De genios y de gente corriente

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1. No es fácil ser intempestivo: ser de otro tiempo, ir contra el tiempo, oponerse al curso de la corriente. Quien así obra se siente a disgusto con su época, incluso ajeno a sus contemporáneos. Hay en él algo que le enajena, que le incomoda y, por eso, se resiste a ser arrastrado, a ser identificado como uno más. Trataba estos días en mis clases qué hay de común y que hay de diferente en cuatro pensadores de la modernidad, autores que supieron distanciarse de su contexto para ver diferente, de otro modo, justamente en un período a cuyas convulsiones ellos contribuyeron (1848-1839). Me refiero a Charles Darwin, a Karl Marx, a Friedrich Nietzsche y a Sigmund Freud, cuatro grandes creadores cuyas vidas no fueron exactamente cómodas ni apacibles. En algún caso, su oposición a la sociedad les llevó al límite, al delirio incluso…

Cada época nos impone unas claves de percepción y de actuación, modos de atisbar y de obrar. Si captamos esos códigos, los marcos de un tiempo que son en parte herencia y en parte logro contemporáneo, entonces vivimos aceptablemente, instalados en una sociedad que no nos expulsa y de la que nos sentimos copartícipes, aun cuando esa integración pasable no nos procure toda la felicidad o todo el bienestar que ambicionamos. Somos la mayoría quienes actuamos así: no desmentimos lo que hemos recibido y la cultura que nos ha formado la actualizamos, la ponemos en práctica. Cuando esto lo hacemos, decimos que obramos con sentido común. Actuar así es respetar las evidencias de tu tiempo, gracias a la socialización en la que has madurado. El sentido común es eso precisamente: un repertorio de evidencias que no se cuestionan porque han funcionado. Uno no se levanta cada mañana intentando desmentir lo aprendido o lo heredado. Lo normal, lo frecuente, es aceptar esos códigos que han probado su eficacia pragmática. ¿Para qué mostrar una rebeldía individual que sólo lleva a la incomodidad, al malestar personal? Mejor adaptarse, incluso poniéndose una venda en los ojos para no distinguir lo arbitrario o lo discutible. Darwin, Marx, Nietzsche y Freud cultivaron distintos saberes, fueron competentes en diferentes disciplinas, desde la biología hasta la filología, desde la neurología hasta la filosofía. Pero esos conocimientos en los que fueron educados no les bastaron y así rebasaron los límites académicos (si es que en el Ochocientos estaban marcados o los había).

Pensaron de otro modo al ser humano, pero sobre todo arriesgaron teorías más o menos fundamentadas o documentadas. Eran tesis que se expresaban, además, con un nuevo lenguaje. Es decir, no sólo repensaban lo obvio, sino que, además, proponían nuevos objetos, temas inauditos que invalidaban explicaciones comúnmente aceptadas. La peligrosa idea de Darwin, por ejemplo, ponía en suspenso el relato bíblico, el sentido del Génesis, las claves del Pentateuco. Nuevos objetos, sí, pero también –como digo— nuevo lenguaje: formas expresivas diferentes en forma de ensayo preferentemente, prosas que describían el mundo de otro modo. Darwin, Marx, Nietzsche y Freud se supieron genios. El genio es, desde luego, alguien que atisba mejor lo que hay o que creer ver mejor. Pero es también alguien que se atreve como visionario, como analista que profetiza el curso de las cosas, la marcha de ese mundo, el cambio de la especie humana. Nada menos. No sólo ven lo que tienen delante –eso que el sentido común no deja ver–, sino que, además, predicen lo que acabará ocurriendo. El genio no tiene miedo a equivocarse y, con un alto grado de autoconciencia, se descubre revolucionario y enajenado…

2. Me decía estas cosas e inmediatamente –no sé por qué— pensaba en la gente corriente, en aquellos que se adaptan maravillosamente a su sociedad sin sentir grave malestar o sin experimentar desazón. Las personas comunes obran con sentido común, por supuesto, ese sentido que cambia históricamente, pero que tiene unas claves en cada momento. Cuando hablamos de gente corriente pensamos normalmente en el obrero, en el artesano, en el campesino, aquellas figuras del pasado que han sobrevivido a todo tipo de estrecheces. Permítanme la evocación fantasiosa. Tenemos una vaga simpatía por esos personajes porque, de algún modo, los vemos como nuestros antepasados más o menos remotos: gentes silenciosas que supieron embridar la vida o sortear los cataclismos. No son gigantes del pensamiento o de la historia, no son figuras intempestivas como Darwin, como Marx, como Nietzsche o como Freud: son héroes humildes que abnegada, silenciosamente, vivieron sin vocear, sin quebrar el sentido común (no podían permitírselo). Pensamos en ellos, pero cuando hablamos de gente corriente también me viene a la cabeza otra especie humana menos heroica o digna. Son esos individuos que no se meten en pendencias aunque una hecatombe derrumbe a sus semejantes, personas que no provocan problemas y que son fieles servidores que acatan la jerarquía.

Digo esto y pienso en la figura antipática, gris, anodina, de Rochus Misch. Acabo de leer un libro suyo que no les recomiendo expresamente. Carece de calidad literaria y sólo como testimonio sesgado y miope podemos tomarlo. Es un volumen que ha sido traducido como Yo fui guardaespaldas de Hitler (1940-1945). Son las memorias de un anciano, alguien nacido en 1917, alguien alistado en una unidad de seguridad de las SS y que por azares acabó siendo destinado a la guardia personal del Führer. El relato de Rochus Misch es tedioso, no arroja luz sobre casi nada y tampoco vale como exculpación: no vio nada, no supo nada, no cometió ninguna villanía especial. Simplemente desempeñó su tarea, su cometido, con disciplina silenciosa, con eficacia abnegada. “No me siento culpable. Hice mi trabajo sin hacer daño a nadie. No disparé ni un solo tiro durante toda la guerra. No me arrepiento de nada. Decir lo contrario no sería honesto. Cumplí con mi deber como soldado igual que millones de alemanes. Obedecí…” Más aún, como tantos y tantos contemporáneos suyos, no se dejó arrastrar por pasión política alguna. Pudo ser miembro de las SS sin experimentar interés alguno por eso: por la política. Nada más y ello a pesar de haber estado casado con una mujer, Gerda, que tuvo militancia socialdemócrata en el SPD, un partido al que el propio Rochus votaría después de regresar a Alemania, después de su cautiverio en la URSS. ¿Cómo concilia una cosa y la otra? “La verdad es que no he leído libros sobre la época nazi. Tengo obras sobre este período en casa, pero lo único que he hecho ha sido hojearlas”. Fíjense en la hondura de dicha afirmación. No sólo permaneció insensible a lo que ocurría a su alrededor en la Cancillería de la que él era guardián, sino que, además, se mantuvo en la ceguera obstinada cuando tuvo oportunidad de reparar en ello. El sentido común de este personaje es inapelable: juzgarse moralmente podría haberle llevado a una incomodidad existencial insoportable. Mantener la servidumbre voluntaria o la miopía fue un expediente que le dictaba el sentido común, ese depósito de evidencias, pero también de cegueras.

En pocas horas, en pocos días, he debido pasar de lo alto a lo bajo, del genio que se alza contra su tiempo… al tipo común que se deja arrastrar por la corriente; de los visionarios que se enfrentan a su época con grave coste personal.. a los hombres comunes y grises que no se interrogan sobre la moralidad de su servidumbre. Rochus es viudo y su testimonio está motivado, en parte por los efectos, por las consecuencias de una película: El hundimiento. Contrariamente a lo dicho por Hugh Trevor-Roper o por Bernd Freytag von Loringhoven, los últimos días de Hitler no fueron ese “drama de opereta” que el film retrataría. “No había fiestas ni borracheras con champaña en aquel minúsculo Fühererbunker, como se ha podido ver en las pantallas”. Es decir, ni siquiera el final del Tercer Reich tuvo esa grandeza trágica, báquica y demente del Infierno. Sólo habría sido un discurrir cotidiano, sin graves exhalaciones ni exaltaciones. El búnker sólo habría sido el último recinto de gente ordinaria, gris, corriente. Al menos, Rochus no vio eso que otros testigos o investigadores han dicho. ¿Porque quiso mantenerse en la ceguera? “Ningún miembro del equipo de la película”, dice refiriéndose a El hundimiento, “ni el historiador que trabajó con ellos [Joachim Fest], vino a verme. Nadie”, añade con rencor. La réplica es inmediata: ¿para qué iban a acudir a pedirle testimonio a alguien que ignoraba todo lo que ocurría a su alrededor, a alguien que se había mantenido en la servidumbre voluntaria sin oponer resistencia alguna, sin percibir cataclismo alguno?

 rochusmisch.jpg    Leo a Rochus, me pasmo con su sintaxis ordinaria y me obligo a regresar a los grandes, a su prosa épica… Ya está bien, me digo. Pero, ahora que lo pienso, la vida de esos genios fue dura, triste o desastrosa: más aún, frecuentemente dañina para quienes tuvieron cerca. Vidas para leerlas, nada más. No sé: regreso a mi existencia común, cotidiana…

3. Hemeroteca.

Artículos recientes de JS sobre Hitler:

 http://www.uv.es/jserna/Hitlerotravez

 http://www.uv.es/jserna/Eljerarcainverosimil

  

  1. Una reflexión que hace pensar sobre la genialidad que le lleva a lo ordinario, señor Serna. Y no hay vida ordinaria entre los genios? Otra cosa. Ser ordinario realmente da la felicidad?

  2. Jaime:

    Aún a riesgo de equivocarme, juraría que el señor Serna no está hablando de seres ordinarios, o yo he leído mal todo el artículo. Más bien habla de seres corrientes. Y creo que hay una distinción entre ambas palabras.

    Ordinario:
    . adj. plebeyo (‖ que no es noble)..
    adj. Bajo, basto, vulgar y de poca estimación. U. t. c. s.
    . adj. Que no tiene grado o distinción en su línea.

    Corriente:
    . adj. Medio, común, regular, no extraordinario.
    . adj. Dicho de una persona: De trato llano y familiar.

    Es decir que, aquellos que no somos genios, podríamos entrar en la segunda definición, no necesariamente en la primera.

    Creo que usted le ha querido dar una connotación personal.

  3. Creo que has descrito divinamente al personaje de «El Extranjero» de Camus o con matices también al «Indiferente» de Alberto Moravia. El ser humano que como un ser vivo elemental realiza sus funciones orgánicas y con eso le basta, aunque el mundo se hunda a su alrededor tan bien definido en el famoso poema de Brecht.
    Ahora bien, esa actitud puede ser voluntaria o también darse que el individuo se vea aplastado por la masa y sus condiciones personales le impidan reaccionar adecuadamente al espíritu de libertad y rebeldía que todo ser humano lleva impreso en alguna célula de algún recodo de su cerebro. Se dan, tú lo sabes, aparte de los genios que citas cuya rebeldía ante el mundo heredado procede de su disgusto intelectual y ponen por obra su prodiciosa inteligencia en derribarlo, reconstruirlo o reformarlo, quienes sin ser tales privilegiados, perteneciendo al común de los mortales sabe responder al impulso fraternal y levantarse, incluso en armas, contra la injusticia en un momento dado. Cuando yo era mucho más joven en uno de mis primeros libros, titulado «Elogio del Incendiario», que por cierto se va a reeditar este año pues están agotadas las primeras ediciones, escribí este poema:

    Rebeldes a quienes
    Sol y viento bastan
    Para enloquecer:

    Tenéis la savia posible
    Para poblar el vacío
    En ésta tierra prohibida.

    O solo habrá caminos
    De porcina indiferencia.

    Ese libro alentó a muchos jóvenes, entre otros a mi propio hijo, a no aceptar nunca las «verdades» establecidas, a buscar siempre, si es preciso una verdad plural y vivir inmersos en esa pluralidad esencial de la humanidad.

  4. Estimada Russafa, la primera acepción del Dicionario de la RAE dice lo siguiente de ‘ordinario’: 1. adj. Común, regular y que sucede habitualmente.

    Tiene usted razón cuando dice que he querido darle una connotación a este post… Pero ordinario tiene también –como usted apunta– el significado de plebeyo, de bajo, de basto, de vulgar… Tengo la impresión de que la gente corriente somos ordinarios, a veces como personas comunes, regulares y a veces como vulgares, bajos y bastos. Rochus, el personaje aquí evocado, es ordinario. Elija usted la acepción.

  5. Miguel, gracias por recordar ‘El Extranjero’, de Camus. Por otra parte, hay que mostrar mucho arrojo para apostar por ser rebeldes como tú planteas en el poema (Rebeldes a quienes / Sol y viento bastan / Para enloquecer). Es más cómodo abandonarse a la «porcina indiferencia». ¿Hay un espacio en el que sobrevivir sin enloquecer y sin dejarse llevar por la indiferencia porcina? Eso es lo paradójico: Nietzsche se derrumbó en un delirio del que ya no pudo recuperarse al tiempo que celebraba  la vida, la expansión de la vida en su misma materialidad orgánica, tal y como aprendió de Schopenhauer. Fue la suya una existencia excitante y derrotada, una auténtica obra de arte, una existencia exaltada y pródiga en soledades, en sucesos interiores y en avatares personales, una existencia que culminó en la locura…, como en la advertencia de tu poema. 

  6. Pero què fino es el vecindario que aqui viene! Todos con versos y con genios!

  7. Exacto, Justo, Nietsche fue mi primer maestro, y todavía lo releo y viajo con él al aire libro, en la tormenta con que la Naturaleza nos vapulea invitándonos a descifrarla. Si tenemos coraje. Gracias por tu comentario. te mandaré «El Incendiario» cuando salga de nuevo a la calle. Pronto.

  8. Probablemente el «delirio del genio» no provenga sólo de saberse más allá de la sociedad… parece más angustiosa la búsqueda desesperada de uno mismo entre una maraña de contradicciones interiores. El visionario lo es de dentro hacia fuera y viceversa. «Y todo esto lo conoce muy bien el lobo estepario, aun cuando no llegue nunca a ver este trozo de su biografía interna. Presiente su situación dentro del edificio del mundo, presiente y conoce a los inmortales, presiente y teme la posibilidad de un encuentro consigo mismo, sabe de la existencia de aquel espejo en el cual siente tan terrible necesidad de mirarse y en el cual teme con mortal angustia verse reflejado».

  9. He recordado la angustiada plegaria de Mary Shelley respecto a su único hijo superviviente y tras la larga experiencia de genialidad, gloria, dolor, placer y muerte de su familia (su madre, su hermana Fanny, su marido el poeta., todos sus hijos menos uno.). Esa plegaria fue: «Oh Dios, enséñale a pensar como los demás».

  10. Ultima hora:

    Al optimista Zapatero le crecen los enanos.

    Una soldado ha muerto en Afganistán por ataque de sus defensores.

  11. La reflexión que nos propone hoy Justo Serna es, sin duda, fantástica, todo un ejercicio de intelectual cargado de muchos conceptos que invitan a pensar muy despacito. Quizás, en el concepto del sentido común o en el de rebeldía se encuentren algunas de las diferencias entre el genio y el hombre corriente. La realidad de todos los días es una realidad construida completamente en la conciencia de los individuos. Cada actor social, repite indefinidamente esta tentativa de construcción. Y como nos recuerda Justo Serna “la vida de esos genios fue dura, triste o desastrosa”, como respuesta negativa por no coincidir con el denominado “sentido común” de la mayoría. Como diría W. R. Inge: “La sabiduría del sabio no es más que sentido común en grado poco común.”

    Nos queda, sin duda, regresar al “pensamiento de los grandes” o rebelarse como propone Miguel Veyrat en su estupendo poema:

    “Rebeldes a quienes
    Sol y viento bastan
    Para enloquecer:”…

    Gracias, Justo, por su magnífica reflexión.

  12. Mañana haré otra vez el único ritual necrológico que efectúo de vez en cuando.

    Iremos hacia La Junquera. Paso de frontera y seguir hasta Colliure. Espero ver compatriotas en el cementerio del poeta. Vuelta por Port Bou y visita a su cementerio. Leer los fragmentos de Walter Benjamín y contemplar el acantilado. Después acercarme a la estación del tren, (la más fantasmal de España),e imaginarme su trajín en los años 40-60
    Una de las cosas que agradezco a la sociedad actual española es que no reinvindique la traída de sus restos a España. Tergiversarían la Historia nuestros oportunistas decendientes. Me opondría con rabia a semejante vileza.
    Francia al menos… respeta la libertad de sus hijos.

  13. Gracias, Julia Puig, el mejor premio para un poeta es ser leído del modo que usted hace. Y gracias a Juan Moreno por recordarnos el aniversario de la patética muerte de nuestro Antonio Machado junto a su madre en su exilio de Collioure. Machado sí fue una auténtica guía espiritual para millones de españoles humillados y ofendidos durante la larga noche de la dictadura franquista, que a algunos les gustaría prolongar por otros medios. Le acompañamos, estoy seguro que la mayoría de los amigos de este blog en su peregrinación laica.

  14. Hacia el final del libro, Rochus Misch justifica el porqué de su volumen. «Hoy he decidido hablar«, dice. Y el libro es, efectivamente, un monólogo hecho ante un periodista de Le Monde, Nicolas Bourcier. En la introducción que éste firma habla de Misch, de la ambivalencia que le produce, habla del relato pausado y de su palabra «fría, sin emoción, casi plana. Es la palabra de un testigo ocular, pero sin profundidad de campo«, añade.

    Las dificultades oculares de Rochus son evidentes: no sólo no ve lo que no quiso ver, sino que, además, no sabe, no se explica y no acierta a comprender su estado actual. Con esa frialdad de la que habla Nicolas Bourcier, Rochus añade: «mi hija ya no quiere verme por razones que se me escapan. Se ha ido alejando poco a poco, sin decir nada«. ¿Y por qué nos preguntamos con Rochus?

    Hay un espacio vacío en este libro, algo no dicho, omitido, algo sobre lo que se guarda un pudoroso silencio: el mundo interior del personaje cuando habitaba en el búnker, sus sentimientos, sus desazones (si es que las tenía). Pero en sus páginas falta también algo fundamental la reconstrucción, la vuelta, de qué modo un miembro de las SS reorganiza su existencia tras el derrumbe del Tercer Reich. ¿Cómo fue su vida familiar, el examen de sus recuerdos? ¿Habló a sus hijos de ese pasado?

    Como dijo un personaje de Louis Ferdinand Céline, «decididamente, lo más importante pasa siempre en la sombra. Nada se sabe de la verdadera historia de los hombres«.

  15. Supongo que la mayor parte de los individos buscan la felicidad. Y el conocimiento pocas veces conduce a la misma. De ahí que la mayor parte de la gente prefiera una cierta ignorancias, más o menos culpable, más o menos cobarde, más o menos humilde, al hecho de profundizar en el pensamiento, que muchas veces conduce al descontento, la crítica… Y más en una sociedad moderna como la nuestra , en la que es imposible que los sueños de un solo individuo puedan forjar la realidad.

  16. Bueno, hay mucho sentido común en este post para referirse a los genios y a la gente corriente, y por ello es cuestionable: ¿genios? Nada de eso: los autores mencionados, a diferencia de la gente común o corriente, son personas que trabajaron mucho en su vida y que dieron mucho de su vida en pos de ese trabajo. Si duda hay en ese trabajo algo fundamental, algo que no dejaron de tener en mente y que los movía, pero nada de que con un sólo giro de su mano, con sólo un quiebre o con una sola gambeta o pirueta ese trabajo quedaba realizado, nada de eso: ellos trabajaron, y trabajaron mucho. La genialidad siempre es un modo de atribuirse todo un conjunto de saberes y de prácticas perfectamente incorporadas con el sudor de la frente, la quema de pestañas, peripecias, desvarios y encontronazos, que no se dan por naturaleza. La genialidad es un modo triste y opresivo de esencializar a la inteligencia, pero también al esfuerzo (incluso habríamos que tener nuestros reparos en decir como naturales tanto de la inteligencia como de la estupidez). En fin, insisto: decir cosas así es como el sentido común del sentido común.

    Dejando en paz a Darwin, también estaría reticente en decir que Freud estaba por fuera de las constricciones históricas de su época, como si no hubiera sido parte del sentido común, o como si al no ser parte de él su experiencia se extasiara en saberes: me parece que Freud estaba perfectamente enquistado, engullido, secado, mortificado, vampirizado en el sentido común de su época, en su estrato histórico: y después él mismo haría de ese enquistamiento un sentido común que resonaría con los traumas históricos de la postguerra y con el advenimiento de la sociedad de masas. No cabe duda que de cualquier atavismo represivo se puede hacer una gran teoría, y ello depende de un cierto grado de descomposición social.

    Nada que ver con Marx y con NIetzsche. Aunque quizá Marx no tan aligerado y no tan pagado de estar afuera de la estructura social -al contrario quizá estaba muy dentro de ella, sin enquistarse y calibrando finamente una predestinación de sus ritmos desde lo meramente económico: un calibramiento atento al momento de su época. Y bueno, Nietzsche: que mejor rompió con la historia, es decir, que señaló su fractura, su punto de quiebre trágico -por donde fluyen de ida y vuelta nuestras subjetividades, del aquí y el ahora hasta la cáscara vacía de lo homérico-, y que después recogería los valores trozados de esa historia rota para ponerlos en perspectiva y hacerlos puntos de vista matizables en su pluralidad… él si que estaba por fuera, intensificándose.

    Justo: el colmo del sentido común moderno es meter a Freud y a Nietzsche en el mismo frasco…

  17. Efectivamente, Naxos: yo sólo pretendo servirme del sentido común. No aspiro a más…

  18. Vaya pues…aunque con todo respeto pienso que para ser humildes y aprender hay que estar lo suficientemente despiertos como para no servirse de eso: la nociones comunes no implican el sentido común, por el contrario. En fin, repensando tu post, y sin querer abordarlo entre genios y corrientes, sino más bien queriendo resituarlo para trazar una especie de cartografía histórica con los autores mencionados, ¿no cabría que nos preguntáramos hasta dónde estos pensadores y sus obras fijan los límites del saber de la época moderna? Y es que así como podemos contraponer históricamente a Nietzsche y a Freud [vitalismo/patología], también podemos contraponer a Darwin y a Marx [evolución biológica de las especies/evolución económica del capital]. Y si hacemos ejes con esas contraposiciones obtenemos un cuadrante muy interesante para pensar el saber de la época mucho más allá de sólo reproducirlo en su propio sentido común, sobre todo para librarnos de tener que hablar de estos autores y de sus obras adoptando el punto de vista contrapicado de un sapo. Saludos.

  19. Me parece muy interesante lo que dice, aunque no esté de acuerdo con esos ejes que contrapone. En todo caso me parece muy divertido el colofón: el punto de vista contrapicado del sapo. Croar, croar. Tengo que pensarlo…

  20. Pues cuando lo hayas pensado, me lo explicas, por favor, porque no entiendo nada. Más bien todo ese discurso me recuerda las disputatio escolásticas tipo sexo de los ángeles, la inmortalidad del alma o la virginidad de María, donde se cruzaron ejes de época muy interesantes por cierto.

  21. ¿El sexo de los ángeles? ¿Sapos?

    Hoy, al mediodía, nuevo post en este blog. Precisamente sobre ver, sobre comprender, sobre Marx, sobre Robinson, sobre la realidad de hoy en la que nos sentimos como náufragos, una realidad que nos es extraña, ajena, distante, sometida a discusiones que yo ya no llamaría escolásticas…

  22. No me refería a tu discurso, sino al de Naxos, de ilustre, literario nick

  23. Señor Miguel Veyrat:

    Se necesita una dosis más o menos ordinaria de abstracción para seguir lo que escribí, quizá sea que usted no relajó su cuerpo para entrar en proceso. Se me hace jocoso que usted vea en mi comentario un discurso investido y demás: nada de eso, no es tampoco una disputatio como la que alude, sino sólo un comentario aditado de una propuesta que invita -como le digo- a un orden de abstracción distinto al planteado por Justo. Digamos que se trata de un ejercicio: la idea es hacer un mapa donde la obra de estos autores funcione como coordenadas para delimitar cardinalmente el saber moderno de nuestra época: un mapa útil como para dejar de referirnos a ellos y a sus obras en los términos dicotómicos de «genios» y «corrientes».

    Estaría por un lado el eje vertical Nietzsche-Freud, y por el otro el eje horizontal Darwin-Marx. Tenemos así un cuadrante de abstracción -insisto- para pensar el saber de nuestra época, en el sentido de que el pensamiento de estos autores es nodal y ha determinado mucho de lo que constituye nuestra forma de ser modernos. Pero esta es sólo una propuesta para determinar hasta dónde sus obras fijan los límites de nuestro saber -sólo en el caso de estos autores, ya que de ellos se estaba hablando aquí y no de otros-, y bueno, ciertamente es una propuesta que exige abrir un poco más nuestra forma de pensar y dejar los estrechismos que nos aprietan.

    Admito con Justo que en ese afán el eje horizontal estaría un poco más forzado, porque Darwin y Marx estarían aún compelidos por la episteme de la época clásica -cuyos avances en el saber histórico del conocimiento se daban por la idea de evolución-. Este eje permitiría pensar (y sólo pensar) en qué medida la evolución de las especies -hablando del hombre, por supuesto- implica (del otro lado del eje) la evolución del modo de producción capitalista. La pregunta detonante sería ¿en qué medida el capitalismo es una extrapolación de la evolución de la especie humana?. Otro grado de abstracción quizá más interesante, podría ser el pensar la operación inversa, es decir, ¿en qué medida el modo de producción determina la evolución de nuestra especie?

    Pero sin duda el eje vertical Nietzsche-Freud es una contraposición netamente moderna que aún nos alcanza en muchos sentidos. Este eje permitiría pensar (y sólo pensar) cómo es que la vida misma -hablando no tanto de la fisiología del cuerpo, sino de sus intensidades- implica (del otro lado del eje) una normalización patológica de la existencia. La pregunta detonante para pensar este eje sería ¿en qué medida la idea del individualidad yoica es una oclusión masiva de la intensidad de vivir? Y bueno, el grado de abstracción de su operación inversa nos llevaría a pensar en qué medida las intensidades del cuerpo siempre escapan a esa individualidad yoica y se revierten en deseos colectivos, fascismos o revoluciones.

    Bueno, creo que más o menos de eso se trataría el cuadrante propuesto. Insisto que éste es sólo un ejercicio para adoptar una mirada más amplia y para abrir un poco más nuestro punto de vista -nada de angular como sapos-: es sólo una opción para pensar históricamente la influencia de las obras de estos autores, sin hacernos demasiado de la vista gorda respecto a sólo verlos cómodamente -léase burguésmente- desde fuera, y tratando de aceptar que esa influencia llega hasta nosotros y de algún modo se inserta como parte de nuestro horizonte de subjetividad. Eso es todo y sin duda es suficiente.

    Señor Miguel, espero le sirva de algo este regurgito predigestivo. Y bueno, si no es así no pasa nada, ya que por lo que leo a usté se le da mejor escribir bonito.

    Muchos saludos

  24. Leyendo cada comentario bastante apoteòsico y ampuloso por parte de uds, y resaltar las diferentes opiones conmemoradas a los «genios», empleo el termino,»genios»,entre comillas, porque la verdad no existen, todo es trabajo, constancia,dedicaciòn,entre las virtudes mas requeridas para triunfar, como decìa newton, la ùnica diferencia que tengo con los demàs es la paciencia.No me quiero referir a la mano invisible de marx,en primera instancia o de smith ya mas catapultada, ni tampoco el miedo que perdiò Friedrich Nietzsche al separar en dos bandos al vulgo, con sus diatribas, referidas a la sociedad y la iglesia catòlica, simplemente usar su abstracciòn para mejorar y crear lo que les dictaba su gran ego, a tal punto de volvere intolerantes ,llenar su ego , hasta volverse lunàticos. Ellos si piensas y atravèz de sus teorias teniendo base principal los sentimientos para crear y condicionar a nuestra sociedad, (el perrito de pavlov) la cual todos aplaudimos , buenas cosas , malas cosas. Lo ultimo es subjetivo .

  25. Logico! mi estimado Jesus
    es q es q cuando digo una cosa digo otra,
    es q es como todo,
    tengo o no tengo razon?

  26. Freud no deberia ser metido en el mismo sako. tienes razon. Muchas de sus teorias son tan cuestionadas lo ke hace q a mi parecer no deba ser polo ni punto de inflexion ni hito ni nada. Nombres sobran como para considerar a freud como una genialidad extrema representativa de la epoca moderna. Ademas como acotacion, no fue neurologo ni fisiologo, esta muy lejos de haberlo sido

  27. el comentario de manuel me parece fuera de lugar y a la vez bulgar, sacado de un serie de poca cultura a pesar de ser creado por una gran persona

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