…y Zapatero

pjramirezyrodriguezzapatero.jpg Foto: José Aymá

1. Pedro Jota Ramírez… y Zapatero.

Me ha sorprendido agradablemente la contundencia expresiva de José Luis Rodríguez Zapatero en la entrevista que le ha hecho Pedro Jota Ramírez en El Mundo. Aparece publicada el domingo 13  y el lunes 14 de enero (podemos acceder a ella en versión sintética). Responde sin amilanarse y sin buscar el compadreo. Tampoco mendiga la compasión de quien sabe adversario mediático. Hasta Arcadi Espada, periodista de dicho periódico y generalmente tan hostil con el presidente del Gobierno, reconoce esa habilidad: la habilidad con la que Rodríguez Zapatero se maneja cuando contesta al director del diario. Por eso, Espada lamenta el largo espacio que El Mundo le concede. Así cualquiera, parece concluir: así, con tantas páginas, cualquiera se explica. Más aún, añade: de tan suelto como se le ve, es como si fuera Rodríguez Zapatero quien interpelara a Ramírez. ¿Qué dirán sus amigos y oponentes? Me refiero a los amigos del mandatario. Y me refiero a los oponentes de Pedro Jota Ramírez.

Al presidente no se le ve inconsistente, que es la cantinela con la que José Antonio Zarzalejos (de Abc) arremete; pero tampoco se hace de él un ser monstruosamente perfecto, un nuevo Arturo, que es lo que Suso de Toro quiere pensar. Se le ve convencido, correoso, insistente. En cambio a Pedro Jota se le nota hastiado, pensativo. Uno gesticula con las manos, con énfasis y pertinacia. Resulta temible: ¿sobre qué perora?, ¿de qué está tan convencido? El otro esconde resignadamente las manos en los bolsillos. Como entristecido: derrotado, con la mirada perdida, con la boca algo desencajada. Al periodista se le aprecian las arrugas del traje: como si se hubiera desabotonado tras una sesión agotadora. Sorprendentemente no lleva desanudada la corbata, ese porte tan americano, tan cinematográfico. Al político, en cambio, se le ve abotonado y bien compuesto. Cómodo. Insisto: temible.

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¿Y qué ocurre, qué impresión causan las fotografías, si pasamos al interior? “Viernes 11 de enero. 18.05. Llueve en el jardín de La Moncloa, pero un sol radiante ilumina a su inquilino. Ya no estamos en el edificio del Consejo de Ministros sino en su despacho del Palacio“, dice Pedro Jota en la acotación preliminar de la segunda entrega. ¿Un sol radiante ilumina a su inquilino? Dejemos la metáfora y acudamos a ese despacho. Echemos un vistazo a esta fotografía:

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Vemos a un Rodríguez Zapatero cómodamente sentado, en espera: algo ensimismado tal vez, aguardando la interpelación de Pedro Jota Ramírez. Éste, levemente incorporado, parece repasar sus papeles, ese esquema previo del que servirse. O quizá no: quizá el presidente le ha pasado un informe al periodista. ¿Y qué viene después?

Pues eso: una “entrevista que se prolongó durante ocho horas a lo largo de varias sesiones en distintos días”, leo en El Mundo. ¿Es posible resumir esta extensísima interviú? Por supuesto que es posible. Si somos capaces de leer libros de trescientas páginas para después sintetizarlos, seremos igualmente capaces de abreviar los contenidos de una entrevista en la que, insisto, a Rodríguez Zapatero se le ve dominador. ¿La resumiré? Desisto, pero no me lamento, pues ésa no es la clave de esta pieza, no es la función que cumple en el periódico. Lo significativo de esta entrevista es la demesura del periodista. Concede  quince páginas (incluyendo las primeras planas de domingo y lunes) al presidente. ¿Concede? En realidad, la interviu comenzó ocupando la sección que emplea semanalmente el director de El Mundo.

Esa sección consiste en una larguísima misiva. O, mejor, exactamente un sermón dominical que se extiende entre la tercera y cuarta página, una especie de epístola moral al lector en la que el periodista toma un motivo del pasado para evocarlo, generalmente con erudición enciclopédica. Quiero decir, de enciplopedia. Tras exhibir sus conocimientos salta al presente, a la política de nuestros días, con el fin de buscar equivalencias. Encuentra similitudes, vaya si las encuentra. Nos muestra acontecimientos de ahora que casi repiten circunstancias de otro tiempo, hechos que por su morfología o vecindad se refuerzan entre sí. La analogía es el procedimiento retórico: la moraleja es la apostilla y, de paso, la documentadísima erudición es el generoso desprendimiento del director. Porque, en efecto, se presenta así, como un acto de desprendimiento: Pedro Jota nos entrega su saber a manos llenas.   ¿Pero qué ha pasado para que, ahora, Rodríguez Zapatero le gane en su campo y con sus reglas?

Frente a otros candidatos, escuetos o celosos de su imagen, temerosos del traspié, Rodríguez Zapatero parece un político facundo: alguien que parece creer, de verdad, en la democracia deliberativa; alguien que se siente cómodo en la exposición pública, esa a la que debe someterse quien profesa el republicanismo cívico. Por ello, espera o, mejor, desea que el debate televisivo con Mariano Rajoy no sea una confrontación agria, sino el lugar de la deliberación. Saber que no será así, que no podrá ser así. Desde luego, Rodríguez Zapatero está convencido de lo que piensa y sostiene, de lo que con arrojo o con temeridad realiza. Pero la clave de todo su programa no radica en la convicción de la que parte o con la que reviste sus políticas. Dice haber tenido cintura porque sabe qué quiere hacer y calcula qué táctica le conviene para lograr lo que estratégicamente le interesa. Por ello, ha sido acusado de tacticista. Es capaz de sacrificar elementos que otros consideran intocables o esenciales para, a la postre, lograr algo y no perder gran cosa. Es por eso por lo que ha sido vilipendiado y continuamente ultrajado con todo tipo de denuestos para los que no tenía o no quería respuesta. Y si no quería dar respuesta es porque se sabe seguro, incluso temerariamente seguro. ¿Para qué contestar a las críticas más furiosas o a los insultos más tajantes? La realidad de mis convicciones sabiamente y tácticamente ejecutadas será el rotundo mentís, parece decirse. Ahora, Pedro Jota no le agrede y le da espacio más que suficiente para explayarse. Rodríguez Zapatero lo aprovecha y se extiende como un razonador que se sabe inevitablemente escuchado, con tiempo suficiente: el interlocutor que, en principio, le es hostil tiene ahora la obligación de callar, de ceder su turno; tiene la obligación de no enrocarse y de avanzar.

15 comments

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  1. Jaime

    Hola otra vez a todos. He vuelto y Paco tambien y descalifica a J Serna cuando aun no ha acabado. Me da la impresión de que lo que le interesa a Serna es la imagen que Zapatero da, no si esta de acuerdo con la socialdemocracia.

  2. Kant

    Me gustaría, mientras que don Justo sigue redactando progresivamente su opinión, destacar una frase del presidente Rodríguez Zapatero, aparecida en la entrevista en cuestión, que entiendo como muy significativa: “Busqué la paz con ETA, pero preparé a la vez la confrontación con ETA”. ¡Magnífica!.

    Entiendo que lo es por dos motivos. El primero porque muestra el verdadero talante del individuo que la enuncia: parece que no hay mejor ejemplo del “si vis pacem para bellum”… el mismo argumento de ETA y una desconcertante base para una negociación de paz. Así no se llega a la paz, como es fácilmente comprensible. En consecuencia, ¿se quiere llegar a la paz realmente?. El señor presidente ya nos dice ahora que no, aunque alardeó en los medios, durante meses, de que sí. ¿Es un hipócrita? ¿un inmoral? ¿un pragmático? ¿un político hábil? ¿un sinvergüenza?…

    Al menos, una cosa hay que agradecerle a don José Luís: que lo ha dicho. Ahora se lee de otra manera ese reiterado discurso de los medios de comunicación (¿independientes del poder político?… ¿el cuarto poder? ¿o el “tonto útil” de los otros tres?) de que ETA no respetaba la tregua… que el gobierno no respetaba. Gracias por su sinceridad, señor presidente.

    El segundo porque, junto al interés por el melón con jamón del presidente, es la única frase que destaca el señor Espada en ese artículo dedicado a poner a caldo al director de su periódico, El Mundo, (pasen por el “link” que nos facilita don Justo y vean si acaso me equivoco). La destaca, decía, el señor Espada para apostillar que, ante tamaño enunciado, él sólo entiende que es “(…) una frase blanda y un pensamiento improbable (…) del presidente”.

    Independientemente de que la segunda apreciación – “un pensamiento improbable” – huelga, so pena de considerar al gástrico, más que visceral, opinante dotado de poderes taumatúrgicos – algo que no escapará del interés del señor Iker Jiménez – con la primera – “una frase blanda” – delata por donde van sus tiros intelectuales y, por extensión, expone de forma concreta el pensamiento del partido en el que milita (o es afín a él), la Unión, Progreso y Democracia.

    Si regresamos a las dudas que me ofrecía tan maquiavélico planteamiento – el compartido por el jefe del Gobierno y el Movimiento Vasco de Liberación Nacional – veremos que, con el señor Espada, a la carencia ética más elemental de los primeros (“si vis pacem para pacem” y no hay otra interpretación posible) se da un grado superior de indecencia, una inmoralidad sin asomo de duda y una candidez política abrumadora. La UPD no anuncia una política hábil o pragmática, sino estúpida y rígida. Pocos votos le van a restar al PSOE con tan necia estrategia. Claro, que también destaca la catadura de sus miembros y eso, en ese caso, también es de agradecer.

  3. Miguel Veyrat

    Aguardo también el “progreso” de la mente pensante-pesante de JS. Pero entretanto diré que se nos aparece, tal día como hoy el sr. Zptr. como dice el envidioso Paco, como un político nato, inasequible a toda crítica adversa, con el camino bien trazado, ignorando los tropezones habidos, enderezando, rectificando sin mirar atrás y sin perdir perdón. Como un don Tancredo impasible que, zarandeado por el toro sin desmayo, vuelve a su perpendicularidad inicial. Tancredo con algo mítico y mitológico a la vez, Tancredo adornado con dos frentes como Jano, que miran una hacia atrás y otra hacia adelante sin dejar que el pasado estorbe la visión hacia el horizonte.
    Tal así el desconcierto de un Pedro J. vencido por esa táctica, y por la inconsistencia y cobardía de sus “ex”(¿?) socios políticos que con algo muy parecido a la indecencia han imitado el comportamiento, que en Zapatero es virtud, “pasando” de sus ya desveladas e invalidadas teorías de la conspiración en verdes valles lejanos, montañas nevadas y desiertos llenos de gráciles palmeras. Olvidando que perdieron con una mentira, que han circulado por toda la legislatura montados en otra mentira, y que perderán de nuevo sobre la acumulación de mentiras que siguen inventando y profiriendo a diario.
    V. Gr. : Si se han fijado ustedes, la prensa de ultraderecha pretende incluso desviar la atención del constante apoyo político eclesiástico de un Papa que rodeado por obispos trabucaires y ultramontanos, inspirados por San Pío X, ha vuelto a dar el trasero airosamente —sí, de culo y en latín— a los pacientes, perdón a los clientes, perdón, a los fieles pacientes y a la vez clientes, lanzando de nuevo la tesis de la supuesta filiación masónica del Presidente del Gobierno. Como si eso, a estas alturas le importase a alguien.

  4. Miguel Veyrat

    No sé si funciona bien el blog, he puesto un largo comentario que ha desaparecido, junto con mi nombre y email. ¿?

  5. J. Moreno

    Creo que lo que le ocurre a Pedro J. es que está “extrañado”, como si hubiese descubierto una monstruosidad.

    Es incomprensible como una persona calificada como Mr. Bean, Bambi, y “El adolescente” por cierto sector político del país, además acompañado de personas sin “curriculium”, ha llegado a la Moncloa.

    ¿Llevará a los poderes del Estado, al desconcierto? Me temo que sí.

  6. Kant

    ¿El sr. Rajoy deliberante?… El señor Rajoy puede ser irónico, embaucador, apocado, insubstancial, mediocre, inmoderado, veleta, aburrido, en fin, puede ser muchas cosas – sólo cito las que más me llaman la atención de él, una persona tremendamente contradictoria tras su gris estampa – pero ¿deliberante en el sentido “republicano” que el sr. Serna plantea?… no, ciertamente no; al menos, para mí.

    Cuando se produzca el cara a cara entre ambos políticos veremos el encuentro entre uno, taimado y maquiavélico, a la par, incomprensiblemente, que poco sagaz – le pesa su capacidad reflexiva sobre la ejecutiva, de tal forma que necesita “demasiado” tiempo para dar respuestas cortantes o contundentes en un debate verbal y en directo – e infinitamente más peligroso que lo que sus rivales políticos dicen y creen de él y otro liso y simple como el mecanismo del botijo pero con las lecciones aprendidas – es un excelente alumno – y una gran capacidad para estar a la que salta, aunque eso sea lo único que refulja en su cabeza, pues, sin duda, no es esa “esperanza blanca” del liberalismo inteligente tras las patochadas reaccionarias del sr. Aznar.

    No me muestro demasiado optimista, pues, don Justo, con que asistamos a una deliberación brillante sino, más bien, a un debate alambicado elaborado por los respectivos gabinetes de imagen y comunicación (ropa, iluminación, lenguaje no verbal, control de latiguillos, frases brillantes guardadas en la recámara, como balas de plata contra licántropos…) en los que se trate de minimizar las profundas carencias de los respectivos caballeros y realzar los pocos aspectos positivos que albergan. Me gustaría equivocarme pero ni uno ni otro poseen el carisma, la fuerza comunicativa, el arrojo o una capacidad ilusionante suficiente como para que pensemos en asistir a un magno acontecimiento. Será algo artificial y tedioso. Decepcionante.

    Miro hacia fuera, coloco mi catalejo apuntando a los Estados Unidos de América y veo a doña Hilaria o a don Barak en el bando demócrata; veo al sr. Giuliani o hasta al pobre McCain en el republicano… uf… las comparaciones son odiosas, desde luego, pero no veo acá el fuste de allá. ¡Para que luego digan que le tengo manía a los gringos! Sin duda allá también hay asesores, incluso más que aquí, pero el resultado de su trabajo resulta más convincente, no se nota el artificio del encuentro ni las posibles inconsistencias de los candidatos (¡si han hecho pasar por inteligentes al sr. Reagan o al sr. Bush, hijo!). Miro, ahora, hacia aquí… No es lo mismo, no es lo mismo, ni por los titiriteros que arman el espectáculo ni por los polichinelas. Así están ellos y así nosotros… ay… no veo nuestra necesaria, imprescindible, opción deliberante, nuestra madurez democrática…

  7. Miguel Veyrat

    Sí, querido Kant, la España que “reza y que bosteza” que diría —que dijo— Machado se ha desperezado y elige al bizarro Pizarro como combatiente para recuperar lo que es suyo, sí, aquél que decía que defendería “con uñas y dientes” lo que era “suyo”, lo que su camarada Aznar le había confiado… ¿Con la dialéctica de los puños y las pistolas? Piensen ustedes lo que la elección como número dos en las lkstas del PP de tamaño turolense con nombre de conquistador supone, al descartar al liberal y tolerante Gallardón como opción electoral para Marzo. Les dejo con esto. Luego, si quieren, criticamos a Zptr. ¿Verdad, Paquito?

  8. Kant

    Pues sí, don Miguel, vea ud. que pareja…

    Uno, el sr. Rajoy (el PP) que ladea al militante y cargo público de su partido con mayor tirón electoral, el sr. Gallardón; tal vez lo más liberal que tiene el partido conservador en los medios de comunicación (léase, con capacidad para arañarle votos al PSOE) y, a cambio, pone al obcecado sr. Pizarro, un individuo que chorrea rencor e intransigencia, una mente pequeña y monomaniática, un resentido, condición que parece que ser marca de la casa para poder entrar en las listas del PP.

    Una medida tan significativa que parece acompañar a la que previamente tomó el otro, el sr. Rodríguez Zapatero (el PSOE), al hacer el inconcebible gambito del sr. Marín, una personalidad de talante conciliador, serio que no aburrido, próximo a la juventud, inteligente, crítico, con un envidiable curriculum y prestigio tanto en Europa como en la política interior española, incluso reconocido por sus oponentes, por el sr. Bono, el zoquete que se autocondecoró como primera medida tras ser nombrado ministro de Defensa; un individuo de talante despótico; reconocido asiduo a novenarios, misas, procesiones y reuniones de parroquia (¡el espejo de la izquierda, vaya!); objeto de todo tipo de chanzas por su hablar torpe y malhumorado; sin demasiadas luces salvo para medrar en su partido; con un curriculum que no sale de La Mancha por todo horizonte y un prestigio extraordinario entre lo más reaccionario de la nación española.

    Con semejantes mimbres quieren hacer… ¿qué canastos quieren hacer primando lo reaccionario y frustrando lo dialogante? ¡qué canastos, sr. Veyrat!

  9. David P.Montesinos

    Intento no ser ultramontano ni destructivo, quizá porque tengo un buen día o porque, en ocasiones, me doy cuenta de lo mucho que uno tiene que aprender incluso de aquellos que no le gustan demasiado.

    El señor Ramírez ejerce sobre mí escasísimas simpatías. Creo que ha sido derrotado: tramó un plan para mostrar a sus lectores la infamia del tipo al que destroza diariamente en su periódico: “si accedes a la entrevista-maratón te destruiré y todos verán que eres inconsistente y perverso; si no accedes, se demostrará que eres un cobarde y que me tienes miedo”. Moneda al aire y sale cara. “El Mundo” -no olvidemos que un periódico es un negocio y que lo que pretende es vender- se apunta un tanto y dedica poco menos que varios monográficos a su enemigo predilecto. Solo una cosa ha salido mal: resulta que Zapatero, con sus ambigüedades, sus oscuridades a veces irritantes y su aparente irresolutividad no solo aguanta el embite sino que además descabalga al adversario. Es Ramírez quien enseña al país que es su propia política basada en la difamación y el triturado del enemigo el verdadero bluff, incluso en estos días en que su Duelo en el Campo del Honor con el “amigo de los terroristas” y “desintegrador de España” le sirve para vender más que nunca.

    En cuanto al Presidente Zapatero, creo que va siendo hora de que incluso sus detractores -y estoy entre quienes no le aman- reconozcan en él una fortaleza de carácter que parece altamente recomendable en eso que llaman un estadista. Es un animal herbívoro, pero no un Bambi huidizo, sino más bien un resistente que aguanta a pie firme las situaciones donde cualquiera se deja llevar por la adrenalina. Yo no soy así y se lo envidio. Negociar, pactar con todo el mundo… sí quizá resulta irritante… ya sabemos lo de “al enemigo ni agua”, pero quizá sea la única manera de gobernar sin ir dejando cadáveres por todas partes. A mí me ha decepcionado cientos de veces. No deja de decepcionarme la cobardía respecto a la ley del aborto, sufro en mis carnes el odioso juego de simulación que se ha llevado a cabo en educación, se han mantenido todos -repito, todos- los privilegios de la Iglesia… Entiendo que cualquiera de ustedes se niegue a votarle en marzo.Muy bien, pero ahora imaginen ustedes la escena: Aznar de nuevo en el gobierno, agosto en Marina d´Or jugando al paddle con Luis Herrero, la Cope haciendo la ola, el arzobispado ufano, Urdaci jefe de los informativos… No sé, quizá -dicho con todas las reservas- merezca este tío otra oportunidad. ¿Posibilismo? Puede ser.

    Un último apunte. Me resulta sugerente la estrategia discursiva empleada por Serna en este artículo: ese aludir a los gestos y las caras, esa arruga en el traje que denota estados de ánimo y fatigas sobrevenidas… El texto se mueve en el lenguaje de la sospecha… No trabaja sobre el discurso ni las ideologías ni los programas… eso ya lo hacen los Urdacis y Elkaizer de rigor todos los días. En esa discordancia entre las palabras y los gestos, en esas grietas que se abren entre el discurso oficial y el lenguaje del cuerpo, ahí encontramos el sentido profundo de las cosas. Interesante… aprendo mucho de todos ustedes y de este blog que vuelve a resultar especialmente interesante en los últimos días.

    pdta: ¿no les parece que deberíamos dejar de etiquetar a la gente? “Socialdemócrata”, y cuando no, “españolista” o “neoliberal” o “sexista”. Lo aconsejable es servirse de tales nombres lo menos posible, pero de hacerlo, nunca al encabezar un argumento. No demuestra nada, no lleva a ningún sitio. Solo sirve para situar al adversario donde queremos tenerlo y empezar a partir de ahí a lanzarle dardos, pero que lo “queramos” ahí no quiere decir que “esté” ahí. Dejemos para Paco -experto en sentenciar sin argumentar- tales procedimientos.

  10. Miguel Veyrat

    Es una buena pregunta. Debe ser el cambio de siglo o algo así, pero yo ya no doy una. No entiendo nada. Ni tirios ni troyanos me valen, pues unos valen lo que los otros. ¿Votar a izquierda unida? ¿A la IU de Llamazares, a la de Paco Frutos, de la alaldesa de Córdoba? ¡Canastos, Herr Kant! Gott in Himmel! ¿Qué canastos hacemos los votantes, porque los que se ofrecen como putas en los escaparates del barrio rojo de Amserdam o de Hamburgo, está cada vez más claro que quieren diluir la vida política, privarla de todo sentido que no sea la administración pública de bienes, cosas, conductas, personas, leyes?

  11. J. Moreno

    Si yo hubiese leído el libro de Robert Michels sobre los partidos políticos en mi adolescencia, y su famosa Ley de hierro sobre las oligarquías, no hubiese perdido mi juventud militando en uno de ellos. Menos mal que fuí expulsado por semejantes sátrapas.
    Ahora comprendo porqué García Trevijano nunca ha querido fundar uno

    Copio de Wikipedia:

    La Ley de hierro de la oligarquía” se basa en tres argumentos:

    – En primer lugar, cuanto más grandes se hacen las organizaciones, más se burocratizan, ya que, por una parte, se especializan; y, por otra, deben tomar decisiones cada vez más complejas y de una forma más rápida. Aquellos individuos que conocen cómo tratar los temas complejos con los que se enfrenta la organización se van volviendo imprescindibles, formando la élite.

    – En segundo lugar, se desarrolla una dicotomía entre eficiencia y democracia interna; de modo que para que la organización sea eficiente necesita un liderazgo fuerte, en detrimento de una menor democracia interna.

    – En tercer lugar, la propia psicología de las masas hace deseable el liderazgo, puesto que son apáticas, y esperan que se les resuelvan los problemas; son agradecidas con el líder, y tienden al culto de la personalidad. Su única función sería, pues, la de escoger de vez en cuando a sus líderes. A este respecto, se justifica cualquier modo de elección de élites (revolución, elecciones, magnicidio,…).

    El parlamentarismo ayuda a la oligarquización (especialización de faenas, comisiones..), hace que el líder sea imprescindible, es rutinario (el líder puede hacer uso de sus capacidades técnicas adquiridas). El parlamentarismo da más oportunidades al líder para automatizarse. La casta de los líderes (oligarquía) se cierra como una falange, pues se ayudan mutuamente para evitar la competencia de nuevos líderes surgidos de la masa(trust oligárquico).

    Lo único que puede hacer la masa es susituir a algún líder. Por eso los líderes mantienen algún vínculo con la masa, incluso alianzas contra nuevos líderes. Los viejos líderes apelan a la disciplina, cosa que reduce la libertad de expresión de la masa.

    La organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía

  12. Kant

    Pues sí, sr. Veyrat, sr. Moreno, nos lo están poniendo muy difícil… o demasiado fácil para votar lo obvio dada otra de las muletillas del sistema de partidos con resultados corregidos, como es el nuestro: “el voto útil”.

    Ah… el voto útil… uno de los instrumentos más útiles, sí, para perpetuar el sistema bipartidista, para la consolidación de las oligarquías profesionales de la política y para engrasar la retroalimentación de la partitocracia.

    PS: creo que esta mañana me he levantado asaz anarquista…

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