1. Cara a cara
3 de julio de 2007, 17 horas. Cuando eran las 17 horas del día 3 de julio, cuando Mariano Rajoy llevaba ya más de media hora interviniendo en la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados, esta imagen que arriba ven era la fotografía (de Efe) con la que Abc digital ilustraba el Debate sobre el Estado de la Nación. El líder de la Oposición estaba hablando, estaba siendo durísimo con el presidente del Gobierno. Sin embargo, por razones periodísticamente inexplicables, el diario conservador nos mostraba la bancada del PP. De hecho, cuando fui a guardar la imagen, el título que el periódico le había dado a ese archivo gráfico era éste: pp. ¿Se dan cuenta de la incongruencia del diario? Si el líder de la Oposición habla desde la tribuna, no se puede ilustrar el hecho con un Mariano Rajoy sentado en la bancada escuchando… ¿A quién? Por el rostro, entre irritado y desdeñoso, adivinamos que quien habla en ese momento que registra la foto es José Luis Rodríguez Zapatero. Resulta sorprendente que un periódico digital –que se actualiza cada pocos minutos– mantenga esa imagen incoherente. ¿Por qué dejaron esa fotografía más tiempo del preciso? ¿Carecían de la nueva instantánea que reemplazara a la anterior o es que ésta, en particular, tenía algún valor político?
Si se fijan, vemos a un Eduardo Zaplana y a un Ángel Acebes con las mejillas cercanas, con una intimidad o con una proximidad que los varones rectos y severos raramente se consienten en público. 
Parecen cuchichear: un portavoz parlamentario atenazándose la nariz para contener la hilaridad y un secretario general que pasa de la sonrisa a la risa abierta, enseñándonos los dientes. Se saben observados, por supuesto, y por ello el espectador de la fotografía no tiene claro si reprimen de verdad la carcajada o si por el contrario afectan algazara, si representan el contento. Saben, en fin, que todos se preguntarán de qué se ríen Zaplana y Acebes. Inmediatamente, uno tiene la impresión de estar en el banco del colegio, con dos estudiantes que alborotan a medias, a hurtadillas. Uno de ellos parece llevar la voz cantante: es quien embosca su rostro tras el puño. Tanto lo oculta que en realidad sólo divisamos unos ojillos entornados, pequeños, muy pequeños ciertamente, que contrastan con el reloj que cubre su muñeca. De repente, reparamos en dicho artefacto y calculamos su peso, que no su precio. Ese reloj tiene algo de ostentoso, de excesivo. Su interlocutor, el señor Acebes, no oculta la cara: nos muestra efectivamente la hilera de sus dientes, protegidos –eso sí– por un labio inferior prominente en esa barbilla tan encajada. Por la delgadez del rostro, esta sonrisa le sale artificiosa, con un punto cadavérico que, sin embargo, no asusta. Zaplana y Acebes no se miran francamente: sólo fijan sus ojos en algún punto inferior, probablemente irrelevante, ese punto que sirve de clavo para sostener la mirada. Embutidos en trajes inevitablemente grises que imaginamos arrugados y retorcidos después de largas horas de debate, se les ve cómodos, como si ellos fueran meros espectadores de un circo que no les concierne.
Contrasta esa imagen con el rigor expresivo de Mariano Rajoy. 
A pesar de ser vecinos, el líder está literalmente apartado de ellos, encajado en su escaño, cargado de hombros y con una impresión creciente de incomodidad, incluso de desazón. No presta atención alguna a quienes a su lado bisbisean. Pero esa misma indiferencia destaca lo incongruente de la escena: mientras unos parecen vivir la circunstancia con una hilaridad algo irresponsable, el otro manifiesta toda su severidad con el ceño fruncido. En Rajoy hay, sin embargo, un rictus de incomprensión, de estupor incluso, que ya le hemos visto otras veces: es como si no acabara de entender qué está pasando, como si le costara discernir de qué se habla. La pregunta no es qué está diciendo Rodríguez Zapatero en ese momento. La pregunta es por qué Abc seleccionó y mantuvo dicha fotografía hasta las 17:15 horas, momento en que apareció esta otra imagen que abajo reproduzco, titulada ya Cara a cara…
3 de julio de 2007, 17:15 horas
Fotografías: Agencia Efe
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5 de julio de 2007. El País valora el resultado del cara a cara y nos lo muestra gráficamente. ¿Cómo representar el eventual triunfo de Rodríguez Zapatero? Carlos E. Cué hace crónica de los estados de ánimo de los principales partidos y lo resume para nosotros:
«Si el resultado del debate sobre el estado de la nación se midiera por impresiones en las propias filas, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, habría vencido con claridad a su principal adversario, Mariano Rajoy, líder del PP. Entre los socialistas, la euforia era general y todos coincidían en que su principal dirigente había resuelto con holgura el último gran debate antes de las próximas elecciones generales. En las filas populares no se registraron ayer grandes entusiasmos en las tertulias sobre lo ocurrido en el hemiciclo. Por si estas dos impresiones partidistas no permitieran inclinar suficientemente el balance final, los grupos minoritarios expresaron su rechazo a la estrategia de Rajoy de situar en el centro del debate la política antiterrorista y de formular en el pleno una propuesta insólita en la historia de la democracia: que el Gobierno entregue las actas de las conversaciones mantenidas con ETA para buscar una solución dialogada al problema del terrorismo. Ni José María Aznar, que autorizó los contactos con ETA, ni Felipe González, que hizo lo mismo, hicieron públicas nunca las actas de las conversaciones».
¿Es así? ¿Ése es el resultado y ése es el estado de ánimo? Si leemos el editorial que Abc dedica al día siguiente del cara a cara, la percepción del analista es que Rodríguez Zapatero fracasó estrepitosamente y que Rajoy estuvo sensatísimo. Por eso, el editorialista exige la convocatoria de elecciones como único modo de resolver un conflicto irreparable entre Gobierno y Oposición. Pero no es esto lo que ahora me interesa analizar. Lo que me gustaría destacar es el modo en que El País representa el estado de opinión que habrían generado las intervenciones de Rajoy: decepción. Siempre hay un instantánea que ilustra lo real, parecen pensar los responsables del periódico. Y esa fotografía puede ser coherente o no con el contenido de la información. En este caso, es incongruente y fuerza de manera enfática , indebidamente metafórica, una imagen. Observen…
Foto: Mariano Rajoy de espaldas- Bernardo Pérez
El resultado del cara cara, parecen decir los responsables de El País, es la espalda. Un hombre solo camina de regreso –suponemos– a su escaño, dejando atrás unas palabras cuyos ecos registran los medios. ¿Cargado de hombros? ¿Derrengado? No parece: se le ve andando con resolución, suelto, aunque -eso sí– mirando hacia el suelo, hacia algo inferior y probablemente indeterminado. ¿Es la imagen del hombre derribado? Puede que haya salido derrotado de la confrontación (según confirma una encuesta de Sigma 2 para El Mundo), pero ese resultado es una percepción, siempre una percepción. Es decir, en la sociedad mediática los objetos se vuelven líquidos o gaseosos, lo duro se ablanda con sondeos o, por parafrasear a Marx y Engels, lo sólido se desvanece en el aire..
Pero la fotografía de El País representa quizá otra cosa. Por ejemplo, un diputado que quiso hacer méritos abandona, también solo, el Hemiciclo. Lleva la americana arrugada, fruto tal vez de largas horas de encierro. No hay gesto que podamos adivinar en su rostro invisible. ¿Por qué El País hace metáfora de lo que no ve…? ¿Por qué convierte en símbolo lo que es un hombre caminando? Decía Jean Baudrillard en Mitologías que una fotografía es un signo: un signo con significado y con significante. La operación de simbolización se da cuando el usuario o el emisor mantienen un significante cambiándole el significado, cuando a la fotografía se le amputa el contexto textual que lo explica o cuando se le quita la circunstancia que sirve para captar su significado concreto. Lo concreto de esta foto –como en la operación de Abc descrita más arriba– está eliminado y a este signo (un Rajoy a quien vemos de espaldas) se le confiere un sentido que sobrepasa el hecho en sí hasta convertirlo en símbolo.
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Atención: Nuevo post el lunes 9 de julio
Mientras tanto, les dejo los enlaces de los útimos artículos que he escrito:
A) Relectura de Cien años de soledad, artículo en Ojos de Papel.
B) Terrores londinenses, artículo en Levante-EMV, 6 de julio de




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