Gramsci y el fascismo…

gramsci.jpg Ilustración: Tullio Pericoli

Hoy, 27 de abril de 2007, hace setenta años que murió Antonio Gramsci, aquel que fuera principal dirigente del Partido Comunista de Italia, su figura intelectual. Desde hace meses, Anaclet Pons y yo estamos preparando una nueva antología de los Quaderni del Carcere, sus anotaciones de prisión, sus apuntes y reflexiones. Lo que estamos elaborando es una nueva traducción, diferente de las que respectivamente hicieran Jordi Solé Tura, Manuel Sacristán o Ana María Palos, un texto que, además, tendrá una introducción pensada, concebida para un lector del siglo XXI.

Desde luego ya conocíamos esas páginas en sus diversas versiones: hace muchos años, justamente cuando acabábamos la carrera, la lectura de Gramsci en las traducciones españolas nos acercaba a un culturalismo bien diferente del viejo determinismo marxista que todavía perduraba. En mi caso y en el colmo de la paradoja o de la temeridad, me recuerdo leyendo la Antología gramsciana de Manuel Sacristán en el Servicio Militar. Aún retengo en mi memoria la circunstancia. Me veo de guardia en la Oficina de Estado Mayor (en donde estaba destinado), zampándome dicho volumen. A mi lado, sobre la mesa he depositado un subfusil, el arma incongruente, sin munición, con la que debo repeler al enemigo potencial. Estoy allí, olvidado del mundo, leyendo, a la espera de que pasen las horas: tengo la Antología de Sacristán forrada con papel de periódico, disimulando sus tapas rojas, bien rojas, ocultando el título de su colección, Biblioteca del Pensamiento Socialista. Qué insensatez…

Pocos meses atrás, el intento de Golpe de Estado del 23-F había puesto en situación crítica los cuarteles, y la difidencia –la suspicacia– era la norma con que se trataba a los soldados. Yo era uno de ellos. De los soldados de reemplazo, quiero decir: un graduado universitario que esperaba regresar a la vida civil y que deseaba aprender lo que no siempre la licenciatura nos había dado. Gramsci aparecía como un autor de referencia, como un nutriente que podía vivificar el marxismo occidental, ya esclerótico. A pesar de no militar en ningún partido, yo lo leía con interés, con simpatía, valorando sus conceptos políticos: hegemonía, dirección intelectual y moral, clases subalternas, revolución pasiva, consenso. Me felicitaba de su culturalismo, tan distinto del economicismo marxista:  me interesaban sus ideas sobre la novela de folletín, sobre el folclore, sobre la religión popular, sobre los intelectuales. Como ahora.

Más aún, su análisis del fascismo, al que yo había podido acceder a través de Francisco Fernández Buey, me parecía extraordinariamente clarificador. Gramsci sobre el  régimen mussoliniano: qué lucidez. Yo sabía que el dirigente comunista había muerto en 1937 tras pasar una década en las cárceles fascistas. Lo sabía desde 1977, fecha en que se habían cumplido los cuarenta años de su desaparición. Aún conservo el póster que lo recordaba; aún retengo en la memoria aquel día de 1977 que en la librería Viridiana de Valencia pude comprar el número extraordinario de la revista Materiales dedicado a Gramsci.

La muerte de Gramsci…: desde luego hoy es incorrecto recordar una cosa así. Quizá fuera rompedor leer a este autor en aquellas fechas, pero en la actualidad aparece crudamente como lo fue, un dirigente comunista…, un dirigente comunista que no se envileció con los dogmas estalinistas: tal vez por su propio aislamiento, por su prisión. No es la primera vez que he leído este argumento: gracias a que Benito Mussolini lo encarceló (hay que evitar que piense este cerebro) pudo desarrollar con paradójica libertad su renovadora reflexión marxista sin caer en el materialismo más vulgar. No sé: me parece un coste altísimo, el más oneroso. Es más, salvar a Gramsci de su condición comunista –así, sin más– puede llevar, también, a equivocarse con el fascismo, a atemperar erróneamente la crueldad del fascismo: más aún si lo comparamos con el nazismo o si rebajamos la épica del antifascismo, como hoy es norma y de buen tono.

Desde luego, el régimen mussoliniano no fue un sistema totalitario equiparable al hitleriano o al estalinista: a pesar de la dictadura y de la represión,  la sociedad civil pudo sobrevivir… “Lo cual no significa”, como nos recordaba muy atinadamente Umberto Eco (Cinco escritos morales), “que el fascismo italiano fuera tolerante. A Gramsci lo metieron en la cárcel hasta su muerte; Mateotti y los hermanos Rosselli fueron asesinados; la prensa libre fue suprimida, los sindicatos desmantelados, los disidentes políticos fueron confinado en islas remotas; el poder legislativo se convirtió en una mera ficción y el ejecutivo (que controlaba el judicial, así como los medios de comunicación) promulgaba directamente las nuevas leyes, entre las cuales se cuentan también las de la defensa de la raza (el apoyo formal italiano al Holocausto)”.

Es probable que los jóvenes de hoy lo ignoren casi todo del fascismo. Felizmente, esa cirugía política es del pasado, pero hay rasgos de dicha concepción o sistema que persisten o que pueden reaparecer: el culto de la tradición como escapismo antimoderno; la exaltación del jefe carismático, virtuoso, popular, frente a la democracia decadente; el antintelectualismo como expresión de la acción; la armonía social como forma de corporativismo político; el nacionalismo extremado, exacerbación de la homogeneidad forzada; la comunidad orgánica y la uniformidad militante frente al individuo libre. Aunque hoy no estoy enteramente de acuerdo con todo lo que Gramsci sostiene, con todo lo que de él releo, aunque nunca me sentí cómodo con el marxismo…, he de admitir que una parte de esos males ya los supo diagnosticar el autor italiano en su propio tiempo, que es la época de ascenso del fascismo. ¿Un analista fino que supo determinar el mal? Simplemente un lector curioso, atento…

Días atrás, y como homenaje paradójico a Gramsci, leí La doctrina del fascismo, un célebre breviario que firma Benito Mussolini. Se trata de un texto que yo ya conocía por otra versión, pero lo interesante es la traducción defectuosa de la que ahora me sirvo: un volumen editado originariamente en 1932 y que  leo en su versión española de 1935, hecha en Florencia por Vallecchi Editore. Éste es un libro fundamental de ese confuso, de ese tóxico ideario mussoliniano que Gramsci había diagnosticado tempranamente: pero, sobre todo, esta obra, en esta edición, será un manifiesto esencial del fascismo… español.

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  1. A ver, a ver, señores, no empecemos con sopas conceptuales que sólo engendran cabezas calientes y pies fríos. Don Paco, que todos los stalisnitas se declaren comunistas no quiere decir que todos los comunistas sean stalinistas. Don Pedro, no nos diga que el señor Serna simplifica el marxismo, indíquenos en dónde y cómo lo simplifica. ¡Señor Shaw, que alegría verlo en este blog!, aunque ignoraba su conversión a la acracia nihilista… “¡ni dios, ni amo!” ¿no? pues nada, nada, usted a lo suyo que nosotros, en cuanto estos amables señores se expliquen, seguiremos a lo nuestro.

  2. Pues a mí me asombra el laconismo de éstos señores ¿De verdad no se les ocurre nada más? Tengo que pedirles la receta, a mi me puede lo prolijo y ahora porque me voy a la cama que si no, ya había colgado aquí tres folios en un plís plás.

    Y una bendición tener a Kant poniéndolos firmes ¿Verdad Serna? Da tal sensación de tranquilidad y de sosiego que, pese al tremendo disgusto de hoy, dormiré mejor.

    Dígale a su niña, Señor Serna, que conparto su dolor, que estoy segura siente, por la muerte de Rostropovich.

    Buenas noches.

  3. Gracias por esa nueva Antología, Justo: Una buena Antología no es sólouna labor arqueológica, sino que puede y debe ser obra de creación, restaurando el sentido y adecuándolo a la realidad contemporánea. En la ausencia de grandes teóricos que vuelvan a pensar el mundo desde el materialismo histórico, marcando caminos para la construcción del socialismo en el marasmo globalizador( del gran capital), muchas gracias a ti y a Pons. Gramsci fue quien me reconcilió con el pensamiento marxista tras el golpe brutal de Praga. Y la antología de Manolo Sacristán, que fue mi profesor de Lógica Matemática en la vieja “Central” de Barcelona, y mi amigo entrañable (a pesar de su mal genio), fue también la guía para la compra lenta y útil de la obra completa de Antonio Gramsci, existente tan sólo, desgraciadamente, en versiones francesas, inglesas o naturalmente italianas. Pavlova (:-), e llaconismo de esos quidam se debe, exactamente a su ignorancia y afán por molestar: Como decían las burguesas antiguamente: Haz como si no los hubieras visto…
    ¡Ah! Y recomiendo,con Justo, la atenta lectura delaobra mussoliniana: Sirve no solamente para entender a Aznar, Aguirre, Acebes y el neofascismo español sino el que nos puede llegar de Francia a través del enmascarado Sarkozy si el buen sentido “republicano”, en su más noble sentido revolucionario, de los franceses no lo impide.

  4. Le agradezco, señora Pavlova, esa mención que hace a mi hija: ayer asistía estupefacta a las ejecuciones de Rostropovich en los breves instantes que pudo ver en los telediarios. Ella está aprendiendo a dominar el instrumento y hasta ahora su referencia principal era su profesor. No es que queramos que se conforme con lo poco, sino que lo que aprenda lo haga con la menor angustia posible. Creo que inculcarle un modelo de tal perfección a alguien que está iniciándose puede ser contraproducente. Son inevitables las comparaciones: en algunos casos estimulará la ambición, el deseo de superarse; en otros puede hacerles descartar… En todo caso, mi hijita hace lo que puede y yo, que soy un negado para la música, estoy encantado.

  5. Señor Kant, efectivamente toca agradecerle sus intervenciones radicales, incluso pendencieras, pero siempre sensatas. Se le notan las Luces. La diatriba que ha tenido con David P. Montesinos, con duros términos y acerados argumentos a la contra, ha acabado como tienen que acabar estas cosas: como caballeros que disputan simplemente porque en lo que debaten no les va la vida o el yo o el mero narcisismo, sino la lucidez razonadora y el despliegue de ingenio: éstos nunca hay que perderlos y ustedes no los han perdido.

    En cuanto al laconismo crítico de algunos comparecientes…, pues qué quieren: en un debate, la frase corta o, en un estadio superior, el aforismo sirven de acicate para espolear al contrario. Ahora bien, si al enunciado conciso le falta información (“parece que J. Serna simplifica el marxismo”), entonces no hay posible respuesta: sólo ruido.

    Hace muchos años viví una experiencia adolescente que me servirá para explicarlo. En la pizarra de mi clase, frente a la cual nos sentábamos los jovencitos que cursábamos el bachiller elemental, apareció una pintada hecha a tiza. Era un lunes, cada profesor que impartía sus clases ordenaba que se borrara, pero el graffiti siempre reaparecía, pues una mano clandestina volvía a escribirlo, y así durante una semana lectiva: “Meléndez es inculto”. La frase era aparentemente incontestable dado que su enunciado describía un hecho que se correspondía con la realidad. Según todos los indicios y según las lamentaciones de nuestros profesores, el pobre Meléndez era ciertamente un inculto: leía poco, cometía gravísimas faltas de ortografía y tenía, en fin, serias dificultades de expresión. Fíjense en dos cosas. La primera, el tenor de dicho reproche: la multitud –que puede ser ofensiva dado que cada individuo se ampara en la muchedumbre— deploraba las ignorancias de Meléndez, pero no precisaba los cargos. Insólito, ¿no creen? La segunda, la reiteración de esa pintada era la típica trastada adolescente: aspiraba a constatar y sobre todo a herir sin mejorar.

    Por supuesto, Meléndez no se llamaba Meléndez (aunque su apellido empezaba ciertamente por M…), pero creo que su recuerdo nos permitirá entender que la posible verdad de un enunciado escueto –de una denuncia brevemente expresada– se pierde si no hay información que la sustente; y nos permitirá entender también que la ofensa anónima es un ultraje típicamente adolescente.

  6. En este caso sólo puedo ser lacónico, pues con el texto y el tema tratados me he de limitar a aprender. El artículo me convence de algo: Gramsci tiene actualidad. Me alegra que Serna cite dos nombres por los que profeso enorme simpatía : Umberto Eco y, sobre todo, Viridiana. Alguna vez habríamos de ponernos muchos de acuerdo para homenajear como se merece al barbudo “señor Viridiana”, así le llamábamos en la facultad, cuyo orgullo de librero salvó mi Tesis y me encontró libros imposibles.

  7. El problema del fascismo y del totalitarismo en general (incluyo, por supuesto, el bolchevismo en su versión más degradada y criminal: el estalinismo) es el maltrato dispensado a la población, la destrucción de las personas física y moralmente. Pero otro problema no menos acuciante es la destrucción del lenguaje. Orwell lo supo expresar en ‘1984’ con el doble lenguaje, con el doble pensar: aquella recreación arbitraria del significado convenido de las cosas, una recreación hecha a medida del poder. Cuando releía a Mussolini estos días recordaba, por un lado, la sinceridad brutal de sus palabras, su condición expresamente antimoderna, antiliberal, antidemocrática, antisocialista; pero recordaba también la destrucción semántica de las voces corrientes o nobles. ¿Qué significa libertad en el fascismo? ¿Cómo se configura el papel del Estado bajo el totalitarismo?

    Creo, Miguel, que el neoconservadurismo español (y sus afines de otros países) no es fascismo. Llamarle neofascismo quizá sirva para expresar el repudio, pero no creo que pueda equipararse a las formas, a la expresión, a las concepciones y a la práctica del sistema mussoliniano. Ahora bien, ese neoconservadurimso tiene rasgos verdaderamente inquietantes e incluso alguno próximo: es un conservadurismo preferentemente moral que espera rehacer con liderazgo y sin complejos lo torcido, la vida muelle y la tolerancia culpable. Sigo con interés los libros de una editorial ‘neocon’ española que está publicando obras locales y extranjeras. El sello se llama Ciudadela. No se la pierdan: http://www.ciudadela.es

  8. Creo que J. Serna no debería herirse tan pronto. ¡No sea tan susceptible llamandome adolescente! No lo soy y peino canas. Mis críticas por su simplificación del marxismo son evidentes. El formato blog simplifica a la fuerza. ¿Marx en formato blog? Venga ya!

  9. Pedrito, pienso que es usted aún más inculto que Meléndez y esono me da ninguna pena. Simplemente, no quiero tener que leerle. ¿Por qué no nos libra de su presencia? O a lomejor, como decía el señor Veyrat, “si nole hacemos caso,a lo mejor se va”…Aunque nuestros buenos Kantarel.lo y Montesinos de la Cueva, son tan caballero que a lo mejor se avienen a explicarle con argumentos lo asno que puede usted llegar a ser, a pesar de la brevedad con que se expresa: ¿Tiene frenillo? Hombre, parece mentira que peine canas…No se ha enterado de nada, vida perdida.

  10. Querido Justo, tienes razón, el neoconservadurismo español no es fascismo, técnicamente hablando, “todavía”. Como no eran fascistas “todavía” los conservadores durante la República, apesar de que algunos vestían camisa parda y aclamaban a Gil Robles al grito coral de “Jefe, jefe”, lo que, como sabes bien, equivale a Duce, Caudillo o Führer. No era “todavía” fascista Calvo Sotelo,pero sí se convirtió en el “protomártir” de quienes utilizaron su cadáver exquisito para, al son de la calumnia, bien ensalivada por los predecesores de Losantos, Vidal et altera, orquestar el Golpe de Estado. Sé que técnicamente el Régimen de Franco no fué fascista (hasta ahí llegan mis conocimientos de la Ciencia Política) sino una dictadura militar dotada de un régimen civil autoritario administrado por un partido fantoche compuesto por los restos de la Falange (su Jefe Nacional legítimo, Hedilla,condenado a muerte), los ridículos requetés y los patéticos anarcosindicalista de las JONS. Pero la doctrina de José Antonio, eso que tuvimos que mamarnos los niños nacidos durante la guerra y la postguerra en la gloriosa unión dela Cruz con la Espada llamado Nacionalcatolicismo, era fascismo duro y puro, o yo ya no sé ni leer ni sentir. Lo que tú llamas “rasgos realmente inquietantes” vengo denunciándolo hace ya más de diez años, preferentemente acarca de las personalidades de Aznar y Esperanza Aguirre. Y para ejemplo tienes mi novela corta “Paulino y la Joven Muerte” que tú mismo comentaste. Yo no me refería a al exabrupto del gorila venezolano: el burdo Cháves ha vomitado brutalmente contra Aznar. Muchos se alegrarán, “por fin alguien dice la verdad”, pero no,tú tienes mucha razón, “es algo más sutil”, querido: Ojalá que no nos pille a todos con las bragas en la mano. Y con estos pelos.

  11. Otrosí, acabo de escuchar que el nada sospechoso de radicalismo, el democristiano centrista François Bayrou, en debate con Royal ha calificado a Sarkozy “como un peligro para Francia”. Parece que no soy el único, querido Justo… Y ojalá que una mayoría de la republicana Francia piense lo mismo…

  12. Estoy en Salou y leo de prisa las intervenciones en un ciber.

    A vuela pluma puedo decir que Gramsci fué el que descubrió lo de que las ideologías salen de la sociedad civil. No llegó a conceptuar que tras la conquista del poder por la clase obrera y fenecer el desarrollo de la libertad, el embrutecimiento de los comunistas detentando el poder “es inevitable”.

  13. ¿Pero Kafeina usted qué es? ¿La guardia pretoriana de J. Serna? Serna simplifica el marxismo.Y a Gramsci!

  14. Demuéstrelo,pequeño gilipollas. O cállese de una vez. Y, sí, soy la guardia pretoriana de quien me cae bien. Usted sí que es simple, mocete.(:-(

  15. Bueno, más allá de la hostilidad mutua que algunos comparecientes se profesan, sigo pensando que el fascismo como hecho histórico y a la vez como amenaza hipotética es el fenómeno relevante. Del fascismo me interesa y me repele la idea de comunidad fuerte, una entidad concebida para someter al individuo pero también para acogerlo… En ese contexto, la falta de libertad se compensa con la cohesión aparente que el sistema da…

  16. Justo Serna, admirado profesor, cher maître, no puedo estar más de acuerdo: la falta de libertad no puede compensarse con nada, jamás, jamás, ni siquiera con la falsa tranquilidad que pueda proporcionar a las masas pequeño burguesas un Estado Fuerte, y los trabajadores se han deslizado ya peligrosa pero lógicamente ante las sirenas consumistas, hacia actitudes pequeño burguesas —filisteas, como decían Marx y Lenin—. Por eso somos demócratas fundamentalistas, si ambos términos son compatibles… Por eso debemos advertir de esos peligros que tan bien denuncias.
    Pero quería en mi entrada de hoy sugerirte, cher maître, una próxima entrada-glosa acerca del magistral artículo de hoy en El País, debido a lapluma honda y brillante de Edgar Morin, un lujo que nos permitimos aún en el Siglo XXI, redactado como su propio título indica —Si yo fuera candidato— como una propuesta a la sociedad. Me gustaría que hicieses hincapie en la cita del Emilio de Russeau cuando aborda e tema de la educación: “Quiero enseñarles a vivir”. Hemos tocado ya esos asuntos de un modo muy gratificante en este blog. Gracias anticipadas.
    En cuando a los demanes de la buena moza Kafeinómana, los comprendo aunque no los justifico: Yo también detesto a los capullos y sus gratuitas capulleces ¿O se dice capulladas?

  17. Señor Serna ¿qué le parece lo que Hugo Chávez ha dicho de Aznar? Para el que no lo sepa, ¡lo ha comparado con Hitler!

  18. Veo, con una cierta extrañeza este devenir de lugares comunes al hablar sobre el comunismo, retomado, por alguno de ustedes, como aquel fantasma que recorría Europa en el XIX. Quisiera insistirles en que el camarada Gramsci fue comunista. Indudablemente. Y lo fue siempre. Que todo su trabajo intelectual se hizo desde esa óptica comunista. Que su legado fue para informar a los propios comunistas de su visión – la de él – sobre las cosas. No estaba lanzando epístolas urbi et orbi, ni estaba retractándose de nada, ni mostraba su “arrepentimiento” por su militancia.

    Viene esto porque esperaba una mirada sobre el comunismo que rompiera con los cansinos clichés que se repiten desde 1917. El abanico en el que se abre el movimiento comunista es bastante más amplio que el soplillo de un solo mango que nos propone el poder dominante. ¿O es que todos son iguales?… ¿ven ustedes al camarada Gramsci deportando chechenos?… ¿se nos olvida que los marinos de Kronstadt mueren al grito de “viva Lenin”, masacrados por miembros del Partido Bolchevique? ¿que las víctimas de las purgas de Stalin son, principalmente, los comunistas? ¿que el alzamiento de Praga se da con el total acuerdo del Partido Comunista de Checoslovaquia? ¿que Allende ocupa el poder porque el Partido Comunista de Chile le cede una presidencia que le correspondía, por número de votos, a él? ¿que Vázquez Montalbán se declaró leninista hasta el momento de su óbito?.

    La aparición de mi muy estimado don George Orwell en este post, precisamente como defensor de la libertad del individuo frente al monstruo del estado, debería recordarnos que el propio escritor participó directamente en la Guerra del 36 inscripto en las filas del Partido Obrero de Unificación Marxista. El POUM fue el primer partido comunista del mundo que no militó en el Komintern, que tenía mayor respaldo electoral que el PCE (este dato debería corroborarlo, ojo) y que, desde luego, ni era troskista (infundio lanzado por el PC aprovechando las mentiras lanzadas sobre estos otros comunistas también víctimas del stalinismo) ni una creación fascista para dividir a la clase obrera (otra patraña gestada en el PC). Fue un comunismo alternativo que encontró referentes y apoyos antes en el anarquismo internacional que en el bolchevismo ruso.

    Dado que en mi primera intervención indicaba que se tuviera bien presente que no todos los comunistas eran stalinistas y no acabo de verles matizar sus opiniones – si me equivoco, les ruego me disculpen – les suplico que tengan este punto bien presente porque en ocasiones dudo en si no estará el señor José Luís “Mentirijillas” Aceves inspirando a algún contertulio. Esto del anticomunismo – pues al fin y al cabo, de eso se trata – es una neurosis paranoide que delata debilidades mentales que hay que atajar antes de que nos conduzcan a irreversibles estados de postración intelectual. En un reaccionario es su condición mental habitual pero en quien comienza a razonar desde una derecha liberal (y de ahí hacia la izquierda) sería exigible el matiz incluso por su propia salud mental.

  19. Una alegría leerle, señor Kant: hasta cuando discrepo de parte de lo que usted dice o defiende, he de reconocer siempre su estilazo, su erudición y su argumentación. El fin del comunismo y de la URSS no sólo supuso el fin de una idea política concreta y de un régimen, de una idea y de un régimen que se pretendían duraderos e históricamente justificados y progresivos. Supuso también el fin de una cierta idea de pasado y de futuro: la quiebra de ese sentido de la historia que invocaban los marxistas (todos los marxistas) y de ese mesianismo que alimenta la idea de que es posible literalmente otra sociedad fundada sobre bases radicalmente distintas. Hoy somos todos mucho más modestos y hasta los altermundistas saben del peligro de las utopías hechas realidad. Ahora bien, quedan los problemas irresueltos, las penalidades por las que pasa una parte numerosa de la humanidad: quedan las preguntas aunque las respuestas de Marx y de sus seguidores no sean exactamente correctas. Sin embargo, como dijo François Furet en El pasado de una ilusión, el fiasco del experimento no vacuna, pues la esperanza revolucionaria (el deseo de reparar de una vez y radicalmente lo dañado, lo torcido) no acabará: la inseguridad (o la incertidumbre) es insoportable y, por ello, nuevos analistas y nuevos profetas se alzarán con nuevos artificios ideológicos. En otros términos, nuevas “ilusiones” aparecerán y con ellas se pensará en un futuro y en una sociedad alternativas (ucronía-utopía) que reemplacen la miseria o la mediocridad. Y si no, al tiempo…

  20. Esta mañana, Miguel Veyrat me interpelaba y me recomendaba la lectura de un artículo de Edgar Morin en ‘El País’. Fíjense qué casualidad: me ha pillado esa recomendación leyendo el último libro de Morin traducido al castellano: Breve historia de la barbarie en Occidente (Paidós). Frente a Veyrat, yo tengo menos entusiasmo por Morin, pero no porque no esté de acuerdo en lo básico, sino porque no me parece la suya una contribución especialmente novedosa: su libro (este que les he citado) y el artículo de prensa son bienintencionados, compendian unas ideas archisabidas (que no siempre se aceptan, eso sí) y dejan al autor colocado en una superioridad moral algo declamatoria. Pero, supongo, que Miguel Veyrat sabrá perdonarme…

  21. Querido Justo, lo declamatorio y retórico son patrimonio de Francia y los franceses. Morin, en contra de tu opinión es y ha sido un auténtico maître à penser para varias generaciones y movimientos alternativos fracasados y/o vigentes al ralenti en nuestros días, como el situacionismo patrocinado por Vaneigem, y que fue la única consecuecia coherente del Mai’68, aplastado porque ni los propios franceses se dieron cuenta del instrumento precioso que habían generado con el concurso de la “Unité étudiants-ouvriers”. Léelo con atención dejando aparte los pocos prejuicios que sé que tienes frente a todo lo que suene a anarquista o a comunismo libertario. Especialmente L’esprit du temps en sus dos tomos, Nécrose y Névrose.
    Querido Kant, gracias por el valor de recuperar públicamente el hondo nombre de camarada (de cama en el monte, durmiendo al raso entre maquis olorosos y romeros y tomillos,pólvora y sangre: el 25 de septiembre celebré en Palermo la fiesta nacional italiana, que conmemora la victoria de los partisanossobre las tropas nazis cantan el Bella Ciao frente a un acantilado), por elsentido de tu alegato y por rendir justicia al traicionado Lenin, tan traicionado como lo fuera Trotski, el fundador del ejército rojo, en su día. No,yo no estoy vacunado, y me moriré como mi viejo camarada Vázquez Montalbán, irredento.

  22. La verdad es que es una alegría leer a Kant, tiene razón Justo Serna, independientemente de que discrepemos o no de sus argumentaciones; me gustaría poder rebatir algo de lo que dice, pero me es imposible, coincido en todo lo que dice; gracias por matizar, por resaltar que no todos los comunistas fueron ni son estalinistas, creo que esta idea nos debería quedar clara.

  23. Señor Serna otra vez. ¿Qué le parece lo que Hugo Chávez ha dicho de Aznar? Para el que no lo sepa, ¡lo ha comparado con Hitler!

  24. Señor “Alumno enmascarado”: lo dicho por el señor Chávez me parece simplemente intolerable, excesivo, un ultraje: algo impensable en las relaciones diplomáticas salvo que se quiera atacar ´directamente o se pierdan los concordantes.

  25. Sí, es intolerable, aunque sea verdad. Aunque pienso que Chávez, un militar inculto, hubiese debido compararlo con Ante Pavelic, el jefe del fascio croata. Tanto Hitler como Mussolini eran anticlericales.

  26. Creo que Antonio Gramsci, quizás, por la riqueza de sus aportaciones, por lo que dijo y por lo que sugirió, es autor que mantiene actualidad. Está claro que no podemos pretender que sus esquemas conceptuales se adapten sin más a la realidad de nuestras relaciones, no podemos tampoco interpretar su pensamiento fuera de sus rieles históricos, pero si Gramsci pertenece a los clásicos, es quizás, porque su obra nos puede ayudar a comprender nuestro presente, por ejemplo, su concepto de hegemonía puede seguir siendo útil para el análisis político actual. Podríamos estar haciéndole un flaco favor a un pensador como Gramsci, partidario de un historicismo radical, si adoptáramos sin más y por las bravas su pensamiento a los tiempos en que vivimos, sin embargo, creo que los autores clásicos nos sirven en nuestras reflexiones actuales si somos capaces de extraer aquellos elementos más útiles de su pensamiento, para luego pensar en como usarlos a la hora de adoptar soluciones a los problemas sociales actuales.
    Como dice Justo,” Es probable que los jóvenes de hoy lo ignoren casi todo del fascismo… pero hay rasgos de dicha concepción o sistema que persisten o que pueden reaparecer: el culto de la tradición como escapismo antimoderno”, creo que es precisamente por este motivo por el que hay que releer a los clásicos como Gramsci y preguntarse si sus reflexiones nos pueden servir hoy para el diagnóstico crítico de nuestras democracias.
    Justo, gracias, por esa nueva antología.

  27. Les agradezco la comprensión por mi postura (aunque no todos la compartan). Creo que es importante deslindar la idea del comunismo que se fragua con Marx y Engels de la del fracaso de la Unión Soviética. Sería tan absurdo como considerar que Mao tenía razón sólo porque China se ha convertido en un gigante económico del capitalismo más salvaje o que, dada la caída de Constantinopla, hace más de quinientos años que podíamos habernos olvidado de Sócrates (o de Platón, don David, o de Platón).
    En los años 80 tanto en Polonia como en la URSS surgieron grupos de intelectuales que comenzaron a expresar la imperiosa necesidad de incorporar la idea de Libertad a la de Igualdad; que ésta debía revisarse porque la interpretación soviética era falaz y estéril; y que la solidaridad – la fraternidad – debía convertirse en un nuevo elemento de reflexión y avance social. ¡Sapristi!… Libertad, Igualdad y Fraternidad… ¿no les suena? Sí, es eso que no tenemos en Occidente, con nuestra Libertad sometida a la Seguridad, la Igualdad convertida en pantomima cada vez que vemos un cayuco y la Fraternidad que no pasa de ser el nombre de una compañía privada de seguros.
    Claro, no hubo tiempo para revisar nada. Occidente no lo permitió. Hizo bien: urgía la Democracia, urgía Yelstein, urgía Putin… todo un muestrario de héroes demócratas. Probos tiranicidas, espejo de las naciones, inspiración del mundo. Toda una lección de progreso.
    Pero Gramsci, ¡que contrariedad! sigue viviendo en sus textos. Y Marx y Engels. Y la realidad sigue siendo tan tozuda como la veía Lenin (yo les recomendaría la lectura del perfil de este personaje que traza Gorbachov – una persona sin tacha para el mismo Occidente – y verán qué Lenin tan diferente les aparece respecto al espantajo comeviejas-asustaniños-quemacuras que hoy día nos siguen presentando). En fin, que la idea comunista sigue existiendo. Las ideas no se matan: “matareis al bufón, no a la risa”.
    Es evidente que es una idea fracasada y periclitada en su planteamiento ruso… pero no olvidemos que no era ese el objetivo de sus fundadores (antes bien, ya advirtieron que en Rusia y China jamás triunfarían… como así ha sido). ¿Ha fracasado su fermento intelectual? ¿es absurdo lo que nos propone Gramsci?… ustedes mismos…
    Hombre, don Justo, no creo que quebrara demasiado la idea de Marx del sentido de la historia, so pena que quebrara con ella Hegel y, de paso Occidente (aunque, ahora que lo pienso… tal vez sí…), pero, sin lugar a dudas, el neocomunismo debería proceder a limpiarse de mesianismos y utopismos en su praxis, a incorporar la pluralidad y la discrepancia en ella y a desarrollar valores que antiguos enemigos suyos aportaron con mejor suerte (liberales y libertarios, por ejemplo) en su propio corpus teórico. A ver si ahora vamos a exigirle al marxismo la perfección teórico-práctica y ¡hasta una capacidad mágica de predicción del futuro! que no pedimos para nadie más.
    Por otra parte, esta idea de, “mejor si no somos ambiciosos”, que quiere… me resulta algo rancia. Supongo que el señor Furet habrá recapacitado que si no se hubieran generado motores ilusionantes de cambio (y digo ilusionantes porque incluyo a los ilusos – un genero de idiotas a los que pertenezco por derecho propio – que creían que cambiar el mundo es posible), los Estados Unidos serían las Indias Occidentales de Su Graciosa Majestad Británica y Francia una agradable finca de algún Borbón. Afortunadamente Rusia ha vuelto a ser lo que debía, el hogar del Padrecito.
    Son los profetas de la mediocridad, los de “lo pequeño es bello”, los que embotan las sociedades y adocenan, los que las privan de su voluntad de poder – Nietzsche me acoja – relegando los grandes objetivos a objetivos asumibles… asumibles por el mismo poder que se dice combatir, o sea, Gatopardos, que quieren que todo cambie para que todo siga igual. Son los que arman artificios guiñolescos para preservar la buena conciencia de las buenas gentes, los que prefieren que el Banco Mundial patrocine las ONG antes de liberar al Tercer Mundo de las pintorescas interpretaciones económicas del FMI, los que aspiran a una buena miseria mañana (“detrás de mi, el diluvio”) antes que una conmoción de su cómodo hoy.
    Quieran los Dioses Inmortales que Occidente sea capaz de generar alguna nueva ilusión para conmover las conciencias de sus ciudadanos, presencias reales en sus vidas – Steiner me valga – que nos permitan levantar la cabeza y mirar a un futuro distinto porqué el Islam, por ejemplo, ya lo está haciendo y, en cambio, aquí, sólo escucho el eco sordo de una postmodernidad vacua y desorientada, incapaz de albergar ninguna esperanza para nadie.

  28. Ay, señoras y señores… me dan estos arrebatos y ustedes no me piden moderación y hala, ahí va todo, al montón. sí estoy yo…

    Me he dejado algunas cosillas en mi explosión – más que en mi exposición – anterior pero no querría pasar por alto tres cosas. La primera felicitar al señor Serna y al señor Pons por su previsiblemente soberbia Antología, los conozco a ambos y puedo estar bien seguro de ello.

    La segunda, agradecer a doña Julia Puig la mesura y claridad de sus palabras, bastante más convincentes que las mías, seguro, aunque ella no coincidiese con todo mi, ay, demasiado largo discurso.

    Y la tercera, quisiera aportarles una prueba tangible de ese movimiento intelectual nacido en las postrimerías de la URSS dentro del propio sistema porque, dices esto hoy y nadie se lo cree – me recuerda el tren cargado de cadáveres que pasó por Macondo – me refiero a El comunismo en la encrucijada, de Adam Schaff, un intelectual polaco al que, por cierto, la última vez que vi en cuerpo mortal iba del brazo del señor Alfonso Guerra por la España de los 80.

  29. Y ya que estoy viviendo un alocado ataque de incontinencia verbal, decirle a doña Francisca (Fuca para uds.) que yo también querría discrepar con usted para hacerme algún cruce de aceros… pero no hay manera… ¡qué le vamos a hacer!…

    Les dejo en paz de una. Tengan ustedes muy buenas noches.

  30. “Quieran los Dioses Inmortales que Occidente sea capaz de generar alguna nueva ilusión para conmover las conciencias de sus ciudadanos, presencias reales en sus vidas – Steiner me valga – que nos permitan levantar la cabeza y mirar a un futuro distinto porqué el Islam, por ejemplo, ya lo está haciendo y, en cambio, aquí, sólo escucho el eco sordo de una postmodernidad vacua y desorientada, incapaz de albergar ninguna esperanza para nadie”, dice Kant.

    No, no. Permítame, señor Kant, pero no estoy de acuerdo. No me gustan nada las ilusiones, por muy euforizantes que sean. Prefiero un Occidente de principios irónicamente marchitos a un islam de valores prístinos. Eso sí:si hay que defenderse, se defiende uno con convicción. Hace muchos años, quizá en sus horas bajas, Ernest Gellner decía preferir el empeño axiológico del fundamentalismo musulmán a la ironía estéril de los posmodernos. Luego, en su último libro, se retractó para volver a reivindicar el liberalismo, algo bien distinto de lo que defienden los ‘teocons’.

  31. Permítanme volver a algún comentario del principio y a lo que me sugiere el artículo de Serna. Hay personas que parecen sufrir una especie de reacción atávica cada vez que se habla en términos medianamente elogiosos de algún marxista. De inmediato aparece el miedo a quiénes hablaron de acabar con un modo de producción que explota miserablemente al pueblo y se exige un acto de contrición por los crímenes del comunismo. Relacionar a Gramsci con el estalinismo es como culpar a Erasmo o Moro de los crímenes de la Inquisición. ¿Alguien se atrevería a equiparar a Hans Kung, Boff o Jon Sobrino con fanáticos como Ratzinger?

    No voy a meterme en la polémica entre Kafeína y Joaquín. Recuerdo un artículo de Savater en el que saliendo al paso de las críticas de un tal Carandel a Cioran decía que éste no era ninguna frágil damisela que hubiera que defender. Serna se defiende muy bien por sí mismo. Unicamente le diría a Joaquín qué explique dónde y cómo se simplifica el marxismo y a Gramsci en este artículo; solo así pueden justificarse sus aseveraciones y dará ocasión a que se origine un debate de ideas y no una sucesión de insultos.

    La actualidad de Gramsci me parece incuestionable, él es quién devuelve a la clase obrera el protagonismo que le había arrebatado el determinismo marxista que hablaba de la revolución como un hecho mecánico. A mi me interesó especialmente por sus estudios de Maquiavelo al que integra en el patrimonio de la izquierda acabando con la reputación siniestra del genial secretario florentino.

    Al final del libro de David Montesinos se habla de la necesidad de desenmascarar a la sociedad que ha convertido al ciudadano en consumidor; reclama, como tarea del intelectual (idea muy gramsciana), la crítica del neoliberalismo que ha socavado los cimientos del Estado social y de derecho. En la lucha contra el pensamiento único que ha desactivado al ciudadano Gramsci tiene mucho que decirnos: para romper esa hegemonía cultural la clase obrera debe ir conquistando espacios en la sociedad civil que socaven la mentalidad consumista transformándola en ayuda mutua y conciencia solidaria. El partido, moderno príncipe, orienta como “intelectual colectivo” la construcción del nuevo poder pero está subordinado a las aspiraciones reales de la clase trabajadora y no al revés. El auténtico órgano en el que se ejerce la democracia directa y por cuya praxis se crea la nueva conciencia hegemónica serán los consejos obreros. Desde las aulas intentaremos hacer lo posible por crear esa nueva conciencia.

    Personalmente no estoy dispuesto a atemperar el autoritarismo del sistema mussoliniano; quien dude de su brutalidad puede leer a Angelo Tasca a ver que le parece. Cierto que el aspecto racial le diferencia del nacionalsocialismo aunque no sé que opinaría sobre esto Primo Levi. Según Gramsci la esencia del fascismo es una dictadura armada al servicio de la plutocracia capitalista. ¿No fue el franquismo una dictadura fascistizada al servicio de las viejas clases dominantes? El debate sobre la naturaleza fascista del franquismo siempre me ha parecido una cuestión nominal que ocultaba intereses oscuros. Al imponerse el criterio de que era solo un régimen autoritario y no fascista quedaba legitimada la opción reformista frente al rupturismo durante la Transición. El consenso no hizo sino generar un sistema de oligarquía de partidos y de esos polvos han devenido los actuales lodos con las evidentes carencias democráticas de nuestra bonita monarquía parlamentaria. Si “aquello” no fue fascismo “esto” tampoco es democracia.

  32. ¡Cómo vamos a pedirle moderación, Señor Kant! Es un verdadero placer leerle, profundo y convencido y asistir a su arrepentimiento posterior en que nos solicita que le privemos de esa libertad verbal, que practica con arrebato. Es una incontinencia que nos ilustra a todos; una incontinencia que padezco de igual modo, pero que, en mi caso, es sólo eso, mera incontinencia. Y que Justo discrepe es magnífico porque así asistimos más y más a su juego dialéctico. Un verdadero placer.

    Estoy aquí, sentadita y encantada de contemplar su discusión inteligente y brillante y, como suelo estar de acuerdo con Fuca (Francisca para usted), de rebote, lo estoy con usted en casi todo.

    Justo, las ilusiones, por serlo, no quiere decir que sean vanas ¿no? hay algunas que se cumplen y esa euforia de llevarlas a cabo, de luchar por ellas ha movido montañas. La convicción, la razón y la mesura son indispensables, pero, en mi caso, nada puede hacerse sin ilusión. Quizás no podamos lograr un mundo mejor (sobre todo mientras no nos pongamos de acuerdo en qué es lo mejor), pero sí que no empeore. Algo es algo.

    Gracias a ambos y gracias por éste espacio, sobre todo.

  33. Como veo que esta discusión aún sigue, he decidido retrasar la publicación del nuevo post hasta esta tarde: a las 17, la hora de los toros. Creo que hay asuntos que han aparecido en las últimas intervenciones que merecen aún cierto desarrollo o réplica. ¿No es cierto? Y una de ellas es el marxismo como ilusión: al margen de la indudable capacidad de análisis de Marx o de Gramsci, autores capaces de examinar lo real con empeño vehemente, erudito y provechoso, lo cierto es que el marxismo es una de las ilusiones políticas: como deseo y como autoengaño. La política marxista inspirada o tutelada por los Partidos Comunistas ha sido desastrosa y esa deriva no se da sólo por la circunstancia internacional o la coyuntura diplomática o bélica, sino por la concepción de la política que había en Marx (como nos recordaba Miguel Veyrat): no había una concepción de la política –no está desarrollada en El capital–, pero la poca que había (por ejemplo, en las útimas páginas del Manifiesto Comunista) era totalmente ajena a una idea de democracia: la idea y la realidad de los derechos fueron además severamente criticadas por Marx. De ahí procederían las críticas de los viejos y duros marxistas a la “democracia formal”. El origen del totalitarismo soviético no está en Stalin: está en Lenin, constructor de la dictadura del proletariado, y está en Trotsky, gran comandante del implacable ejército rojo (como recordaba Kant).

  34. Tras largos años, Justo lo sabe, esperando este glorioso suceso y espantando Trolls, asisto feliz al estallido (Kant dixit) de este auténtico debate de ideas al que pocos granos puedo añadir, pues me siento identificado con Nel.lo Cantarell más de lo que quisiera: Porque me rejuvenece de modo casi planetario y no sé si mis viejas neuronas (y hormonas, ¿por qué no?) lo resistirán. Gracias, Kant, creí que ya no había esperanza.
    Gracias también a Julia, creo que olvidaste por inadvertencia quizás que tanto o más hondo y significativo del análisis de Gramsci sobre el mundo real es la observación acerca de la creciente, en sus días, hoy ya completado el ciclo, alienación de los profesionales, hasta nuestros días globales brazo auxiliar del poder capitalista y hoy en día poderosa palanca de la clase obrera que así hereda unas superestructuras técnicas y culturales bien preparadas y conocedoras de su antagonista, de las que carecía.
    Justo, el Che, cuyas ideas (no sus iconos simplificados) siguen vigentes, decía justamente —y eso le perdió, causó su exilio y muerte— que la Revolución, así, con mayúsculas, no la harían los Partidos sino los militantes. Uno a uno, una a uno.

    Rompe los códigos, compañero
    Inventa un lenguaje nuevo
    Donde uno más uno más uno,
    La torre horizontal del viento.

    Debemos recuperar al mejor Marx, al mejor Engels y recuperar el concepto de “Hombre Nuevo”, degradado por el cristianismo.

  35. Miguel, te agradezco el empuje y el ánimo con que estimulas el debate. Por eso he de ser sincero y decir que miedo me da el concepto de ‘hombre nuevo’ que propones o repropones. Pero no porque lo haya degradado el cristianismo, sino porque ése ha sido el reclamo ideológico principal de los totalitarismos del siglo XX. El bolchevismo esperó destruir la condición egoísta, voraz, insana del hombre capitalista; con otros ingredientes, también el fascismo se propuso rehacer el fuste torcido de la humanidad muelle, pacifista, liberal, democrática y socialista. No, ese concepto (‘hombre nuevo’) se basa en una idea ortopédica especialmente dañina que, desde el escepticismo tolerante, no podemos tolerar: se fundamenta en un residuo teológico de la Ilustración continental, el de la perfectibilidad humana. Los ilustrados escoceses, desde luego, no creyeron en tal cosa. David Hume, por ejemplo: el gran Hume. Lean sus Ensayos políticos‘. O lean De mi propia vida (que el señor Kant me regaló: gracias).

  36. El concepto ya degradado de Hombre Nuevo, en efecto fue utilizado por todos los totalitarismos en su aspecto más putrefacto, el de los orígenes cristianos de sus primeros pensadores. No es ese, realmente, el que preconizaron los auténticos fundadores del socialismo y la francmasonería progresista (no la deísta, sino la revolucionaria, la que inventó el mottto de Libertad, Igualdad, Fraternidad, para que Mariana lo empuñara), basado sobre todo en unas posible y revolucionarios condiciones morales de un hombre contaminación de las superestructuras religiosas y culturales derivadas de la dominación por razón de sexo o clase. Un hombre veraz, seguro de su fuerza creadora, no alienado por ninguna clase de explotación, solidario y fraternal, nacerá de un camino que comenzó a ser dibujado y sobre el que cayeron negros borrones de tormenta estaliniana apartándolo de la voluntad primigenia. El camino es un fin en sí mismo, no una meta, Justo. Y de eso hablo. La sentencia de Machado, mal interpetada y reproducida a causa de una desgraciada errata en la primera edición, dice que “Camino se hace el andar”. (no “al” andar, lo que cambia el sentido radicalmente)

  37. Me abruman ustedes, los que me abruman, y se lo agradezco porque me va muy bien para alimentar mi insaciable egolatría diogénica. Y agradezco igualmente al señor Serna su disposición para retrasar hasta la taurina hora su nuevo post pues quisiera hacer alguna apostilla final.

    No quise dar a entender – y esto querría dejarlo meridianamente claro – que si alertaba sobre el avance del Islam en el mundo lo hacía por una preferencia, como la de Ernest Gellner en un momento dado, hacia esa religión totalitaria. Me expresé mal pues, don Justo, discúlpeme. Me refería a que, visto lo que aporta Occidente al Tercer Mundo, ¡quién de él puede creer ya en sus valores?

    Por estas cosas de la vida he tenido la oportunidad de viajar por África, Latinoamérica y Rusia. He visto in situ el impacto del actual sistema económico de globalización y de pensamiento postmoderno en la vida cotidiana de las personas corrientes. ¿Qué podemos esperar tras el espectáculo diario que damos de doble moral y rapiña económica?. Claro: islamismo, bolivarianismo y nacionalismo ruso… en cualquier caso intransigencia, comprensible (aunque no por ello compartible) pero intransigencia lógica ante una explotación absolutamente desproporcionada, inconmesurable y criminal en todas partes.

    Quisiera decir algo – permítame, don Miguel – sobre el “hombre nuevo”. Independientemente de que el concepto yo lo cambiaría por “nueva humanidad”, quisiera volver con el señor Nietzsche y citándolo de memoria, recuperar aquella frase que decía “el ser humano es un puente tendido entre el mono y el súper hombre”. Es lamentable que el nazismo, con su pensamiento en zapatillas, extrapolara la idea (bueno, como tantas otras de don Friedrich) y la convirtiese en un justificante de su “solución final” pero no por eso pierde su valor indicativo y original. La humanidad, como cualquier otro ser vivo del planeta, evoluciona, que lo haga en un sentido o en otro no viene determinado ni por ningún “destino en lo universal” ni en ninguna información genética, es producto de su cultura y su educación. Las intransigencias de las que hablaba más arriba generan sus propios sistemas culturales y educativos, aportan su esfuerzo a conformar al ser humano de una determinada manera. Nosotros, incapaces de emocionarnos con nada nuestro, indolentes ante nuestro propio fracaso intelectual, avergonzados de nuestro patético papel internacional ¿qué hacemos?… esperamos, como en el poema de Kavafis, la llegada de los bárbaros.

    Y sin embargo, los bárbaros, los intransigentes, ya los tenemos dentro: neocatólicos inquisitoriales, mayorías morales evangelistas, diseño inteligente, persecución a la ciencia genética, imposturas filosóficas, vergüenzas sociales a expresarse sin atentar a lo políticamente correcto, espirales de silencio… ¿seguimos esperando? ¿confiamos en nuestro liberalismo incompleto, imperfecto e inaplicado más allá de nuestras disquisiciones teóricas?

    Les propongo una reflexión: el poder – las clases dominantes y las dirigentes – temió la Razón cuando percibió que la Ilustración tenía una aplicación práctica y política que excedía, con mucho, el Despotismo Ilustrado, así que alentó lo Irracional de la mano del Romanticismo (definido por lord Russell). Entreverados, pugnando en ocasiones y en otras confundidos Romanticismo e Ilustración fueron las vías sobre las que Occidente – con sus grandezas y miserias – se movió desde el XVII-XVIII hasta la Segunda Guerra Mundial.

    Pero el precio de esa dicotomía fue demasiado alto, el peligro superado – el nazismo – demasiado grande y el generado – el estalinismo – excesivamente poderoso. ¿Qué hacer? (y perdón por la cita leninista…) La postguerra mundial fue un laberinto de impotencias y contradicciones que sólo podía acabar en la revuelta del 68. Punto y final, no se podía seguir por ahí, con 250 años había suficiente. Ya no se podía seguir jugando con fuego: el pensamiento es fuego. Ni Razón conducente a una democracia real y universal, ni Sinrazón conducente a totalitarismos antilibrecambistas. Apaguemos el fuego. Dejemos que los ciudadanos continúen pensando.

    Así, tras el 68, se lanza al mercado del pensamiento la Postmodernidad. Los intelectuales orgánicos la adquieren con fruición (les va en ello la nómina), los medios de comunicación impulsan alegremente (responden al interés de sus propietarios, miembros del poder) y el sistema económico asume (obviamente). La moda, gastronomía, publicidad, artes conceptuales y “mestizaje” inundan, desde los 80, las prioridades en el consumo cultural. Y la juventud, o sea, el fermento del pensamiento y la sociedad futura, se domeña a través de las subvenciones públicas… Y en Occidente, sí, se deja de pensar, se acepta lo que hay como el menor de los males.

    La resignación social y el hedonismo consumista se convierte en nuestra bandera ¿o no?… esa hipoteca… ese viaje a Bali… la pantalla extraplana… el móvil de última generación… Pero en el resto del mundo, no. Y ante la ausencia de valores laicos, progresistas, científicos, democráticos, convivenciales, pluriculturales, dialogantes, emancipadores… la ausencia de las presencias reales de Occidente… ante la ausencia de la Razón y el descrédito de la Pasión ¿qué queda?… “otras” presencias reales. Presencias primitivas, sí, preilustradas, sí, pero reales y bien concretas. Porque el ser humano no puede vivir sin sentirse conmovido, apasionado, ilusionado por algo…

    Bueno, en Occidente aún queda el balompié… en eso aún somos modelo de algo. ¿No les parece amables contertulios?

    PS para el señor Veyrat: hermosísimo poema, ilustre polígrafo, hermosísimo.

  38. Gracias, pensador no menos ilustre. Llevo años de lamentaciones jeremíacas acerca de la ausencia de teóricos… diciendo que nadie ha pensado en la transformación del mundo desde Gramsci. No me valen, como a ti, ni el pensiero debole ni las pamemas postpostoffoffmodernidad de los nuevos filósofos. Solamente, creo que, empuñando y perfecccionando, depurando, sí, la herramienta materialista histórica (Ojo, no dialéctica, trampa hecha Sistema de Pensamiento) lograremos repensar el mundo con el capital ya globalizado que sigue sin repartir plusvalías si no son de pobreza.
    Ese poema, dedicado “A los hijos de Tupác Amaru” en tiempos en que eran una esperanza para la construcción revolucionaria del socialismo en América Latina, aparecerá de nuevo en la reedición que prepara La Lucerna en Palma de Mallorca de mi viejo libro “El Incendiario”. Me hace feliz que te haya llegado tan hondo. Úsalo para lo que está hecho, para la más genuida propaganda del corazón (que reside en la mente, no en el pecho,ni en el bolsillo derecho de la americana, como creen los filisteos). Te regalo los derechos de autor, camarada.

  39. Qué curiosa coincidencia con Nietzsche y el superhombre, con el ‘hombre nuevo’ o con la ‘nueva humanidad’: esta misma mañana, Anaclet Pons y yo batallábamos con el ‘superuomo’, en esa traducción que estamos haciendo de Gramsci (el superuomo aparece en el apartado de los Quaderni del Carcere que dedica a la literatura popular). Estas ideas fertilizaron, años después, las investigaciones de Umberto Eco: su maravillo ensayo dedicado a il superuomo di massa es un desarrollo crítico de las concepciones gramscianas, tan inteligentes y discutibles. Pero creo que en este punto Gramsci no lleva razón: atribuye el éxito de esa noción (superhombre) a la novela de folletín y, por tanto, empareja a Nietzsche con Eugène Sue. No, no y mil veces no. El superhombre nietzscheano no es un conductor de masas, no es Montecristo ni pupula entre los bajos fondos de París: es, sí, un ‘hombre nuevo’ que se desembaraza de los colectivismos y de las coerciones morales que la religión y sus sucedáneos nos imponen. Es alguien que ha sabido negar las pertenencias y las dependencias, que se erige en su propio juez y valedor, que se sabe ajeno a las restricciones de la masa. Es fácil confundir a este superhombre con el dictador providencial, pero es ciertamente un error. Según la imagen más difundida, el dictador es un hombre nacido del pueblo que posee ciertas cualidades que lo hacen irrepetible. Posee aura y, por eso, se eleva por encima del populacho, a quien guía y tutela, a quien sirve de ejemplo e ilustración. El superhombre nietzscheano (que tiene, lamentablemente, indudables resabio machistas, mal que nos pese) es un individuo que se sabe individuo, desprovisto de nación y hacedor de sí mismo…

  40. Exacto, Justo. Este es mi Justo, encaminado. Empezamos a coincidir.Y me alegro. Cuando camino se hace “el” andar. Y siento estar tan Zen, pero es que vosotros lo explicáis muchísimo mejor, queridos saltamontes.

  41. Queridos amigos, por problemas de intendencia y puesta a punto, el post previsto para las 17 horas de hoy se retrasa hasta las 20 horas. Tres horas, pues. Espero no defraudarles después de esta demora.

    Gracias por la comprensión.

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