Se ajusta las lentes y mira temeroso, buscando interlocutor. No sabe qué puede esperar, tal vez un hecho que le redima, una acción de la que jamás será capaz. No quiere contemplarse en el espejo. Prefiere el papel. Se aventura dentro: leyendo, pensando quizá que aquella historia le concierne. La toma como calco de sí mismo, como circuntancia que muy bien podría haber vivido. De repente va descubriendo cosas que ignoraba, datos brutos de la existencia, un mundo de palabras en el que los personajes poseen ciertas virtudes o habilidades, rasgos de carácter, toda una manera de enfrentar el mundo.
Imagina otras existencias para mejorar una realidad siempre alicorta o solitaria, para enfrentar fantasiosamente la fatalidad de la muerte. Esas vidas que alguien ha imaginado le sirven para cerciorarse, para examinarse, para evaluarse. Evita así la melancolía negra de todo lo que no pudo ser, de todo lo que no se consumó: feliz sublimación de lo que hay, feliz rectificación de lo que no hubo. Una gavilla de vidas que le ensanchan, le dilatan: lo que no fue y lo que no es, el paralelo de sí mismo. Levanta la vista. Se quita las lentes y se frota los ojos. Vuelve a ponérselas. Ha sobrevivido milagrosamente a los personajes para regresar al mundo real. Sale indemne. Ahora sí, ahora quiere mirarse en el espejo. Aprieta su puño contra la boca y examina su reflejo. Abre los ojos, cansados, exánimes. La fealdad de la que está hecho no tiene reparación: esos costurones, ese cráneo abombado, esa desproporción. No sabe si es feliz.
(Ilustración: Monigote)
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1. Presentación de Héroes alfabéticos. Por qué hay que leer novelas
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2. El acto de presentación de Héroes alfabéticos. Por qué hay que leer novelas
Como en el caso del monstruo que encabeza el post, también en esta imagen vemos a un individuo que pega su puño en el rostro. En la criatura, el gesto revela timidez o nerviosismo; en ésta, es un ademán varonil: saluda como un miliciano, con el puño del revolucionario. Pero los ojos traicionan la seguridad del protagonista: su mirada expresa desamparo y menos fortaleza de lo que el gesto viril parece revelar. El autor del dibujo, Víctor Serna, se inspira en la fotografía que ilustra la cubierta de Soldados de Salamina, de Javier Cercas, pero para realizar una reinterpretación del héroe…
Crónicas del acto:
Pueden leer distintas crónicas del acto en las intervenciones de: Justo Serna, Alejandro Lillo…
Pueden ver distintas imágenes del acto en estas fotografías: Primera, segunda, tercera (por cortesía de Isabel Zarzuela)…
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3. Hemeroteca
Nuevo artículo de Justo Serna, “El reino de este mundo“, El País, 26 de noviembre de 2008.




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