Zaplana…

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1. Hace unas semanas publiqué un artículo titulado “La retirada de Zaplana“. Días después añadí en este blog una entrada, “Eduardo Zaplana Hernández-Soro“, que obviamente trataba de la misma persona. ¿Hay razones de actualidad que me justifiquen? ¿Exhumo arqueológicamente a un personaje olvidado? Creo que para hablar de Zaplana hay razones bien actuales. En mi caso, la reconstrucción de su figura, de su proyección, no es algo sobrevenido, pues llevo varios años rastreando su puesta en escena, examinando los efectos que su protagonismo público, político, provoca. ¿Una manía particular?, me pregunto. No lo creo: Eduardo Zaplana sigue siendo uno de los activos del Partido Popular, mal que les pese a algunos. En efecto, hay antiguos seguidores o correligionarios o conmilitones o periodistas que prefieren olvidarlo, relegarlo, confinarlo, como igualmente puse de relieve en un artículo meses atrás. Esa actitud se da, por ejemplo, entre columnistas o reporteros del grupo Vocento. En Abc, sin ir más lejos, la cantinela antiZaplana es ya un lugar común. Parece que para ellos se ha convertido en un personaje ambicioso, materialista y voraz, quizá poco recomendable. ¿Lo es? Tengo para mí que Zaplana sigue siendo lo que siempre fue y no ocultó. Aparentemente no hay nada nuevo ni nada actual justificaría que yo mismo escribiera sobre él.

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2. Eso parece decirme Rafa Marí, periodista de Las Provincias (también del grupo Vocento) responsable de un libro titulado Eduardo Zaplana. Un liberal para el cambio en la Comunidad Valenciana, un volumen de 1995. Como dije días atrás, Rafa Marí, que entrevistó al político para escribir dicha obra, me interpelaba en Las Provincias. Supongo que su mención se debía al comentario que yo había hecho de su libro –tantos años después– en un reciente artículo en Levante-Emv. Leo: “Entrevisto a Suso de Toro, autor de Madera de Zapatero (RBA), un ensayo sobre la personalidad del presidente del Gobierno. Es un libro que interesará mucho al profesor Justo Serna, muy atento a lo que él llama subgénero literario. Lo es. Rara vez tienen vuelo dialéctico estos volúmenes. Suelen ser productos de compromiso. Pero no está de más precisar que en algunos casos se trata de libros sobrios e informativos publicados hace 12 años sobre políticos en la oposición, y otros son entusiastas loas bien recientes de políticos en el poder. En ese punto, hay diferencias. Serna, librepensador inteligente, sabe ver esos matices. En sus crónicas los analiza siempre con objetividad. Estoy ansioso por conocer su opinión sobre Madera de Zapatero. Seguro que si algo no le gusta, lo dirá, igual que hizo la semana pasada Antonio Elorza. El problema somos nosotros y nuestras ambiciones”.

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3. Respuesta de JS del 29 de diciembre de 2007: Apreciado Sr. Marí, le remito la lectura que de Madera de Zapatero he hecho. Espero no decepcionarle con mi escueto análisis. Decía usted en Las Provincias que estaba ansioso por conocer mi opinión sobre Madera de Zapatero. Aquí la tiene: en Levante-Emv no va a poder ser. Ni en corto ni en largo. Pero sí en este blog.

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4. Respuesta de Rafa Marí del 9 de enero de 2008: aquí. Quizá larguísima.

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5. Respuesta de JS.

¿Zaplana o Zapatero? ¿Eduardo Zaplana. Un liberal…, de Rafa Marí?  ¿O Madera de Zapatero, de Suso de Toro? El señor Rafa Marí tiene la amabilidad de contestarme explayándose en un comentario muy extenso, larguísimo: exactamente como lo que él dice de mi artículo sobre Madera de Zapatero, incluido en este blog. Sin embargo, mi artículo no es larguísimo: es una reseña in progress que fue escribiéndose a lo largo de varios días, conforme la lectura y la relectura del libro me sugerían énfasis o subrayados. Nada más empezar su comentario –insisto, larguísimo–, el señor Marí me dice inmediatamente de lo que no quiere hablar: ni de Zapalana ni de Zapatero, ni de su libro ni del de Suso de Toro. Francamente, creo que desechar esos objetos de análisis es un pérdida que nuestros lectores no entenderán. Y más, admitiendo como hace el señor Marí, que “ninguna de las obras es buena, desde luego”. Precisamente eso es lo que deberíamos debatir: ¿por qué la literatura áulica no suele dar buenos resultados?

Pese al malestar que le provoca el adjetivo “áulico”, pese a que yo le llamara “interlocutor áulico” en un artículo, creo que esa calificación es descriptiva, no necesariamente peyorativa: designa, en efecto, lo cortesano, lo propio de palacio. Designa a aquel que presta servicios a quien ejerce el poder o espera ejercerlo, en acto o in spe. No es infrecuente que el gobernante o el opositor se rodeen de glosadores que le ayuden a explicarse o incluso a expresarse. Esos auxiliares ejercen un papel interesante. Muchos políticos parecen necesitar a estos profesionales de la escritura, pues de ellos dependen la buena o la bella prosa, el orden expositivo y la claridad de enunciados: el lucimiento o los trucos de magia. Por ejemplo, uno de los personajes de la ficción de Javier Marías era un monarca campechano, un virtuoso de los flippers, un frecuentador de todo tipo de cuchipandas; era un soberano simpático, con metas y objetivos incluso sensatos, un rey que tenía algunas ideas, pero al que -según decían- le costaba ordenarlas. Para eso estaba el cortesano: para ordenarle las ideas, para completarle los párrafos o para rellenar sus vacíos. 

Dice el señor Marí que no quiere hablar de Madera de Zapatero ni de Eduardo Zaplana. Un liberal… Dice eso, pero inmediatamente habla de ambas obras: a la primera la descalifica como encomiástica; a la segunda, la suya, la califica como “una larga entrevista (en nueve capítulos) para dar a conocer los proyectos de un candidato, poco conocido y entonces en la oposición en el gobierno autonómico”. Lo encomiástico puede expresarse con ditirambos: los que hacen los familiares y los amigos del político. Pero lo encomiástico puede expresarse también prestando un servicio verbal: prestándose a hacer una entrevista cómoda que facilite la racionalización, la justificación, las promesas de un candidato.

Pero el grueso de la intervención del señor Marí se dedica no a esto, sino a criticar a Suso de Toro. Él, el escritor gallego, sí que sería un  cortesano socialdemócrata, un tipo capaz de escribir con ditirambos, cosa que yo habría evitado denunciar. No es cierto. Por ejemplo, me parecía y me parece un exceso increíble convertir a Rodríguez Zapatero en “un nuevo Arturo”, como hace Suso de Toro. Literalmente decía yo mismo aquí: “me parece igualmente inverosímil e hiperbólico que el prologuista identifique a Rodríguez Zapatero con el mito de Arturo, aquel joven que se coronó rey“. Y añadía:  “La hipérbole del seguidor, del militante, del amigo puedo comprenderla, porque se fundamenta en una verdad exagerada en la que el afín cree: en función de ella obra. Pero hay un problema: el elogio desmesurado agiganta virtudes reales hasta convertir en un monstruo al individuo real, amenazado siempre por el engreimiento del poder, del poder gubernamental o de partido”. En un monstruo: las alabanzas de los amigos te pueden convertir en un monstruo. ¿Más claro? ¿Necesita, el señor Marí, que me exprese con mayor claridad?

Por otra parte, como si yo fuera un analista adocenado o apesebrado, el señor Marí, añade generalizando:  “Los mejores pensadores de la socialdemocracia, y a usted le tengo por uno de ellos, se cuidan mucho de llamarle cortesano al cortesano provisto con una buena carga de melaza, si se trata, como es el caso, de un cortesano socialdemócrata. Prefieren escribir un nuevo y repetitivo artículo sobre Rajoy, Acebes y Zaplana. El miedo a ser políticamente incorrectos ha convertido a la mayoría de comentaristas e intelectuales en apologistas de las propias filas”.

Le agradezco al señor Marí que me considere un pensador, elogio que me da reparo en aceptarle: sólo se lo acepto por la carga irónica que plantea. Lo que ya no entiendo es por qué me identifica como socialdemócrata. ¿En algún momento he calificado al señor Marí de conservador, de liberal? Creo que es una identificación ad hominem. Lo que uno diga puede ser interesante o nada interesante, se sea o no socialdemócrata. Jamás he abreviado un análisis tipificando a un contendiente: procuro tomarme muy en serio lo que dicen las personas al margen de su etiqueta política. Por ejemplo, leo con placer a Mario Vargas Llosa desde hace tiempo y jamás podrá decirse que un escrito mío resume sus ideas tipificándolo. No me gusta esa forma de operar: me gusta argumentar, extenderme, razonar y, si puedo, convencer, persuadir. Punto y aparte.

Le agradezco igualmente al señor Marí que no me considere “un intelectual deshonesto”. La honradez o la probidad intelectuales  son difíciles de mantener sobre todo cuando políticos en ejercicio pueden tentar tan evidentemente a profesores y perodistas. Entiéndaseme. Colaborar con el ejercicio de la democracia, entrevistando a mandamases (o juzgándolos), no es una tarea servil: es rentable y necesaria. Lo que no veo tan bien es que la interviú se convierta en mera plataforma de lanzamiento: desde hace años domina en España el periodismo de declaraciones, que muchas veces es pereza o colusión. Las entrevistas de lanzamiento no me parecen mal género periodístico: como ya dije, me divierten. Además, para mí, la lectura es como la carne de un cerdo: todo lo aprovecho, tratando de nutrirme. 

Una vez que el señor Marí me salva al no colocarme entre los deshonestos intelectuales, la emprende conmigo para aplicarme lo que él llama un “liviano apunte psicoanalítico”. Eso es lo que tiene el psicoanálisis salvaje (en palabras de Freud): que puede ejercerse de buenas a primeras; que puede aplicarse sin pruebas, sin reglas, sólo con datos puramente superficiales. Perdónenme la pedantería: Freud denominaba psicoanálisis salvaje al error técnico en que incurre el terapeuta ignorante cuando, a las primeras de cambio, arroja al paciente el secreto que cree haber descubierto.  El señor Marí me hace, pues, ese análisis precipitado, atreviéndose a diagnosticar mi mal. Por lo que dice, es un mal inespecífico: un malestar del que yo estaría aquejado por ser algo así como “pensador socialdemócrata”.

La dolencia se expresa en estos términos: yo sería “un hombre temeroso, aunque no precisamente de Dios. Temeroso y un tanto atormentado en el terreno de las ideas”. Francamente, no entiendo el diagnóstico del señor Marí. Desde luego puedo sentirme atormentado por las miserias de la vida cotidiana: esas que, como dijo Freud, el psicoanálisis freudiano no puede curar, sólo aliviar. Pero no me veo atormentado por las ideas. Las ideas son para mí el terreno de la felicidad y del disfrute, del aprendizaje y de la observación. Leo todos los libros que puedo y sólo los que me gustan o me interesan; leo tres periódicos en papel y algunos más digitales; leo hasta los prospectos publicitarios. ¿Y para qué? Para reírme, para enfadarme, para aprender, para dialogar, para divertirme… con quienes sustentas estas o aquellas ideas. Quizá por eso, el señor Marí admite polemizar aquí con “un señor culto pero que no se entera de muchas cosas”. Claro que no me entero de muchas cosas: por eso me informe y leo. Porque no lo fío todo a los sentidos superficiales y a las rutinas de los connaisseurs. Punto y aparte.

Quizá ese tono personal con que el señor Marí acaba su intervención se explique no por el psicoanálisis salvaje, sino por las laceraciones de las que él mismo hace muestra en su último comentario, el del 11 de enero. De verdad, lamento los ataques obscenos de los que haya podido ser víctima. Pero no entiendo por qué se me presenta el señor Marí mostrando esas heridas infligidas por otros, no por mí. La susceptibilidad, que puede estar muy justificada, no es producto de mis juicios, siempre respetuosos en una alusión que era circunstancial: sólo para comprobar que el principal compromiso de Eduardo Zaplana en el libro del señor Marí (1995), el de su retiro de la política, se ha incumplido. De momento.

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  1. Kant

    ¡Buen año a los contertulios! Realmente ahora, con la partida de la Caravana de los Magos de Oriente hacia su lejano Palacio – esperemos que no sufra ningún percance o atentado en su camino pues pasa por tierras de Al Qaeda – ya puedo volver al “blog” de don Justo de forma más estable tras estas semanas que anduve loco con las fiestas infantiles.

    Me permitirán, por consiguiente, que, dadas esas circunstancias y que la aportación de don Justo siga redactándose, deje para otra posterior, mi opinión sobre el señor Zaplana en las facetas que abre el señor Marí y utilice esta primera entrada mía para corresponder las alusiones que me hizo el señor Montesinos cuando “desconectamos” en el “post” titulado “unplugged”.

    Señor Montesinos, vengo a coincidir totalmente con ud. prácticamente en todo aunque con los matices que ahora le transmito: respecto al literato Pérez Reverte y con las advertencias de precaución que ya hice en su momento, sí a todo salvo a la visión que tiene él del Siglo de Oro Castellano pues, precisamente, en su confusión entre “España” y “Castilla” estriba su punto flaco. En ello, no hace si no sumarse a la corriente bienintencionada de los que, creyendo ser críticos con tal periodo – sobre el que le aseguro que algo sé profesionalmente – resultan, al final, abundar en los lugares comunes del “Isabel y Fernando, el espíritu impera”, o sea, del nacionalismo español carente, por demás, de substancia antropológica, histórica y jurídica. Permítame que no me extienda en ello por no derivar esta entrada hacia otros rumbos que no son tema a tratar ni aquí ni ahora.

    Le rechazo totalmente el tratamiento de “tara infantil” al placer por la lectura de historietas y tebeos. Considero que estamos ante un género mixto, artístico y literario, sólo denostado por los incapaces para entender que se trata de una vía de comunicación de especial importancia en la configuración de la cosmovisión de buena parte de la población, amén de demostrar, con su sola existencia, origen y desarrollo, que hay vida e inteligencia más allá de las apolilladas cátedras de las “viejas urracas”, si me permite la cita que el joven Vitrubio dedica a sus profesores (no a sus maestros). Discrepo, además, en ubicar precisamente al Capitán Trueno y a Tintín en el segmento infantil, creo que sería más correcto apreciarlos en los segmentos preadolescente y juvenil, respectivamente. Por otra parte, y con las matizaciones expuestas, también coincidimos en esos gustos. Por cierto… temo la versión cinematográfica del Capitán Trueno. La ausencia irreparable de Ambrós, lo distanciado que está Víctor Mora y lo “negocianta” que nos ha salido su señora esposa de él, no auguran un resultado feliz, por más que el señor Ulloa vaya a dirigirla. Bueno, como en el caso anterior, ni es lugar ni momento.

    Por último, su aclaración sobre los aspectos lacanianos que me preocupaban me ha dejado el asunto mucho más claro – a pesar de la deriva final de su exposición hacia derroteros abstrusos que me hicieron sospechar sobre su cordura… (es broma) – y, desde esa nueva perspectiva, sí, me aproximaré a la obra que nos recomienda de Zizek… en el momento que pueda pues yo, lamentablemente (para mí), no tengo la capacidad de lectura, análisis y trabajo de la que dispone el señor Serna.

    Dicho lo cual, espero que, en su día, Sus Majestades Republicanas le dejaran cuantiosos presentes (si hubiese recibido carbón, no dude que se lo merece). Deseo que hago extensivo a todos nuestros contertulios. Por lo demás, como avisé, regresaré con el tema del “post” a mi vuelta a él.

  2. Rafa Marí

    Apreciable señor Serna:

    Ahora no será ‘larguísima’ mi intervención. Las suyas lo son, muchísimo, muchísimo, y le irrita que las de sus discrepantes lo sean (en torno a la mitad que su reseña in progress, como la llama usted). Dije que no quería hablar de ‘Madera de Zapatero’ (o sea de sus contenidos políticos) sino de su tono cortesano. Para demostrar mi tesis, no tenía más remedio que explicar mi punto de vista y reproducir algunos párrafos del libro. Le revelaré una cosa: de las tropecientas referencias que se han hecho de ‘Zaplana. Un liberal para el cambio’, la más repetida es que Zaplana nació en Cartagena. Así son los nacionalistas. A Montilla, nacido en Córdoba, le ha pasado lo mismo. Otra referencia muy repetida, esta vez dirigida a mí, es que el libro se debía ‘al plumilla de Rafa Marí’. La palabra plumilla describe mi oficio, con cierto desdén terminológico, pero también lleva implicita una maliciosa carga homofóbica. Algún día escribiré sobre ese asunto. Se asombraría usted de las veces que me han atacado obscenamente y de modo ultramontano por ahí. En los medios ‘progres’, siempre, y sin que nadie saliera en mi defensa. ¡Claro, escribía en Las Provincias! Años después, más de uno se ha justificado. Yo callé: mi silencio era aristocrático. Despreciaba a los que me injuriaban. Comprenderá usted que su crónica de 2007 sobre ‘Un liberal para el cambio’ (1995), llamándome ahora interlocutor aúlico, me haya sabido a carga reiterativa de un señor culto pero que no se entera de muchas cosas. Pero con usted no he querido guardar un silencio aristocrático. He preferido responderle en su blog, porque le tengo respeto intelectual. Ya sé que si lo vuelvo a hacer, como lo hago ahora, debo medir la extensión del texto.
    Gracias por todo y me tiene a su disposición.
    Rafa Marí

  3. Kant

    Les prometí volver y regresé. Lo que ya no tengo tan claro es si intervenir en este “post” o no.

    Me temo que el sr. Marí ha confundido el propósito general de un “blog” – abierto al universo mundo para su participación – y de éste en particular – definido en más de una ocasión como tertulia donde contraponer opiniones y argumentos – con la correspondencia privada entre dos caballeros. No advierto, don Rafael, que en su exposición se dirija a la comunidad copartícipe del “blog” para exponer sus ideas si no que más bien lo hace, específicamente, a su promotor, don Justo. De esta manera, es algo difícil interpelar, ora a ud. mismo, señor Marí, ora al mismo señor Serna, sobre sus exposiciones sin caer en una especie de intromisión en un intercambio epistolar privado.

    Con todo, en su última intervención – la del presente “post”, precisamente – sí lanza “urbi et orbi”, una serie de acusaciones generales, de alcance indeterminado pero claramente dirigidas a lo que llama “los medios progres”. Creo que a la mayor parte de los contertulios nos gustaría que concretase el tema, que arroje la piedra sin esconder la mano, o nos va a confirmar que, en efecto, no pasa ud. del escalón del gacetillero.

    Podría comenzar por decirnos esa categoría de “medios progres” a quién incluye. Podría seguir por indicarnos qué relación existe entre el nacionalismo (¿qué nacionalismo, el español o el no español?) y el lugar de nacimiento de los señores Zaplana y Montilla. Podría, también, descifrarnos el arcano del uso de la expresión “plumilla” con la homofobia pues, de verdad, no alcanzo a ver la relación entre la sexualidad privada de un individuo con su capacidad para trasmitir información pública, especialmente, si de medio “progres” se trata (a ver si no son tan “progres” como ellos y ud. se creen). Podría, de paso, serenarse un poco – me temo que se excita demasiado cuando comienza a concluir su intervención – y explicarnos mejor eso de “los ataques ultramontanos y obscenos” que ha padecido sin que nadie saliera en su defensa… porque trabajaba en Las Provincias. ¿Pensó que igual sufrió tales ataques por los contenidos de sus escritos antes que por su lugar de trabajo? ¿calibró que igual nadie sale en su defensa porque su postura es indefendible desde los presupuestos a los que pide su solidaridad?…

    Tal vez sea por esa creciente excitación en su escritura o por mi escasa capacidad para entender textos, que cuando alcanzamos la última docena de sus líneas, me pierdo. De verdad ¿qué quiere decir cuando se pone la toga de la “dignitas” patricia y aduce su “silencio aristocrático” para justificar sus oídos sordos? Otrosí, ¿de verdad afirma que desprecia a quién no piensa como piensa ud.?… ¡cáspita con el tolerante! Ítem más, ¿qué significa que ahora rompa ese olímpico silencio argumentándolo con el respeto intelectual que le merece quien, unas líneas más arriba, describe como “un señor culto pero que no se entera de muchas cosas” y al que previamente había definido como “pesador socialdemócrata?… a ver si es ud. el que no se está enterando de mucho, a ver si el que está inmerso en la “corrección política” y la moderación insubstancial, buscando su puestecillo en la Administración Pública, es ud. que ya otros antes han dado el salto desde las páginas de su mismo tabloide (don Ricardo Bellveser, sin ir más lejos).

    Me extraña que tan excelente ajedrecista se ponga tan nervioso cuando interpela al sr. Serna. Sosiéguese y trate de contarnos su caso con mayor mesura, igual encuentra oídos atentos a sus desdichas y solidaridad en donde no la buscaba.

  4. Pavlova

    Fíjese, amigo Kant, y de nuevo feliz año, que nunca sobra desear felicidad, que también me ha chocado a mí mucho lo de el silencio aristocrático. El silencio ¿Siempre es aristocrático? ¿Es el silencio de éste señor el que lo es? ¿Quien no guarda silencio es que es plebeyo? Aggggggggg, la duda me atenaza, pero sí que estoy convencida de que quien califica algo que él mismo hace de aristocrático hummmm. Cada vez entiendo más a quienes aborrecen los adjetivos. Se emplean tan rematadamente mal… Lo que no me ha chocado, sí indignado, es que el señor de los silencios aristocráticos se queja de la extensión de las aportaciones de Justo ¡¡en su casa!! y protesta de que, el mismo Justo, limite la de los demás, cosa que no le he visto hacer jamás y ya hace años que lo conozco. Más bien al contrario, me parece que le encanta que las respuestas sean elaboradas y minuciosas, como las suyas, Kant o como las mías, las pocas veces que puedo extenderme, con la tendencia que tengo a lo prolijo.

    En fin, qué raro es todo.

  5. Kant

    Ciertamente, sra Pavlova, los parabienes nunca están de más y de cara al año que ahora comenzamos, desde luego, no son nada superfluos si con ellos, de alguna manera, podemos conmover la piedad de las Parcas para que tejan nuestro Destino de manera bonancible en los meses futuros próximos.

    Uno, como toda su vida ha sido plebeyo, siempre ha visto con una incontenible sorna las altisonancias de sus pares cuando tratan de elevarse de la magnífica miseria en la que nacieron y en la que habitan/-mos. Supongo que será condición humana… al menos, desde el neolítico. Sin ir más lejos, ahí me tiene a mí que debería haber aparecido en este “blog” bajo el embozo de “Scaramouche” y me dio por usar las chanzas que se hacen con mi apellido y presentarme como “Kant”. ¡Qué chiquilladas!

    Lo que también pasa excede la ópera bufa para adentrarse en el drama personal. Es que algunos de aquellos sufren conatos de amnesia selectiva olvidándoseles su origen y, si me permiten parafrasear a mi compatriota el poeta Raimon, su identidad. Ello, con ser penoso aún se puede agravar. Lo grave llega cuando la amnesia se generaliza y, lejos de ser puntual, envuelve al amnésico en todo su ser. Y olvida. Y con los olvidos, cuando vuelve la vista atrás (parafraseo ahora a la vocalista Karina) llegan las incomprensiones, el no entender qué pasa con uno mismo y en su relación con los demás. A la postre, lo que no quiere es asumir sus propias decisiones, las que han resultado erróneas. Se niega a aceptar que uno no siempre acierta. Los plebeyos de casta lo sabemos, los vergonzosos, no.

    Como, ya conocemos por “Murphy” que si alguna cosa puede ir a peor, irá, aún se puede progresar en el camino del desatino y, embargado en esa negación de uno mismo, insatisfecho consigo y con los resultados obtenidos por la propia estulticia, nuestro hipotético individuo, necesita culpar a alguien de sus desaciertos y así comienza a destilar odio hacia su campo natural, el plebeyo, el único que realmente conoce y a la vez, a buscar amparo y redención en el que, a la postre, lo ha burlado (y siempre se burlará de él), el patricio, obviamente. Qué paradojas tiene la vida ¿verdad, doña Ana? Daría para escribir una tragedia de esas que ya no se escriben o un culebrón de esos que no se paran de escribir.

    Hablando de escribir, he de confesarle que a mí me encantan los adjetivos, aunque bien usados, como ud. misma apostilla. De la mixtura estrambótica entre don Francisco Gómez de Quevedo y don John Kennedy Tool me surgió el gusto por ellos, más que nada por lo divertidos que puede llegar a ser. En fin, igual es otra cosa de galopín.

    Hechas estas someras reflexiones literarias, y volviendo a lo que ud. comenta, volátil bailarina, me da a mí que, o poco lo conozco, o el señor Marí no se rebajará a dar las explicaciones que le pedía para poder entender su proceder y su pintoresca actitud de admiración/aversión hacia el señor Serna. Son decisiones que uno toma. Decisiones aristocráticas… mmm… bueno, de cierta aristocracia…

    PS: he visto con horror que en mi anterior intervención escribía que don Rafael definía a don Justo como “pesador socialdemócrata”, nada más lejos de la realidad, se me fue el dedo y no pulsé la ene de “pensador”. Perdóneseme la falta en la que no hubo mala intención.

  6. jserna

    Yo soy un pesador socialdemócrata

    No soy un pensador socialdemócrata. Por Dios. ¡Un pensador! Soy o quiero ser un pesador socialdemócrata. El gracioso y amable lapsus del señor Kant es exactísimo: lo soy o espero serlo. Deseo sopesar lo que Rodríguez Zapatero hace o ha hecho, lo que presumiblemente hará. Por eso, me parecen inverosímiles los ditirambos que algunos le dedican al presidente en ‘Madera de Zapatero’. No me conformo y, por eso, estoy leyendo ‘Examen a Zapatero’, de Philip Pettit, recién aparecido: un volumen que se me antoja mejor fundado. El domingo 13 de enero, Rodríguez Zapatero da un mitin en Valencia. Bienvenido sea. Yo no iré: comparto con Jiménez Losantos (según he leído en su último libro) la prevención a los actos multitudinarios. No es cuestión ideológica: es ‘proxémica’. Pero me interesa lo que diga, la puesta en escena, la representación, la idea o ideas que allí pueda expresar. Por eso, he querido adelantarme a su intervención leyendo el escritinio que le hizo Pettit, el filósofo del ‘republicanismo’. Luego cotejaremos.

  7. Miguel Veyrat

    Yo en cambio quisiera dar la bienvenida a mi compañero en este duro oficio, Rafa Marí, pues el diálogo libre, sin cortapisas y con argumentos, que se practica en este blog, le puede hacer mucho bien a su herida dignidad y a su práctica en el arte de pensar por escrito. El silencio nunca es aristocrático, y si fuese tal significaría desprecio al otro, o falta de ideas con que rebatir o invalidar las contrarias. Otra cosa es ignorar los insultos gratuitos por dignidad, lo que en algunos casos sí que puede resultar conveniente.
    Sí quería decirle que la calificación despectiva de “plumilla” fue inventada por los fotógrafos de la época franquista, la mayoría de ellos —pues hay ilustres excepciones y me honro en haber trabajado con ellos— no “fotoperiodistas”, apelación que inventó afortunadamente el genial Raúl Cancio, hasta hace poco, pues acaba de jubilarse, jefe de fotografía de El País, sino auténticos analfabetos, fotógrafos de bodas y bautizos que colaboraban con la prensa de la época. Sentían unos celos luciferinos por los redactores literarios, que sí eran periodistas también en su mayoría y por lo tanto firmaban los reportajes, quedando ellos relegados a la firma a pie de foto. Les llamábamos “foti-minuti” y ellos “plumillas” a nosotros. Pero no pasaba de ser una broma. No había, ni creo que exista ahora, ninguna connotación homofóbica (no conozco la condición sexual del señor Marí y por tanto si puede sentirse especialmente sensibilizado por la feminización del mote) en el término: Al menos yo no lo he sentido así cuando se me ha aplicado, y no creo que ningún periodista se haya librado de ello.
    Las plumillas, para quienes nacieron en la era del “Bic”, eran los instrumentos de acero que se colocaban en los frecuentemente masticados palilleros para escribir, tras ser sumergidas en la tinta de los tinteros. De ahí su sentido irónico-metafórico.
    En cuanto a Zaplana, creo que el personaje no merece ni un minuto del tiempo de ningún ciudadano sensato después de visto lo que vimos en esta legislatura. Yo mismo estuve a punto de ser engañado años ha por su torticera utilización de la gramática de la democracia en sus primeros tiempos, hasta que me convenció su “salida del armario” revestido con el uniforme del fascismo más rudimentario, ganando incluso por puntos a su compañero secretario general (el de la bomba) llamado Acebes.

  8. Paco

    Vaya Serna. Esto se anima pero tu te repites como M Veyrat. Dale que te pego con Acbs y Zpln! Y cuando una critica de Zptr?

  9. Miguel Veyrat

    La crítica de Zptr, como dice el ínclito e inevitable Paco, aparece hoy, fuertemente contrastada y argumentada, en un artículo de Elorza en El País, que invito a doña Hemeroteca a colgar, si le place. Quizá el buen Paco deje así de masturbarse. Y de paso nos deje un poco en paz a todos.

  10. jserna

    Antonio Elorza… Quizá mañana, cuando escriba sobre Zapatero, diga algo sobre un historiador extraordinariamente interesante y documentado, inteligente y sugestivo, que con frecuencia se ha equivocado en sus adhesiones políticas.

  11. Miguel Veyrat

    Bien, seguro que todo está pesado, y bien pesado… En el buen sentido, claro, no me refiero a la densidad de su prosa… sino al peso de su pensamiento de pensador…
    Elorza fue compañero mío en los tiempos del PCE clandestino antifranquista y heroico que fue disuelto por Carrillo en el IX Congreso de 1979. Es posible que comparta ahora alguno de los criterios que se viertan sobre este profesor de Historia de las Ideas Políticas, aunque sea propósito de Zptr.

  12. Arnau Gómez

    He seguido desde su inicio esta polémica, que ha derivado desde un primitivo despedazamiento de Zaplana a un entrecruce de puntualizaciones entre mi querido D. Justo et cols..Ha sido necesario que el Sr. Veyrat pusiera los puntos sobre las íes y recordara el punto de origen de la controversia,Zaplana, y que el mismo, no merece ni una línea.
    Puestos a preferir,preferiría que me llamasen “plumilla” que “tribulete”, que si que era un descalificativo que aplicaba el mayor tribulete de la historia de periodismo a los que no le caían bien o que no seguían su,llamémosle zigzagueante ,línea editorial.Obviamente me refiero al sin par José María García.
    Quiero recordar que ya en otra ocasión hice un comentario sobre “Las Provincias”,al que considero un periódico conservador y que fue en los tiempos de la censura, el medio informativo que servía para entresacar de sus líneas,alguna información que traspasaba el duro filtro de los censores.También le reconocía su aportación al advenimiento de la democracia.Así que no hay porque sentirse menospreciado por escribir en “Las Provincias”. A lo sumo,y más en estos momentos, se le podrá adscribir a una determinada opción política,que en una democracia no puede servir de arma arrojadiza,más por lo que escribe y como lo escribe que donde lo escribe,aunque es justo reconocer que algunas opiniones que no siguiesen la línea editorial del periódico,tendrían difícil su publicación.
    Así que cada uno es lo que es y lo que piensa y lo refleja en sus escritos.Que nadie se ofenda,pues, si se califica a un escritor de conservador,centrista,socialdemócrata,comunista,anarquista,pelotillero o lameculos.Si no lo es ,al menos lo parece a los demás.

  13. Kant

    Bueno, don Justo, si ud. lo ve así, bienhallada sea mi falta de ortografía. Sopese ud, sopese…

    Por otra parte, le alabo su intervención solidaria con el sr. Marí, don Miguel, demuestra ud. una altura de la que carece su amigo. No obstante, sepa que yo no he recibido a don Rafael con animadversión – tampoco creo que lo hubiese hecho la sra. Pavlova – me temo que ha sido su presentación, la de él, en el “blog” la que ha sido incorrecta al, aparentemente, no ser consciente del medio abierto en el que estaba. Ha sido, además, injusta por las acusaciones generalizadas que ha hecho a troche y moche sobre el fantasma que recorre los campos españoles, el fantasma de “lo progre”, sin decir nada en concreto pero sí sembrando incertidumbres. Y encima, desafortunada al atribuir a obscuros complots de homófobos y/o “progres” las críticas que en algún momento recibió por su inesperado y drástico giro ideológico.

    Un giro, el de él, que en otras circunstancias hubiese sido comprensible y aceptable, faltaría más, como si uno no pudiera cambiar de opinión, pero que en las que se dio – de forma repentina y virulenta – más que parecer una evolución ideológica, despertó las sospechas, desde luego obscenas, en eso no se equivoca, sobre la venalidad de su persona. Si ante tal situación, a la hora de buscar una explicación externa a si mismo, la hubiese encontrado en el propio clima abrumadoramente provinciano y espiritualmente raquítico que se respira en la ciudad de València, bueno, sería hasta comprensible pero cuando señala acaloradamente a su propio medio de procedencia ideológica como el origen de todos sus males, comprenda, sr. Veyrat, que flaco favor se está haciendo a si mismo viendo la paja en el ojo (ahora) ajeno y desconociendo la viga en el (ahora) propio.

    Por si todo ello fuera poco, sus precipitadas intervenciones se han presentado con una escritura atropellada que ha hecho complicada, hasta críptica, su lectura, sencillamente porque su hilo conductor era más bien un ovillo de contradicciones en el que no se acaba de saber si era un admirador de don Justo o de nuestro entrañable don Paco (desde luego, ideológicamente, están en la misma ribera), si aborrecía más al señor Zapatero o al señor Zaplana, en fin, que para ser una persona que se gana la vida escribiendo, que no es más idiota de lo que razonablemente somos todos (no se dé por aludido don Paco, ud. es de otra pasta), resultó muy tumultuosa su verbo y muy incierto su rumbo.

    Dicho lo cual, comprenda ud. que a mí me importa un rábano de secano este señor, al cual sólo le puedo agradecer que tras sus desafortunadas intervenciones, desista de la amable invitación que le hizo don Justo, levante la punta de su nariz, recoja toda la dignidad que atesore y con un mutis como sólo los excelentes saben representar, se vaya con sus bártulos a otra parte.

    Espero que, por ello, don Rafael no me incluya ni en su lista de homófobos, unos cretinos integrales, ni en la de “progres”, una entelequia (¡no hablo de Aristóteles!) de algunos intelectuales orgánicos, izquierdistas despistados, reaccionarios todos, conservadores bobos y liberales lobos, que don Vladimiro Ulianov despachó con el cartelitos de “enfermos de infantilismo”. Me conformaré con que me olvide.

  14. Miguel Veyrat

    Como siempre, los puntos sobre las íes de Kant son de agradecer y revelan al buen analista que es. Pero quisiera añadir uno —un punto— a la intervención de Arnau, y en su favor: Es cierto que Las Provincias, muy bien dirigido en su momento, contó con uno de los más hondos intelectuales que ha tenido la izquierda valenciana durante el franquismo. No sólo a Vicent Andrés Estellés se deben los destellos de la lectura entre líneas en la apretada prosa oficial de su tiempo, sino los mejores versos de matiz popular bajo el seudónimo de “Roc”, que publicaba a diario el gran poeta que fue. Recuerdo con emoción una visita suya a Paris, donde fui su huésped y guía, y el poema que me dedicó y cuyo original de puño y letra conservo, titulado “el maquisard”. No recuerdo el nombre del director franquista del diario conservador fundado por el Marqués del Turia —un auténtico liberal al lado de los líderes del PP— pero fue hombre valiente al mantener en su puesto a Estellés contra viento y marea, y permitirle abrir lucernas a la noche, como me consta.

  15. Arnau Gómez

    Directores de “Las Provincias”
    Teodoro Llorente Olivares (1861-1904)
    Teodoro Llorente Falcó (1904-1949) Entre 1931-1939 no se públicó
    Martín Domínguez Barberá (1949-1958)
    José Ombuena Ontiñolo (1958-1978)
    Consuelo Reyna Domenech (1978-1999)
    Francisco Pérez Puche (1999-2003)
    Pedro Ortiz Simarro (2003-hasta la actualidad)

  16. Kant

    Don Miguel, gracias por su recuerdo para don Vicent Andrés Estellés, óptimo poeta, al que, creo, se debería volver más a menudo de lo que se hace.

  17. Miguel Veyrat

    Creo recordar que fue bajo el mandato de Ombuena el período de tolerancia en que nuestro poeta, hombre tímido, bueno y valiente, pudo contribuir a que circulase algo de aire fresco en ese diario. El otro, el “Levante”, dirigido por el papá de doña Rita Barberá, era el nido de FET y de las JONS. Y ahí se acaba todo, el resto, la Tele única y la Radio única (las emispras “privadas” no podían dar noticias, sólo RNE, a la hora del “parte”. ¡Y qué poco valoran muchos ahora lo que tienen, y qué mal lo usan!

  18. Paco Fuster

    Aprovechando la alusión de Miguel a V.A.Estellés, para mi el mejor poeta valenciano en la historia de la literatura catalana, os dejo un precioso poema que he encontrado, como homenaje póstumo a un poeta que nos ha dejado hoy, el asturiano Ángel González. El poema es del propio González y sus versos que anuncian la muerte cobran hoy, desgraciadamente, más sentido que nunca:

    YA NADA AHORA

    Largo es el arte; la vida en cambio corta
    como un cuchillo
    Pero nada ya ahora
    —ni siquiera la muerte, por su parte
    inmensa—
    podrá evitarlo:
    exento, libre,
    como la niebla que al romper el día
    los hondos valles del invierno exhalan,
    creciente en un espacio sin fronteras,
    este amor ya sin mí te amará siempre.

    (“Ya nada ahora” en “Deixis en fantasma”,1992)

  19. Miguel Veyrat

    Respondo con una de las coplas irónicas que eran para Estellés la muerte, incluso la propia muerte:

    És així, si us plau

    —Toc toc.
    —¿Qui és?
    —La mort.

    La Mort ve descalça;
    quan se’n va duu socs
    que van fent
    cloc… cloc… cloc… cloc…

    —Toc toc
    —¿Qui és?
    —Toc toc.
    —¿Qui és?
    —Toc toc.
    —¿Qui és?
    —Toc toc.
    —¿Qui és?
    ¿Qui és?
    ¿Qui és?

    …cloc… cloc… cloc… cloc…

    ———-
    Pero es que también él creía, y cantaba que:

    La Mort va i ve,
    va i ve,
    va i ve,
    com va i ve la tarda,
    com va i ve Galatea:
    va i ve.
    ¿Però a quina hora
    va o ve,
    ve o va
    la Mort —o la tarda,
    la tarda —o Galatea?
    Va i ve,
    simplement,
    simplement.
    Simplement.

    La Mort sempre va i ve.

    No tanques la finestra:
    deixa que se n’isca.
    No óbrigues la finestra:
    que no vull que entre.
    Avisa els obrers:
    no vull més finestres
    ni portes: ¡tot mur!

    La Mort va i ve,
    va i ve,
    va i ve.

    La Mort sempre va i ve,
    simplement,
    simplement,
    simplement.

    ¿Qui está cantant?

    La Mort va i ve,
    va i ve,
    va i ve.

    ¿Ha deixat de cantar?

    La Mort va i ve,
    va i ve,
    va i ve.

    La Mort sempre va i ve.

    Simplement.

    ————————
    Claro que eran otros tiempos en que la muerte aún helaba el aliento de quienes la respiraban a diario en el terror franquista. Estellés, que denunciaba ya a la muerte omnipresente en los cuarenta, en los cincuenta, no cuenta ya, no era de la Generación de los cincuenta, ni de los sesenta ni de ninguna, no tomaba wiskies en Boccaccio con Angel González, con el Gil de Biedma, con el Caballerito Bonald, con el Paquito Brines. No, él tenía una “mort petita” que le aguardaba meciéndole tiernamente, como en su “cançó de bressol”:

    Jo tinc una mort petita,
    meua i ben meua només.
    Com jo la nodresc a ella,
    ella em nodreix igualment.
    Jo tinc una mort petita
    que trau els peus dels bolquers.
    Només tinc la meua mort
    i no necessite res.
    Jo tinc una mort petita
    i és, d’alló meu, el més meu.
    Molt més meua que la vida,
    amb mi va i amb mi s’en ve.
    És la meua ama i és l’ama
    del corral i del carrer
    de la llimera i la parra
    i la flor del taronger.

    Octubre, 1953
    ————–

    Cuando murió, su pequeño cadáver pálido y solo, no fue velado por ningún ministro de cultura, por ningún presidente de la Real Academia, por ningún Premio Príncipe de Asturias, ni Cervantes ni Reina Sofía, ni siquiera de la tienda de ropa de lujo Loewe, pero:

    El nom incògnit, sense que els filòlegs
    arrodonesquen un acord unànim,
    passava l’aigua com un brau remot
    entre els canyars de musicat prestigi.

  20. Paco Fuster

    Buena respuesta Miguel. Si algún dia podemos hablar personalmente – espero que sí y que que sea pronto – ya te contaré una experiencia muy bonita que tuve hace años con la obra de Estellés. Tuve la ocasión de recorrer con mis compañeros de clase y con alumnos de un instituto de Valencia, todas las calles y los rincones de Valencia que cita Estellés en el “Llibre de meravelles”. En cada escenario nos deteniamos y leíamos en voz alta y ante la mirada atónita del personal que pasaba por la calle, el poema de Estellés en el que citaba ese lugar de la ciudad (Alameda, Calle de Samaniego, Barrio del Carmen…). Luego fuimos al Burjassot natal de Estellés y acabamos nuestro particular homenaje a este grande de la poesia valenciana. Aún resuena en mis oídos la voz de mi profesor de literatura catalana – el escritor de Algemesí Vicent Borrás, a quien tanto le debo – leyendo el poema “Els amants” y poniéndonos una grabación de voz del propio Vicent Andrés recitando su obra, delante de la tumba del propio Estellés en el cementerio municipal de Burjassot, donde yace enterrado tras una modesta lápida y sin más ornamento que su propio nombre; como diría él: “un entre tants”…

  21. jserna

    Muy bonita evocación de Estellés por Paco Fuster. Los buenos poetas resisten el silencio o el desinterés; y los buenos profesores dejan huella.

  22. Miguel Veyrat

    Gracias, Paco Fuster, seguro que hablamos y mucho. Esta primavera habrá una presentación de mis libros en Valencia y será protagonizada por muchos amigos de este blog. Un entre tants, es verdad, y hace bien Justo Serna en resaltarlo. Ese es o debe ser el poeta, sabiendo que sólo es uno de nosotros, con la capacidad y la voluntad de servir de medium colectivo empuñando la palabra para ir abriendo puertas al silencio que es la muerte del espíritu. Cada vez que leo esa cançó de bressol y pienso en su mort petita, como fue su vida entre nosotros, aunque no su voz potente, tierna y llena, se me llenan los ojos de agua.

  23. Pavlova

    Muy hermoso todo lo que nos narran de Estellés y lamentable esa falta de reconocimiento en vida, pero el tenerlo (el reconocimiento) y premios y etc. nada quita ni pone a un poeta, quizás lástima, congoja, envidia, todas cosas ajenas a su poesía y, como nos dice Paco Fuster, quien se ha ido ha sido Ángel González. Una muy triste pérdida. Quedan pocos poetas.

    Descanse en paz.

    INMORTALIDAD DE LA NADA

    Todo lo consumado en el amor
    no será nunca gesta de gusanos.

    Los despojos del mar roen apenas
    los ojos que jamás
    —porque te vieron—,
    jamás
    se comerá la tierra al fin del todo.

    Yo he devorado tú
    me has devorado
    en un único incendio.

    Abandona cuidados:
    lo que ha ardido
    ya nada tiene que temer del tiempo.

    EPÍLOGO

    Me arrepiento de tanta inútil queja,
    de tanta
    tentación improcedente.
    Son las reglas del juego inapelables
    y justifican toda, cualquier pérdida.
    Ahora
    sólo lo inesperado o lo imposible
    podría hacerme llorar:

    una resurrección, ninguna muerte.

    Ángel González

  24. David P.Montesinos

    Por pura prudencia acorto al máximo mi intervención, ya que no es elegante salir del tema dominante en el blog en estas horas, que sigo por cierto con atención. Simplemente agradecerle al señor Kant su buena disposición hacia Zizek. Hablaremos en alguna otra ocasión si a usted y a otros contertulios sobre el nacionalismo español. Y no sea pesimista con el film sobre el Capitán Trueno. Ya veremos, ¿no?

  25. David P.Montesinos

    Señores pesadores, permitan unos pequeños zigzagueos:

    -Ha estado genial Veyrat, al Cesar lo que es del Cesar, y no deje de recordarnos lo de primavera cuando llegue el momento.

    -Eduardo Zaplana tiene todos los rasgos del “tipo despreciable” de las biografías literarias sobre aquellos que, sin cargar con la más mínima mochila moral, son tan solo la historia de una ambición. Pero es que precisamente por eso resulta interesante. y a veces hasta gracioso, al contrario que su habitual anexo Acebes, un comisario puro del aznarismo con el que erroneamente tendemos a asociar a Zaplana. Ver “El político”, dirigida por Robert Rossen, o leer “El idiota moral”, de Bilbenny…quizá encuentren retratado en muchos de sus rasgos a nuestro personaje.

  26. Rafa Marí

    Apreciable señor Serna:

    Con esta intervención finalizo aquí mi polémica con usted. No por nada, sino porque este es su blog y no conviene abusar de los anfitriones. Reconozco que, en efecto, en su reseña ‘in progress’ dejaba caer tres o cuatro líneas sobre el tono adulador del libro de Suso de Toro. Tres o cuatro entre líneas entre doscientas (o por ahí). Francamente, me parece muy poco tras dedicarle tantas al análisis de la foto de portada o a si es o no es una novela política, cuando lo más llamativo de ‘Madera de Zapatero’ es que el presidente de Gobierno parece talmente, después de ese retrato super-super-super cortesano, como si fuese San Vicente Ferrer. De ahí para arriba. Pero da igual, deben ser manías mías. Lo de recordar las agresiones homofóbicas que he padecido durante años no era para que usted se hiciera responsable de ellas, faltaría más, sino para que intuyese que entre algunos de mis más desconsiderados adversarios mediáticos (dos o tres energúmenos de mucho cuidado) actuán siempre con una mala fe intelectual que me impiden hacer consideraciones que a usted, en un debate privado, sí haría, además de contarle algunas cosas que a buen seguro desconoce. Algunas de los insistentes ataques que recibí son realmente repugnantes. Lo de ‘plumilla’ no es más que una malicia sin mucha importancia. El ‘humus’ moral de la ciudad es el que es. ¡A veces usted parece en Babia! Pero yo ahora, aquí, no quiero ser más explícito. Así que ya sabe: me tiene a su disposición para la controversia civilizada, pero de correo electrónico a correo electrónico. Comuniciones de usted a mí y de mí a usted. Si no le apetece, pues nada, hasta aquí llegó la riada zaplanista-zapateril.
    Por supuesto, le deseo lo mejor. A mis energúmenos no (tampoco me paso en mis malos deseos: me conformo con que se aburran y vayan perdiendo amigos poco a poco). Pero a usted sí. Tengo mis razones y mis intuiciones.
    Rafa Marí

  27. jserna

    El señor Marí me dice: “¡A veces usted parece en Babia!” Hombre, yo le
    agradezco el tono civilizado que emplea conmigo: un tono semejante al
    que yo he utilizado con usted. Me lo admitirá. Pero eso de que
    parezca en Babia… Quizá resulta algo perdonavidas esa expresión,
    para entendidos que saben de qué va el rollo en esta ciudad. Yo puedo
    entender su malestar con adversarios zafios. Pero no aún no entiendo
    por qué me muestra esa laceración cuando yo no le he lastimado
    burdamente. Entiéndame. A ver si va a resultar que mi estilo comedido
    es la razón para que se me juzgue como alguien que no se entera…

    Yo también tengo mis razones e intuiciones.

    Saludos, JS.

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