Por qué hay que leer a Karl Marx

 hermanntertsch.jpg   marx.gif Hay que reflexionar una y otra vez sobre la condición de ciertos pensadores originales, audaces: individuos que se distancian de la gente corriente gracias a una clarividencia especial, a un empeño incluso obsesivo por analizar las cosas, por arrojar luz. Son creadores en el sentido más exacto de la expresión: realizan algo diferente y, por eso, son mal comprendidos o aceptados. Pueden ser capaces de sacrificarlo todo a su lucidez analítica, cosa admirable y temible a un tiempo. Es cosa admirable porque se saben dueños de una perspicacia que no se puede derrochar en banalidades, razón por la que son ellos en primer lugar quienes se consagran con denuedo; es cosa temible, sin embargo, porque son sus familiares, las personas más cercanas, los segundos a quienes sacrifican, aquellos que inmediatamente padecen su obstinación. “Esa especie de malestar que se siente cuando se intenta imaginar la vida cotidiana de los grandes hombres…”, decía Cioran. En efecto, muy frecuentemente esa “vida cotidiana de los grandes hombres” suele ser tan adversa o incluso tan desastrosa que su conocimiento acaba siendo para nosotros tan interesante o más que la obra que aquellos producen. Leemos sus creaciones, pero leemos también las biografías que de ellos se escriben, quizá como ejemplos a evitar o como modelos a los que emular.  

Reflexionaba sobre estas cosas, sobre la biografía y sobre los grandes creadores, y por chiripa llego a Karl Marx. Acabo de leer una simpática y sencilla obra que nos devuelve el interés por la vida y por los libros de este pensador. Es un texto menor pero eficaz. Es un volumen titulado La historia de El capital de Karl Marx, cuyo autor es Francis Wheen. Acaba de aparecer en castellano, ahora en febrero de 2007. Convendrán conmigo en que resulta temerario que una editorial española (Debate) se aventure publicando una obra de estas características. Todo es De Juana Chaos y sus dolencias; todo es Rajoy y sus inquisiciones; todo es Rodríguez Zapatero y sus decisiones. Que Marx pretenda rivalizar con ellos es, pues, paradójico. Estamos viviendo una época en la que lo formativo, lo básico, lo esencial acabamos descuidándolo para abandonarnos a lo efímero.  

“Todo lo sólido se desvanece en el aire”, leemos en un pasaje del Manifiesto Comunista, un pasaje que destacó especialmente Marshall Berman para titular uno de sus libros más interesantes. El mundo moderno, que era lo que Berman estudiaba, es el tiempo de lo fugaz, de lo rápidamente nuevo y perecedero, el momento de la iluminación y de la oscuridad inmediata. Los medios de comunicación que Marx no pudo conocer (él sólo pudo emplear la prensa, colaborando en ella con artículos incendiarios, sarcásticos, enciclopédicos y compendiosos) han agrandado esa sensación de lo caduco, de la sucesión y del vértigo. Me pregunto si lo perecedero es Marx y otros que, como él, no gozan de actualidad, otros que son literalmente intempestivos; o si los caducos  son los protagonistas de nuestro presente que tan pronto se esfuman. La circunstancia política española es tan convulsa, tan dada a sectarismos, que, por ejemplo, me resulta inimaginable un lector interesado por la obra de Marx a pesar de no ser su acólito. ¿Alguien se imagina a un militante fervoroso de la derecha degustando por primera o por enésima vez una página del pensador alemán? ¿O alguien se imagina a un izquierdista esforzado leyendo a Isaiah Berlin?

Ayer mismo, en su columna habitual, Hermann Tertsch presentaba fogosamente a Isaiah Berlin, entre otros, haciendo uso para ello de unas palabras tan inmoderadas (las propias de un neocon) que, de leerlas,  seguro que espantarían a los elogiados. Éste es sólo un ejemplo de la prosa doctrinal y militante que se impone y que hacen odioso al elogiado. Los autores celebrados por Tertsch son  mucho más interesantes de lo que el neocon dice, porque eso que dice de aquéllos sólo sirve como validación de lo que el presunto discípulo ya sabe, ya sostiene o ya piensa. Hay que saber leer; hay que saber leer a los grandes pensadores: siempre resultan intempestivos y provocadores. Escriben contra los propios adeptos, al menos para que éstos no puedan apropiarse fácilmente de sus palabras, unas palabras que, a buen seguro, serán suficientemente ambiguas y audaces, hasta el punto de incomodar a los fanáticos. Es su talento el que les lleva a tomar todas las precauciones necesarias “para ser mal comprendidos”, como decía Cioran. Esto es, no facilitan su rápida y militante asimilación. 

Aunque parezca mentira (si atendemos a la larga nómina de seguidores que se reconocieron en él), Marx no facilitó su rápida y militante asimilación. Dedicó décadas y décadas a escribir “la obra maestra desconocida”, por decirlo con Balzac, una obra maestra que era El capital y que se dilató o se demoró por los múltiples escritos ocasionales a que Marx se entregó o por las polémicas que mantuvo. De Francis Wheen había leído tiempo atrás una biografía dedicada al pensador alemán. Ahora en La historia de El capital de Karl Marx, resume algunas de aquellas revelaciones y, sobre todo, nos muestra el proceso de gestación de la obra, la dolorosa vida privada del creador: con exilios agotadores (hasta finalmente recalar en la Gran Bretaña), con forúnculos que lo atormentaban o con hijos que se le morían mientras él se entregaba con furia vesánica  a la ideación que iba a cambiar el mundo.  

Marx cambió el mundo no porque ciertos regímenes políticos desastrosos o criminales invocaran su nombre, sino porque su modo de mirar, su forma de examinar, su manera de estudiar y de leer para averiguar el perfil y la estructura de la realidad han sido determinantes. Entre las personas que gozan de cierta cultura se puede repudiar la etiqueta de marxista (de hecho, Marx también la rechazaba, aunque por otras razones); pero lo que no puede es dejar de admirar y de temer a un autor que, sabiéndose ajeno a su tiempo, quiso escrutarlo valiéndose de todos los recursos disponibles. De ahí su enciclopedismo, sus lecturas inacabables en la Biblioteca del Museo Británico. De él procede un legado que aceptamos y rechazamos a un tiempo, que sirve y no sirve, que en muchos de sus puntos está averiado (como mostrara Jon Elster hace años al referirse a la teoría económica); que en otros es simplemente erróneo, tan erróneo que sólo puede traer funestas consecuencias (como, por ejemplo, su desdén por los derechos…). Etcétera. Hay, sin embargo, algo en Marx que me sigue admirando: su estilo de escritura. Y ello por tres razones.  

En primer lugar, por la forma irónica, incluso sarcástica, que le dio a su frase. Lo indicó espléndidamente Umberto Eco: “No se puede sostener que algunas bellas páginas puedan cambiar el mundo ellas solas. Toda la obra de Dante no sirvió para devolverles a los comunes italianos un Sacro Romano Emperador. Con todo, al recordar ese texto que fue el Manifiesto del Partido Comunista de 1848, y que sin duda ha influido conspicuamente en la historia de dos siglos, creo que hace falta volverlo a leer desde el punto de vista de su calidad literaria o, al menos, al no leerlo en alemán, de su extraordinaria estructura retórico argumentativa (…). Se trata de un texto formidable que sabe alternar tonos apocalípticos e ironía, eslóganes eficaces y explicaciones claras y (si de verdad la sociedad capitalista pretende vengarse de los trastornos que estas no muchas páginas le han procurado) debería analizarse religiosamente todavía hoy en las escuelas para publicitarios”. 

En segundo lugar, el estilo de escritura de Marx es fruto de la mezcla, de la hibridación; un estilo que nace de las múltiples referencias con las que se tuvo que manejar y en las que la literatura es fuente. De las novelas o del teatro o de la poesía toma metáforas, imágenes, alusiones que son aderezo y a la vez efecto productivo.  

Pero, en tercer lugar y más importante, la literatura le sirvió a Marx para imaginar qué realidad tenía enfrente. Quiero decir, las novelas, por ejemplo, no eran sólo un depósito del que abastecerse de imágenes con las que ornamentar su prosa. La literatura le daba esquemas con los que captar el mundo. El capital, nos recuerda Francis Wheen, puede leerse como una larga novela gótica, como un drama victoriano, como una comedia negra, como una tragedia griega, como una utopía satírica. De todas las referencias que Wheen propone y rastrea me interesa la alusión a Mary W. Shelley. Cuando Marx habla de la alienación, el monstruo de Frankenstein está bien presente en su imaginación: es la realidad de quien vive enajenado, extraño, distante del mundo que lo repudia. El monstruo de Frankenstein nos habla en la novela y evoca para sus lectores lo que fue su “infancia”,  la inocencia  prístina  de quien aún no  se había  corrompido. ¿Pero qué descubrimos con Marx? Que no hay un Robinson previo, que no hay inocencia presocial como el monstruo parece reclamar. Hay, por el contrario, una máscara que a todos nos identifica: la  mirada  del otro nos constituye y también a  la  criatura  la convierte  en  monstruo.  Pero de un ser rechazado y alienado no puede esperarse una respuesta pacífica y, por eso, la  venganza  de aquella criatura se dirige  contra  la humanidad  que lo impugna y,  personalizando,  contra  aquel  que debiéndole   la   vida   se  convierte  en  un   padre   ausente, irresponsable,  horrorizado de su propia obra. El monstruo es víctima de su violencia irrefrenable, víctima de un delirio que le ha convertido en un ser  depravado. Etcétera.  

Como antes decía, resulta cada vez más impensable que autores que no nos son afines los leamos por el placer de reconocer una proeza intelectual, aquejados como estamos de tanto sectarismo. Resulta cada vez más extraño dedicar tu tiempo a disfrutar con un autor que tantos objetan ignorándolo. Citábamos antes a Hermann Tertsch, que con militancia cansina perora desde su columna de El País. Ya me ocupé de él en otro momento, pero regreso ahora a su reciente artículo. Hacia el final del texto, el periodista citaba una serie de intelectuales que él juzga imprescindibles, entre ellos, Isaiah Berlin. Gran autor y gran liberal, por supuesto: ajeno, por completo, a Marx. O, quién sabe, quizá no tanto. En este tiempo de sectarismo no se me ocurría recomendarle a Tertsch la lectura o la relectura de Marx. No es uno de los suyos, no figura entre los creadores atendibles y punto. Así vamos. Pero sí que le recomendaría que leyera o releyera a Isaiah Berlin que, como Francis Wheen, trata a Marx con gran respeto e interés a pesar de la distancia que le separa. La biografía que Berlin le dedicara es un ejemplo de lo que digo. Allí, entre sus páginas aparece un Marx brillante, laborioso, genial, perseverante, estudioso, autoritario, enciclopédico, tosco, sutil, insensible, abnegado, amoral, clarividente, colérico y, a ratos, disciplinado. Isaiah Berlin respeta la figura, la vida y la filosofía del biografiado, pero no la comparte. El autor se expresa y se pronuncia desde un liberalismo exquisitamente inglés y, lejos de sectarismos, analiza con detalle, con profundidad y sin contemplaciones la obra de Marx. Lamentablemente, el estilo pausado y elegante de Berlin –que también colaboró en la prensa— está desapareciendo de los periódicos. Ojalá Marx nos sirviera como excusa para leerlo con distancia e interés. Tristemente no creo que cunda el ejemplo.

43 comentarios

  1. Marx me enseñó —junto con Engels—, y nos enseñó a varias generaciones, a ver la realidad tal como es, a analizarla y conocerla. El «materialismo histórico» —no el repudiable sistema, a mi juicio, constituido por el dialéctico— es el método más fiel, exacto, objetivo, para analizarla y organizar ese conocimiento con el fin de tomar medidas para afrontarla con éxito. La obra ingente de Marx, en efecto, debería constituir parte de la formación de todo ciudadano. Al menos de las lecturas de todo hombre culto y bien informado.

  2. Don Justo hay algo que me chirría en todo este discurso suyo.
    Señala ud que hay quien lee a los «grandes» simplemente para corroborar lo que sabe de antemano.

    Pensemos «bien». Seamos objetivos, librémosnos de pre-juicios.

    Absolutamente todo ser humano, con un mínimo de inquietudes intelectuales, cuando elige una lectura, va buscando algo. Ese algo puede no ser evidente al principio, puede no ser más que curiosidad sobre un tema, una expresión o una actitud. Puede buscar una explicación a algún dilema personal, o subsanar una carencia.

    A veces, los «grandes» caen en las manos de las personas por «accidente». Como anécdota, yo me topé con Ortega y Gasset a los 10 años y , lógicamente hube de aparcarlo ante la imposibilidad de pasar de la página nº2. Buscaba una respuesta a una pregunta adolescente y aquello me resultó un galimatías, que me prometí desentrañar cuando conociese lo que significaban la mitad de los términos que utilizaba.

    Salvando accidentes similares, todo el mundo busca algo cuando elige leer a un grande. Ud también sr Justo.

    Leer Momo, no es lo mismo a los 5 que a los 15 o los 50 años. Se buscan y se ven cosas distintas. Ud también sr Justo.

    En este discurso benévolo que le propongo, le invito a considerar las distintas lecturas desde este punto de vista, porque sólo así puedo entender sus citas a Ciorán o la expresión del teorema de Thomas que nos brindó hace unos días.

    Si a ud se le pre-supone la inocencia de la cita, concvendrá ud conmigo en aplicarlo a los demás.

    Pero hay una diferencia, sr Justo.
    Ud se ha tomado la molestia de señalar ese sectarismo, esa apropiación indebida del pensamiento de los grandes, para uso particular y particularizado. Entonces dado que conoce ud claramente el peligro, dado que RE-conoce el fallo en los demás, y dado que ud practica también ese deporte, no puedo sino preguntarle: ¿Acaso ud no lo ha hecho?, ¿Acaso -lo que es más llamativo- no lo está haciendo en el mismo instante en el que acusa a otro de hacerlo?.

    ¿Es ud consciente de que esta actitud suya, sólo reafirma lo que critica?.

    Saludos.

    PD: un excelente profesor de física superior me dijo una vez: cuando llegue a sus manos un libro farragoso sobre física, deshágase de él. Lo escribió un mediocre al que le costó mucho entender lo que enseña y pretende que a todo el mundo le cueste el mismo esfuerzo hacerlo.
    Los «grandes» nunca son complicados. Exponen ideas complejas de manera sencilla. Otro asunto es lo que a cada uno le cueste entenderlo.

  3. What if, le chirría seguramente mi posición porque yo no leo sólo a los míos o a los que usted juzga los míos. El sectarismo es un mal, algo tóxico y dañino que sirve para sacar pecho y condenar al otro.El sectarismo sirve para segur siendo ignaro. Yo no creo ser sectario: simplemente porque, como dijo Isaiah Berlin al hablar de la contrailustración, leo a quienes me contrarían para perfilarme o mejorarme (si es que la materia prima lo permite). Tengo la impresión de que usted no me ha leído más que por encima (ràpido, rápido) o, más sencillamente, creo que la ojeriza o animadversión le enredan el entendimiento. Yo leo habitualmente a Isaiah Berlin y a Ralf Dahrendorf y de ellos obtengo nutrientes intelectuales: no voy buscando algo, como usted dice. Uno de mis mayores placeres intelectuales es descubrir algo inesperado. ¿Usted cree realmente que el sectarismo es eso?

  4. Djindjic, Dahrendorf, tristeza y dignidad

    HERMANN TERTSCH

    El País, 13/03/2007

    Lord Ralf Dahrendorf, el gran intelectual vivo que ha protagonizado la insólita transmutación de llevar válido equipaje germano reflexivo al laboratorio británico es probablemente el personaje más sabio que anda libre por el continente europeo. Realmente libre. Respetado hasta por sus peores enemigos y contándonos las cosas de forma ordenada sin hundirse en aspavientos ni pantanos de autocondescendencia y pretenciosidad posmoderna, Lord Dahrendorf nos da más clases de vida europea que todo el ejército tontuno, romo y harto de grotesca información de burocracia de sí mismos.

    Llega ahora un libro de Dahrendorf en castellano, cuando se cumplen tres años de la tragedia madrileña del 11-M y cuatro años de un drama terrible de la Serbia contemporánea. Casi 200 muertos dejan a esta España rota y abierta por voluntad ignota y un muerto, un solo muerto bien elegido, como suele suceder en esta región inhóspita, rompe una trayectoria de liberación tan deseada por muchos serbios como insospechada para otros. Serbia merecía a un hombre como Zoran Djindjic porque más que casi ningún país merecía dejar de sufrir y encontrar algo de paz consigo misma y saber que lo había logrado por mérito propio. No pudo ser. Esa es la tragedia y el triunfo de todos los fantasmas.

    La cara limpia de la Europa nueva no puede existir sin los Balcanes occidentales. Y Serbia es su corazón. Si Dahrendorf hubiera compartido vida en la Serbia de Milosevic, de Djindjic, de Stambolic y Draskovic, habría sido el primero en correr la triste suerte del desaparecido. Stambolic y Djindjic murieron porque, vagamente, pensaban del mundo como el lord pensador. Los asesinos y los amigos de Djindjic que evocaron ayer en Belgrado su figura saben bien quienes son los auténticos enemigos de la sociedad abierta. Son conscientes de que no son ni el Tribunal de La Haya ni quienes son inflexibles ante el terrorismo y el crimen. Son los fanáticos que se nutren del odio a la sociedad libre. Y los débiles que creen posible aplacarlos y buscar fórmulas de convivencia entre el crimen y la voluntad libre. Y quienes vuelven a preparar proyectos de experimentación social en contra del individuo que ya en el siglo pasado fueron causa del crimen generalizado.

    Dahrendorf sabe hablar de Europa, de los Balcanes y de Serbia. Y deja claro en esta nueva obra que su gran objetivo es declarar de nuevo la historia abierta. Sin solución ni predeterminación. Trágica, misteriosa y amenazante. La historia renace, no concluye. Vuelve y plantea terribles interrogantes. Con más profundidad que tantos británicos frívolos y de moda que coquetean con los dramas del siglo XX como del XXI. Fitzroy Maclean, elegante demócrata, se sintió muy cómodo con el crimen comunista y titoista en Yugoslavia que consideraba compatible con las conveniencias de Europa occidental. Peter Kemp, otro gran guerrero británico, era enemigo de la dictadura nazi y comunista por igual y jamás se pensó libre sabiendo esclavos o víctimas a otros. Éste es el problema y la diferencia. Conocí a ambos. Ambos caballeros, pero Kemp no está de moda. Maclean siempre lo estuvo.

    Hace un año murió Slobodan Milosevic, el mayor asesino en Europa desde la muerte de la generación posestalinista de criminales. Dahrendorf, Kolakowski, Bauman, Ignatieff, Sloterdijk. Son el pensamiento vivo que queda a la sociedad y al individuo para denunciar las trampas que tiene la vileza. Tienen mucho que ver con la triste muerte de un Djindjic que podría haber abierto las carnes a la sociedad muerta de Serbia. Guardará ésta mucho luto por el fracaso de lo que pudo ser la ruptura con su triste pasado. Hay axiomas que no entiende el adanista que cree inventar el mundo porque nada sabe. Berlín y Haffner, Popper y Hajek y aquí muy cerca ya en el tiempo nuestros compañeros de viaje Dahrendorf y Kolakowski, Havel y Michnik, saben cual era la apuesta de felicidad y libertad que han deseado tantas gentes muertas como Djindjic que quisieron libertad plena y verdad y nunca armonizar con la amenaza del crimen. Con dignidad.

  5. No señor Serna. Siento ver que también ud me ha leído rápido, rápido.
    El sectarismo no es eso. El sectarismo es actuar, sólo en función de la ideología propia, perjudicando a cualquier otra, por el simple hecho de no ser la propia. Sin más argumento.
    No le acuso de sectario. Le señalo, que su actuación puede ser interpretada en la misma clave que ud interpreta la de otros. Ni más ni menos.
    Y cuando digo que todos buscamos algo cuando elegimos leer algo no digo ni de lejos que eso sea sectarismo. Es algo absolutamente natural y probablemente inevitable. Es nuestra manera de conocer. Nadie se molesta en esforzarse por algo que no le preocupa, le inquieta o le intriga.

    Ud mismo me da la razón. ud busca perfilarse, ergo accede a la lectura con una idea preconcebida.
    Eso no es malo ni bueno, ni de purgatorio. Eso es.

    Y acusar a los demás de hacerlo con una intención manifiesta, cuando ud mismo no puede sustraerse a hacerlo, es cuando menos tirar la piedra suponiendo que uno está libre de culpa.

    Saludos

  6. Probablemente usted me diagnostica sin conocerme, cosa que hace, además, valiéndose de un alias o nick tras el que parapetarse. Es uno de los males de nuestro tiempo. Usted no sabe cómo leo ni el tipo de disfrute que obtengo ni el modo en que me dejo sorprender. Muchas de mis lecturas no están guiadas buscando algo, sino que están provocadas por el desconocimiento creador. Yo no leo rápido. Yo leo.

  7. jserna said,

    Marzo 14, 2007 at 12:59

    Probablemente usted me diagnostica sin conocerme
    (…)
    Es uno d elos males d enuestro tiempo.
    ——————————————
    Ud me diagnostica sin conocerme Sr Serna.
    ¿es ud, entonces y también, uno de los males de nuestro tiempo?

    Ud elige leer lo que desconoce. ¿será porque busca algo que lo que conoce no le da?.
    Pero hombre, ¿acaso cree que eso es malo, o desmerec en algo su actitud ante la lectura?. Ud come, posiblemente porque disfruta y porque tiene hambre. Como todos los seres humanos.

  8. ¿Querido Justo, oíste hablar de los sofistas alguna vez? Seguro que sí. Pues ya ves, viven escriben, provocan, como siempre…

  9. Mire: se acabó toda conversación con usted. Yo hablo con quien no se oculta tras un embozo para hacer esgrima verbal. No sé si le parece un logro emboscarse, taparse ocultando la identidad de quien expresa opiniones. Yo procuro ser fiel a la enseñanza de Isaiah Berlin, de quien aprendí la tolerancia trágica de un liberalismo agonista que se hace responsable al dar la cara: la responsabilidad de quien revela su nombre, su nombre propio, según sostuvieron los clásicos del liberalismo.

  10. Mi nombre le dirá exactamente lo mismo que mi nick: NADA

    Y no entiendo que mis argumentos sean distintos por tener yo un nombre u otro. Los suyos desde luego no varían para mi. Su propio nobre prodría ser un alias, y yo no tendría manera de saberlo, y nada me importa.

    Aunque eso me recuerda una de esas citas que se recuerdan con gusto: Un pensamiento es como una letra: se acepta o no, según la firma.

    Saludos, y siento su último comentario. Puedo discrepar con o de usted, pero este tipo de salidas, sin que medie ofensa o falta de respeto alguna, sólo desmerecen a quien las ejecuta. Le admitiría hasta el aburrimiento como argumento. Es terrible soportar a alguien que te aburre, pero no lo del alias.

    Le dejo una pregunta, por si no encuentra nada mejor que hacer ¿por qué elige un formato como éste, un blog en un medio como este, internet?

  11. Adiós, buenas tardes. Me aburre debatir con quien no tiene nombre y apellidos valiéndose  del anonimato para exigir a los demás. Aquí intervienen personas con nick, pero asumen con gallardía la defensa de su alias (véase Kant) siendo  congruentes con su rótulo y con las condiciones mínimas de la comunicación. Lo que no tiene usted derecho es a exigirme algo estando  embozado. Me pregunta por qué elijo este medio, el blog. La bitácora la empleo como modo de expresión o medio al que acceden, incluso, mis propios estudiantes. Me parece que el problema es el suyo: acude a un sitio a exponerse sin atreverse a decir quién es. Un liberal lo habría hecho y dicho.

  12. Dado que no voy a tañer el arpa para el oído del asno – como decían los griegos – les propongo vincular la propuesta del señor Serna (o Don Justo, pero, desde luego, no del “señor Justo”, que eso sólo va bien con la boina calada o la EGB sin concluir), en fin, decía, la propuesta del señor Serna con la necesidad de presencias reales, que propugna George Steiner, en la vida de las personas.

    Quiero decir, ¿no estaremos ante un cierto hartazgo de valores volátiles, del “todo vale” y “la arruga es bella” del pensamiento débil, lo que impele a la gente a buscar posturas más rotundas? Posturas que conmuevan su vida y su existencia, que apasionen. Creo que el camino a la lectura plural, amplia y libre es una vía que exige una madurez intelectual que, a la vista está, no es precisamente lo que más abunda. Al revés, la búsqueda de presencias reales sin ese fuste, antes que favorecer la pluralidad, la ciega, la convierte en monolítica y desencadena el sueño de la razón, los monstruos, especialmente, el monstruo de la intolerancia y, de ahí, en cascada, lo que deviene de él: incomprensión ante la ironía, seriedad de asno, extremismo incompetente y justificación de la ignorancia.

  13. Mi estimado Serna,

    Alguien escribio por ahi: «Un socialista es alguien que ha leido a Marx, liberal es aquel que lo ha entendido»

    Por otra parte y sin animo de polemizar, no encuentro la diferencia entre What if, Kant o Pakithor… Todos estamos parapetados y todos hemos cometido los mismos pecados.

    Saludos y disculpas por no poder tildar mi texto.

  14. Curiosa su alusión a la «esgrima verbal». Un conocido común, periodista en activo, calificaba su estilo como «ampuloso, retórico y trufado de citas: puro artificio intelectual».
    También me habló sobre otros rasgos de su caracter, pero eso entraría dentro de la «chismología» profesional. Sólo puedo decirle que tiene ud fama de ver con extraordinaria facilidad la pajita en el ojo ajeno…
    Sírvase, por ejemplo, a contrastar esta cita:

    «Los modernos medios de comunicación y la rivalidad entre los periódicos y las televisiones han aupado a los intelectuales, a ciertos  intelectuales, a la condición de oráculos, dispuestos siempre a repartir su palabra intransigente a manos llenas, preparados para el aplauso.»

    con sus apreciaciones sobre compañeros como Savater («ese ateo festivo»), Prada o su principal fijación, Hermann Tertsch («crítico tonante, comentarista irascible, atronador y quejoso»)

    Recapacite, «donjusto». Alguien con la capacidad de sentenciar que «el periodismo es, en efecto, pensamiento urgente; pero a veces tengo para mí que es urgencia sin pensamiento», no puede caer en la intransigencia para replicar a quien de él disiente. No sea injusto, don Justo.

    A propósito: mi nombre es Alejo García. El segundo apellido se lo puede imaginar. Y el autor de las citas es el señor Serna, Justo de nombre.

    Saludos.

  15. Ah! Por si acaso me relaciona ud con Alejo García, el egregio periodista, le diré que no tengo nada que ver con él.

    Saludos.

  16. ¿Savater es «compañero» suyo? ¿Es usted catedrático de Etica? ¿Terstch es compañero suyo, amigo Alejo? Alejo García sí es un viejo compañero mío, periodista de Radio nacional y otros medios, ya jubilado… y de extrema derecha, por cierto. Por otra parte, hace usted muy mal en citar a su amigo,» periodista en activo», descalificando a Serna, y no dar su filiación completa. A todos nos gusta saber quién nos insulta, y en este caso me interesa a mí, como amigo de Justo Serna que no presume en absoluto de periodista, aunque sí de buen Historiador, cosa indiscutible. Tengo sesenta y nueve años, escribí y publiqué mi primer artículo a los trece y llevo medio siglo como periodista en activo: Me encanta que Serna me critique, pero sobre todo que me lea, porque además de excelente historiador, lo que mejor hace es leer. Con gran provecho. Debería usted leerle a su vez con atención, quizás aprendiese a pensar un poco y a articular mejor su discurso, deslenguado jovencito.

  17. «Un conocido común, periodista en activo, calificaba su estilo como “ampuloso, retórico y trufado de citas: puro artificio intelectual”.
    También me habló sobre otros rasgos de su caracter, pero eso entraría dentro de la “chismología” profesional».

    Ike Wana: dìgalo dígalo. No se lo calle. Hagamos chismología.

  18. No, son compañeros de don Justo.

    En lo que tiene ud razón es en mi desliz a la hora de hablar de la chismología. Mi retracto a esas palabras, por lo tendenciosas que puedan parecer. Mea culpa.

    Cambiemos pues la alusión al estilo de d Justo a una apreciación TOTALMENTE PERSONAL.

    Saludos y disculpas, en lo que haya parecido ofensivo.

  19. «Debería usted leerle a su vez con atención, quizás aprendiese a pensar un poco y a articular mejor su discurso, deslenguado jovencito.»

    Mis respetos, d Miguel.
    Una defensa impecable de su compañero…si se hubiera ahorrado estas dos líneas.

    Saludos.

  20. Quizás Ike Wanna-Alejo García-y-otras-hierbas, no deberías meterte con zuecos de andar por cieno por esos jardines… Si insistes en ir por lana, lo más probable es que salgas trasquilado.Tienes pinta de ser un alumno irreverente y descarado de Justo. Encárate con él en clase y le dices lo piensas, ¿no? en vez de ir chismorreando por ahí con tus «conocidos periodistas»… Y menos mal que no has caído en la trampa del pobre Paco, que a penas sabe deletrear.

  21. Vaya, gracias por el consejo.
    Menos mal que me adelanté con las disculpas y el retracto (que reitero, por cierto) de mis torpes palabras…

    Y sobre la trampa de Paco, el que «apenas» sabe deletrear, no tema: no caeré.

    Saludos y gracias.

  22. Vaya ahora el malo de la peli es el señor Paco. IKe: Si no va descubrir nada de la intimidad de Serna, por què no discute sobre lo que el pobre intenta decirnos: que es un criptomarxista.

  23. Gracias por su artículo de hoy Sr. Serna.

    Hace unos años le oí a D. Rafael Termes , Predidente de la Asociación de la Banca Privada , -entre otras cosas-, decir en una entrevista, que para conocer la importancia de la economía en los seres humanos había que leer a Marx, sin cuya lectura no se entendendería el mundo de hoy.

  24. No, no es el malo, quimet, es el tonto del culo. Y si tú no eres un criptomarxista, explica por qué con argumentos ¿Tanto os cuesta leer el post de Serna y debatir si hay que leer o no a Marx? ¿O tenéis la pereza tradicional del español sentado? Venga, chicos, que no estáis en clase alborotando. Todo esto está escrito en serio y para tomarlo en serio, aunque Kant opine como los griegos que no hay que tocar el arpa para los asnos, o en román paladino, que no se deben echar margaritas a los cerdos… Ahí tenéis un texto sobre el que reflexionar y opinar… Si no, por ahí tenéis cientos de blogs criptofascistas donde la gente se trata de gilipollas y cosas peores, a gritos. Os habéis equivocado de sitio, y Paco el primero, aquí no se viene a hozar en el propio purín, sino a leer y pensar un poco.

  25. Eso tiene mérito, Juan Moreno, porque Termes era miembro numerario del Opus Dei, antes de morirse, claro.

  26. Vamos a ver, jovencitos, ¿ustedes han venido aquí a divertirse un rato reflexionando sobre las propuestas del señor Serna o a exponer, urbi et orbi, sus propias insuficiencias intelectuales calumniando al antedicho Serna?.

    Si es el primer caso, adelante, yo entré para eso. Me lo paso muy bien con ustedes, especialmente si se cae en mis provocaciones y se les crispan las neuronas (¡señal de que se tienen!… o de que superviven a pesar del empeño de su propietario en ahogarlas). O caigo yo, claro, y me obligan a escurrir lo que queda de mi cerebro.

    Si es el segundo, ¿por qué no se lo dicen a él dando la cara? Nos evitaríamos el bochornoso concierto de cobardía que están ofreciendo, con solos de mezquindad ruin y coros de insoportable hedor a cerebrines macilentos en plena descomposición.

    Insisto, ¿hablamos de si vale la pena leer, hoy, a san Carlos Marx y al beato Engels, o no? Si es que sí, ya les hice una propuesta, respóndanla, apostíllenla, hagan otra diferente, pónganme a caldo por argumentar con Steiner, o castíguenme con su indiferencia pero haciendo alguna aportación a la propuesta del señor Serna. Si es que no, avísenme y confírmenme que “si Natura non da, Salamanca non presta”.

  27. El pecado original

    Me parece muy interesante la observación de Kant mencionando a George Steiner y sus Presencias reales, autor que estoy releyendo para una reseña…. Steiner leería a Marx buscando el elemento hebraico que anida en su tradición, ese eco, ese espíritu irredento que habla vicariamente y que se manifiesta en una prosa épica. Pero sobre todo Steiner mostraría la nostalgia del absoluto que hay en el pensador alemán. Perdonen la siguiente pedantería. Dice Steiner: «Como otras construcciones propias de la utopía social, de la salvación mesiánica y secular que siguieron a la revolución francesa [en minúsculas], el marxismo puede ser expresado en los términos de una épica histórica. Habla del progreso del hombre desde la esclavitud hasta el reino futuro de la justicia perfecta. Como tantas construcciones del arte, la música y la literatura románticas, el marxismo traduce la doctrina teológica de la caída del hombre, del pecado original y de la redención final, a términos sociales e históricos». Marx como Prometeo: «Prometeo-Marx conducirá a la humanidad esclavizada hasta la nueva aurora d ela libertad. El hombre fue una vez inocente, estaba libre de explotación. ¿Por qué oscuro error, por qué sombría felonía, cayó de aquel estado de gracia?»

    Si nos fijamos bien, estas preguntas (que no tienen nada de retóricas) expresan una nostalgia de lo absoluto (en los términos de Steiner). «Esa nostalgia, tan profunda, yo creo, en la mayor parte de nosotros», dice un Steiner apocalíptico, «fue directamente provocada por la decadencia del hombre y la sociedad occidental, por la decadencia de la antigua y magnífica arquitectura d ela certeza religiosa. Como nunca anteriormente, hoy, en este momento del siglo XX [decía hace unos años Steiner], tenemos hambre de mitos, de explicaciones totales, y anhelamos profundamente una profecía con garantías».

    Es curioso: digo estas cosas y regresa Cioran por la puerta de atrás, un Cioran a quien citaba en el post. Cioran fue alguien que predicó el hastío de vivir –como si de un volcán apagado se tratara–, la derrota que significa abandonar lo potencial, el error que entraña el nacimiento, el vacío existencial, la nostalgia del Paraíso. Exactamente es eso lo que en el extremo trata el propio Marx, que asiste escandalizado al horror material de la explotación. Qué curioso: de Marx a Cioran, pasando por Steiner. Nada tiene que ver entre sí, pero los ecos y los parentescos lejanos nos llevan de un lado a otro.

  28. Perdonado queda, señor Veyrat, aunque sin motivo alguno, mi propósito era citar en román paladino, ya sabe usted, esa lengua con que “cada vecino suele fablar a su vecino”. En cualquier caso, le alabo el gusto del uso del latín en estos días de agobiante uso de lenguas bárbaras.

    Creo, señor Serna, que ese inesperado triángulo (Marx-Ciorán-Steiner) nos conduce a la actual perplejidad ante el mundo presente. Y la desazón. Y la desesperanza. Y la búsqueda milagrosa de la “salvación” ante la tropelía de la vida cotidiana. La construcción de la contemporaneidad se ha fundamentado en sinrazones objetivas – mucha creencia, mucha fe, mucha religión enmascarada en ciencia – y su plasmación tangible nos ubica ante una praxis básicamente inhumana. Añadiría una idea capital de Francisco de Goya, no por más conocida menos asumida por tirios y troyanos: “el sueño de la razón produce monstruos” (es su grabado 43 de la serie Los caprichos). Verá que es un recurso, el del monstruo devenido de la ignorancia, sobre el que pivoto asiduamente. Así, más allá – o tal vez, mejor, más acá – de la República de las Ideas en las que los tres pensadores (y sus lectores) marinan, la Realidad – esa maldita puta – nos ofrece el mejor de los mundos posibles acallando el clamor de la humanidad extraoccidental que vive en una explotación generalizada sin precedentes, generando unas plusvalías inimaginables en el XIX (y que, obviamente, no se redistribuyen), produciendo un destrozo medioambiental sin paliativos en todo el globo y, sobre todo, afectando a centenares de millones de personas en lo más básico, con condiciones de vida que hacen envidiable la de un ilota.

    Sí, señor Serna, hay que volver a leer a don Carlos, y saber desprenderlo tanto de su propia pátina hebraica (ese Jehová redentor que se entrevera en sus líneas) como de la impostura pseudocientífica que socavó su pensamiento profundo y contundente de sus más conspicuos sacerdotes, los mar-len. Y hay que leer a los señores Ciorán y a Steiner. Hay que leerlos para saber dudar. Para mirar el mundo y ver lo que hay, no lo que soñamos.

  29. Realmente ustedes leen y hablan de estas cosas? Que si ciorán, marx y G.Steiner. Realmente leen eso?

  30. Lo siento, Kant,gracias por no llamarme pedante. Me desconcertó su desgarrada traducción. Ese praestat… que se presta a varios sentidos… Excelente su diatriba triangular; son los todos tres mis angelotes de cabecera y de la guarda. Pero más desconcertado me tienen esos jovenzanos que como el Xivo de un poco más arriba se asombra de nuestras lecturas. ¿Por qué no hace un poco de caso y se marcha a librería para salir cargado de libros que embaular golosa é gioiosamente?

  31. Bueno, don Miguel, creo que hay que atribuir al señor Serna la vinculación de los tres, a mí, tristemente, sólo se me había ocurrido tensar la relación Marx-Steiner.

    Por otra parte, hombre, no sea usted cruel con las jóvenes generaciones. El hecho de que don Ximo tenga ese atisbo de duda es una esperanzadora señal de vida intelectual en su cerebro. Estoy seguro que, tras su incredulidad inicial, perseverará y acabará haciéndose una persona de provecho para su comunidad y para él mismo. Piense, funestamente, en los que no albiran las luces de éste y están abocados a la delincuencia, la pobreza o los trabajos bajos y viles (tales como director de financiera, productor de cinematografía española o director general de algún ministerio o institución pública asimilable). Más se merece el aliento al primero que el desprecio a los segundos.

  32. Quisiera abundar en la última reflexión de Kant invitando a Ximo y demás compañeros que han intervenido estos días a seguir leyendo y participando en este blog; al menos leen y escriben, es cierto. Lamento sin embargo que el tema originario se haya desviado, como sucede frecuentemente, con la clara demostración de que al menos, con una reducción estadística natural, la inmensa mayoría de las gentes que entran y salen de este blog, dejando o no su opinión escrita, no han leído o piensan que no merece la pena leer o seguir leyendo a Marx. ¿Supone esto un desliz a las posiciones neoliberales de actualidad en las ideas europeas, de las que nuestros jóvenes son exponente? ¿Supone pasar página de un método de pensamiento que generó diversas doctrinas políticas que cambiaron la historia durante más de cien años? ¿Qué piensan nuestros contertulios? Y me refiero a Pakithor, Ike Wanna, Ximo, mi buena y querida amiga Kafeína de cuya «resurrección» me felicito, etc.

  33. No quisiera que Justo pasara página sin regalaros esta «perla» hallada en la programación de televisión publicada por El País de Madrid en el día de hoy. La redacción TeleMadrid, bautizada por «Teleespe» dado el sesgo «popular» desquiciado que ha tomado este nuevo instrumento de propaganda, envió esta nota para ser publicada: «22,15. 11-M, Audiencia Pública. Espacio en directo en que catedráticos, periodistas, víctimas, abogados, magistrados, etcétera, dan su opinión sobre el juicio». ¿Qué os parece? Las «víctimas» elevadas a la categoría de profesión. Y es cierto, desgraciadamente, en muchas de ellas y de sus dirigentes.

  34. Pata fantasía me leería J R R Tolkin. La teoría marxista es ma mayor estafa intelectual de la historia de la humanidad. Saludos

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