez: por lo menos ya se les ha producido una escisión y eso indica que puede haber pensamiento incluso en una nevera. Ley de oro desde Maquiavelo es que no puedes dialogar con quien está persuadido de que tú eres débil y él es fuerte. Que Alá está de tu parte, o que están contigo Dios y las cajas de ahorro vascongadas más algún sindicato para que el amo no esté solo.

    Nuestro presidente dice que hay que dialogar con los opresores. Parece que no haya dialogado en su vida con alguien que le toma por bobo. La quiebra de esos diálogos imposibles conduce a callejones sin salida. Los callejones sin salida generan frustración. La frustración es la madre del resentimiento. Hemos regresado a la política del resentimiento, la continuación del franquismo. El gobierno no piensa en los ciudadanos, el gobierno sólo piensa contra la oposición. Un gobierno que le tiene tal pavor a la oposición como para no abrir la boca sin mencionarla (¡mamá, mamá, mira lo que ha hecho Rajoy!), es un gobierno de una debilidad incompatible con cualquier diálogo. La consecuencia ha sido el fracaso del “proceso de paz”, mal planteado desde su bautismo con esos términos episcopales.

    ¡Qué nostalgia de Suárez y González! El uno y el otro hubieron de vérselas con enemigos mucho más peligrosos que los que lidia Zapatero. Suárez con los franquistas, es decir, con la totalidad del poder económico, o sea el poder madrileño, vasco y catalán que era el único que había. González, con sus propias huestes, cabras locas, conspiradores del ochocientos. Ambos, con una ETA que en aquel momento no sólo era infinitamente más fuerte, sino que recibía el apoyo de toda la izquierda del país. Y sin embargo pudieron imponer su diálogo, es decir, meter en vereda a los inválidos morales en menos que canta un gallo.

    ¿Por qué entonces Zapatero no puede con unos adversarios desdentados como los del PP, y una ETA a la que ya sólo apoyan los caseríos y ni siquiera todo el PNV? Porque no logra convencer de su poder, es decir, el poder del Estado. Y cuando el Estado muestra su debilidad, el rencor, el resentimiento y el oportunismo ocupan la escena.

    Si alguien desea conocer el desarrollo de una conciencia política racional y no visceral, lea la estremecedora autobiografía de Ayaan Hirsi Ali (Mi vida, mi libertad). Verá cómo la inteligencia unida al coraje puede vencer a la esclavitud en las condiciones más opresoras. Ayaan Hirsi es en verdad una revolución viviente porque dice aquello que todo el mundo sabe, lo evidente. Aquello que los islamistas ocultan, niegan, disimulan, disfrazan, porque amenaza el dominio que ejercen sobre la mitad de la población. Y lo dice sin rencor, sin odio, sin resentimiento hacia sus torturadores. Sabe que no hay posibilidad de diálogo, ni alianza que valga, hasta que millones de mujeres se persuadan de su poder. Por eso dialoga con las oprimidas, no con sus opresores. Será lento, pero no hay otro camino.

    Aplíquese el cuento aquel que desee dialogar. Haga como Ayaan Hirsi, apueste por lo evidente sin rencor ni resentimiento. Utilice el poder del Estado para ayudar a los ciudadanos oprimidos, no para sumirlos en una mayor opresión dialogando con sus opresores. Y olvídese de la oposición. Está ahí para evitar el monólogo gubernamental.Félix de Azúa es escritor.

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    Sobre ‘Longevidad del resentimiento’ (15 de febrero de 2007)


    Siento disentir de algunas de las opiniones vertidas por el escritor Félix de Azúa en su artículo Longevidad del resentimiento, publicado el lunes 12 en EL PAÍS. Primero, cuando afirma que la izquierda despreció a Adolfo Suárez. Es falso, al menos por lo que respecta al PCE. Santiago Carrillo recuerda en sus Memorias “el alto grado de entendimiento” que mantuvieron a lo largo de la transición, desde la legalización del PCE al golpe de Estado del 23-F, pasando por los Pactos de la Moncloa. Cuenta Carrillo una anécdota que tiene como escenario el patio de armas del Palacio Real de Madrid y como fecha el primer desfile de las Fuerzas Armadas al que asistió después de la legalización del PCE. Carrillo recorrió la distancia que le separaba de la tribuna entre abucheos de los propios invitados a la celebración, mientras los falangistas gritaban “Franco, Franco” detrás de las verjas del palacio. Suárez, acompañado del general Gabeiras, se acercó a Carrillo y le dijo: “Lo siento, a ti te han llamado asesino y a mí traidor, el único que se ha salvado es Felipe, a él no le han dicho nada”.

    Por lo tanto, respeto y entendimiento. De desprecio, nada.Otra afirmación abusiva del articulista califica a los comunistas de “majaderos”, porque “seguían persuadidos de que no había nación en la tierra que pudiera compararse con la URSS (la de Bréznev)”. Falso también, porque en aquella época el PCE ya se había distanciado del sistema soviético: primero, cuando condenó la invasión de Praga en 1968 y luego cuando promovió el “eurocomunismo” junto al PCI de Enrico Berlinguer y, en menor medida, el PCF de Georges Marchais. Y el “eurocomunismo” fue precisamente la idea de la independencia del PCE de la Unión Soviética y la idea de que los comunistas españoles se comprometían con el socialismo en libertad, y con la democracia pluralista como la mejor forma de convivencia de los ciudadanos y no como una forma de llegar al poder.-José Manuel Fernández Fernández. Bustarviejo.

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    Acaso llevado por su vanidad endémica, mi viejo condiscípulo Félix de Azúa haya incurrido, despreciando al presidente Zapatero en su artículo Longevidad del resentimiento, en el mismo tipo de majadería que imputa a sus mayores cara a los ex presidentes Suárez y González. Comparar épocas históricas tan “distintas y distantes” como las de la peculiar Transición con la España actual supone un déficit añadido de insuficiencia intelectual a la majadería que supone considerar que la actual oposición es “desdentada” y que a ETA “sólo la apoyan los caseríos y ni siquiera todo el PNV”. Traída por los pelos es también su descalificación de la Alianza de Civilizaciones enfrentándola con la heroica lucha de Ayaan Hirsi Ali como modelo de diálogo a seguir con los terroristas vascos, pero no pienso escribir un largo artículo para descalificar al autor: lo hace él mismo con gran eficacia y pone de relieve que su nostalgia de Suárez y González sólo es comparable con la longevidad de su propio resentimiento. Miguel Veyrat.– Madrid – 15/02/2007

  2. Agradezco a Justo Serna su certero análisis y mucho más aún que comparta conmigo la indignación ante el artículo hipócrita y sesgado que las amistades de «aquellos tiempos» en la alta dirección de El País le han permitido publica a Félix de Azúar. Hablo en concreto del Jefe de Opinión Lluis Bassets. La izquierda a la que se refiere el «joven maoista» de treinta y tantos Féliz de Azúa, es en realidad un residuo de los últimos estertores de lo que se autocalificaba como la «Gauche Divine» con sede en Boccacio y en algunas de las grandes editoriales que plantaron cara al postrer franquismo decadente desde la burguesía catalana más evolucionada, como la que dirigía, por ejemplo, Carlos Barral. La izquierda seria les apodó «La gauche qui rit» en alusión a la simpática y risueña vaquita de los quesos en porciones. Pero ya dije en mi carta publicada por El País, seguramente con la intención por parte de Bassets de facilitar una respuesta «contundente» a su amigo Félix, que no pensaba conceder ni un minuto a más a desmontar el falaz artículo del ex Pequeño Timonel: Es tan sólo una sarta de desahogos emocionales a los que no se debería prestar demasiada atención, si no fuera porque se alinea con las posiciones más burdas de una derecha extrema que hace pasar al Presidente del Gobierno por un «bobo de solemnidad» en palabras del Jefe de esa Oposición a la que él llama «desdentada» y que circula a diario en difícil equilibrio sobre la delgada línea roja del Golpe de Estado. Todo ello sin contar —ahí está para ser leído por los compañeros de este blog—,con la oscura y grosera alusión a las hijas del señor Rodríguez Zapatero, que perpetra con toda su cara el ex pijo-progre Félix de Azúa.¿De quién pretendía ser aplaudido el siempre oportunista Azúa? No debería prestar demsiado crédito a los rumores y sí informarse seriamente de lo que pasa en España. Aún no ha nacido el Sarkozy al que vender sus servicios de intelectual de guardia. No puede. En España, no. No hicimos ni siquiera la Revolución burguesa.

  3. En el correo en que nos avisa de sus nuevas entradas en el blog, decía el Señor Serna que esperaba haber sido respetuoso con Azúa y sí, naturalmente que lo ha sido, mucho más de lo que lo suele ser él con los que no están de acuerdo con sus opinione o fluctuaciones. Impecable su argumentación y su visión de la «trampa» de Azúa lograda, entre otras cosas, por el anacronismo de llamarse casi adolescente a los 32 años.

    Azúa es una persona irritante. Su auto complacencia, su modo de quedar siempre «por encima», su prepotencia y su divismo llegan a hacerlo odioso, pero me parece que, al margen de que cada cosa que escribe es a mayor gloria suya, sigue siendo una inteligencia luminosa y un intelectual muy considerable. Que al margen de todas las salvedades, su artículo del día 12 era magnífico. De no serlo, no estaríamos aquí todos nosotros ni habría motivado a Justo Serna para escribir su estupendo artículo de hoy.

    En cualquier caso, en muchas de las opiniones de Azúa, estoy completamente de acuerdo y no creo que haga falta dar saltos en el tiempo para justificar un cambio de criterio, es algo muy infantil en Azúa. Se tengan 17 0 37, uno siempre puede y debe rectificar.

    La cuestión es que a mí no me irrita, a mí Azúa me divierte, aun cuando patina y demuestra mala fe, como ocurrió en su rifi rafe con un músico al que quiso aplastar y lo logró intelectualmente, pero que le dio cien vueltas en lo musical.

    Se esté o no de acuerdo con él, o en todo o en parte, me parece magnífico este intercambio de reflexiones que propicia, que no de insultos.

    Gracias, señor Serna.

  4. Estimada Frau Tieleman Vosz Von Lünmen und Serrano, el artículo del señor Azúa está deshilvanado, desestructurado e incurre en numerosos defectos, que si quiere le detallo pero que se pueden hallar en cualquier libro de estilo o manual acerca de los Géneros Periodísticos, asignatura que he explicado a varias generaciones de periodistas en la Universidad Complutense. En cuanto a los supuestos «insultos», en mi carta no hice sino devolverle el calificativo de majadero que él mismo, imprudentemente otorgaba a quienes deseaba fustigar. Su alusión más que grosera a las hijas del Presidente del Gobierno, ya indigna e infame de por sí, lo es todavía más procediendo de un exquisito «Profesor de Estética».

  5. En mi opinión, lega en periodismo, pero no en literatura, si es que ambas cosas difieren mucho, ni deshivanado ni desestructurado, pero no tenemos que estar todos de acuerdo ni, el no estarlo tiene que significar ser un iltrado, me parece.

    En cuanto a que «ha empezado él» (a insultar) le doy la razón, sí, pero eso no significa que los demás tengamos que incurrir en lo mismo, me parece.

    Nada, no tiene importancia. En líneas generales, me parece que todos estamos más o menos de acuerdo, no en los modos, pero los modos son de cada uno.

    En cuanto a su forma de llamarme, como no viene a cuento aquí, pasaré a lo privado.

  6. A mi todo esto me pilla muy lejos, pero es interesante esta discusión sobre el pasado de la transición. Mi padre era de izquierdas y no me parece que fuera un majadero.

  7. Coincido con las opiniones expresadas por el profesor Serna y Miguel Veyrat sobre el artículo de opinión que ayer publicó Félix de Azúa en “El País”. Su autor se autodescalifica con sus propias afirmaciones pero, ante todo, con la falta de rigor objetivo cuando analiza y opina sobre nuestra historia reciente. El PCE, con su entonces secretario general, Santiago Carrillo, y su equipo de colaboradores, supieron estar a la altura de las circunstancias para afrontar, y hacer posible, la transición política desde la dictadura a la democracia; pero además, con el “eurocomunismo” se tuvo la gallardía de defender la sensatez y el pragmatismo frente al esclerotismo de las teorías soviéticas. El PCE fue capaz de conseguir la hegemonía entre el conglomerado de fuerzas opositoras al franquismo, seguido a mucha distancia por el PSOE, tendencia que se invirtió a partir de la muerte del dictador.

    Independientemente de que se pueda estar de acuerdo o en desacuerdo con las políticas y las formas de gobernar de Adolfo Suárez y Felipe González, no es de recibo hacer un análisis torticero y ramplón contra dos personajes que han tenido un papel trascendental en el complejo proceso de una transición política desde una dictadura a una democracia, después de cuatro décadas de tiranía y ausencia de libertades y derechos. Suárez y González han realizado, cada uno en su momento, un pragmático papel en la recuperación y consolidación de la democracia en España, hasta el punto que el proceso se ha convertido en todo un ejemplo para otros ámbitos territoriales.
    Las opiniones de Félix de Azúa son un insulto soez a todos los demócratas y a la memoria de quienes han luchado por la democracia en España.

  8. Sobre Azúa prefiero no decir nada, hace tiempo que tomé la determinación de ignorarle, pese a que sus fantochadas suelen ser ampliamente pregonadas.

    Sí quiero dar las gracias a Don Justo, impecable y certero, ya D. Miguel Veyrat: imponente.

    Ha sido un verdadero placer, señores.

    M.

  9. Creí que los pedestales tenían escalera de ascenso pero ya veo que no.
    Mucha gente se sube de un salto.

    Quizás, en todos sus últimos artículos y más en el que nos ocupa, esté intentando narrar la segunda parte de «Historia de un idiota contado por él mismo»

    Aparte de ello, gracias señor Serna por sus artículos y sus análisis, son certeros y profundos.

    Y lo mismo al señor Veyrat. Las Russafas de este mundo, intentando siempre que no les salpique el vocerío, disfrutamos con sus palabras.

  10. Transición o ruptura. Ese era el dilema en los años que recuerda Félix de Azua. Y desde el posicionamiento que se adoptara, devienen filias o rencores hacia Suarez o Carrillo. Aquello no fué un dilema, sino una toma de postura activa, militante. La izquierda del PCE apostó coherentemente por la ruptura, postura que generó frustaciones y actitudes pasotas ante la realidad de la transición. La consolidación de la democracia, entrada en la UE,.. ha traido cambios en el posicionamiento de muchos de aquellos izquierdistas, unido a una pérdida de orientación ante el desarrollo de los nacionalismos que se crearon entonces (la torna). Así entiendo perfectamente el artículo de Azua, y que creo que se merece mejores reflexiones que la actitud denostadora de su contenido que en este blog se está haciendo. No basta con decir que Félix de Azua es un fatuo. hace falta más me da la impresión que hay celos o viejas rencillas.

  11. Muchas gracias a todos los compañeros de blog que apoyan las reacciones contra el autohomenaje a su inmarcesible vanidad que se ha concedido Félix de Azúa. Sería interesante que se expresasen también en Cartas a El País, por si se les ocurre pensárselo dos veces la próxima vez: CartasDirector@elpais.es Y también Opinion@elpais.es, o a las dos a la vez.

  12. Ya le dejé el otro día una dura acusación al Sr. Azúa en su blog. Nunca fué auténtico consigo mismo. Ni antes ni ahora. Le insulté diciendo que acabará como un viejo pederasta.
    Quizás la cosa que más me hace perder el control sobre mis impulsos es la dichosa maldita «transicion».
    Yo era partidario de la «Ruptura Democrática». Estaba convencido que el régimen franquista no podía seguir por que las condiciones económicas no se lo permitían. «El régimen era un corsé para el desenvolvimiento de la economía quizás desde la entrada de los tecnócratas en la década de los sesenta». Los detentadores del poder económico necesitaban dejar rienda suelta a la economía y para ello necesitaba a la clase trabajadora en libertad «aparente».
    Fueron las potencias occidentales con USA y Alemania a la cabeza la que fijó la política a seguir en España. Se diseñó una Constitución en la que los controladores de la opinión (partidos y organizacione sindicales) fueran los que hicieran imposible que los comunistas, tanto de Portugal como de España, quedaran fuera de conseguir la mayoría.
    Se emplearon todas las medidas para ello. Economicamente a los nacionalistas, socialistas y liberales de toda laya, se les ayudo con miles de millones para dotarlos de poder corruptivo.
    Hubo divisiones en el PCE a decenas. Por poner un ejemplo el Sr. Montilla pasó en poco tiempo del PSUC al PTE y seguidamente al PSOE visto la gran cantidad de puestos que crearía para la nueva profesión.Y los dirigentes se profesionalizaron e hicieron el pacto sin casi pedir nada a cambio; los Partidos Politicos se adueñaron del poder en exclusiva y lo pusieron al servicio del poder económico.Ncesitaban para su porvenir económico la exclusividad del poder político y lo consiguieron con la Ley Electoral.
    Así un manto de silencio se hizo sobre toda la etapa del franquismo. Los farnquistas se quedaron trasvestidos la mayoría, y los antifranquistas les ayudaron a gobernar no pidiéndoles ni siquiera responsabilidades morales.
    por los 40 años de ignominia.
    Todos contentos en aquella época. Yo aguanté hasta el 82 en que fuí expulsado del PSUC por díscolo.
    Toda la basura de la pequeña burguesía no hizo más que política de salón y lo único que les atraía a ella era la estética. De la cual el Sr. Azúa es uno de sus máximos gurús. No ha tenido nunca MORAL, ni autenticidad, nunca fué un «tío legal» como diría hoy un joven.
    Y no me vengan con que no había condiciones objetivas para «ROMPER» con el franquismo y su monarquía.
    40 años después no hay otra salida que efectuarla. Toda la clase política está en un atolladero incapaz de salir de él. Por que no hay AUTENTICIDAD.
    Toda la política española es virtual. La realidad está debajo de la alfombra y no hay más que destapar las ingentes toneladas de falsedad que la contiene.

  13. Me alertó D. Miguel Veyrat con una carta al director de El País. Leí más tarde el artículo de Feliz de Azúa, al que no suelo dedicarle mis tiempos muertos por los motivos que ustedes ya han puesto de manifiesto. Ha rematado la corrida (valga el símil taurino) el Sr. Serna, que ha escrito uno de los artículos mejores de los que le vengo leyendo (no es momento de ironías) últimamente.
    Yo fui un joven “majadero”, gracias a Dios que diría Santiago Carrillo. Pero de eso, a comulgar con el libro Rojo de Mao o bendecir la invasión de Checoeslovaquia, o no verle la patita a Ceasescu cuando me enteré que era cierto que en los hospitales rumanos se evacuaban a centros de “bien morir” a los mayores de 65 años, media una abismo. Una discusión con otros “majaderos” acabó cuando afirmé que no quería más dictaduras, ni la del proletariado. Fui expulsado a las tinieblas exteriores.
    En la transición, Carrillo jugaba con dos barajas. Una, la del dirigente responsable y necesario para un cambio de régimen. Otra, la que jugaba con sus bases, que querían romper con el sistema que en aquellos momentos tenía la cara de Suarez. Aquella partida le hizo ganar un puesto en la historia de la transición.
    El mejor elogio de Suárez se lo oí decir a un historiador ya fallecido, que un hombre de la edad de Suárez, solo podía apoyar un cambio de sistema. Acertó.
    Estamos en otro momento, posiblemente los historiadores digan que estamos en la tercera transición, del que podemos salir hacia un sistema represivo y totalitario o consolidar el sistema democrático. Para ello nos la tendremos que ver, como muy bien dicen ustedes, con los fanáticos (nacionalistas de todo signo, activistas provistos de un fusil ametrallador y un libro sagrado en el bolsillo de la guerrera). Gracias por su atención.

  14. O viceversa

    Manuel Rivas, El País, 17/02/2007.

    No hay nada más parecido a un bobo de izquierdas que un bobo de derechas, o viceversa. (Uno es feliz cuando consigue colocar un viceversa, en homenaje a aquel influyente profesor de Penal que en la Universidad de Santiago de los años cincuenta ilustraba a los alumnos con este ejemplo: «Si un ladrón entra por la ventana, o viceversa»). En estas mismas páginas, Mario Vargas Llosa festejaba una edición ampliada del Manual del perfecto idiota latinoamericano, en el que se incluye un elenco de la «izquierda boba» europea. Me siento un poco defraudado. Yo esperaba una segunda parte que tratara de la poderosa derecha obtusa, que en pocos años ha tratado de devolvernos alegremente a la Edad Media. E incluso lo ideal sería un tomo conjunto que estableciera las conexiones entre una derecha estúpida y una izquierda tonta. En España sería lo más adecuado. Se ha practicado mucho la doble vida. Los grandes predicadores de la derecha más tronante se pulieron otrora en la línea Mao Tse Tung antes de ponerse al servicio del flanco más abrupto de la Conferencia Episcopal, o viceversa. No me gusta señalar, pero todavía es visible el estilo pro-chino en nuestro flamante Cebollón de Oro. Hay quien piensa incluso que de ahí su estrategia de «tomar las ciudades», no con el campesinado sino con legiones de taxistas. Otro error en el que incurre la izquierda boba, el de meterse con los taxistas. A mí siempre me han tocado chóferes amantes de Mozart y El Cigala, pero si los hay fanáticos de la Cope será por necesidad, por la dichosa second life. Algo hay que tomar para subir la tensión. Ya nuestros antepasados empezaban el día con una copa gregaria de orujo. En la selva urbana, los hombres, como los autos, necesitamos una buena dosis de combustibles fósiles. Sí, la gente sufre penitentes metamorfosis. Y necesita experimentar una second life. Dejamos atrás el paleto que fuimos y nos sentimos al fin cosmopolitas. Nos elevamos por encima de los millones de paganos atrapados en la primera vida. Aunque, como advirtió Kundera, tampoco la second life garantiza la felicidad: «Soy muy cosmopolita; me siento desgraciado en todas partes». Y es que también somos contradictorios, como aquellos apaches de las películas que de repente aparecían montando del revés en los caballos. O viceversa.

  15. En efecto, Hemeroteca, el artículo de Rivas parece hecho a medida de nuestro resentido ex maoísta y de la «gauche divine». O viceversa. Por otra parte, es ejemplar que dos de las entradas nos califiquen de envidiosos y narcisistas. ¿Qué tendría de envidiable Azúa para un narcisista?

  16. Pese a que esto se ha convertido, como suele ocurrir, en un enfrentamiento personal, en un insultarse unos a otros y hasta en incitar a escribir cartas a El País contra Félix de Azúa, a mí me gustaría seguir reflexionando sobre lo que ha escrito y dejar de mezclar asuntos personales, envidias y rencores y centrarme en su discurso político, que me parece que es a lo que iba Serna. Así es que he vuelto a releer el artículo de marras y veo que Azúa sigue siendo el astuto de siempre: no dice que él fuera un adolescente en 1975, a la muerte de Franco, no incurre en anacronismo porque dice: «Éramos jóvenes y en ese periodo amorfo llamado “juventud”, que en España dura hasta los cuarenta años, está permitido ser un majadero…» Y dice cosas sensatas y absurdas, en mi opinión, claro, en mi sola y única opinión que, si discrepa con la de otros, no quiere decir que esté contra esos otros ni, si es acorde, supone que los apoye. Hablo del artículo, del pensamiento de Azúa y ni ataco ni abrazo a los demás por las opiniones que tengan con respecto a lo mismo.

    Los que procedemos de exiliados de dentro, de depurados, perseguidos, aterrados, sabemos el espanto que supuso, a la muerte de Franco por la posibilidad de una dictadura militar apoyada por la poderosísima iglesia, que no era ninguna tontería, estaba ahí con fuerza y con muchísimas posibilidades. Quizás, los que procedían de familias de derechas o, simplemente pancistas, no percibían en todo su horror, lo que podía venírsenos encima, por eso Azúa y los muchos Azúas que eran, izquierda entusiasmada y nueva, querían unos ideales, un corte con lo anterior radical y tenían un entusiasmo que la alta política vino a tirar por tierra. Porque hubo en ese momento una alianza salvadora de gentes que no podían ser idealistas y que tenían que atenerse a lo que era posible y hasta dos asesinos, como Carrillo y Fraga, que sabían muy bien el riesgo que corríamos y que eran conscientes de lo que una dictadura militar podía suponer para la maltrecha España, tuvieron un comportamiento ejemplar y colaboraron en hacer lo que se pudo, que fue una enormidad, que fue muchísimo para el páramo que éramos después de 40 años de ignominia.

    Los jóvenes airados, despreciaron una actitud tan “tibia” y vinieron a incordiar lo que pudieron, pero poco después, ya instaurada una democracia sudorosa y heroica, vino a dar la razón a esos políticos tan tibios el intento de golpe militar del 23F. Ese riesgo espantoso perduró durante muchos años y había que hacer encaje de bolillos para que no nos tomaran por la mano. Cuando ese 23F, se estaba planteando la apertura de las fosas comunes en que yacían nuestros perdedores asesinados en cunetas y se paró en el acto. La derecha en España es poderosa, entre otras cosas porque aniquiló a la izquierda y hay que andarse con muchísimo ojo.

    En Santa Cruz, un pueblo en que se masacró a «los rojos», cuando se produjo el intento de golpe militar de ese aterrador 23F, los nietos de los asesinos de la guerra, a los que todos conocen, fueron a ponerse a disposición de la «autoridad» para lo que hiciese falta, para reprimir lo que fuera necesario. Este hecho está documentado. Se paró todo intento de rehabilitación de las víctimas de esa guerra fraticida que sigue aquí como si hubiera sido ayer, pero se rehabilitó, eso sí, a los pocos que quedaban con vida y que habían continuado en España. Mi padre, perdón por el dato personal, pero es el que tengo más próximo, recibió una pensión de catedrático jubilado, desde 1978 hasta su muerte. Intentar algo más hubiera sido una locura y me parece magnífico que Azúa admita hoy su error de entonces. A la vista está lo que ocurre, aún hoy, cuando se quita una estatua de Franco o se pretende abrir una fosa para enterrar dignamente a un familiar, que hasta los de Lorca, se niegan y la oposición, que jamás estuvo tan crispada, logra unos enfrentamientos entre las “dos españas” que parecían totalmente superados

    Pero incurre Azúa, de nuevo en lo mismo. Tras ese simulacro de partido de derechas, que se sacaron de la manga un grupo de catalanes, tradicionalmente de izquierda (qué decepción, dios mío, qué decepción) y dejar sólo a ese pobre chico que se retrata desnudo para la campaña, aparece de nuevo para criticar a Zapatero del mismo modo que lo hizo a Suárez y a González y ahí no estoy de acuerdo, en absoluto con Azúa, pese a las meteduras de pata que está cometiendo Zapatero, que obra más como aquellos jóvenes idealistas de entonces que como un político ducho en lo que es posible.

    Por otra parte, hay un rencor tremendo hacia Azúa. No sé si envidia, pero es algo parecido. Sigue teniendo tribuna donde quiere y puede mostrar sus opiniones en el diario de mayor prestigio. Escribe y publica artículos y libros inteligentes y polémicos y sigue en la brecha tan campante. Ha pertenecido a una burguesía catalana que retuerce las tripas de muchos y tiene esa cosa de intelectual de izquierda, pero rico; de aristocracia intelectual, una de las más repelentes, que provoca un rechazo visceral entre muchos. Además, aunque parezca un dato tonto, su belleza personal y su enorme éxito con las señoras; su prepotencia y chulería, su seguridad, producen rencores muy curiosos.

    En fin, debo decir, que ésta es mi última aportación aquí. Que agradezco en el alma a Justo Serna su esfuerzo y su tesón, su creación de éste rincón privilegiado donde podemos opinar y aprender con él y con otras personas a las que jamás habríamos conocido de no ser por el blog y que nos enriquecen, pero comencé como Ana Serrano y tuve que cambiar el nombre por ataques de personas no muy cuerdas; pasé a se Gertraud Tilemann y por un despiste mío, he tenido que cambiar, hace muy poco a Elsabein Vosz von Lünem. Como debo tener un estilo personal fácilmente detectable, hay quien ha decidido delatarme y así no me es posible continuar aquí, es algo peligroso para mí, así es que, de nuevo, saludos cariñosos para todos y mi rendido agradecimiento a Justo Serna.

    Sean felices.

  17. Estimada Elsabein Vosz von Lünem: la pequeña polémica que ha habido en mi blog sobre Félix de Azúa ha sido interesante, salvo alguna salida de tono, menor. Creo que con sus intervenciones (correctísimas) ha quedado clara su posición: aprecia al Azúa escritor y, aunque sabe de alguna de sus bobadas políticas, también le merece respeto su crítica de las bobadas ajenas. Dice usted que ha vuelto a releer el artículo de marras y ve que Azúa sigue siendo el astuto de siempre: «no dice que él fuera un adolescente en 1975, a la muerte de Franco, no incurre en anacronismo». ¿Por qué razón? Porque, según usted misma cita,“éramos jóvenes y en ese periodo amorfo llamado “juventud”, que en España dura hasta los cuarenta años, está permitido ser un majadero…” Si me permite, querida amiga, esa frase de Félix de Azúa es una solemne tontería y una prueba palpable de la autojustificación del autor: si la juventud –ese período majadero– llega hasta los cuarenta años, entonces una declaración irresponsable hecha a los treinta y tantos está justificada. Si lo lee bien, podrá apreciar cómo la lógica de esa afirmación contradice la correcta descripción de lo que fue la Transición que usted propone. Se puede ser joven, rico e inteligente y no ser irresponsable. Pero también se puede ingresar en la senectud (y De Azúa ha ingresado, mal que le pese) y hacer declaraciones inmaduras como un mozalbete auténticamente majadero (y el término lo pone él). Lamento, Elsabein Vosz von Lünem, que nos deje. La simple lectura de su último comentario, los matices que introduce en el disentimiento y en la controversia, prueba que su marcha será una pérdida irreparable.

  18. Juventud y senectud

    En correo electrónico aparte, una amable lectora me reprocha cariñosamente mi alusión a la senectud. «¿De verdad te parece que estar de lleno en la senectud es tener 62 años, que son los que tiene Azúa?» Pues sí, a mucha honra. Yo me acerco a los cincuenta y no creo ser joven. Más aún, sería verdaderamente majadero de mi parte alardear de una juventud de la que carezco. Digo esto y me acuerdo de un delicioso e irónico artículo de Javier Marías –«La dificultad de perder la juventud», en Pasiones pasadas en el que citaba precisamente a un Félix de Azúa más sensato. Leo en Marías: «..a diferencia de la niñez, que en palabras del pensador Félix de Azúa ‘es axiomáticamente un estado efímero, moralmente obligado a suprimirse a sí mismo’, la juventud es un estado igualmente efímero, pero lo bastante consciente de sí mismo como para intentar perpetuarse a sí mismo». Tengo la impresión de que ésa es la dolencia de la está aquejado el actual Félix de Azúa: no se resigna a la juventud que tuvo –maoísta, sí, maoísta– para ahora poder ingresar tranquilamente en la senectud de la izquierda. Yo le recomendaría a Félix de Azúa releer la célebre obra de Italo Svevo: precisamente titulada Senectud. Por mi parte, cuando sobrepase los 60 espero ser un anciano sensato.

  19. Es tal la la indignidad de la clase política española que es incapaz de hacer la más mínima autocrítica, no ya sobre la maldita «Transición», si no sobre el desprecio del 67 % de ciuadadanos andaluces que le han dado la espalda HOY.

    La RUPTURA será pronto muy posible si aumentamos aún más las contradiciones de los herederos del franquismo.

  20. Acaba de finalizar el referéndum sobre el Estatuto de Autonomía andaluz. La abstención ha llegado a cotas inimaginables en una democracia, el 63.8 % de los electores.

    Han votado los funcionarios de la Junta y los que viven del presupuesto estatal.
    La clase política no hará ninguna reflexión sobre el tremendo desprecio de los andaluces a lo que ellos representan.
    El cinismo llega a cotas de una bajeza enorme. Dice el portavoz de la Junta, el indeseable Zarrías, que lo que ocurre es que el pueblo andaluz tiene una confianza excesiva en sus políticos y les dejan hacer.

    Eso se llama CINISMO INFINITO.
    Hay en marcha unas agrupaciones de ciudadanos españoles, que están preparando catalizar la ascendente abstención del electorado y ser alternativa a la situación de inmoralidad que tienen los que detentan el poder desde la Transición.
    Las agrupaciones republicanas tienen un trabajo enorme, delante de sí, para terminar con los herederos del franquismo-monárquico.

    Y en Andalucía todas las mal llamadas fuerzas políticas, han sido partícipe del fracaso tan absoluto conseguido.

  21. Cuando he llegado a este post y a sus comentarios acababa de leerme el artículo de Felix de Azúa (suelo ir con retraso en la lectura de de las noticias y artículos de la prensa). Me he alegrado de encontrarme este post y los comentarios porque venía con cierta indignación por el contenido del artículo de Azúa y leyendo el escrito de Justo Serna de esta bitácora y los comentarios me he relajado.

    Soy una hormiga madura (entre 30 y 40) y hasta ahora no me he permitido ser majadera, por lo menos de forma consciente, solo por el hecho de ser joven. Pienso, en todo caso, que se puede ser majadero a cualquier edad. Incluso, diría que es más frecuente sufrirlo con el avance del tiempo que en la juventud. Ampliando la cita de Felix de Azúa yo diría que «Los callejones sin salida generan frustración. La frustración es la madre del resentimiento.» y debido a eso uno se vuelve majadero (cuando no sabe salir de esos callejones, claro).

    Me han parecido maniqueos los comentarios de Azúa sobre los políticos españoles. ¡Ni tan buenos unos ni tan malo el otro!. Ese tono de superioridad tiene bastante de perdonavidas y eso solo habla mál del articulista.

    Pero yo quisiera hablar sobre un tema que no se ha tocado y es la utilización, por parte de Azúa de Ayaan Hirsi para reirse de las propuestas de Zapatero y de la “Alianza de civilizaciones” (sobre la cual reconozco no estar al tanto). He leido muchos artículos, estos días, sobre esta mujer, poniendola como ejemplo de lucha feminista, como ejemplo a seguir y como experta en islam y oriente. Y hay algo que no me cuadra. Nadie (que yo haya leido) se plantea lo que dice en plan debate. Lo siento, quizás lo mío son prejuicios por haberla visto posando en la revista vogue. O porque trabaja para el American Enterprise Institute y veo detrás a Bush. Quizás porque no considero que el hecho de haber sufrido ablación de clitoris convierta a alguien en experto en islamismo. O quizás lo que me hace desconfiar tenga algo que ver con la frase que decía Justo Serna «Cuando fuiste maoísta te enorgullecías de serlo; ahora que ya no lo eres te enorgulleces también». Me refiero a que Ayaan Hirsi fue seguidora de la Hermandad Musulmana, vistió de acuerdo con los códigos del hiyab y deseó ser una martir del islam. Para ella fue una cuestión de fe y sus análisis actuales son en el mismo sentido, nada de pensamiento o análisis politico o geopolítico. También me molestan los análisis simplistas del islam de Felix de Azúa: la ablación tiene origen africano, que no es lo mismo que tener origen musulmán (es practicado por algunos pueblos cristianos africanos).
    Además la alusión de Azúa al estatus de la mujer islámica como «oprimida» en todo el mundo tampoco me parece muy acertado, ni por su parte , ni por la de Ayaan Hirsi. La situación de la mujer en el islam no es uniforme y difiere mucho de un lugar a otro. «Sabe que no hay posibilidad de diálogo, ni alianza que valga, hasta que millones de mujeres se persuadan de su poder. Por eso dialoga con las oprimidas, no con sus opresores.» ¿La opresión es solo por el islam? Es demasiado simplista y una falacia.
    Me gustaría ahondar más en el tema, por ejemplo ¿el hecho de sufrir amenazas por parte de radicales islamistas confiere legitimidad a los discursos anti-multiculturalismo de Ayaan Hirsi?. De momento lo dejo aquí, el asunto es demasiado complejo para un analisis superficial.

    pd. por si acaso surgen dudas sobre mis intenciones al entrar en este debate, dejo dicho que esta hormiga es atea.

  22. Le agradezco, Hormiga, su juicioso comentario –estemos o no de acuerdo en lo fundamental: el caso es que el texto de Azúa nos parece a ambos una exageración que banaliza lo que trata, lo exagera hasta desfigurarlo. Sin duda, uno de los peores artículos de este escritor.La irritación –que tanto se le nota últimamente– le ha llevado a expresarse desde el malestar y no desde el razonar.

  23. Otan 2, nato 2 empate a muertos.
    Psoe a Afganistán, PP a Irak… el petróleo hay que cogerlo de donde este para esta sociedad «limpia» y «culta»…como podeis comprobar, sin necesidad de más estadisticas por los comentarios que anteceden.
    Saludos.
    Que vaya bonito.

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