La historia explicada a los jóvenes

0. El pasado y el recuerdo. La escena la hemos visto muchas veces. En la vida real, en el cine, en las novelas. Alguien achacoso, por ejemplo un anciano que conserva la lucidez, parece estar dispuesto a hablar; se acomoda y comienza a contar a su nietecito lo que ha sido el pasado, su pasado. Son, por supuesto, las batallitas del abuelo, sí: las guerras en las que luchó o sobrevivió milagrosamente, las penurias a las que se sobrepuso con tenacidad, las estrecheces que pudo soportar. Es la memoria como fuente de identidad, ese relato que ordena el caos de la existencia y que hace congruentes los hechos que se han vivido o que creen haberse vivido. El anciano se explaya y sólo desea que se le escuche. Habla de su propia experiencia, de la vida, del amor y de la amistad, de lo que era el miedo y la esperanza. Habla de su siglo.  Cuando cuenta hace memoria, ya digo, y obra como protagonista que fue de los hechos o, al menos, como testigo. Vio, observó y ahora rememora aquello. ¿Qué hay de cierto y de verificable y de documentable en lo que cuenta? Él testimonia y, salvo que incumpla el pacto con el oyente –con su nieto, por ejemplo–, no cuenta embustes. Narra los hechos, los personales y aquellos otros en los que no participó pero que eran la circunstancia histórica. Inserta, pues, su vida en un contexto más amplio. 

Conforme digo esto estoy rememorando una escena que tuvo lugar hace cuarenta años. Sentados a la mesa camilla, con el ruido de fondo de su aparato de radio, un artefacto gigantesco, mi abuelo me cuenta sus batallas, en efecto. Me relata su estancia en África, en aquella guerra de Marruecos de la que salió exhausto y hambriento, me cuenta su siglo. No creo que me mienta: creo, sin más, que recuerda lo que puede, lo que él vio y lo que la vejez le deja rememorar. Estoy seguro de que embellece sus hazañas personales, esas gestas guerreras que me detalla, pero  estoy seguro, también, de que no cree hacerlo, de que cree ser fiel a los hechos. Él como tantos otros ancianos recuerda un recuerdo. O, como decía, el narrador de Soldados de Salamina, “lo que acaso me contarían que ocurrió no sería lo que de verdad ocurrió y ni siquiera lo que recordaban que ocurrió, sino sólo lo que recordaban haber contado otras veces”. ¿Dónde está el pasado, ese pasado del que mi abuelo sólo recordaba lo que había contado otras veces?

Es un tiempo inerte, desaparecido, irreproducible. En las viejas series televisivas, a los jovencitos se nos hacía soñar con El Tunel del Tiempo , aquella emisión en la que soñábamos con desplazamientos históricos, con felices o angustiosos anacronismos, con intervenciones providenciales que cambiaban el curso de las cosas. Insisto: el pasado es algo inerte, algo fatal, algo que no puedes reproducir. Pero quedan vestigios, unos pocos restos de unas acciones que emprendieron nuestros mayores. O nuestros antepasados remotos. Quedan huellas pretéritas, incluso materiales, que se rememoran con un sentido actual, no siempre coincidente con el que tuvieron.

1. Acabo de leer Un hombre en la oscuridad, de Paul Auster. Y acabo de escribir una reseña para Ojos de Papel. En esta novela, su protagonista, un tal August Brill, dedica páginas y páginas a relatar su vida joven. ¿A quién se la cuenta? A su nieta. Ambos están en la cama: él padece un insomnio pertinaz, razón por la cual se dedica a contarse ficciones. Las noches son para eso: para narrarse historias no sucedidas. Hoy, por el contrario, es el pasado personal lo que va a relatar: se lo cuenta a su joven nieta, que lo interroga, que lo interpela, que quiere saber más. Quiere averiguar lo que fue la juventud en los años cincuenta y sesenta, lo que fue la rebeldía y la sumisión. Pero sobre todo lo que quiere compartir es el dolor de la muerte: su joven compañero ha muerto en Irak: como también ha muerto Sonia, la esposa de Brill. Son dos viudos tumbados, dos parientes que se acogen y que se cuidan, que se cuentan. Esperan aliviar el dolor silencioso que ambos tienen. Pero sobre todo esperan mitigar el escándalo de unas muertes siempre tempranas e indescifrables. La circunstancia novelesca es un expediente que a Paul Auster le sirve para narrar la pequeña historia de la generación de posguerra: esos años de contracultura y de lucha por los derechos civiles. Resulta algo inverosímil la situación: la de la cama, me refiero. Pero no es impensable, desde luego. Un anciano relatando su pasado que, a la postre, es su pasado; una nieta ya baqueteada por la vida.

Algunas de las palabras que se dicen tienen un sesgo tópico: es como si las hubiéramos oído mil veces, como las hubiésemos leído miles de veces. El abuelo es un crítico literario ya retirado: ha leído mucho y, seguramente, se le han pegado los modos y maneras de los personajes de ficción. Habla como un personaje de ficción, incluso como un tipo de folletín que se sabe inserto en esa historia. “Empecé a parecer un personaje de novela del siglo diecinueve: matrimonio inquebrantable en su baúl, estimulante querida en otro, y yo, el gran ilusionista, plantado entre los dos, con la astucia y la habilidad de no abrirlos nunca al mismo tiempo”, le confiesa a su nieta. El baúl también es una imagen muy previsible. Aún lo es si con ella nos referimos al pasado: un arcón en el que se guardan cosas que ya no se usan y que ahora descubrimos para el nieto sorprendido. Esas objetos guardados son metáfora de la vida y de la memoria. Ya digo: algo tópico y, a la vez, conmovedor.

2. El siglo XX explicado a los jóvenes. Digo “abuelo relatando el pasado a los nietos” y pienso inmediatamente en El siglo XX explicado a los jóvenes, del historiador francés Marc Ferro, que acabo de leer. El anciano le cuenta a su nieto de diecisiete años la pasada centuria. ¿Y cómo lo hace? ¿Obra como historiador u obra como abuelo? La verdad es que el volumen me ha decepcionado: me ha decepcionado pensando en los jóvenes, en muchachos de dieciocho años, por ejemplo, que es la edad común de quienes acuden a las clases de Historia del mundo actual (materia que imparto en la licenciatura de Periodismo). Aparentemente está concebido a partir de las preguntas del nieto. En realidad no hay diálogo alguno. El presunto nieto formula cuestiones muy generales que el autor aprovecha para responder en cinco o seis páginas sin interrupción alguna. No es un diálogo mayéutico, desde luego: no presupone inquietud en el joven, sino un saber que está en el anciano y que entregaría a manos llenas. Por eso lo que leemos son larguísimas exposiciones inducidas por  preguntas de pega. Es decir, auténticos monólogos sin interlocución. El recurso del nieto podría habérselo ahorrado el autor, desde luego. Hay un cierto desorden, un desorden que estaría justificado si de verdad fuera fruto del diálogo; y hay una  exposición llena de supuestos, de datos sobre los que no se informa y que difícilmente conocerá o entenderá un joven de diciesiete años. Ni siquiera el glosario y la cronología finales ayudan.

Tomemos, por ejemplo, 1914, una fecha sobre la que Marc Ferro es especialista. Leamos. “1914: Comienzo de la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial). Asesinato en Sarajevo del archiduque Fernando de Austria, heredero al trono austríaco. Economía de guerra (hasta 1919). Estados Unidos se convierte en prestamista de países europeos. Incorporación de la mujer al mundo laboral”. Punto. Por favor, lean otra vez lo entrecomillado. O es un repertorio de tópicos a los que les falta hondura o es un elenco de evidencias supuestas que no llegan en 1914. No se puede equiparar el dato concreto que sucede a fecha fija y el proceso social que necesita un siglo verdaderamente. La mujer –dicho así– necesitará todo el siglo para incorporarse de veras al mundo laboral. Por eso, un joven que lea la última frase de esa entrada cronológica puede muy bien pensar que la generación de su bisabuela ya trabajaba…

Pero no sólo hay desorden en el librito de Ferro: hay respuestas muy perezosas que parecen un copypaste de entradas enciclopédicas y de frases mil veces repetidas. En fin. Lo más interesante y discutible de este pequeño volumen figura al final del recorrido, justo cuando el nietecito le pregunta: “Se creía que el siglo XX iba a ser el siglo del progreso: ¿de dónde venía esa ilusión?” Desde luego resulta muy extraña esa pregunta pronunciada así por un joven de diecisiete años. O bien el muchacho plantea de ese modo la cuestión porque tiene numerosas lecturas: pero entonces es raro que un interlocutor documentado calle durante seis páginas. O bien el joven formula la pregunta de esa manera porque se convierte en portavoz de un tópico del que no sabe más: por eso enmudece ante el abuelo sabio que repite respuestas:  enciclopédicas (“las repercusiones de la mundizalización y de la uniformización de la producción y del consumo han tomado el relevo a las guerras mundiales, a las revoluciones y a la lucha de los pueblos colonizados por su independencia”) o triviales (“el miedo al futuro ha tomado el relevo de la esperanza en el progreso. ¿No será porque los progresos de la ciencia y de la técnica parecen no tener ya sentido?”).

Ah.

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Lecturas y más lecturas:

1. Novelistas: Paul Auster en Ojos de Papel

2. Historiadores: Eric J. Hobsbawm en Clionauta

34 comments

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  1. David P.Montesinos

    Su hiperactividad me tiene algo desbordado. Debo felicitarle en primer lugar por el artículo sobre la sociedad del riesgo. Fíjese, resulta después de todo pedagógico hacer este tipo de precisiones falsamente obvias sobre cuestiones como la diferencia entre “estar en peligro” y “estar en riesgo”… a vueltas con Ulrich Beck, por cierto, me interesa mucho, muchísimo esa línea de análisis. Por cierto, en el reino de la sociología académica es irónicamente llamado “el filósofo”… demasiada reflexión abstracta, demasiada valoración crítica, por lo visto. Me gusta ese manera de mirar que utiliza Serna en el artículo… y creo que Beck es uno de los autores más imprescindibles del momento, hay que leerlo.

    Respecto al primer artículo de nuestro amigo en El País, creo que da en el clavo e incluso ha sido capaz de expresar con un ejemplo muy “Clausewitz” lo que es una estrategia política, es decir, “bélica”.

    A ese respecto, me gustaría informarles -y lo haré en adelante si encuentro tiempo y no me salgo del guión- de cómo se está tramando desde el Consell autonómico valenciano el asunto de la Ciudadanía (dígase “citizenship”) Háganse esta pregunta: quizá el Conseller Font de Mora sea un irresponsable y no tenga luces para darse cuenta de que por hacerle la pelota al sanedrín madrileño del PP va a labrar su propio cadáver político, única consecuencia justa para el peor Conseller de Educació de la historia de la Comunitat Valenciana, un personaje capaz de unir a tirios y troyanos en sindicatos y claustros docentes, cada uno con un insulto diferente en la boca el susodicho, cada uno con su “si se acerca le diré cuatro cosas…”, hacía tiempo que no veía tanto odio concentrado en un gestor político.

    Pero, seamos fríos, y aquí viene la pregunta: ¿de verdad son tan tontos como parecen? Echarse encima una huelga de profesores como la que se acerca -el cese de Font de Mora como reivindicación central-, ¿realmente les preocupa tanto? ¿No será todo este esperpento de la Ciudadanía en inglés y las amenazas a los profesores insumisos un “paracaidista maniquí con altavoces incorporados”? Un concejal pirómano en Educación, ¿no será justamente este el truco?

    Voy a ser más directo, e intento enlazar con el artículo de Serna en El País. O la oposición se centra y empieza a apuntar a la línea de flotación del gobierno autonómico o estaremos cayendo en la trampa de seguir apuñalando cadáveres. Miremos más acá de la mamarrachada de la Citizen y preguntémonos:

    1. ¿Por qué los centros públicos están perdiendo a la carrera unidades de bachiller mientras en la privada se les ha concertado, es decir, los bachilleres -que son optativos- han pasado a ser financiados con dinero público, a pesar de que siguen seleccionando a su alumnado? (Fíjense en los niños cuando salgan de un colegio privado: uniformes sí, pero no niños inmigrantes, no niños con problemas motóricos… fijense, por favor)

    2. ¿Se está cumpliendo la LOE, que suponía que la llegada de un alumno nuevo iría a parar a un comité de ayuntamiento que decidiría a donde iría dicho niño sin excluir las obligaciones de los colegios privados?

    3. ¿Por qué el gobierno autonómico no ha hecho nunca caso de quienes reclamaban escuelas en inglés, pese a que ahora, con la mamarrachada de la citizen parece querer vender justamente lo contrario?

    4. ¿Está presionando Camps para que los nuevos centros universitarios creados por las distintas facciones de la Iglesia Católica sean homologados a la carrera pese a que no cumplan las condiciones que para dicha homologación se requiere?

    5. ¿Por que el PSOE es tan tibio ante la canonización , perdón, nombramiento como “hijo adoptivo de Valencia” por Rita Barberá -qué gran mujer- de García Gascó? ¿Han olvidado que el personaje, gran empresario educativo además de en sus ratos libres arzobispo, es autor de docenas de declaraciones ferozmente reaccionarias?

    6. ¿Por qué hay tanto barracón en las escuelas de Valencia? ¿Qué pasó con todas aquellas empresas que gestionarían la construcción de nuevos centros? ¿Qué pasa con el suelo público que tan generosamente se cede al Valencia cf y se niega sistemáticamente a la escuela pública?

    7. Y la mejor, la pregunta que resume todas las demás: ¿estamos seguros de que el PP no tiene un proyecto perfectamente tramado para destruir la escuela pública, o al menos para dejar que se deteriore y convertir la enseñanza en en primer gran agente de la segregación social?

    Hablemos de Ciudadanía si quieren, a la prensa le encanta el tema, pero cuidado con el paracaidista maniquí.

    Perdón por la largura.

  2. Alejandro Lillo

    Una alagría volver a leerle, don David. Se le echaba de menos por aquí. Fíjese, me indigna tanto el tema de la educación en la Comunidad Valenciana, me pone tan de los nervios lo de la educación para la ciudadanía, que cuando no puedo más y tengo que hablar de eso, utilizo la ironía. Si me pongo serio, reviento.

    Desde hace años el PP (y no solo el de la Comunidad Valenciana) quiere cargarse la educación pública, el transporte público, la sanidad pública, la seguridad pública y la política (que por supuesto, también es pública). Pero bueno, aquí tenemos lo que nos merecemos, pues a la gente todo este le da absolutamente igual. Permítame un ejemplo personal.El otro día me hicieron una encuesta telefónica desde Madrid sobre la Comunidad Valenciana. Tras media hora de preguntas, el entrevistador, cuando acabó la encuesta, saltándose imagino el protocolo, me felicitó por mis respuestas :-) y me confesó que había entrevistado a cada uno… El pobre chaval llevaba toda la mañana entrevistando a reacionarios y ya no sabía donde meterse dabas las respuestas, imagino que repletas de barbaridades, que debían darle los valencianos con los que había hablado. Seguro que el pobre hombre, al hablar conmigo :-), debió pensar que se le habría el cielo, que aún quedaban personas “inteligentes” (sic) (fueron sus palabras, yo no lo suscribiría) en la Comunitat. Lástima que no conozca este blog. El pobre estaba desquiciado.

    Leo a Paul Auster por primera vez por recomendación del señor Serna. Me gusta. “El siglo XX explicado a los jóvenes” forma parte de un interesantísima serie de libros sobre historia dirigidos a la juventud, escritos por grandes historiadores, y que merece mucho la pena.

  3. Miguel Veyrat

    Lea, lea a Paul Auster, Alejandro, es un gran escritor e historiador de nuestro tiempo, al igual que lo fueron los del XIX. El argumento anunciado por Justo es fascinante. Lo leeré.

    En fin, me he sentido algo aludido por esa imagen de memoria histórica viva que a veces les voy entregando, aunque les juro que carezco de los abundantes lobanillos en las narices que luce el domine del grabado…

    Esté usted seguro, don David, de que el PP “tiene un proyecto perfectamente trababado” para destruir todo lo beneficioso en cuanto a Estado del Bienestar que hayan podido edificar los sucesivos gobiernos progresistas (a veces siento dificultades en llamar socialista a González, y no digamos a…) desde la Santa Transición, para privatizarlo y obtener beneficio de ello. Lo de Educación para la Ciudadanía es un ejemplo de lo que serían capaces de hacer si lograsen el poder en todo el Reino (que así se llama) por más ridículo, mezquino de mente y recursos que sea: más parece, en efecto, un insulto a los ciudadanos de València, dispuestos a tragar todas las ruedas de molino en forma de hostia que les ofrezcan.

  4. Angel Duarte

    Mil gracias… En el aeorpuerto el único libro, no exactamente de historia, pero sí de historiador era el del olvidado siglo XX, de T. Judt. O sea, que sí, que el Novecientos ya ha entrado en el olvido y deberemos empezar a pensar en ejercer de abuelos y contarlo. Espero que sepamos hacerlo sin imposturas propias de maestrillo.
    Por lo demás, no me lo he comprado, el libro de Judt. Llevaba encima un bellísimo texto de Juan Planas: Los pliegues ocultos. Ventajas de frecuentar sus archivos, que se conoce gente y se hacen amigos que diversifican, para bien, los horizontes lectores de un historiador demasiado encadenado -y, por tanto, limitado- a las páginas de monografías absolutamente previsibles. No sé porqué, pero tengo la impresión -como me ocurrió al descubrir la escritura ensayística de Veyrat-, que me puede ayudar a explicarme y, por tanto, a explicar mi tiempo, mi historia vivida y la otra, la anterior… a quienes quieran atenderme.
    Porque esa es otra. ¿No les ocurre a ustedes que sus hijos anuncian, venga o no a cuento, que no nos van a hacer abuelos? Entonces ¿a quién les contaremos el cuento?

  5. Miguel Veyrat

    Un inciso fuera de tema para agradecer a don David su consejo. He recibido hace unos días “La importancia del Demonio” (Júcar, 1974) y disfruto como un chino de la honda, sabia y corrosiva ironía de nuestro olvidado ensayista (y gran poeta, además) José Bergamín. Gracias de nuevo, sodalis.

  6. Miguel Veyrat

    Don Àngel, ¿su hijo no le a hacer abuelo porque los catalanes tienen el semen aguadillo como difundieron ayer unos medios de comunicación muy poco benévolos para la solidaridad machistoautonómica de los pueblos y tierras de España? ¿Porque no quiere complicarse la vida? ¿Por la crisis? ¿Por qué? No nos suelte esa información así, sin contextos, que es usted historiador, y de postín, ¡Home de Dèu! ¡vayapordios! ;-).

    Los pliegues ocultos es un gran libro del poeta Planas. Le hará olvidar la literalidad que enseñaron en la escuela al enseñarle las letras…

  7. Kant

    Don Alejandro, doña Marisa, en el anterior “post” dejé mi “post scriptum” sobre las cuestiones que tratábamos.

    Don David, qué bárbaro… Mi aplauso.

  8. jserna

    1. El sr. Duarte dice: “que sí, que el Novecientos ya ha entrado en el olvido y deberemos empezar a pensar en ejercer de abuelos y contarlo. Espero que sepamos hacerlo sin imposturas propias de maestrillo”. En efecto, en efecto.

    Un maestro es lo contrario de un maestrillo. Hay una entrada de este blog que se titula “Por qué nadie olvida a un buen maestro“: esa figura tutelar y estimulante que saca del discípulo lo que ignoraba saber o poder averiguar. Quien no conozca a Marc Ferro pensará que este libro es propio de un maestrillo, según digo en el post con otras palabras: que el librillo de Ferro es una impostura, que hace como habla a un nieto para pasarnos de rondón un manual muy perezoso.

    2. Me sumo a los aplausos del sr. Kant:

    Sr. Montesinos, i m p e c a b l e.

  9. David P.Montesinos

    Gracias, amigos, debe ser que cuando estoy rabioso me expreso con más claridad.

    A poco que lo piensen se darán cuenta de que se está atentando a alguno de los principios fundamentales asociados a la libertad de cátedra. Ayer, en la asamblea de profesores que se celebró en el Luis Vives hablaron los compañeros del Instituto de Altea que ha sido expedientado por Conselleria por declarar públicamente su insumisión a la instrucción de dar Ciudadanía en inglés, asumiendo la impartición de dicha asignatura en una de las dos lenguas del País Valenciano. Declaración de los líderes sindicales que ya ha trascendido a la prensa de esta mañana: “si un solo profesor es sancionado paralizaremos el sistema educativo”. Les añado, vamos hacia una huelga en noviembre. Pero tengámoslo claro: la Citizen solo es un detonante, un gancho mediáticamente atrayente porque llega con facilidad a la opinión pública, pone demasiado negro sobre blanco que de lo que se trata de cargarse la escuela a cuenta de unos intereses partidistas absolutamente repugnantes. Lo diré de una vez por todas: el gobierno Camps va a conseguir que desde la escuela pública se asuma su derrota electoral como una cuestión de supervivencia.

    Empiece caballero por destituir a su irresponsable conseller.

    Por cierto, y en alusión a uno de los temas que planteaba en mi post. OJo al artículo que aparece hoy en la edición valenciana de El País, “Las chapuzas del arzobispo”, respecto a los manejos eclesiásticos en materia de universidad privada. Escribe Josep L. Barona, de la Universitat de València y les aseguro que se van a enterar de cosas sumamente interesantes. (Socórrame Hemeroteca o pediré a Fuster que me dé clases particulares de poner links)

    Querido Miguel. El que un dirigente parezca un necio, incluso el que lo sea efectivamente -o como sucede en este caso, que parezca haberse internado sin remedio en una espiral de locura-, no es óbice para que su presencia en el cargo responda a una maniobra más profunda y sutil. Si al gobierno autonómico le interesara la escuela pública habrían colocado de conseller del ramo a un experto en la materia y con cierto sentido institucional. Desde que llegó al poder el Partido Popular la sensación de acoso sobre la comunidad educativa ha sido continua, el deterioro que sufre la escuela pública es perceptible incluso para quienes no tienen nada que ver con ella. Yo creo que todo ese proceso sí está, de alguna manera, preconcebido, cada uno de sus pasos, por absurdos que parezcan, se integra dentro de una minuciosa lógica destructiva…Y en este caso, como en los demás que nombraba Lillo, hay una explicación detrás: los negocios privados. No tengan duda, cuanto mayor sea la sensación de desconcierto y caos en la enseñanza pública, más rotundamente se irá instalando entre las familias la idea de que la enseñanza privada es más deseable. Y encima, teniendo en cuenta el modelo de la concertada, vamos a ser todos los que paguemos sus prácticas de segregación social.

  10. Juan Planas

    Para libros excepcionales, acabo de colgar en mi web, en pdf, el capítulo ocho de Instrucciones para Amanecer… a ver si adivinan de quién es;-)

  11. Paco Fuster

    Por diferentes motivos justificados no he podido seguir esta semana el debate del blog, no he podido responder al correo electrónico, ni he podido leer nada de todo lo que tenía pensado. Este fin de semana trabajo y tampoco creo que pueda hacer mucho. Supongo que a partir de el lunes ya empezaré a ponerme al día.

    De momento solo digo (al hilo del post anterior) que me alegro mucho de ver que los libros de Justo y Anaclet van viento en popa (después de tanto trabajo) y de ver que la revista “Pasajes” (la hojeé el otro día y me causó una muy buena impresión) ya está a la venta.

    PS: El artículo de Josep Lluis Barona que cita nuestro amigo David: aquí.

  12. Juan Planas

    No sé mucho sobre historia pero sí, algo, sobre espejismos. Los Pliegues Ocultos son, en parte, algunas reflexiones sobre mi pasado… pero la cuerda del tiempo a veces se tensa y a veces de dilata, se curva, se crispa y hasta quizá se rompa. No lo sé. O al menos, no sé dónde ni cuándo. Mi historia -¿vale también esto para La Historia?- es como este instante que abandono ahora y recupero después cuando ya es otro y nada es lo mismo… ¿Imaginar el eterno retorno? Otro día sigo;-)

  13. jserna

    De los libros con que generosamente me obsequió Juan Planas, Los pliegues ocultos (Calima) es el único que no he leído aún. Me dispongo a leerlo inmediatamente inducido por Àngel Duarte: inicio su lectura y encuentro ya la expresión de una historia menuda de dolor y de placer –imagino–, una perpetuación en la persona, que es otro. ¿Qué parece quedar? Un resto maduro, la vejez estoica. Veremos.

  14. Kant

    Me permitirán un inciso, un triste inciso, en nuestra charla.

    Ayer, a altas horas de la noche, se produjo el óbito del padre de don Justo Serna. Disculparán pues que, durante unos días, él, siempre atento a las circunstancias del “blog” lo esté más a su ser íntimo acogido en el ámbito familiar.

    Nos falta un hombre bueno. Descanse en paz.

  15. Kant

    Queridos contertulios, me permitirán que me dirija a todos uds para proponerles algo muy concreto. Considero –consideren – que el mejor apoyo que don Justo puede obtener de nosotros, irreales seres del ciberespacio, es continuar con nuestras disquisiciones en “blog”. Tanto la propuesta del propio sr. Serna en este “post” como las intervenciones de don David en él nos dan más que de sobra para continuarlas. Les aseguro que es nuestro mejor homenaje a él y a su padre.

  16. Ali Montferrat

    El mejor homenaje a su padre y al estoicismo que sin duda le inculcó en vida, es la entrada que aparece de su firma a las 12,18 a.m. en la que confiesa comenzar la lectura de un nuevo libro, habiendo fallecido su padre de madrugada, como nos informa Kant. Esta lección de dignidad impartida desde que apereció el post “mi padre no me lee” y que ninguno entendió a primera luz, ha tenido aquí su colofón: La vida sigue, como desde nuestra fundación en la primera bacteria que alentó en esta tierra. Descanse en paz aquél que sigue latiendo en la excepcional calidad de sangre que legó a su hijo.

    Y por supuesto, el abrazo fraternal.

    Me sumo pues desde la propia actitud de Justo Serna, a la propuesta generosa de Kant. Pero por mi, será más tarde, ahora me quedé sin habla.

  17. Miguel Veyrat

    El mejor homenaje a su padre y al estoicismo que sin duda le inculcó en vida, es la entrada que aparece de su firma a las 12,18 a.m. en la que confiesa comenzar la lectura de un nuevo libro, habiendo fallecido su padre de madrugada, como nos informa Kant. Esta lección de dignidad impartida desde que apereció el post “mi padre no me lee” y que ninguno entendió a primera luz, ha tenido aquí su colofón: La vida sigue, como desde nuestra fundación en la primera bacteria que alentó en esta tierra. Descanse en paz aquél que sigue latiendo en la excepcional calidad de sangre que legó a su hijo.

    Y por supuesto, el abrazo fraternal.

    Me sumo pues desde la propia actitud de Justo Serna, a la propuesta generosa de Kant. Pero por mi, será más tarde, ahora me quedé sin habla.

  18. Miguel Veyrat

    Como verán, sigue pues el tinglado de antigua farsa, como pedía Kant: me traicionó en la primera entrada un ectoplasma con el que entro a veces en el blog de mi propio hijo, para que no se note demasiado que quien le apoya es su propio padre…¿Qué quieren? Así es la sangre, como decíamos ayer…

  19. Pavlova

    En un correo privado con Justo, me hablaba de la preocupación que le producía su padre; eso fue anteayer. Nada más leerlo, me puse a contestarle, tratando de ayudarle desda mi experiencia en sitación similar. El llanto no me dejó terminar; guardé la carta y ayer la concluí a las seis de la mañana. Cuando iba a copiarla y pegarla en el correo de justo, tuve un sentimiento extraño y no lo hice, me pareció muy tarde ya. Mejor no haberla enviado.

    Y yo lo lamento mucho, Kant, pero, anque sea verdad lo de que: la vida sigue…; el mejor homenaje…; a él le gustaría… Yo me siento incapaz de seguir una conversación pensando en Justo y en cómo se sentirá. Mi humildísima opinión es que hace falta un tiempo, un tiempo bastante largo para asumir lo que tiene que asumir Justo y que lo que más puede ayudarle a uno en momentos así es el cariño, en la distancia, la soledad y el silencio.

    Lo siento enormemente, Justo y lo siento por tus madre, por tus niños que van a afrontar por primera vez la pérdida a una edad muy terrible, porque son muy conscientes, pero aún muy débiles. Nos tienes aquí, ya lo sabes, con todo el cariño y el deseo de ayudarte. Me tienes aquí y ya sabes que puedes tomarte todo el tiempo que necesites, que seguimos en tu blog hasta que tú decidas y puedas.

    Un abrazo enorme para los cuatro y uno especial para tu madre.

  20. Marisa Bou

    Querido Justo:

    Para cuando puedas leernos, te dejo aquí mis pobres`palabras de consuelo, aunque sé bien lo difícil de mitigar que es la muerte de un padre. Los que ya lo sufrimos en su momento, entendemos que nada hay que nos pueda aliviar este dolor más que la distancia que pone el tiempo, porque el olvido es imposible.

    Un abrazo muy fuerte, querido amigo.

  21. Ana Peris

    Justo,
    Por tus comentarios en clase y los que aquí te he leido, veo que admiras (y lo digo en presente, porque ese verbo jamás se hará ya pasado) a tu padre.
    Gracias a él te he conocido y gracias a ti he recuperado muchas inquietudes culturales, entre ellas el hábito de la lectura.
    Ha dejado un buen legado en tu persona.
    Mucho ánimo y mis más sinceras condolencias.

  22. David P.Montesinos

    Paso este fin de semana en un pueblo de Alicante, bastante alejado de la costa y entre montañas. Tras comprar el periódico del domingo he escuchado el estruendo de las campanas de la Iglesia… dirijo mis ojos al papel e inmediatamente la noticia: “el mejor padre, el mejor lector”, reza el obituario.

    La muerte de un padre es la prueba de la imposibilidad de la educación. Se nos prepara desde niños. “Algún día nosotros no estaremos”, nos dicen. Ley de vida y todas esas cosas… pero no hay manera, nos enfurecemos cuando sucede, nos parece una traición tramada por un dios que nos ha hecho trampa. Nos hemos hecho mayores y, aparentemente, ya no los necesitamos y, sin embargo, no hay mayor escándalo que la muerte de nuestros padres, por más que hayamos pasado tanto tiempo mentalizándonos para ella. Todo es inútil. Somos tan egoístas, que si nos preguntaran cuando queremos que mueran diríamos que en el mismo momento que nosotros, que no cayeran ni un momento antes ni un momento después… como niños, queremos pensar que no tenían más vida que la de estar con nosotros, antes para poner los brazos y evitar que nos rompiéramos la crisma cuando una y otra vez nos tambaleábamos… ahora porque tan solo su presencia nos parece un lujo, como si ese tiempo “de más” que viven fuera un préstamo. Pero luego caen… y no podemos entenderlo. No solo cae la nube de dolor sobre nuestros pasos, hay algo en todo esto que nos provoca una profunda indignación.

    No sé si vieron “La familia Savage”. El padre está en la cama del hospital… Uno de los dos hijos llama a su hermana… la máquina emite un pitido y aparece una raya continua. Los dos quedan mudos ante el cadáver, de pie y con la mirada fija sobre la máquina, como pidiéndole explicaciones, como si ella fuera la culpable. “Y… ¿ya está?”, pregunta ella con la indignación dibujada en el semblante. Ya está, así, de repente, como si nada, nos indica una estúpida máquina de hospital de que una larga vida se ha acabado.

    No sé si me puedo considerar amigo de Justo Serna. Creo que es una de las personas más generosas y nobles que he conocido… sospecho que su padre tiene algo que ver en todo esto.

    “El hombre que hoy ha muerto fue un gran guerrero, no lo olvides nunca”, dice Taras Bulba a su hijo.

    Todo mi afecto, Justo.

  23. Isabel Zarzuela

    Por momentos puedo imaginarme tu dolor y no tengo palabras, no sé qué puede consolarte.

    Eres una gran persona Justo. Seguro que tu padre también lo era.

    Un abrazo muy fuerte para tí y para tu familia.

  24. Alejandro Lillo

    Lo que cuenta Justo sobre el librito de Marc Ferro me recuerda a ciertos panfletos comunistas plagados de preguntas y respuestas que tan poca gracia me hacen. Creo recordar que cuando Marx y Engels comenzaron a redactar el Manifiesto Comunista, Engels había preparado un borrador en esa misma clave, pero que, no se muy bien por qué, posteriormente fue cambiado por la versión que ha llegado hasta nosotros, una verdadera obra maestra de la propaganda (en el mejor sentido de la palabra). Desde luego, el que un libro contenga muchas preguntas y otras tantas respuestas, no lo convierte en un texto más dialogante. Muchas veces sucede todo lo contrario: el tema se vuelve insulso y aburrido, un monólogo repetitivo y sin cadencia alguna, una letanía que adormila y aburre hasta a las ovejas. Ideal para las noches de insomnio, ¿no les parece?

  25. jserna

    Gracias.

    Les agradezco muchísimo estas palabras de apoyo. Muchísimo. Nos tiene que pasar a todos, pero no nos resignamos a que estas cosas sucedan. Esta entrada dedicada a los abuelos y la historia no continuará. La conclusión la tenía escrita y la perdí al enterarme de lo sucedido. No lo voy a reconstruir. Así de absurdas son las cosas. Así: abruptamente rotas. Creo que mis sentimientos sobre la muerte, sobre lo que se avecinaba, los expresé en mi reseña de Paul Auster, escrita para ‘Ojos de Papel’: pensando en mi padre. En parte: en mi padre y en otra persona.

  26. Tobías

    Hacía mucho que no aparecía por aquí, a pesar de que he seguido siempre con interés los comentarios de Justo. Gracias a David, que me dio a conocer los escritos de Justo, he aprendido una visión de la historia que hasta hace poco me era ajena. Un fuerte abrazo

  27. Arnau Gómez

    Mi querido amigo D. Justo.Conozco, por desgracia, como se encuentra un hijo al que su padre,persona a la que quiere,a la que admira, se ha alejado fisicamente de nosotros.Es la muerte física.Produce tristeza porque la persona querida ya no comparte con nosotros momentos felices,momentos desdichados,momentos intrascendentes.
    Hay otra peor,porque no es la muerte física.Es el olvido.

  28. David P.Montesinos

    Comparto la opinión de Miguel Veyrat respecto a Politovskaya -¿lo habré escrito bien?- como un héroe de nuestro tiempo. Si el tenebroso asunto de Chechenia hubiera obtenido el uno por cien de la atracción mediática de los crímenes del castrismo o las maldades de los antiguos líderes del telón de acero, Anna Politovskaya sería entronizada junto a Sajarov, Solzhenitztin -este lo he escrito mal, seguro- o Valladares. Si alguien representa el coraje para disentir, en eso consiste justamente la disidencia, ella lo representa sin duda… entre otras cosas porque sus enemigos han sustituido a los carceleros del Gulag por los sicarios de la mafia. Pero el amigo Putin sigue haciendo y deshaciendo a su antojo y ante la vergonzosa pasividad del “mundo libre”…mejor no contrariarle, que se pone muy nervioso cuando se enfada.

    Le pongo en un compromiso, Veyrat, quiero conocer su opinión sobre Joan Margarit, pregunta de paleto con la cabeza comida por la prensa, ya lo ve, pues me da por pensar en leer su poesía ahora que le premian. Dígame algo, querido.

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