Penitencia, democracia, resultados

librolectura1. Penitencia. Siempre que hay elecciones leo al menos un libro político. Es como una penitencia. O como una purga. Me impongo sacrificios  para penar: ya que no escucho a los candidatos al menos me intereso por el sistema democrático. En los pasados comicios estadounidenses me hice con los dos libros de Barack Obama y sobre ellos escribí en el blog. Creo que fue el modo de no tener que averiguar qué había dicho el candidato aquí o allí: en Oklahoma, en California o en Florida.

Insisto en que es un modo de reparar lo que tal vez veo como una culpa personal: no leer los programas. ¿Y por qué no leo programas? Pues hay más. En campaña, las intervenciones de los candidatos también suelen aburrirme. Salvo en el caso de Obama, cuyos discursos más sobresalientes leí en un volumen editado por editorial de La Vanguardia. Lo normal, sin embargo, es que me cansen las declaraciones y que las evite fijándome en algún detalle menor: en sus poses, en la representación.  O no tan menor.

No es una conducta mía de la que esté especialmente satisfecho. Simplemente es  la actitud del ciudadano harto. Ustedes me perdonarán. Aún recuerdo la cháchara vacía de un postulante autonómico  llamado González Pons. Escribí un artículo en donde mostraba mi hartazón. Ya la había mostrado anteriormente, cuando analizaba el blog del candidato: qué maneras. Las promesas que nos ofrece son desconcertantes. En campaña o fuera de ella: para llorar o para salir huyendo. Pero no, no se vayan: aún pueden echar un vistazo a las bellas palabras del actual portavoz popular, a su puesta en escena. Es más: creo que ese candidato escribe poemas en sms. O eso he leído.

urnademetacrilato2. Democracia. Pero cambio, que me pierdo. Tampoco es que recomiende la conducta del desinterés. ¿Qué sería de nosotros con votantes totalmente ajenos a los programas? No, por favor, interésense y voten. Pero permítanme curarme los empachos a mi manera, con la misma medicina: imponiéndome la penitencia de leer algún volumen que me haga pensar o repensar  sobre las elecciones, sobre la política, sobre la democracia. Así ha sido ahora. He leído La democracia en treinta lecciones (2009). Me ha irritado. Aún me dura la inflamación. Veamos mis irritaciones.

La primera es eso de las lecciones. Que los académicos desciendan del Olimpo para repartir su saber a manos llenas, que rotulen así sus intervenciones,  me incomoda. Oh, nos decimos. Deberíamos estarles agradecidos por su generosidad. Giovanni Sartori lleva ya unos años escribiendo panfletos  ocurrentes y provocadores que tienen más éxito que sus librotes académicos. ¿Pero qué expresión es ésa? “Siempre me he ocupado y precupado de la democracia, pero siempre con librotes”, admite al principio de su nuevo librito. Porque es eso, un librito que resume sus posiciones de los últimos años. Así como hay grandes sintetizadores, hay grandes simplificadores. El Sartori de los panfletos simplifica procurando agitar. Eso no siempre es sensato. He insistido en esta faceta de Sartori.

La segunda irritación que me provoca este librito, que es el más prudente de los últimos que ha escrito, es la incongruencia de su autor: Sartori se muestra incoherente con lo que él mismo ha defendido en otros textos. En principio, el volumen resulta moderado si lo comparamos con Homo videns (1998),  primera obra de combate que publicó Sartori: en aquel librito arremetía sin más contra la televisión, contra la imagen, recurso técnico que –a su juicio– impide el pensamiento. La democracia en treinta lecciones fue una emisión de la RAI antes de convertirse en libro. Entonces, aplicando aquella tesis, ¿deberíamos concluir que sus clases televisivas atontaban o activaban el pensamiento? Si sus lecciones eran emisiones de cuatro minutos, ¿deberíamos tolerarle parlamentos tan cortos, que era lo que el medio le impuso? ¿De verdad en cuatro minutos se puede decir algo razonable sobre el choque de civilizaciones, por ejemplo?

La tercera irritación que este volumen me produce es la circunstancia, la presentación, el autobombo. No puedo dejar de convenir con Sartori en su oposición a Silvio Berlusconi, actitud que nos lo hace simpático. Relativamente simpático. Pero el politólogo alardea de ser políticamente incorrecto. De manera esforzada, enfática. Estamos rodeados de gentes que se ufanan con la incorrección política: pero esa postura es sólo una pose para exhibir coraje en un contexto que no es arriesgado. “La fama, el éxito, los premios van casi siempre a parar a manos de los que husmean el viento de lo políticamente correcto”, dice en la página 91. Los condena, pues. Según eso, Sartori sería lo contrario y no habría recibido premios. O casi no habría recibido premios. Pero, bien mirado, no es el caso. ¿Cuándo hemos de lamentar un galardón? ¿Cuando premian a quienes no nos gustan?

Hay un cuarto reproche que hacerle a Sartori: su ideologismo. Me explicaré. Dice condenar el ideologismo –así lo llama– como enfermedad de nuestro tiempo. Más precisamente: “el ideologismo”, dice, “habitúa a la gente a no pensar, es el opio de la mente”. ¿Qué es? “Es también una máquina de guerra concebida para agredir y ‘silenciar’ el pensamiento ajeno”. Habla de la  ideología. Y habla, en fin, de un fenómeno general y patológico de la edad contemporánea.   Desde su punto de vista, toda ideología impide razonar y es una forma de sectarismo, de ariete contra los otros. Sin duda, es una simplificación abusiva. ¿Por qué razón? Que haya elementos desechables en toda ideología no significa que todos sus componentes sean funestos. Que muchos padezcan alguna forma de sectarismo eso no  hace bueno a quien formula dicha denuncia.  Sartori cree estar libre de ese mal y, por tanto, no percibe el sesgo propio. Justamente, lo propio de la creencia ideológica. Por eso, es capaz de vituperar al contrario, que en este caso puede ser, por ejemplo, Amartya Sen. Los libros de Sartori son empeñosos ejercicios de ideología que no se reconocen como tales. Por supuesto, entre sus páginas siempre hay ideas que pueden compartirse y análisis más o menos convincentes. Pero todo ello está expresado con una retórica campanuda, retumbante.

mafaldaenlaplaya3. Resultados. Abstención. Al final,  todo lo que Sartori dice se justifica por lo que los ciudadanos hacen o dejan de hacer. Quiero decir: según él, la democracia es un sistema admirable, pero se basa en mecanismo formal que no funciona o que amenaza con estropearse. “¿La democracia está en peligro?”, se pregunta. “Me temo que tengo que responder que, a largo plazo, sí”, contesta. Repasen esa frase: tiene truco. ¿Cuándo deberemos dar por confirmada o descartada dicha respuesta? El futuro –que es muy largo– proveerá. Es como el referendum que los perdedores siempre convocan. Alguna vez nos darán la razón. Pues lo mismo:  si un politólogo confía en el porvenir para ver corroborado su diagnóstico, entonces siempre acabará por tener razón. Algún día, la marcha del mundo confirmará sus vaticinios.

“La democracia es una ‘gran generosidad’, porque para la gestión y la creación de la buena ciudad confía en sus ciudadanos”, dice Sartori. “Pero los estudios sobre la opinión pública ponen en evidencia que esos ciudadanos lo son poco, dado que a menudo carecen de interés, que ni siquiera van a votar, que no están mínimamente informados. Por tanto, decir que la democracia es una gran generosidad subraya que la democracia siempre está potencialmente en peligro”, concluye Sartori. Ah, vaya. Si los resultados nos confirman, entonces aceptamos el diagnóstico electoral. Si los votos nos desmienten, entonces rechazamos el juicio. Si los electores no acuden, entonces les echamos la culpa. Total, el veredicto de Sartori concluye en el “hombre-masa” de José Ortega y Gasset. “¿Quién es ese tipo? Es un niño malcriado e ingrato que recibe en herencia unos beneficios que no merece y que, por consiguiente, no aprecia”. ¿Tanto esfuerzo politológico para llegar a los años treinta? ¿Ésa es la conclusión de Sartori? ¿Repudiar al ciudadano abstencionista?

4. Colofón…

47 comments

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  1. Portnoy

    Hay una distancia enorme entre la teoría política y la puesta en marcha de ésta a nivel electoral. Cada día los candidatos son más chapuceros y menos elocuentes. es penoso en ocasiones oírlos hablar y notar su falta de elocuencia e incluso de vocabulario. Tenemos, a nivel general una política pedestre, eso sí adecuada al nivel de los votantes. Creo que se tienen miedo de las ideologías. Todos los partidos prácticamente han renunciado a ellas y se han colocado en un plano medio de absoluta tibieza. Y, a falta de ideología, lo único que se puede alegar y anunciar a los cuatro vientos en los mítines y en las campañas electorales es lo “malos” que son los otros y lo “buenos” que somos nosotros. Es decir se desarrolla una política de agravios comparativos y de total falta de ideas verdaderamente políticas. Lo único importante es hacerse con una parcela de poder para desarrollar proyectos económicos.
    Y en estas condiciones no es extraño que algunos no queramos jugar.
    Un saludo Justo y no te irrites. En el fondo todo es una impostura.

  2. Marisa Bou

    Muy a mi pesar, no puedo sino mostrarme de acuerdo con lo que nos dice Portnoy. La era de las ideologías parece haber quedado atrás. La tibieza, a veces travestida de ecuanimidad, se hace dueña de la situación. Los políticos apasionados ya no existen, mientras que los hombres y mujeres que sienten la pasión de la política, fracasan en ella.

    No me parece que el hecho de “obtener una parcela de poder” sea justificación suficiente, por muchos proyectos económicos que permita desarrollar, por muchos ciudadanos a los que estos proyectos puedan beneficiar, para que se nos hurte el discurso político, como así viene sucediendo.

    Eso fué, precisamente, lo que me gustó de Obama: en él hay pasión política (en mi modesta opinión) como no la había desde hace… no sé cuanto tiempo.
    Sólo espero, del día de hoy, que tanto en Galicia como en Euskadi, venza lo más allegado a esa pasión que echamos en falta.

  3. Arnau Gomez

    Los políticos que ocultan su ideología,como teniendo miedo que los ciudadanos los reconozcan,sepan su pensamiento son los que .de puertas adentro de sus sedes, se reclaman de izquierda.
    Los políticos de la derecha,sobre todo los de la ultrarancia,esos no necesitan de ideologías. Sus pensamientos politicos no van más allá de los beneficios que le pueden sacar a sus pustos.
    ¿Recuerdan aquel que decía “Haga como yo, no se meta en política”?. Y estuvo cuarenta años en ella.

  4. Alejandro Lillo

    Con Sartori me sucede algo curioso, suelo pensar lo contrario de lo que dice. No lo hago adrede, lo juro, pero es que no hay forma de que nos entendamos. Así que el “ideologismo” es la enfermedad de nuestro tiempo. Vaya, justamente lo contrario a lo que pienso yo y, según leo en los acertados comentario de Portnoy (me encanta su blog, amigo, aunque no le escriba), de doña Marisa y de don Arnau, no soy el único.

    Hojeé el libro que comenta don Justo y ví como demostraba en cuatro páginas que Marx se equivocava de “pe” a “pa”. Un gran tipo, este Sartori.

    He visitado el blog o la página web de González Pons. Increíble. Debería juntarse con Sartori a ver qué pasa, ¿no les parece?

  5. Fuca

    Me parece, amiga Marisa, que en Galiza no se van a cumplir nuestros deseos; parece que el PP acaba de recuperar el gobierno, por mayoría absoluta; poco tiempo nos dejaron respirar.

  6. Juan Planas

    Será, pues, que la mayoría de gallegos prefieren la asfixia… entonces. Ya es raro, pero puede ser, claro que sí:-).

    Por lo que a mí respecta -sin olvidar que tantas autonomías son un despilfarro y una impostura- cualquier pérdida de poder de los nacionalistas me parece una magnífica noticia.

  7. Fuca

    El PP prometió que nos va a sacar de la crisis; seguramente bajará los impuestos de los desfavorecidos y se los subirá a los poderosos, a los caciques, es decir, a la mayoría de sus votantes. Un poco inocentes seremos pero tontos no.

  8. Marisa Bou

    No sabe cuanto lo siento, Fuca. Nuevamente Galiza en manos de la derecha…¡horror!

    Estoy consternada, de verdad. Pero aún así, voy a permitirme hacer un reproche al señor Planas: no debe usted pensar que los galegos merecen un gobierno de derechas antes que uno nacionalista; lo que merecen es un gobierno justo, progresista y moderno. Y no pongo siglas.

    Si los nacionalismos son malos, el peor de todos es el nacionalismo español, el de pandereta, banderita roja y gualda y misa de doce, con asistencia de las fuerzas vivas.

    Lo único bueno de esta jornada ha sido que los vascos han empezado ya ¡por fin! a poner en su sitio a los radicales. La desobediencia al voto nulo que proponía ETA, ha sido el mejor resultado. Y en este caso, señor Planas, aquí sí se acaba la etapa nacionalista…;–)

  9. Marisa Bou

    Si el PP les saca de la crisis como nos está sacando aquí en Valencia, donde las cifras del paro avanzan más rápido que en el resto de España, están ustedes arreglados. Ya sé, Fuca, que no son tontos. Tampoco nosotros lo somos, pero ahí tenemos al PP, desgobernando a sus anchas.

  10. Juan Planas

    Vaya, Fuca, cuánto poderoso hay en Galicia (lo digo porque es lo que se desprende de su frase: “seguramente bajará los impuestos de los desfavorecidos y se los subirá a los poderosos, a los caciques, es decir, a la mayoría de sus votantes.”

    Marisa. Un gobierno -el que sea- sin la hipoteca de los nacionalistas siempre será mejor que uno hipotecado por esa superstición étnica. Y yo tampoco diré siglas porque aquí en Mallorca la hipoteca nacionalista no hace otra cosa que cambiar de manos, según le conviene.

  11. Ana Serrano

    Lo siento, Fuca. Siento que la mayoría haya sido esa voz. La verdad es que lo teníais fatal por todos lados, pero de todo ha sido lo peor.

    Sí, Marisa, lo único bueno es lo que dice en el País Vasco, pero no creo que haya nacionalismos mejores o peores. El espectáculo de unos niños de guardería pública (galescolas), con un baby atravesado por la bandera gallega y cantando, al comenzar el día, el himno gallego, a mí me resulta muy similar a lo que pasaba en los colegios del franquismo y me da una congoja terrible.

  12. jserna

    En política, lo peor que nos puede pasar es la homogeneidad, la común identidad, la unidad evidente. Todos nos reconocemos como iguales y, por tanto, quien desmienta lo previsto es incómodo o disoluto o informe. O extirpable. Los símbolos comunes son obvios. En Francia siempre siento asfixia ante los edificios oficiales. No es raro que una institución tenga cuatro banderas nacionales y sólo una europea. Los símbolos ahogan cuando afirman lo homogéneo. Caminando por París, yo sentía una enorme simpatía por la enseña europea: tan escasa, tan fría, tan solitaria.

    La democracia funciona bien cuando hace compatible lo desigual, cuando los distintos conviven sin el objetivo de la ‘destrucción mutua asegurada’. Si yo vivo en una comunidad monolingüe, es probable que mi existencia no se altere por babelismo alguno y es probable también que dé por hecho que todo el mundo habla un solo idioma. Pero la existencia no es así. Salga de su comunidad y advierta lo plural que es el mundo, lo incómodo que es. Por ejemplo, algunos hasta se sorprenden del empecinamiento de catalanes, valencianos o malloquirnes en hablar algo diferente al castellano. ¿Hablan ese idioma para fastidiar? Es posible que algunos catalaneen para distanciarse de lo español. Tienen derecho a vivir en una quimera monolingüe, pero no a imponerla. Mis hijos han hablan indistintamente valenciano y castellano y sus lecturas son en ambos idiomas. Ahora, como tantos españolitos de hoy, luchan victoriosamente con el inglés y con el francés. Cómo los envidio.

    Debemos acostumbrarnos a la heterogeneidad, a la naturalidad de las lenguas distintas y en competencia. Siempre habrá mayores o menores conflictos en los que nunca tendremos paz definitiva. Algunos tratan de resolver lo que entienden que es el presunto “problema”: el bilingüismo. Ya que las asimetrías idiomáticas son evidentes, ya que siempre hay derechos lingüísticos que no se respetan enteramente, pues forcemos y, si es posible, forcemos al máximo. El problema no es el bilingüismo, por supuesto, sino el idealismo de que están imbuidos quienes quieren hacer homogénea la realidad.

  13. Pumby de Villarabitos

    Hombre, Serna, coincido contigo en el análisis general de la crítica a Sartori pero la última idea que propones creo que es un poco injusta. Me refiero a “La democracia es una ‘gran generosidad’, porque para la gestión y la creación de la buena ciudad confía en sus ciudadanos”, dice Sartori. “Pero los estudios sobre la opinión pública ponen en evidencia que esos ciudadanos lo son poco, dado que a menudo carecen de interés, que ni siquiera van a votar, que no están mínimamente informados. Por tanto, decir que la democracia es una gran generosidad subraya que la democracia siempre está potencialmente en peligro”

    No colijo yo, de ello, más allá que la importancia capital que tiene, para la democracia, la ciudadanía y, a la vez, la relativa facilidad que tiene un botarate como Berlusconi para arrastrar al electorado a sus posturas (posturas que ya rayan el fascismo, como vimos).

    La clave, pues, es la ciudadanía. No una ciudadanía votante, delegante, adocenada y boba, si no una ciudadanía activa, proclive a potenciar la sociedad civil frente a la pasividad social que procuran los partidos institucionalizados, a recuperar su propia responsabilidad política y dispuesta a la deliberación pública. Precisamente para poder disponer de entidades socio-políticas tan comunes a todos como heterogéneas para todos, en la que la diversidad y la pluralidad, vivan y convivan. Y, para que ello sea posible es necesario practicar el diálogo ciudadano para la negociación política, la concreción de ésta en leyes presididas por un diáfano espíritu laico. Y en ello, el ciudadano, insisto, es la clave. ¿Tenemos, ahora, en España, ciudadanos así de concienciados?

    Cuando veo algunos zotes titulados que nos proclaman su “progretariado” (gracias, ABC, por el palabro) eso sí, cínico y sobrado, como vueltos de todo, sin haber ido más allá de la mesita camilla de su casa, para pontificar desde sus cátedras o sus publicaciones, contra los mínimos convivenciales que exigiría la pluralidad nacional del Estado, verás, me pregunto ¿y si estos son así, cómo serán “los otros”? Sí, sí, esos que tienen la ciudadanía como coartada para la arrasar con cualquier heterogeneidad, contra cualquier pluralidad que no sea la de los “buenos españoles” (“los buenos españoles, hablan castellano”, dijo un militar requenense en tiempos de la Transición). Y que no son pocos, eh. Bueno, pues con ciudadanos así ¿podemos construir una democracia deliberativa, activa, comprometida? Igual, al menos en eso, el aviso de Sartori, no considero que vaya tan desencaminado: una buena democracia exige unos ciudadanos comprometidos con ella y seguimos siendo el único país del mundo que ni ha condenado su fascismo ni lo ha proscrito cuando, en cambio, sí ha proscrito otras alternativas que, sin ir más lejos, en Francia, en la “homogénea” Francia, son legales.

    Marisa, perdona la alusión directa, pero se que eres de esas buenas personas que confunden sociata con socialista y, como tal, los resultados de Galiza y Euskadi te habrán sabido mal. Lo siento. Sin embargo, es un buen síntoma democrático, esa es una de las grandeza de la democracia, que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Lo dije hace unos posts de italianos y valencianos y ahora se suman los gallegos (de vascos, ya hablaremos otro rato que “cosas veredes…” y, en efecto, son resultados que demuestran, con tozudez persistente, que ellos, son “otra cosa”). Vamos a ver si ese sonsonete que llevo escuchado en el PSOE desde Felipe González (“ahora sí lo he comprendido”) se cumple y los sociatas se enteran de qué pasa con la ciudadanía, no sólo la gallega, la de todo el Estado; vamos a ver si la izquierda, toda la izquierda, se despierta de una o sigue durmiendo el sueño de los justos (¡no te aludo, Serna!); y vamos a ver qué pasa en el PP con un Rajoy rebosante… de meterle un directo al ojo y un gancho al hígado de Aznar y de su “aznarismo”, ese mejunje nacional-católico que postula FAES. En estas elecciones, a más de uno le ha salido – y le saldrá – el tiro por la culata. Nunca mejor dicho, tratándose de “cazadores”.

  14. Fuca

    Ana, si realmente crees que en las galescolas se disfraza a los niños con un mandilón con bandera gallega y se les hace cantar el himno galego es que no conoces nada de mi tierra; ya veo que la manipulación informativa llega a todas partes.

    Por una vez tengo que darle la razón a Juan Planas en su corrección a mis palabras; la mayoría de los que votaron al PP no son caciques ni poderosos, pero ten la seguridad de que todos los caciques lo votaron.

    Estoy completamente de acuerdo con el último comentario de Justo Serna y vuelvo a copiar la última parte de su mensaje: “Debemos acostumbrarnos a la heterogeneidad, a la naturalidad de las lenguas distintas y en competencia. Siempre habrá mayores o menores conflictos en los que nunca tendremos paz definitiva. Algunos tratan de resolver lo que entienden que es el presunto “problema”: el bilingüismo. Ya que las asimetrías idiomáticas son evidentes, ya que siempre hay derechos lingüísticos que no se respetan enteramente, pues forcemos y, si es posible, forcemos al máximo. El problema no es el bilingüismo, por supuesto, sino el idealismo de que están imbuidos quienes quieren hacer homogénea la realidad”. Diversidad, diferencia, nunca uniformismo ni homogeneidad.

    Y sí, Pumby, vamos a ver si el PSOE y el BNG se enteran de qué pasa con la ciudadanía, a ver si de una vez la izquierda se despierta. Por lo de pronto, Pérez Touriño, Secretario Xeral dos Socialistas Galegos, ha dimitido y pasa a ser un militante de base. A ver si Quintana hace lo mismo; con las últimas palabras de su discurso de ayer acabo: “o pobo galego decidiu e o pobo é sabio. Aínda que a min me gustaría que o resultado fose outro”.

  15. Marisa Bou

    Esperaba la respuesta de Fuca a lo que apunta Ana: tal era mi extrañeza ante semejante barbaridad. Esto confirma que debemos asegurarnos de la procedencia e idoneidad de algunas informaciones que nos llegan. Hay demasiada malicia en algunas fuentes. Y demasiados odios viscerales hacia el bilingüismo, que más parecen envidia que otra cosa.

    La actitud de Touriño, creo yo, es absolutamente correcta. Y de ella deberían tomar ejemplo muchos otros políticos. Querido gatito, está claro que él, lo mismo que yo, sabe bien la diferencia entre un socialista y un “sociata”. Fea palabra, pardiez. Fea y sumamente despectiva. Viniendo de tí, semeja más un bufido que un maullido…;-)

  16. Roderick Guzman

    Por estos lados del mundo (AL), los políticos han refinado su capacidad para la vocinglería, para lo insustancial y los vituperios. Tan solo evocan los errores del contrario, en vez de debatir sesudamente programas de gobierno. Les interesa más un desliz extramatrimonial de quien aspira a la silla presidencial que el sentido programático de sus propuestas. Estamos ante la presencia de un monumental y fastuoso circo de insolvencias y estulticia. Lo malo es que las masas lo disfrutan y le conceden un valor a esos desplantes y adoran lo banal.

  17. Arnau Gómez

    El fracaso del PS de G y el BNG en Galicia se explica a mi criterio por la frase de Antón Reixa, que me parece contundente. El bipartito galaico,dice Reixa, se ha dedicado a administrar mucho y trasformar poco. Y ,añado, es ahora cuando se tiene que hacer una casa nueva, no de cañas y paja sino con buen cimiento político, pues puede venir el lobo feroz (la crisis), como en el cuento, derrumbar la chabola y comerse a los cerditos buenos e inoperantes que le esperan dentro creyendo que pueden resistirlo con su sombrajo.Solo el cerdito sabio le hizo frente porque a su casa le puso unos buenos cimientos.No es pues el momento de campanudos parlamentos, hechos de cañas y paja, sino de trasformar la casa, haciendo más que diciendo.El gran reto de Zapatero,si quiere que no se lo coman los lobos, es trasformar más dejando que administren otros, que eso es cosa de ministros y secretarios.

  18. Ana Serrano

    No, Marisa, no he sido manipulada ni la respuesta de Fuca es dogma de fe. Conozco bien Galicia, el 50% de mi familia es de allí, vive allí, es tan nacionalista como Fuca y vota como Fuca. Tengo muchos amigos gallegos (mis amigos no son de PP)… Supongo que ese sistema no será así en todas las guarderías, pero que en algunas sí es así, no le quepa duda. Jamás hablo de oídas y procuro no propagar bulos. No, no soy tonta y tengo demasiados años para chuparme el dedo.

  19. Angel Duarte

    Buenas tardes, siento interrumpir la placidez de la tarde y, hasta quizás, distorsionar un debate que se inclina más hacia el terreno de la filosofía política. He estado releyendo algunas intervenciones ante las que no puedo sino puntualizar lo siguiente:
    1.- A propósito de sensibilidades lingüísticas diferenciales y demás. El Govern de progrés de la Generalitat de Catalunya lleva desde 2004 incumpliendo una serie de resoluciones judiciales, en firme, tres del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya y la última del Tribunal Supremo, relativas a la demanda para que en las hojas de preinscripción escolar figuren dos casillas: una para los que quieren que sus hijos reciban la educación Infantil y Primaria en catalán; y otra para los que quieren que sus hijos reciban la misma educación en español. Así de fácil. Las dos lenguas son, se supone, oficiales en Cataluña y las instituciones públicas deben velar para que los ciudadanos puedan utilizar la que quieran dentro de la ley. La ley, esa gran norma que desde los gobiernos de CiU -con apoyo del PP- al tripartito -PSC, ERC e ICV-EUiA- se han ido saltando. Ya ven que ahí van todas las siglas. No es pues, por mi parte, una cuestión partidista. No diré yo que exista un gran conflicto. No. Pero sensibilidad de las izquierdas para con la pluralidad y los derechos de las ‘minorías’, en Cataluña por lo menos, cero patatero. Y desde luego, respeto por las resoluciones judiciales, para nada. Seguro que en Valencia les mandan unos botarates. No lo dudo.
    2.- Sobre eficacia y sensibilidad –otra vez- en materia de paro. La advertencia a los gallegos en el sentido que el paro se disparará en Galicia, créanme, está de más. Seguramente será así. Pero dudo que pueda atribuirse a la maldad intrínseca de los populares. Veamos que dicen las estadísticas oficiales, las del INE.
    Tasa de paro cuarto trimestre de 2008
    Andalucía 21.78%
    Comunidad Valenciana 14.85%
    Fuente INE: http://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epapro0408.pdf
    Las informaciones periodísticas, apuntan que subirá hasta el 23% antes de acabar el año.
    http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=458288
    Ciertamente, por estas tierras del sur hay problemas ‘estructurales’ ¿dónde no? Pero vamos, que nos encontramos a la cabeza en materia de paro. Sistemáticamente. Aclaro, también, que en Andalucía gobiernan los socialistas desde hace casi treinta años, 30. Cierto, pudiera ser que con un gobierno popular el paro por estas tierras hubiese llegado ya al 40% pero permítanme que lo dude.
    Si no las consideran relevantes, las anteriores informaciones, no es necesario que las tengan en cuenta. Aquí paz y después gloria. :-)

  20. Marisa Bou

    Querida Ana nada más lejos de mi intención que ofenderla en lo más mínimo. Es más,me acuso de haber sido ligera en la interpretación de sus palabras. Válga de excusa para mi incredulidad el hecho de que, aunque aquí en Valencia la polémica bilingüe está a la órden del dia, no se produce -que yo sepa- nada como lo que usted relata.

    En cuanto a los datos que aporta don Angel Duarte, debería tener en cuenta que no es lo mismo la tasa de paro que el porcentaje de aumento anual. Una tasa alta de partida, por poco que aumente cada año, siempre será una tasa alta. Una tasa mucho más baja en un momento dado, si sufre considerables aumentos porcentuales cada año, se convierte en una tasa alta. Y también hay que tener en cuenta las diferencias ocupacionales de dos comunidades, antes de comparar sus tasas de paro. No es lo mismo una población eminentemente agrícola, que otra que está basada en parte en la industria y en mayor medida en el sector servicios.

    Pero bien, esta es mi modesta opinión, que para nada soy experta en el tema. Sólo me baso en las informaciones que me llegan (de diferentes fuentes, no sólo de una) y en las conclusiones que extraigo de ellas, que pueden, por supuesto, ser erróneas.

  21. Angel Duarte

    Marisa, que el INE es creíble. Y, por lo demás, aquí también está creciendo a un ritmo pavoroso el porcentaje interanual. De verdad, de la buena. Y, además, estoy seguro que a usted le preocupa tanto el paro que padecen los andaluces como el que padecen los valencianos.
    Mire, me parece que se pueden establecer diferencias, entre izquierdas y derechas, en materia social. Por ejemplo, en el cuidado que se tenga, o no, de los servicios sociales (léase sanidad y piénsese en Madrid). De acuerdo, pero ¿en lo demás? Me temo que el paro escapa a las políticas de las respectivas taifas y que el abandono, por ejemplo, en I+D -clave para intentar un cambio de modelo económico- o en las reglas del mercado laboral, escapan al control de los gestores regionales. Inciden, qué duda cabe, pero estropeándolo más que arreglándolo. La dejadez, por ejemplo, en el tema I+D viene de antiguo y es compartida, para sólo hablar de las dos últimas administraciones, por Aznar y Zapatero.
    Por lo demás, por ejemplo, en materia de corrupción… pues qué quiere que le diga, depende del altavoz mediático que dé cuenta de ella. Le aseguro que, por aquí, hay de todo. Si quiere le cuento lo que hacía la alcaldesa de mi pueblo -y era del PSOE- hasta que la echamos en las urnas.
    En síntesis, que me parece que las diferencias se limitan al cuidado con el que unos y otros intentan gestionar determinados aspectos de la política social. A mí, me parece lo suficientemente importante. No creo que se precise atribuirles más responsabilidades, incompetencias… de las que ya tienen
    :-))))

  22. Ana Serrano

    No me ha ofendido en absoluto, Marisa. Yo creo que usted, ni a propósito podría ofenderme. Es demasiado amable, reflexiva, encantadora. Y tiene mucha razón cuando dice que se basa, para sus conclusiones, en varias fuentes, no sólo en una. Así es la cosa y dependemos de personas distintas que actúan de diferente modo. Lo que en un lugar funciona, en otro puede ser un desastre. Aquí, en Villa Espe, lo sabemos muy bien.

  23. Fuca

    Mi respuesta no es dogma de fe, Ana, pero reconocerás que conozco mejor el país, en el que nací y en el que llevo viviendo toda mi vida, que tú. No sé si habrá alguna guardería en la que se haga eso que tú dices, como tampoco sé si hay algún centro escolar en el que los crucifijos decoren las paredes; si es así, serían excepciones denunciables. Desde luego, no hay ninguna consigna para que eso se haga, y lo sé bien porque mi hermano (que habla castellano, nuestra lengua materna es el español) trabaja en una galescola. Es difícil que los que vivís en comunidades monolingües entendáis lo que está pasando en las bilingües.

    No puedo hablar de Cataluña pero sí de Galiza; aquí, la derecha se inventó un conflicto lingüístico que no existe nada más que en sus mentes uniformadoras. La Ley de Normalización Lingüística se aprobó, por unanimidad, en el Parlamento durante el gobierno de Fraga Iribarne. El Bipartito intentó que se cumpliera y ahí empezó el conflicto. Empezaron los bulos de que se quería acabar con el español en la enseñanza, de que el castellano era un idioma en extinción; paradójicamente, las protestas siempre se llevaron a cabo en las grandes ciudades, en los centros de enseñanza en los que no se cumple la Ley (la mayoría de los profesores que tienen que dar las clases en gallego las dan en castellano, los alumnos hablan en ese idioma y el gallego va desapareciendo poco a poco). Si no trabajara en la enseñanza, podría creer que esto que cuento es una ficción, pero no, sólo tenemos que contar los profesores que dan clase en Coruña en gallego y nos daremos cuenta de la triste realidad.

    Estoy de acuerdo contigo, Arnau, y con Reixa; el bipartito galego se ha dedicado a administrar mucho y a transformar poco, de ahí su fracaso; perdió votos por la derecha y por la izquierda. También es verdad que en tres años y medio es imposible enderezar todo lo que otros dejaron torcido durante décadas.

  24. Marisa Bou

    Pues ya me dirá, Ana, quién le dice aquí al “rey” que va desnudo, con la factura tan gorda de trajes de Milano que le han pagado. Ja, ja, ja.

    Angel, tiene razón, el INE es creíble. No lo pongo en duda. Como tampoco dudo que haya corruptos en todas partes y de todos los colores. Como igual hay buena gente en la izquierda y en la derecha. Sólo habría que saber (o poder) discernir entre regla y excepción.

    Comprendo y comparto su hartazgo de 30 años de gobierno monocolor. Pero piense que aquí, venimos soportando 18 años a Na Rita Barberá, que pasa excavadoras por donde quiere y coloca grúas a diestro y siniestro, en detrimento de nuestro -antes- bello
    pisaje. Y, junto con su coleguita Camps, nos llena de obras faraónicas y grandes eventos deportivos, a costa de nuestros ya mermados bolsillos. ¿No es normal, que todos deseemos un cambio?

    A todo esto, aquí la sanidad, la educación y los servicios sociales, nuestro amigo Justo podrá darle fe de que están “hechos unos zorros”.

  25. Angel Duarte

    No lo dudo. Se impone el cambio. ¡Estamos de acuerdo!

    Bromas a parte es cierto que por estricta higiene democrática la alternancia es un gran qué. Y más en este país, en el que las autoridades tienen una gran tendencia a sentirse amos y señores, y no gestores al servicio de los ciudadanos, de los que han votado y de los que no. Lo único es que hay que mirar en qué manos se deja la cosa. Y ahí, hecha la salvedad ideológica que le he apuntado en materia de políticas sociales, pues no crea que está fácil la decisión.

  26. Arnau Gómez

    Se impone el cambio ¿donde?. ¿En la CAM?.¿En Madrid capital?.¿En al Comunidad Valenciana?.¿En Valencia?.¿En Murcia?.¿En Italia?.¿En la Gran Bretaña¿.¿En Pekín?

  27. Marisa Bou

    En el mundo mundial, don Arnau. Se impone un cambio de civilización, porque la que tenemos (o no tenemos) está ya desconchada y tiñosa, como una casa ruinosa.

  28. David P.Montesinos

    Algunas reflexiones a vuelapluma y que me suscita el artículo de Serna:

    1. La mayoría de los que se declaran apolíticos me suelen parecer personas de derechas, y digo apolíticos, que no abstencionistas.

    2. Algunas personas que insisten demasiado tenazmente en referirse despectivamente a la clase política -y no digo que no haya razones para ello- están menos incómodos cuando gobierna la derecha. Como si la derecha fuera un mal, pero solo un mal menor. Cuando gobierna la izquieda siempre se despierta la expectativa -o el temor, según ser mire- a que se metan demasiado en el marasmo económico para propiciar mecanismos de redistribución de la riqueza o, cuanto menos, de sutura de la brecha social. (Otra cosa es que luego la izquierda real, la que es capaz de ganar, tenga voluntad o poder real de llevar a cabo dicho designio programático)

    3. Se define equívocamente el término ideología, que en origen proviene del Manifiesto comunista, donde es definido sin ambigüedades por Marx y Engels como “pensamiento deformado” o “falsa conciencia”. La función del ideólogo es enmascarar la estructura profunda de la dinámica social -las relaciones de producción y la lucha de clases- para encontrar los conflictos en el territorio de las formas de conciencia. Se trata pues de deslocalizar el verdadero conflicto entre propietarios y desposeídos para trasladarlo a lo que en realidad solo es su producto: la religión contra el ateísmo o los partidos reformistas contra los reaccionarios en tiempos de Marx… Con independencia de que yo comparta este análisis tan encajonado dentro de una sociedad de clases tan definida como la de la Revolución Industrial, creo que es peligroso desvincular el concepto de ideología de su origen histórico. Ahora se tiende a llamar ideológica a cualquier propuesta de transformación del capitalismo, a cualquier modelo de intervención de las instituciones, estatales o no, en la lógica del capitalismo contemporáneo, cuyos grandes actores -especuladores, banqueros o multinacionales- sueñan precisamente con que nadie interfiera en su actividad.
    4. El neoliberalismo y el modelo conservador que por ejemplo ha triunfado en Galicia es profundamente ideológico. La derecha española es -con matices- liberal en lo económico y profundamente clerical y reaccionaria en lo moral. Sin embargo la gente de derechas dice desconfiar de la política y de la ideología.

    5. La propuesta de un Estado gestor -libre del fardo ideológico- y entregada a la estrategia del “gobierno sintomático” es profundamente ideológica, en el sentido filosófico original de dicho concepto: conciencia deformada. El estado no-ideológico propicia el comercio internacional de armas, subvenciona el poder de la Iglesia, provoca guerras en países pobres, desencadena normas de amedrentamiento de inmigrantes, feminiza la pobreza…Nada más ideológico. ¿Ha muerto la política? Yo más bien diría que todo es tan política, que toda gestión es una toma de postura hasta tal punto que, quiza precisamente por ello, se generan tantos discursos orientados a afirmar que ya nada es político y que lo que necesitamos no son ideas sino gestión y puro cálculo de rentabilidades.

    6. La izquierda fracasa en casi todas partes porque, en el fondo, ha terminado asumiendo este programa de derechas. La mayoría de los gobernantes de izquierda creen que las ideas ya solo sirven como retórica electoral. LLegados a esa conclusión, descreer de la partitocracia no es reaccionario, pues no se desconfía de la política en el sentido reaccionario, sino del poder de transformación de los grandes aparatos de partidos y sindicatos.

    7. El problema de valores que tenemos no es responsabilidad solo de políticos hipócritas y pragmáticos. Conozco muchas personas que dicen haber dejado de creer en la política y que son terriblemente reaccionarias en sus actitudes en el trabajo, en sus relaciones personales… Eso sí, luego suelen votar a partidos de izquierda y se quedan tan felices. Lamento lo que ha ocurrido en Galicia aunque -viendo como están mis tierras valencianas, con Camps, Ritas Barberás y Fabras hechos un brazo de mar incluso cuando más arrecian las tormentas judiciales- se me ocurre pensar si no pedimos demasiado.

    En fin, creo que me estoy yendo del asunto…Besos, sobreviviremos.

  29. Alejandro Lillo

    Coincido con la visión de don Arnau insistiendo en la pobreza ideológica, el escaso sentido común y en la limitadísima visión política (precisamente política), de muchos de los políticos españoles. Resulta que a uno, en plena crisis, no se le ocurre otra cosa que fotografiarse en el yate de uno de los empresarios más importantes y conocidos de Galicia; a otro no se le ocurre nada mejor que coincidir de cacería con cierto magistrado que está instruyendo casos de corrupción del PP; y un tercero (de Elche, única ciudad importante que gobierna el PSOE en Alicante y casi en la Comunidad Valenciana) va y carga a cuenta del Ayuntamiento doscientas mil pesetas de gastos del partido.

    ¡Pero son todos tontos o qué les pasa! ¿Dónde tienen la cabeza?

    Don Ángel, nunca interrumpe nada, más bien al contrario. Es un placer poder leerle en este blog. Yo tengo un convencimiento. Para que las críticas surtan efecto deben hacerse con criterio. A mí no me vale criticar por criticar, y creo que a la ciudadanía tampoco. La crisis es la crisis, y no creo que ni Zapatero ni Camps ni Touriño ni nadie más que los bancos y la codicia ilimitada de unos cuantos, tengan la culpa de todo. Todo el mundo en este país quiere salir de la crisis, y el paro desgraciadamente va aumentar aquí y en la Conchinchina, gobierne Rajoy o el Dalai Lama. Lo que echo de menos es lo que vengo diciendo todo el rato: la responsabilidad de los políticos para con la ciudadanía. Aquí estamos en crisis y hay que arrimar el hombro. Las oposiciones deben apoyar a los gobiernos para transmitir un mensaje de unidad y de compromiso a la gente de a pie. ¿Qué demonios es eso de pedir la dimisión del ministro de economía en plena crisis? ¿No somos capaces a aparcar nuestras rencillas ni cuando el barco se está hundiendo? Parece que nos de igual que el país se vaya al carajo con tal de que después seamos nosotros los que gobernemos. En ese sentido hay un gran déficit democrático en España. Aquí hay de decir que todos juntos vamos a salir adelante, y no cada uno por su cuenta. Es un comportamiento con tal grado de irresponsabilidad… no es un comportamiento político, no se explica desde la política.

    Ahora, don Ángel, no estoy para nada de acuerdo con que las diferencias entre izquierdas y derechas existan sólo en materia social. Si lo desea nos podemos extender en este debate, pero para empezar las formas no son las mismas. Que el modelo económico dominante sea el capitalismo, y que por tanto la política económica deba seguir unas determinadas pautas, no quiere decir ni más ni menos que eso. Las formas, los objetivos y los intereses que persiguen uno y otro partido, son opuestos. Por muy mal que esté la izquierda y por muy bien que esté la derecha.

    Don Arnau, el cambio será galáctico o no será :-)

  30. Arnau Gómez

    Gracias por sus palabras Dña Marisa y D. Alejandro.Me tranquilizan ustedes.Si el cambio es mundial o galáctico no hay que preocuparse.Mañana podemos empezar,

  31. Alejandro Lillo

    Don David, le comento muy rápidamente algunos de sus puntos:

    1- A mí también me pasa. En mi caso hasta con los abstencionistas.

    2- De acuerdo completamente con usted, pero voy un poco más allá: entendiendo a la derecha como un mal menor la exigencia ciudadana hacia su política es mínima, mientras que a la izquierda parece que no se le tolera nada. Que la derecha sea corrupta a determinados sectores le puede parecer algo normal. El que lo sea la izquierda es una hecatombe.

    3- Una segunda acepción de ideología, utilizada comúnmente, hace referencia al conjunto de ideas principales de una persona. Yo digo que la ideología evita la corrupción. La ideología es la mejor arma para luchar contra el poder del dinero. La pretensión de desideologizar a la ciudadanía es una medida profundamente ideológica con el objetivo de desarmarla intelectual y moralmente. La sociedad capitalista contemporánea, se mire por donde se mira, tiene ése como principal objetivo.

    6- La derecha, en las últimas décadas, se ha apropiado del lenguaje de la izquierda y la izquierda lo ha consentido. La perversión del lenguaje ha llegado a límites insospechados. Cuando uno escucha a un miembro de la patronal decir que les preocupan los trabajadores y a un representante sindical afirmando que hay que mejorar la productividad, cualquier referencia para el ciudadano, para el trabajador, desaparece. Cuando se cruzan así los lenguajes el desastre sólo puede ser mayúsculo, pues lo único que provoca ese discurso es una derechización de la izquierda, primero por dejadez e incompetencia, pero algunas generaciones después por ignorancia y desconocimiento. El principal objetivo de la izquierda debe ser, por tanto, recuperar un lenguaje propio y hacer de un puñetera vez la política en la que cree y en la que se basan sus principios ideológicos. A día de hoy, cualquier otra cosa es hacerle el juego al neoliberalismo.

  32. David P.Montesinos

    Leo con atención su comentario, Alejandro, aunque no sé si el paso del punto 3 al 6 es un lapsus o se perdió un tramo de su intervención en algún agujero negro del ciberespacio. Por cierto, creo que encuentra usted cada vez las palabras apropiadas con mayor aplomo… Disculpe que haga de profe, deformación profesional.

  33. Pumby de Villarabitos

    ¿Y los ciudadanos, qué? Insisto. Coincidiendo con David, Alejandro y Arnau, no puedo dejar de pedir la reflexión sobre lo concreto. Me parece que se nos da muy bien especular sobre las ideas y nos aburre lo cotidiano. Pero es en lo cotidiano donde se ganan y se pierden unas elecciones. Y es en lo cotidiano donde juega el PP con total comodidad y los “idiotas útiles” (útiles para los reaccionarios, claro) para derivar en sus disquisiciones ideológicas.

    Parece como si os placiese construir Grandes Ideas que a la señora que se quedó en el paro, al joven que no encuentra empleo, al tipo al que se le come la hipoteca y a la abuela que no llega a fin de mes se la traen al fresco. Esas personas viven una situación crítica, tensa y frustrante. Es difícil entenderlo cuando se es funcionario o cuando se ha actuado con una mínima prudencia económica que el ambiente del último cuarto de siglo no ha propiciado precisamente. Pero, de hecho, se da. Y ese hecho enmarca una situación social determinada. La mejor para crispar ánimos; el mejor campo para arraigar la demagogia. Y arraiga.

    La cuestión, pues, sería ¿cómo evitarlo? ¿cómo evitar que el caladero de la derecha y sus adláteres crezca? ¿con la labor pedagógica de los partidos de izquierda como lo fue antaño? Permitid que os diga que, hogaño, esos partidos, con cuadros profesionalizados, apesebrados a su inmovilismo, y con una formación justita – la suficiente como para apabullar a sus conmilitones sin aportar nada positivo a su propio partido y, mucho menos, a la sociedad – no están cumpliendo esa misión y, peor, veo más que difícil que la cumpla.

    La clave sigue siendo el ciudadano y donde hay que buscar el cambio social, para que dé el cambio político, está en él. En Galiza el ciudadano ha demostrado qué cambio ha querido, sin atisbo de dudas. Hacía una semana un jurado popular había dejado en la calle, libre de culpa, a un tipo que había matado de cincuenta y seis puñalazos a dos homosexuales (uno de ellos, mientras llamaba a la policía) argumentando “defensa propia”. Un botón de muestra de una ciudadanía mayoritaria. Tiene el gobierno que quieren.

    Y en Euskadi se ha de ser muy pánfilo si se piensa que el PSOE va ha hacer algo diferente que el Gatopardo. El laberinto vasco sigue tal y como estaba, el “cambio” sólo existe en los titulares de los medios y en las ganas del nacionalismo español pero en nada más. Contrariamente a los gallegos, el ciudadano vasco no tiene claras las cosas y de ahí se deriva esa fórmula laberíntica bien alejada de la anterior que era diafanamente explícita. Tienen el gobierno que quieren, también.

    La clave, pues, el ciudadano y el problema, también, para la izquierda, él. El actual ciudadano, el real, el que toma el autobús y paga hipoteca está criado en un sistema familiar, social y educativo concreto, que podríamos desmenuzar si llegara el caso, pero que tiene como raíz principal una carencia abrumadora de pensamiento crítico. De esa ausencia de razón deviene el resto.

    En España, mayoritariamente, se manejan conceptos, no se emplean argumentos; se tiene fe carbonaria “en los míos” sin el mínimo atisbo de autocrítica; se prefiere delegar a participar; se demoniza al rival sin atender sus razones; no se negocia si no es para conseguir fines bastardos; no se pacta si no es como último remedio; no se crean espacios para el diálogo ni hay propuestas para dialogar; el “muera quien no piense como pienso yo” ha sido la principal víctima de la Transición y hemos visto como tras el Cambio de González y el Recambio de Aznar esas posturas intransigentes, lejos de menguar han crecido como ha crecido el cainismo goyesco de las Españas a garrotazos. ¿Qué ciudadano esperamos, así, tener tras estos últimos treinta años?.

    Vuelvo a Sartori a mi pesar: un ciudadano fácilmente frustrable, fácilmente manipulable, acrítico y equidistante, por un lado, de la rutina democraticoburguesa (votando derechas y gatopardos) y, por otro, del fascismo redentor (si llegara el caso). ¿Dónde está el ciudadano concienciado, crítico, participativo, deliberativo?… me temo que en nuestra imaginación… ¿Exagero?… a los hechos electorales me remito (y recordad que la democracia tiene en ellos su único termómetro válido). Me encantaría que alguien me convenciera de lo contrario.

  34. Ana Serrano

    … No, Pumby, me ha convencido usted a mí: Las únicas personas (y no todas) razonables, dialogantes y que piensan, están en éste blog, pero hacen su vida, la mayoría, en Valencia :-( Yo estoy en Madrid. Tengo algunas cosas que hacer, pero, en cuanto termine, en un momentito me suicido.

  35. Marisa Bou

    Por favor, Ana, avise usted de la fecha exacta de su suicidio, más que nada por dejar un margen de tiempo con el mío, por si los contertulios tuvieran a bien acudir a darnos el último adiós. Rogaría, eso sí, se abstuvieran los que sólo vengan a ponernos “verdes”.

  36. Alejandro Lillo

    Don David, gracias. Aquí uno aprende mucho.

    ¡Ja, ja, ja, doña Ana! Aquí las personas que estamos en Valencia votamos a Rita y a Camps. ¡ja, ja, ja! Si es por eso vamos listos.

    Abundando en lo que dice Pumby añadiría que esa desideologización de la que hablamos para mí se concreta en una despolitización, en un “todos son iguales”, en “no se pueden cambiar las cosas” y en cruzarse de brazos. Yo también creo que la respuesta está en la ciudadanía. El problema sería: ¿Cómo y quien forma ciudadanos? A día de hoy son los partidos políticos los que deben fomentar esa ciudadanía. Yo confío en la capacidad del partido político, lo que pasa es que debe contar con personas que realmente tengan vocación y voluntad de hacer política. Y todos sabemos que eso no es así. Hay mucha gente que piensa como nosotros. El problema es que están desmovilizados y desmotivados. Hay que movilizar y motivar, por tanto. ¿Por qué a Alarte no se le ve, con la que le está cayendo a Camps? Debería estar en todos los medios de comunicación a todas horas, al menos dejándose ver, con un discurso coherente que diese a conocer su posición y su persona a la ciudadanía.

    Repito, ¿quién forma ciudadanos si no son ciudadanos ya formados? ¿Qué cultura democrática se puede enseñar aquí en España si nuestros representantes políticos no son capaces de unir sus fuerzas para afrontar una crisis de dimensiones desconocidas? (Aquí debo añadir que considero que Zapatero está haciendo mucho para generar una cultura democrática). Coincido con la visión de Pumby. Mientras sigamos hablando todos a la vez sin volutad ni deseo de escucharnos unos a otros, no hay nada que hacer. O se inventa algo nuevo o es desde el partido desde el que, reformando el propio partido, se deben hacer las cosas.

  37. jserna

    Por favor, no digan estas cosas. Hagan el favor, de no decir estar cosas. No mienten el suicidio. Hablemos de la demoracia, de Sartori, de la ciudadanía.

  38. Marisa Bou

    Justo, no se preocupe, hombre. Tanto Ana como yo estábamos bromeando. Creo entender que nos ha dado una especie de risa nerviosa, al leer todos los improperios que lanza en amigo/gato Pumby contra los que nos decimos de izquierdas. Una diatriba más propia de un antiguo visitante de este blog, que de un lindo gatito.

    Pero, repito, el ataque ha sido de risa. No de preocupación. Al menos por mi parte. Pues yo soy -todos lo saben- una ciudadana activa, que intenta por todos los medios su alcance (tal vez sean pocos, claro) animar a la participación a todos los que, en una forma u otra, se ponen a mi alcance.

    Y eso se debe precisamente a mi absoluta creencia de que todo está en manos de los ciudadanos, los que ejercen y los que no ejercen, los que militan (Rayos, qué fea palabra la de “conmilitones”. Y cuanto desprecio contiene, Pumby) y los que no militan, los que votan y los que no votan, los que saben lo que es la democracia y aquellos que, no sabiéndolo aún, pueden ser informados por los demás.

    Alejandro, yo no voy a caer en la descalificación de ningún compañero en este foro. Cuando nos veamos, le podré explicar alguna cosilla. Aunque creo que usted sabe mucho más que yo…;-)

  39. Pumby de Villarabitos

    Ana, con gusto me suicidaría contigo pero me molesta jugar con ventaja: recuerda que tengo siete vidas…

    No, Marisa, no, yo no he lanzado ninguna injuria grave – que eso es un improperio – ni tampoco considero que mi discurso hubiera sido violento (por lo de diatriba digo), lo cual no niega su apasionamiento. En cuanto a la palabra “conmilitón”, ¿qué quieres? su significado tampoco tiene connotación peyorativa alguna, te doy mi palabra de gato, el DRAE te lo puede corroborar. ¿No serán tus ojos los que leen así mi texto?

    Vale, te admito que me llames provocador – aunque no lo hagas – pero eso sí lo asumiría pues ese era mi objetivo, provocar. Aunque no para irritar sino para ser una voz disonante en un concierto de pareceres e impotencias. Todos de acuerdo y nadie hace nada. ¿Desafina el gato o es el coro el que está cómodamente instalado en su crisis?

    El otro día te decía que había cierta tendencia – no sólo en ti, obviamente – en España – que es lo que nos importa – a confundir el sociata con el socialista. No es raro que pase, el primer interesado es el sociata y al conservador le viene de perlas. Y esa confusión conduce, entre otras cosas, a que confiando en tu propia honestidad y en la de tus camaradas que piensan y actúan como tu, como socialista, llegues a pensar que todo vuestro partido es como vosotros querríais que fuese. En este caso, se confunde la voluntad particular con la realidad general y esa realidad no apunta a que ni tu partido – ni, lamentablemente, otros partidos a su izquierda – escapen de ese comportamiento pancista, proclive a la renuncia y, objetivamente, falto de ideas para dar alternativas en esta crisis.

    En Francia, ahí al lado, el NPA ha dado su propia receta alternativa al capitalismo neoliberal. Te podrá parecer bien, regular o mal pero alguien ha dicho algo diferente ¿y aquí?…

    ¿Deberías leer esto mío como una soflama contra la izquierda o como un aviso a navegantes para analizar, con sinceridad, si ya no sólo tu partido si no toda la masa social española que se reconoce en la izquierda tiene un referente político-electoral que, realmente, sea de izquierdas? A tu consideración lo dejo.

    ¿Podemos con esos mimbres hormados por treinta años de incertidumbre en el sistema de enseñanza, en la crisis – interminable – del sistema postagrario de familia, y en la imposición de los evanescentes valores postmodernos (avalados, promovidos y defendidos por la socialdemocracia en todo el mundo), tener canastos de ciudadanos con principios sólidos, valores profundos y demanda de presencias reales en sus vidas? Eso era lo que me preocupaba y por ahí apuntaba la advertencia de Sartori, al que siempre cito sin ganas pero al que no le puedo negar sus razones.

    ¿Puede funcionar una democracia deliberativa, participativa, comprometida, con ciudadanos adocenados por el conformismo del actual sistema democrático burgués? Si es que sí, no hay nada más que hablar; si es que no ¿cómo se piensa dar el cambio? ¿porqué el ciudadano conforme con su sedentarismo político e imbuido de renuncia a la crítica iba a cambiar? A mi es que las cosas no me cuadran y como no me cuadran, lo digo. Me da igual que sea un tarado de la derecha que uno de izquierdas.

  40. Marisa Bou

    Pumby, no sé si eres consciente de que me pides a mí que haga lo que tú no haces. Dices que yo generalizo al considerar a todos los militantes de mi partido como socialistas. Pero tú no te privas de decir: “todos de acuerdo y nadie hace nada”. ¿Qué te hace, no sólo suponer, sino afirmar, que nadie hace nada? ¿De dónde sacas que todos nosotros estamos cómodamente instalados en la crisis? (supongo que te refieres a la política, porque en la económica no creo que puedas asegurar que nadie está cómodo).

    Tal vez yo soy demasiado susceptible, pero creo, con toda sinceridad, que tú te pasas de provocador, en alguna que otra ocasión.

    Pero ¡tengamos la fiesta en paz! Miau.

  41. Pumby de Villa Rabitos

    Una previa Marisa: si tú no consideras a todos tus compañeros socialistas, deberé colegir que consideras al PSOE trufado de sociatas ¿no? La verdad, no se que es peor pero, bueno, si tengo que retractarme por tal afirmación, lo hago.

    Me parece muy bien tener la fiesta en paz. Y más la tendremos si no precipitas la lectura.

    Precipitarse leyendo – a mi también me pasa, no creas, le pasa a casi todo el mundo – conduce a equívocos evitables. Si no sacas de contexto la frase de “todos (…) y nadie” descubrirás que era una “boutade” admisible en el discurso de donde la extrajiste. Sin ir más lejos, un poco más arriba aplaudía las opiniones de David, Arnau y Alejandro – los cuales me consta que sí están haciendo algo desde la trinchera de su aula, de su quirófano o de su librería – y podríamos sumar a más contertulios a los que en reiteradas ocasiones he felicitado por su empeño en cambiar las cosas (Fuca, Ana… ¡tu misma!). Así que la cosa no es tan grave como la planteas en tu lectura.

    Aclarado esto, puedo responderte a las dos cuestiones que me planteas. ¿qué me hace afirmar que nadie hace nada? ¿de donde me saco que, no sólo vosotros, la izquierda española está cómodamente instalada en la crisis? Lo afirmo y lo extraigo de los patéticos resultados electorales, la paupérrima producción intelectual, artística y cultural y la impotencia patente de sacar una sola idea nueva desde las periclitadas de principios de los 70, o peor, sí, sólo ideas nuevas para sumarse al pensamiento único. Lo que pasa es, para eso, ya tenemos la derecha.

    La derecha ha hecho los deberes. Sin renunciar ni un ápice a sus principios de acumulación, no distribución, nacionalismo y catolicismo, ha sido capaz de presentarse ante el ciudadano como algo justo, moderno, dinámico e innovador. Y es que, en política, las cosas no son como son, son como se perciben. Cualquier análisis electoral te lo dirá; hasta los de CIS te valdrán. El PSOE y la izquierda, por el contrario, siguen de campo y playa, negando la mayor, cerrada en su presunta superioridad moral y esperando que los ciudadanos acudan a ella… por que sí.

    Ya te dije que asumía mi exceso pero cuenta que sólo soy un gato que va por el mundo con un pantaloncito rojo, guantes blancos y un cuello duro del que pende un cascabel descomunal. Deberías ver al bufón. No soy un político, ni un intelectual, ni un universitario, ni un periodista, no soy nada de eso tan serio ni tan sesudo. Soy un bufón y deberías acordarte de su papel: decir lo que nadie de la corte se atreve a expresar por miedo, ignorancia o prudencia. No tiene nada que ganar ni que perder pero los cortesanos sí tienen una oportunidad para ver las cosas “de otra manera”, de no enrocarse en ideas preconcebidas y estériles, de no negar la realidad cotidiana. O de reírse con falsa suficiencia de la máscara grotesca y seguir empecinados en sus quehaceres.

    No creo que seas demasiado susceptible, creo que estás demasiado cansada de tirar de un carro que lleva mucha, mucha, gente encima pero con pocos, muy pocos haciéndolo rodar por un camino incierto. Pero, bueno, no me hagas caso, es solo la opinión de un gato-bufón, cosa de niños. Miau.

  42. Marisa Bou

    Tienes razón Pumby. Y como la tienes, pues te la doy. Es que hay días que estoy verdaderamente intratable.

    Perdona por no haber pensado en tí como bufón, sino como un gato soltando bufidos. Si hay algo que yo, como cortesana, me callo, es cierto que es por prudencia (que puede considerar excesiva, si te place), pero nunca por miedo.

    ¿Por ignorancia? Pues a veces sí, a veces no. No me gusta presumir de sabeltodo, pero tampoco de ignorante. Soy una cosa intermedia: una persona que, no sabiendo lo suficiente, intenta aprender cada día algo.

    Y debo reconocer que tus parrafadas (que no diatribas, como antes dije) muchas veces contienen enseñanzas que yo, necesitada como estoy, trataré de aprovechar.

    Por favor, minino, ronronea un poquito y no me saques las uñas. Sabes que me encantan los gatos, y más si son tan simpáticos como tú. Considera mi mano acariciando tu lomo.

  43. Arnau Gómez

    ¡Jo Pumby!.¡Vaya zarpazos pegas!.¿O son kant-azos?.Lo siento,pero tienes mucha razón.

  44. Ana Serrano

    Marisa, no he podido venir hasta ahora y no quiero vlver a inquietar a Justo, pero ya sabe que yo doy la vez :-)

    Mire, Pumby, soy persona optimista, positiva y echada “pa” lante para tirar del carro que haga falta, vaya cargado de la cantidad de gente que vaya, a sabiendas de que no soy yo sola. La cosa será muy negra, pero, insisto: no es Marisa, no soy yo, no somos solas ni sólos aquí los lúcidos. Creo que no basta con la lucidez y luego, eso, tirarse por un barranco. Le puedo asegurar que la vida no me da motivos para muchas esperanzas, pero si las perdemoss, si creemos que ya nada es posible… Es que ni con sus siete vidas (y no presuma tanto que seguro que ya no le quedan ni cinco).

  45. Pumby de Villarabitos

    Te voy a quitar la razón, Marisa. Tu no tienes días en los que estás “intratable”. Todos los tenemos. Y como es condición humana (y felina), no podemos excusarnos, sólo comprendernos y aceptarnos. No fui un sabio, simplemente me di cuenta que no estabas fetén cuando percibí que me habías leído con premura, incluso precipitación, algo impropio en ti, siempre meticulosa con las palabras e intervenías carente de alegría, impensable tratándose de una persona como tu, tan vital. Lo que, naturalmente sí aceptaré es esa mano serena por mi lomo. Gracias. Y recuerda que no te saqué las uñas, sólo fue un estufido, me sería imposible arañarte a conciencia; con todo, si te hubiese sentido agredida por mí, ahora mismo te presento mis excusas y te ruego tu perdón.

    Ah y una última cosa, de estas que provoca el tener que escribir en un espacio tan limitado: cuando usé el concepto “ignorante” me refería a su sentido más inocuo (y, por otro lado, el único que entiende el DRAE), o sea “el que carece de noticia de algo” en ningún momento quise usarlo de forma peyorativa. Que lo sepasssss :-)

    ¡Hombre, Arnau! ¿Kant? Creo que Voltaire hubiera sido más apropiado, claro que “volatairazo” no hubiera permitido el juego de palabras ;-)

    A ver, Ana… sí. Sí, sí y sí. Mi alusión “a tirarse por el barranco” fue sólo una broma (¡parece mentira vayapordiosseñorylavirgendelperputuosocorro!). Obviamente, optimismo y esperanza mueven a los que quieren cambiar las cosas y en eso, a mi me vais a encontrar; en poner el hombre y transformar la realidad. Donde no estaré es tirando del carro de un PSOE “gatopardo”, eso también te lo aseguro; soy como cualquier hijo de gato de vecino, si puedo, compro lo auténtico.

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