Los profesores no son culpables

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Uno de los lectores habituales de este blog, el señor Kant, nos abandona por unos días rumbo a Latveria, un frío país centroeuropeo… ¿de ensueño, de fantasía? Lo echaremos en falta. Otra de las personas habituales de esta bitácora, la señora Fuca, se despide por unas semanas camino de la playa, que imagino templada y gallega. Entre Latveria y la costa, algunos nos quedamos irremediablemente en este lugar, incluso sin habernos dado el primer chapuzón. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio en esta ciudad, me digo. Aún nos quedan  tareas que cumplir, trabajos por corregir, calificaciones por poner,  comisiones en las que estar,  investigaciones (las viejas tesinas) que leer. La burocracia hace que todo ello se concentre al final. No es nuestra desidia: es la fatalidad de cada fin de curso universitario. 

Aunque vamos completando esas labores, con empeño y responsabilidad, uno siempre tiene  la impresión de estar en falta. Cuando llegue el veintitantos de julio  –insisto: el veintimuchos de julio–, espero haber hecho todo lo que debía hacer, que es  bastante, deseando que no quede nada a medias. Aun así, los profesores de este o de aquel nivel, seguiremos cargando con la pésima fama que tenemos: que si vivimos como obispos, que si nos pagan con largueza, que si lo que hacemos otro lo podría hacer con la gorra y en un plis-plas. Hablando en concreto del mundo universitario, Anaclet Pons lo dice mucho mejor que yo en su blog: el primer párrafo de su  entrada sintetiza a la perfección y con guasa el tópico con el que se  nos caricaturiza.  En efecto, los profesores siempre somos culpables y, por hache o por be, no nos merecemos lo que tenemos. 

Cuando acabe este curso cumpliré veinte años impartiendo clases en la Facultad de Historia, veinte años de docencia ininterrumpida. Salvo breves estancias en el extranjero o en congresos inevitables o en algunas conferencias a las que he sido amablemente invitado, lo cierto es que no he dejado de acudir a mis clases durante dos décadas. ¿Por condena? No, por elección. Me gusta la docencia y, a la vez, no me entusiasma viajar. Sé que esto no me granjeará la admiración de nadie: no sé por qué, pero el caso es que siempre he preferido leer o ver películas a viajar físicamente. Quizá por eso ha sido una bendición la difusión de Internet. Puede uno desplazarse electrónicamente sin tener que salir mucho, sin tener que decir aquello que proclamaba Claude Lévi-Strauss al principio de Tristes trópicos: “odio los viajes y los exploradores. Y he aquí que me dispongo a relatar mis exploraciones”. Mis exploraciones viajeras son escuetas y, sin duda, las he sustituido por  la docencia y por la página impresa…

Días atrás, cuando le mencionaba a mi padre que se cumplen ahora veinte años de docencia,  me recordó lo que yo decía en 1987, algo que había olvidado por completo y que él, sin embargo, me pudo reproducir literalmente: qué suerte tengo de hacer lo que me gusta y de que encima me paguen. Desde luego ahora no digo exactamente lo mismo: desde luego no pagan con largueza;  hay cansancio acumulado;  hay momentos de duda,  esos en los que no siempre sabes transmitir bien y no siempre se te escucha o se te entiende; te decepcionan ciertas tareas burocráticas… Pero echas un vistazo y te dices: no, no soy culpable.

Continuará…, el viernes, con una nueva entrada, en ese caso dedicada a los Intelectuales.

0 comentarios

  1. Sr. Serna. No está usted solo en este páramo.No soy enseñante,pero también tengo unas obligaciones que me retendrán el verano en la ciudad.Un ventilador,(los más ricos,aire acondicionado).un abanico,una horchata vespertina, nos pueden ayudar a sobrellevar la canícula.Le invito.Porque tendrá,como yo, alguna hora libre.

  2. Bueno, es lo mismo que dije al empezar mi primer trabajo como periodista. Sentí lo contrario cuando empecé a entender lo que es la alienación. Enhorabuena por los veinte años de docencia. Puede estar orgulloso. Hace tiempo que no sé lo que son las vacaciones: los escritores lo somos durante 2 horas al día, minuto más o menos.

  3. Señor Justo: y ¿para qué viajar si tenemos la lectura y la dosis de imaginación que ella provoca? Como ya pensaba Aristóteles, la ficción mimética de la literatura es la mejor movilización fantástica que existe. Uy, qué profundo me vuelto. Un abrazo y felicidades por tu veintena como Maestro.

  4. Estoy de acuerdo contigo, Justo Serna, la mayoría de los profesores no somos culpables de la fama que tenemos; nos echan en cara nuestras vacaciones, nuestros sueldos, nuestros horarios…, está claro que esas personas nunca se pusieron en nuestra piel, nunca comprendieron que el horario de un profesor no termina cuando llega a casa, que el permanente contacto con seres humanos produce un desgaste psicológico que convierte a las personas que nos dedicamos a esta profesión en principales candidatos a depresiones, ansiedades y estrés. Llevo más años que tú dedicada a la docencia, pude quedarme en la Universidad cuando acabé la carrera pero preferí relacionarme con personas más jóvenes, con adolescentes, con mozos de 15 a 18 años, esos que se rebelan contra sus padres, contra sus profesores y contra el mundo en general, esos de los que la mayoría de los padres se quejan de que no hay quien los aguante…, yo me entiendo con ellos, nunca tuve ningún problema, la mayoría son rebeldes receptivos, nunca me arrepentí de dedicarme a esta profesión. Yo también digo lo mismo que tú, Justo, qué suerte tenemos de hacer lo que nos gusta y de que encima nos paguen; si volviera a tener 22 años, que fue cuando comencé en esta profesión, me dedicaría a esto mismo, lo tengo clarísimo.

    Y sí, Justo, sí me voy dentro de una semana a una playa más templada que la de Coruña, a una playa gallega famosa por un personaje que, curiosamente, sale en la foto del enlace que nos adjuntas. Ya ves, no se pueden elegir las compañías en los lugares públicos. En lo que diferimos es en los gustos, a mí me gusta mucho viajar, aunque últimamente lo tengo un poco abandonado; también yo leo mucho, pero no es lo mismo viajar con la imaginación que hacerlo en la realidad.

  5. Me gusta mucho viajar; me gusta mucho leer (leer es algo sin lo que no puedo vivir, como no puedo vivir sin música -hacerla y oírla- y sin escribir. Tengo muchas necesidades yo :-)) y me encanta estar con jóvenes, con los que me entiendo divinamente, pero no me gusta enseñar, sobre todo por algo que no mencionan, porque hay que soportar a los padres, el colectivo más intransigente y más retrógrado que existe.

    Yo voto porque tengáis, además de tres meses de verdad de verano, como antes, un año sabático cada cinco, como el año de barbecho en que se deje la tierra para que descanse y se nutra, que de ahí viene la cosa y pluses por estrés y una estatua y una placa a cada paso.

    Fuca, yo tengo un amigo psiquiatra, especialista en jóvenes (él sí, él trata niños asesinos, psicópatas etc.) y me dice que donde hay más depresión y más patologías es en tres estamentos, a saber: los cirujanos (abrir la tripa o el pecho a alguien es algo a lo que parece que jamás se acostumbran, ¡los camareros! Resulta que mantener la bandeja en equilibrio, recordar los pedidos y demás zarandajas es algo que produce muchísima más tensión que salir solo a un escenario a dar el do de pecho o a tocar una suite para cello solo de Bach y… los profesores. A poco responsables que seáis, tiene que ser la repera lo vuestro.

    ¡Subida de sueldo, año sabático, más consideración y vacaciones para los profesores ¡¡¡ya!!! !

    Yo no tengo vacaciones éste año. No puedo irme, no quiero irme y el sol abrasador del lugar donde tengo una casa junto al mar, ya no puedo permitírmelo; mi piel de pelirroja está muy enferma y ha dicho ¡ya! Envidio tus playas (de cálidas nada) barridas por las mareas, que no conocemos en Levante, junto a bosques y ese olor especial de vuestro mar, Los paisajes marinos (soy buceadora) de tus aguas heladas… pero yo hace mucho más de veinte años que trabajo en lo que no me gusta y, además, no me pagan, así es que no tengo vacaciones. Enhorabuena a ambos por esos veinte y más de veinte años (parece mentira, siendo como sois dos críos :-)) y conste que lo digo con el alma que no tengo. Cuando mis hijos acabaron la Selectividad, escribí una carta, en que traté de mostrar el profundo agradecimiento que sentía por todos los profesores que habían colaborado conmigo y con los que yo había colaborado para hacer de mis hijos lo que son y se la mandé a la directora de su entro, que la leyó asombrada al claustro. Parece ser que a la gente no se le ocurre, que no es costumbre, que sólo se denuncia lo que no sale bien, pero que nadie da las gracias. Yo os las doy a todos, a los que estáis luchando con y por los chicos, por nosotros y todo me parece poco para vosotros, la verdad.

    Feliz verano, Fuca. Te lo mereces, sobre todo por, pudiendo elegir algo considerado de más “categoría” haberte dedicado a la edad más conflictiva.

  6. Nada hay peor que una broma frustrada por una errata o un error de dicción: Quise decir que los escritores trabajamos 26 horas al día. Como los periodistas, y también, por supuesto los profesores y los cirujanos, profesiones todas mal entendidas y peor valoradas, aunque las diferencias económicas entre lo que cobran los cirujanos y los demás mortales suelen ser astronómicas: Aunque a lo mejor también en esto estoy repitiendo un tópico. Felicidades a todos, en cualquier caso, por las bien ganadas vacaciones.

  7. Miguel, pensaba corregir la errata, pero podríamos decir aquello de Borges: no me toquen las erratas, que me mejoran. Dicho así, no sabemos si se refiere a las erratas o a los cambios… En cualquier caso, gracias por las cariñosas palabras de todos. Parece esto una despedida, pero no lo es: ya he dicho que yo me quedo durante semanas, acabando compromisos, leyendo trabajos, poniendo notas y… actualizando el blog. Insisto: alguien tienen que hacer el el ‘trabajo sucio’ en esta ciudad, como dicen en las películas.

    Digo ciudad, digo trabajo sucio, y en seguida me viene Valencia a la cabeza, en particular la constitución de su nuevo Ayuntamiento, con Rita Barberá al frente. Ha creado dos nuevas concejalías, algo incongruentes para lo que es su gestión habitual: la Concejalía de Cambio Climático y la de Contaminación Acústica. Dicho así, todo con mayúsculas. ¿No podía evitarnos el bochorno? No me refiero al calentamiento estival, sino a la vergüenza de inventar concejalías para tareas que la institución puede realizar sin necesidad de designarlas con un rótulo prestigioso. ¿Contaminación acústica? Oiga, señora Barberá, mande a la policía local a los locales y zonas en los que se agrede a los vecinos con el escape libre de las motos o con la juerga ‘non stop’. ¿O es que ahora, al frente de las brigadas municipales, va a poner a la Regidora de la Porra, dispuesta a verificar el estado general de los decibelios o de los grados celsius, que ya me lío?

  8. Al hilo del último comentario de Justo Serna, simplemente un apunte y una recomendación.

    Ayer por la tarde escuché en la radio la buena nueva que nos anuncias, la de esas dos flamantes concejalías. Me vino a la cabeza – como un acto reflejo – una idea que vengo barruntado desde un tiempo a esta parte, pero que no he podido – ni sé si podré algún dia – concretar. La idea es la de reflexionar por escrito, porque mentalmente ya lo he hecho, sobre la formación cultural e intelectual de nuestra querida alcaldesa y de como influye ésto, en su visión de la ciudad. De momento no es más que una idea, pero si alguién quiere “recoger el guante”, le animo a hacerlo y me pongo a su disposición.
    Lo que sí que tengo decidido es un buen título. Hace unos años escribía Gabriel Cardona un libro sobre la formación – o mejor dicho, la no formación – académica de Franco, cuyo elecuente título me encantó, por la acertado y lo cómico: “Franco no estudió en West Point”. Por una simple regla de tres, yo llamaría al ensayo sobre nuestra edil, “Rita no estudió en Wellesley College”.
    Por si alguién no lo sabe, aunque supongo que ya lo conocen, Wellesley College (http://www.wellesley.edu/) es quizás la Universidad femenina más prestigiosa de los Estados Unidos, un centro privado y elitista por cuyas aulas han pasado grandes personalidades, entre ellas la presidenciable Hillary Clinton. Quién no ha pasado es desde luego ella, Rita. Ya digo que si alguién se anima a poner un “post” en su blog o escribir unas líneas, mi propuesta como epígrafe sería esa, simplemente es una idea.

    Mientras tanto me decido, y ahora viene mi recomendación, se pueden distraer ustedes leyendo el trabajo del economista de la Universidad de Valencia, Josep Sorribes, que ha publicado este mismo año su libro “Rita Barberá. El pensamiento vacío” (Faxímil Edicions Digitals, 2007) , de tìtulo menos sutil que el que yo propongo, pero igualmente acertado. Lo pueden descargar ustedes directamente de la página de la editorial: http://www.faximil.com/descargas/2007-faxbook-001.pdf

    Un saludo a todos.

  9. Ummm… Latveria es un país imaginario, situado en el mundo del cómic , y regido por el despótico monarca Victor Von Dooom (El Dr Muerte). O sea que o nuestro amigo Kant va a unirse a la resistencia, o a ser complice de los desmanes del diabólico científico… :-)

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