Fernando Savater, el ateísmo y el antiterrorismo

 fsavater.jpg Ilustración: Loredano

0. Ahora, a las 21:45 horas del lunes 2 de abril, acabo de enterarme por la prensa que el comando desarticulado por la Guardia Civil estaba haciendo un seguimiento a Fernando Savater, seguimiento que –supongo– no sería una novedad de este momento, sino todo un horror previo y previsible. Vaya por delante mi solidaridad y mi estupor: mi estupor ante una situación como la presente.

Ahora, a las 8:30, del martes 3 de abril, creo que algo más hay que añadir… Durante meses, el filósofo donostiarra ha dado su apoyo al Gobierno en su política antiterrorista, cosa que le provocó todo tipo de denuestos y de repudios. Pero, por encima de eso, estaba su decidida apuesta por un final próximo del terror bien guiado por la mano firme del Estado, sus representantes y sus instituciones. En todo este tiempo y por lo que ahora vamos sabiendo, los bárbaros no habían dejado de organizarse para matar o, al menos, para poder intimidar. ¿Lo sabía el Gobierno? ¿Lo sabía Fernando Savater mientras apoyaba al Gobierno? En fecha reciente, el filósofo ha dejado de respaldar esa política, pero según parece no por estar siendo seguido por los miembros del comando, sino por juzgar ya como inaceptable los pasos dados en dicha negociación, con un Estado que presuntamente estaría haciendo dejación de sus responsabilidades ante De Juan Chaos o ante Otegi, argumento que es la baza empleada por los populares. Sin embargo, la desarticulación del comando prueba justamente lo contrario.  Creo que el editorial que ahora reproduzco en parte (y que en los comentarios aparece en la sección de Hemeroteca) abunda en la misma dirección:

 «Las Fuerzas de Seguridad han conseguido desmantelar la red terrorista antes de que llegase a actuar, como venía ocurriendo en los años que precedieron al alto el fuego. Todo parece indicar, por tanto, que tenía razón la policía francesa cuando insistía en que durante la tregua ETA no se había parado, y que también la tenían los responsables de Interior cuando afirmaban que tampoco la investigación policial se había detenido. La hipótesis de un fin dialogado de ETA se hacía depender de la aparición de datos indicativos de una voluntad de poner fin a la violencia. Evidenciado que tal voluntad no existe, la eficacia policial vuelve a ser un eje central de la política antiterrorista.  Ése es el auténtico plan B que todo Estado de derecho debe tener dispuesto en procesos de paz como el ensayado. Eso no significa que no debería haberse intentado. Las razones que determinaron la debilidad de ETA se mantienen. (…). Las encuestas indican que es ya muy mayoritaria entre las bases de Batasuna la convicción de que el tiempo de la violencia ha pasado. Por muchos pretextos que sus dirigentes busquen para atrasar las decisiones, saben que el abandono de las armas por parte de ETA es inevitable, y también que sin esa condición, o la ruptura clara con la banda, no recobrarán ellos la legalidad, ni podrán ser candidatos en las elecciones».

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1. Fernando Savater, el ateísmo y el antiterrorismo

Hace unos días pude seguir la entrevista que Antonio San José le hacía a Fernando Savater. Era el programa Cara a Cara, de Cnn+, y el motivo de su presencia era la reciente publicación de La vida eterna, su último libro. Salvo algunas alusiones brevísimas a la situación del terrorismo y del antiterrorismo, el grueso de dicho espacio se dedicó a hablar de Dios, de la muerte y de las religiones, algo en lo que pueden coincidir sin mayor conflicto San José y Savater, dos personas cultivas y descreídas. El periodista podía haberle interrogado sobre las críticas que en El País Ignacio Sánchez-Cuenca había hecho a entidades cívicas  como ¡Basta ya! Pero en dicho artículo Sánchez-Cuenca evitó mencionar al filósofo, se guardó frotar la herida: tal vez, sin pretenderlo expresamente, organizaciones como la que preside Savater favorecen la estrategia del Partido Popular, admitía Sánchez-Cuenca. Si se hubiera tratado dicho asunto en Cnn+,  esto bien podría haber provocado el malhumor del compareciente y, de paso, bien podría haber obligado a preguntar sobre la colisión PP-Prisa. Dado que Cnn+ es parte de Prisa, la circunstancia habría podido ser algo embarazosa: más aún, si tenemos en cuenta que Hermann Tertsch ha sido despedido de El País…  

Horas después, el pasado domingo 1 de abril, pude leer la interviú que Antonio Astorga le hacía al filósofo donostiarra en Abc. ¿El motivo? El desmarque antiZapatero de Fernando Savater.  Después de haber aprobado la audacia o la temeridad antiterrorista de Rodríguez Zapatero (lo que al filósofo le ocasionó severos rapapolvos por parte de organizaciones de víctimas), después de haber mantenido un discreto apoyo gubernamental durante meses, el intelectual vasco se apartó días atrás de dicha posición. Quizá con algo de aspaviento y representación:  parecía regresar a la estrategia antiterrorista anterior (sin negociación posible) después de haber defendido posiciones prosocialistas. Cuando Savater leía en la calle, públicamente, un manifiesto  aprobado por ¡Basta ya!, por el Foro Ermua y otras organizaciones, hacía quizá una puesta en escena que algunos le celebraban y que otros –el editorialista de El País— le toleraban por ser quien es.  

Las organizaciones cívicas parecían decir algo así como: por fin, tenemos al filósofo con nosotros. Por fin se acabaron las disensiones. El artículo de Ignacio Sánchez-Cuenca de días atrás confirmaba de manera indirecta, inversa, este nuevo alineamiento. Porque de eso se trata: la política española parece exigir alineamientos… Tanto es así que hoy, lunes 2 de abril, aparece en El País aparece un artículo de Fernando Savater que es una clara respuesta al de Sánchez-Cuenca, pero esta vez sin menciones personales, sin nombres, de modo que aquél no pueda responder por alusiones: si lo hace, entonces es que se siente aludido picajosa, quisquillosamente.  La diatriba del filósofo donostiarra es diabólicamente perfecta: a quien le pica, ajos come. Es decir, Sánchez-Cuenca no es mencionado…  

Pero volvamos a Abc. La entrevista que Antonio Astorga le hacía a Savater confirma en parte lo dicho por Sánchez-Cuenca: que el filósofo ateo sea convocado a las páginas de un diario tan católico no se debe necesariamente a la amplitud de miras de su línea editorial, sino a la coincidencia estratégica. El regreso de Savater a su antigua posición antiterrorista le aleja del PSOE y le aproxima al PP. Justamente por eso es entrevistado por el periódico dirigido por José Antonio Zarzalejos y justamente por eso el interlocutor evita cualquier mención al ateísmo del filósofo, cualquier alusión a ese anticonfesionalismo de estirpe nietzscheana que tal mal sienta en  el diario de Vocento. No extrañará, pues, que el entrevistador le pregunte expresamente por Jesús de Polanco, por Hermann Tertsch y por su posición:  precisamente esos asuntos sobre los que no le interrogaba San José, el periodista de Cnn+.   

En su respuesta a Abc, Savater trata de hallar un punto de equilibrio, una equidistancia que le permita criticar con tiento. “Yo creo que Jesús [de]  Polanco, al que yo tengo por una persona muy sensata y que medita mucho lo que dice, en esta ocasión –supongo que nos puede pasar a todos– lo que dijo fueron cosas exageradas, injustas y, sobre todo, desplazadas para decirlas en la situación en la que estaba, ante una cantidad de gente que se podía tomar eso muy en serio. Siendo una persona de tanta importancia en Prisa como es Jesús [de] Polanco, la gente que esté trabajando en el grupo podría decir: bueno, ésta es la bandera que hay que seguir y como nos salgamos de la pauta se nos va a caer el pelo”. Es decir, Savater reta expresamente a Jesús de Polanco y, además, tiene un recuerdo muy medido, muy bien pensado, para Hermann Tertsch. Digo bien medido y bien pensado porque no expresa exactamente una solidaridad aspaventosa, sino melancolía, melancolía con una sintaxis extraña: “y además está el caso de Hermann Tertsch, sin duda uno de los mejores periodistas que había en El País. Cuando yo abría el periódico y veía un artículo suyo, sin dudarlo me lanzaba sobre él. Entonces esta persona ya empobrece, digamos, el periódico faltando. Claro, si todo eso se da junto, a mí me parece un momento bastante aciago en el grupo”.  

Cabría preguntarse por qué Savater no expresa rotundamente su solidaridad con Tertsch: rotundamente quiere decir forzando a Jesús de Polanco, una figura que con Juan Luis Cebrián es su némesis en la empresa… Pero, claro, llegados a este punto, Savater ha de marcar distancias frente al PP, pues si sigue la crítica se le identificará con los populares, cosa que sería injusta… “Ahora, la reacción del boicot por parte del Partido Popular me parece un absurdo”, dice inmediatamente. “¿A qué lleva eso? ¿A castigar a los lectores que se van a quedar sin escuchar otras opiniones, sin poder escuchar otras ideas? Al contrario, yo creo que verdaderamente para borrar esa impresión falsa que podría tenerse del Partido Popular o de otras ideas alternativas a las del Gobierno hay que defender los espacios que ofrecen El País y otras ramas del grupo, para que no quede todo monopolizado por los lacayos gubernamentales que hoy se meten con Basta Ya!”, añade en clara alusión a Ignacio Sánchez-Cuenca y en evidente reto a Jesús de Polanco. “Más que nunca hay que luchar en ese espacio, y me parece que ahí cuanto antes se resuelva mejor, creo que algún tipo de disculpas se podría pedir al Partido Popular porque verdaderamente era una ofensa lo que se dijo, sinceramente. E inmediatamente el PP debería ceder en esa postura de boicot que no tiene sentido, y que está perjudicando a trabajadores y a lectores, que no tienen nada que ver con lo que se ha dicho”, concluye.  

Fíjense que Fernando Savater pide a Polanco una disculpa, pero no exige al PP una justificación. Durante meses y meses hemos asistido a todo tipo de descalificaciones por parte de los populares (por ejemplo, en la posición rabiosamente clerical que mantiene dicho partido frente a las providencias y decisiones gubernamentales) y, sin embargo, el filósofo donostiarra nada dice de ese enfoque militante y cristianísimo. Para justificar razonablemente la postura de su organización cívica (¡Basta ya!), Savater se pregunta en el artículo que publica en El País: “¿Se ha entregado ¡Basta Ya! a un nuevo fundamentalismo antigubernamental? Pregunto a mi vez: ¿alguien nos ha visto manifestándonos contra los matrimonios de homosexuales, o la Ley de Igualdad o la enseñanza laica y cívica?”. Por supuesto que no, añadiríamos. Pero, a la vez, convendría preguntarse por qué posiciones con un sesgo ideológico tan marcado (las que defiende el PP)  son  toleradas con comprensión por un filósofo tan ateo. Y todo esto lo digo sin aspaviento ni estrépito: lo digo con la simpatía crítica que le profeso a Fernando Savater desde antiguo, y lo digo ahora, precisamente, cuando acabo de publicar en Ojos de Papel una reseña de su último libro.

55 comentarios

  1. Mucho debemos a Savater desde que escribía en Por Favor. Ha sido un gran pensador y una persona honesta. Sin embargo, el desizamiento ideológico de cierto sector intelectual hacia postulados próximos a la extrema derecha no es una cosa nueva, sino que entra dentro del pensamiento y de la traidicón española. Savater sabe mejor que nadie que sea este u otro gobierno, el fin de la violencia no va a ser estrictamente policial, quedarían brasas que el viento avivaría. Su cambio de postura debe responder a cuestiones personales que no vienen al caso, en ningún caso, creo, racionales.
    Llevamos tres años en los que el Partido Popular, con el que ahora parece identificarse Savater, no nos ha dejado respirar, no sólo al gobierno, sino a los ciudadanos con una política extremista que ha convertido el terrorismo en arma electoral pase lo que pase. No concuerda la coherencia y la viveza de Savater con ese paso dado ahora, porque no hay dos extremos: A un lado el Gobierno Zapatero y a otro el PP, no, hay un sólo extremo, y ese es el Partido Popular. Con muchos errores, el actual Gobierno ha sacado adelante casi todos sus proyectos de Ley con el apoyo de toda la cámara, de todos los grupos políticos, excepción hecha del PP, que por supuesto no tiene que pedir perdón por nada ni justificar su conducta: Los demás sí, siempre ha sido así.
    Respecto a Tertsch, no sé los motivos de su despido, pero discrepo de Justo en su valoración.

  2. Suscribo la entrada de Pedro Angosto y discrepo abiertamente de la simpatía que, a pesar de todo, dice profesar, Justo Serna hacia Savater. Yo se la perdí hace tiempo. ¿Por qué? Se puede ser ateo y jesuítico. Sus dos comparecencias, narradas imepcablemente por Serna, en CNN+ y En ABC, hablan abiertamente de ello.
    Savater, por sus obras los conoceréis, hace mucho tiempo que abandonó las posiciones de izquierda que yo le conocí personalmente antes de la muerte de Franco. Junto con la propia Transición fue deslizándose hacia donde el cuerpo más se lo pedía, hasta desembocar, antes de los últimos episodios públicos en Madrid donde fue jaleado entre banderas de Falange y Requetés, en el —al parecer olvidado— autobús electoral del PP que recorrió pueblos y ciudades de España en 2004, en una carrera propagandística que explotó (exposionó, perdón) tras la explosión de los trenes de Atocha con el comportamiento de la cúpula del PP.
    Y uno de los alegatos más hipócritas de la última entrega del papá de Amador, y que no puedo dejar pasar como veterano periodista, es la que supone subliminalmente, al modo de Díez de Mera, el policía embustero, que los redactores de El País no son libres porque las palabras del presidente del Consejo de Administración de PRISA podría marcar una línea editorial y por ende podrían ser represaliados de no seguirla. Pura táctica del tipo Díez de Mera y el ultracatólico Acebes: No da el nombre de su fuente, porque podría ser represaliada por «fuerzas oscuras».Quizás fuera bueno que Justo colgase el artículo del Defensor del Lector del pasado domingo. Comprendo, por otra parte, que Savater se haya lanzado como lobo hambriento sobre los artículos inspirados por la CIA de Hermann Terstch, el cual llevaba provocando a la dirección de su diario desde hacía más de dos años con la esperanza de una pingüe indemnización. Que no pase pena alguna Savater, a su amiguete Tertsch no le va a faltar el pan.
    Por último, quería añadir que no hay contradicción entre el comportamiento jesuítico y el ateísmo militante con el que intenta compensar su deriva ultra. La Francmasonería, que no es de ningún modo atea aunque en las filas de algunas obediencias formen agnósticos, fue condenada por Fanco y asociada al comunismo y a la izquierda, cuando es una asociación netamente de derechas cuyas Logias europeas, excepto algunas honrosas excepciones, no condenaron el golpe ni el Régimen militar del dictador. La Gran Logia de España constituye el refugio de los políticos y empresarios del PP y el resto de derechas, entre ellos Mario Conde et altera… y funciona bajo el paraguas de la Gran Logia de Inglaterra, deísta confesa, en cuyos escaños se sientan las aristocracia y el clero. La única organización masónica verdaderamente liberal en el sentido republican y que recibe ateos, es la Gran Logia Simbólica de España, en cuyas Logias pueden sentarse las mujeres en igualdad de derechos con los hombres —mcuhas mujeres son hoy en día Venerables Maestras de sus Logias— y que procede de la Grande Loge de France, la cual procede a su vez de los héroes de las Revoluciones Francesa y Americana (as), quienes inventaron el grito de «Liberté, Egalité y Fraterenité» que aún hoy llena las gargantas de muchos jóvenes y los ojos de lágrimas a muchos viejos.
    De todas formas, agradezco al máster de este blog que haya dado la oportunidad de este debate, exponiendo al desnudo con prístina elegancia mayéutica la hipocresía del viejo filósofo de derechas.

  3. Neutralidad e independencia

    José Miguel Larraya, El País, 01/04/2007

    Estos últimos diez días han sido especialmente agitados en la sección del Defensor del Lector. La decisión del Partido Popular de sancionar informativamente a este periódico, como al resto de las empresas del grupo PRISA, por las opiniones vertidas por el presidente Jesús de Polanco en la Junta General de Accionistas ha generado numerosos correos y llamadas. En su mayoría han sido de solidaridad con el diario y con Jesús de Polanco. Pero también ha habido lectores que han protestado porque consideran que la intervención del presidente de la empresa arrasa o al menos hipoteca la independencia del diario tanto en su línea editorial como en su línea informativa. Otros, sin duda más identificados con el Partido Popular, se han sentido ofendidos personalmente. Y amplían, en coherencia con la decisión de la dirección de su partido, a todos los medios de comunicación del grupo la responsabilidad de las palabras pronunciadas por su presidente. Con todo el respeto que me merecen los lectores, incluidos los más críticos, intentaré responder a sus quejas, entre otros motivos, porque la dimensión política del anuncio realizado por el principal partido de la oposición dirigido a «todos los ciudadanos, y de manera especial a los accionistas, anunciantes y clientes» del grupo PRISA afecta directamente a todos los trabajadores de este diario y a sus lectores. Si no diferenciamos las opiniones personales de un directivo, por importante que sea, de la actividad ordinaria de los medios de comunicación que preside, mal vamos. Hablemos, por tanto, de independencia y de neutralidad.

    La regla del juego
    La objetividad, la ecuanimidad, la búsqueda de la verdad siguen siendo objeto de debate en las aulas y en los seminarios sobre periodismo. A riesgo de parecer tan pedante como ingenuo, les diré que creo en la búsqueda de la verdad basada en datos comprobados y comprobables. Y creo que es bueno, como pide este periódico a sus redactores, separar los hechos de las opiniones. Así, ofreceremos a los lectores dos servicios: una versión fáctica de la realidad que describimos, lo más completa y ecuánime posible, y una opinión sobre el alcance y consecuencias que pueden tener esos hechos. En los análisis es difícil ser neutral, aunque haya una sincera voluntad de ecuanimidad. Recoger todos los hechos que dan veracidad, coherencia y perspectiva a nuestras narraciones no es fácil. Es lo que diferencia a los buenos de los malos periodistas. Interpretar los datos tampoco es sencillo. Ahí descubrimos nuestros miedos, nuestras pasiones o, sencillamente, nuestros prejuicios. Con sus errores y aciertos, sus prejuicios, filias y fobias, el diario se somete cada mañana en los quioscos al veredicto de los lectores. Ellos, en último término, son los que decidirán si vale la pena seguir comprando esa visión del mundo. Y ahí, en nuestros lectores, está la base de nuestra independencia.

    En ese sentido, este diario tiene las espaldas anchas. Ha sufrido atentados, campañas de desprestigio e insidias varias. Algunas tan esotéricas como convertir al primer director en agente del KGB con cuentas cifradas en el extranjero. Está en la hemeroteca del periódico. La mayoría de estos ataques hicieron más fuerte al diario. Era y es el precio del éxito, un éxito que cada día hay que revalidar en los quioscos. Y así llevamos 31 años. Sin arrogancia, pero con orgullo. Con una línea editorial y una línea informativa transparentes, que podrán ser compartidas o no pero que no obligan a nadie más que a los periodistas que tenemos alguna responsabilidad intelectual en el producto. Por cierto, en ocasiones existen contradicciones entre los que hacemos el diario y esa línea editorial e informativa. Contradicciones que a veces se resuelven bien y a veces se resuelven mal. Pero a las que ninguna redacción es ajena.

    El periódico mantiene el lema de ser un diario independiente de cualquier poder político, económico, social o religioso, una declaración que escuece a algunos. Sobre todo a los que no han podido someter el diario a sus presiones. Y las presiones han existido y existen. Y el éxito profesional, económico, empresarial ha sido, junto a la voluntad de serlo, el mejor escudo de la independencia de este diario. Todo esto ha sido posible, y no es preciso dar nombres, porque algunas personas que tenían y tienen el máximo poder de decisión han luchado por ello. El periódico, mi experiencia directa se limita a los últimos 25 años, lo han escrito y lo escriben los periodistas. De ellos, de nosotros, es la responsabilidad de lo que se publica o de lo que deja de publicarse. El consejo de administración dirige la empresa, nombra a directores y los puede destituir, pero el diario lo hacen los periodistas, empezando por su director y el equipo profesional que él elige. Una última obviedad: si el periódico tiene mucha o poca influencia depende de los lectores. Son ellos los que hacen grande o pequeño a un diario. Ningún partido político nos sostiene ni nos hunde.

  4. Hace tiempo le dije personalmente a J. Serna que no entendía su simpatía por Savater. El antiizquierdismo es la clave. Reconozco que durante un tiempo me acerqué a El Mundo pues no podia soportar la arrogancia y el orgullo del Pais socialdemócrata (diga lo que diga Larraya). Ahora con este prietas las filas y con la oposicion que tenemos es para meterse en una cueva.

  5. Dice Pedro L. Angosto: «Respecto a Tertsch, no sé los motivos de su despido, pero discrepo de Justo en su valoración». ¿Y qué valoración hago en esta entrada? Lo único que digo es que la defensa que Savater hace de Tertsch es muy tibia si es verdad que tanto le duele no hallar la columna semanal de periodista.

    Para mi valoración sobre Tertsch, véase:

    Hermann Tertsch, en Los  archivos de Justo Serna, 2005

    Hermann Tertsch 2, en Los archivos de Justo Serna, 2005

  6. ¡Haya paz, leñe! Se trata de valorar la ambiguedad de Savater a partir de los datos que propone Serna, no de juzgar a Serna. Pedro, ¿cómo va a discrepar de la valoración de Justo si no conoce todos los datos? Se los acaban de ofrecer. Espero que haya salido usted escaldado de su estancia en la covachuela de El Mundo, que está rizando el rizo de la hipocresía, si no fuera de la ética más elemental del periodismo. Vale mil veces más un error de El País que la «verdad» que vende a diario Jota Pedro. Parece usted un hombre de izquierdas, Pedro. No desespere, más bien prepárese porque después de desplegar sus banderas, quizás estén limpiando las pistolas.¡Ah! y Tertsch es un facha de cuidado. Prefiero no tener que pasar la página de El País cada vez que me encontraba su columna tergiversando todos los datos y defendiendo a la caverna europea de la que procede.

  7. Pues a mi me sigue pareciendo admirable Fernando Savater. Yo no creo que J.Serna lo vapulee sino que le critica sus posiciones cambiantes: no?

  8. SSSaaaakkkkto, Jaime, de eso se trata, como decía el señor Veyrat, Savater es un jesuíta disfrazado de ateo para disimular. Admirable pero jesuíticdo. Y es también lamentable, pero acabo de enterarme de que entre los objetivos del comando Donosti desarticulado estos días por la policía se encontraba el profesor de filosofía de la Complutense. Lo siento, pero eso no varía en absoluto mi opinón sobre él. Vale, Pedro, por mi parte su escueta nota deja las cosas en su sitio.

  9. Elogio de Savater

    Javier Otaola, El País, 03/04/2007

    «El filósofo Fernando Savater, espiado por el supuesto jefe del comando Donosti»: la lectura de esta noticia me ha sobrecogido -una vez más-, y me ha evocado la estirpe y la dignidad volteriana de nuestro filósofo donostiarra y su coraje civil, que todos podemos y debemos reconocer más allá de nuestros acuerdos o desacuerdos.

    El ejemplo y las palabras de Voltaire -también en Euskal Herria- resuenan cargadas de razón a través de los siglos para advertirnos contra lo que él llamaba la «peste de las almas»; esa enfermedad moral en virtud de la cual quien la contrae pierde la noción de la realidad y no sólo eso sino que se siente tocado por la gracia del Destino -está tocado- y en virtud de esa gracia queda persuadido de que sus acciones quedan por encima de las leyes humanas, las leyes que se aprueban en los Parlamentos nada valen para el fanático, para él las «verdaderas leyes» son las «voces» que le hablan desde la sombra, la fatwa que se acuerda por comandantes sin rostro, la consigna que se impone por jerarquías encapuchadas. Así resulta que el fanático no comete asesinatos sino que realiza «intervenciones», no deja huérfanos y viudas: provoca efectos «contextuales», no extorsiona, no roba, no intimida, sino que recauda, no da palizas, no bravuconea, no amenaza, ni injuria: lucha. Su conducta no es criminal sino «combativa». No quema ni incendia bienes públicos: se enfrenta al Capital. No pretende imponer su voluntad minoritaria, pero terca, a sus conciudadanos, son sus conciudadanos los que por su propia ceguera no quieren escuchar al Pueblo que habla por su boca, a través de una minoría iluminada: a pesar de lo que diga la aritmética, porque el Pueblo (Volksgemeinschaft) no es la gente, concreta, de carne y hueso, sino una realidad virtual y abstracta intangible que sólo existe en la cabeza del fanático. Los que contradicen o critican a los imanes o profetas del Pueblo, no sólo contradicen o critican, no debaten o deliberan, sino que están «atacando» al Pueblo. La libertad de expresión es sólo para asentir a lo que dicen los fanáticos, la libertad para el fanático es sumisión, lo otro es libertinaje, desviacionismo, traición. Como dicen Horkheimer y Adorno refiriéndose al fanático: «El hecho de que otro tome la palabra le parece ya como una interrupción desvergonzada». Los Derechos Humanos son los derechos de «los nuestros», «los otros» no son humanos, son sólo perros. Los que no están con nosotros están contra nosotros.

    Si los jueces condenan a los fanáticos entonces resulta que «reprimen», si las víctimas se rebelan, es que son «verdugos». El fanático puede propinar una paliza a alguien y luego es él el que se pone la venda: el matón es la víctima.

    Los síntomas son graves.

    Ya nos lo advirtió Voltaire: «Una vez que el fanatismo se ha apoderado de un cerebro, la enfermedad es casi incurable». Hay pues pocas esperanzas de recuperación. Cuando el fanatismo erradica los sentimientos normales de piedad y humanidad, del corazón de un hombre o de una mujer es difícil que ese corazón pueda volver a sentir de nuevo, le queda justo la capacidad para sentir afecto por sus propias crías, en eso no es peor que los tigres.

    El fanático no puede vivir ya sin el delirio y la rabia de su fanatismo porque esos sentimientos han ocupado toda su capacidad de sentir, de modo que si se viera privado de ellos quedaría como privado de su víscera cordial, como «lobotomizado» de una parte esencial de su propia personalidad: sin estrategias vitales propias, sin proyectos personales, sin autoestima, ya que todo ha sido devorado por su pasión fanática.

    Siendo todo este cuadro gravísimo, lo es más aún por otra circunstancia de la que nos advertía también el maestro de Cirey: «De ordinario son los bribones quienes manejan a los fanáticos y quienes ponen el puñal entre sus manos…». Parece lógico que siendo el fanatismo algo así como la encefalitis letárgica en lo que se refiere a los estragos que hace en las facultades de raciocinio de quienes lo padecen, no tengan éstos gran capacidad para manejarse, de modo que es fácil que los fanáticos sean «carne de cañón», manejados por otros, que no siendo fanáticos, se sirven de ellos, y no merecen sino el nombre de bribones.

    ¿Qué luces no envía Voltaire desde su cielo humanista?: extender el espíritu filosófico, es decir, lo que los fanáticos llaman la «funesta manía de pensar», acostumbrar a los hombres y mujeres a la conversación, y al debate al argumento y a la réplica, atenerse a razones y no a violencias, recomendar el viaje como forma de aumentar la tolerancia, aportar ejemplos de civilización y de humanidad de la antigüedad y de otros países, elogiar los placeres de la vida, ¡tan corta!, confiando en que la inteligencia y el placer dulcifiquen las costumbres de los seres humanos, y disuadan a los fanáticos. Más aún: no acobardarse, reivindicar el sentido heroico de la Democracia como hacen filósofos y ciudadanos como Fernando Savater usando de la razón y la palabra.

  10. Editotial

    Plan B

    El País, 03/04/2007

    La decena de personas detenidas en el País Vasco y Navarra estaban, según la policía, a la espera de órdenes para cometer atentados. No sólo contra instalaciones, sino personales, como se deduce del tipo de información que habían recopilado y de que contasen con material para confeccionar bombas lapa. Entre las personas objeto de seguimientos figura el filósofo y articulista Fernando Savater, miembro de la Iniciativa Ciudadana Basta Ya, así como policías y políticos del PP y del PSOE cuyos nombres no han trascendido.

    Las Fuerzas de Seguridad han conseguido desmantelar la red terrorista antes de que llegase a actuar, como venía ocurriendo en los años que precedieron al alto el fuego. Todo parece indicar, por tanto, que tenía razón la policía francesa cuando insistía en que durante la tregua ETA no se había parado, y que también la tenían los responsables de Interior cuando afirmaban que tampoco la investigación policial se había detenido. La hipótesis de un fin dialogado de ETA se hacía depender de la aparición de datos indicativos de una voluntad de poner fin a la violencia. Evidenciado que tal voluntad no existe, la eficacia policial vuelve a ser un eje central de la política antiterrorista.

    Ése es el auténtico plan B que todo Estado de derecho debe tener dispuesto en procesos de paz como el ensayado. Eso no significa que no debería haberse intentado. Las razones que determinaron la debilidad de ETA se mantienen. Es significativo que el aparato de propaganda estuviera en San Sebastián. El santuario francés ya no sirve ni para editar el Zutabe, y quizá tampoco para grabar en vídeo los mensajes y comunicados de los encapuchados de turno, a juzgar por las piezas de vestuario encontradas en el mismo piso.

    Las encuestas indican que es ya muy mayoritaria entre las bases de Batasuna la convicción de que el tiempo de la violencia ha pasado. Por muchos pretextos que sus dirigentes busquen para atrasar las decisiones, saben que el abandono de las armas por parte de ETA es inevitable, y también que sin esa condición, o la ruptura clara con la banda, no recobrarán ellos la legalidad, ni podrán ser candidatos en las elecciones. Ayer, todo lo que se les ocurrió decir a algunos portavoces de la izquierda abertzale fue que las detenciones sólo sirven para «alargar el conflicto». De donde se deduce que la forma de acortarlo habría sido que la policía permitiera al comando Donosti cometer los atentados que preparaba.

    La lista de posibles objetivos indica que la ETA de Txeroki vuelve a la estrategia de establecer una frontera entre amenazados y libres de amenaza en cada ámbito profesional; para verse libre de amenaza basta con callarse y disimular. A comienzos de los ochenta, Mario Onaindia salió una noche por televisión, tras el asesinato de un militante de la UCD en Guipúzcoa, y dijo: «matar a alguien por sus ideas es fascismo». ¿Habrá alguien en la Batasuna de Otegi capaz de decir algo parecido ante las intenciones del comando desarticulado?

  11. A mi juicio, Otaola marra el tiro pues que yo sepa Voltaire jamás sirvó de alibi o parapeto a ningún partido político extremista como lo es ahora el Partido Popular. Savater, siempre en mi opinión, ha marrado su exhibicionista propósito de convertirse en un «maître à penser» español semejante a lo que significó Voltaire en el «siglo de las luces» para convertirse en un triste objetivo de ETA —Aunque quizás eso colme su afán de protagonismo mitómano. Está, por el contrario, ayudando al «apagón» general de España que abandona poco a poco «la funesta manía de pensar». Savater hace tiempo que no «piensa», simplemente «milita», y por una causa equivocada que, como todos los grandes errores, contiene sólo una parte de verdad.

  12. Estoy de acuerdo, Otaola alude a la voltairiana «peste del alma» que impide ver la realidad. Creo que hace tiempo que Savater la contrajo y ella le impide no sólo verla sino, consecuentemente, pensarla. Ello no obsta con que condenemos la táctica, denunciada hoy por El Pais en su editorial, de separar ovejas buenas de las malas, amenazados de no amenazados y por tanto silenciosos y dóciles. Esta nueva derrota del jefe militar etarra por las fuerzas policiales, el sanguinario Txeroki, quizás le lleve a facilitar el acceso a las instituciones democráticas del brazo político de ETA y pueda de una vez condenar la violencia de manera clara y sin ambages.Cada vez resulta más evidente que quien está «alargando el proceso» es ese grupo, cada vez más menguado, de «irreductibles» partidarios de la lucha armada.

  13. Aunque no coincido con las ideas de F. Savater [todavia es muy nietzscheano] le transmito mi solidaridad.

  14. Por supuesto, por mi parte no haría falta que repitiera lo que en el texto ya decía de Savater: la simpatía crítica que le profeso. Pero creo obligado insistir y repetir. Por eso, en el propio texto que encabeza he introducido un primer punto: un punto 0. que es el introito que he podido escribir tras conocer que FS estaba siendo seguido expresamente por el comando desarticulado.

    Por ser novedad, les remito otra vez a mi reseña de La vida eterna, de FS.

  15. Quiero darle a Savater toda mi solidaridad. Nadie merece que le amenacen. Así no vsmos muy lejos.

  16. Sin duda el filósofo que proclamó la muerte de Dios tenía un pelín de razón. Algún año antes de la muerte de Juan Pablo II, éste proclamó que el infierno como el cielo no eran lugares físicos, sino espacios inmateriales asociados a la conciencia. Aquella afirmación no escapó de la mirada irónica de Benedetti, cuando escribió este haiku: «Reveló el Papa / que no hay cielo ni infierno / vaya noticia». Recientemente, se ha acordado que sí, que el infierno existe, según Benedicto XVI. Puñetas. De dos años para acá dejó de existir y ahora ha vuelto a existir. Si no tenía razón el Papa anterior, y éste le enmienda, ¿habrá otro que enmiende a éste? Bendito cachondeo tiene la Iglesia con el asunto, que ni ella misma se aclara. Qué pena no poder preguntarle a Santo Tomás, que ese hubiese tenido respuesta para todo (o no).

    Digo que el autor de La gaya ciencia tenía un pelín de razón, porque si Dios existe, estará muerto, pero de la risa: «si hubiera dios / nadie le rezaría / por no aburrirle».

    Disculpadme, este comentario tendría que ir en el post anterior, pero no sé por qué razón no lo puedo colgar. Espero que seais condescendientes.
    Un fuerte abrazo.

  17. Me desconciertan ustedes, no sé que tratamos… lo ignoro, en serio.

    ¿Concluimos todos que nos solidarizamos con Savater porque está amenazado por ETA?… ¡pues venga solidaridad! ¿quién no se va a solidarizar ante semejante obviedad? ¿Descubrimos ahora que Savater fue una súper nova de la Transición (la “gran esperanza blanca” del pensamiento, el alba de la nueva generación) y, tal como fulgió, hoy está viviendo sus momentos de decrepitud y agonía intelectual?… no creo que sea algo especialmente reseñable, es así, no hay que buscarle especiales sutilezas a su pendular acción pública, sencillamente se ha convertido en presa de su propia imagen, una caricatura de si mismo. ¿Qué nos da pena?… pues sí, es muy humano sentir lástima al ver lo que pudo ser y lo que es… ¿y?…

    Considerar nietzschiano a quien apenas pasa de ser un vividor, tratar de vincular su pensamiento acomodaticio al genio volteriano, especular sobre su paupérrimo y en más de una ocasión contraproducente papel en el conflicto vasco, argumentar con su meliflua presencia para reflexionar sobre el atentado reaccionario a la libertad de expresión, opinión y edición sufrido por el grupo Prisa, darle imagen y presencia a quién es incapaz de aportar una razón menos brutal que la del PP… ¿de verdad creen ustedes que conduce a algo provechoso?

    Personalmente – me disculparán los savateradictos – tengo la sensación de estar ante un Unamuno de vía estrecha, un querer y no saber, una poquita cosa que quería ser avispa de las almas y se quedó en mosquito de temporada, así que, si nadie me provoca para lo contrario, me permitirán que me retire hasta que el señor Serna nos proponga algo más interesante, ¡qué tedio hablar de este caso! ¡qué estéril tratar sobre ese mediocre!

  18. Estoy absolutamente de acuerdo con Justo Serna en lo que dice de Fernando Savater.

    El giro que dio hacia la derecha, lejos de alegrarme y de hacerme decir «Mira, je, je, y decía que…» Una actitud frecuente en nuestro país, donde odiamos que alguien sea íntegro y hermoso, lejos de eso, digo, me entristece profundamente y me deja perpleja.

    Savater hace años y años que se juega la vida a pecho descubierto; que yo sepa, es el único intelectual que ha tenido una actitud frontal y activa contra la ETA. Que debía estar amenazado es algo que todos suponíamos, pero saberlo a ciencia cierta produce un terrible escalofrío y me decepciona que diga usted, Señor Veyrat, lo que dice aquí: «Aunque quizás eso colme su afán de protagonismo mitómano. Está, por el contrario, ayudando al “apagón” general de España que abandona poco a poco “la funesta manía de pensar”. Savater hace tiempo que no “piensa”, simplemente “milita”, y por una causa equivocada que, como todos los grandes errores, contiene sólo una parte de verdad.»

    ¿Cómo puede pensar que lo que ha hecho y hace Savater sea por afán de protagonismo? ¿Cómo puede creer que el saber fehacientemente que está amenazado colme su «afán protagonista» y cómo puede decir que ya no piensa. Por dios, que hay matices, que nadie es sólo malo o sólo bueno. Que estar equivocado no hace a alguien un monstruo verde con escamas después de ser un ser normal y admirable, que ya digo que nadie es nada totalmente, que eso solo pasaba en los folletines de antaño. Ese radicalismo exacerbado lo único que hace es quitar la razón a quien lo expresa. En el cambio de Savater estamos todos de acuerdo, pero no se le puede, no se le debe lanzar al fango directamente sin riesgo de caer junto a él.

    ¿Podemos imaginar lo que debe ser salir, años y años, a la calle sin saber si vamos a regresar, sin saber si recibiremos un tiro en la nuca a la vuelta de la primera esquina? Savater vive así desde hace lustros y entró en ese modo de vida a sabiendas de que iba a ocurrir y sin ganar nada a cambio, nada personal. Lo hizo y lo hace por un compromiso personal que, aunque no sea más que por él, yo me quito el sombrero y le daré las gracias mientras viva. Por eso, me entristece que un hombre de su talla personal e intelectual, haya dado tal cambio, se haya equivocado de tal modo y tengo la esperanza de que, cuando el miedo, el terror deje de atenazarle, vuelva a ser el que fue. Yo no sé qué haría ni qué caminos tomaría si estuviera en la situación en la que lleva años ese hombre.

    Savater también es víctima y haga lo que haga, los «malos» son los otros, no debemos olvidarlo, creo.

  19. Nos hemos cruzado, Kant.

    No siento ninguna pena por Savater, pena por su catadura intelectual; la siento por discursos tan radicales y biliosos como el suyo. La crítica salvaje desde el absoluto anonimato, desde el sillón de casa, es sencilla y frecuente y sobre todo, el no dejar resquicio, el desprecio integral hacia alguien. A mí, y lo digo sin la menor sombra de sarcasmo, me produce una congoja infinita.

    Si algo valoro sobre casi todo lo demás en Justo Serna, es ese modo suyo, que muchos pueden pensar que es tibio, de valorar todos los ángulos, de tratar de hacer honor a su nombre y ser justo y creo que lo logra. Lo que puede parecer tibio o cobarde, a mi me parece de una valentía, de una ecuanimidad y de una inteligencia colosales. Lo demás son vómitos que lo único que hacen es dejar el esófago de quien los produce absolutamente irritado y quitarle toda la credibilidad.

    Ha, ésto no es una provocación, es mi derecho a opinar y a decir lo que pienso que queda dicho y no voy a seguir, que tengo muchísimo que hacer.

  20. Aunque no estoy completamente de acuerdo con Serna, prefiero su análisis centrado al vómito que algunos echan sobre FS. Apoyo lo que dice Pavlova.

  21. A qué se debe ese rencor visceral de Kant por Savater? No son ustedes dos ilustrados? No me diga señor kant que Savater es poco brillante!

  22. La solidaridad endógena que emana de la fuente de este blog, y nos impregna prácticamente a todos, nos debería eximir de expresarla abiertamente. Lo importante es que no nos proporcione la misma ceguera que sigo atribuyendo a Savater, y que pienso que ha contraído junto con la «peste del alma» voltairiana que tan a punto trae Otaola. Pero yo, por contra, se la aplico al Savater saltimbanqui que queriendo complacer a todos va de pirueta en pirueta por todos los medios queriendo contentar a cada cual. ¿Comparar al Saltimbanqui Savater con Voltaire? ¡Por dios! Hasta ahí podíamos llegar. ¿Por qué no con Baruch Spinoza, que escribió una Etica, él sí, que llegó a alimentar a Wittgenstein y ha llegado intacta hasta nosotros? Vamos, por favor… Que la incapacidad actual de Savater para «pensar la realidad» no nos impida «pensar a Savater»: Los datos impolutos que proporciona Justo Serna en su blog, son materia suficiente para apoyar mi reflexión si no se dieran otros datos históricos de su comportamiento mitómano, ya endémico, que parece acrecerse cuando se rodea del flamear de banderas, aunque sean fascistas.

  23. SSuscribo por entero los comentarios de Kant y Kafeína. Pienso que no se trata de ningún rencor visceral como insultantemente aduce Luis. Es lo que quisieran aducir algunos, precisamente, para invalidar los argumentos sólidos de la crítica al tránsfuga Savate, que ha apoyado las tesis insoportables y hasta golpistas en alguno de sus extremos, del PP, enconado en que no es posible negociar, pero que no condenó jamás los pasados intentos aznarís… Y precisamente ahora, cuando la actividad de la banda terrorista aparece al «ralentí» y ese ralentí no impide seguir decapitando todos los intentos de serpiente por reconstruírse, tanto en su forma de Comando Donostia como en las nuevas pretendidas identidades de Batasuna. ¿En qué quedamos? Por favor, que son ustedes mayorcitos y leen los periódicos… ¿O sólo leen los que me temo?

  24. Señora Pavlova, quisiera que en lugar de recitificar una «hache» rectificase usted la palabra «vómito», indigna de una persona al parecer con alguna cultura, pero con excesiva visceralidad. ¿A qué viene su agresividad? El histrionismo de Savater parece que hace extraños fans…Y además, parece que lanza usted sus improperios, también escudada tras un nick, ¿verdad? El amigo Kant, según he leído ha revelado varias veces su identidad.

  25. Mi querido Luis, acusar a alguien de aplicar rencor visceral a un análisis que se supone reposado y pensado, es un insulto, pues el rencor constituye una pasión despreciable, así como un grave insulto es aducirr que el pensamiento de otro produce vómito, como le reprocha el venerable Montferrat haber hecho a la Pavlova. Digamos que el comportamiento intelectual y político, recalco, político, del ex filósofo —pues ahora es un militante, repito— nos ha causado decepción a muchos que le conocimos antaño y nos honramos en ser sus amigos y compañeros de viaje. Decepción acrecentada por unir los fuegos de su bien dotada artillería retórica a los denuestos impropios que el rencor —ahora sí que sí— vierte —¿deberíamos decir «vomita»?— sobre el actual gobierno. No creo que sea preciso explicar por qué rechazo estos verbos empleados sobre nuestros amigos de blog y no sobre quien tergiversa a diario la realidad más evidente con el único fin de rentabilizarla electoralmente algún día. ¿Le basta mi explicación? Estoy dispuesto, usted lo sabe a dialogar con usted y con cualquier otro ad infinitum. Pero los únicos insultos que se me pueden atribuir en este blog son los digirigidos a los trolls que insultaban gravemente ora a Serna, ora a mí o a cualquiera de nosotros. No me gusta poner la otra mejilla.

  26. ¡Caramba con los moderados, sensatos y respetuosos! Me dan miedo. ¿Miento cuando digo que Savater es la gran decepción de la intelectualidad española? ¿falto a la verdad si ubico al señor Savater dentro de los presupuestos del partido reaccionario? ¿no puedo opinar que ese señor ha querido jugar a los vaivenes intelectuales de Unamuno pero, ni de buen trozo, con su fuste? ¿me van a recriminar por el lenguaje que uso o por las palabras que utilizo?

    Les dije que me parecía desconsiderado tener a ese señor de más que dubitativa andadura como centro de una charla. Que ustedes quieren tenerla, adelante, ¿yo les dije lo contrario? ¿yo les vilipendié por ello?, sólo dije que me hastía la conversación improductiva y dedicarle las pocas neuronas que me quedan a quienes ustedes llaman FS, bueno, qué quieren, tengo mejores cosas que hacer.

    El señor Savater se juega la vida en el País Vasco como miles de personas más, sin duda, pero él arropado por el grupo corífero de exaltado nacionalistas (españoles, claro), los otros, el guardia civil, el tendero españolista, el taxista facha hasta la médula, se la juegan a huevo y aún estoy esperando que alguien rompa una lanza a su favor con su mismo fervor, doña Ana, para defender a quien aún no he visto como el señor Odón Elorza, quitándose la chaqueta para dar un par de guantazos. Y es que hay formas y formas de dar la cara y la de FS no es precisamente de las más heroicas.

    Por lo demás, en ningún momento dudé, señora Pavlova, que hiciera uso de su derecho a opinar ¡hasta ahí podíamos llegar! pero me temo que confunde el culo con las témporas, se adentra en un jardincillo de bajezas que, desde luego, no esperaba de usted, y saca a relucir un tratamiento de las cosas que en el mejor de los casos, la deja a mi mismo nivel (Doña AnaBD puede tomar nota). Por cierto, sobre “hablar desde el anonimato”, creo que no se ha dado cuenta que yo revelé, tal como ayer, mi nombre propio y circunstancias, precisamente a usted, tal vez debiera reflexionar sobre el nombre que usted usa para estar presente en este foro.

    Una última cuestión, sólo ha habido en toda su exposición algo que me hubiese molestado. Ya sabe que no molesta quien quiere, sino quien puede, y ahí sí me pudo. Le ruego que rectifique ipso facto la interpretación que ha hecho de mis palabras referidas al señor Serna: ni lo he tratado de tibio, ni de cobarde. Sepa, señora mía, que si en algún momento he tratado de explicarles la diferencia entre “radical” y “extremista” en don Justo siempre he tenido un ejemplo bonísimo: él es el radical, el que va a la raíz de la cuestión, extremistas son otros, los que se alejan de ese núcleo para dedicarse a la algarada. No es precisamente de radicales la condición ni de tibio ni de cobarde, así que retráctese en ello, por favor.

    Tenga usted muy buen y provechoso día (y no se preocupe por la “ha”, ya supuso qué le ocurrió)

    Verá, don Luís, no sólo Savater fue brillante, es que fue uno de mis primeros referentes intelectuales. ¡No es rencor visceral, por Júpiter! Si lo sintiera, sentiría algo por él más allá de la profunda decepción que siento por la estafa que perpetró sobre un buen número de personas que confiamos en él. Nada más. Su brillantez acabó cuando su pensamiento comenzó a ser pendular, cuando se apesebró como intelectual orgánico. ¿Se puso a escribir mal, de pronto? ¿dejó de tener lucidez?… no, por supuesto. Su escritura comenzó a resentirse con el fracaso de su primera novela – pero esto es una opinión absolutamente personal – y su lucidez brilla tanto como la del pensamiento reaccionario (en el nº 56 de Archipiélago encontrará in extenso este tema) que si hubiera provenido de alguien como Ganivet, sería soberbio pero cuando llega de alguien como él, verá usted, a mi me deprime. Pero, no, don Luís, no hay visceralidad.

    De hecho, lo único que les dije es que yo no iba a participar en un debate que me parece tremendamente tedioso pero del que no dejo de entender que lo propone el señor Serna desde su blog y don Justo tiene una especial estima (no exenta de una crítica feroz) a FS y además sé que entre alguno de ustedes tiene un predicamento que no comparto, eso es todo, así pues ¿qué he decir yo?

    Con todo, algo se puede sacar de mi participación: vea usted cuan corto es el carrete de algunos “moderados”, qué poco humor y qué falta de discernimiento entre lo que es una boutade y lo que es un insulto. La ironía, don Luís, no está al alcance de todos y la risa sigue siendo el peor de los enemigos para la seriedad del asno. Lo sabía muy bien Jorge de Burgos.

  27. Perdón, en el primer párrafo quise decir «¿me van a recriminar por las palabras que uso o por las ideas que transmito?»

  28. Lo habíamos entendido, don Emmanuel. Sosiéguese vuesa merced, que no hay entuerto suficientemente grave como para alterar a un sabio. A mí también me conduce también a la melancolía insuperable abundar en lo obvio. Pero veo que la niebla que produce la «peste del ánima» es persistente y pegajosa como la ya desaparecida, pero que yo hube de tragar, «Fogg» londinense, también llamada «Peas soup» por las tribus autóctonas. Ea pues, ya que no podemos tener debate de ideas, vayamos a descansar hasta la próxima oportunidad que nos brinde el venturosamente radical don Justo.

  29. Dije que no debatiría más y no lo voy a hacer, pero debo puntualizar tres cosas, en vista de cómo leen ustedes. Me parece que lo hacen viendo lo que desean ver y no lo que hay.

    Veyrat: no he dicho, y espero que sea una lectura precipitada suya la que le lleva a acusarme de ello y no la mala fe, que nada de lo que aquí escribe nadie produzca vómitos. He dicho que hay alegatos de algunos que son un puro vómito. No es lo mismo y usted lo sabe.

    Para que no tenga que molestarse en subir el cursor de su ordenador, le copio lo que he escrito:

    «Lo que puede parecer tibio o cobarde, a mi me parece de una valentía, de una ecuanimidad y de una inteligencia colosales. Lo demás son vómitos que lo único que hacen es dejar el esófago de quien los produce absolutamente irritado y quitarle toda la credibilidad.»

    Kant: no voy a rectificar nada porque tampoco he dicho lo que usted me atribuye (¿Un cursito de lectura comprensiva?) Y, encima no se me ofenda, que la que está harta de que le atribuyan cosas que no dice ni piensa soy yo. Me defiendo, no ataco. No le he dicho que llame nada a Serna; he dicho ésto (mismo párrafo que le copio a Veyrat, parecen ustedes clónicos):

    «Si algo valoro sobre casi todo lo demás en Justo Serna, es ese modo suyo, que muchos pueden pensar que es tibio, de valorar todos los ángulos, de tratar de hacer honor a su nombre y ser justo y creo que lo logra. Lo que puede parecer tibio o cobarde, a mi me parece de una valentía, de una ecuanimidad y de una inteligencia colosales. Lo demás son vómitos que lo único que hacen es dejar el esófago de quien los produce absolutamente irritado y quitarle toda la credibilidad.»

    «Muchos pueden pensar» ¿Eso es nombrarle a usted? Que afán de protagonismo, por dios y qué afán de atacar por atacar. ¿Quién dijo aquí mismo que el que se pica…?

    Me recuerda mi nombre ficticio. Vamos a ver. Dice que varias veces ha dado aquí su nombre verdadero. ¿Quién me dice a mí que el nombre que usted usa no es tan ficticio como el de Pavlova o el de Kant? Quien debe saber quién participa aquí y sabe quién soy yo y quién es usted, aunque no se lo digamos, es Justo Serna. Él es el anfitrión y quien tiene unas normas. Yo no sé quién es usted ni usted quién soy yo y es un tributo que hemos de pagar estando aquí. No hago reproches por no saber con quién hablo, lo compruebo y tengo presente cuando escribo.

    Hay una tendencia clara, cuando no se quiere uno molestar en argumentar pausadamente, a atacar atribuyendo al contrario lo que no ha dicho y que está claro que es condenable por todos: «Calumnia que algo queda» dice la voz popular. Tendencia a eso y al mundo al revés. Cuando iba yo por la calle con mi pegatina de «No a la guerra», en dos ocasiones y en un grito visceral y repugnante de ira y violencia, me espetaron: «Asesina». Con las cosas que me reprochan aquí y que dicen que he dicho, me siento como entonces. Qué le vamos a hacer.

    Buenas tardes a todos.

  30. No se vaya usted enfadada, Pavlova, y recupere su grácil flexibilidad. Comprendo que deba usted defenderse, pero a mí, y no volveré sobre el tema, el vómito de los otros, como usted en efecto ha escrito, me produce las náuseas que preceden y a veces provocanmi propiol vómito. Y supongo que también a usted y a cada quisque. En aras de la bien preciada paz, haré un apretado resumen que espero logre el consenso. Primero: Aquí se ha querido decir que los saltos de ballerina, imitándola a usted con fiereza, del amigo Savater colocándose en el proscenio civil del denuesto a ETA y al Gobierno —no la lucha, que debe ser policial y judicial, aunque también política— ha logrado de modo casi lógico que a la hora de pensar en objetivos para su nuevo Comando Donosti, el sanguinario Txeroki haya encontrado como blanco y en botella encargar el seguimiento de Savater. ¿A quién si no?. Segundo: Se ha expresado claramente un sentimiento de decepción, nunca de rencor ni de aversión ante la deriva hacia la extrema derecha de Savater —alguien puede pensar que hacia «el centro», como Aznar, Aceves, Zaplana y Rajoy, con quienes se ha alineado y que ya se sabe lo que ha dado—. ¿Quien en uso de unas sanas facultades mentales puede acercarse a ese nuevo y mesiánico Rajoy surgido del vibrante «Viva España» —Faltó el Viva Fanco, Arriba España, gritos de ritual…—entre flamear de banderas? Por cierto, que ha sido fervorosamente aplaudido por Blas Piñar en su último número de «Fuerza Nueva». No me ensuciaré las manos copiando aquí la dirección de su web. Rajoy ha entreabierto tan sólo la caja de Pandora de las furias enlatadas por Fraga y que sólo ansían despertar para volver a prohibir periódicos, partidos, libertades. Eso es lo que presiente la mayoría de españoles demócratas ante los fantasmas del pasado que está desatando el PP. ¿No ha escuchado decir usted que ahora las familias han dado orden de que en la mesa no se vuelva a hablar de política? No entraré en los demás temas que se han reprochado al ínclito amigo de PJR, a quien llaman FS, como los de Tertsch y el boycott a PRISA y las dudas sobre la independencia de sus redactores, pero sí dejar claro que aquí no he visto que nadie odie a nadie, no he tenido esa impresión a leer las entradas de ayer y hoy. Ni aversión ni vómito alguno, ni mucho menos llamarle a usted jamás asesina por llevar una pegatina contra la guerra, aunque haya podido recibir esa desviada impresión. Ese tipo de partadoja surrealista es sólo típica de nuestros fascistas nativos. Sosiéguese también vuesa merced, que nos hace falta por aquí con su desenfado y buen amor, con sus lecturas aprovechadas y su militancia antibélica y antiterrorista. En todo lo cual, le aseguro que la acompañaremos todos fielmente. Y no hablo sólo por mí, estoy seguro. Perdonen esta larga parrafada.

  31. Sea, dejémoslo estar doña Ana. Me atengo a lo que propone el señor Veyrat y me sosiego. Gracias, pues, don Miguel. ¿No le tendremos en cuenta a la señora Pavlova su simpática aproximación a la medicina clónica, verdad? Venga, pues, me limitaré a apostillarla de forma puntual.

    1) Realizaré el cursillo que me recomienda, parece interesante, y tenerla a usted de condiscípula será todo un honor, veo que compartimos igual desdicha, la de que se nos atribuya lo que no he dicho (o eso creemos).

    2) ¡Me encanta comer ajo!

    3) De acuerdo totalmente, cuantos aquí estamos somos siervos de maese Serna.

    4) Comparto, comprendo y entiendo cuanto dice del “mundo al revés”, está muy bien traído. En caso de duda – para cualquier lector, por supuesto, que aquí nadie debe darse por aludido – véase el punto primero.

    Buenas tardes tenga usted.

    Y para el resto, lo que ya les dije en mi primera intervención: me disculparán ustedes pero no me encuentro a gusto compartiendo este bocado y no quisiera que, indigesto, les vomitara de verdad. Sean felices.

  32. ¿R.I.P: Kafeína? Debo estar torpe hoy.

    Agradezco sus palabras conciliadoras, Señor Veyrat, pero he de aclararle que no me he ido enfadada, en absoluto, y que no he considerado que me llamara nadie aquí asesina (Kafeína, vamos con la interpretación de las metáforas); he dicho que me sentía como entonces por la interpretación, justamente al revés, de lo que quiero decir: Si «No a la guerra» = Asesina; si me defiendo = que ataco. Pero en fin, nada ésto tiene mayor importancia y, por vívamente que defienda una actitud o una persona, sólo faltaba que me enfadara por una opinión contraria. No me gusta la descalificación integral de una persona porque considero que siempre es falsa (tampoco digo que aquí nadie haya descalificado a nadie en su totalidad, que todo hay que explicarlo y luego me llaman picajosa a mí).

    Sosegada estoy… no se puede figurar mi sosiego. Hasta me da pereza hacer un ratito de puntas (y debería, a fé que debería) Je, je.

    Mi muy querido Kant, los que deben hacer el curso de lectura comprensiva (que imparto yo) son los que atribuyen a los demás lo que no han dicho. Si usted no lo hace, no debe «apuntarse». Jamás me atrevería a enseñar a quien, en varias cosas, me ha hecho de maestro. Y, si no he de estar próxima a usted ¡dele al ajo! los naturistas aseguran que es estupendo para el reúma y dicen (receta y consejo) que, si se mastica después de comerlo, una ramita de perejil, desaparece el olor.

    Le agradezco sus deseos y van siendo cumplidos. Estoy teniendo una tarde estupenda y soy razonablemente feliz.

    Ah, y siervo de Serna… él no lo toleraría, ni nosotros tampoco. Amigos. Yaaaaaaaaaa, Kafeína, n me mire así, ya sé que era una metáfora. Ésta mujer es un caso.

  33. Se me olvidaba (efecto de la modorra de ésta tarde apacible y soleada), no he querido ofender a nadie al decir que Kant y Veyrat parecen clónicos. Me refería a opiniones muy similares, nada más. Nada más lejos de mí que molestar a nadie.

    Hasta la póxima entrada de Serna, sin acritud, que diría Felipe. :-)

  34. No, qué va Pavlova, no lo tomo como metáfora esta vez, me encanta la disciplina inglesa. Sería un espléndido espectáculo verla a usted azotando a Serna vestida con pantalones de cuero y fusta.Y yo mirando. Mmmmmm.

  35. Me encantaría ser clónico de Kant, me llevo muy bien con él, fraternalmente. Y la coincidencia no es casual: Los dos somos muy rojos. No es difícil que coincidamos en análisis tan obvios como los de hoy.

  36. También yo soy muy roja y ya ve.

    La que no es clónica de nadie es Kafeína, más bien un poquito gamberra e irrespetuosa. Lamento no darle gusto, querida, pero a mí no me va la disciplina inglesa y no me gusta nada que me miren cuando realizo ninguna de mis actividades, sólo en la danza y porque ¿sabe? no se ve al público. Es lo primero que nos enseñan, a mirar por encima del patio de butacas y a mirar a un punto fijo en los giros para no marearnos.

    Será una apreciación mía, pero me parece que a ésta mujer dispar, que lo mismo habla como una filósofa que pasa la mopa en casa ejena, lo que le gusta es escandalizar, pero se ruboriza por nada.

  37. Sin duda queriendo hacerme un cumplido, Miguel Veyrat me llamaba más arriba «el venturosamente radical don Justo». He de decir que me siento incómodo con ese calificativo que, bien mirado, quizá sólo sea una descripción y no un juicio. De todos modos, nunca he creído ser radical, al menos en el doble sentido de la expresión: ni por extremista ni por profundo. Suelo preferir la levedad (aunque no siempre sabe uno expresarla) y desde luego me apetece más la superficie. Las apariencias son muy reveladoras: me bastan. Me cansa tomar lecciones de geología para echar un simple vistazo al humus. Observo algo que me lleva a una cosa y esa a otra, sin detenerme mucho tiempo para excavar. El otro día, quien aquí firma como Pedro decía de mí algo así y lo decía como reproche: que me doy a todo y que eso puede ser ejemplo de inconstancia. Creo que afirmaba algo así. Bien, yo no me tomo eso como un reproche. Insisto: la existencia es tan corta –no hay esa vida eterna de la que habla Savater en su último libro– que pocas cosas merecen que nos demoremos mucho tiempo en ellas. Total, nos vamos a morir…, pues eso: miremos aquí y allá. Es lo que hago habitualmente con mis lecturas. Una lectura me lleva a otra, un libro a otro y, desde luego, no quiero especializarme en algo que me obligue a serle aburridamente fiel.

    Pues eso: mirando aquí y allá, como un geólogo superficial, he tropezado con una vieja pieza de 1982. Es el prólogo de un radical…: un prólogo escrito para la segunda edición española del ‘Diario en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu’, de Maurice Joly. A buen seguro que este ‘Diálogo’ traerá viejos recuerdos a “Kant”. Pues bien, dicho prólogo se lo debemos a Fernando Savater, un Savater efectivamente muy radical, inmediatamente anterior al primer triunfo electoral de los socialistas. Es un Savater muy nietzscheano que por querer radicalizar la democracia (más allá de la apariencia que sería la representación indirecta) aún sueña con una insumisión de los ciudadanos. Nada menos. La verdad es que era un texto en el que el autor se expresaba bienintencionadamente pero con serios despistes. La Constitución apenas llegaba a los cuatro años y los españoles salíamos del susto más grave que los poderes fácticos nos habían dado: el 23-F. Pues bien, lejos de defender sin más ese marco democrático (que hoy algunos ven alicorto o pacato), Savater soñaba entonces con una profundización de la libertad (¿cómo?, ¿hacia dónde?): fantaseaba con una especie de una insumisión ciudadana de estirpe nietzscheana frente a servidumbre política. La verdad es que a mí me parecía ocurrente y erudito pero me resultaba extraño e incomodísimo para mi escaso radicalismo. Yo sólo quería vivir en una democracia aburridamente burguesa y europea que no se viera sacudida por radicalismo alguno. No me lo tomo como un mérito: es cuestión de temperamento.

    Tiempo atrás tuvimos aquí serios encontronazos por la percepción que cada uno de nosotros tenía de la Transición. En aquella Transición, Savater me parecía un pensador que cuando hablaba de literatura o de religión o de curas me entusiasmaba (ahí sí que quiero ser radical), pero cuando peroraba sobre política llegaba a espantarme o a aburrirme (pecado imperdonable en Savater). Aún recuerdo los bostezos que me produjo uno de sus artículos más confusamente radicales titulado ‘Teoría del nacionalismo performativo’. Se recoge su libro ‘Impertinencias y desafíos’. No intenten releerlo.

  38. Mi elogio a tu radicalismo se refería tan sólo al sentido etimológico de la palabra.Y a la raíz pivotante de la conífera, que ahonda en la tierra y cuyas hojas son siempre perennes.Rigor, hondura, fortaleza. Es todo lo contrario de la superficialidad. Sí, era un elogio en ese sentido, no un alegato hacia lo que habitualmente se entiende como extremista o inflexible. Voilá. Me alegro de todas formas que te haya dado pie para tan instructiva entrada.

  39. Bueno, Pavlovilla, veo que entre todos le hemos hecho recuperar el juego de cintura y la sonrisa. Pues sí, una tiene sus estudios aunque haya tenido que pasar la mopa para pagarlos, querida, y pagar al «locatario» la «chambra de bona» que ocupaba esta «petite espagnole» en París, aparte de la matrícula en Sorbona donde me doctoré. Pero no he dejado de ser arrabalera aunque ahora no tenga mucho tiempo ni ocasiones para ponerme en jarras. Algún día ya le contaré a qué me dedico cuando no me río imaginando gráficamente las metáforas del venerable Veyrat: Me he pasado la tarde riendo al pensar en Savater con un tutú rosa dando bricos de escenario en escenario, representando una contradanza en cada uno, mientras una estricta gobernanta le fustigava las corvas con un ejemplar del «Anticristo». Y ahora me voy a leer a Protágoras, que es mi gamberro favorito.

  40. Diga usted lo que le plazca, señor Serna, pero que es usted un geólogo no creo que nadie lo discuta. Sin duda la imagen campestre de un paseante en la bruma, deambulando entre la arboleda, mirando con cierta displicencia y un acusado ennui prerromántico el humus, es de lo más sugestiva pero que usted nos impele a escarbar, no sólo bajo esa primera capilla anecdótica, si no con una profundidad considerable para encontrar esa tierra fértil (o árida), esa parte categórica del paisaje, donde se asienta el humus, la arboleda, la bruma y el paseante, vamos, hombre, indudablemente.

    Y perdóneme el ex-curso, sigan ustedes con su debate savateriano.

    ¡Cáspita! de nuevo, perdón, y además, por una frivolidad, lo sé, lo reconozco: ¿se dieron cuenta que el apellido Savater significa en catalán – escrito con be, sabater – zapatero?… ¡vaya paradoja, eh! ¿un espejo invertido de Zapatero?… Claro que también es el apellido del entrenador del Getafe, Schuster, y esto podría conducir a otro tipo de consideraciones político-balompédicas a las que se es tan aficionado en un país donde hay equipos de fútbol que tienes consideraciones patrias, de clase, de condición y… uf, discúlpenme, el rape se me ha debido subir a la cabeza y con lo hueca que la tengo ha causado estragos en mis pocas neuronas saludables. Perdón de nuevo y sigan, sigan ustedes.

  41. También Ralf y Michael Schumacher, campeones mundiales de automovilismo y el gran Fierdrich Schumacher, premio Nobel de Economía, querido Cantarelli, se llaman Zapatero en sus idiomas, todos ellos de un claro origen hebrero. Por mi parte, el tema Savateriano terminó también dado que mi propia radicalidad me impide, por pudor y decencia, seguir escarbando en esa, como dicen nuestros amigos italianos, «puzza de merda».

  42. A pesar de estar calladita, estoy detrás de la pantalla leyéndoos, pero Savater es una persona que dejó de interesarme hace tiempo y prefiero mantenerme al margen de esta discusión. Tiene razón Pavlova cuando escribe que “nadie es sólo malo o sólo bueno”, pero aquí no estamos hablando de bondades o maldades, sólo constatamos que Savater ha dado un giro radical en relativamente poco tiempo, de ser una persona de izquierdas ha pasado a defender posturas de extrema derecha, esto es algo objetivo, sólo tenemos que leer u oír sus declaraciones en medios públicos. Estoy de acuerdo con lo manifestado aquí por Kafeína, Kant y Miguel Veyrat, yo no sabría expresar tan bien como ellos lo que opino sobre este nuevo post de Justo Senra.

  43. Fuca, le agradezco sus interesantes comentarios. Sólo le pido una cosa: que corrija una cosa en la que no ha reparado y que repite. No me llamo Justo Senra, sino Justo Serna.

  44. Efectivamente, no había reparado en el cambio de consonantes, gracias por el aviso, sino soy capaz de poner su apellido cambiado todas las veces que participe en su blog, Justo Serna, ahora ya no se me olvida.

  45. Gracias Fuca por su atenta lectura. Coincidimos pues en lo fundamental. Ya también hace mucho que no leo ni sus artículos en El País, por el que he pagado mi buen «euro» y debería consumir hasta el final. ¡Velay!

  46. En fin, doña Francisca, me impele usted a volver a participar sólo para agradecerle su comprensión. Lamento no tener su grado de equilibrio para exponer las cosas, pues a la postre, mi primera intervención sólo apuntaba lo que usted ahora resume espléndidamente. Quedo, pues, a sus pies.

  47. Idem de idem, donna Fuca. Coincido en apreciar su grado de equilibrio, propio de una buena maestra de literatura —que no de un poeta como el que suscribe— y quedo también a sus pies y en su cabeza. Con su resumen nos hubiéramos ahorrado muchas líneas. Quiero subsanar la errata de nuestra buena Kafeína, sólo para subrayar mi coincidencia en su adjetivación italianizante hacia el comportamiento, no la persona, por todos los dioses nórdicos, digna de un ragazzo trasteverino. Ella seguramente quiso decir «puzza di merda».

  48. Aunque quede un poco a desmano, me gustaría decir que me parece acertado el despido de Hermann Tertsch. Primero, por razones meramente literarias: Tertsch y otros columnistas de El País llevan años escribiendo el mismo artículo, una y otra vez, y ya no tienen ningún interés porque ya sabes lo que van a decir. La última página de El País necesita una buena limpieza. Segundo, la columna de Tertsch era siempre igual: un episodio de la política española (protagonizado siempre por alguien de izquierdas) le recordaba el Holocausto o el Gulag. A partir de ahí ensalzaba el liberalismo, la sociedad libre, las sociedades abiertas, hacía una breve apología de Israel (siempre, en todas las columnas) y vaticinaba que Europa se encaminaba hacia un nuevo Holocausto a no ser que se frenara el avance de la izquierda y se reforzara \

  49. «el vínculo transatlántico.»

    (Quería decir para acabar, pero se ha cortado, lo siento)

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