Gestos de campaña

 1. GESTO DE RUIZ-GALLARDÓN (El Mundo, 21 de enero de 2008)

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Primera plana de El Mundo.

Pie de foto:

“Enfadado sí, pero disciplinado. El alcalde de Madrid acudió a la conferencia sobre Educación celebrada ayer por el Partido Popular. Con gesto serio, ovacionó a su líder, Mariano Rajoy, cuando éste desgranaba su programa. Llegó al recinto del acto solo –eso sí, aplaudido por sus compañeros a la entrada– y en soledad se sentó, atendiendo más a su teléfono móvil que a los discursos. Y, al final, se fue el primero. El «derrotado» evitó saludar a quien, días antes, le había  vencido en la batalla: Esperanza Aguirre. Gallardón, sobrio, cumplió. Hizo lo que debía, pero no más”.

Otros gestos:

Otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro.

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1. CAMPAÑA ELECTORAL (18 de enero de 2008)

Partamos de una constatación trivial. En una campaña política, las declaraciones, las imágenes, las poses… alcanzan enorme repercusión: decidido a transmitir un mensaje verbal o visual, quien administra la información espera provocar determinado efecto. Sin embargo, no son menos frecuentes y evidentes las consecuencias imprevistas de lo que se muestra, consecuencias que pueden desmentir o desactivar las intenciones del emisor. Así es: las cámaras registran este o aquel acontecimiento, y su exhibición y repetición en este y en aquel medio pueden provocar reacciones insospechadas, tal vez las contrarias a las deseadas. Precisamente por la saturación informativa, por la multiplicación mediática, las oleadas y los cambios de humor y de opinión que los hechos transmitidos generan entre los destinatarios empiezan a ser bastante imprevisibles. Los partidos quieren llegar a sus votantes; y las televisiones, las cadenas de radio o los periódicos luchan entre sí para aumentar sus beneficios en una sociedad en la que lo esencial es –cada vez más– atraer la atención del público. Pero esas audiencias y esos electores tienen comportamientos frecuentemente impredecibles, muy sensibles como son al puro vértigo, a  los hechos azarosos y a los acontecimientos programados.  Un detalle, un simple detalle del conjunto, puede cambiar el sentido, puede arruinar la intención del programador o puede alterar el significado de lo que se nos comunica. En cualquier caso, esos elementos aparentemente secundarios se convierten en el objeto principal de la exposición y en el motivo frecuente de discusión entre los espectadores, que somos todos. ¿Algo irrelevante? No tanto, no tanto: sobre todo cuando estamos en campaña electoraly hasta el reloj del nuevo candidato Pizarro lo examinamos con detalle.

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Fotografía: Efe

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Foto: Álvaro García (El País)

¿Y qué descubrimos? Que es un  Hublot: de la misma marca, pues, que el que luce Eduardo Zaplana en una célebre imagen. Aunque –eso sí– de precio inferior: si no me equivoco, justamente la mitad. Ya digo: en campaña examinamos todo y a todo le damos la vuelta…

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Confianza en el futuro (con la fotografía de Esperanza Aguirre) y Con Rajoy es posible… son los únicos folletos cuyos títulos identifico en la fotografía de Álvaro García para El País. Sobre la mesa del candidato se distinguen papeles políticos, los textos de campaña, todos ellos debidamente colocados, sin amontonarse: no dejan más que un pequeño espacio sin cubrir. ¿Horror vacui? No necesariamente. Un escritorio de dimensiones aceptables se vuelve escaso, escueto, después de repartir esos folletos por toda su superficie. Se nota que va de estreno, que está sin usar. ¿Quién los ha dispuesto así? ¿Un asistente o el propio Pizarro? El candidato, celoso de sus cosas, tapa con la mano derecha lo que evidentemente es una libreta de campaña.  No vemos libros, tal vez porque están debidamente ordenados en una estantería o armario que probablemente están fuera de campo. El nuevo despacho de Pizarro no nos proporciona este punto de vista. En cambio, la oficina de Mariano Rajoy puede visitarse virtualmente. O eso dicen. No se distinguen papeles ni folletos y el conjunto desprende un evidente sentido de irrealidad.

Dicen que el nuevo candidato se ha instalado en el antiguo despacho de Rodrigo Rato. Podemos pensar que se trata de un intercambio paradójico y de una reparación retrospectiva. Sobre todo si tenemos en cuenta que Rato fue ministro con Aznar porque Pizarro no quiso. El primero –que venía de familia extraordinariamente adinerada– fue ministro y vicepresidente económico, alguien que finalmente se ha visto  forzado a regresar a las actividades empresariales: por lo que se sabe, sus nuevos empleos en las grandes corporaciones le reportan unos ingresos fastuosos. Viceversa: Pizarro es un profesional de la empresa –eso leo en La Razón— que renuncia a un “montante económico asombroso” para dedicarse a la política. ¿Cómo es posible hacer tamaño sacrificio? Por patriotismo, podríamos aceptarle. “De una tacada”, dice el editorial de La Razón (18 de enero), “Pizarro ha renunciado a los cargos siguientes: el Consejo de la Bolsa de Madrid, del que formaba parte desde el año 87; la vicepresidencia de la Bolsa y Mercados españoles; el Consejo de Telefónica, al que había accedido recientemente; y el patronato del Parque Nacional de Ordesa”. Y todo ello en nombre del liberalismo. Es curioso… o no. Desde siempre, en el liberalismo clásico, se concibe al individuo –al ser humano– como un tipo egoísta, un homo oeconomicus:  alguien que averigua cuáles son sus preferencias, que examina cuáles son sus recursos y que a la postre opta racionalmente por el medio más económico para satisfacer aquellos objetivos. ¿Cómo deberíamos interpretar la conducta de Pizarro, alguien que se desprende de esa impedimenta, de esos cargos corporativos?

Continuará…

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2. OTROS GESTOS (18 de enero de 2008)

Gracias a Miguel Veyrat he reparado en las declaraciones de Mariano Rajoy que recoge el diario La Razón. Dice el líder del Partido Popular que está orgulloso de que Pizarro «haya creído en mí y en mi proyecto». ¿Ha de recibir su beneplácito? En todo caso, es muy interesante analizar las instantáneas de su presentación, los gestos del nuevo político y de su mentor. En La Razón y en Abc. En ambos casos, aquello que transmiten las fotografías es un rasgo de autoridad de Mariano Rajoy. O, en otros términos: estos periódicos convierten una mímica intrascendente en gesto simbólico de autoridad, el de quien hace callar a los presentes.

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Fotografía: Luis Sevillano (La Razón)

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Fotografía: Iganacio Gil (Abc)

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2. VIEJOS GESTOS (2005)

En la primera época de este blog (2005) publiqué un artículo que ahora cobra interés. Trataba de la frustrada candidatura olímpica de Madrid. Pero trataba también de ademanes y mohínes, de la exposición pública de nuestros políticos, del escrutinio gestual al que los sometemos. Lo reproduzco ahora. Lo titulé Las lágrimas de Zapatero y Gallardón. Por favor, echen un vistazo a las fotografías que acompañan.

Las lágrimas de Zapatero y Gallardón

7 de julio de 2005

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El otro día veíamos a Esperanza Aguirre, a Rodríguez Zapatero y a Ruiz-Gallardón representando una unidad de gran simbolismo político, de inmediata lectura semiótica. Levantaban sus respectivos puños con los pulgares hacia arriba. Quizá fue una precipitación, fundada en la expectativa que albergaba cada uno, en los posibles réditos personales. Era un gesto hecho de cara a la galería, un ademán con el que fotografiarse representando unidad, una seña con la que querían comunicar fuerza e ilusión, seguridad en el triunfo. Al día siguiente, cuando ya se sabía el resultado olímpico, se difundió una foto de la Agencia Efe que lo decía todo: mostraba los rostros contritos, hundidos, de Ruiz-Gallardón y Rodríguez Zapatero.  

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Vestidos con las americanas preceptivas, con los símbolos del COI, miraban aturdidos hacia algún punto del suelo, hacia abajo, como no atreviéndose a enfrentar los ojos de la ciudadanía, como si carecieran de ganas, de espíritu para afectar espíritu olímpico, precisamente. Lo mismo sucede con quienes les seguían, con Esperanza Aguirre, por ejemplo: consternados, ajenos, distantes, clavando sus ojos en el suelo que pisaban. Dicen los pies de fotos: el alcalde de Madrid y el presidente del Gobierno no disimulan su decepción al ser eliminada su candidatura en la tercera votación. 

En la foto, el alcalde de Madrid aún parece mantener la compostura: tiene su celular pegado a la oreja, no sabemos si intentando comunicar con alguien o escuchando la voz de algún corresponsal telefónico. No habla: mantiene la boca cerrada. Como corresponde a los móviles más deslumbrantes y modernos, casi no se distingue, de lo escueto, de lo diminuto que es. Rodríguez Zapatero no habla ni escucha ni comunica con nadie: sólo mira hacia abajo. Se le distinguen unas pupilas extraviadas y los labios apretados, también con la boca cerrada, sellada, ajena a todo bla, bla, bla.  

Nadie llora, aunque por dentro les rebosen las lágrimas. Todos parecen componer el gesto, afectar tristeza, pero nada más. No parecen tener ganas de charlar entre sí. Mantienen la distancia, la compostura y obran, paradójicamente, como auténticos ingleses. Desde hace tiempo, el llanto masculino es algo secreto, reservado, incluso íntimo, impropio desde luego en la cultura anglosajona, que es la que finalmente se ha impuesto. Los hombres no gimotean ni berrean ante los demás. Recuerdo a Esperanza Aguirre en alguna sesión de las Cortes llorando a moco tendido, lamentándose, incluso hipando. Llamó poderosamente la atención que una correosa parlamentaria se abandonara a sus sentimientos más inmediatos. Se le pudo afear su sentimentalismo, pero nadie dudó de la sinceridad de aquel lamento. Una disposición legal en la que había puesto todo su énfasis se venía abajo en las Cortes por efecto de la ley del número, por rechazo de la mayoría, y, por eso, la entonces ministra se abandonaba al sollozo.  

Hago esfuerzos por recordar algo semejante entre los varones de nuestra política actual y, la verdad, sólo me vienen a la cabeza los ‘pucheros’ de Aznar cuando se despedía de sus compañeros del País Vasco. ¿Lloró el entonces presidente o no pudo contener las lágrimas? No es lo mismo. Lo de Aznar era exactamente un puchero. Leemos en el Diccionario de la Real Academia que un puchero es un “gesto o movimiento que precede al llanto verdadero o fingido”. ¿Cómo averiguar si ese gesto o movimiento era natural, espontáneo o forzado, y cómo dictaminar sobre la verdad o el fingimiento de dicho llanto? 

Hace tiempo que los hombres aprendieron a no llorar en público, a contener la expresión de sentimientos, antes admisibles o aceptables. Esta restricción, que es o puede ser una patología emocional, la asimilábamos, sobre todo, en la infancia, momento en el cual los hombrecitos aprendíamos a no exhibirnos llorando, a controlarnos, a tragarnos las lágrimas o, como mucho, a emitir pucheros. Educados en la contención de los gestos y de las emociones, muchos hombres sólo se consienten ciertas expansiones cuando es una muchedumbre la que los ampara o devora o atrae. Es entonces, en el esparcimiento colectivo, cuando los varones lloran, colisionan, se restriegan, se acarician, comparten fluidos…, atravesando ese límite impalpable que es la proximidad de los cuerpos, rebosamiento al que las mujeres no suelen tener tanta prevención.  

No sé. Queda un poso de melancolía por la esperanza frustrada –que a mí, francamente, no me afecta, dada mi distancia del evento olímpico–, pero queda sobre todo un futuro en el que paso a paso constatamos que éste, en efecto, es, puede ser, un valle de lágrimas. Y en ese valle de lágrimas habrían enterrado sus expectativas gubernamentales Ruiz-Gallardón o sus ansias de gloria Rodríguez Zapatero, alias el gafe, dicen los malasombras. Cosas peores se leen ya en la Red. ¡Qué país!

24 comments

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  1. Miguel Veyrat

    Gracias por la cita, Justo. Me parece que > como cantaba el pueblo antaño. Es muy significativo que la crónica de Soledad Gallego, hoy en El País, constituya en acta notarial lo que muchos veníamos anunciado hace tiempo: la absoluta sumisión del PP a las consignas de los neocons americanos. Si Rajoy hubiese ganado las elecciones, si el 11 M no hubiese existido, en fin, si todas las dificultades de construir futuribles nos lo permitieran, podríamos decir que los Hermanos Kacynski hubiesen tenido en quién mirarse y apoyarse en España. Pizarro es mucho Pizarro: Si no han podido adivininarlo tras sus actuaciones en el caso Endesa, esperen y vean: cosas veredes que farán fablar las piedras. Como Pizarro como “sucesor subliminalmente instaurado”, por ahora, lo de Gallardón es sólo un aperitivo del valle de lágrimas que aguarda al centro derecha (en el que nunca he acabado de creer, personalmente: los auténticos liberales no se atreven ni a dar su nombre) en España.

  2. Miguel Veyrat

    No sé por qué desapareció una frase entrecomillada. Decía en la primera linea de la entrada anterior que me parecía que “entre todos la mataron y ella sola se murió”, como se cantaba antiguamente. ¿El qué? La democracia interna, además de la sensatez política, en el PP. ¡Y Fraga nos parecía un peligroso derechista!

  3. Paco

    A donde nos llevas Serna? No puedes con el fondo del PP y te dedicas a la la superficie! Què profundo!

  4. Arnau Gómez

    Pues ¿que quiere que le diga, D. Justo?.Me parece el gesto de D. Mariano más que un gesto de autoridad, un gesto autoritario (que no es lo mismo,como usted muy bien sabe).Manda callar,con el mismo gesto que hacía el cuidador de la vela de mi colegio,cuando necesitaba silencio para sus oraciones,previas al rezo colectivo del santo rosario,mucho antes que el padre Peyton nos recordara que quien reza unido permanece unido.
    ¿Necesita D. Mariano un rezo del rosario para que su partido permanezca unido?.O ¿simplemente nos ordena callar ,para que no se oiga nada más que el revuelo de las sotanas celebrando la caída del réprobo Gallardón? o tal vez para que no se oiga el rumor de los bienpesantes conservadores ante el descalabro de uno de sus fetiches cuanto más necesario,más odiado?.

  5. Lázaro

    Pizarro no quiere que le copiemos sus prospuestas económicas. Su mano derecha tapa el cuaderno (siempre la derecha). Pero me pregunto ¿Qué habrá hecho con la Mont Blanc? ¿Dónde esta?. ¿No quiere que Rajoy se la quite?.

  6. Pavlova

    Una Mont Blanc, Lázaro, es nada comparada con el reloj que porta el individuo, aún las que tienen alguna piedra preciosa en la parte superior del capuchón. Salvo la categoría que le da la bibliografía que acompaña a la marca Mont Blanc, es mucho más cara una Parker de oro.

    Pero, a lo que iba remedando a Paul Wingenstein, que si él fue capaz de encargarle a Ravel su concierto para la mano izquierda, después de perder la derecha en la guerra, tuvo ánimo para ello y, lo que es más, para estrenarlo y recorrer el mundo tocándolo, yo voy a darle a la tecla lo que pueda para decirle, Justo, que lo de “Los niños no lloran”, me parece que está en bastante desuso y a nadie le duelen prendas de deshacerse en lágrimas en público. Hace muy pocos días el frio Ruiz Gallardón lloró a moco tendido con Fraga que le miraba ¡cómo lo miraba! Juan Carlos de Borbón lloraba hasta con hipos en el entierro de su padre (¿Había también ahí mala conciencia?), aunque aún se practica (el llanto masculino) con cierto pudor y nunca como arma, como hacen esas señoras a las que da la sensación de que no les temblaría el pulso asesinando a tiros a alguien, pero que lloran desatadas si les llevan la contraria (Espe y similares).

    A mí el gesto de silencio de Rajoy me parece absolutamente insultante. Es un gesto que parece dedicado a niños chicos. Claro que, si su muchachada armaba ruido mientras hablaba, mientras discurseaba esa persona tan desagradable que es Álvaro García, qué menos que mandarlos callar como a escolares. En fin.

    Yo venía a decir que siempre compro la revista Claves, que dirigen Javier Pradera y Fernando Savater y, en el último número, el de Enero-Febrero de 2008, me he encontrado en portada lo siguiente: “Tres autorretratos de Aznar. Justo Serna” y me ha hecho muchísima ilusión. Por eso se lo digo y se lo recomiendo.

    Buenas noches.

  7. Miguel Veyrat

    Un modelo de aquello que la lágrima puede aportar a la política, recuerden, nos lo ha proporcionado Hillary Clinton, que abandonando su frialdad casi esencial, se abandonó a la expresión pública de sus sentimientos más íntimos, consiguiendo conmover al electorado —curiosamente a una mayoría de mujeres— y remontar en New Hampshire la seria derrota que le infligió Barak Obama en el primer caucus de Iowa.
    Y otro orden de cosas, tengo que ir un poco más de escaparates y fijarme en esos famosos Hublot. Parece que han sustituido al siempre hortera y en ya en desuso Rolex de oro, que tanto lució en las muñecas privilegiadas de los ochenta, primeros pelotazos del “orgullo empresarial” recuperado tras la autocracia…

  8. Miguel Veyrat

    ¡Ah! y por supuesto me uno a Ana Pavlova, siempre intelectualmente alerta, a su felicitación a Justo por la inclusión de su firma en tan prestigioso foro.

  9. Kant

    Bueno, bueno, bueno, en la que andamos metidos. Sin duda, los gestos externos delatan las intenciones internas, el lenguaje no verbal lo que el verbal calla y los espacios – los escenarios de la vida – la obra que se representa en ellos. Esos tres factores (espacio, actitud y gesto) aplicados al sr. Pizarro me llevan a una coincidencia y especie de mixtura entre lo que dice don Justo, don Arnau, don Lázaro y don Miguel… un Rajoy sólo aparentemente fuerte – es lo que le exige el guión aznariano, aunque su incapacidad para asumir ese papel es evidente – un Pizarro extraordinariamente ambicioso y peculiarmente sobrio (¿o avaro?) y unos espacios físicos, en los que se mueve el PP, gélidos, fabriles, desprovistos de cualquier alusión ideológica: no sólo no hay libros, no aparece ni siquiera una foto, un cartel, un busto, algo, referido a algún referente liberal, conservador, neoconservador o paleoliberal, nada, nadie: todo un vacío de pensamiento que parece rellenarse con algún sermón dominical (¿estos señores irán a misa?) o, lo más probable, con alguna discreta visita obispal para embadurnar de alguna idea intangible lo que nunca ha pasado de ser el propósito de la derecha española: un mero interés económico con lucro para si mismo de los cargos públicos (ilusos y anacrónicos aparte) y desregulación del mercado para la sociedad.

    En ese sentido, señora Pavlova, el gesto de Rajoy me parece, con el sr. Gómez, más de oratorio salesiano que de líder enérgico o, sencillamente, grosero. Es que Rajoy no da ni para eso. Y éste era de los que sumaba al coro de los que acusaban de “Bambi” al presidente Rodríguez… pobre hombre…

    Creo que, para nosotros, dado que conocemos de primera mano y seguimos con proximidad a don Justo, nos será más interesante ver cómo responde a los textos del sr. Serna el ámbito de “Claves” – ¡qué valor tiene ud. doña Ana! – que su artículo propiamente. En consecuencia y dado que leeré dicho texto a través de cualquier medio irregular – algo que recomiendo a todo el mundo, no voy a dejar un solo óbolo de mi pecunia a los srs. Pradera y Savater – la requiero a ud, ya que – incomprensiblemente – es una lectora de dicha publicación, a que, abusando de su generosidad, nos diera cuenta de cómo se respira por allí en posteriores números (cartas de lectores, posibles réplicas…).

    Un pequeño ex-curso me permitiré con ocasión de la alusión de don Miguel a las lágrimas de la señora de Clinton, doña Hilaria. El lamentable espectáculo que dio la citada senadora para arañar el voto femenino – algo que en efecto consiguió – en Nueva Hampshire me hizo percibir algo que posiblemente otros ya habrán visto con anterioridad si no estoy equivocado y que me tiene algo sorprendido: el apoyo soterrado pero evidente, en España, de los medios progresistas – permítanme la expresión – a la sra. de Clinton. Ya lo había visto en los EEUU (¿recuerdan que les comentaba esos “deslices” que sólo se daban sólo en los grandes medios periodísticos y televisivos filodemócratas de confundir “Obama” con “Osama”?) pero ahora lo percibo también acá. Que ganara en Nueva Hampshire por poco más de 7.000 votos se silenció al tiempo que se magnificó su victoria como si con semejante bagaje fuese definitivo para su elección final como aspirante demócrata oficial. Ahora, en Nevada, donde la senadora tenía su gran esperanza – el voto hispano – para arrasar al sr. Obama, apenas si ha obtenido unos pocos votos más que él pero, desde luego, menos delegados que don Barak. Sin embargo, se repite la estrategia comunicativa de favorecer las expectativas de doña Hilaria en detrimento de los éxitos del senador. ¿Alguien me puede decir por qué? Es que no lo entiendo ¡parece que fueran unas elecciones donde fuéramos a votar nosotros y que “nuestra” candidata fuera doña Hilaria!

    Respondo ahora a otro ex-curso previo a éste mío, el que hizo la sra. Markova. Sra. mía, lo que ud. lee y tan gentilmente nos permite leer a través del “link” que nos facilita es, sencillamente, lo que les vengo diciendo desde tiempo ha: el Grupo PRISA es un grupo empresarial, no una asociación sin ánimo de lucro. Prima el negocio, no la ideología. Es a partir de la lógica de la empresa, no de la idea, como se construye semejante grupo. “Ergo”, si Ansón da dinero ¿por qué no financiarlo?.

    Pero si ideología hablamos, dicho grupo es la creación de los herederos – sanguíneos y espirituales – del sr. Ortega y Gasset, y este sr. fue un pensador que, en el mejor de los casos, alumbró al liberalismo español de los 30 del pasado siglo y en el peor, inspiró al sr. Primo de Ribera hijo. En ese generoso abanico ideológico – que hoy día compendia perfectamente el PP – el sr. José María “Miraescotes” Ansón – como se le conoce en La Sexta (“Se lo que hicisteis…”) – está perfectamente integrado. No hay, pues, nada extraordinario.

    El apoyo de PRISA al PSOE sólo se hace en la medida que el liberalismo del PP vive y muere amordazado y sin espíritu, ni dignidad, como para presentarse a la contienda electoral por separado del permanente abrazo del oso que le aferra el conservadurismo y la reacción española; mientras, paralelamente, el PSOE ha ido escorándose cada vez más a la derecha, incluso de la socialdemocracia europea, y se ha comportado como el auténtico partido liberal español. Como ve, todo es coherente.

  10. Pavlova

    No, no, noooo. He dicho que compro siempre “Claves” y no es exacto: lo leo siempre, que no es igual, del mismo modo que leo “Qué leer”, la “Revista de estudios orteguianos”, la “Revista de Occidente”, “Doce notas” o el “Boletín de la Institución Libre de Enseñanza”, por poner algunos ejemplos de lo que llega a mis manos gratuitamente, pero no pago un sólo céntimo por ellas. Unas por haber colaborado en ellas, otras por diversos motivos, llegan a mi poder, pero nunca pagando, que no está la vida como para esos dispendios.

  11. Miguel Veyrat

    Gallardón abandona la política nacional, anuncia hoy El País en portada, en una excelente crónica apoyada por fuentes del entorno del alcalde de Madrid. No participará ya en ningún órgano de dirección de su pardido y su única duda es qué hacer con la alcaldía. Atentos, como diría mi viejo compañero Miguel Angel Aguilar: Esta historia empieza ahora y nos aguardan momentos entretenidos, cómicotrágicos y quizás acompañados de “Son et lumière”.

  12. Kant

    Me serena ud. doña Ana. Le agradezco la aclaración.

    Por otra parte, vistas las últimas aportaciones de don Justo y del sr. Veyrat… uf, ¡cómo se ha puesto el patio!.

    Recomiendo la foto número 4 de “El Mundo”: la plana mayor del disparate. De derecha a izquierda: la sra. Aguirre en su mejor expresión de “Espe” ese ser ignorante, soberbio y ridículo descubierto por don Pablo Carbonell en la primera etapa de CQC; el sr. Rajoy con cara acartonada y mirada ausente (su reino ya no es de este mundo); el sr. Aceves con su mejor sonrisa – ese rictus – y pose de tranquilidad propia de quien no está entendiendo nada de lo que se le viene encima; una señora – que debe ser muy conocida pero que no alcanzo a identificar – muerta de risa mirando al citado trasunto del Trío de la Bencina (esto sólo lo entienden los contertulios de más edad y/o mejor humor). Y más allá, perdidos en la penumbra: el sr. García rebuscando en sus bolsillos, tal vez, la solución a su papelón como jefe de campaña que ha de tragar con lo que la Superioridad quiera mandar mientras que don Alberto, en el extremo más oscuro, junto al pasillo, pierde su mirada en la nada pensando, presupongo, en aquella frase tan acertada de don Mariano: “joder, qué tropa”.

  13. Alicia Markova

    Don Mariano, como dice don Pizarro, querido Kant, se hizo el gracioso usando una vieja y conocida frase del Conde de Romanones, en el tiempo jefe del Partido Conservador. Ni intentando parecer gracioso consigue ser original. En la actualidad, el señor Mariano ha pasado a formar parte precisamente de la tropilla dirigida a distancia por el Cabdiello Aznar. Le agradezco muy especialmente la expresión referida a la Espe, de ser ignorante, soberbio y ridículo. Yo añadiría que especialmente malvado, que suele ser atributo que ensucia aún más a los ignorantes y soberbios.

  14. Kant

    ¡Concedida su petición, doña Alicia!… siempre que considere ud. que, como hasta para ser malvado hace falta una determinada inteligencia, pérfida en este caso – Thomas de Quincey, “dixit” en “Del asesinato considerado como una de las bellas artes” – y al objeto de nuestro encono le falta esa inteligencia (entre otras), apostillaremos, si le parece, que la suya, la de ella, encima, es la básica maldad gaznápira de una monja.

    Por lo demás, muchas gracias por darme el origen de la cita que erróneamente atribuía a don Mariano. Me quita ud otro peso de encima, por un momento lo creí capaz de un desparpajo inteligente. No es que el conde de Romanones me sea grato ni que su partido me resulte de mejor aprecio pero, visto el percal conservador actual, “faesista”, como jocosamente definió un contertulio, aquel sr. por lo menos no ocultaba su título caciquil – pues eso practicaba en sus tierras de Guadalajara – ni su partido se avergonzaba de ser lo que era, conservador, cosa que no puede decirse ni de don Mariano, aprendiz hipócrita de cacique gallego, ni del PP, ofendidísimo partido si se le incluye en la derecha española… como si pudiera estar en otra parte…

  15. Alicia Markova

    Sí, tiene pinta de repartir pellizcos de monja entre sus colaboradores, pero eso sería minimizar su capacidad de maldad. Me alegro de haberle proporcionado el dato romanonesco, tampoco santo de mi devoción y gran practicante de la compra del voto contantes y sonantes. Le amplío la anécdota:
    La frase “¡Qué tropa, joder, qué tropa!” no fue pronunciada en el Parlamento ni por motivos políticos. Cuando fue propuesto para la Real Academia, alguien le sugirió que hiciese una visita de cortesía a todos los miembros de la Docta Institución encareciéndoles su apoyo, porque esa era la costumbre. Así es que venciendo su natural pudor de aristócrata empedernido, cumplimentó ese requisito y todo el mundo le aseguró que su voto sería para él. El día de la votación se acercó su secretario y en un aparte le dijo: Excelencia, traigo malas noticias: no hemos salido. ¿Cómo es posible? —preguntó perplejo el Conde— Pero si tenía garantizada la elección… El funcionario se encogió de hombros. Pero entonces ¿cuántos votos he tenido?, quiso saber. Ninguno, Excelencia, musitó el secretario con un hilo de voz. Él se quedó unos instantes pensativo y luego cabeceando ligeramente se volvió hacia su ayudante: ¡Qué tropa, joder, qué tropa!,- concluyó.

  16. Arnau Gómez

    ¿Me permite una apostilla D. Kant? El P.P. se ofende de que se le incluya en la derecha política española,porque piensa (y está en lo cierto) que su espacio político es la extrema derecha y que cuando mira hacia la derecha,la ve tan lejana que cree que para su viaje al centro,necesita no un AVE,como reclama una vez y otra para la C.Valenciana,sino un misil intercontinental.

  17. J. Moreno

    Todos estos comentarios sobre si Gallardón está humillado, dolido ó lo que sea me la trae al pairo.
    Que le dé pronto cobijo su suegro..aquel Utrera Molina de brillantes servicios en la gran noche franquista.
    Con los problemas que tiene el “presente” en España y nosotros divagando como espectadores de Telecinco.
    Perdonad pero no tengo otra cosa que decir.

  18. Miguel Veyrat

    Todos esos comentarios, señor Moreno, son usados por los medios afines al Partido Socialista — a mi juicio—, como telón de humo para disimular el tsunami económico que acecha como un nuevo 11-M las próximas elecciones. Al votante democrático no le queda otro remedio que aferrarse al voto útil, como ha hecho Sabina, santo no de mi devoción por cierto, con enorme cabreo justificado por parte de Llamazares. Gallardón es un personaje de derechas, muy, muy derechas, de la que antiguamente llamamos “derecha civilizada”. El último episodio vivido en su partido revela que el PP se ha colocado en el ala más extrema del espectro: Ellos sabrán.

  19. Kant

    No, no, doña Alicia, no minusvaloro a la ciudadana Aguirre, al revés. Me explico mejor: la maldad de la que nos habla Quincey es una maldad inteligente, la monjil es estúpida. Pero que sea estúpida no la priva de su capacidad de hacer daño. Contrariamente, el daño que es capaz de hacer un estúpido es mucho mayor que el del inteligente porque éste es prudente y comedido hasta en su despliegue más obsceno; en cambio, el imbécil actúa de forma desproporcionada, compulsiva, visceral, ciega y siempre absurda y alicorta, lo propio de una inteligencia fracasada, si me permite parafrasear a don José Antonio Marina. Estamos, pues, ante un claro caso de inteligencia fracasada que se refleja en un rostro caricaturesco de mala estúpida.

    ¡Claro que le permito la apostilla, sr. Gómez!… ja, ja, ja… Sí, aunque, ahora en serio, precisamente en ese posicionamiento tan descentrado de quién a tanta gala tuvo decir, insistir y persistir, durante años y años, en su “viaje hacia el centro”, es lo preocupante. No sólo porque “ellos” se escoran hacia su lugar natural – ya veremos si el pueblo español lo refrenda con votos – sino porque, en su deriva, están siendo acompañados por el PSOE, otros de los que cacarean su centrismo. Les propongo tres elementos que así lo delatan y que he citado en anteriores “post” de forma independiente: (1) en política internacional, la actitud ante el conflicto saharaui; (2) en política interna, la actitud frente a la Ley de Aborto; y (3) en política de partido, el cambio del sr. Marín por el sr. Bono. ¿A ver si es que el centro es la derecha, la derecha es el integrismo y la izquierda el liberalismo?

    Bueno, sr. Moreno, precisamente como espectadores de Tele 5… El tema de Gallardón no es una cuestión personal de ese señor, es la constatación de la crisis del PP. Cuando una organización entra en crisis, una de las estrategias para superarla – me apresuro a decirle que es una estrategia errónea – es volver a las “esencias” fundacionales de la misma, es potenciar su integrismo, su afirmación en si desprendiéndose de los matices que podían nimbar su perfil original. Lo ha visto en la Iglesia católica, lo ve hoy día en el PCE y, ahora, se destapa en el PP. Antes se podía saber y callar, o intuir, o deducir, con el sr. Gallardón (como pasó a nivel catalán cuando fulminaron al sr. Piqué) se hizo público y notorio. Evidentemente que no viene de ahora – el cese del sr. ministro Pimentel gobernando el ciudadano Aznar fue la primera señal – pero sólo ahora la gente de a pie puede ver lo que probablemente ud. ya sabía desde hace años, que el PP es el partido de la reacción española. Ese es el interés.

    En consecuencia, sr. Veyrat, discrepo de ud. en atribuir a esto la condición de cortina de humo. No lo es. Es la constatación del viraje conservador en el que se adentra España con sus tres partidos de ámbito estatal más notables o bien en franca descomposición (IU) o bien renunciando a los valores del liberalismo (PP) y del socialismo (PSOE). Me temo que ambos paquetes de valores ya sólo los va a encontrar en los partidos de dicho tamiz ubicados en la periferia del territorio estatal… mal que pese…

  20. Pastora Imperio

    Como tantas veces me suele suceder, sintonizo con la opinión del Sr. Veyrat. A mi parecer, Gallardón, por obra y gracia de una maniobra sin duda precipitada – Fraga lo delataba así en ABC-, ha sido elevado por buena parte de la opinión pública a un escalafón distinto y superior al que le pertenece y, por una carambola no calculada, distante y mejor valorado de aquel en que quedaron los mismos que le “proyectaron” . Y lo que puede hacerle daño al PP en el corto maratón que queda para marzo no es sólo eso, sino, sobre todo, creo, la fractura de la imagen de bloque compacto que todos los partidos pretenden irradiar al electorado, sabedores de que éste suele castigar las grietas en los partidos. Y esto el PP lo va a pagar, pero, como viene a decir D. Miguel, que lo hubiesen pensado antes.
    Por cierto, señor Veyrat, he retomado mi disfraz de Pastora Imperio – que los Carnavales están ya encima- gracias a su cálida acogida, y luciendo mi habitual indumentaria, una de mis majestuosas batas de cola, que háganme el favor de no confundírmela con el andaluz traje de faralaes, vaya.
    Saludos,
    Pastora

  21. Francisco Sianes

    Respecto al asunto Gallardón, no acierto a comprender la cuasi unánime inferencia que, desde el centro y la izquierda (incluso de otros países), explica su descalabro político por una presunta deriva hacia la derecha del PP. Creo que esta hipótesis exige unas aclaraciones:

    1) Gallardón es un político apreciado por el electorado, incluso por buena parte de los votantes del PP; pero no por sus dirigentes. Para la cúpula del Partido Popular, Gallardón es, en el mejor de los casos, un incordio que aporta votos; en el peor, un tumor ideológico que había que extirpar. Cada vez que se ha enfretado a la línea “fuerte” del PP, ha salido escaldado.

    2) Imprudentemente -¿la altivez?-, Gallardón ha apostado su futuro político a una carta en una mano que no podía ganar.

    Muchos en el PP estaban esperando que Gallardón les ofreciera la oportunidad de desautorizarlo: y él mismo ha ofrecido la yugular y se ha metido en la trampa. Teniendo esto en cuenta, no me sorprende que Gallardón haya sido defenestrado por la jerarquía popular: lo sorprendente es que hubiera salido victorioso en este lance. Lo sorprendente es que el resultado de la contienda sorprenda.

    ¿Supone esto un “giro a la derecha”? No. Los dirigentes del PP son los mismos desde hace años: el legado de Aznar. En el “asunto Gallardón” no han cambiado, no han recrudecido su “derechismo”: sólo han sido coherentes con lo que son y siempre han sido.

    ¿Qué esperaban los simpatizantes del PSOE y cía.: que postularan a Gallardón como candidato popular? Un gesto así -impensable actualmente- no confirmaría un giro centrista del PP (sus dirigentes no son centristas), sino una desesperada maniobra electoral. Un resignado pragmatismo ante la inoperancia del discurso conservador.

    Un cordial saludo.

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