Eduardo Zaplana Hernández-Soro

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0. Feliz año nuevo para todos.

1. La sobrecubierta

Leo Zaplana. El brazo incorrupto del PP, un libro de Alfredo Grimaldos. Lo publica la editorial Foca (Grupo Akal). Puede adquirirse en distintas librerías, pero no en la página electrónica de El Corte Inglés. Leo en distintas webs que el volumen ha sido retirado de los anaqueles de novedades de sus edificios. He verificado que en Valencia no es así: que al menos en el centro comercial de Colón el libro figura en la columna de actualidad política junto a las Cartas a un joven español. ¿Puede hablarse de censura si no lo hallamos en su librería virtual? No puedo pensar tal cosa; no puedo creer que una gran empresa cometa esa torpeza electrónica. Ya lo dijo Voltaire en la tercera de sus Cartas filosóficas: el efecto de la intolerancia es aumentar el interés de lo censurado. “Las persecuciones no sirven casi nunca más que para hacer prosélitos”, para incrementar su atractivo. De ser cierta, la noticia de la retirada forzosa de un libro agigantaría el deseo de poseerlo. 

Pero, claro, la sobrecubierta del volumen es llamativa, bufonesca o hiriente. Podría entender el malestar del protagonista. Como podría entender también la desazón de aquellos que no quisieran indisponerse con el ex ministro de José  María Aznar. Desde luego, ese frontis reclama la atención del espectador. Porque de eso se trata: de atraer al espectador, de convertirlo en comprador y luego en lector. De interpelar al visitante ocasional o habitual de la librería con una imagen y con un título suficientemente espectaculares. El biografiado aparece con gesto pícaro. Es un primer plano del protagonista que dice mucho: con la mano izquierda se tapa la boca, una boca que esboza una sonrisa; y a la vez, con ojillos desafiantes, examina a alguien que está fuera de campo. ¿Quizá un periodista inquisitivo? Las patas de gallo revelan un gesto chistoso y retador a un tiempo, la exacta mezcla de guasa y desdén. Pero no es  esto lo más significativo: lo sorprendente es el reloj que aparece en dicha fotografía. Todo un Hublot Chrono.

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¿Y por qué sorprendente? El reloj es una pieza carísima de varios miles de euros (no les diré cuántos): un objeto que podría figurar en un certamen de lujos cotidianos. Distingue a su portador, lo distancia, lo eleva y lo separa del resto con su “diseño elegante y deportivo”, según leo en su página web. Mostrar ese adminículo sólo es posible para unos pocos. No es la pieza clásica o antigua de la familia: esa herencia, ese apreciado reloj del abuelo que todos los nietos ambicionan. No: este reloj suizo, famoso por su pulsera de caucho con “un delicado aroma a vainilla”, es una maquinaria que sólo se remonta a 1980. Se trata, pues, de un ingenio reciente, una pieza muy valorada que triunfa entre las nuevas clases emergentes y entre algunas celebridades: Quincy Jones o Maradona o… Zaplana.

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2. Lujos ostensibles

“La posesión de riqueza confiere honor; es una distinción valorativa”, decía Thorstein Veblen en su Teoría de la clase ociosa (1899). En las sociedades antiguas, la actividad depredadora era la tarea cotidiana y el hábito de las gentes. En las sociedad modernas, añade Veblen, “la propiedad acumulada reemplaza cada vez en mayor grado los trofeos de las hazañas depredadoras como exponente convencional de prepotencia y éxito”. No es que ya no se conceda valor a la depredación: es que hay menores oportunidades de obtener esos trofeos bélicos, ese botín fruto de la rapiña. El hombre quiere distinguirse, pero en las sociedades modernas esto no suele lograrse con el hecho heroico o notable de la guerra. De ahí que la acumulación material consista, entre otras cosas, “en alcanzar un grado superior, en comparación con el resto de la comunidad, por lo que se refiere a fuerza pecuniaria”. O, en otros términos, lo que es insaciable en el hombre no es la necesidad material, sino su reputación, su estima, su comparación valorativa: y éstas se logran en la sociedad capitalista con la riqueza ostensible, con esos lujos que prueban la calidad de su poseedor. No se trata de ahorrar, cosa que más o menos siempre hacen los seres humanos: de lo que se trata es de mostrar los logros personales, que son conquistas materiales.

El libro de Alfredo Grimaldos se habría beneficiado mucho si su autor hubiera empleado a Veblen para recrear la figura de Eduardo Zaplana, alguien que en sus páginas aparece como un nuevo rico.  Si es cierto lo que leemos en Zaplana. El brazo incorrupto del PP, entonces tenemos a un caudillo moderno que hace de la acumulación y del derroche vicario su lógica. No se trata de destruir riqueza como gesto desprendido, sino de organizar la política como un potlach: como una fiesta exuberante en la que quien da espera recibir duplicado. Según esa lógica, se trata de invertir bienes y recursos públicos para ejemplificar y repartir dádivas, para prosperar personalmente, para tejer un red de beneficiados y paniaguados, de amigos políticos. ¿Es así Eduardo Zaplana? Si hemos de creer lo que Grimaldos dice de él, entonces buena parte de la descripción vebleniana se ajustaría a su figura. El autor nos muestra la suma de rapiñas, el repertorio de gestas depredatorias que hacen del personaje un George Duroy de nuestros días: un Bel Ami, ya no de Maupassant, sino de sí mismo.  Es tal la retahíla de logros materiales, de beneficios vicarios, de gestos instrumentales, de maniobras indirectas; es tanto lo denunciado y lo condenado por algunos tribunales y medios, que sorprende la capacidad de dicho personaje para salir indemne. ¿Falsas imputaciones? Desde luego, el libro de Grimaldos habría ganado si no le hubiera puesto ese subtítulo escandaloso y enfático, innecesariamente sarcástico. Los contenidos del volumen son prueba abundante de lo que el autor quiere mostrar y demostrar.

Iba a continuar, pero qué quieren: regreso al volumen de Grimaldos y vuelvo a ver una versión moderna de los trepas del siglo XIX. En ese caso, vuelvo a pensar lo que escribí para Levante-Emv en mayo de 2007.  “Yo no creo que Eduardo Zaplana sea un calco de esos personajes novelescos; tampoco creo que la suerte venidera del ex president de la Generalitat sea la de regresar a la cuna humilde de la que partió. Pienso que el señor Zaplana es un ciudadano intrépido que concilia envidiablemente provecho y utilidad, alguien que supo granjearse la admiración de sus correligionarios y al que su partido y los periódicos afines ahora pretenden postergar (…). Yo no creo que el señor Zaplana merezca esta suerte que le reservan sus antiguos partidarios: sería muy reparadora si viviéramos en un folletín, pero es tremendamente injusta si pensamos el empeño real que a todos sus amigos mancomunó”. Insisto: ¿es Zaplana un personaje de folletín? Tengo la impresión de que estamos intoxicados por la literatura, razón por la cual aún vemos a nuestros contemporáneos con los perfiles de nuestros héroes alfabéticos. Seguramente, la vida es más simple y, por tanto, los políticos como Eduardo Zaplana se parecen más a personajes televisivos. Él mismo es un personaje televisivo… ¿A cuál de ellos encarna?

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3. Zaplana, entrevisto

¿Recuerdan Eduardo Zaplana, un liberal para el cambio en la Comunidad Valenciana, aquel libro de 1995? Su coautor Rafa Marí, el periodista que entrevistó al político, me interpela en Las Provincias. Supongo que su mención se debe al comentario que hice de su libro en un reciente artículo en Levante-Emv. Leo: “Entrevisto a Suso de Toro, autor de Madera de Zapatero (RBA), un ensayo sobre la personalidad del presidente del Gobierno. Es un libro que interesará mucho al profesor Justo Serna, muy atento a lo que él llama subgénero literario. Lo es. Rara vez tienen vuelo dialéctico estos volúmenes. Suelen ser productos de compromiso. Pero no está de más precisar que en algunos casos se trata de libros sobrios e informativos publicados hace 12 años sobre políticos en la oposición, y otros son entusiastas loas bien recientes de políticos en el poder. En ese punto, hay diferencias. Serna, librepensador inteligente, sabe ver esos matices. En sus crónicas los analiza siempre con objetividad. Estoy ansioso por conocer su opinión sobre Madera de Zapatero. Seguro que si algo no le gusta, lo dirá, igual que hizo la semana pasada Antonio Elorza. El problema somos nosotros y nuestras ambiciones”.

Respuesta: Apreciado Sr. Marí, le remito la lectura que de Madera de Zapatero he hecho. Espero no decepcionarle con mi escueto análisis. Decía usted en Las Provincias que estaba ansioso por conocer mi opinión sobre Madera de Zapatero. Aquí la tiene: en Levante-Emv no va a poder ser. Ni en corto ni en largo. Pero sí en este blog.

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4. Hemeroteca histórica de Justo Serna sobre Eduardo Zaplana:

-“La retirada de Zaplana“, Levante-Emv, 19 de noviembre de 2007

-“Zaplana“, Levante-Emv, 4 de mayo de 2007

-“Route Zaplana“, Levante-Emv, 29 de agosto de 2006

-“Eduardo Zaplana, ficción y dicción“, El País, 9 de abril de 2004

-“El portavoz“, El País, 23 de diciembre de 2003

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5. Colofón de Alfons Cervera sobre Eduardo Zaplana:

“El tiempo dirá si al final prescriben los posibles delitos del honorable presidente o se celebra el juicio que decidirá dónde habrá de pasar el tiempo que vendrá después de la sentencia: si en su casa de lujo o en la cárcel. Minuto arriba o abajo de donde se ubica el tiempo de Zaplana: quizá cuando ya no mande nada a partir de marzo lo veamos metido en los berenjenales de algún juzgado valiente, pues valiente ha de ser quien se meta a desinfectar el lodazal de sus aviesas andaduras. Queda para el testimonio el libro “Zaplana. El brazo incorrupto del PP”, del periodista Alfredo Grimaldos. Da gusto y repelús a la vez leer la vida y milagros del portavoz de Aznar en el Parlamento…” Levante-Emv, 30 de diciembre de 2007.

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6. ¡Viva el laicismo disolvente!

“Los clérigos no tienen derecho a convertirse en jueces de quienes no formamos su rebaño, no tienen derecho a dictaminar sobre lo que creemos quienes no creemos y no tienen derecho a imponernos sus metáforas. Resulta sorprendente que estas cosas tan sabidas tengan que ser recordadas…  Quizá García-Gasco o Carles, tan dispuestos a enojarse con los laicos, debieran repasar aquel librito epistolar que firmaron Umberto Eco y Carlo Maria Martini, arzobispo de Milán, diez años atrás. Se titulaba justamente ¿En qué creen los que no creen? Como señalaba Eco, la dimensión ética de lo humano no comienza cuando Dios nos da la mano (por emplear las palabras de García-Gasco), sino «cuando entran en escena los demás», de los cuales esperamos aprobación, respeto, tolerancia. Pero el reconocimiento de los demás, esos a los que debo ese trato, no es evidente: nos ha costado siglos de civilización salir de Edén para considerar a los otros como próximos. «Ni siquiera los cruzados sentían a los infieles como un prójimo al que amar excesivamente», añadía Eco con ironía. Y es que tolerar a los demás, respetar en ellos lo que nos incomoda, es un fruto ético que ha exigido mucho tiempo de riego, de dique cultural y de contención metafórica”.

15 comments

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  1. Paco Fuster

    Ayer mismo por la mañana recordé que tenías pendiente hablar de Zaplana y que aún no lo habías hecho. Lo recordé porque estoy immerso en plena lectura de biografias y memorias. Estoy leyendo del libro de memorias – que no biografía – de Barack Obama, en donde por cierto, relata una seria de circunstancias de la política americana (la crispación política que se ha vivido en la última legislatura Bush entre demócratas y republicanos) que parecen un retratro fiel y calcado (he marcado algunos pasajes muy evidentes de esto) de lo acontecido en nuestro país con socialistas y populares. También tengo sobre mi mesa una biografía del “Che” Guevara (unas 500 pp.) que tengo que leer para una asignatura.

    Sobre el tema de la censura, coincido plenamente – creo que todos coincidimos – en que la retirada de un libro es el paso previo a su consagración como fetiche y objeto de culto. Acabo de leer hace unos dias el libro sobre el caso de Ariel Toaff y me lo ha confirmado totalmente. Este es un caso flagrante y evidente de como la censura ha convertido a este libro en poco menos que un hito editorial y una pieza codiciada por coleccionistas que llegan a pagar 300 euros por un libro cuyo valor inicial no rebasaría los 20. La atracción de lo prohibido – de lo censurado – dirían algunos.

    En el caso concreto de este libro, yo lo he visto esta semana pasada muchas veces en el Fnac de San Agustín, aquí en Valencia. Y lo he visto muchas veces porque está en un lugar prefencial o muy preferencial. No está en la gran mesa de novedades – como estaba el de Obama que yo adquirí – sino que está a un extremo de esa mesa, en un aparador especial junto al libro de Aznar (aunque en una posición más elevada si mal no recuerdo, esto es, más en línea con nuestra visión natural) y otros “best-sellers” del momento. Además, está situado en una zona imposible de no ver, justo en el extremo de la mesa de novedades que confronta con la sección de los libros de historia, una de la zonas más frecuentadas en esta tienda y de paso casi obligado para iniciar la búsqueda de cualquier libro. Por cierto he comprobado la página web de este centro comercial y no han cometido la torpeza de la que habla Justo. Se puede comprar el libro sin problemas:

    http://www.fnac.es/dsp/?servlet=extended.HomeExtendedServlet&Code1=571385410&Code2=325&prodID=684578

  2. jserna

    No acabo de entender dónde está el problema biográfico. ¿Es Zaplana un personaje de folletín?, me preguntaba. Los esquemas narrativos del melodrama siguen vigentes: en televisión y en los restantes medios. ¿En qué sentido es así?

  3. Paco Fuster

    Por orden de lectura en el post, empiezo con la alusión que has puesto al laicismo, que no podía ser más oportuna. Lo de la manifestación de ayer en Madrid promovida por Rouco me parece un acto que, si en sí mismo puede ser entendible e incluso loable, pierde toda razón de ser con sus formas. Lo de Rouco Varela diciendo que la legislación española sobre la família ataca a los Derechos Humanos me parece una barbaridad, pero lo de nuestro arzobispo lo supera con creces. Monseñor Garcia-Gasco se ha crecido ya definitivamente y se ha echado al ruedo, para no ser menos que su homólogo madrileño. Su reciente nombramiento como cardenal por Benedicto XVI, era lo que le faltaba para creer que además de ministro de la Iglesia, puede opinar – y generar opinión que es lo que quiere – sobre política o sobre legislación. Ayer nos dijo tan tranquilo, que el laicismo – yo no lo hago, pero él le añade el calificativo de “radical”, porque todo lo que no sale de la Iglesia es “radical”, pero eso el laicismo se sobreentiende que es “laicismo radical” – es un fraude y que conduce a la disolución de la democracia. ¡Que cosas! Yo pensaba hasta hoy que un valor democrático era la libertad de culto y el Estado laico o si más no, aconfesional. Se ve que no me entero.

    Sobre este tema no pienso opinar más porque me parece un absurdo total. Hoy mientras comía he visto al socialista Pepe Blanco – que no es mi ídolo precisamente, pero que de vez en cuando habla con sentido – decir una cosa que comparto. Decía Blanco que el gobierno no está contribuyendo a acabar con la família, sino que es la Iglesia la que está crispando el ambiente y diviendo a los cristianos. A algunos cristianos como yo mismo – decía Blanco -, viendo la actitud de la jerarquia católica, nos da ganas de borrarnos. Cuando lo he escuchado no he podido evitar la sonrisa, porque la expresión – borrarse de “ser cristiano” o de la Iglesia – no me digan que no es certera para expresar el hastío que genera ver a los azorbispos agitando a las masas contra el gobierno, sea éste o aquel.

    Sobre Zaplana, yo creo que es más listo de lo que muchos piensan. No creo, como dice Alfons Cervera, que haya ningún juzgado tan valiente, ni creo que él haya sido tan torpe como para ir dejando pistas de sus andanzas. He escuchado muchas “leyendas urbanas” sobre sus chanchullos en Terra Mítica, con el caso Naseiro, con asuntos de solares, recalificaciones y demás; pero hasta el momento nadie ha aportado pruebas claras que le hayan llevado a los juzgados. Esa famosa frase en la que decía que estaba en política “para forrarse”, le ha acompañado siempre – y probablemente no le abandonará – como un sambenito incómodo, pero yo no la he podido escuchar nunca.

    Yo creo que no es personaje televisivo y mediático que ejerce una atracción muy fuete sobre parte de su partido. Combina una capacidad retórica innegable – nos gusten o no sus ideas, nadie puede negar que se expresa mejor que la mayoría de políticos, por algo lo elegieron portavoz de su grupo en el Congreso – con una ambición que intenta disimular sin mucho éxito. Intenta transmitir, o almenos a mi lo transmite, una imagen de persona directa y con las ideas claras. Frente al “galleguismo” ambiguo de Rajoy – del que ya hablamos aquí en su dia – y al hablar contradictorio y carente de todo crédito ya de Acebes, el representa el la convicción segura y tozuda en unos ideales inquebrantables. Es consciente de que al ser el portavoz, la ha tocado el trabajo sucio del cruce dialéctico con la opisición y la tarea de dar forma y verbalizar toda la inquina de su partido hacia el adversario y todo el resentimiento por no estar en el gobierno. Creo que asumió este papel de desgaste del gobierno socialista desde el principio porque aunque no lo parezca, me da la sensación – no lo sé seguro claro – que es una persona con muchos apoyos – esa red clientelar y de favores que describe el libro -, que es consciente de que hay mucha gente que piensa lo mismo que él pero no se atreve a decirlo. Creo que su opinión cuenta mucho en el partido, pero también creo que él y Acebes se lo han jugado todo a una carta. Si Rajoy gana las elecciones, a ver quién es el valiente que les tose a ellos, que podran presentarse como artífices de la victoria (veís como lo estábamos haciendo bien, se diran entre ellos). Ahora bien, si pierden, todo habrá acabado. El fracaso será absoluto y perderan toda credibilidad, en favor de ese sector más moderado y centrista de Gallardón y compañia, en un segundo plano de momento.

    Creo en resumen, que es un político que no deja indiferente a nadie. Si bien es cierto que su fama de corrupto le acompaña – prueba de ello es el libro éste -, no es menos cierto que la derecha ve en él a un tipo serio y convencido, que no acepta las “medias tintas” y que sabe muy bien lo que quiere y está dispuesto a conseguirlo caiga quien caiga. Esa determinación que muestra es la que le vale el favor de los votantes de la derecha que ven en el un modelo de seriedad y contundencia, frente a la debilidad y las buenas formas de Zapatero.

  4. Vania

    Feliz 8 a Serna y a todos los frecueentaores de su posada.

    Estupendo eso de que mi muy admirado Veblen explique avant la lettre (¿no es de 1899 su libro?) a Zaplana.

    A mí, si he de ser sincero, siempre me ha parecido que, más que un gánster de Chicago años 30 o un capomafioso de Ford Coppola, Zaplana da la imagen tópica –y por eso exacta– de un gerente (gerente, no portero) de puticlub de carretera levantina española.

    Y, mal que me pese, debo decir que alguna que varias damas de mi entorno afectivo más próximo lo consideran un moreno de verde luna muy atractivo. Que tiene un polvo, vaya. Dioses.

  5. Vania

    Coda al mail anterior: en cuanto a la madera de Zapatero, creo que el hagiógrafo (ese gallego de cuyo nombre prefiero no acordarme) es infinitamente más sandio que su señorito, ese que dice Madriz, cosa aún más horrenda que Madrit.

  6. Jaime

    Me interesa lo que J Serna escribe pero no veo la relación entre E Zaplana y la religión o los curas. No la veo! Y eso periodisticamente es un fallo

  7. Kant

    Buen año tengan uds. (y yo), que a todos nos va a hacer falta. Ando metido en este pluriempleo mío, temporal, extraordinario, reiterado en los años pero inconstante en el tiempo, de Paje de Sus Majestades Republicanas, los Reyes Magos de Oriente y no he podido entrar en el “blog” de don Justo hasta ahora mismo. Poco podré estar en él porque las cartas de los niños se me amontonan en la mesa y todavía no tengo todos los juguetes retirados del Bazar. No obstante, comenzar el año con semejante personaje – convendrán uds. conmigo que el ciudadano Zaplana ha superado con creces los límites de su propia personalidad, anodina por demás, para pasar a destacar en la feria de los milagros de nuestros días sin vergüenza – comenzar el año con él, decía, es un acto de valor: puede revolver un estómago demasiado embutido de turrones.

    Me interesa en concreto la carencia que apunta don Jaime. El mismo título del libro ya vincula al personaje con la materia (“el brazo incorrupto”). Creo que debiera habérsele prestado mayor atención al asunto. Indagar en el vínculo entre el protagonista y el arzobispado valentino – y por extensión, la Iglesia Católica – comenzaría a mostrar más claramente su sendero de gloria y así, entender mejor a ambos, a él y al arzobispo, a la sazón, jefe de la Inquisición en España.

    Son conocidos los vericuetos que puede recorrer un muerto de hambre – cualquier muerto de hambre – para ascender en la escala social. La literatura está bien repleta de casos aunque las páginas judiciales de los periódicos no lo estén tanto. Si parece obvio el paso inicial, el celebérrimo y milenario “braguetazo”, como vía imprescindible para cualquiera que quiera ser algo emergiendo de las penumbras de la sociedad, el paso siguiente será instalarse en algún puesto de relumbre provinciano aunque de bajo perfil (por ejemplo, alcalde de un municipio). Así ubicado, el trepa se descara y asistimos al espectáculo de su medra en el propio partido que lo aupó a su inmerecido puesto público (y democrático, sobre todo, democrático) para, desde ese lugar, acabar con los que le apoyaron en su ascenso, apoyarse en los advenedizos del mismo y, entonces, lanzarse a la conquista de la sociedad que anhela. ¿Qué reclama de ella?: enriquecerse. Ya sea de honores, sólo si en el fondo es un alma de cántaro; ya de capitales, si se es un rapaz sin escrúpulos; ya de ambas prebendas si, en conclusión, se es un sinvergüenza. Pero para tan alto objetivo, necesita algo más que su propio partido y que su nueva familia. Requiere de apoyos externos de mayor fuste: tal vez el empresariado o los sindicatos; puede que la banca o el esoterismo; o, ¿cómo no?, la todavía eficaz – la eficiencia la perdió hace mucho – Iglesia Católica. ¿Algo de semejante cuadro general sería aplicable al ciudadano Zaplana?…

    No lo sé, ya me conocen y saben que no tengo muchas luces, sólo que me inquietan algunos asuntos, precisamente, cuando no los comprendo. Y el camino que conduce desde el emigrante cartagenero, liberal, afincado en Benidorm en un periodo incierto, nubloso, soslayado por sus hagiógrafos, hasta el actual Hublot Chrono en su muñeca, como ex ministro del Rey y vocero conservador, incluso reaccionario, de su partido, no deja de chocarme. Y cuando además, vemos que su gestión autonómica se entreveró con el “renacer reaccionario” de la diócesis valenciana (persecución a los elementos más jóvenes y/o progresistas y castellanización eclesial), algo que su rival político y antiguo pupilo, el actual presidente de la Generalitat valenciana, sigue con devoción de monaguillo, bueno, pues algo querrá decir.

    Algo que los periodistas, bien apesebrados ellos, moderaditos siempre e indudablemente políticamente correctísimos – no vaya a ser que se quede sin publicidad institucional su empresa y él sin soldada – deberían haber investigado si tan cuarto poder se autoproclaman. Pero no, por ahí, don Jaime, sólo encontramos silencios cómplices y exposiciones vergonzantes. Sin embargo, a pesar de los silencios y las tinieblas, las evidencias son abrumadoras.

  8. Paco el laico

    Es triste decir lo mismo y no sacar nada. Serna se repite y la historia va por otro lado!

  9. Pavlova

    Reconforta ver que nuestro becario (Paco es nuestro becario ¿no?) sigue al pie del cañón aunque haya cambiado el año.

    Aprovecho para felicitar el año a todos, aunque sea costoso bajo “la geta” de ese tipo que tenemos arriba (¿Es atractivo para las mujeres, Justo? debo ser yo un carabiero, pues. Los maniquíes de Cortefiel nunca me han parecido atractivos y eso que no tienen el matiz chulesco y prepotente -¿Será el reloj?- del interfecto).

    Bueno, eso, que tenemos un día más para hacer que el 2008 sea de hermoso recuerdo. A aplicarse :-)

  10. Rafa Marí

    Estimado señor Serna:

    Por fin he podido leer, en su blog, el comentario que le dedica a ‘Madera de Zapatero’, de Suso de Toro, y también por fin he podido leer ese libro. Hasta ahora sólo conocía referencias (todas muy negativas) sobre este retrato del presidente del Gobierno.
    Intentaré no extenderme mucho. En primer lugar me gustaría que viese en mi réplica a sus comentarios en torno a este asunto no una controversia sobre Zaplana o sobre Zapatero. De eso tal vez podamos hablar en otra ocasión, y quizá coincidamos en más de un aspecto.
    Tampoco tengo interés en hablar de la mayor o menor calidad de ‘Eduardo Zaplana. Un liberal para el cambio’, libro de 1995, de ‘Madera de Zapatero’. Ninguna de las obras es buena, desde luego.

    Pero sí quiero hablar del tono empleado para escribirlos y del contexto. Primera diferencia, y no pequeña: ‘Eduardo Zaplana. Un liberal para el cambio’ es sólo una larga entrevista (en nueve capítulos) para dar a conocer los proyectos de un candidato, poco conocido y entonces en la oposición en el gobierno autonómico. Supongo que eso es legítimo e incluso necesario y razonable en una democracia. ‘Madera de Zapatero’ es por contra un libro encomiástico sobre el presidente del Gobierno, cuya manera de enfocar los asuntos públicos ya es bien conocida de los ciudadanos.
    Usted, al comentar el libro de Zaplana inmediatamente me endosó el calificativo de ‘interlocutor aúlico’. Voy al diccionario de la RAE (aunque no me hacía falta comprobarlo): ‘áulico’ significa “perteneciente a la corte o al palacio. Cortesano o palaciego”.
    Pues bien, yo niego que aquel fuese un libro cortesano. En ese sentido fui voluntaria y dedicidamente sobrio.
    Sin embargo, esa etiqueta de interlocutor aúlico no se la dedica a Suso de Toro. Faltaría más. Usted va con mucho cuidado cuando intuye que el terreno es resbaladizo. Es muy mirado y deja caer, a lo sumo, algún pequeño reproche al tono empalagoso de libro, pero no se explaya, qué va, pese a lo larguísimo de su artículo y pese a a las cosas un tanto ruborizantes que se leen en ‘Madera de Zapatero’. Reproduzco algunas de las alabanzas (¿podríamos llamarlo propaganda?) que aparecen en la obra de Suso de Toro.
    Del autor a Zapatero: “Una persona de fuerte personalidad, con un sentido de la decencia personal muy profundo, que aborda las situaciones complicadas con valentía”; “Habla de un modo claro y con franqueza”; “Al ver y oir a Zapatero, uno sabe perfectamente que habla de buena fe”; “(es) un personaje que nos recuerda mucho al mito del Rey Arturo, aquel joven que se coronó rey”, “No sólo dice la verdad, o lo que él cree que es la verdad, sino también que lo hace con gran inocencia”…

    De Zapatero sobre sí mismo (Y sin que el autor le haga objeción alguna): “De niño recibí alguna bendición, algún saludo, mucho cariño, algo que en cierta manera me hizo príncipe”; “La última frase que le dije (a mi madre) fue: ‘Mamá, ¿crees que voy a ser presidente del Gobierno?'”; “Mi madre escuchó desde siempre: ‘Cuánto vale este hijo (….) llegará donde quiera”; “Mi madre iba a los mitines y veía que la gente se encandilaba (conmigo)”; “¿Un guerrero solitario? Sí, puedo aceptarlo”; “Es verdad, procuro no depender de la opinión de nadie. Absolutamente”; “Aparento ser una persona muy fría (pero) soy muy sensitivo”…
    Prefiero, para no ponerme pesado y para no abusar, no reproducir las opiniones abrasivamente ‘pelotas’ que le dedican sus colaboradores y familiares a Zapatero. Además, lo entiendo. El amor y el agradecimiento son así. Es muy humano.
    Pero le reprocho a usted la doble vara de medir en lo que concierne al colesterol cortesano. Intente encontrar en ‘Zaplana. Un liberal para el cambio’, cosas como las que acabo de reproducir. Algo habrá, sobre todo cuando Zaplana habla de sí mismo. Pero creo recordar que muy poco. Y de mí hacia Zaplana, nada o casi nada. Cortesía liberal como máximo. Podría equivocarme, porque la memoria es muy traidora y no he releído el libro, pero no creo. Si es así, corríjame, señor Serna.
    Para mí todo esto tiene algo de intrigante. Los mejores pensadores de la socialdemocracia, y a usted le tengo por uno de ellos, se cuidan mucho de llamarle cortesano al cortesano provisto con una buena carga de melaza, si se trata, como es el caso, de un cortesano socialdemócrata. Prefieren escribir un nuevo y repetitivo artículo sobre Rajoy, Acebes y Zaplana. El miedo a ser políticamente incorrectos ha convertido a la mayoría de comentaristas e intelectuales en apologistas de las propias filas. Las posturas acríticas suelen ser premiadas con un ministerio, una dirección general o la dirección del Instituto Cervantes. La política es así, lo sé. Hay excepciones en las filas progresistas (Savater, Elorza, Pantxo Unzueta…) pero muy pocas. La gran mayoría prefiere moverse en terreno acotado y no dar la nota, no sea que los que mandan les aparten de la tribu. Antes sumisos que rechazados.
    ¡Con las cosas que deben debatirse sobre el PSPV, tras pasar de las mayorías absolutas a una situación casi menesterosa! Con las críticas que hay que hacerle, y las ideas nuevas que hay que sugerirle, resucitar mi libro sobre Zaplana de hace doce años y medio, me parece, qué quiere que le diga, un acto de deshonestidad intelectual. O una actitud oportunisra que ha tenido, por cierto, un mal pago.
    Y usted no me parece un intelectual deshonesto, que conste. Pero si me parece un hombre temeroso, aunque no precisamente de Dios. Temeroso y un tanto atormentado en el terreno de las ideas. Y perdóneme este liviano apunte psicoanalítico: si lo considera inapropiado, y creo que probablemente lo es, lo retiro inmediatamente. Creáme: me gustaría conocerle personalmente (¿hay alguna otra manera de conocer a alguien?) y hablar con una cálidez que estas ásperas líneas no tienen, sobre la necesidad de una derecha liberal en España, sobre los mitos de la izquierda, sobre el clericalismo, la corrupción, el culto a la personalidad, el protagonismo excesivo de los políticos en detrimento de los profesionales, sobre nacionalismos, sobre estatutos, sobre políticas territoriales, sobre la ETA…
    Un saludo desde el respeto.
    Le deseo lo mejor.
    Rafa Marí

  11. Concha

    Zaplanta siempre me ha parecido un “encantador de serpientes”, de serpientes “bobas”. No obstante he de reconocerle dos cosas: un “algo” que encandila y derrite a ciertos sectores femeninos, y la evolución de su retórica. El chico de cartagena ha aprendido rápido y bien.

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