‘Unplugged’

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Me tomo unos días de descanso para reponerme, para airearme, para caminar incansablemente, para mirar a distancia, para leer en corto y para quitarme esta segunda piel que se me ha puesto. Necesito desenchufarme, desescamarme, sacudirme esta capa que me cubre, levantar esta coraza que me tapa, sacarme el dichoso yelmo. No es un slogan de vida sana: es el plan que tengo previsto antes de volver a las clases. Ustedes sabrán perdonar mi silencio. El lunes 7 de enero regresaré aquí con más brío y, seguro, con mayor número de comentarios. Las Navidades dejan esto muy frío y algo desangelado, y uno tiene la impresión de que habla con eco, de que escribe con voz metálica, de que hay una resonancia: sólo unos pocos amigos esforzados y analíticos –siempre interesantes– me han hecho la caridad de acompañarme dejando sus réplicas por escrito. Les agradezco su fidelidad bloguera y sus discrepancias. Me desenchufo, pues, hasta el 7 de enero. Me voy a caminar, a leer y a esperar la publicación de mis novedades más inmediatas, esas que aparecerán en los próximos días: una reseña sobre Un día de cólera, de Pérez Reverte, en Ojos de Papel;  y un artículo titulado Tres autorretratos de Aznar, en Claves de razón práctica.

Felices lecturas.

6 comments

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  1. David P.Montesinos

    Acepto el consejo, y en especial el referido a Pérez Reverte, autor bastante maltratado por la intelligentsia. Permitame añadirle uno que acabo de terminar, también aprovechando el descanso navideño: “El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo”, de Slavoj Zizek. Complejo, irritante a veces y enormemente sugerente, creo que abre caminos en el análisis de los fenómenos culturales a partir de una metodología mestiza pero extrañamente coherente, donde se dan cita voces tan heterogéneas como Lacan, Hegel, Marx, Nietzsche o Badiou. Impagable la reflexión sobre los Kinder Sorpresa -no estoy de broma- como síntoma del fetichismo de la mercancía característico del modelo consumista. Desconozco si ha sido tratado explícitamente en sus textos o en este blog, pero -quizá digo una barbaridad- muchos tramos me recordaron el sabor de algunas de sus microhistóricas páginas escritas con Anacleto Pons.

  2. Kant

    Yo mismo, don David, he expresado mis dudas sobre la originalidad – y por ende, la honradez intelectual – del señor Pérez Reverte dada su tendencia al plagio. No obstante ello, me sigue pareciendo un autor briosísimo capaz de encandilar al lector de obras literarias trepidantes y/o de misterio, de aventuras y personajes sugerentes. En el mejor y más digno de los sentidos posibles, es un magnñifico autor de folletones, un género fundamental que esa presunta intelectualidad, identificable por su vuelo corto, inteligencia a la par y gustos basados en la moda impuesta por los medios de comunicación (y comercio) que dicho colectivo entiende como “progresistas”, aborrece. Así que le alabo el gusto para disponer en estos días de asueto de una lectura tan intensa como adecuada. Que ud. se divierta bien.

    Por mi parte, mi desconexión (que no mi “desconectabilidad”, aberración que triunfa en los medios analfabetos de la nueva tecnología, junto a su antónimo “conectabilidad”… puaj…) se verá acompañada por el verbo sarcástico y corrosivo de la señora Davis, Lindsey Davis, al recorrer los callejones pestíferos y las magnas construcciones de una Roma que cada vez se parece más a nuestra actualidad (¿o será al revés?).

    Por otra parte, a guisa de advertencia, sin ánimo polémico y más por sugerirle que por otra cosa, le diré que me dejó con la miel en los labios al citar la obra de Zizek. No me preocupa tanto el aporte de autores – yo no los veo tan incompatibles… tal vez sea demasiado irreverente o demasiado heterodoxo o demasiado viejo – como que entre ellos esté el impostor Lacan.

    Le comentaba más arriba que lo único que me molestaba del señor Pérez Reverte era su tendencia al plagio pero, mire, una vez metido en los mundos de perillanes, facinerosos, héroes villanescos y villanos heroicos que recorren sus páginas, al final quiero creer que él mismo se ha infectado de ellos y, a la postre, dado su objetivo literario – divertir, entretener, cautivar – es un pecado venial. Pero en Lacan en otra cosa.

    Sus patéticos intentos de plagiar las ciencias exactas para crear un “corpus” intelectual propio resultan vergonzosos para quienes, al menos, han hecho el bachiller de ciencias. Disfrazar sus abrumadoras carencias matemáticas y físicas bajo una exposición abstrusa sólo confirma su impotencia intelectual y su desvergüenza pública. A la postre, viene a confirmar la charlatanería del psicoanálisis. Afortunadamente, viene en mi auxilio para corroborar esas aseveraciones una obra que en más de una ocasión he citado (y recomendado), una obra que estoy seguro le interesará dado su personal – el suyo, sr. Montesinos – trabajo intelectual con (o mejor, contra) las farsas y simulacros que tan pródigamente reparte nuestra sociedad. Me refiero a “Imposturas intelectuales”, de Sokal y Bricmont, que publicó Paidós en castellano y Empúries en catalán. Todo su capítulo 1 (el primero pero no es el más importante, ojo) está dedicado a desenmascarar la impostura de ese embaucador. Léala, tal vez le dé otra perspectiva de Lacan. Es sólo una amigable recomendación.

    Por lo demás, lo dicho, me voy a hacer de Paje de Sus Majestades Republicanas los Reyes Magos de Oriente y, en los descansos de tan fundamental labor, patearé ese occidente que se desmorona por su propia corrupción de la mano de M. Didio Falco, investigador para particulares.

  3. Roberto Scalfaro

    Esperamos con entusiasmo la próxima temporada (si se me permite una frase televisiva muy de moda por estos tiempos) de este blog donde todos acudimos para establecer contacto con el pensamiento y la obra de su autor, hasta ahora uno de mis favoritos en la red. Saludos.

  4. David P.Montesinos

    Aprovecho señor Kant para felicitarles el año nuevo a usted y a los demás contertulios. No estoy muy al corriente de la cuestión de los plagios a la que usted se refiere, en realidad no soy gran conocedor de la obra de P.Reverte. Le tengo cierta simpatía por algunos artículos; también porque eso que llaman la España de Alatriste o del Siglo de Oro me ha servido para hacer entender mejor ciertas cosas a mis alumnos, y porque sus peripecias como periodista del ente público primero y como reportero después me parecen una novela por sí mismas y sin recurso ninguno a la fantasía. Si fuera excepcional como literato me apetecería colocarlo al lado de Joseph Conrad, con cuya manera de entender la relación entre la literatura y la vida guarda cierta concomitancia. Con frecuencia me ha hecho pensar también en el héroe de Hergé, Tintin, -ya ve que me aferro a mis taras infantiles, también soy incondicional del Capitán Trueno-, y hay a quien le gusta compararlo con el imaginario surgido con la novelística de Baroja. Ya ve que fluctúo algo caprichosamente entre el autor y el personaje, lo cual es muy poco riguroso, pero es una confusión en la cual no se puede caer en tantos y tantos que escriben de guerras sin haber olido más pólvora que la de los petardos, o que hablan amor sin más pasiones que la de la sacristía de la que no han salido desde niños. En realidad no me siento capaz de defender su literatura, pero me gusta que la “crítica especializada” lo tenga en el punto de mira. Por lo demás se ganó todo mi afecto el día que dijo que “hace años que no pasaba dos horas tan magníficas como viendo Master and comander”. Comparto totalmente la fascinación por el film de Weir, más grande y complejo con cada nuevo visionado. También he de decir que me gusta su actitud en las entrevistas. El tipo da la impresión de tener algo que decir, no parece fascinado con su obra, ni piensa que todos le adoramos como se adora bobaliconamente a los intelectuales consagrados… Veo poco academicismo y mucho amor a la vida y a la aventura… en fin, que el tipo me cae bien pese a sus contradicciones y que, a pesar de todo, acaso no sea un gran escritor.

    De Lacan puedo decirle poco. Creo que la generación de los que frisan ahora la cincuentena vive en una relación más intensa, para el amor y para el odio, con este autor. Ya mostré aquí en alguna ocasión mi desconfianza respecto al psicoanálisis como terapia -aquí sé bien de lo que hablo, se lo aseguro-, que se extiende también hacia quienes a lo largo del siglo han querido encontrar en los textos de Freud la piedra filosofal para edificar toda una gran Imagen del Mundo desde la cual entender los fenómenos de la cultura con cuatro conceptos de quita y pon y por lo general mal asimilados. De entre todos estos plastas recuerdo de la Facultad a cierto personaje que se presentaba de esta guisa:”me llamo X, soy lacaniano”. En fin, ya ve que no soy adepto.

    Eso me pone en situación difícil, pues no reivindicó a Lacan, pero sí soy lector de la tradición estructuralista, y soy buen lector de Zizek, en quien las influencias de Lacan son incuestionables. La idea de que lo que llamamos “sujeto” no es una construcción en busca de la autotransparencia en el sentido más kantiano-hegeliano de la expresión, que no es el resultado del largo y penoso proceso histórico en lucha contra el mundo, sino algo mucho más intangible, algo así como el habitante de una desgarradura, el residuo que queda en las operaciones conscientes… toda esa concepción respira sin duda algo del olor de los viejos textos del psicoanálisis. Le confieso que tanto en “El títere y el enano” como en “El sublime objeto de la ideología” pasé más rápido por las páginas en que insistía demasiado en el “significante fálico” y similares usos muy de jerga… si perserveré y terminé incluso en algún momento entusiasmándome fue porque, como otros autores del estructuralismo, la crítica de la experiencia ideológica de las sociedades tardoindustriales sólo se ha puesto al día con algunas operaciones que Zizek -como Foucault, Derrida, Sloterdijk etc…- reivindica. Por ejemplo:

    -Reactualizar el modelo analítico de crítica de la subjetivación y de dialéctica negativa iniciado por los primeros francfurtianos, en especial, Adorno.

    -Releer a Nietzsche para recuperar el valor del “síntoma”, hilo conductor de la filosofía entendida como sospecha.

    -Cuestionar la imagen del sujeto como autotransparente, misión histórica y fuente de todo sentido que nos ha legado la interpretación convencional del pensamiento ilustrado

    -Asumir la relación “dislocada” del significante y el significado como clave de comprensión en todo conocimiento.

    -Asumir que el estatus del propio discurso, el interrogante sobre el lugar desde el que se constituye el sujeto que habla, no solo no es neutral sino que determina definitivamente todos los valores de verdad de dicho discurso.

    -Preguntarse si la verdad surge de la reunificación de elementos dispersos, o si más bien eso a lo que llamamos el sentido surge en los intersticios, en las fracturas, en el juegos de las diferencias…si es antes un residuo, un mc guffin -como esas maletas abandonadas en los trenes de Hitchcock- que el resultado glorioso de las grandes construcciones de la conciencia.

    Bueno, menudo rollo les estoy soltando…

  5. David Montesinos

    Tiene razón el contertulio, se me fue la pinza. Seré menos oscuro para aclarar en público o en privado cualquiera de las opiniones que he expresado si usted así lo desea. Sigo no obstante pensando que se debe leer a zizek.

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