Seré breve…

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Ilustraciones: M. y V. Serna

1. Leo el último libro de Sergi Pàmies, Si te comes un limón sin hacer muecas, y me recreo en lo cotidiano: lo diario, lo vulgar y lo ordinario tienen en el cuento una de sus mejores formas de expresión. El relato obliga al autor a ser breve: obliga a compendiar, a detallar lo fundamental, sin aspavientos ni hinchazones. Pero el cuento también exige la máxima tensión: en pocas líneas, el autor ha de hallar a un narrador plausible, verosímil; ha de encontrar un punto de vista que permita administrar la información, siempre escueta, siempre concisa; ha de colmar ese depósito que da lo básico y que siempre amenaza con desbordarse, con convertirse en novela. Jorge Luis Borges ya lo anotó: en el cuento no hay desarrollos ni tiempos muertos; hay lo imprescindible, aquello que exigiríamos de alguien que nos relatara un avatar. Estoy leyendo ese libro de Pàmies y lamento que se acabe, tan breve, tan escueto: resulta ejemplar, característico, propio quizá del relato anémico y sincopado de nuestros días. Como yo, hoy mismo: raramente lacónico y deseoso de volver a la lectura de esos episodios menores que tan bien y también nos retratan.

Decía Gustave Flaubert que cualquier cosa observada de cerca, muy de cerca, empieza a perder la impresión de familiaridad, pero además comienza  a ser interesante. Eso es lo que me está ocurriendo con Pàmies, alguno de cuyos relatos me recuerdan al mejor Cortázar. Aunque destinados a adultos, estos y aquellos cuentos me devuelven a la infancia, esos momentos en que  un detalle aparentemente insignificante nos resultaba revelador, decisivo. Crecemos, envejecemos y perdemos vista, pero también perdemos esa visión inaudita de las cosas, aquella sorpresa con que mirábamos lo que nos rodeaba, justamente porque era amenazante, porque podía hostigarnos: los hábitos nos familiarizan con lo acostumbrado y el tiempo nos hace adultos previsibles. Los protagonistas de Pàmies suelen ser varones de mediana edad que han encontrado su lugar en el mundo, un espacio igualmente predecible, predecible hasta que un leve cambio de las rutinas les arroja a un abismo ordinario o a un cielo inesperado. Son como adultos que, de repente, descubren ser tan desvalidos como los hijos que ahora tienen, guardan o custodian.

Es difícil resignarse a que la vida sólo sea como esa gota de agua que se precipita desde el grifo. Así nos lo cuenta Pàmies. Sin embargo, el problema que no es sólo que la existencia sea corta, sino que nuestra vida es finalmente previsible, muy parecida a la de cualquiera. En el relato de Pàmies, la gota de agua que viaja en caída libre hasta el fregadero constata cuánto se asemeja a aquella otra hija (o hermana) que ya asoma por el caño, pero corrobora también que su viaje  “termina como estaba previsto: chof”. En efecto, “la gota explota y se expande en mil pedazos que, indiferentes al tacto del acero inoxidable del fregadero, vuelven a juntarse, ya no en forma de gota sino de salpicadura, nada, un escuálido hilillo que, después de salvar el obstáculo de los restos de aceite de girasol, se escurre –blop–, aspirado por el desagüe”.

La vida breve, sí.   sitecomesunlimon.jpg

2. Cuentos de miedo…

El cuento de Federico (Jiménez Losantos)

¿Quién es el traidor? (De la acusación de traidor en política)

Cuentos políticos (Inspirado en el caso de E.Z.H.-S.)

50 comentarios

  1. No he leido nada de Sergi Pamies. Parece interesante por lo que dice. Me dan ganas de leerlo.

  2. Estoy completamente de acuerdo, Pamies recuerda en los mejores episodios de este magnífico libro a algunos de los relatos magistrales de Cortázar.
    La concisión es algo consustancial a la vida actual, que nos ha llevado a un lugar donde la tranquilidad nos está permitida. Es por tanto el relato breve una forma de escribir, de decir, de comunicarse con mucha aceptación pero peligrosa, porque el escritor tiene que tener muy clara su intención so pena de caer en la inanidad. Pero vuelvo al sosiego y recuerdo, son recuerdos de infancia, a un ser muy querido y trabajador, que aprovechaba cualquier momento libre para sentarse en una hamaca debajo de un árbol y emprenderla con Mann, Dostoiesky, Tostoy, Galdós, Wassermann, sumido en el mayor de los placeres, en el placer que da un libro que ofrece un amplio camino por delante, que quieres que no se acabe, en el placer que da el sosiego que nos han arrebatado. Añoro ese sosiego tanto como volver a leer, si pudiera, El hombrecillo y los gansos sin que nada me apretujara las tripas, tranquilo, disfrutando, sin ninguna otra cosa en la cabeza. Tiempo de sosiego.

  3. Cuentista: qué termino más difamado en los últimos años, casi siempre utilizado despectivamente por quien de seguro ha leído pocos cuentos. El relato breve, o cuento literario (no olvidemos el cuento popular) es una de las más sabias manifestaciones de la cultura. En él no hay tiempos muertos, solo sustancia. Borges lo sabía, pero también Márquez y Cortázar, quien no sólo era consciente de que los tiempos muertos no cabían en el relato, sino que era labor del escritor hacer de estos tiempos manifestaciones vivas: un viaje en tranvía o un sueño. Galdós o Clarín manejaron el cuento realista sin contar aceitunas sobre manteles ni narrar largas sagas familiares (como habitualmente se le atribuye al realismo). Y algo más atrás, la fábula se manifestó como disciplina ejemplar. Pero incluso antes, el cuento educó a príncipes y emperadores; y los musulmanes lo utilizaron para hablarnos de Platón… ¿se puede pedir más? Monterroso lo supo también con su cuento de apenas dos líneas, síntesis de la síntesis. E incluso los cuentos del abuelo en su mili son formas de entender la educación de los hijos, de gran labor socializadora y transmisora de conocimientos comunes.

    A pesar de los cuentistas vulgares, charlatanes, comerciales que venden enciclopedias en la puerta de tu casa y un largo etcétera de diversa fauna (respetable, a veces), el cuento es mi debilidad: ¿Os lo cuento? Érase una vez… un género a punto de extiguirse.

    Mucha salud para todos y un abrazo para Justo, tan atento, como casi siempre.

  4. Sí, las prisas de hoy hacen del cuento la lectura favorita de muchos. Parece ser que donde más se lee es en el metro y que gusta comenzar y terminar un relato en un viaje Goya – Alonso Martínez. Soy muy poco curiosa, pero, en el metro, he llegado a retorcerme para tratar de ver qué lee mi vecino de asiento y me desespera no lograrlo a veces; hay quien hasta forra sus libros. Cuando lo consigo, cuando logro ver qué lee el ensimismado viajero, compruebo que suelen ser libros de relatos breves, que se han dado en tener como obras menores, pero hay muchos escritores que consideran el relato breve de una dificultad muy superior a la novela y que hay que condensar en poco espacio lo mismo que en la novela: desde la descripción del personaje a lo que ocurre.

    Sí, García Márquez, Borges, Cortázar, Galdós o Clarín, pero también hoy: Millás, Manuel Longares, Pedro Sorela o alguien muy dsconocido que me fascina: Álvaro del Amo. Hay cuentistas extraordinarios y la intensidad de la lectura de un cuento es algo completamente distinto y especial.

    No hay mejor modo de aficionar a alfguien a la lectura que por medio de cuentos. Buscaré el libro de Pàmies, que no conozco.

    Gracias, Justo.

  5. Ojalá esta reconfortante lectura que hacemos de ese género maravilloso —No olvidemos a Joyce, ni a John dos Passos ni a Pavese, Calvino ni la pléyade de magníficos cuentistas rusos— nos enseñe también a leer los géneros literarios pero también los periodísticos y a distinguir la información de la propaganda. Me explico: Quiero llamar la atención sobre el inesperado cuento sobre la España real que nos contó anoche TVE, recuperada, y ojalá sea para siempre, su función de medio público. Ayer, como por ensalmo desapareció la ópera wagneriana, la gran novela gótica ideológica armada por los falsos meistersänger del periodismo radiofónico y escrito, para descender al diálogo llano y sincero de la gente de todos los días con un político, el Presidente del Gobierno, que no supo desprenderse del olor a cerrado de su despacho. Pero eso ahora es lo de menos, no me importa que no supiera el precio de un café, ni el de una entrada de cine ni un billete de metro o de autobús. Es mera anécdota. Cuando le toque a otro, sus asesores lo tendrán en cuenta y se lo pondrán en los papeles a estudiar. Lo que me importa ahora es ese relato fresco y fluido como un arroyo que añoraba ya ser río ancho de opinión pública. Un cuento nuevo y afincado en las raíces de la más auténtica realidad de las preocupaciones cotidianas del corazón humano. Como debe ser.

  6. Ya saben ustedes que, a mitad camino de un cierto postín y de unas ganas confesas por molestar las almas, suelo estar en contra de la opinión mayoritaria, pero, vean que me veo sumido en sumarme a la mayoría, hacer mías cuantas opiniones se han vertido, especialmente la de don Luís Quiñones.

    Puestos a apostillar – más que nada por dejar impoluta mi reputación – hacerlo sólo a la señora Pavlova, en tanto no considero que en las prisas del lector esté el éxito del cuento sino, antes bien, lo que ella misma aporta: la extraordinaria dificultad de sintetizar mundos y vidas en la brevedad de unas pocas planas. Así planteada la narración, a fuer a de ser intensa, se convierte en vital, vibrante, apasionante, cosa que en la novela larga, ay, demasiados pésimos aprendices de Dostoievsky, traducen en interminables, tediosas e innecesarias dilaciones narrativas.

    Por cierto, señora mía, yo también me retuerzo el pescuezo para fisgar en las lecturas públicas de mis conciudadanos. Pero, bueno, parece que es condición humana.

    Al que sí veo ávido en “otros cuentos” es al señor Veyrat pero, me temo, que con el público presente, poco se le va a objetar ¿no?

  7. Me objeto yo mismo, querido amigo, pues no sé si mi deseo de ver reducida la vida y la opinión pública al alegre canto de un cuento breve hecho alfaguara, ansiando devenir en plácido río, es no sólo plausible sino posible. Si quitando la crispación, los engolamientos ideológicos y retóricos, el odio visceral al contrario, los adornos y recortes toreros, los gorgoritos de tenor hueco, que diría Machado, se recupera la narración llana en su desarrollo, intensa en su sentido, bella en la economía verbal, interminable en su universalidad, limpia en su honradez ¿podríamos recuperar nuestra vida pública, de la que tanto depende nuestra felicidad privada? ¿O seguimos dando más madera a la vieja locomotora de la novela gótica, como decía en mi comentario anterior, tediosa e interminable del enfrentamiento guerracivilista que plantea la reacción? Me había parecido que se podía “aplicar el cuento” a la anécdota de ayer para enhebrar “otros cuentos” nuevos, sí, con imaginación y sabiduría, desprovistos de los caireles de tantos rimeros cojos, feos, quebrados y encenagados que pueblan nuestros medios, nuestras cátedras y nuestros estrados.

  8. Perdonen mi silencio. Como dije el otro día, estoy en pleno proceso de transición del Adsl de Telefónica a Orange y eso me tiene parcialmente desconectado. Confío en que en pocas horas ya podré estar con todos ustedes respondiendo a sus amables comentarios.

  9. ¡Señor Veyrat, qué hermoso! pero, ay, para poder avivar la llama del tema deberíamos discrepar en algo y, voto a tal, me temo que estamos todos de acuerdo… ¡hasta yo mismo, que me plazco en el azote de integrados complacidos y heterodoxos de medio pelo, lo estoy!

    Tal vez, don Pedro, que acaba de llegar y trata sobre su particular – y, por mi parte, nada interesante – opinión sobre el mensajero en vez de hacerlo sobre el mensaje, tenga a bien cometer alguna tropelía en la materia – del contenido, insisto – y con tal, encontrar algún motivo para departir más vehementemente.

    Porque, en serio, don Pedro, le aseguro que el señor Serna – con quién en más de una ocasión he cruzado sables y de forma nada amistosa, por cierto – no es el tema de este blog. Aqui se tratan ideas, no personas.

    Por cierto, caballero, sea usted bienvenido.

  10. Por supuesto, bienvenido don Pedro, a hablar de otros que no sean Serna. Por cierto,¿ha leído usted los “Cuentos de locura, de amor y muerte” de Horacio Quiroga? No se los pierda, los acab de publicar Losada. En ellos los animales viven, piensan, razonan y sufren el mundo nuestro, de primates sonrientes. Gracias por estar de acuerdo Nell, pero prefiero cuando discutimos.

  11. Yo también, poligráfico caballero, yo también pero hoy no puede ser, la Diosa Razón nos embarga y el gusto por la misma Literatura nos desarma. ¡Qué le vamos a hacer! otra vez será…

  12. Vuelvo a discrepar. Yo que también me retuerzo el cuello intentando averiguar qué demonios lee la gente en el metro, no suelo confirmar, a mi pesar, lectura de cuentos; sino de gruesos volúmenes de novela histórica y de tema histórico-policiaco. Es entonces cuando pienso que el cuento está en crisis, precisamente por su no lectura en el metro, que es precisamente donde bien podrían leerse los relatos.

    ¿Y la novela corta? ¿Es cuento? ¿Es relato? ¿Y la novela hecha de relatos? Recomiendo una lectura: “Los girasoles ciegos”, de Alberto Méndez. Curioso ejercicio literario lleno de modernidad, como el libro que recomienda Justo en su post. Todos ellos intentos de revitalización de un género que, si no depresión, sí que atraviesa una mala racha. Muchos abrazos a todos.

  13. Sin desdecirme ni una coma de mi anterior coincidencia con usted, maese Quiñones, veo con gusto su discrepancia, aunque, la verdad, me parece de índole menor. Partamos de aceptar todos que somos unos inmisericordes curiosos y que, en vez de portar y leer ávidamente un libro de cuentos en el metro o el bus preferimos el “voayerismo” (válgame tan innoble galicismo) del gandul. ¡Valiente cuadrilla! Así, mancillado nuestro común acervo con nuestro común oprobio, podemos comenzar.

    Las cuestiones que nos propone las considero, personalmente, por demás, horrísonas, abyectas y ominosas. ¿A qué esta obsesión organizadora de las tipologías? ¿por qué esta fijación paranoide con el orden cerrado de las cosas libres? ¡¿qué más dará si es un cuento o una narración corta, un epítome o un opúsculo? Sus palabras me han traído el recuerdo de don Emilio (no Zola, no, me refiero a mi maestro de primeras letras) que me insistía, tras fracasar miserablemente, yo, en discernir si una obrita era pastoral o bucólica: “Cantarell, usted no sirve para esto de las letras, nunca será nada en la vida”

    Tal sea por eso que nunca he llegado a nada – al final, don Emilio tenía razón – y me conforme con medir los libros como el Santo Oficio, por volumetría (gruesos, medios y finos) Yo, siempre llevo un libro pequeño, de bolsillo, fino, poco abultado y de poco peso en el zurrón de mi moto y apenas paro en cualquier sitio, leo. Poesía, ensayo, literatura… ¡qué más da!, leo, especialmente estos libros pequeños, los únicos que no evaluaba la Inquisición, sencillamente, los prohibía todos, contuviesen lo que contuviesen. Leo. Libertad.

    Me gustaría adentrarme con un poco más de rigor en la cuestión de la “revitalización” (con nuevos autores) adversus “redescubrimiento” (con los clásicos inleídos por mor de la moda o, peor, de la “modernidad”) de la narración breve pero a estas horas suelo retirarme. Los tendré que dejar, pues, aún sabiéndome mal hacerlo.

    Ah, y muchas gracias, don Luís, por su consejo de lectura, lo leeré, gracias. Tengan todos ustedes muy buenas noches y que los Dioses les sean propicios.

  14. “Los girasoles ciegos”, de Alberto Méndez es, realmente, una obra bellísima y peculiar, aunque (y ello es igual, como dice Kant, pero quiero reseñarlo), son algo más que cuentos, son relatos cortos, como lo es la “Historia de mis putas tristes”, del triplemente festejado éste año, García Márquez, aunque la avaricia editorial lo convirtiera en nov“Lela de tapa dura y letra inmensa y lograra una avalancha de juicios despectivos sobre la sequía del creador de Macondo, porque me permito destacar, también, el distinto rasero que se emplea para juzgar un cuento o una novela; parece que al cuento se le pide menos y estoy segura de que, si la última obra de Gª Márquez hubiera aparecido entre otros varios relatos, los críticos se habrían sentido deslumbrados. Otro relato breve, que se editó como libro, pero de modo muy exquisito, con sobrecubierta de papel vegetal, es “El rastro de tu sangre sobre la nieve”, también de García Márquez. Da para una lectura hasta Toledo, o quizás a Alpedrete, desde Madrid, y es absolutamente deslumbrante.

    Y, puestos a recomendar: “El Jeco”, de una de las mayores luces de las letras nuestras: Rafael Sánchez Ferlosio y, a ser posible, en la cuidada edición de la Fnac, que incorporaba, a modo de regalo, en separata, “La forja de un plumífero”, mínimo relato, casi cuento delirante y magnífico, que es su auto biografía y que sólo puede encontrarse editado así.

    Y antes de recogerme: “Cuentos de Nueva York”, de O´Henry (para que luego digan que la cárcel no produce nada bueno), que los de Wilde ya los habrán leído todos.

    Tambien yo deseo buenas noches, como el educado Kant, al que no alcanzo a comprender por qué Veyrat llama Nell.

    P.S. ¿Cómo hemos podido obviar a Aldecoa y sus sobrecogedores cuentos? ¿Cómo hemos podido?

  15. Le llamo afectuosamente Nell, estimada y ágil Pavlova (¡Muy bien por O’Neil!) en recuerdo de su patronímico —uno de ellos— Nel.lo Cantarell de donde se derivó el “nick”, y perdón por el “palabro”, de Kant, o sea Manolito Kant-arell, en la parla catalana que se habla en Valencia. El mismo lo ha explicado antes de que usted nos hiciera el regalo de su entrada en este blog. Estoy con usted y con Aldecoa y con Ferlosio de quien aprendí casi las primeras letras leyendo su “Alfanhuí”, que usted no cita seguramente por entusiasta olvido ante el deslumbrante “El Jeco”, y también con la su descripción de la avaricia editorial que explota hasta la sangre a los lectores tan ávidos de belleza como usted.
    Y también quisiera decir que la mayoría de lo que llamamos novelas quienes no nos perdemos en los vericuetos normativos creados por los “expertos” no son sino “cuentos largos” y que en un cuento como “El Aleph” puede caber el universo: Los estructuralistas nos hicieron pensar que cada género tenía su esqueleto interior rígido y definido cuando es el lector quien crea después de la lectura su mundo propio, reestructurándolo y acomodándolo a su ser individual, a su trinidad de razones, instintos y emociones. ¿Recuerdan ustedes el cuento más corto de la historia: “Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí”? ¿Qué inmensa novela habrán podido reescribir cada uno en su cabeza jugando con esas seis palabras?

  16. Otrosí, también podría cometer la travesura de llamarla a usted Ana Pavlova, por nombre entero. ¿Qué tal? Hoy estoy muy contento porque Nel.lo me ha contado que en el año 73, al ver mis crónicas como corresponsal de TVE en París, desde el alambre y sin red, su abuelo decía: “Ese sí que es un buen Volteriano… si lo dejaran…” La alegría me viene de comprobar que la siembra honesta de librepensamiento, aunque sea “entre líneas” y sorteando censuras y cesuras, siempre acaba anidando en la mente de un niño, aquellos que fueron en los días siniestros y patéticos del fin del dictador felón, los hoy ilustres profesores Serna y Kant.

  17. Pues si desea llamarme Ana Pavlova, proceda, que no sólo es flexible mi cintura.

    En cuanto a sus crónicas como corresponsal en el año 73… lamento confesar que mi edad en esa época no me permitía ocuparme de esos asuntos. Andaba enfrascada con los cuentos, otros cuentos, los cuentos…

    y no había, en mi caso, en mi casa, un abuelo que pudiera ilustrarme.

  18. Lo lamento, querida amiga, ahora que he alcanzado la edad de ser abuelo, me han salido mis dos hijas en edad de procrear poco adictas a la maternidad y/o al matrimonio, aunque una de ellas creo que está estudiando la legítima opción de ser madre soltera. Pero a lo que iba, el anciano cuyo criterio ya sólo valoran las sociedades primitivas que aún subsisten sin “prejubilar” a los suyos, siempre ha constituído no sólo una fuente de conocimientos que difícilmente se hallan en los libros, sino de reflexiones, consejas, sabiduría popular contenida en los cuentos con los que no adormecen sino que avivan las mentes de niños y adolescentes. Pero yo sigo escribiendo libros y a veces crónicas que acaso un día tengan la suerte de topar con unos ojos sedientos como los suyos en cualquier mesa de librería o anaquel de biblioteca. Será ese un día de suerte para mí.

  19. Durante varios días no he podido acceder normalmente al blog: mi penoso tránsito de Telefónica a Orange (con el cambio de Adsl) me ha dejado desasistido. ¿Cuál era el problema? Un cruce de usuarios –que debía corregir Telefónica– me había arrojado al desierto electrónico. Ahora (cruzo los dedos) ya está solucionado. O eso creo. Esta mañana, en espera de que esto se arreglara, he podido “colarme” (y piratear) un wifi cercano a mi casa que estaba sin codificar. Mi portátil lo reconocía. Ahora, con mi flamante y nueva conexión a Internet, la que pago y me corresponde, voy a tratar de responder en el blog a los interesantísimos comentarios que se han puesto desde ayer. Ha valido la pena la espera: es un lujo leer lo que ustedes han escrito. Mientras tanto, y dado que se Luis y la señora Pavlova han comentado la excelencia de Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez , quisiera regalarles con un artículo-reseña que escribí sobre este volumen (perdonen la vanidad).

    http://www.ojosdepapel.com/show_article.asp?article_id=2316

  20. A pesar de que el libro de Pàmies tiene algún error de traducción (como, por ejemplo, el contagio catalán “…hoy tampoco no trae ningún sobre vacío para mí”), sigo pensando que esa obra merece la pena ser leída y gozada con calma. El cuento a la manera de Pàmies (o a la de Cortázar) es siempre un trozo de vida relatado fragmentariamente. En la existencia cotidiana tenemos marcos previsibles, espacios que frecuentamos, lugares que reconocemos. Pero cada mañana, cuando pisamos la dudosa luz del día, nos pasan cosas que no sabemos explicar o vemos emprender actos que no sabemos interpretar. Esos hechos son como circunstancias que podrían ser “aclaradas” de contar con datos suficientes; son pequeños o grandes acontecimientos para los que nos faltan noticias. En esos momentos creemos captar el instante simplemente porque somos testigos o protagonistas; en realidad carecemos de una información completa que ilumine lo que hacen o hacemos. Por esa razón, es difícil tomar decisiones, pero dicho desamparo no nos salva: nos vemos forzados a salir adelante, sin saber precisa y exactamente cuáles serán las consecuencias de nuestros actos o pensamientos, sin tener idea de cuál es la lección que deberíamos extraer. En los cuentos infantiles hay moraleja; en los mejores relatos adultos –esos fragmentos de vida…—, no está clara la enseñanza, porque lo abstracto y lo categórico no siempre nos dan la clave con que interpretar lo que nos pasa. El varón de los cuentos de Pàmies obra un poco a ciegas, adaptándose como puede a una realidad en la que algo se ha quebrado. En esos casos, la experiencia vale de algo, pero lo insólito o lo inaudito obligan a ensayar con prudencia o con temeridad. Eso es vivir y, por eso, los mejores relatos tienen un fuerte verismo o provocan un efecto de realidad tan marcado.

  21. Me alegro mucho de su regreso y de la solución de sus problemas interneteros y es un placer leer su magnífico comentario a los “Girasoles…” nadie más autorizado que el dueño de éste blog para “citarse” en éste blog en que tanta auto-cita disfrutamos.

    Y bellísima su última aportación que corroboro. Como no he leído aún a Pàmies, un regalo que abona lo que nos dice de modo tan melancólico y lírico:

    Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas.

    Julio Cortázar De “Casa tomada”

  22. Qué hermoso acto fallido, Justo. “Pisando la dudosa luz del día” es el título del primer libro de poemas que escribió Camilo José Cela. Fue su primer libro publicado. No volvió a escribir más poesía.

  23. Me disculparán mi silencio de hoy. Y bien que lo lamento por las exposiciones tan suculentas habidas. Pero hoy es mi día triste. Y mi tristeza es sólo mía.

    Queden con los Dioses Inmortales vuesas mercedes que cuando recupere el espíritu que ahora me falta, regresaré. Salud.

  24. Luz, más luz…

    Es –insisto– un lujo tenerles por aquí para poder leerles.

    Por ejemplo, un fragmento de Cortázar, del primer Cortázar, con que nos regala la señora Pavlova: el Cortázar que editara Borges, justamente aquel muchacho grandón al que le dio la vez y la oportunidad de publicar. Por su parte, tiene razón Miguel Veyrat en que esa expresión –que tanto me gusta– no es mía: el penútlimo que la utilizó fue Cela, sí, pero antes (perdónenme la pedantería) fue Góngora quien en la novena estrofa de la ‘Fábula de Polifemo y Galatea’ la expresaba. Precisamente, en mi reseña de ‘Los girasoles ciegos’ trataba de examinar el eco de otro celebérrimo verso de la misma obra de Góngora. En este caso, “Infame turba de nocturnas aves”. Ésta es una conocidísima aliteración de Góngora, un verso procedente de la quinta estrofa del Polifemo, una fábula que recrea a su vez un motivo clásico que, según los expertos, el autor español tomó de las ‘Metamorfosis’, de Ovidio.

    Por su parte, otro poeta esporádico, Manuel Vázquez Montalbán, empleó ese motivo en Ciudad (1997): “infame turba de nocturnas aves / de crespones rojinegras sibilas”, aludiendo con este nuevo verso (“de crespones rojinegras sibilas”) a los colores simbólicos de Falange, haciéndose eco, pues, de un cultismo que se mezcla con referencias populares, como fue habitual en su literatura, en la que siempre se mostraban esas mixturas de cultura ‘pop’, de aluvión. Ahora, la referencia a la “infame turba de nocturnas aves” la vuelvo a leer en el segundo capítulo de ‘Los girasoles ciegos’.

    Ya ven, hay actos fallidos y actos deliberados de homenaje o cita (encubierta o explícita). Es decir, todos son ecos y resonancias, reescrituras que los torpes ensayamos. Les agradezco sus obsequios y puntualizaciones, y a Kant le deseo un pronto restablecimiento. “Luz, más luz…”, le diría, dándole ánimos y repitiendo otra vez las palabras de otro eminente compatriota suyo, señor Kant: Goethe.

    Y, ahora, si me lo permiten, yo ya apago la luz.

  25. Sí, Don Justo, pero Goethe lo dijo en su postrer agonía y a Kant yo le deseo una vida muy larga y, a ser posible, sin días tristes como el de hoy.

    Y el joven y grandón Cortázar. Ay, nada tiene que ver con lo que hablamos, pero estoy desolada, contrita y malherida y vengo aquí, a contarles a ustedes el motivo porque se que habré de tener, al menos, el consuelo de su comprensión.

    Hay en TVE un anuncio. Un anuncio como tantos, otro más. Éste es de SEAT y una voz muy extraña, que recita muy mal, como suele ser frecuente en los poetas y pronunia las erres con una mezcla de frenillo y pésima dicción, mientra se ve el coche que trata de venderse, recita y recita ésto:

    Julio Cortázar
    Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj, de Historias de cronopios y de famas

    ” Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj. ”

    Y es la voz, es su voz, es la voz de Cortázar la que lee y la que anuncia ese coche de Seat, aunque no lo pone en ningún sitio es su voz y parece ser (he tratado de informarme en la SGAE), que no lo pone porque habría costado el doble pagar ese derecho. La voz del genio y sus cronopios al servicio de Seat. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Venderán más coches porque un hombre con muy mala dicción nos hable del regalo de un reloj? ¿Habrá muchos que descubran que esa voz es la de Cortázar y que compren el coche por eso? ¿Es solo un guiño, una gracia, un gesto “culto”? No lo sé. Es la voz de Cortázar. Cortázar está muerto y siento un extraño escalofrío.

  26. Y volviendo a lo que estábamos, aunque no del todo, olvidaba comentar a lo que dijo Kant de que portaba en su mochila libros chicos para leer en las pausas. Hago lo mismo y hay una colección que es para eso perfecta: los Crisolines, que comenzaron mucho antes de mi nacimiento como regalo editorial a los clientes de Aguilar y que siguen apareciendo regularmente en Navidad. Cada ejemplar remoto, uno por año y que no se reeditan y la colección entera, que tuve la suerte de heredar de un abuelo, que ya que no me dio consejos, al menos me dejó ese tesoro (una colección a cada nieto), hoy día tiene un precio casi de oro molido o de azafrán y yo los he leído todos y en ellos muchos cuentos deslumbrantes, añadiendo al placer de la lectura y del poco peso que suman al de mi bolso, el peligro de perderlos; de dejar la colección incompleta, de llevar en las manos un tesoro no sólo por el contenido, también por el continente. Ahí leí yo los doce cuentos de Clarín y descubrí, nada menos que a Borges frente al mar. Ahí descubrí el infinito placer de los cuentos de adultos.

  27. Esta tarde renovaré el post de este blog. ¿Asunto? Tal vez lo dedique al Papa, a Dios y a sus criaturas. He quedado nuevamente sorprendido y dolido por las palabras sobre el laicismo de Benedicto XVI, en particular por el último discurso del Papa pronunciado ante los participantes del Congreso de la Comisión Episcopal de la Comunidad Europea hace una semana. Ya digo: quizá trate dicho asunto aprovechando el recogimiento a que invita la Semana de Pasión…

    Mientras tanto, les dejo con mi artículo aparecido hoy en Levante-EMV. En él trato este mismo caso, aunque brevemente.

    Lo he titulado Manual de supervivencia:
    http://www.uv.es/jserna/Manualdesupervivencia

  28. Tienes toda la razón, Justo, olvidé que esa es la cita de Góngora que abre el único libro de poesía de Cela. Como buen gongorista no tengo perdón y te doy excusas, aunque mi comentario no era una expresión de condena. Comparto la inquietud de nuestra recuperada y siempre bienvenida y estimada Ana Pavlova en su nueva identidad, ella siempre aporta toques sentidos y bien documentados debido a su honda sensibilidad lectora, pero es más que probable que la viuda de Cortázar haya autorizado esa publicidad y cobrado los derechos de autor correspondientes. Seat es una marca de Volkswagen y los alemanes no creo que jueguen con ello. Yo suelo dejar mi coche, cuando voy al centro de Madrid, en un Parcking público que saluda la frontera con la zona gay de Chueca con una cita de Dante. Y se agradece.
    He dejado para lo último la tristeza primaveral, y sólo primaveral, estoy más que seguro, de nuestro compañero Kant. Los equinoccios son fatales para las almas sensibles. Ese exilio interior que se siente como una niebla que va envolviendo los huesos con su humedad pegajosa… También la sentía Cioran, si eso puede consolarle algo en ese sentimiento profundo que comparte con toda la especie humana (del Orden de los primates). Nuestro Filósofo decía en “Le Crépuscule des pensées” (Gallimard, Oeuvres, 1995). Traduzco: “Recuerdo que “soy” únicamente al escuchar mis pasos sobre el asfalto en la noche cerrada. ¿Cuánto tiempo seré aún vecino de mi propio corazón? ¿Cuánto tiempo caminaré todavía al lado de mi “tiempo”? ¿Y… quién me habría exiliado tan lejos de mí?
    Un poco más abajo, Cioran comenta hablando del suicidio comparándolo con esa muerte pequeña, involuntaria a veces pero autoinfligida otras, que es la tristeza: “El acto del suicidio est terriblemente grande. Pero me parece espantoso suicidarse a diario”. Querido Nel.lo, queremos escuchar el vibrante ronquido de tu moto trayéndonos pensamientos, lecturas, ironías, palabras, cosas, letras…

  29. He estado leyendo otras entradas de esta casa. El otro dia “Ana” dijo que J. Serna está obsesionado con Arcadi Espada. Bueno, yo no se si eso es así, pero he visto que en el blog de A. Espada sus foreros ayer le zurraban bastante a Serna. Oiga: ¿usted no fue amigo y comentarista allí? ¿Y eso?

  30. Los “foreros” a usted se refiere, amigo, más bien “forreros” adictos al forraje, son los patéticos trolls que fueron expulsados convenientemente de este foro donde sólo entraban a provocar e insultar tanto a Serna como a los demás amigos. Es lógico pues que si Serna fue comentarista allí, se haya marchado como alma que lleva el diablo. No confunda al Espasa periodista, que ha perdido esa categoría al convertiste en político, pero que digamos que es ahora opinador o comentarista, con la desaforada panda de insultadores de extrema derecha que aplauden su deriva político-cómica. Vaya a ver usted ahora cómo soy “reproducida” y “comentada” por haber dicho lo que digo, vaya, vaya, amigo Pedro y lo verá…¿Y eso? Pues eso, la “trenka” que siguen bailando los nostálgicos…

  31. A propósito, espléndido artículo el de Serna hoy en el diario Levante. Léalo, Pedro, Lea y compare como decía el del jabón para lavadoras, y luego lave la boca de los niños de Espasa.

  32. Mil gracias, Justo, por el regalo matutino que nos hace de su magnífico artículo. Los laicos agradecemos mucho tener portavoces como usted. Y gracias por la recomendación implícita del serio e hilarante Manual de supervivencia; un libro encantador.

    “Comparto la inquietud de nuestra recuperada y siempre bienvenida y estimada Ana Pavlova en su nueva identidad, ella siempre aporta toques sentidos y bien documentados debido a su honda sensibilidad lectora, pero es más que probable que la viuda de Cortázar haya autorizado esa publicidad y cobrado los derechos de autor correspondientes.”

    Agradezco la bienvenida y las palabras que me dedica, pero ¿Recuperada? Es seguro que me confunde, como seguro es que alguien ha cobrado por la voz de Cortázar; la viuda no porque Cortázar murió viudo, será su primera mujer, la que lo cuidó hasta la muerte y se ocupa de sus cosas y eso me parece lo más grave: que se utilice a los grandes para anunciar de todo y para poner sus frases en aparcamientos; que la efigie de Mozart esté en todos y cada uno de los bombones más ricos del mundo, no tiene solución, mientras no haya un comité de defensa del honor de los grandes que han pasado a “Dominio público”, terrible expresión que denomina a quienes ya no cobran derechos por la reproducción de sus obras, pero que sea la propia familia la que se beneficie de semejante cosa… Quizás sea una venganza de quien hubiera deseado ser viuda y no lo fue. Terribles las acciones de muchas ex y de tantas y tantas viudas compungidas.

    Ese estacionamiento de que habla, que utilizo con frecuencia, es obra de la arquitecto italiana Benedetta Tagiabue, viuda del gran y malogrado arquitecto Enric Miralles, otra viuda, y no es lo mismo, me parece, adornar una pared con una frase hermosa que vender esa pared utilizando una frase hermosa. Quizás mi estupor sea debido a que, como laica, tengo un respeto reverencial a mis dioses, los dioses de carne y hueso, aunque ese hueso sea lo único que quede ya de su forma mortal.

    Feliz día a todos, en especial a Kant.

  33. De acuerdo, haya paz entre los tutús, la escritura, las zapatilas rojas y los crisolines. En eso quedaremos para la historia que queda por escribir.
    En efecto, es Aurora Bernárdez quien se ocupa ahora del trabajo de albacea, la mujer que más le quiso y acompañó. A mí no me parece mal que entre el tráfago de lo cotidiano se mezcle la voz de un dios laico recordando lo esencial, y que alguien pague derechos de autor, por cierto, por el uso de la escritura de cualquier escribidor, incluso el más humilde, y en eso está la Asociación Colegial de Escritores y la organización CEDRO, no los amigos de la Sociedad de Autores. ¿Que es “utilizado”? Bueno, a mí me molestó al principio encontrar un verso de Dante en un Párcking, pero luego entendí lo que usted alega. Y cada vez que penetro de nuevo en ese simulacro de infierno donde siempre saco un rascón suplementario a la pintura de mi auto, me encomiendo a él y a Virgilio, su maestro y el mío:Tu duca, tu signore è tu maestro… Seguro que nadie ha pagado a ninguna caja social de escritores los derechos, que ya son un bien mostrenco, de Dante Alighieri di Bellinccione, y hay muchos que jamás han cotizado a la seguridad social, que han vivido de las limosnas de las grandes editoriales, cobran cuando pueden precios irrisorios por sus traducciones y se mueren de hambre cuando llegan a viejos. Los derechos de reprografía que ahora se pagan y los futuros derechos de lectura en las bibliotecas públicas (que no pagará el usuario sino el Estado) van todos a los fondos sociales de escritores sin recursos. Y son miles los que hacen el trabajo cotidiano, humilde y necesario, los que nunca ganarán un Planeta ni los fabulosos derechos de autor de un Cela, un Gabo o un Vargas Llosa. Me parece muy bien que la Volkswagen haya pagado la que espero sea una gran suma a Aurora Bernárdez.

  34. Me parece que ese estacionamiento es muy popular y que todos los que vivimos en Madrid lo utilizamos, también Kafeína. Y sí, Aurora Bernárdez es quien se ocupa de las cosas de Cortázar, creo que albacea no es. Lo de que es quien más le quiso no lo sé, todas sus mujeres lo quisieron muchísimo y mantuvieron una estupenda relación con él y, naturalmente que, ya que usan la voz del genio para vender, deben darle su parte. No estoy de acuerdo, incluso, en que las obras de los grandes pasen a dominio público a los 75 años de su creación, del mismo modo que eso no ocurre con los bienes materiales de esa misma persona. Si mi piso no pasa a dominio público, no entiendo por qué ha de pasar mi obra mientras haya herederos vivos míos, pero de lo que hablo es de la utilización de la voz de Cortázar para vender coches o de la música de Mozart para vender compresas. Creo que debería haber un comité de defensa de la dignidad de los creadores puesto que, como el genio no se hereda, no me parece que los herederos estén capacitados para decidir ciertas cosas y menos si hay dinero por medio, que eso relaja muchas, demasiadas convicciones y lealtades.

  35. Saben ustedes que siento especial repulsa por quien emplea este blog (cualquier blog) para airear sus insuficiencias personales. Y, vaya paradoja, aquí me tienen a mí, ayer mismo, más acongojado por los sentimientos que sensato por la razón, dejando traslucir mi pesar.

    Si impropio de un caballero fue semejante debilidad, no menos confortado me he sentido con la sensibilidad de ilustres desconocidos que se han apiadado de mí. Y uso a plena conciencia el concepto que, aunque retorcido impúdicamente por los cristianos, conserva en su origen latino la esencia de cuanto sentí al leerles. Gracias pues, grácil Paulova; gracias, polígrafo Veyrat; gracias “statim” Serna; y gracias a todos los que aún sin escribirlo comprendieron la sombra que atravesó mi genio.

    Al resto, descuiden ustedes, que aprendí de Kipling el honor de aceptar las desdichas y de Llach la humildad del volver a comenzar, así que, en cuanto el corazón y la cabeza me de para ello, retornaré con la fusta preparada para las acémilas y el acero templado para los embates; no lo duden.

  36. Me apunto a ese Comité por la Dignidad de los Creadores. ¿Aceptaría presidirlo, Pavlova? Porque yo me pongo enseguida a fundar cosas.

  37. Sólo entro un momentito para saludaros y deciros que, como mucha más gente, os leo desde hace tiempo y me parece muy interesante el blog, no sólo los comentarios de Justo Senra sino también las aportaciones de los contertulios, algunas realmente brillantes.

    Cómo no he leído el libro de relatos de Sergi Pámies (si os soy sincera, tengo que decir que no me suena de nada este escritor), no puedo comentarlo, pero aprovecho para recomendaros a algunos magníficos cuentistas de mi tierra, Méndez Ferrín o Manuel Rivas, entre los autores vivos; entre los desaparecidos, me gustan mucho los cuentos de Cunqueiro o Rafael Dieste.

    Un saludo.

    Ps. Cómo aquí soléis usar vuestros nombres verdaderos, el mío es el que aparece como nick, en galego Fuca es Francisca.

  38. Bienvenida, Fuca, a ver si logramos una paridad bien equilibrada. Tiene razón, en Galicia hay unos cuentistas formidables. Y poetas, como Celso Emilio Ferreiro. Nunca podré olvidar su “Longa noite da pedra”, que es como él llamó a los largos años del franquismo.

  39. Bienvenida, Fuca. Tomo nota de sus recomendaciones.

    Esta misma tarde iba a poner un post nuevo en el blog. He pensado que mejor lo dejo para mañana por la mañana, con el aire nuevo y “pisando la dudosa luz del día”. Por las fechas que estamos, nada mejor que tratar sobre Dios. Sobre Dios. Ustedes sabrán perdonarme.

  40. No me dan ustedes tregua. Apenas me postro un momento, se ocupan en desmenuzar el tema propuesto por el señor Serna y me dejan sin hueso que roer. Sea. Sépanlo: soy ateo. Aunque, claro, a estas alturas creo que ya no sorprendo a nadie con semejante declaración por más desnuda que sea. Y desde ese posicionamiento sin tapujos y concediendo el respeto a quién así se haga valer (por usted, don Jaime, y por cuantos crédulo – o creyentes – hubiese, digo) emprenderé la ardua tarea de realizar mis aportaciones cuando ya llevan ustedes un buen rato departiendo, por tanto, les ruego que esta primera intervención mía pueda hacerla de una manera algo extensa.

    Si me permiten, comenzaré con el propio meollo del asunto y en un asunto sólo aparentemente baladí, a ver, ¿por qué me escriben ustedes dios con mayúscula (Dios) y dioses con minúscula (dioses)? Si se ponen ustedes la pátina agnóstica y pretenden ser respetuosos, respétenme el politeísmo, creencia humana original, dignísima, compleja y, como mínimo en Occidente, generadora del pensamiento moderno humanista y laico. Pero, Nietzsche, queridos contertulios, no hablaba de un monoteísmo como problema teológico sino, como apunta Serna, como el conjunto de rémoras que sofocan la inteligencia y la libertad humana y de las que nos debemos deshacer, por eso hay que “matar” a dios, por eso con la ilustración llega la muerte de dios.

    EX CURSO: Si algún puntilloso me recrimina que en su edición de la obra de don Federico aparece el concepto de dios con mayúscula, sepan ya que la pérfida hermana del autor revisó y corrigió todos sus textos, incluso los ya impresos en ediciones posteriores, así que el nefasto tema de mayúsculas o minúsculas queda al albur del lector. Y yo les creo inteligentes.

    TORNAVIT LOCO: Otra cosa es su agonía, la del cristianismo, y ese es el mundo que vivimos: el de negación desesperada e inútil del óbito por parte de quien muere (de ahí los posicionamientos duros del cristianismo como forma de sobrevivir) y el de la incredulidad esperanzada de quien asiste a su fin (de ahí la falta de respuesta contundente de la intelectualidad para rematar al moribundo) No nos dejemos agobiar por la impaciencia, los tempos históricos son más dilatados que unas pocas décadas; a La Puerta le costó caer casi quinientos años, los cristianos apenas llevan doscientos cincuenta de caída.

    Doña Fuca, sea usted bienvenida, lamento no haberme presentado antes. Ya que la cuestión que sigue parece ser de importancia para los contertulios, le aclararé mi posición al respecto y si me lo permite, le seguiré tratando de usted. En mi caso, por moral ilustrada decimonónica. Es el caso que dio origen de la normalización del “vos” tras la independencia argentina, no se trataba de igualar a los ciudadanos “por bajo” (tuteo, forma popular de trato), o sea, rebajarlos al común, sino “por arriba” (con el trato aristocrático), elevar el común al patriciado. Y yo prefiero considerar a las personas bien alejadas de ese cieno macilento de la ignorancia, el sometimiento y la esclavitud que hay por abajo, me gusta pensar en una sociedad elevada, democrática y respetuosa. Ese pronombre que usted denosta yo lo considero el baluarte de la dignidad, así que permítame mantenerme en ello.

    Señora Pavlova, ni estamos solos ni tenemos miedo, somos personas. Al menos, sabemos que podemos ser hiperbóreos – ya que don Federico estamos hablando – No seamos, pues, tan deterministas ni nos dejemos arrastrar por el pesimismo de los cristianos. Antes bien, hagamos virtud de la desdicha y si hemos sido educados en la moral católica, aprovechemos lo bueno que tiene – y que es herencia directa de la Roma clásica, no creación del carpintero galileo o del fabulador de Tarso – y sepamos desenmascarar lo malo que, precisamente por conocerlo desde dentro, no se puede resistir a nuestra razón, diosa hermosísima donde las hubiera.

    Me enervé, doña Kafeína, y lo hice no sólo por su frase – “Del magma cultural en que el Occidente ario-judeo-cristiano se ha formado, es difícil “pasar”, por supuesto, por eso el papado y sus secuaces políticos reclaman con tanto ardor que se reconozcan las raíces cristianas de Europa en la futura Constitución…” (sic) – con la que comulgo por completo sino porque viene a coincidir con varios, repito varios, artículos del último número de “Le Monde Diplomatique” de este mes en los que presuntos pensadores caen en la trampa más burda que pueda pensarse sobre el tema.

    Ténganse: lo que Europa le debe al cristianismo es su fraccionamiento, no su unidad. La unidad se tuvo con la pagana Roma y la unidad la recuperó el pensamiento laico. Dígase lo mismo de la “Alianza de civilizaciones”, admitamos el choque de la Civilización Occidental (ilustrada, laica, democrática, liberal, socialista) con la Islámica (entendida desde su perspectiva de “sometimiento al Libro”) ¡¡pero qué es eso de comenzar a difundir la idea de que la Civilización Islámica choca con la “Cristiana”!! Pongamos cada cosa en su sitio, como decía don Federico, que el cristianismo no mueve montañas, las pone donde antes había llanura.

    POST SCRIPTUM PARA DOÑA KAFEÍNA

    Egregia dama: agradezco sus palabras de ánimo que me llegaron cuando ya no pude leerlas. Las leí hoy en sus comentarios sobre el artículo “Seré breve…”. Gracias tenga vuesa merced.

    Ahora, permitidme una somera apostilla respecto a eso de “don Manolito”… mmm… me batí a primera sangre con el señor Veyrat por un asunto menor, así que imagine cual puede ser mi ira desatado por otro comentario de semejante tenor; contenga, así, su lengua viperina si no quiere experimentar el dulce lamido de mi fusta más estricta.

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