Samsa and Friends

hormiga1. Franz. Hay momentos en que todo va deprisa deprisa; hay días en que todo se desborda. Te sientes como una hormiga. Como la hormiga de Arnau Gómez. ¿O como el insecto de Franz Kafka? Mueves tus patitas, corres, pero el mundo te resulta gigantesco. No sabes qué hacer porque eres inoperante. Al final dependes de la benevolencia de los otros. Nos sucede a menudo, ¿no es cierto? Les ocurre a quienes  tienen mucho trabajo y a quienes simplemente observan el mundo.

Aunque no te dejes amedentrar, las cosas van a toda velocidad… Por ejemplo, leo en El País que mente y máquina se fusionan. Sí, ya sé que es un titular periodístico, un reclamo que simplifica e imanta. Pero es que las cosas están pasando así. Ayer mismo, sin ir más lejos, me deleitaba con un artículo de Manuel  Rodríguel Rivero. El escritor aceptaba el cambio en nuestros hábitos de lectura: nuestra distinta forma de acceder a los textos en diferentes soportes. Está bien que un intelectual diga esto. Normalmente, quienes profesan de tales suelen lamentar el estado o el porvenir del mundo. Demuestra sensatez.

sartre2. Jean-Paul. Digo intelectual y pienso en  Sartre, tal vez provocado por el regalo que Isabel Zarzuela me ha hecho llegar esta misma semana. Me manda los enlaces de una entrevista fechada en 1967. Son seis. Aquí los tienen: 

-primero, habla del  intelectual europeo;

-segundo, habla del político, de la Guerra de Vietnam, del Imperialismo;

-tercero, habla de los Juicios de Núremberg, de la Justicia internacional;

-cuarto, habla del creador, de Flaubert, de lo que significa sacar algo que no existe;

-quinto, habla de las contradicciones del ser humano, del  escritor, de los premios, de su infancia, de ese mundo que a él le ha tocado vivir y cuyo futuro ignora;

-sexto, habla, en fin, del compromiso y libertad, de lo que significa todo ello.

El intelectual… Hace más de cuarenta años de esa entrevista. Lo que allí  se trata es algo antiguo pero perfectamente presente: el mundo y su observación, la realidad y su transformación. Sartre está  persuasivo (aún no ha coqueteado con los maoístas) y algunas de sus posiciones vaticinan el  68. No siento nostalgia alguna de un autor al que he frecuentado, sobre el que he escrito alguna cosa y algunas de cuyas obras sigo leyendo. Es, simplemente, la observación de otro mundo distinto.  Desde luego, hay que ponerse en guardia ante la fascinación que el filósofo francés puede provocar. Pero, si escuchan bien, de lo que Sartre habla es del futuro. Parece tratar el presente. No es así. Lo que de verdad le angustia –y lo expresa con sutileza– es  el porvenir, que dura mucho, sí. Desde Aldous Huxley, desde Georges Orwell, desde Ray Bradbury, el futuro nos produce ansiedad… 

furgonetavolkswagen3. Fran. Me escribe un amigo que reflexiona y ejerce de intelectual práctico, un amigo que marchaba con premuras. Ha debido frenar, precisamente, para que la marea no lo arrastre. Hablamos de la velocidad y le hago llegar un viejo artículo mío. Le reproduzco un párrafo. “Los ordenadores nos hacen navegar a toda pastilla por la Red, a velocidad de vértigo y toleramos mal los plazos de espera. Los teléfonos móviles nos hacen sortear obstáculos y distancias, y ya no parece haber espacio remoto ni mundo aparte. Los vehículos, esos cacharros de grandes cilindradas que pilotamos con vértigo placentero, nos trasladan sin freno y sin límite, y hasta el espacio más recóndito o abrupto puede ser escalado por poderosos todoterrenos. La velocidad, la tiranía del tiempo real, insiste Paul Virilio, es el signo de nuestra época y es el rasgo que se marca indeleble en nuestra piel, en el mundo de ahí fuera y en los confines del ciberespacio. ¿Y por qué llama tiranía al vértigo de la velocidad? Porque el tiempo real, la creencia de que es posible hacerlo y lograrlo todo a la vez, aminora la reflexión en beneficio del reflejo, del puro automatismo, de la ilusión sin freno. Reflexionar es cosa de hombres, de seres humanos, y el tiempo real sólo es cualidad de Dios. Nos recordaba el propio Virilio que los atributos de lo divino son la ubicuidad, la instantaneidad y la inmediatez, es decir, la visión total y el poder absoluto. Dios no reflexiona, no calcula, no se abisma melancólico en sus dudas, no se demora, no se interroga, lo es todo a un tiempo y no tolera el retraso o la distancia”.

Este amigo me habla del gobierno del mundo. Nada menos. Tiene una duda:  que ese mundo pueda ser gobernado. Entiendo su zozobra. Pero es que ése es uno de los rasgos de nuestro tiempo. No es posible hacerse un esquema
suficiente del estado de cosas, como en el siglo XIX o en tiempos de la Guerra
Fría. Todo camina a golpes de incertidumbre (y no sólo de riesgo). Nuestro presente es cada vez más azaroso, más dependiente de la comunicación y de los espacios de la comunicación, que a la vez se multiplican, se entreveran, se
refuerzan y se contradicen. Finalmente, la disponibilidad de ciertos
recursos ha aumentado nuestra presunta omnipotencia. También es algo
que tiene que ver con la comunicación. Lo queremos todo ya, de inmediato. Pero esa supuesta omnipotencia provoca angustia y multiplica justamente lo que no hacemos.

Habría que leer o releer a Herbert Simon, premio Nobel y autor de la teoría de la racionalidad limitada. Es muy sencillo y aleccionador lo que nos enseña. No podemos pensar en dos cosas a la vez, dice. Hemos de ordenarlas sucesivamente, añade. Hemos de centrar la atención en pocos problemas, insiste. Hemos de manejarnos con preferencias que no siempre son comatibles, precisa. Recuerdo haber leído Naturaleza y límites de la razón humana con arrobo, con auténtico arrobo. Nos describe exactamente: esa omnipotencia en la que queremos creer; esa limitación que no nos admitimos. El resultado es una extrañeza, una conducta incierta. Yo me reconozco en ese diagnóstico.

kafka4. Gregor. Pero esa cosa que dijo Simon, esa extrañeza de quien aspira a la razón olímpica siendo sólo un pequeño insecto, ya la había anticipado Franz Kafka. Esa zozobra del que no sabe cómo enfrentarse al mundo. ¿Qué representa el monstruoso insecto de Kafka? ¿Un tipo racional que reconoce con lucidez y con amargura lo que es? ¿O un ser enajenado que ignora empeñosamente su limitación?  Vamos a dejarnos de metáforas. Gregor Samsa es un bicho. Punto y aparte.

¿Punto y aparte? Es un insecto, cierto, pero es alguien que razona y está atrapado en un cuerpo prestado que no reconoce. ¿Entonces? Alguien se preguntará que qué tiene que ver Kafka con Sartre. ¿Que qué tiene que ver? La desorientación, el desamparo, la soledad, el desconcierto están en La náusea y están en La metamorfosis. Hay esa angustia en ambas obras, pero no es menos verdad que el Sartre de 1967 ya no es el autor de aquella novela.

eldobledeantoine5. Antoine. Tiempo atrás releí La náusea. La había leído por primera vez en 1975. Han pasado ya muchos años. Quedé impresionado por aquella lectura adolescente. Luego, cuando he vuelto sobre ella me he fijado en detalles a los que entonces no daba importancia: el hecho de que el protagonista, Antoine Roquentin, fuera historiador.

Se trata de un peculiar historiador que observa la realidad y se angustia porque, precisamente, no la entiende. Su trabajo, además, le va pareciendo absurdo. Poco a poco, Roquentin  asume la nada que lo forma; el hecho simple pero decisivo de que la existencia preceda a cualquier significado, a cualquier concepto del que servirse. Me impresionó el personaje de Sartre, casi tanto como Samsa, el insecto de Kafka.

Pero sobre todo me impresionó el hecho de que este historiador abandonara su propia investigación, el archivo. Que renunciara a devolver a la vida a un personaje histórico sobre el que investigaba. Que renunciara a todo con la determinación de crear de verdad, de inventar un ser en una novela, en una ficción, y por tanto carente de existencia, justamente.

Me fijé en la forma de La náusea, el género del diario, del dietario del tal Roquentin, tan parecido a la escritura del blog de hoy, una bitácora de un devenir que se expresa conforme la existencia se vive… y que, más allá de las revelaciones íntimas, es toda una confesión del desgarro que es siempre vivir o del estupor que es la muerte a la que vamos. “Lo mejor sería escribir los acontecimientos cotidianamente. Llevar un diario para comprenderlos. No dejar escapar los matices, los hechos menudos, aunque parezcan fruslerías, y sobre todo clasificarlos”, como harían un historiador o un periodista: atribuyéndoles significado, pensándolos como conceptos, aplicándoles “nombres genéricos, como Ambición, Interés”. Pero la anotación de Roquentin va a ser una convulsión y ese orden conceptual se le desmoronará. ¿Para qué seguir, pues?

Escribir algo totalmente inventado, se dice. “Tendría que ser un libro; no sé hacer otra cosa. Pero no un libro de historia; la historia habla de lo que ha existido, un existente jamás puede justificar la existencia de otro existente. Mi error era querer resucitar al marqués de Rollebon”. Se trataría, en efecto, de escribir “otra clase de libro” y no un diario como el que ha llevado. “No sé muy bien cuál, pero habría que adivinar, detrás de las palabras impresas, detrás de las páginas, algo que no existiera, que estuviera por encima de la existencia”, algo que careciera de referente y de concepto, que no pudiera revertirse sobre el mundo real.

Volveré a leer La nausea. Sin duda. No sé qué me deparará, pero estoy seguro de que la relectura me incomodará entre tanto libro irrelevante de hoy, entre tanto concepto que apacigua, que clasifica y que destiñe lo real, lo primero: el Yo. “Ahora cuando digo yo, me suena a hueco”, dice Roquentin. “Ya no consigo muy bien sentirme, tan olvidado estoy. Todo lo que me queda de real es existencia que se siente existir. Bostezo dulce, largamente. Nadie. Antoine Roquentin no existe para nadie. ¿Qué es eso: Antoine Roquentin? Es algo abstracto”. Sólo un nombre, podríamos añadir, un rótulo bajo el que se acumulan experiencias que desparecerán. “Un pálido y pequeño recuerdo de mí vacila en mi conciencia. Antoine Roquentin… Y de improviso el Yo palidece, palidece, y ya está, se extingue”.

Ya está. Punto final.

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Hemeroteca

El tocino y la velocidad.

58 comments

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  1. jserna

    Veo que Àngel Duarte enlaza en su blog la entrada que dediqué a la escopeta. De algún modo continúa la discusión en términos polémicos, beligerantes. Tiene todo el derecho. Adelante, pues. Yo, si me permiten, haré caso a Marisa Bou y me prohibiré hablar otra vez de toros. Quizá más adelante. Ahora prefiero hablar de la velocidad. El tocino lo pongo en el artículo que cito en la sección de Hemeroteca.

  2. La ratita presumida

    Vaya, Justo Serna, parece que últimamente tiene muy presente en su blog a los animales (juas, juas, juas), y si encima hoy nos habla de Kafka… uf!… ‘La metamorfosis’, ‘El topo gigante’, ‘El buitre’, ‘Una pequeña fábula’, ‘Investigaciones de un perro’, ‘La madriguera’, ‘Josefina, la cantante, o el pueblo de los ratones’.
    Los humanos siempre nos habéis utilizado para proyectar en nosotros (los animales) vuestras cualidades y defectos. O bien os animalizáis o bien nos humanizáis (no sé si estos verbos están bien conjugados. Que me corrija Fuca). ¿Con qué intención acudiría Kafka a los animales?¿Tal vez le fuera más fácil con ello mostrar el dolor? ¿la angustia? ¿la náusea?.

    Gregor Samsa convertido en escarabajo no comprende el mundo en el que vive. En cambio, Antoine Roquentin, descubre que el mundo en sí mismo carece de sentido, lo absurdo de la realidad, es entonces cuando aparece la náusea:

    «Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es ‘estar ahí’, simplemente; los seres aparecen, se dejan encontrar, pero jamás se les puede deducir […] No hay ningún ser necesario que pueda explicar la existencia: la contingencia no es una imagen falsa, una apariencia que pueda desvanecerse; es lo absoluto y, por consiguiente, la perfecta gratuidad. […] Todo es gratuito, este parque, esta ciudad, yo mismo. Y cuando uno cae en la cuenta de ello, el estómago da vueltas y todo se pone a flotar. He aquí la náusea.»

    ‘La náusea’, obra que Jean-Paul Sartre dedicó al Castor (su compañera y prima mía, por cierto ;-))

  3. jserna

    Preciosa cita, amiga rata. Y de Antoine Roquentin quería hablar precisamente. Pero usted se me ha adelantado con gran oportunidad. Problemente es una novela demasiado ‘profunda’ para nuestro tiempo anémico, pero, ah amiga, ‘La náusea’ no ha perdido ni un gramo de su peso y de su espesor.

  4. Marisa Bou

    Gracias por hacerme caso, Justo. Y gracias por hablar de Fran, nuestro común amigo, con el que hoy he estado un rato de cháchara. Su frenazo, su alejamiento (momentáneo)del frenesí intelectual que le consumía, no ha mermado ni un ápice esa cualidad suya, que me admira porque no la comprendo, de ver las cosas siempre desde el mejor ángulo posible.

    Su optimismo y su confianza en que las cosas funcionarán bien, porque así es como debe ser, me han sacado más de una vez de mis “bajonazos”, aún sin que él se diera cuenta de la ayuda que me estaba prestando. Yo tiendo más a creer en la Ley de Murphy, por lo que mis tostadas caen siempre, indefectiblemente, del lado de la mantequilla.

    El post que hoy estrenamos me parece mucho más prometedor. Pero el tiempo, nuestro enemigo, me obliga a leerlo someramente; pero mañana lo saborearé más descansada. Que duerman bien. Buenas noches.

  5. Isabel Zarzuela

    “La torrencial escritura de Sartre, alguien que frecuentó a lo largo de su vida prácticamente todos los géneros, de ficción o ensayísticos, es la consecuencia de aquella necesidad infantil, según él mismo admitió, el resultado de esa testarudez con la que quiso hacerse a sí mismo, como huérfano de una paternidad originaria, como ese ser que emprende una actividad incesante para evitar el vacío, el hueco, el abismo de la no existencia, de la finitud, de la muerte”

  6. Alejandro Lillo

    Fíjese, don Justo, habla de Kafka y recuerdo “El proceso”; habla de Sartre y lo primero que acude a mi mente es “La peste”, de Albert Camus. Como en su caso “La naúsea”, ambas – proceso y peste – fueron lecturas mías de juventud.

    Veo a Kafka en su vida gris, paseando al atardecer por las hermosas calles de Praga, cruzando Malá Strana y observando las vistas del castillo y de los puentes sobre el Moldava. ¡Ah, el paseo! Horas, y horas caminando, reflexionando sobre sus angustias, sus temores, sobre lo absurdo del mundo y su deshumanización. Construyendo en su cabeza, sin apenas apuntes, lo que luego plasmaría en el papel, de forma casi obsesiva. “Sólo así se puede escribir”, anotó en sus diarios.

    La vida personal de Sartre, en cambio, me produce rechazo. Admiro al pensador, no a la persona. El supuesto mundo que defendía filosóficamente y que él afirmaba cumplir en la práctica, era una mentira. Se me aparece como un ser egoísta, con una labia asombrosa y con una capacidad intelectual fuera de cualquier duda, aunque con un comportamiento moral más que discutible.

    ¿Qué une – si es que les une algo – a estos dos pensadores tan distantes en el espacio y en el tiempo, de caracteres tan diferenciados?

    “Hace muchos años – continúa Kafka – estaba un día sentado en la ladera del monte de San Lorenzo. Repasaba los deseos que tenía ante la vida. El más notable, o el más atractivo, resultó ser el de lograr una visión (y ser capaz – por añadidura, desde luego – de persuadir de ello a los demás transmitiéndola por escrito) donde la vida no perdiese nada de la pesada caída y del ascenso que le son connaturales, pero a la vez y sin menoscabo de esa nitidez, se la descubriese como una nada, como un sueño, como una fluctuación(…) Pero, en definitiva, no podía él experimentar ese deseo porque no era ningún deseo; se limitaba a ser una defensa, una naturaliación de la nada, el hálito de brío que pretendía insuflar a la nada; una nada dentro de la cual apenas había empezado a dar los primeros pasos pero que él ya reconocía como su elemento”.

  7. Isabel Zarzuela

    A ver, Don Alejandro, con respecto a Sartre no estoy del todo de acuerdo con usted. Desde luego fue un gran pensador, de inteligencia y labia asombrosa. Su vida, desde luego, no fue impecable, pero por ello no considero que fuera una mentira. Son las contradicciones del intelectual europeo, ya sabe :-).

    No puedo argumentarle más, porque sabe de sobra que estoy trabajando. Ya se lo explicaré esta tarde…

  8. Ana Serrano

    Gracias, Justo, por tenernos al tanto. Yo debo ser muy torpe, pero hay cosas que no entiendo muy bien. Esta gente que dice que nadie ha de decirles a qué hora acostarse, simplificando torticeramente una discusión que nada tiene que ver, me reafirma en que es bastante inútil tratar de explicarse porque nadie oye o lee más que lo que quiere oír o leer, pero el discurso de Ángel Duarte me recuerda a aquello que dijo Aznar ¿Se acuerdan? de que nadie le iba a decir a él a qué velocidad debía conducir su coche o con cuántas copas podía ponerse al volante. Pues verá usted… Sí. Y yo espero que, del mismo modo que es delito maltratar a un perro, llegue a serlo maltratar a cualquier animal. Es algo que espero yo y que no va a hacer que descalifique a nadie ni lo insulte por pensar lo contrario, por tener distintas categorías de animal o de maltrato, pero tampoco puedo evitar, ni quiero, que me cueste trabajo empatizar con quien disfruta viendo sufrir a un bicho.

    Vamos añadiendo cosas a la discusión, como el fumar o no fumar y la condena al aborto. Yo puedo agregar, porque me apetece, el practicar sexo virtual o real con niños; hay culturas en que está admitido y miles de argumentos, que esgrimen los pedófilos, para hacerlo aceptable. Para mí no lo es y espero que un día no lejano, esté penado cazar por deporte y matar a un toro en la plaza, del mismo modo que lo está violar a un niño y ese sentimiento mío no admite discusión, por eso trato de no discutirlo.

    Feliz mañana a todos.

  9. Alejandro Lillo

    Vamos a ver, jovencita de opereta :-), hay contradicciones y contradicciones, y la suya – en mi opinión (no vaya a ser… je, je) – era de tal magnitud que raya la impostura. He dicho.

    Y de tranquila nada, don Justo, que ha mí me mentan a Sartre y me pongo como un toro :-) ¡ja, ja, ja!

  10. Alejandro Lillo

    Doña Ana, ahora en serio: sus intervenciones en general son de una sesatez que ya quisiera para mí, pero las dos últimas me parecen soberbias, en el fondo y en la forma. Muchas gracias.

  11. Ana Serrano

    Señor Lillo, me desbarata usted, me sonroja, me turba, me perturba y me conturba :-) Gracias.

    Aprovecho este aparte que hacemos para decirle que me encantó su explicación sobre la estilización, elegancia y finura de la tijereta común. Tiene usted un humor y un modo de utilizarlo para las discusiones gruesas casi tan elegante como las tijeretas :-)

    Un saludo cariñoso.

  12. Alejandro Lillo

    Gracias, doña Ana. Y saludos para usted, Ratita Presumida. Lo que dice de los animales es cierto. Además, otorgar a un ser humano algún rasgo propio de animales viene a ser un recurso muy empleado en literatura. Es muy efectivo y, utilizado con sabiduría y moderación, hilarante. Saluditos ratiniles.

  13. Angel Duarte

    Doña Ana,
    lamento irrumpir de nuevo, pero quisiera precisar tres cosas:
    1. nunca he creído que nadie deba empatizar con alguien que tenga unos gustos o aficiones radicalmente antagónicas con los suyos. Incluso pienso que es su deber combatirlas si las cree negativas para la vida en sociedad. Sólo creo que no debe dársele el trato de tarado, psicópata, desviado… etc. Ése, y no otro, es el origen de la tensión dialéctica. Repase la cronología de la discusión y verá cuándo empieza a elevarse el tono. Eso -ese trato- es lo que, literalmente, considero un riesgo para la convivencia. No lo será que algún día consigan prohibir los toros, como no lo es que ahora se celebren corridas.
    2. la comparación con Aznar, en una afirmación del expresidente que ponía en solfa la prevención en seguridad vial, la vida de personas en la carretera, me resulta inaceptable. Lo de ir a dormir, por si no lo había entendido, responde al “nene, nene, vete a dormir…” o algo así. Repáselo si tiene ganas.
    3. no obstante es cierto que introduje, y acaso fuese un error, la cuestión de un ambiente favorable a prohibir lo que no nos gusta, lo que consideramos perjudicial para la salud,… con la afirmación de prohibir lo toros. Lo retiro. Le ruego que haga usted exactamente lo mismo con el tema de la pederastia. Porque ahí se la ha ido la mano a usted. Y mucho.

  14. Pumby de Villa Rabitos

    Intransigente. Eso es lo que soy, un intransigente. No transijo con la soberbia – sobre todo la intelectual, especialmente entre funcionarios de la enseñanza – ni con la violencia – en ninguna de sus demasiado variopintas formas – ni con la ignorancia – la cual difícilmente disculpo en personas desfavorecidas y con la que me ensaño en personas “cultas”. En estos últimos veo el cerrarse el perverso círculo de la estupidez que describe Cipolla. Soberbia, ignorancia y violencia se complementan, retroalimentan y conforman la substancia de un determinado tipo de pensamiento que, a mí, personalmente, me repugna.

    Desde ese posicionamiento – que explico por si alguien se pregunta qué le pasó al gato – recorro los tejados que conforman la parte aérea de este barrio (o blog) y, desde ese lugar maúllo a la Luna, oteo las ratas de los callejones, hago de impúdico mirón o me cuelo en la cocina de cualquiera.

    Como he estado ocupado, no he podido volver a entrar en tu blog, Serna – bueno, tu blog y el de tus contertulios – hasta ahora mismísimo. Una vez leído, creo que la opinión de Marisa es la más acertada, éste post promete ser interesante y, de lo pasado, no hay más que decir; la terquedad se la dejo a otros (¡que español “erralla y no enmendalla”!). Puede que la naftalina sí pueda conmigo y esos tinglados cerrados, como aquello dicho, me repugna. Así que, si no te importa, seguiré en los tejados de tu blog que, aquí, si corre una vivificadora corriente de aire, ideas y simpatía.

    Dicho lo cual, hay dos aspectos que me gustaría subrayar del actual post. Por un lado, el comentario de La Ratita Presumida (que ya sabéis que no considero un “mardito roedor”, como la definiría Mr. Jinks) sobre el papel de las fábulas en la comprensión del mundo por la cultura Occidental (no se en otras, igual también), especialmente, en un momento tan crítico como es el paso del Humanismo renacentista a la Ilustración de la modernidad. Si me permitís, os cito a Onfray que acaba de sacar su nueva entrega de la Contrahistoria de la Filosofía – “Los Libertinos Barrocos” – que estoy leyendo estos días. Me sorprendió como hiló Montaigne, el respeto a y el aprendizaje de los seres vivos y Darwin, del que no ha mucho hablábamos. Dice:

    “Para los libertinos, antepasados de etólogos y nietos del Montaigne de la “Apología de Reimundo de Sabunde”, el animal desempeña un papel fundamental, pues permite ver lo que parece humano en él e incluso lo que sigue siendo animal en el hombre, antes de llegar a la conclusión de que la diferencia entre un simio y un hombre es menos de naturaleza que de grados. Lección que, unos siglos más tarde, recogerá Darwin”.

    El otro aspecto que resalto es la cuestión de la velocidad que indica Serna cuando habla de su amigo Fran. Me gustaría que alguno de los enseñantes que participan en el blog me pudieran confirmar o negar la idea que se me transmitió por parte de un colega suyo de Bachiller el cual me decía que los chicos, habituales de videojuegos de gran intensidad, están tan estimulados – sobrestimulados (¿se escribe así, Fuca?) – a responder de forma inmediata a los desafíos de esos juegos que han desarrollado una especie de actitud semejante en clase. Una actitud que demanda sobreestimulación a sus profesores. Si las clases no se convierten en una especie de “tienda mágica” donde cada cinco minutos aparece algo nuevo, diferente, impactante… pierden el interés, se dispersan, se aburren y fracasan en sus estudios.

    Achacarle al videojuego “la culpa de todo”, evidentemente es una fabada pero, observad que si eso fuera cierto, no sería demasiado extraño para una sociedad, la nuestra, sobreestimulada con constantes impactos promocionales – todo se vende – y absorta en el espectáculo como forma de cultura – todo es espectáculo –Claro, si para un adulto, entrar en la madurez supone entrar en una determinada vorágine de vida con las consecuencias nefastas para la salud que ello conlleva ¿qué estamos haciendo con los chicos? La capacidad de reflexión, el poso de la serenidad, el sosiego de las ideas… todo eso es arrasado por una vida trepidante que, no es que esté vinculado al mundo adulto, es que ya impera desde el colegio. ¿Qué estamos haciendo con la sociedad?

  15. Isabel Zarzuela

    Hombre, Sr. Planas, si ha visto las seis partes de la entrevista a Sartre seguidas, más que tragárselas yo diría que las ha saboreado bastante bien ¿no? :-)

  16. Fuca

    Contesto a las dudas lingüísticas de los dos animalillos de este blog. La ratiña me pregunta sobre si es correcta la conjugación de los verbos animalizar y humanizar; la respuesta es afirmativa. El gatiño pregunta sobre la sobrestimulación o sobreestimulación; no existe ninguna de estas palabras aceptadas por la RAE, ni en su forma nominal, adjetiva o verbal. Dudo que mis alumnos utilizaran este vocablo, seguramente ellos dirían que están superestimulados, otra palabra que no recoge la RAE. Sobre si los adolescentes necesitan más estimulación ahora que hace años, no sé qué responder; la juventud no es un grupo compacto y hay de todo, personas que necesitan más empuje que otras; si las clases les interesan, atienden; si no, desconectan, como en todas las épocas; lo que pasa que ahora la enseñanza es obligatoria y hay muchos más alumnos desmotivados. Es difícil transmitir serenidad y sosiego cuando los adultos, como bien escribe nuestro gatiño Pumby, estamos inmersos “en una determinada vorágine de vida con las consecuencias nefastas para la salud que ello conlleva. La capacidad de reflexión, el poso de la serenidad, el sosiego de las ideas… todo eso es arrasado por una vida trepidante que, no es que esté vinculado al mundo adulto, es que ya impera desde el colegio. ¿Qué estamos haciendo con la sociedad?” Yo también me hago esa misma pregunta.

  17. Fuca

    Algún duendecillo se llevó la preposición de en “dudo de que” y “lo que pasa que ahora …” parece redactado por uno de mis alumnos. Disculpen ustedes.

  18. Alejandro Lillo

    Duendecillos que borran palabras, gatos que disertan largamante sobre los más variados e interesantes temas, ratitas versadas en literatura y filosofía… realmente es este un lugar mágico.

    ¡Qué risa, señor Planas, qué risa! ¡ja, ja, ja! Usted si que es un animal :-) ¡ja, ja! Que tenga muy buenas noches y dulces sueños sartreanos.

  19. Ana Serrano

    “la juventud no es un grupo compacto”. Qué bien, Fuca, qué bien, cuanto me alegra leerte eso. Los adultos nos pasamos la vida tratando de mostrar nuesra singularidad y empeñados en hacer un grupo compacto de todo lo que no somos nosotros.

    De todos modos y, en general, muy en general, sí que estamos acelerados en todas la edades, sin necesidad de videojuegos. En las audiciones de música para bebés, era sabido que no soportaban (0 a 3 años) más de siete minutos de atención y que había que cambiar de música. Desde hace pocos años se sabe que casi ningún bebé soporta más de tres minutos atento.

  20. Fuca

    A mí también me gustó Sartre cuando lo leí, pero fue hace tanto tiempo que no sé si hoy mantendría la misma opinión; tal vez tenga que releerlo. Leí mucho más a Simone de Beauvoir. En “La ceremonia del adiós” incluye sus conversaciones con Jean-Paul Sartre (agosto-septiembre 1974); la verdad que el Sartre persona era bastante repelentillo.

  21. Isabel Zarzuela

    :-) Ya sabe que a mí también me gusta, Don Justo. Pero intuyo que quizá Sartre sea como el tema de los toros :-), mejor no tocarlo porque puede llevar a grandes discusiones. Lástima, porque me hubiera encantado leer las opiniones de l@s intelectuales que frecuentan este blog.
    ¿Qué pensaría de Sartre aquél que nos abandonó? Siendo ilustrado, me da a mí que no muy bien…
    ¡ David P.! ¿dónde estás? Entra por Dios, y háblanos a fondo de Sartre y del existencialismo. Seguro que tienes muchas cosas que contarnos (buenas y malas):-)

  22. Marisa Bou

    Gracias, Isabel, por esa preciosa entrevista a Sartre que nos ha obsequiado. Para mí ha sido un descubrimiento, pues no lo leí en su día. Algo que tendré que subsanar. Pero es tanto el retraso que llevo, que no sé si viviré lo suficiente para ponerme al día.

    A veces quisiera ser como Firmin, ese delicioso ratoncito lector y cinéfilo, que fué capaz de consumir una biblioteca entera, embebiéndose de toda la sabiduría que se contenía en ella. Y es que, con el permiso de nuestro gatito, los ratoncitos son unos seres muy listos.;-)

    Sigan ustedes el debate (el literario, digo; no el otro) que yo les leo y aprendo. Y mi lista de libros que debo “roer” se hace cada vez más larga. A ver si cuando me jubile puedo dedicar más tiempo a la lectura, que para mí es lo más “jubiloso” que se puede hacer.

  23. Juan Planas

    Un intransigente confeso al que le repugna la soberbia ajena y la violencia… ¡Y va y lo enmarca! Y en los otros -muy especialmente, al parecer, en el pensamiento de los que llama “cultos”- ve cerrarse el perverso círculo de la estupidez que describe Cipolla! ¡Mírese al espejo y piense en lo que ve: sí, en efecto, ese otro es un inútil!

  24. Isabel Zarzuela

    Buenos días, Sr. Planas. Veo que ha digerido a las mil maravillas la entrevista a Sartre. ¡Qué poco sentido del humorismo tiene usted!

    Marisa, su compañía siempre reconforta. Un beso.

  25. jserna

    Sartre es un plato muy nutritivo que puede sentar mal si se toma en grandes cantidades. La entrevista que tan amablemente nos pasó Isabel Zarzuela hay que saborearla en moderadas dosis. Estamos en Guerra Fría, estamos en plenos trastornos culturales de los sesenta, el mundo está cambiando, el futuro es incierto. Sartre se atreve, apuesta por sí mismo, sin partido ni nación que le justifiquen. Tiene cerca a una izquierda que en el fondo detesta sus remilgos intelectuales de pequeñoburgués, ese Jean-Paul. Sartre acaba de hacer un ajuste de cuenta consigo mismo, con ‘Las palabras’. Hay gigantes a los que el paso del tiempo mejora. Una parte de la literatura sartreana es olvidable, pero no son despreciables sus cogitaciones, sus atrevimientos, sus corajudas y desnortadas elecciones. Se intoxicó con el marxismo –el horizonte intelectual definitivo, decía–, pero los marxistas nunca lo tuvieron como uno de los suyos. Era un tipo que pensaba el sujeto y sus acciones, el sujeto y sus limitaciones. La apuesta perdida que significa vivir. Y vivió algo cochinamente, con un desaliño que ‘epataba’ al burgués. Feliz desaliño en la Francia repipi y patriarcal.

  26. La ratita presumida

    En el punto 5 del post de Justo Serna, cuando habla de Antoine, aparece otra sombra que no se corresponde con la del “pequeño ser”. ¿Se han fijado? ¿Será la sombra del Segundo Sexo? :-) Mmmm.

    P.D. Simone de Beauvoir llamaba cariñosamente “pequeño ser” a Sartre.

  27. jserna

    Isabel, tiene toda la razón. Esta imagen de Sartre es muy famosa. No tanto por la sombra como por la inclinación. Parece a punto de perder la verticalidad, una imagen muy metafórica, interpretable. Pero lo que dice a propósito de la ‘Segunda Sombra’ es cierto. Ocurre con ella lo que sucede con ‘La carta robada’, de Poe: que no la vemos porque está a vista de todos. Isabel, buena vista, mejor intuición.

  28. Alejandro Lillo

    Acabo de ver la segunda parte de la entrevista a Sartre. Ese hombre realmente es fascinante. Me pregunto qué diría si hubiera presenciado la invasión y ocupación de Irak, así como los sucesos del 11 de septiembre. Viéndolo ahora, es una voz que se añora.

    Sartre estudió a Freud y se nota. Aunque durante gran parte de su etapa intelectual polemizó con las ideas del fundador del psicoanálisis, creo recordar que al final de su vida reconoció que Freud llevaba razón (en términos generales, entiendo). Eso me gusta. No que le de la razón a Freud, sino que reconozca errores. Hay análisis que pueden ser equivocados y que pueden arrastrar a mucha gente, y eso es responsabilidad del intelectual. Por eso deben medir muy bien sus palabras, porque luego tienen consecuencias.

    Con respecto a la sombra que comenta la Ratita Presumida. Yo tampoco me había dado cuenta, y me parece muy interesante. Podría ser perfectamente Simone, con lo que la fotografía se comportaría como una metáfora de su relación y su vida. Simone siempre detrás de él, siempre a su lado, cuidándole las espaldas; él caminando solo y encorvado hacia la inmensidad del desierto.

  29. Fuca

    Como por aquí estamos en jornada de reflexión, estuve casi una hora escuchando a Sartre a ver si me aclaraba las ideas y podía votar mañana sin dudas. Me gustan sus respuestas, su reivindicación de los matices, sus certezas matizadas. Mis dudas persisten pero, al final, sé lo que voy a hacer, votar por el progreso, contra la derecha, esa ya la sufrimos durante muchos años.

    Volviendo a Sartre, es interesante lo que dice sobre los intelectuales cuando habla de sus trabajos sobre Flaubert, un autor al que consideraba su enemigo pero, con el paso del tiempo, llegó a ver como un amigo y le ayudó a conocerse mejor a sí mismo. Dice que Flaubert no parece un intelectual “porque no estuvo comprometido pero que tiene del intelectual el hecho de haber sufrido sus contradicciones más que ninguno”, por ello “merece profundamente esta clasificación”. Compromiso y contradicción, ¿son cualidades imprescindibles en un intelectual? Creo que sí, pero habría que añadir algunas más.

  30. jserna

    El peligro de las metáforas es que una vez cargadas te pueden explotar. Observen esta fotografía que les enlazo.

    Últimamente ha servido como imagen de cubierta de una biografía publicada en Lumen. Es un texto aceptable, pero inferior –en mi recuerdo– a la gran biografia que escribiera Annie Cohen-Solal (aquí traducida por Edhasa). La sombra de ambos se entrelaza. Los vemos juntos. A él, pequeño e incluso empequeñecido. A ella, de estatura más sobresaliente. Las sombras respectivas los agigantan. Evidente metáforas.

  31. Angel Duarte

    Don Alejandro, ¿se fiaría usted de las opiniones en matería de libertades y derechos, de guerra y de paz, de alguien que escribió en La Cause du Peuple, que “Mao, a diferencia de Stalin, no ha cometido error alguno”? ¿Que para explicar la hambruna de 1962, que por cierto provocó millones de muertos, aludió a “una traición de Moscú”? Yo no. Sartre no ignoraba lo que pasaba. También sabía de la existencia de los campos de trabajo y de muerte. Nunca, nunca, lo denunció. Guardó el mismo silencio plúmbeo que, antes, habia mantenido sobre el gulag soviético.

  32. jserna

    No, bueno, vamos a ver. Sartre fue un compañero de viaje (que era como se llamaba a gentes próximas al PC). Muchos de sus pronunciamientos fueron dudosos o simplemente no existieron. Son actividades públicas o escritos o intervenciones que se conocen. Por supuesto que mantuvo una simpatía acomplejada e intermitente hacia la URSS o hacia la República Popular China. Pero en medio de esas posiciones erróneas, confusas o cobardes –tan comunes entre intelectuales que hoy se profesan liberales desde siempre cuando entonces eran estructuralistas o ferozmente marxistas– supo apostar individual y responsablemente por el sujeto, por una filosofía que reinvindicaba la apuesta individual. La biografía de Annie Cohen-Solal muestra la grandeza de que hizo gala en medio de sus miserias. No debió de ser un tipo tan asqueroso cuando Raymond Aron recuperó su vieja amistad con el Sartre final, oficiando como mediadores Bernard-Henry Lévi y André Glucksmann. Era el Sartre que tonteó con los ‘maos’, como Michel Foucault. Algunos supieron estar en medio de ese ideologismo sin salir enteramente intoxicados. Yo no creo en Sartre –qué horror–; yo leo a Sartre con admiración y con irritación.

  33. Angel Duarte

    Justo, ¿dónde ves el problema con lo que yo he escrito? Aquí, ya veo, hay que ser muy claro en lo que se dice. Sólo, repito, sólo le preguntaba a Alejandro, que había tenido a bien desear que en nuestro tiempo pudiese haber una voz clara y transparente como la de Sarte en materias como Irak o el 11 de septiembre, cómo podía fiarse de un tipo que, en materia de posiciones en política internacional, y sólo en política internacional, había justificado el maoísmo, había dado el visto bueno a Pol Pot o había mostrado comprensión por la Baader Meinhoff. Nada más. Dios me libre de poner en cuestión la aportación de Sartre a la historia de la filosofía, al existencialismo, a la forja del antihéroe literario…

  34. jserna

    Perdonen la autocita, pero tiene que ver con la precisión que me hace Àngel Duarte. Estas palabras proceden de una reseña que cito más arriba y que escribí a propósito de un nuevo libro de Annie Cohen-Solal. En Sartre no hay nada que puedas tomas por entero y de sopetón. Hay que administrártelo en moderadas dosis. Sus discípulos antimaoístas de los setenta, Bernard-Henry Lévi, señaladamente, así lo hicieron. ¿Cómo podía ser antimaoísta y satreano a la vez?

    “Muchos años después, y a pesar de las revelaciones que la propia autora [Cohen-Solal] nos facilitó con su biografía, la fascinación perdura. Tal vez, en ese sentido, el capítulo más explícito sea el XV, el que titula ‘Elaboración de una cultura alternativa’. Es allí, y también en el epílogo, en donde Cohen-Solal entona una especie de salmodia, una oración fúnebre incluso, en la que parece invocarlo con una fórmula que repite hasta cuatro veces: “Asombroso Sartre”. “Asombroso Sartre, que siempre defendió la transparencia…”; “Asombroso Sartre, que da cuenta de su propia neurosis…”; “Asombroso Sartre, que en su prefacio al libro de André Gorz Le traître hace de antropólogo…”; “Asombroso Sartre, que, como pedagogo…”

    Fue, en efecto, asombroso el empeño creativo del filósofo, como también lo fue su gigantesco patrimonio escrito, como asimismo lo fue su proclama en favor de la responsabilidad individual. Resulta, sin embargo, más extraño, incluso inaceptable, declarar a Sartre hoy, “más que nunca, brújula ética”, al decir de Annie Cohen-Solal. Sartre sería una brújula que nos indicaría el norte moral, como si el filósofo hubiera marcado el horizonte insuperable de nuestro tiempo. Desde luego, no es así”.

    Dice Alejandro Lillo: “Ese hombre realmente es fascinante. Me pregunto qué diría si hubiera presenciado la invasión y ocupación de Irak, así como los sucesos del 11 de septiembre. Viéndolo ahora, es una voz que se añora”.

    Sin duda, sin duda. Y no porque acertara en su diagnóstico. Simplemente yo también me pregunto qué habría podido decir Sartre joven sin Guerra Fría.

  35. Angel Duarte

    Eso no lo sabremos nunca, Justo. Es un puro contrafactual. Personalmente, me temo lo peor. Pero eso, en cualquier caso, no tendría relevancia.

    Me permito, a modo de contraste/complemento, y para que los lectores de los archivos sepan algo más de mi posición al respecto, reproducir los dos últimos párrafos de la crítica que en ABC de las Letras, a finales de 2005, García-Posada dedicó al libro de Cohen-Solal:

    “Cohen-Solal indaga con método y emoción en las raíces intelectuales de Sartre e ilumina su evolución. La evolución de un superdotado, que hizo ensayo filosófico, literario, novela, teatro, periodismo “polémico” en cantidades y calidades abrumadoras, aunque discutibles a veces. Y que vivió en carne propia, en su carne y en su alma, la tragedia de la izquierda europea -o de parte sustancial de la izquierda europea- engañada y traicionada por el discurso leninista-estalinista (Stalin fue una consecuencia ineluctable de Lenin) hasta quedarse huérfana de referentes. El mayo francés puso de manifiesto esta tragedia, de la que Sartre quiso desengancharse agarrándose al clavo ardiendo del maoísmo ácrata y del socialismo libertario. Pero todos los comunismos fueron uno, desde Lenin hasta Pol Pot. Deslumbrada por la riqueza intelectual de Sartre, Cohen-Solal no señala este punto, que a nuestro juicio es capital”.

    [Para mí, también. AD] y prosigue la crítica:

    “Sartre fue siempre, en última instancia, un escritor que proclamó la especificidad de la literatura, según mostró en sus magníficas Cuestiones de método (1960), y señaló que sin estilo no existe la literariedad. La que él conoció de modo superabundante en Las palabras (1963), que es, sin duda, la mayor autobiografía del siglo XX: nadie ha superado el prodigioso análisis que hizo, en esas páginas, de su infancia brillante y atormentada”.

    Pues bien, todo, insisto, todo eso, es lo que yo suscribiría.
    Quizás por pura nostalgia republicana me quedo, en materia de solidaridades y puntos de vista en el orden internacional, con Camus. Quien, por cierto, también se vio metido, y de lleno, en el fregado de la Guerra Fría.

  36. Alejandro Lillo

    Claro, don Ángel, en aquellos tiempos de la Guerra Fría muchos intelectuales de izquierda, aún sabiendo lo que sucedía en la Unión Soviética, no quisieron o no supieron desmarcarse de esa política. Para explicar este fenómeno entra en juego el acriticismo y ese sentimiento de ceguera tan parecido a la fe religiosa del que tampoco se salvaron muchos de los pensadores europeos. En ese sentido ya sabe que la polémica Sartre-Camus es un buen ejemplo. Pero me viene a la mente que más o menos por esas mismas fechas, el círculo de marxistas intelectuales británicos que giraba en torno a Hobsbawm (don Ángel, todavía envidio que lo haya conocido personalmente), Anderson, Hill o Hilton abandonaron el partido comunista por esas desavenencias con la política oficial soviética. Sartre era una persona muy inteligente. Como dije anteriormente, admiro esa capacidad, así como que admitiera alguno de sus errores. Él, al menos, reconoce en la entrevista sus propias contradicciones. Otros no se lo plantean. Por otro lado, me gusta escuchar/leer a gente inteligente, esté o no de acuerdo con ellos. En ese sentido es en el que me interesa conocer la opinión de Sartre, y la de toda la gente que escribe aquí :-). ¿Cómo puede ser que personas tan inteligentes, con tanta capacidad, cometan errores tan gordos, no vean cosas tan claras? Volviendo a algún post anterior relacionado con el papel de los intelectuales en los regímenes totalitarios, ¿cómo pudo ser que Heidegger, por ejemplo, apoyara con tanta vehemencia las ideas y postulados nazis? Está claro que hay algo irracional en el ser humano que puede mas que la cultura y el conocimiento. Creo, aunque no estoy nada seguro de esto, no se de donde lo he sacado (tal vez me traiciona el subconsciente, je, je); creo que tanto Heidegger como Sartre fueron muy duros con Freud. Si eso fuera cierto sería curioso.

  37. Fuca

    Nunca me gustaron las generalizaciones, así que no puedo estar de acuerdo con García-Posada cuando escribe “todos los comunismos fueron uno”, ni con Ángel Duarte que suscribe sus palabras.

  38. Marisa Bou

    Señor Duarte, si quiere usted librarse de algo, será mejor que lo haga usted mismo. Le aseguro que ningún dios le ayudará a librarse de nada.

    Querida Fuca, ¿hace falta que le diga que su decisión me parece la más correcta?. Espero que tengamos suerte, tanto en Galicia como en el País Vasco.

  39. jserna

    Sr. Duarte, la mención de Camus es oportunísima. Hay muchas simpatías que volcar sobre él y hay peros que oponerle. No me enfrente otra vez a Sartre y a Camus. Pensémoslos de una manera distinta. Si me permite, otro día, en otro post, me gustaría tratar ese caso para que nos pronunciáramos.

    Sr. Lillo, el caso de Heidegger… Espléndida alusión. También habrá que tratarlo aquí aprovechando alguna percha de actualidad. Ya verán.

    Por otra parte, mañana hay elecciones. Mañana escribiré nuevo post, pues. No me pidan electoralismos: simplemente una reflexión sobre el ejercicio de la democracia.

  40. Alejandro Lillo

    Al colgar mi última intervención han aparecido varias de los señores Serna y Duarte – muy interesantes ambas.

    No he leído la biografía de Cohen-Solal, aunque visto lo visto habrá que agenciársela. Veamos, en lo que no estoy muy de acuerdo es en la crítica que García-Posada hace de, más que del libro de Cohen-Solal, del propio Sartre.

    Dice García-Posada que Sartre “hizo ensayo filosófico, literario, novela, teatro, periodismo “polémico” en cantidades y calidades abrumadoras, aunque discutibles a veces.”. El “aunque” que emplea expresa una oposición entre la primera y la segunda parte de la frase que no existe en realidad. Faltaría más que no fuera discutible todo lo dicho por Sartre. Hay, por tanto, una carga ideológica oculta en esa afirmación del crítico o crítica.

    Continua: “Stalin fue una consecuencia ineluctable de Lenin”. Eso sí que es discutible, igual que la afirmación/interpretación del mayo francés. Y no digamos ya la afirmación de que “todos los comunismos fueron uno, desde Lenin hasta Pol Pot”. Una afirmación de tal calibre, efectuada de sopetón, con tanta desenvoltura y desparpajo, gratuita, sin matización y análisis alguno, no parece una actitud propia de alguien que se dedica a la crítica de libros.

    Insisto, no seré yo quien defienda los errores de Sartre, pero su opinión, como lo de cualquier intelectual actual de prestigio y reconocida inteligencia me parece como mínimo atendible (piénsese en las declaraiones de Benedicto XVI, en las de Samuel Huntington, o en las de Slavoj Zizek, por poner tres casos muy alejados unos de otros).

  41. jserna

    Slavoj Zizek. Qué maravilloso escritor. Hay siempre en él una parte enredada, lacanania y confusa. Y hay en él una parte libre, salvaje, analítica. Qué grande puede llegar a ser. Comentamos una vez, sr. Lillo, su pequeño volumen sobre ‘La testera prestada’. Dedicado a la Guerra de Irak, precisamente. Qué clarividencia –marxista y freudiana– frente al blablabla pretendidamente liberal: Bush y su Gobierno confesional.

    Lo siento.

  42. Angel Duarte

    Muy de acuerdo; en realidad, a mi lo que me gusta es que se (y me) pongan peros. Incluso que se los pongan a Sartre. No creo haber hecho otra cosa. O sea, que quedo a la espera de ese otro post y de que, querido Alejandro, los intelectuales se continúen equivocando, como el resto de los mortales, como nosotros mismos, cuando hablamos de lo que no conocemos. Sólo espero que, en adelante, lo veamos a tiempo. Porque, y ese es un problema que me parece muy relevante, la fascinación por la potencia intelectual de algunos autores (nos) indujo a muchos al error, a la confusión… más que a la claridad y al acierto. Y eso no fue en balde, me temo.

    Pd.: No puedo dejar de aclarar que ‘Dios me libre’ es una fórmula retórica. Lo era, incluso, cuando Lope dijo aquello de ¡Dios me libre de enemistades de amigos!

  43. jserna

    “Dios me libre” no es una fórmula retórica. Es algo más. Es un apego y un atavismo que muchos tenemos. Yo suelo decir –como exclamación– “Por los clavos de Cristo”. Me lo pegó un tipo que frecuenta este blog, nada católico por cierto. El caso es que me parece una fórmula sensacionalmente expresiva.

    En cuanto a la confusión juvenil y Freud (antes mencionado): no hace mucho, un amigo que ya no lo es me dijo que yo no había sido suficientemente radical de joven y que por eso ahora tendía a la agresividad. Que no me había pegado lo suficiente de muchacho (‘Los 400 golpes’) y que, por ello, podía ser tan cruel ahora. Le agradecí el psicoanálisis salvaje que me propinaba –desarrollado en larguísimos correos– y ahí acabo nuestra relación.

  44. Alejandro Lillo

    ¿Por qué ese lo siento, don Justo? A raíz de esa pequeña charla he cogido otro volumen que tengo por leer de él y que, estoy seguró, haría las delicias de más de un contertulio: “El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo”.

    El Zizek este es una mala bestia. No se anda con chiquitas ni con rodeos, va directo al grano, no le da tiempo al lector ni a aclimatarse a su lectura, ni a introducirse pausadamente en su pensamiento. Es como una inyección de adrenalina. Un chute de un saber abrumador y unos análisis tremendamente originales, rigurosos y certeros. Desde la primera línea hasta la última. Un regalo de los dioses, vamos. Eso sí, exigente hasta la locura y, en no pocos casos, ininteligible hasta la desesperación. Como la vida misma.

  45. Alejandro Lillo

    A eso me refería, don Ángel, cuando hablaba de la responsabilidad de los intelectuales, de la necesidad que deberían autoimponerse de medir sus palabras, pues sus errores o ciertos pueden ser perjudiciales o beneficiosos para mucha mucha gente. Recuerdo a Muñoz Molina hablar precisamente sobre esa irresponsabilidad de ciertos personajes públicos que, sin ser realmente intelectuales, se comportan como tales, causando verdaderos destrozos. Escribo esto muy rápido, pero creo que este tema habría que reflexionarlo más.

    “La fascinación por la potencia intelectual de algunos autores (nos) indujo a muchos al error, a la confusión… más que a la claridad y al acierto.” Completamente de acuerdo. Espero que podamos tratar estos temas con la parsimonia que merecen. En ese sentido también le doy toda la razón a Pumby, el de Villa Rabitos. Saludos afectuosos.

    Y ahora, tras esta interesantísima mañana, marcho a yantar difrazado de personaje de película. (Deséenme suerte, que menudo “embolao” me ha tocado :-))

  46. Alejandro Lillo

    Una cosa más, y sé que me puedo contradecir :-) con lo dicho anteriormente.

    Recuerdo que un amigo al que tengo mucho aprecio me dijo en una ocasión que el intelectual era aquella persona capaz de pensar por sí misma, la capaz de formarse un juicio propio de las cosas. Me gusta esa definición de intelectual. Me gusta porque nos compromete a todos.

  47. La ratita presumida

    Pues mire, Justo Serna, resulta que tengo en casa varios cuentos de Poe y, buscando buscando, al final lo encontré: ‘La carta robada’. Me ha picado tanto la curiosidad, que esta tarde lo he leído. Buena comparación, Serna. En ocasiones, las cosas son tan evidentes que no nos damos cuenta de ello. Las tenemos delante y no las vemos.

    Fdo. Ratita Dupin (juas, juas, juas)

  48. Ana Serrano

    Estoy en un momento gravemente peliagudo. No puedo comentar, pero sí mi asombro. No sé si usted se habrá pegado o no en su infancia, Justo; No sé si ello será necesario para nada, pero ¿Usted es “tan cruel ahora”?. Me quedo verdaderamente estupefacta.

    Me marcho murmurando entre dientes: “Justo es cruel y tiende a la agresividad¡válgame el Santísimo Niño del Remedio! No tenemos arreglo”

  49. jserna

    Ana, espero y deseo que ese momento peliagudo no sea nada especialmente grave. No por Dios. En cuanto a lo de este amigo que ya no lo es y que me acusa de agresivo, pues qué quiere: cada uno se hace sus propias figuraciones. Esta persona me conoce muy poco, no sabe casi nada de mí, es de mi generación y, por lo que parece, él sí fue suficientemente radical y peleón. A mí, ya digo, me psicoanalizaba por correo…

  50. Isabel Zarzuela

    Don Justo, Don Ángel, Don Alejandro: he disfrutado mucho con sus últimas intervenciones. Gracias.

  51. David P.Montesinos

    Gracias por su llamada de atención, Isabel. No soy obviamente experto en Sartre. La tradición de pensamiento francés que conozco mejor está expresamente enfrentada durante décadas con el pensamiento sartreano. Otra curiosidad es que, a fuerza de acudir a Simone de Beauvoir por ser “esposa de”, terminó interesándome más que su pareja. Se trata en cualquier caso de uno de los pensadores más fascinantes e influyentes de la segunda mitad del siglo XX y paso a leer con todo interés las entrevistas que tan amablemente nos ofrece. Perdón por el retraso y la omisión, ya sabe cómo la aprecio. Y si me permite la sugerencia, no se enfade con Alejandro Lillo, es buena gente, lo sabría usted si lo conociera.

  52. Pumby de Villa Rabitos

    En cuanto te aclares con tu confuso, abstruso y ridículo texto, hasta puede que te responda, Juan, por el momento, “miau” y ya te he dicho mucho :-)

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