¿Qué pasaría si Mariano Rajoy ganara ampliamente las próximas elecciones? El lunes 10 de septiembre fue proclamado candidato oficial por su partido . Escuché sus palabras, dichas ante un auditorio que imagino entregado y ante periodistas cuya única función fue la de recoger esas declaraciones. Hablemos de los periodistas. O, mejor, de algunos periódicos de Madrid, del tratamiento que le dan a la noticia, de la presentación del acontecimiento (creado para ellos y para consumo interno). Si se fijan, lo más frecuente es que un acontecimiento se cree de antemano, se establezca para ser registrado. No siempre fue así, desde luego. Indicaba Abraham Moles que un acontecimiento es una variación producida en un entorno o contexto, una variación que es percibida como tal; es decir, como variación que no se hallaba prevista en el conjunto de expectativas que aguardaban los ocupantes de aquel entorno. No es el caso de la presentación de Rajoy. Cada vez más, los acontecimiento se organizan y la periodistas aceptan registrar el hecho. O, como dice Miguel Ángel Aguilar: «Ayer, en la sede del Partido Popular de la calle Génova, los periodistas acreditaron plena docilidad para formar parte del decorado de la sala sin opción alguna de plantear preguntas a Mariano Rajoy. Momentos antes acababa de ser proclamado por la junta directiva nacional candidato para encabezar las listas a las elecciones generales de marzo próximo. Los colegas aceptaron ser relegados a una mera función auditiva y en atento silencio siguieron el discurso del aspirante a la Presidencia del Gobierno«. ¿Sorprendente? En realidad, un acto de propaganda electoral se convierte en acontecimiento periodístico o en noticia. Veamos de qué modo han tratado algunos de esos medios el hecho.
1. El País no editorializa sobre esa proclamación. Le resta, pues, relevancia o urgencia a la noticia. La remite a páginas interiores, a la sección de España, acompañando la información con una fotografía de Claudio Álvarez. En la imagen de la edición en papel se distingue a Ángel Acebes, de perfil; en la edición digital de esa misma foto, el secretario general del PP ha desaparecido del encuadre. Que en papel se recorte una imagen por razones de espacio, puedes entenderlo. Que se haga en la edición digital, sorprende. ¿Por qué quitar a Acebes, el secretario general del partido? 
Pero volvamos al tratamiento y a la ubicación de la noticia. ¿Le resta importancia al hecho su inserción sólo bajo la rúbrica de España. El País lleva también a la primera plana de su edición en papel una fotonoticia del acontecimiento. Se trata de una fotografía del candidato popular cuyo autor es, nuevamente, Claudio Álvarez, una imagen que sólo es posible encontrar en el soporte digital del periódico en su versión pdf. En principio, no pude reproducirla. Ahora sí:
Vemos a Mariano Rajoy en primer plano, con sus compañeros difuminados tras el ajuste del objetivo. El rostro del candidato está serio, severo y con un rictus de desconfianza: no expresa relajación alguna y, sin duda, es el peor retrato que podría escogerse para anunciar el hecho de la mayoría, de la unanimidad partidaria.
2. La fotografía Ignacio Gil que Abc incluye en su cubierta es prácticamente idéntica a la de la portada de El País: también es lateral y, como la otra, también está acompañado de sus correligionarios. En este caso, vemos a Rajoy entre Ana Pastor y Manuel Fraga. En dicha imagen, sí que distinguimos a sus acompañantes, que –salvo Acebes– no aparecen difuminados, sino de perfil. Pero, sobre todo, lo más importante, lo más relevante es el rostro que ofrece el candidato: se le ve sonriente, relajado, incluso satisfecho, con ese punto de serenidad que expresa la confianza.
3. Por su parte, el diario El Mundo también lleva a portada la imagen de Mariano Rajoy. En este caso, su autor es Philippe Desmazes (AFP). Contrariamente a las imágenes elegidas por sus periódicos rivales, la de El Mundo es frontal, un retrato frontal: a nadie de quienes le acompañan se le distingue con claridad, sólo adivinamos detrás, exactamente detrás, a un Javier Arenas, siempre con ese bronceado que tanto destaca sobre su pelo cano. A Rajoy se le ve serio pero no tenso, con un punto quizá de malestar recóndito o con lo que parece un esbozo sonriente, no se sabe muy bien: en esa situación intermedia o incipiente que el objetivo ha captado y que aún no revela el estado de ánimo.
4. Pero más allá de las imágenes, Abc y El Mundo editorializan sobre el candidato. ¿Qué dicen? Por supuesto, los editoriales de ambos periódicos –y los artículos que les son vecinos– apoyan sin duda a Mariano Rajoy, lo ensalzan y, como mucho, censuran algún aspecto menor de su estilo personal o político: o critican a ciertos asesores de que se ha rodeado, o lamentan los apoyos radicales de que se ha servido, o deploran las luchas intestinas de su partido, que lo han debilitado. Proclamado como candidato, ya no queda espacio para alternativas. «Errores al margen, el PP es en este momento la única alternatica seria y coherente al PSOE para todos aquellos que creen en la España constitucional, al margen de cual sera su adscripción ideológica«, concluye el editorialista de El Mundo. «Esta vez«, añade, «ni siquiera existe una opción de izquierda nacional como era IU en los años 90. Es dudoso que plataformas como las de Ciutadans y el partido Rosa Díez vayan a lograr resultados significativos. Salvo sorpresas, el PP será, pues, el único instrumento eficaz de quienes anhelan el cambio«. La posición de El Mundo queda manifiesta y clara. Los experimentos políticos y electorales han acabado si de lo que se trata es de sostener la España constitucional: un periódico que se caracterizó por alentar, por apoyar la formación de Ciutadans, por conceder espacio a Plataforma Pro, da el cierre a estas iniciativas minúsculas.
La actitud de Abc sigue siendo más contradictoria y desconcertada: ha sido el diario que mayor resonancia ha dado a Martínez Gorriarán, a Fernando Savater y a Rosa Díez. Durante días y días, el diario conservador ha estado festejando y celebrando el nuevo partido. Ha reprochado a la prensa ‘progre’ su cicatería, el no decir nada –o casi nada– de ese partido: las páginas de Abc llevan semanas alimentando la expectativa mediática de dicha organización con noticias que no son tales, engordando su efecto con hechos menores, con fotografías de Savater, de Díez o de Martínez Gorriarán que agigantan el impacto, con artículos de intelectuales afines (Xavier Pericay, etcétera). Con toda probabilidad, ese apoyo se debe a que los editorialistas del diario conservador han creído ver en la Plataforma de Savater la formación de un partido de la izquierda nacional que, de algún modo, podía reunir a los descontentos del PSOE. Pero, a estas alturas, ya nadie se engaña: en Abc comienza la crítica a una opción que, a la postre, podría restarle votos a Mariano Rajoy. En su editorial del martes 11 de septiembre, titulado «Rajoy, candidato», no hay mención alguna al nuevo partido de Díez y Savater. Más aún, como añade Valentí Puig en la página siguiente, «lo que a la sociedad española más falta le hace son diagnósticos acertados y no candidaturas de buena voluntad«, indica. «En la lejanía del tiempo, una izquierda nacional –con esbozo de partido radical– acaba por ser contigua a la izquierda de la que se quiso apartar«, precisa.
No hay vuelta de hoja. Lo que aquí hemos pronosticado con Ciutadans y, después, con «el partido de Savater» parece cumplirse inexorablemente: según sus adeptos, Rajoy ha de vencer las elecciones y no puede haber ya interferencias. Quizá se sorprendan de mi escaso análisis, de mi escueta glosa. Pero es que no hay más, ni menos. De momento.




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