José Luis Rodríguez Zapatero

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Fotografías: Luis Gaspar y Xurxo Lobato.

1. Madera de Zapatero. ¿La cubierta?

23 y 24 de noviembre de 2007

He de leer Madera de Zapatero, escribía días atrás. ¿Qué me deparará?, me preguntaba. Tal vez sea un volumen moderado en su perfil y en sus promesas, profetizaba. O quizá sólo sea la hagiografía de un hombre feliz, me decía. ¿Quién sabe? Ardo en deseos de leerlo, añadía. Pues bien, cumplo mi palabra. No he querido consultar las reseñas que de este libro se han publicado, algunas de la cuales se enlazan aquí mismo, en la sección de Hemeroteca. Las he enlazado pero no he querido saber qué dicen hasta completar mi Madera de Zapatero. Las leeré, por supuesto, pero posteriormente: para que Arcadi Espada o Matías Vallés, entre otros, no me condicionen…

En un libro, lo primero que hay que examinar es su cubierta. Los grafismos y los paratextos nos dan una información más o menos abundante, más o menos reveladora. Llama la atención un primer plano de Rodríguez Zapatero, un primerísimo primer plano que secciona y deja fuera parte de su rostro y de su cabeza, como si con esa imagen incompleta la editorial advirtiera ya de los contenidos. Como me gusta repetir con Louis Ferdinand Céline, “tout ce qui est intéressant se passe dans l’ombre. On ne sait rien de la véritable histoire des hommes“. Perdonen la pedantería, pero la fotografía (de Luis Gaspar/Cordon Press) produce esa impresión: el propio retratado se tapa la boca con la mano izquierda, con gesto de escucha o de timidez, ocultando, pues, lo que piensa o lo que está a punto de decir. Se le ve en estado de espera, mirando fijamente, con esos ojos claros que es lo primero que sorprende de su rostro. El primer plano revela los estragos del tiempo o del cargo: con unas ojeras que ya arrastran incipientes bolsas, con unas canas que abundan, con unas arrugas que surcan la frente. A pesar de ello, la imagen aún refleja juventud.

Los ojos parecen mirarte expresamente, pero si los observas bien te das cuenta de que no es así. Miran sin ver, algo que nos sucede frecuentemente: como cuando nos desenganchamos de la realidad sin cerrar los párpados, como cuando estamos pensando en las musarañas, como cuando nos preocupa algo hasta el punto de abstraernos. La fotografía, pues, da la impresión de semipenumbra o de silencio, algo que se compadece bien con leyenda de la contracubierta. Al principio de ese paratexto leemos: “El 23 de julio de 2000, José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido Secretario General del PSOE. Casi nadie sabía quién era. ¿Lo sabemos hoy? Sobre él se han escrito libros y largos reportajes, muchos de ellos inspirados por una voluntad de descrédito que llega a lo grotesco. A pesar de ellos, José Luis Rodríguez Zapatero sigue siendo un desconocido…”

Pero regresemos a la cubierta. En ella se aprecia inmediatamente el tamaño del apellido, ese ZAPATERO que aquí  destaca como reclamo: unos milímetros que aún no llegan a las mayúsculas crecientes con que AZNAR pone su apellido en las cubiertas de los libros. El subtítulo es descriptivo: no es propiamente un autorretrato, como veremos, sino un volumen que compendia Suso de Toro con voces que lo retratan verbalmente. Pero en dicho subtítulo hay algo extraño. En la fotografía del libro que circula en Internet (que es la que he puesto aquí) pone Retrato de un Presidente. En cambio, en la cubierta de mi ejemplar leo Retrato de un presidente. ¿A qué se debe esa minúscula final? ¿Es titubeo o es modestia?

2. Madera de Zapatero. ¿Una novela política?

25 de noviembre de 2007

Decía que este libro está compuesto de voces que retratan verbalmente al personaje. La información que los intervinientes dan es interesada, como corresponde a un volumen concebido para celebrar a un mandatario.  En la literatura política norteamericana o en la francesa o en la italiana, esto es perfectamente normal: que sea un libro militante no significa que sea desechable. Si leyéramos los tratados, los ensayos, los panfletos… con sentido crítico, todo podría sernos útil: miraríamos oblicuamente para captar entre líneas lo que se dice y lo que no se dice, lo manifiesto y lo implícito, el retrato en negativo. Me sorprende que tantos rechacen la lectura de libros políticos: de Aznar, de Rodríguez Zapatero, etcétera. Estos volúmenes no son prescindibles sin más. Si empleamos el sentido crítico (que no las anteojeras), estas obras nos documentan sobre la vida real, sobre las fantasías de nuestros mandatarios, sobre sus quimeras o audacias. Yo las leo como los expedientes de un archivo, con el mismo interés, con la misma emoción. En efecto, estas lecturas repiten una situación que me es muy familiar: me recuerdan cuando acudo al archivo para desempolvar legajos examinando la prosa de los antepasados. Lo que hace aprovechable el documento no es si nos cuenta toda la verdad, como algunos ingenuos esperan; lo que lo hace aprovechable es la lectura sintomática, indiciaria, de lo que hay o no hay escrito.

Tengo la impresión de que la mayor parte de lo que en Madera de Zapatero se nos traslada es básicamente aprovechable: aprovechable en el sentido de que nos proporciona una versión de los hechos en la que los actores creen y que nosotros leemos sintomáticamente.  Es, por tanto, un documento, vale decir, testimonia con mayor o menor sesgo lo que el presidente dice o no dice de sí mismo o lo que sus afines defienden. No tengo por qué desconfiar de los panegíricos, incluso de los ditirambos, que a Rodríguez Zapatero le dedican sus amigos y colaboradores. De hecho, esas alabanzas a la labor realizada (sacar al Partido Socialista del descrédito en que había caído a finales de los noventa) parecen estar justificadas retórica y políticamente: no es tan sencillo convencer a una organización derrotada, con el liderazgo fracturado, de que no está tan mal. Como dijo el 22 de julio de 2000 cuando presentaba su candidatura a secretario general ante los delegados al XXXV Congreso: “Quiero deciros en primer lugar que yo subo aquí convencido de que no estamos tan mal”, sabedor de los apoyos y poderes locales y autonómicos de que aún disponían, cosa que parecían haber olvidado muchos de sus correligionarios.

Los elogios que a Rodríguez Zapatero se le hacen subrayan este aspecto: en un momento de absoluto desconcierto, hacia el año 2000, el aspirante supo trasmitir optimismo. No sé de dónde se sacó esa energía. Para él mismo, la convicción le vino y aún le viene de su familia: del ejemplo lejano de su abuelo, el capitán Lozano, ajusticiado por los vencedores; de su madre, voluntariosa y decidida hasta la muerte; y sobre todo de su padre, un abogado de provincias que ha sabido sobrevivir en un contexto político hostil. Son breves las páginas dedicadas en este libro  a dichas cuestiones, pero revelan un relato familiar que no es improbable ni infrecuente. La pesadumbre y la violencia del franquismo volvieron retraídos a muchos de quienes lo padecieron. La dictadura y la humillación hicieron secretamente fuertes a muchos que lo sobrevivieron. Desde este punto de vista, el nieto del capitán Lozano no exhumaría una historia antigua, sino que se nutriría de un relato familiar bien vivo que aún lacera. ¿Hasta qué punto?

Para algunos de sus críticos (que en este libro no aparecen, desde luego), esa convicción de Rodríguez Zapatero revela la hostilidad de un nieto agraviado, o muestra el adanismo de quien empieza de cero, o demuestra la inconsciencia de quien sólo es un joven inexperto. Pero no creo que sea tan incontestable la explicación que la derecha nos propone: esa según la cual los radicalismos de hoy vienen de una laceración familiar, una suerte de rencor productivo que el joven habría sabido aprovechar para hacerse un líder nuevo y presuroso dispuesto a todo. Los determinismos familiares –una suerte de novela familiar, dicho al modo de Freud— no explican suficientemente la naturaleza de su liderazgo: como tampoco explican sus audaces o acertadas o equivocadas decisiones.  Antes bien, por lo que parece, Rodríguez Zapatero mide bastante las opciones calculando su chance y sus tiempos, evaluando sus riesgos. Ya lo dije hace meses: con maquiavelismo, con realismo. Los amigos y familiares que en este libro testimonian coinciden en un par de cosas que no son necesariamente positivas: es muy calculador y, sobre todo, escucha, escucha en silencio, en espera, quizá sopesando siempre qué efectos tendrá en su proyecto y en su persona aquello que se le dice. 

Un partido político –y éste es un volumen de partido– ha de ser  una maquinaria bien engrasada para ganar elecciones, pero sobre todo es un ámbito de lucha interna en la que los rivales son vecinos. Lo sorprendente no es que Rodríguez Zapatero haya sabido rebasar a sus adversarios socialistas en un contexto de derrota electoral (2000). Lo llamativo es haberlo hecho con tanta astucia: sin que se le notaran las ganas, sin que se le viera el ansia, evaluando, eso sí, el peso de sus apoyos.

¿Por qué el entorno del presidente ha tardado tanto tiempo en confeccionar Madera de Zapatero? ¿Por qué hemos debido esperar a 2007 para ver impresa una obra que le sea partidaria, una obra que le eleve ante la galería? “Sobre él se han escrito libros  y largos reportajes periodísticos tanto bien como mal intencionados”, dice Suso de Toro, el prologuista y el autor de la composición que ahora leemos. Lo raro es que de Rodríguez Zapatero aún nos falte “conocer su propia versión de sí mismo“. Podemos pensar que los libros políticos no se leen y, por tanto, podemos pensar también que un volumen como éste tiene poca venta y escasa repercusión. Pero estas obras no están concebidas como best-sellers, sino como testimonios que duran lo que dura una contienda electoral. No se leen pero provocan presentaciones (increíble, culpablemente en el Instituto Cervantes) y repercusión: que hablen de mí…, que es la lógica mediática de nuestros días. 

En todo caso, este volumen pretende eso justamente: recrear al personaje a partir de testimonios favorables, con un envoltorio que reclame la atención, que ocupe una parte de nuestro interés. Insisto: en la literatura política de otros países, estos libros son frecuentes. Piénsese, por ejemplo, en Walter Veltroni, alcalde de Roma. Si acudes a Librería Feltrinelli, la sección de actualidad está repleta de libros de y sobre él, de sus ideas, de los testimonios de sus amigos, de sus modelos (Kennedy), de sus ideas, de sus proyectos. Es todo un género. En el caso de Madera de Zapatero, lo que no acabo de entender es que el prologuista califique dicha obra de “una especie de novela política”. Que sea política, lo entiendo. ¿Pero novela? Yo no creo que esta obra tenga que ver con la ficción (que es la condición de lo inventado verosímil), sino con el diálogo, con la declaración, con el retrato más o menos acertado: con la versión de sí mismo… Pero, otra vez, en este libro hablan más sus compañeros que el propio protagonista. Admitiremos que es extraño que sean otros quienes den preferentemente esa versión. Tal vez por ello, el retrato de la cubierta muestra contención, freno verbal. Tal vez por ello, los amigos y familiares destacan su capacidad de escucha. ¿Y cuál es el resultado de dicho retrato, de ese perfil trazado colectivamente?

3. Madera de Zapatero. ¿Un héroe de clase media?

26 de noviembre de 2007

“…él se debe a la gente. Es un hombre muy libre, muy independiente. Es un ciudadano de clase media, de provincias, de una familia decente. Igual que su padre, como abogado, se debe a sus clientes y es un hombre honesto, pues en su honor, en su crédito personal, le va la suerte profesional…” Eso afirma José Andrés Torres Mora en Madera de Zapatero. Lo dice del presidente del Gobierno y, sin duda, describe una impresión compartida: la que tiene Torres Mora, la que tiene el círculo de amigos y familiares y, sospecho, la que el propio mandatario debe de tener de sí mismo. El protagonista de este libro no es un líder de extracción obrera. Tampoco es un dirigente sindical. No es un funcionario acreditado. Es, por el contrario, un ciudadano de clase media: un abogado que, a diferencia del padre, ha dedicado su esfuerzo a la política y no a la  profesión. No ha padecido estrecheces materiales; no ha debido dejar los estudios para sostener la economía familiar, como otros tuvieron que hacer. Esa condición no es la de un privilegiado: fue bastante común en la España de la prosperidad y de la transición. Fue, en efecto, la de numerosos muchachos nacidos a finales de los cincuenta o principios de los sesenta para cuyas familias los estudios eran el medio de ascenso o de confirmación de estatus, familias que con empeño pudieron costear licenciaturas.  

Además, en el caso de Rodríguez Zapatero, parece ser que el ejemplo del abuelo ajusticiado y el silencio reflexivo y dolido del padre le llevaron a emprender lo que uno u otro no pudieron hacer, aquello que no estaban en condiciones de realizar. Así lo leo en este libro y, a falta de otras fuentes, así he de aceptarlo como testimonio: es la imagen que da de sí mismo y la que los amigos corroboran. Y eso que sus mayores no pudieron consumar es, precisamente, la acción política. Pero decir política durante la transición es decir Parlamento. Precisamente por eso, más que un abogado en ejercicio, Rodríguez Zapatero será  parlamentario. Fue el diputado más joven y durante varias legislaturas ha renovado su acta. El auténtico aprendizaje empieza ahí: su verdadero ensayo como dirigente de un partido, sabiendo qué se juega, qué son las alianzas, que es la micropolítica. “Él crece en el parlamento”, dice Julián Lacalle. “Ya no es estar en León”, su circunscripción electoral, añade Lacalle. Hablando de los socialdemócratas alemanes, ya decía Robert Michels en 1911 que el conflicto más grave de una organización viene cuando el líder orgánico no es a la vez parlamentario. El diputado se faja, se curte y, sobre todo, aprende disciplina y demora. O, como dijera Enrico Berlinguer, el parlamentario ha de ser un culo di ferro, alguien que sabe esperar, que sabe hablar, pero sobre todo alguien que sabe resistir y negociar sin agotarse. Es la cualidad clásica e imprescindible de la liza política. ¿En qué consiste? En no abandonar la mesa hasta el fin de  las negociaciones; en no mostrar cansancio o hastío; en decir sin dar más para así persuadir y cansar. Eso sostenía Berlinguer: hay que tener paciencia, deliberación expresa, convicción y ascendiente. 

En las páginas de Madera de Zapatero, la cualidad más destacada por quienes celebran al protagonista es precisamente ésa: “nos sentábamos siete u ocho a la mesa”, admite Antonio Cuevas, “y él ya tenía ascendiente”, con su característica expresión de escucha, de atención o de reflexión. No sólo hay que escuchar, atender o reflexionar, sino que, además, hay que mostrar esa actitud, hay que impostarla incluso. Sin duda, todos los parlamentarios no son así, pero aquel que aspire a dirigir un partido necesitará crearse afines, necesitará hacerse conocer y necesitará dominar el poder en escenas, hablando o en silencio, con decisión y con contención, con pragmatismo. Rodríguez Zapatero, el joven diputado que en 2000 se postula finalmente –digo bien: finalmente— a la secretaría general de su partido, es y se sabe epítome de su tiempo, ejemplo de su generación: reúne varias características sociológicas imprescindibles y las hace valer con astucia, con maquiavelismo, insisto. Es y se sabe un calco de mucha gente. Por eso pone el énfasis en su condición corriente, en su aspecto normal: eso que tantos esperan de un tipo muy parecido a ellos.  

4. Madera de Zapatero. ¿Un nuevo Arturo?

26 y 27 de noviembre de 2007

Rodríguez Zapatero se nos parece a muchos, en efecto. Somos como él: grises y mediocres, dice el señor Kant en este blog. Somos hijos de familias de clase media o de empleados del Estado. Poco heroicos, sí. En 2004, Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales sin que el éxito estuviera garantizado. Es decir, la derrota se veía como eventualidad. Hoy, tengo la impresión de que los socialistas no contemplan dicha posibilidad. ¿Qué sucedería con un partido derrotado en las elecciones? Leo en Madera de Zapatero unas declaraciones de Carme Chacón: “El poder que tiene José Luis en este momento no lo ha tenido ningún secretario general. Lo tiene en un puño”.

Dicho lo anterior, advierte inmediatamente el lapsus, y tratando de corregir esa torpeza, intentando enmendar lo del “puño”, añade: “pero no porque ejerza el poder con puño de hierro, sino por convicción, por afecto, por ilusión”. Que el  secretario general de un partido tenga a la organización en un puño porque controla los resortes del poder puedo entenderlo. Que los tenga a todos “por convicción, por afecto, por ilusión” me parece una descripción poco creíble o escasamente realista (nada acorde, por lo demás, con la actitud despierta y difidente de cualquier político en activo). Como me parece igualmente inverosímil o hiperbólico que el prologuista identifique a Rodríguez Zapatero con el “mito de Arturo, aquel joven que se coronó rey”.

Insisto: ¿qué pasaría si el actual presidente perdiera las elecciones? ¿Conservaría la corona de Arturo despertando la misma convicción, el mismo afecto, la misma ilusión que el héroe épico? ¿O, por el contrario, su reino saltaría por los aires? Ditirambos semejantes he leído de Mariano Rajoy y aquí mismo los he analizado. La hipérbole del seguidor, del militante, del amigo puedo comprenderla, porque se fundamenta en una verdad exagerada en la que el afín cree: en función de ella obra. Pero hay un problema: el elogio desmesurado agiganta virtudes reales hasta convertir en un monstruo al individuo real, amenazado siempre por el engreimiento del poder, del poder gubernamental o de partido.  “Recuerda que eres mortal, recuerda que eres mortal”, le decía el bufón al monarca. Si el actual líder del PP saliera derrotado de la próxima contienda, ¿se mantendría la devoción que algunos le dedican? Creo que los populares contemplan como posibilidad perder las elecciones con Rajoy y creo que, por eso, hay delfines dispuestos a suceder al registrador de la propiedad, digo… al soberano. No tengo claro que en el PSOE la eventualidad de la derrota se tome tan en serio como en la organización rival: seguramente porque los efectos de la pérdida podrían ser aún más desastrosos. El desconcierto del PP no puede ser mayor al del 14 de marzo (aunque su refundación orgánica, sí); el del PSOE sería de difícil digestión. Pero, por eso mismo, el empeño de Rodríguez Zapatero parece tan obstinado, un candidato al que ahora vemos muy batallador y muy dispuesto a representar en escenas (mítines retransmitidos) la normalidad heroica de que se reviste, el republicanismo que profesa.

5. Madera de Zapatero. Fin

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A. HEMEROTECA

-JS, “La cena de los políticos“, Levante-EMV, 26 de noviembre de 2007

(Última colaboración de JS en Levante-Emv. Terminó)

-JS, “Rodríguez Zapatero y el buenismo“, Levante-EMV, 17 de abril de 2006

Sobre Madera de Zapatero:

-AE, “Tocando madera“, El Mundo, 17 de noviembre de 2007

-MV, “Zapatero de madera“, Levante-EMV, 24 de noviembre de 2007

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B. FERNANDO FERNÁN GÓMEZ

Léanlo en el blog de David P. Montesinos. No se lo pierdan.

41 comments

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  1. hipotecas

    Fernando Fernán Gómez, el anarquista

    Fernando Fernán Gómez, autor, actor, director, y profundamente libertario en toda su vida y su obra, como así lo ha querido demostrar en su último gesto, el de abrigarse con una bandera roja y negra en su ataúd, en su capilla ardiente del teatro de la Plaza de Santa Ana en Madrid, símbolo del movimiento obrero anarcosindical.

    Carlos Menéndez
    http://www.segurosmagazine.es

  2. Jaime

    No escribo pero les leo incluso a Paco. Hace bien J.Serna escribiendo de Aznar y Zapatero? No hay que dejar la politica a los políticos pero muchos dias la politica nos quita las ganas!

  3. Pavlova

    Terminado el anterior comentario de Justo (siempre llego tarde, ainssss), por no volver a poner la camillita en el otro lado, que es muy fea costumbre, me permito desearle al Sr. Kant una pronta recuperación y que vuelva su bonita voz de barítono y su fluidez mental para amenizarnos y enseñarnos.

    Y continúo con lo de conocerse o no y soy partidaria de ambas cosas. Me explico. Es muy, muy frecuente (aún en lugares serios como éste) el engaño más vil (a mí me parece vil), el hacerse pasar por lo que no se es (no me refiero a los nombres supuestos, claro, que yo no me llamo Pavlova), el emplear varios nombres para decir unas cosas u otras (un miembro de un foro que conozco, llegó a veinte mensajes él solo discutiendo, acaloradamente, consigo mismo y con tres nombres. Con uno de ellos me insultaba violentamente a mí y con otro me jaleaba hasta la baba). Puede llegar a ser hasta peligroso porque hay bastante loco suelto. En ese sentido, me resultaba, antes, profundamente desagradable relacionarme, aunque fuera someramente, sin saber nada de la otra persona. Así he llegado a conocer a muchos de mis contertulios y la verdad es que, los que están dispuestos a hacer quedadas (que llaman en éstos sitios) son, precisamente los que no engañan, pero, por otro lado, se crean unas expectativas falsas porque los amigos, sí Fuca, son los que están aquí, a mi lado, aunque, la verdad es que hay personas con las que llevo escribiéndome y comentando cosas casi a diario desde hace cuatro años, llegando a una relación más frecuente que con mis amigos y sin haberlos visto jamás. Escarmentada de muchas cosas, lo único que trato es de ser prudente (muy difícil para mí) y tanto me da conocer al interlocutor como no conocerlo. La cosa cambia poco, únicamente en que requiere más tiempo verse que escribir y el tiempo es muy escaso. Verse una vez, con la rareza de poner nueva cara y voz a quien ya se la habíamos puesto idealmente, incluso nombre, el real, charlar y reírse un poquito, tampoco obliga a hacerse amigos, Fuca.

    Ah, Sr. Kant, y gracias por la parte de interesante que me toca. -En aparte teatral- (Menos mal que no sabe que yo soy un señor con bigote).

    Espero ansiosa el comentario sobre el libro. Curiosamente, no me apetece nada leerlo, pero sí leer lo que opina usted, Justo, sobre él.

  4. Pedro

    No he podido escribir en los “post” de estos dias pero ahora leo lo que J. Serna escribe y creo que le da muchas vueltas. Venga y dale con lo de la foto. ¿De verdad es necesario lo de la portada? Está bien pero creo que Serna gasta energias y palabras y todavia no ha dicho nada del libro. Pone un “continuará” y a esperar.

  5. Miguel Veyrat

    Me confieso ansioso, a mi vez, por leer el comentario de JS sobre el libro, que no pienso ni comprar ni leer. Así, a bote pronto, me suena a hagiografía, aunque espero que ZP no emule el baño de Mao ni la travesía a nado de la bahía por Fidel en un mar infestado de tiburones, ni las heroicidades de Escrivá cruzando a a pie el Pirineo nevado en plena guerra civil…
    Desde que aceptó la campaña de la “Zetas” él y su equipo han bajado bastante en mi consideración (aunque el inefable Pepiño ya no disponía de ningún crédito). Gracias por el enlace de don David, es en verdad un muy hermoso artículo que promete un muy buen escritor futuro. A mi vez, y con el permiso de doña Hemeroteca, que sé que no me va a reñir, les recomiendo la lectura de esta magnífica crónica del funeral, original y a ratos esperpéntico, de FFG. La firma un gran periodista que los domingos hace una espléndida crónica cultural, sobre todo cuando habla de música, arte cuya historia y crítica domina a la perfección, y que firma con el pseudónimo de Incitatus, ya saben, el caballo a quien Calígula nombró Cónsul de Roma. Que lo disfruten: http://www.elconfidencial.com/saltiberio/indice.asp?id=4751

  6. David P.Montesinos

    Gracias Miguel, honor que me hace. No se pierdan el artículo de El Brujo sobre Fernan-Gómez, a mí me hizo emocionarme. No sé cómo poner estas cosas, pero les bastará escribir “Jupiter es inmortal” y creo que les sale linkeado de El País.

  7. Pavlova

    Acabo de leer el artículo de El Brujo. He guardado todo lo que se ha escrito hasta hoy sobre la muerte de Fernando Fernán Gómez, para leerlo con calma y estoy sobrecogida, de verdad. No sólo es bellísimo y corresponde exactamente a la imagen que yo tengo de ese Júpiter de carne; me ha emocionado profundamente la actitud de El Brujo, la hermosa persona que demuestra ser a través de su escrito.

  8. Roberto Scalfaro

    Estas frases de Justo Serna pueden conducirnos por intrincados terrenos psicológicos. El gesto absorto del mandatario, la mirada endurecida por las ojeras, los descendentes arcos nasolabiales, la frente atravesada por profundos surcos, la mano izquierda sobre la boca, toda la pose, muda, comprometida con la reserva y la discresión, anuncian la trepidencia del espíritu, el contenido frenesí de la voluntad.

    Estupefacción marcan las líneas en la frente; en actitud de expectación sus ojos ignoran las formas materiales y dejan abierto el canal por donde se introduce en el orbe de las quimeras, de las utopías. Las cimbras que caen desde la nariz hasta los labios escondidos tras la mano revelan el hastío, la declinación de una energía herida. La mano contiene la palabra furibunda, no le permite asomar su aguijón, porque habría de deplorar o zaherir.

  9. Kant

    Pasado lo más ominoso de este resfriado – quedarme mudo… ¡¡yo, callado!! – regreso a esta república virtual que nos regala el sr. Serna. Quiero, antes que nada agradecerles a todo su consideración para con mi mal que me deja absolutamente fuera de juego mientras dura. Aprovechando que don Justo todavía no ha concluido su “post” ¿me permiten sólo unas apostillas sobre el final del anterior “post”? Entendiendo que gozo de su favor, la primera es para el “magíster” del “blog”, claro: muchas gracias por su preocupación; creo ya estar repuesto. Las siguientes las haré por orden de aparición.

    Para doña Francisca (Fuca para uds) un par de asuntos, una manifestación y un consejo. Asunto uno, que coincido plenamente con cuanto aporta respecto a la amistad y a la amistad a distancia y, dos, que es una suerte ser tan transparente para ud. porque en efecto, mi referencia al sr. Stevenson se limitaba al supuesto que, dada su declaración previa sobre su falta de interés por la literatura fantástica, bueno, pues creí – equivocadamente – que no sería un autor de su atención; lejos de mi, pues, la intención de denostarla por ello; que ya sé que ud. lo sabe pero quedo más tranquilo si se lo confirmo. Manifiesto: si la he llamado “dama interesante” no ha sido para lavar culpa alguna, ha sido un acto consciente de afirmación, sí, es ud. una dama interesante ¿por qué no?. Consejo: confíe en la vieja botica: la miel con limón caliente junto con los otros apaños caseros que ya comenté (salvo el “Frenadol” y “Strepsils” por quienes tengo un profundo respeto y se adquieren en farmacia), sanan en un tiempo prudencial y de forma contundente.

    Amigo Fuster, en ningún momento he albergo duda alguna sobre su bondad personal pero en la transparencia que alega Fuca (doña Francisca para mí) está la clave de todo.

    Doña Miranda, le quedo enormemente agradecido por la anécdota de su sr. tío. Si me lo permite sumaré ese “¡Virgen Santa Otro Poquito!” a mi acervo personal. Eso, sí, descuide porque en estos casos, siempre cito la fuente original. Palabra:

    ¡Sr. Veyrat, doña Kafeína!… por favor… ja, ja, ja… ;-)

    Y, por último, felicitar al sr. Montesinos por su “post” sobre Fernando Fernán Gómez. Les recomiendo su lectura especialmente por el tema que aportó don Lázaro respecto a la distorsión que puede haber de su figura, la de FFG, debido al tratamiento de los medios, entre quienes lo conocimos como joven o maduro actor que destrozaba la pequeña pantalla franquista (entre otras cosas) con aquellas aventuras de Juan Soldado o de un eterno pícaro o la juventud actual que sólo conoce la anécdota descontextualizada, mordaz y cínica – insisto con esa categoría filosófica para él – de un hombre libre. El tratamiento que le da don David es excelente, en mi humilde opinión. Le deseo la mejor de las suertes en la meta que se ha marcado con sus alumnos.

    Por otro lado, admitida su broma como lo que es, chanza, no puedo dejar de recordarle que fue ud quien se declaró anarquista y socialdemócrata en un “post” anterior. Yo me limité a recoger su definición y coserla en un único concepto. Algo que, por otra parte, tampoco es tan extraño: podría citarle a más me media docena de personas de un cierto relumbre en sus medios profesionales que, insatisfechas con la deriva del movimiento libertario, acabaron como, oh paradoja, insatisfechos votantes socialdemócratas, votando con un nudo en el estómago y las pinzas en la nariz, pero votando esa opción. Y yo, ya les dije, de ello no iba a hacer causa criminal alguna: cada cual tiene su lógica y a cada uno se le debe un respeto. Así si se quisiera hacer cienciólogo ¿quién soy yo para negárselo? Eso sí, me apresuro a decirle que estoy convencido que si bien ambos respetaríamos tal decisión de un tercero no por ello compartiríamos lo adecuado de su decisión.

    Y en mi próxima intervención ya entraré con el asunto de este “post”, el presidente Rodríguez, al que se empeñan en denominarlo por su segundo apellido (¿o seré yo el tozudo por empecinarme en el primero?…)

  10. Fuca

    Deben de existir las meigas porque también a mí el resfriado me afectó a la voz, el viernes estaba casi afónica y hoy debía estar celebrando en Santiago un cumpleaños y, en lugar de eso, estoy aquí en casa, intentando recuperarme para mañana, porque la voz en mi trabajo es imprescindible. ¿Sabías, amigo Kant, que el Frenadol tiene componentes comunes con los raticidas? Si tomo un sobre de ese producto, me tienen que ingresar por urgencias.

    A mí también me gustó el comentario de David Montesinos sobre Fernando Fernán Gómez, lo que me parece difícil es conseguir que los alumnos adolescentes sean capaces de compartir nuestras vivencias. Sobre lo que dice David de que está vinculado a la “cienciología”, yo lo entendí en sentido metafórico, creí que no se refería a la secta sino a un organismo de estudiosos de la Ciencia.

    Centrándome ya en el tema de este “post”, a mí me gusta que Justo Serna empiece el análisis de algunos libros fijándose en las fotos de la portada, ¡qué diferencia entre la foto de Aznar y la de Zapatero! Coincido con Justo en sus apreciaciones pero echo de menos que no mencionara lo que nos hace notar Kant en su comentario, la utilización de su segundo apellido, es decir, del apellido de la madre (ahora ya son bastantes las parejas que ponen como primer apellido de sus hijos el de la madre, pero antes no estaba permitido), Zapatero; lo llaman el presidente Zapatero y a mí me parece que este dato tiene reflejo en la foto del libro comentado, tiene mirada de hombre desvalido, parece que necesita una madre que le dé cariño y protección. ¡Qué distinto de Felipe González!, este no renunciaba a su primer apellido, a pesar de que entre González y Rodríguez no hay mucha diferencia (lo digo por ser dos apellidos muy comunes, muy poco identificativos).

    No voy a leer este libro de Suso de Toro (leí muchas novelas de este escritor, aunque las últimas ya no me gustaron, y esto no tiene nada que ver con su cambio político) que, por cierto, en mi tierra, “Madeira de Zapatero”, consigue el primer lugar en las listas de libros más vendidos. Leeré los interesantes comentarios de Justo Serna con atención.

  11. Roberto Scalfaro

    Claro que no va de broma, Tobías. Interprete lo que he escrito y podrá encontrar una explicación.

  12. jserna

    Debo la fotografía de la edición gallega de este libro (Madeira de Zapatero) a la amabilidad de Fuca. Muchas gracias. La inserto en el blog, hoy, 25 de noviembre.

    La misma actitud. La misma pose fotográfica y escenográfica. Distintas instantáneas. Distintos retratistas.

  13. Kant

    Regreso para volver sobre el tema del actual “post” y he de comenzar dando mi total apoyo a la idea del sr Serna sobre la actitud ante los libros “de/sobre políticos”: una aproximación a ellos ha de hacerse desde un planteamiento crítico, ni con filias ni con fobias. De éstas, nada sacamos: el convencido sólo se reafirmará en su convicción y el enemigo sólo encontrará argumentos que sustenten su antagonismo. Desde esa perspectiva, ese tipo de libros es inútil. En cambio, sí es útil. Es la crítica, es la crítica, lo que nos puede aportar elementos positivos hasta de los documentos más hagiográficos – si santos vamos a considerar a sus protagonistas, claro. Se requiere, pues, la actitud del “agente de la Continental” o del arqueólogo para leerlos: distante, impersonal, inmoral, sencillamente, expectante, observadora. Eso, claro, si se quiere profundizar en materia política, si de lo que se trata es de pasar un buen rato – “ars gratia artis” – bueno, está claro que este tipo de literatura no les da para perder un segundo.

    Dicho lo cual, he de sumarme a la legión de los que no van a leerlo. En esta caso, no porque no me interese la lectura de documentos archivísticos – que de hecho, últimamente, no salgo del archivo – ni tampoco porque prefiera otros géneros de ensayo, ni siquiera porque no me interese la política. Se trata de mi hastío personal por la politiquita raquítica, cotidiana, cortoplacista – como dijo el ciudadano Aznar – que personajes tan grises como el presidente Rodríguez o el líder del PP (bueno, cualquiera de sus múltiples líderes) representan. Unas “poquitas cosas” – si me permiten el símil teatral – con unos programas que en nada le van a la zaga en mediocridad, en entidad anodina, y con unas militancias que difícilmente aprecio diferenciarse de las pedigüeñas damas de la Cruz Roja. Oh, sí, de aquí unos meses votaré, haré el paripé de cada cuatro años, e incluso les pediré que voten, a quienes quieran, pero que voten aunque más que nada, será sólo el tropismo que me queda por la memoria de los que lo dieron todo para que yo pudiera poner a caldo a nuestra actual… ¿clase?… mmm… dejémoslo en cáscara, cáscara política.

    En este caso, prefiero los hechos a las palabras – sí, siempre llevo a Tito Livio conmigo – y las palabras del sr. presidente o del sr. Suso del Toro (¡aguerrido apellido para tan pintoresco nombre!) me recuerdan en demasía la diatriba que hubo al traducir el adjetivo de Odiseo tanto en la “Iliada” como la “Odisea”. Qué querían decir los griegos de la edad de Bronce cuando hablaban de Ulises y lo tildaban como “el astuto”… ¿astuto en el sentido de hombre sagaz capaz de emplear medios hábiles para conseguir sus nobles fines? o ¿astuto en el sentido de hombre mendaz capaz de emplear cualquier artificio para lograr sus propósitos bastardos? Y a mí, cuando les escucho a buena parte de uds, que no a todos, también es cierto, hablar del sr. Rodríguez, me da que hablan del primer caso, de la persona sagaz, en cambio, cuando veo sus hechos, su práctica, sus tres pasos verbales adelante y dos pasos factuales al tener que concretarlo, veo al mendaz. Tal vez el ejemplo más claro se dio con el Estatuto catalán: “respetaremos lo que se diga en Cataluña”… ah… pero cuando Cataluña (su Parlamento) no dice lo que él esperaba que dijera… ¿qué?… pues tuvimos su alianza fotografiada con la derecha catalana y los mismos recortes estatutarios que hubiera hecho cualquier gobierno conservador español.

    Miren, no ha mucho, el 19 de noviembre, diario “Público” traía en su primera “Ocho autonomías se rebelan”, referido a la desobediencia flagrante de unas autonomías a aplicar la legislación del Estado… ¿vieron uds a la Presidencia del Gobierno alarmada por ello? no, ¿verdad?, lástima, las autonomías eran del PP (Madrid, Murcia, País Valenciano, Castilla-León, La Rioja, y Navarra), una del PSOE (Andalucía) y otra de concentración (Baleares). ¿Imaginan si eso hubiera pasado con la autonomía vasca o catalana? Pues eso son los hechos y el sr. Rodríguez, su responsable.

  14. Kant

    Perdón, en mi entrada anterior puse, en el penúltimo párrafo, “(…) su práctica, sus tres pasos verbales adelante y dos pasos factuales al tener que concretarlo (…)”, claro está me faltó introducir “atrás”, esto es, que la frase debía ser: “(…) su práctica, sus tres pasos verbales adelante y dos pasos atrás factuales al tener que concretarlo (…)” Son las prisas.

  15. Kant

    Y si me permiten otra entrada de corte más personal, lo haré lo más brevemente que mi incontinencia verbal me permita

    Doña Francisca (Fuca para uds), no crea las leyendas urbanas sobre el “Frenadol”, en serio. Yo no sé que compañía farmacéutica rival se dedica a expandir esos embustes pero, lo cierto, es que por más rata que sea éste, s. s. s., está visto que más que matarme, me da vida.

    Bueno, lo de don David y la cienciología, yo creo que formaba parte de su fina ironía, estaba de broma y la broma le seguí. Y hablando de bromas y de veras, don Tobías, a mi me pareció que el sr. Scalfaro emitía un juicio perfectamente mesurado y sensato, otra cosa será si lo comparte ud. con él pero, vamos, yo lo leí con total seriedad.

    Sra. Pavlova, ud perdone pero con las ganas de escribir sobre el libro de marras se me olvidó agradecerle sus buenos deseos para mí que, como verá, se han cumplido, “laus diis”. Ahora… ya me gustaría a mí disponer de esa bella voz de barítono que ud imagina pues la que tengo es más bien inclasificable, por lo singular. Por cierto, qué lástima que no se que es ud. un señor con bigote porque si ud llega a saber que yo, en realidad, yo soy una sufragista, rubia platino…

  16. Fuca

    Una corrección al mensaje de Kant sobre el nombre del autor de la obra que está comentando Justo Serna, se llama Suso (Xesús) de Toro, no del Toro, chico, ¡qué en mi lengua no tenemos el artículo “el”, sería “o”! Mira que con lo de la “l” estamos muy sensibilizados (vivo en Coruña o A Coruña, La Coruña no existe).

  17. Pavlova

    Dice Justo: “La misma actitud. La misma pose fotográfica y escenográfica. Distintas instantáneas. Distintos retratistas.” Noooooooo. La expresión es completamente distinta. En el primero tiene la mirada perdida, vacía; en el segundo mira y mira con una dureza tremenda; la expresión es más inteligente. En la de blanco y negro es más bobalicón. Hasta la mano está más en lo que debe estar en el libro gallego, pese a que es una mano sin muscular, en el otro es como evanescente. Tiene una expresión rara, muy rara Rodríguez Zapatero, en ambas.

    Y le llaman Zapatero porque Rodríguez es muy común y José Luis casi más. González se llama Felipe y tanto por el nombre (sólo) como por el apellido (sólo) todos sabemos quién es. Y el motivo es muy claro, me parece. Y, a cuento de esto, me acuerdo (batallita) de que, cuando heredé la biblioteca de una tía mía (¿Se puede heredar algo mejor?), al embalarla rápidamente, encontré veinte tomos iguales, primorosamente encuadernados en piel roja, en cuyo lomo, en oro, ponía. “B. Pérez”; como casi todo lo que había allí eran folletinistas (todo El Caballero Audaz, Carolina Invernizio, José Francés, Sandoval, Balzac, Dumas… y maravillosas partituras de zarzuelas en reducción de canto y piano y de cuplés), pensé que sería alguien desconocido para mí. Al colocarlos en mi casa y mirarlos con detalle (y olerlos y acariciarlos), leí en uno de los de B. Pérez: “Trafalgar” y entonces caí en la cuenta de que el surrealista dorador que había puesto aquello, rebautizó con su auténtico nombre al que siempre se conoció por Don Benito o por Galdós, pero jamás por Pérez, así es que, Kant, no sea perverso y no llame Rodríguez a Rodríguez, que el hombre necesita algo más.

    En otro orden de cosas ¡Viva el Frenadol! No dudo que mate a las ratas, pero a las personas nos viene divinamente. Si no fuera por él, Fuca, no habría yo pasado mis fiebres con bien nunca; el Frenadol y el Bisolvón, manitas de salto ambos.

    ¿Sufragista rubia platino? ¡Eso se dice antes, por dios! (lo he puesto con minúscula a ver si logro seducirla).

  18. jserna

    Sra. Pavlova, no vamos a discutir sobre la actitud igual o diferente que expresa Rodríguez Zapatero en ambas fotografías, la pose es la misma, una pose de escucha con la mirada igualmente perdida (insisto: igualmente perdida): con esos ojos suspendidos, sin parpadeo; con esos ojos que pierden la paralela; con esos ojos que ponemos al mirar a alguien cuando en realidad estamos pensando en las musarañas o en algo interior. El aspecto de aparente mayor dureza se debe a que en un caso el dedo casi tapa la boca y en el otro dibuja y deja ver la parte superior del labio.

    Hoy, al mediodía, nuevo texto en este post:

    3. Madera de Zapatero. ¿Un héroe de clase media?

  19. Pavlova

    ¡Cómo vamos a discutir por una cosa así, tan subjetiva!; yo lo veo de un modo y usted de otro, ya está. Perdida está la mirada en ambas, sí, pero me parece más dura en la de color. Sí admito que puede ser porque en ella las cejas proyectan más sombra sobre los ojos. No sé.

    Esperamos su nuevo texto.

    Buen día a todos.

  20. Kant

    ¡Perdón, perdón, perdón! es cierto, doña Francisca (Fuca para uds), el apellido del don Suso es “de”, no “del”, como escribí. Doy por hecho que me confundí con Guillermo, el director mexicano y/o con Benicio, el actor boricua, ambos “del” Toro.

    Y, fíjese que yo creí que ud. vivía en A Corunha, pero, bueno, supongo que esto es otra historia.

    Hombre, don Justo, en efecto no vamos a discutir por el tema de las cubiertas del libro del sr. Zapatero pero coincido con la sra. Pavlova en su apreciación. Más aún, en este marco de la libre especulación que estamos haciendo sobre las sugerencias de las imágenes, ambos rostros se me representan como las dos facies de las que hablaba en mi anterior intervención: en blanco y negro la del Zapatero público, dialogante y sagaz, en color, la del Zapatero privado, intransigente y mendaz.

    Contrariamente, sí que coincido plenamente con lo que ud. destaca de lo dicho por el sr. Torres Mora, una impresión, además, probablemente compartida por el mismo presidente: hijo de la clase media provinciana con una serie de valores intangibles difícilmente evaluables (la honestidad, siempre tan opinable y el honor, ya sabemos que es patrimonio del alma y ésta sólo de dios) y otro muy significativo: el que se debe a sus clientes, a ese círculo de personas con las que no deja de intercambiar favores. Por eso su papel en el Parlamento es óptimo. Sabe, desde bien joven, que la política es meramente transacción – “transa” como al final ha sintetizado el idioma en Argentina – la micropolítica fraguada en el pasillo, en el bar o restaurante, la “pragmática”, dicen.

    Sí, realmente es destacable la apreciación del sr. Berlinguer: el parlamentario es el que sabe negociar. Sólo eso. El resto son florituras más o menos florentinas. Ni siquiera la disciplina es importante en un partido exclusivamente parlamentario que, por demás, en el caso que nos ocupa, como vimos en otro “post”, renunció a una doctrina concreta, a una idea con la que agrupar a su electorado más allá de los meros intereses coyunturales. El PSOE, son familias, grupos, alianzas, baronías… todo un universo disperso de agrupaciones en las que un mercader – quien se dedica a las transacciones lo es – se encuentra como pez en el agua. No extrañe, pues, que fajado en esa lid de la “transa” desde su hogar, en su más temprana juventud y en el partido en el que milita, hiciera tan buena carrera en el Parlamento.

    Lo que ya no veo tan claro es considerar cualidad el ser el último en levantarse de la mesa durante una negociación. Lourdes Munduate – la catedrática de Psicología Social de la Universidad de Sevilla (por cierto, elegida decana de dicha Universidad) – nos explicaba cuan complejo es el proceso de una negociación y de qué manera determinadas actitudes, lejos de favorecer su buen arribo inducen al fracaso. Precisamente las recomendaciones del sr. Berlinguer parecen las más propicias para fracasar en una negociación. “Alguien que sabe resistir y negociar sin agotarse” para poder “no abandonar la mesa hasta el fin de las negociaciones; no mostrar cansancio hasta el hastío, es decir, sin dar más para así persuadir y cansar”, en efecto, eso es un “culo di ferro” – como llamaban a los diputados del “Partito Radicale” del sr. Panella cuando subían al estrado con un termo de caldo dispuesto a agotar a sus señorías con discursos que empequeñecían a los del sr. Castro – sí, sin duda, pero sin duda también, que eso no es negociar. Y el sr. Zapatero, como así ha demostrado, no ha sabido negociar y por eso ha fracasado en sus intentos.

    Si una personalidad tan gris y mediocre, tan salida de la Calle Mayor de la Castilla profunda, como se nos retrata al sr. Zapatero, tiene “ascendente” en el PSOE, y su idea de negociar es la que nos ha demostrado y entiende la política desde el vuelo corto y la mirada chata de los parlamentarios anodinos de provincias, creo que comenzaremos a entender porqué el PSOE tras cuatro años de gobierno con una oposición o muda – a su izquierda – o cerril hasta el delirio – a su derecha -, está a pocos meses de las elecciones con un grupo de indeseables pisándole los talones electorales y dejando oler su fétido aliento en la captación de votos indecisos.

  21. Paco Fuster

    Por lo que se ve, el género biográfico está en auge. Recuerdo ahora mismo, uno de los últimos libros de F.Dosse (“La apuesta biográfica. Escribir una vida”, PUV, 2007), que Justo conoce bien; o el que editaron hace poco J.C.Davis e Isabel Burdiel (“El otro, el mismo. Biografía y autobiografía en Europa, siglos XVII-XIX”, PUV, 2005). Lo digo porque aparte de esta de Zapatero y de la biografía no autorizada de Zaplana – que supongo analizaremos pronto aquí -, entre los historiadores académicos también se da esta tendencia al género biográfico.

    En este sentido, aprovecho para felicitar desde aquí, al Catedrático de Historia Medieval y colega de Justo en la Universidad de Valencia, Antoni Furió, que ha presentado hoy mismo en Valencia su último libro. Se trata de una biografía del rey Jaume I “El Conqueridor”, que lleva por título “”El rey conquistador. Jaume I: entre la historia y la leyenda” y que ha publicado la Editorial Bromera, en valenciano y en castellano. Conociendo al profesor Furió y viendo el formato del libro, supongo que será un libro muy bien escrito, riguroso y accesible a la vez. Pues eso, ¡enhorabuena!

    Pongo el enlace a la notícia por si a alguién le interesa ampliar:
    http://www.levante-emv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=3733_39_375152__CULTURA-Furio-Jaume-politico-realista-profundamente-religioso

  22. jserna

    Gracias, Paco. Según la noticia que acabo de leer en este enlace, Antoni Furió es director de “la revista de cultura y pensamiento “El Espejo”, fundada por Joan Fuster”.

    ¿El Espejo?

    ¿No será El Mirall?

    ¡Madre mía, la Agencia Efe!

  23. Paco Fuster

    ¡No, Justo! La revista a la que se refiere la notícia es ni más ni menos que “L’Espill” (gran revista donde las haya, que voy a decir yo), que han traducido directamente como “El Espejo”. De hecho iba a extenderme sobre esto aquí mismo, pero al no ser el tema del post, lo he dejado. Eso si, he enviado nada más ver la notícia (me he enterado porque lo he visto primero en Punt 2 y luego lo he buscado en Internet, hasta hoy no tenía ninguna notícia, aunque no me sorprende nada; tu sabes bien que Furió no descansa, es un hombre enamorado de la historia y de su trabajo) un correo al diario Levante para que lo corrijan cuanto antes (supongo que no me haran ni caso, pero bueno) si pueden hacerlo. Aunque la notícia este tomada de la Agencia Efe, yo creo que siendo de Valencia el diario Levante, lo podrían haber cambiado. Aparte de ese flagrante “El Espejo” que a mi cuando lo he visto casi me entra algo (que diría el pobre Joan Fuster si levantara la cabeza…), también han puesto todos los títulos de Furió en castellano. Así, la “Història del País Valencià” escrita en valenciano, la han convertido directamente en “Historia del País Valenciano”. Por esa misma regla de tres, “Publicacions de la Universitat de Valencia” ahora es “Publicaciones de la Universidad de Valencia”; ya ves tu si la gente no lo entenderá igual.

    Yo no lo entiendo. A mi no se me ocurriría en la vida traducir la revista “History and Theory” como “Història i Teoria”, la revista “Quaderni Storici” como “Quaderns Històrics” o la “Revista de Occidente” como “Revista d’Occident”. Tanto cuesta citar las cosas por su nombre y entre comillas. Pues se ve que sí, se ve que había que meter la pata con “El Espejo”. Cuando lo he visto, me ha dejado desconcertado. No le quiero dar mucha importancia a una tontería, pero si dejas pasar cosas así (lo digo tanto por Efe, como por el Levante, que también podría haberlo corregido), luego pasa lo que pasa con el tema de la lengua. Pobre Fuster…

  24. jserna

    Paco me dices: “¡No, Justo! La revista a la que se refiere la notícia es ni más ni menos que “L’Espill”…”

    Claro que sé que es L’Espill. Lo de ‘El Mirall’ es de coña.

    ¿Corregir, dices? Días atrás, en las páginas valencianas de un periódico nacional, un reportero local hablaba de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia. Era un artículo largo y, se supone, concienzudo. Decía que su decano se llama Enrique Hermosillo. Pues bien, no acertaba ni una. El decano de dicha Facultad se llama Jorge Hermosilla. ¿Un error sin importancia cometido por un periodista con prisas? Si no tiene importancia, tampoco importará que al presidente de la Generalitat Valenciana le llamemos Manuel Campos. O que al director de El País le llamemos Juan Marrón. O que al líder de la oposición, dirigente del PP, lo bauticemos como Manu Jartoy. O que al presidente del Gobierno le llamemos Juan José Perez Conejero.

  25. Paco Fuster

    Por supuesto. ¿Como no lo ibas a saber?. Te he seguido la broma con mi exclamación. He hecho referencia a “L’Espill” porque supongo que habrá lectores del blog (tanto españoles como latinoamericanos) que no sabran de qué hablamos, no habrán escuchado nunca el nombre de Furió ni el de la revista. Por eso lo decía. La culpa de todo es de la Agencia Efe. Con lo mareado que estoy últimamente, solo me faltan estos sustos (veo que en la web del Levante no hacen ni caso, estarán durmiendo ya a estas horas).

    Lo de Enrique Hermosillo no lo había leído, pero no me extraña en absoluto. De hecho lo he encontrado en un momento:
    http://www.elpais.com/articulo/Comunidad/Valenciana/horario/expulsa/adultos/elpepuespval/20071116elpval_22/Tes/

    Que lo haga gente de Madrid o de otros sitios – aún siendo un error igual – todavía lo puedo entender, pero que sea un periodista local – como dices tú en ese caso – o el diario Levante – en éste de Furió – me parece que no se debe dejar pasar así como si nada. Yo, sabiendo que no me van a hacer ni caso, aún me he tomado la molestia de advertírselo y enviarles un correo. Cuando se lo cuente a Furió, supongo que se reirá bien a gusto…

  26. Paco Fuster

    ¡No doy crédito, Justo! Acabo de comprobar en la edición digital del Levante la notícia sobre el nuevo libro de Furió, y me han hecho caso.
    Han cambiado la revista “El Espejo” por “L’Espill”. Han puesto los títulos de Furió en valenciano (“Camperols el País Valencià” y “Història del País Valencià”) y han puesto el nombre de la institución que dirige en valenciano: “Publicacions de la Universitat de València”. Se puede comprobar ya en el enlace que puse en mi anterior comentario.

  27. Kant

    Yo no diría tanto, don Justo – referido a “los héroes de la clase media” – que egregios héroes y homéricos paladines han surgido de la clase media con un temple que no es precisamente el melifluo de nuestro protagonista (ni su antagonista). Mi condición de hijo de obrero no me venda los ojos al respecto. Desde el Príncipe Kropotkin a don Federico Engels, desde el sr. Robespierre al don Jorge Washington, parece claro que el heroísmo es una condición que cada cual adopta o rechaza, como la voluntad de poder, porque está en su mano hacerlo. Es un ejercicio de decisión propia, no se trata de ninguna iluminación divina para la aristocracia ni lo conlleva la clase obrera, por demás, bien repleta de fascistas y retrógrados. Lo gris del sr. Zapatero lo achaco a su medianía, en el peor de los sentidos posibles. Lo suyo – como lo de Rajoy – se ciñe a la mediocridad. No pertenecen a la “aurea mediocritas” que soñaban los clásicos (y los liberales), pertenecen al medio pelo que retrata Bardem en “Calle Mayor”, ya lo dije, al querer y no poder provinciano, a ese ser de intereses raquíticos, de miras mínimas, de falsa simpatía y formación labrada en el compadreo y la “transa”. El retrato de un perfecto parlamentario español de inicios del siglo XXI, el retrato de un político mediocre.

    Claro que en un mundo postmoderno – ¡y qué hondo ha calado en España! – donde el pensamiento débil impera, la villanía toma carta de naturaleza y el listón en vez de subirse, se baja ¿qué se puede esperar? Repasen la letra de “Cambalache”, por favor, se escribió en 1932 y no parece que hayamos avanzado mucho desde entonces. “O tempora, o mores”. No sólo corren malos tiempos para la lírica, también para la heroica. De pedir imposibles, pasamos a rogar posibles, luego a mendigar probables, finalmente acá estamos, conformándonos como plañideras: “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. ¿Quién encuentra aquí héroes? Viendo nuestra joven democracia no puedo dejar de recordar lo que Cambó llamó en su día “la vieja política”. Parece que, a la postre, lo que tenemos es “vejez prematura” tal vez agravada con grandes dosis de “realismo”, de ese esclerótico, del que mata la ilusión. “Facta, non verba” Y los hechos, que no las palabras son los que son. Las declaraciones preelectorales no se concretan en leyes de igual tenor; las intenciones parlamentarias, se reducen tras la confección legislativa; los proyectos ciudadanos, se minimizan con reglamentos restrictivos. Eso es lo que hay.

    Los héroes de hoy día, desde luego, no están en nuestro Parlamento. Y no creo que ello sea ningún timbre de gloria. Les apuesto lo que quieran a que los héroes de nuestros días no tienen ningunas ganas de serlo, que si toman la voluntad y el coraje para convertirse en ello, lo hacen en contra de si mismos, conscientes del fracaso abrumador de esa “joven vieja” democracia que en treinta años ha acabado con cualquier ilusión política. O sea, de los asuntos de la polis. Héroes – heroínas – son las mujeres que mueren a manos de un tarado buscando su propia libertad personal; son los chicos asesinados (y rápidamente olvidados, no vayamos a enfurecer a la extrema derecha) por creer en un mundo, en una España, diferente; son esos locos africanos que atraviesan el mar convencidos de que este es el mejor de los mundos posibles o, sencillamente, estafados por algún empresario español; son las viejecitas que todas las mañanas, a las ocho, ya están con su pancarta, delante de la Subestación Eléctrica de Patraix, pidiendo salud para sus nietos, para sus vecinos y para ellas mismas… y tantos anónimos héroes más que los medios no recogen, que los políticos ningunean… y que siguen en su lucha “contra mundum” porque el mundo, porque España, se nos ha llenado de mediocres “pragmáticos” y de mercaderes de la política.

    ¿Qué pasaría, pues, si perdiera el sr. Zapatero?, ¿qué si ganara el sr. Rajoy?… nada… para el ciudadano, no pasaría nada. Las viejecitas de Patraix seguirán en su puesto, eso sí.

  28. Pavlova

    ¡¡Plás, plás, plás!! (aplausos). Precioso y contundente su alegato, Señor Kant, pero…

    Pero Rodriguez Zapatero sí cumplió varias (para mí fundamentales) promesas de las que hizo en campaña electoral y, no sé si un héroe, pero casi, lo fue para mí cuando retiró las tropas de Irak. Y un héroe de los de capa y espada es para todos mis amigos homosexuales (el 95% de mis amigos varones ¿?), el día que, lo hicieran o no, supieron que gracias al soso Rodriguez Zapatero, podían contraer matrimonio, ser, e fin, igual a los demás, lo colocaron en un altarcito y, resabiada, me adelanto a la sonrisa que suele despertar todo lo refeyente al mundo homosexual (jamás lo llamaré gay, puesto que hay mucha más amargura que alegría entre esas personas): no es una minucia todo lo que conlleva que una pareja del mismo sexo pueda casarse e, incluso, tener hijos, aunque sigan teniendo que aceptar y hasta solicitar en adopción, los pobres niños que teniendo alguna tara, no quiere nadie.

    No es un cobarde Rodriguez Zapatero. Tampoco sé si un héroe, pero yo sí qiero quedarme como estoy.

  29. Pavlova

    Además de colgar una respuesta llena de fallos de mecaógrafa, he olvidado (en el arrebato y con las prisas) responder a ésto:

    “¿Qué pasaría, pues, si perdiera el sr. Zapatero?, ¿qué si ganara el sr. Rajoy?… nada… para el ciudadano, no pasaría nada.”

    No sé qué pasaría si perdiera Rodriguez Zapatero en otra situación y con otra oposición; sí sé qué pasaría si perdiera con Rajoy como opositor y, como consecuencia, ganara el tal Rajoy. Yo soy una ciudadana y por mí he de hablar, claro: pasaría y muchísimo. Para mí, insisto, sería una catástrofe.

  30. J. Moreno

    Hace varios días que no dispongo de internet en casa. Os leo desde un ciber con música y mucho ruido.

    Las prisas me llevan a leer lo último de Pavlova. Parece ser que olvida que el Sr. Zapatero nos retiró de Irak y nos llevó a Afganistán.

    Y los homosexuales triste remedo hacen de los hetero, al cumplir los trasnochados ritos de las bodas. Olvidan que ni la Iglesia ni el Estado obligan a una pareja a mantener dicho anacronismo tribal.

  31. Kant

    Bueno, sra. Pavlova, muchas gracias por su aliento pero, en fin, igual pude expresar lo mismo sin la efervescencia en la que me vi envuelto. Lo cierto es que escribí enfurecido por las últimas salvajadas vividas en España. El nuevo asesinato de un chaval en Extremadura por la turba fascista… y es el segundo nombre de joven que los medios silencian o pasan por él de puntillas… y el interminable carrusel de crímenes abominables perpetrado contra mujeres; setenta, ¡setenta!, sólo en lo que llevamos de año, era lo que tenía más presente. Aberraciones sociales ante las que no veo el pulso del gobierno socialdemócrata para atajarlas, de verdad, no lo veo. En el caso de los antifascistas asesinados, con un silencio sepulcral: para la extrema derecha no hay legislación antiterrorista, ni apología del terrorismo, ni nada, na-da. En el caso de las mujeres es que, simplemente, es vergonzoso pensar que con medidas legislativas, aplicables por una policía con unos medios de opereta (salvo en el País Vasco, claro) y una justicia incapaz de generar confianza entre la ciudadanía (como demuestran las encuestas de opinión) se quiera resolver lo que debía ser la primera prioridad del Estado. La guinda fue percibir el grupo de mujeres mayores del que les hable. Allí estaban ellas, envueltas en sus abrigos y bufandas bajo su pancarta, machaconamente, con un frío considerable, desde una hora tempranísima, allí estaban con su protesta tranquila sin que a ninguno de los Grandes Partidos que tanto velan por nosotros se le ocurra ni acercarles un termo con café con leche. En fin, que estaba irritado y el sr. Zapatero pagó mis platos rotos… en la forma – mi vehemencia – pero no en el contenido.

    He de sumarme a la opinión del sr. Moreno. Es cierto que en esas dos cuestiones que ud. cita, doña Ana, cumplió: hubo salida de Iraq y hubo matrimonio homosexual (también prefiero ese término al incomprensible anglicismo “gay”, que por demás se mezcla con el catalán en otras acepciones literarias que nada tienen que ver con la alegría). Pero, como apunta el citado contertulio, por un lado el problema central – el hecho bélico en el que se inmiscuye al Estado y, por ende, a sus ciudadanos – sigue presente aunque en Afganistán, tenga o no la aquiescencia de la ONU y, por otro lado, se reconoce el derecho de matrimonio pero no el de adopción, obviamente, consubstancial con el anterior. Y ambos casos son buenos ejemplos de esa falta de altura que le atribuyo a la política del sr. Zapatero. Pero no son los únicos casos. La Ley de la Memoria Histórica es un auténtico atropello a la memoria histórica: las personas honradas – y en ellas incluyo a multitud, multitud, de personas de derechas ¡incluso militares! – que fueron juzgadas y condenadas con una ley golpista, por tanto, ilegal, y encima kafkiana, acusando de “traición” a quien se mantuvieron fieles a la Constitución del Estado, siguen siendo delincuentes, no hay retractación de los tribunales. Y ya hablamos del Estatuto de ida y vuelta para Cataluña. Y no queramos recordar la traición al Pueblo Saharaui. Y para qué entrar en lo del “carnet por puntos”… ¿seguimos? Confundir mesura con mediocridad, negociación con cambalache, pacto con transa, es lo más fácil de encontrar en esta legislatura, lamentablemente. Sólo la torrencial torpeza del PP con sus aspavientos extremistas y sus actuaciones alocadas, la inopia en la que vive instalada IU desde hace años, décadas, y los intereses microscópicos de los nacionalistas han impedido que esas deficiencias tangibles, se hagan patentes y, sobre todo, se reconozcan, cuando analizamos serenamente el comportamiento político del PSOE bajo “el puño” (Carme Chacón, dixit) de don José Luís.

    No se ve una política estratégica por ningún lado ¿qué quiere el PZOE?… yo todavía no lo sé, ni lo he leído en sitio alguno, ¿lo saben uds?. Su táctica legislativa no escapa del salvar los muebles precipitadamente en base a pactos/transas de última hora. Su operatividad, ya vimos en qué quedaba. En serio, no veo esa política clara, concreta y resolutoria que cabría esperar de ese difícilmente creíble “republicano”.

    No quiero que el sr. Zapatero sea un héroe – podría ser trágico que con sus mimbres de pusilanimidad quisiera serlo – no lo considero un cobarde – hace falta valor, hace falta valor… – pero sí me gustaría que quedara clara su condición de oportunista, de parlamentario “viejo”, de su vuelo corto, su mirada chata y su proyecto confuso, incierto, al albur de los vientos, las ocasiones, los pactos… sin rumbo, vaya.

    Por eso encuentro tan miserable para los ciudadanos que vuelva a esgrimirse el miedo al PP para argumentar su campaña. Me gustaría que el PP perdiera las elecciones porque los ciudadanos españoles apuestan por un proyecto diferente al conservador – ellos sí tienen diáfanamente definido qué quieren – un proyecto concreto, definible, dinámico en su aplicación, abierto en su comprensión temática, esperanzador para la sociedad, equilibradamente sensato entre lo utópico y lo realista, con una meta, con un diseño, unos objetivos… un proyecto que despierte la ilusión. No necesitamos, para eso héroes, desde luego, pero tampoco esa “vieja política”, prematuramente presente en la vida pública española, que representa el sr. Zapatero y su cohorte de medianías. Quiero votar algo “en positivo” – como irónicamente alardea la precampaña socialdemócrata – no quiero seguir votando contra el PP.

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