Memorias

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0. En un Seminario Internacional dedicado a la Memoria y la Historia, la posibilidad de entretenimiento suele ser escasa. Y, sin embargo, en las Jornadas organizadas por los colegas de la Universitat de Girona –por Anna Maria García Rovira y Maximiliano Fuentes–, esas posibilidades se cumplen, se verifican. Tenemos ilustración, nos procuramos suficiente entretenimiento y disponemos de buen trato. ¿Qué más podemos pedir? Si, además, durante esos días contamos con la presencia de Àngel Duarte, entonces la estancia aún se hace más agradable y enriquecedora. Con chispa.

Hemos hablado de la memoria, de los olvidos, de los recuerdos colectivos que se transmiten de generación en generación, del uso político de esas reminiscencias prestadas, de las rupturas. Pero sobre todo hemos hablado de  lo que teníamos a mano. La charla ha sido punzante e irónica y, al final, quedan momentos de amistosa camaredería, de mutua ilustración. Bueno, no sé por qué hablo en pasado. En el momento de escribir esto todavía no han concluido las jornadas.

Observen la imagen que encabeza: el cable roto de un usb. ¿Es una metáfora o es una descripción literal?  Si quieren, en otro momento les cuento…

1. Perdonen que me ponga serio. No es un cuento aquello que quiero decirles. Trato de reseñar algunas de las cuestiones que han sido abordadas en estas Jornadas.  ¿Recordamos sólo individualmente? ¿Recordamos en compañía de otros, compartiendo hechos comunes o privativos? Antes de responder a esas preguntas, reparemos en el cable roto. Si se nos ha quebrado, no hay señal, no nos llegan los datos. A los individuos les puede pasar eso, pero también a las generaciones, a los agregados humanos.

Roto el cable metafórico. ¿Qué sucede entonces? Nos quedamos en blanco, sin el suministro informativo, sin el flujo. ¿Un olvido? Puede estar provocado por un hecho actual o por un  condicionante antiguo. Tenemos la sensación de que el ático cerebral lo tenemos lleno o –quién sabe– demasiado vacío y es por eso por lo que luchamos desesperadamente para obtener aquello que se nos resiste. A esto, Sigmund Freud lo habría llamado lapsus -de los que aquí hemos hablado algunas veces-, tomándolo como acto fallido que algo significa.

Pero no sólo nos ocurre esto. En otras ocasiones, recordamos bien o, al menos, creemos recordar muy bien: tenemos presentes hechos remotos en los que estuvimos inmersos o de los que fuimos testigos. Y, sin embargo, verificada con otros la autenticidad de la reminiscencia,  comprobamos finalmente que no son más que recuerdos inventados: recuerdos creadores, los llaman los especialistas. Y, en fin, hay también reminiscencias encubridoras, hechos remotos que fácilmente evocamos y que sirven para tapar u ocultar aquellos que nos daña, una circunstancia que fue familiar y dolorosa. También Freud dijo alguna cosa sobre el particular. Pero lo más relavante de los recuerdos y olvidos es, sin duda, el sentido que conferimos a las cosas. Participamos en hechos y, simultáneamente, les damos un significado que hace congruentes los acontecimientos. Tiempo después, el sentido puede haber variado (aunque no el recuerdo preciso de esos hechos) y, por ello, habremos sometido a resignificación aquello que vivimos.

La memoria es frágil instrumento de identidad, un mecanismo necesario que nos constituye individualmente y que nos rehace una y otra vez con lo cierto, con lo falso y con lo irrelevante, pero sobre todo con los esquemas de significado, con los relatos que dan coherencia a los hechos de nuestra vida.

2. ¿Pero, entonces, podemos hablar propiamente de recuerdos colectivos? ¿No será, acaso, un forma impropia de designar? Hace un tiempo escribí un texto sobre la memoria colectiva. Repaso en Internet con Google y me sorprendo (y me envanezco): es el tercer link de  trescientas y pico mil entradas. No ha sido propiamente olvidado. Mi artículo tiene vida a pesar de estar publicado en 2001. Que aún flote en las aguas heladas del cálculo electrónico sólo puede deberse a la creciente preocupación que ese fenómeno –la memoria colectiva– despierta ahora. Entre los historiadores y entre los ciudadanos. Entre los grupos y entre las personas, la memoria colectiva nos interesa. Aunque sólo sea para mostrar nuestra adhesión a esta fórmula o para rechazar dicha expresión. Enfrentémosla.

Pues no: no la enfrento aquí. Durante estos días hemos estado reflexionando en voz alta sobre dicha cuestión, con entusiasmo y escepticismo, con camaradería y rigor –eso creo– y no voy a hacer el feo de transcribir gratuitamente lo que a  la Universitat de Girona le ha costado esfuerzo y dinero. Sólo puedo hacer una breve mención. Dentro de unos meses aparecerá el volumen que recoge las ponencias presentadas (entre ellas, la mía). Por tanto, he de ser considerado:  no debo revelar lo que merece ir en un libro aparte. Pero, claro, algo tendré que decir.

3. Permítanme empezar con una declaración archisabida. La memoria es un hecho individual pero siempre tiene una dimensión pública: nada de lo que hacemos es propiamente un acto único, solitario, exclusivo, afirmativo. En realidad, todo lo que pensamos o realizamos es un resto colectivo del que no siempre somos conscientes, una repetición. Acarreamos un ser social, como el patético y orgulloso Robinson, y en nuestra acción se expresa toda Inglaterra, por ejemplo; o todo nuestro presente, el cúmulo de experiencias que hasta nosotros han llegado. Pensamos con nuestra época, pero pensamos también con los muertos que nos han precedido y de los que nosotros somos involuntarios o deliberados portavoces. Por eso, una habilidad nuestra es una capacidad ya probada. “Nunca había manejado una herramienta en mi vida, pero con tiempo, aplicación y perseverancia descubrí que si hubiera tenido los elementos necesarios habría podido fabricar cuanto me faltaba”, dice el héroe de Daniel Defoe. Cuando esto declara se le ve ufano.

Menos lobos, Robinson. Lo que haces, lo que fabricas, lo que habilidosamente realizas es tarea social. En tu interior están los contemporáneos y los antepasados de Inglaterra y con ellos piensas y recuerdas.  Los invocamos expresamente o los olvidamos. Pero los recursos de que Robinson o nosotros nos servimos son efectivamente sociales: no sólo por la formación que nos educa, sino también por las distintas pertenencias en que nos reconocemos. ¿Pertenencias? ¿Me debo a los míos? Cada vez que oigo esa palabra, echo mano a mi individualismo. Siento la asfixia. ¿Aceptamos esto? Por un lado, las pertenencias son los bienes que se poseen; por otro, yo mismo soy la pertenencia de un agregrado que me sobrepasa. O en otros términos:  tengo bienes, pero a la vez soy una pertenencia de la cultura que me precede y de la que resulto un vulgar epígono. En mí se resumen las memorias propias pero también las de las generaciones previas. ¿Qué hago? ¿Me rindo? Que el recuerdo siempre sea colectivo –el lenguaje o la cultura, propiamente– no excluye, sin embargo, la titánica tarea que el individuo pequeño o heroico se suele o se puede proponer: pensar por sí mismo, recordar lo propio, imaginar lo privativo. En esta contradicción vivimos.

4. Uf, creo que deberé abandonar un argumento que a nadie interesa.

39 comments

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  1. Isabel Zarzuela

    Don Justo, no me diga que se ha dejado en Valencia la memoria USB donde tiene almacenada toda su intervención en el Seminario Internacional dedicado a la ¡Memoria… y la Historia! Ja, ja. Aunque estoy convencida que lo que tiene que decir lo tiene bien guardadito en la suya propia.

    Me alegra que disfrute en buena compañía de su estancia en Girona. Nosotros seguimos aquí, a la espera de sus noticias.

    Un abrazo

  2. Alejandro Lillo

    Parece que alguien le ha “pegao un bocao”. ¡Ay, qué frágil es la memoria! ¡Y qué largo el olvido!

  3. Marisa Bou

    Que la memoria es un frágil instrumento, es algo de lo que puedo dar fe. La mía, se quiebra a cada instante. Se deshilacha. Suerte que tenemos la colectiva, o mejor, la histórica, de la que podemos recuperar alguna cosa. O creemos recuperarla, porque esos recuerdos históricos son generales, y no particulares.

    Particular es, y mucho, el sentido de la oportunidad de nuestro amigo Alejandro: siempre encuentra una canción que retrata o ejemplifica el tema del que hablamos. ¡Bien por él!

  4. jserna

    Ha ido muy bien. El cable roto es una torpe metáfora de la información y los datos que llegan a nuestro terminal. Que debemos a otros… Gracias a los tres.

    Y gracias a quienes allí nos han tratado de maravilla. Anna Maria, Maximiliano, Àngel.

    Y Genís Barnosell y todos…

  5. David P.Montesinos

    Vengo de Roma -dicho sea para fastidiarles un poco- de manera que llego tarde al debate fallero. Lo dejo para el año que viene, aunque creo que podrían -y digo “podrían”- porque no todo tendría por qué ser negativo en esta celebración. Mal está que lo diga teniendo en cuenta que ya son varios años consecutivos los que vengo huyendo del asunto. En fin, cuando a Serna, que del tema sabe, le dé por dedicar un post a los devenires itálicos, les cuento las tribulaciones del ínclito Berlusconi para silenciar las voces discrepantes en prensa escrita y televisión. Uy, lo qué he dicho, pero ¿no hay democracia en Italia? Qué elemento el Cavagliere.

  6. jserna

    Sr. Montesinos, haga el favor. Cuéntenos las tribulaciones del ínclito Berlusconi. Yo, en el Congreso al que he ido, he estado tratando con colegas italianas: hablan de la izquierda, de la pérdida de sus referentes, pero hablan sobre todo de la derecha italiana, de esa colusión de Berlusconi y los posfascistas.

  7. Isabel Zarzuela

    Leyendo el punto tres del presente post, me ha venido automáticamente a la cabeza el ensayo ‘Tiempo y mundo’ del gran Stefan Zweig. Transcribo el párrafo que me ha recordado Serna. Bueno, lo ampliaré un poquito, pues sus escritos son tan aleccionadores que cualquier extensión nunca está demás:

    “La historia, ese océano de los acontecimientos sin aparentes mareas, obedece en realidad a una ley rítmica e inmutable, a un oleaje interno que divide sus épocas en flujo y reflujo, en corrientes de avance y retroceso. ¿Y cómo podría ser de otro modo si la historia la hacen los hombres, y sus leyes anímicas se limitan a reflejar las de los individuos humanos? En cada uno de nosotros domina esta dualidad; el proceso que designamos con el nombre de vida es siempre efecto, a fin de cuentas, de la tensión entre dos polos. No importa el nombre que queramos dar a estas dos fuerzas, centrífuga o centrípeta, o, en el sentido de la nueva psicología, de extroversión o introversión, o, en el sentido de la moral, altruista y egoísta, pues invariablemente y en todas partes se expresa con tales términos la mudable tendencia de una parte a someter el mundo a nuestro “yo”, y de otra preferirlo al propio “yo”. Queremos seguir siendo el “yo”, la personalidad irrepetible que somos, y queremos atraer todo lo de la vida hacia nosotros, para hacer esa personalidad más personal aún. Pero simultáneamente algo nos impulsa a vincular al mundo esta nuestra experiencia única y a disolver nuestra individualidad en la comunidad. ¿Qué son los pueblos sino personas colectivas? Por ello las naciones quedan sujetas también a dicha doble tendencia: por una parte a acentuar su individualidad, su personalidad espiritual y cultural, y por la otra buscar también de continuo comunidades internacionales superiores, para fecundarse con ellas y ceder algo de sus riquezas a los otros pueblos.”

    Así que no se rinda, Don Justo, que como dice el maestro Zweig, es necesario mantener esta oposición, esta dualidad, “para mantener la tensión creadora en el seno de la humanidad”. :-)

    Sr. Montesinos ¿así que en Roma, eh? Eso sí que es una buena huída :-)

  8. David P.Montesinos

    Ya sabía yo que el tema le “pone”.

    Italia es un país maravilloso y fascinante, no hay palabras para describir tanta belleza como la que encuentras por Roma, Venecia y compañía, pero es que uno termina acostumbrándose a esperar grandeza incluso de sitios que se encuentra de casualidad. Entras en una iglesia poco renombrada del Trastévere y ahí que te quedas extasiado, y casi un poco jodido, como si el verdadero Mal de Stendhal estuviera en el efecto secundario de volver a casa y exclamar, joder, qué fea es Valencia. Luego –bien asesorado- pruebas una pizza al taglio y te acuerdas de la madre del que inventó las franquicias pizzeras americanas…

    Por todo ello, nada es más decepcionante que la actualidad socio-política.

    Verán, si ustedes ponen la Rai pueden encontrarse a un tipo por lo visto tan influyente y famoso en Italia como Jay Lenno lo puede ser en los USA. Se trata de un “todólogo”, un telepredicador que se tira media hora paseándose a sus anchas por el plató, practicando una gestualidad reflexiva y sesuda perfectamente estudiada y explicándole a los italianos por qué razones les toca escandalizarse, quienes tienen la culpa de todo y la putada tan gorda que es pagar impuestos de “suo laboro, signore cittadino” para alimentar y proteger a vagos, maleantes y sin papeles. Eso si lo que queremos es sabiduría. Porque si ponemos el telediario de la Rai podemos alucinar. Se lo come casi todo –y hablo de noticias nacionales- el asunto de la mujer encapuchada que fue detenida en la Estación de Termini con un cinturón de explosivos que luego resultó ser de mentira. Si se trataba de una broma de la señorita o si es que la moda impone ahora complementos protuberantes en exceso lo desconozco, pero con eso se tiraron la intimerata de tiempo. En las noticias internacionales sacaron el huerto de la mujer de Obama. Al cabo de bastante rato sacaron, por fin, al Primer Ministro, con su hermosa pelambrera implantada y su sonrisa quirúrgica de botox… Sólo entendí algo de que la banca nacional era la más poderosa de Europa, que somos una “potenzia mondiale” y que Europa continúa mirándonos como una referencia. (Fastidiate, Zapatero, que no solo te vas de Kosovo –eso también se comentó de pasada- sino que además dijiste que España ya estaba por delante en importancia de Italia). El resto, más del cincuenta por cien, futbol a cascoporro y unas cuantas tías buenas en un calendario.

    Va bene. Resulta que Giancarlo Santalmassi es un periodista veterano que estuvo tres décadas en la RAI y que fue castigado por su desafección al gobierno. Este señor es últimamente objeto de atención por haber revelado los florentinos manejos de poder que se están dando entre los bastidores de los grandes grupos mediáticos. Lo de la televisión es conocido, hay un falso duopolio –Mediaset y Rai- que a la hora de la verdad no funciona como tal, pues todo es tan sencillo como lo de “el que se mueve no sale en la foto”. El problema es que ahora el Terror –creo que se llama así a la época de Calígula- se extiende a los periódicos. El milanés Corriere de la Sera –quizá el más potente diario del país, por encima del romano La Repubblica_ tiene sentenciado a su director, al parecer no suficientemente cariñoso con don Silvio. Suenan como sustitutos dos hombres del cavagliere. El primero de ellos, Casella, que dirige una empresa de Berlusconi, fue ensalzado por Il Giornale como candidato idóneo. Este diario da la casualidad de que pertenece a Paolo, hermano de Berlusconi, y que ha sido procesado por distintos asuntos de corrupción. Lo abracadabrante es que el propio diario explica que el criterio del Primer Ministro habrá de ser decisivo. En cualquier caso, el otro candidato, un tal Napoletano, es el director actual de Il Messagero, el cual fue cazado hace algún tiempo por una cámara mientras pactaba con un alto dirigente democristiano y yerno del mayor accionista del diario cuál habría de ser el titular del día siguiente.

    Pero la montería contra la libertad de prensa en Italia no se queda en Milán, los sabuesos han olfateado presas en Turín, y hacia allí se han dirigido, concretamente a La Stampa, que tampoco es suficientemente observante por lo visto de la fe berlusconiana. En este caso, y como el director es tipo poderoso, en vez de hacerle mobbing van a proponerle la dirección de la agencia Ansa, editora de los principales “quotidiani” (periódicos) de la nación, algo así como EFE pero a lo bestia. Una vez el tío se ablande Berlusconi colocará a otro de los suyos y un problema menos.

    ¿Qué hay detrás de todo esto? Que en plena crisis económica, con la prensa escrita en situación casi de colapso, las empresas periodísticas están aterrorizadas: saben perfectamente que necesitan solvencia y capacidad de endeudamiento, y si quieres pedir un crédito has de pasar por un sistema bancario cuyo control, en Italia al menos, está en manos del simpático Cavaliere.

    No es casualidad –hoy pueden verlo ustedes en El País- que en la manifestación de Nápoles contra la Camorra –que no es otra cosa que oponerse a la impunidad- apareciera el hijo de Anna Polikovskaya. ¿Ven paralelismos? Por cierto, también acudió, medio en secreto pero con intervención final, Roberto Saviano, autor de “Gomorra”. Italia tiene gente magnífica, es de hecho un país admirable. La organización Libera coordina a miles de asociaciones de todo tipo que tratan de luchar contra el crimen organizado. El tejido social y económico que se ha ido tejiendo durante siglos le otorga a los italianos una capacidad de adaptación a las tormentas, una resistencia que para nosotros querría yo… Personajes como Nanni Moretti, Gianni Amelio, Toni Negri o Humberto Eco son un azote y una esperanza contra esa parodia de Duce que es Berlusconi. Habría que analizar por qué es tolerado y jaleado por millones y millones de personas que parecen necesitar un lider con guante de hierro para mantener el orden ante una sociedad que teme haber entrado en proceso de descomposición.

    Una buena pista para inteligir todo este rompecabezas: en el barrio donde he estado –Termini- la mayoría de las personas que uno puede ver son de origen asiático. Pues bien, ¿sabían que durante algún tiempo –creo que afortunadamente esta ley va a derogarse- los médicos estaban obligados a denunciar a los inmigrantes ilegales? Imaginenselo aquí aplicado a otras profesiones. Usted por ejemplo, Serna, va un chico de tez morena a preguntarle por Gramsci y va y usted, mientras el joven se despista, agarra el teléfono y llama a la policía: “oficial, en mi despacho hay un sospechoso”.

    No, no… no tiene gracia, lo sé… a mí hace mucho que Berlusconi dejó de darme risa.

  9. David P.Montesinos

    Llamémosle así, señora Zarzuela, con lo simpáticos que son los falleros de mi calle, el poco ruido que hacen, lo poco vándalos que son, y yo allí en la Piazza Navona manando lágrimas de pena como una fuente de Bernini preso de la nostalgia valenciana. Por cierto, ¿cuándo conseguiré que no me salte la H de Umberto Eco?

  10. J. Moreno

    David: no puedo más que acordarme de la película del gran Bertolucci.. “Novecento”.

    ¡¡Lástima de aquel gran partido de masas que fué el PCI!!

  11. Marisa Bou

    ¿Cómo que no nos interesa su argumento, Justo? Nos interesa, y mucho.

    Ahí tiene usted un buen ejemplo: David P. Montesinos. Para escaquearse del agobio fallero, se va a hacer turismo: tarea individual, pues cada quién hace el turismo como prefiere. Pero al mismo tiempo, emprende la tarea social de comprender un país y una cultura que, aunque parecida, no es la suya. Y no sólo se sumerje en su arte, su arquitectura, su gastronomía: además trata de entender -y explicarnos- las diferentes actitudes políticas de sus ciudadanos.

    ¿Quiere usted mejor muestra del “ser social”? ¿De la dicotomía entre lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo?

    Y además, en cuanto regresa nos informa: quiere compartir su experiencia individual.

    Y, por si fuera poco, se preocupa de que el corrector ortográfico de su equipo le coloque una H inopinada. No se apure, David. Ya sabemos que no es un error suyo. ¿Ha probado a deshabilitar el dichoso corrector?

  12. Isabel Zarzuela

    Buscas en Roma a Roma ¡oh peregrino!
    y en Roma misma a Roma no la hallas:
    cadáver son las que ostentó murallas
    y tumba de sí proprio el Aventino.

    Yace donde reinaba el Palatino
    y limadas del tiempo, las medallas
    más se muestran destrozo a las batallas
    de las edades que Blasón Latino.

    Sólo el Tibre quedó, cuya corriente,
    si ciudad la regó, ya sepultura
    la llora con funesto son doliente.

    ¡Oh Roma en tu grandeza, en tu hermosura,
    huyó lo que era firme y solamente
    lo fugitivo permanece y dura!

    Yo también manaré lágrimas ¡pero de alegría, David! cuando vuelva a Roma.

  13. Alejandro Lillo

    Don Justo, me interesa mucho esa interpretación de Robinson Crusoe como ser social (que es lo que al fin y al cabo todos somos). Frente a ese genial alegato en favor de la iniciativa individual y del liberalismo, donde el uso de la razón y del trabajo duro surgen como las principales herramientas del progreso, donde la sociedad no existe y aún así un hombre sólo es capaz de procurarse sus propios medios de vida adquiriendo cada vez más bienestar y prosperidad; frente a ese modelo y lo mucho que esconde la fascinante novela de Daniel Defoe (quien, por cierto, escribió una obra económica de la que nadie habla: “Plan del comercio inglés”, en la que ensalza la economía inglesa en términos contrarios a los expresados en su Robinson Crusoe). Frente a ese modelo, decía, me parece muy interesante esa idea del Robinson como ser social, como heredero de una tradición, como depositario de una memoria colectiva que es lo que le permite, precisamente, sobrevivir en ese entorno hostil y presuntamente pre-social. Es ese un tema en el que creo que merecería la pena profundizar.

    Don David, Roma es una ciudad increíble que, desde luego, invita a la poesía. A mí Roma me inspira y me trae recuerdo de otros tiempos…

    “Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado,
    no solamente en qué lechos estuviste,
    sino también aquellos deseos de ti
    que en los ojos brillaron…”

    Permíteme que prefiera, en este momento, la imagen de Roma que me evoca el poema LXXV de Kavafis (“Recuerda, cuerpo…”, 1918), a la que representa la figura de Berlusconi.

  14. jserna

    Luego escribo más extensamente y nos detenemos en lo dicho por David P. Montesinos. David: la H de Umberto Eco se la pone el word. Con el ratón agregue Umberto a su diccionario.

  15. Juan Antonio Millón

    Qué bellos poemas los que nos recuerdan Isabel y Alejandro. También en ellos late el tema del recuerdo “individual/colectivo”, estoico y melancólico en Quevedo; mucho más íntimo, hedonista y difícil en el paganismo de Kavafis. Las “batallas de las edades”…ese lamento, ese olvido, ese recuerdo apasionado, nos interrogan de contínuo.

    Don Justo, su texto de 2001 es muy interesante y fecundo, de él extraje unas citas para la introducción que hice a la edición de un diario de un saguntino represaliado de la posguerra y que se publicó en la revista Braçal, dentro de una serie dedicada a “egodocumentos” del Camp de Morvedre.

    El tema del olvido, de los “usos del olvido”, merecería unas cuantas consideraciones. Imagino que habrán tratado largo y tendido de ello en Girona, pero quizá valdría la pena algunas líneas, ahora que se acerca el 70 anniversario del comienzo de la represión franquista.

    Acaba, precisamente, de aparecer, hace unos meses, un libro de la -tristemente desaparecida- helenista Nicole Loraux sobre el tema, La ciudad dividida.

  16. Juan Antonio Millón

    Aunque imagino que muchos de ustedes ya lo habrán leído, el suplemento dominical de El País trae este fin de semana un texto de Javier Cecas, donde trata el artículo de Jacinto Antón en torno las lecturas de Hitler, que fue objeto de comentarios en este blog.

    El honor fue para el artículo, don Justo, ya que la distinción entre memoria e historia que allí se hacía medía muy bien la aportación que los diarios y otras memorias individuales realizan al “conocimiento”. La visión del historiador puntualiza, aunque haya ocasiones en que lo que buquemos sea más que el punto, la línea, esa línea de la memoria que Reyes Mate llamó “memoria moral”:

    “La fuerza de la memoria consiste en abrir expedientes que la historia o el derecho daban por definitivamente cerrados, sea porque había prescrito el crimen, sea porque no había manera de resarcir del mal y habían desaparecido los culpables. La memoria no se arruga ante términos como prescripción, amnistía o insolvencia, pues tiene la mirada puesta en la víctima (…)Memoria moral es sinónimo de justicia, y el antónimo de olvido es injusticia. La memoria moral no es recordar el pasado, sino reivindicar el sufrimiento oculto como parte de la realidad o, lo que es lo mismo, denunciar toda construcción de presente que ignora la vigencia de una injusticia pasada”.

    Se hace afirmativa la respuesta a aquella pregunta que se hacía Yerushalmi: “¿Es posible que el antónimo de “el olvido” no sea “la memoria” sino la justicia?”

  17. David P.Montesinos

    No entiendo estas depresiones cíclicas que le entran a Justo respecto a lo poco interesante de sus reflexiones. La de hoy merece, y mucho, la atención de sus lectores…Diga lo que le apetezca que después ya seremos nosotros los que decidiremos si nos aburre o no.

    Hermoso poema, Isabel, y gracias a Justo y Marisa por el consejo informático.

    Desconocía el dato bibliográfico que da Lillo respecto a Defoe. Ya puestos, yo he sugerido la lectura de “Diario del año de la peste”, una verdadera obra maestra del padre de Crusoe, a mis alumnos algún año en relación al nacimiento de la racionalidad científica moderna. Una joya. (García Márquez reconoció haber sido fuertemente influido por ella para su vocación como escritor)

    Lapsus. Yo tengo uno que contarles, aunque podrían catalogarlo más bien en la nómina freudiana de actos fallidos o algo parecido. Observaba a varios grupos de adolescentes montando jaleo por la tarde y los comparaba con mis alumnos. De pronto me encuentro a una compañera del instituto. Pregunta idiota que nos hacemos entonces mutuamente tras los primeros segundos de incredulidad: “pero tú ¿qué estás haciendo aquí?” Juzguen ustedes lo idiota del inicio de la conversación. Otro hecho llamativo. Esta chica y yo nos encontramos todos los días con cara de mala hostia en el instituto, nos llevamos bien, pero no hacemos mucho más que decirnos hoscamente “hola” al cruzarnos por el pasillo. Pues va y resulta que el miércoles nos abrazamos, nos dimos dos besos y nos hicimos una foto juntos. Era como si no nos hubiéramos visto en años, cuando, bien pensado, hacía cuatro días que nos cruzábamos por el pasillo y faltaban otros tantos para que volvamos a hacerlo… ¿Por qué?

    Me pregunta cuántos días llevo en la ciudad eterna y le digo que cuatro. Hostia, si en realidad llevaba solo uno y media. Los tiempos en estas situaciones se alargan y acortan subjetivamente de manera inopinada. ¿Por qué le dije cuatro?

    Y ahora viene lo mejor, ¿adivinan dónde nos encontramos? Pues nada menos que en las escalinatas de la Piazza de L´espagna? Sí, necesito un buen psicoanálisis.

    A donde vamos -al hilo de la reflexión sobre la memoria- llevamos el poso que la tribu ha ido dejando en nosotros desde que nacemos. Cada vez más, cuando me miro en el espejo, dejo de ver al adolescente creativo y original que creí ser y me encuentro al hijo de mis padres, con el careto mezcla de las dos estirpes y casi las mismas insuficiencias, temores y enterezas. Los ojos con los que miraba a los adolescentes de la escalinata de la Plaza de España son los de la colectividad que arrastro a cada paso. “Yo” no es otra cosa que un pliegue, una posición circunstancial dentro de un laberinto densísimo. “Sujeto”, etimológicamente, es justamente eso, ese construirse a partir de toda una serie de sujecciones a las que es inútil resistirse. Consentimos la arrogancia individualista a Robinson porque tuvo que apañarselas solo. Yo no podría, moriría de frío, miedo y hambre al segundo día. En cualquier caso, nada somos sin lo que nos han enseñado. Por eso Robinson, sin acaso pensarlo, creó una pequeña Inglaterra en su isla.

  18. David P.Montesinos

    Obviamente, debí haber encabezado el relato del lapsus diciendo que el encuentro se dio este miércoles y que estábamos en Roma. Que no se me olvide, don Alejandro me debe algo sobre unos gatos. Manténgame informado cuando sepa algo,querido.

  19. Marisa Bou

    Yo aquí, en mi reducto individualista -en cualquier sentido que le quieran dar-, vivaqueando cual Crusoe en su isla desierta, aunque la mía esté situada en medio de un océano de gente. Convirtiendo los retales que suelen quedar en mi nevera a finales de mes en exquisitos manjares, si no reales, al menos imaginados, y oteando en la pantalla del ordenata como el náufrago otea el horizonte, esperando la llegada de un barco, en busca de sus palabras, que son el lazo que me une a la vida continental durante el fin de semana. Les leo, como Robinson hacía marcas en la pared para contar los días.

    Ya va quedando menos para el lunes, en que mi trabajo me rescatará de esta solitaria isla. No quiero ni pensar lo que será esto el día que me jubile…;-D

    P.S.: al releer mi entrada en busca de fallos “ortográficos”, me percato de que ha debido darme un bajón. Pero me dá pareza borrarla. Voy a ver si tengo una cerveza en la nevera.

  20. Juan Antonio Millón

    Prescindiendo de circunstancias contextuales -tanto espaciales como personales- que podrían añadir una respuesta más clarividente, lo que usted nos dice, señor David, es algo bastante normal, o al menos a mí, como profesor de un centro de Secundaria, también me ocurre y lo justifico porque no encuentro algo tan inhóspito a veces, a veces tan salvaje, como el pasillo de las aulas de un centro de enseñanza. La adustez es el escudo que adopta nuestro gesto como salvaguarda ante la ignominia y la chiquillería. Otros ámbitos y otras voces hacen que nuestro gesto adquiera su connatural naturaleza -si ésta es así- de amistad y bonhomía.

    Muy interesante, David, su relato de la situacón mediática y política italiana. Aunque hay “vida” más allá de Berlusconi -a pesar de todo-, sin embargo, falta la potencia de una oposición cohesionada.

  21. jserna

    ‘Diario del año de la peste’ es una de esas maravillas que conviene descubrir alguna vez en la vida. Tiene toda la razón, David. Yo la leí gracias a García Márquez. Sí, ya sé que entre la gente fina el crédito de Gabriel García Márquez está en declive. Yo, sin embargo, le debo no sólo lo que ha escrito, sino también lo que (me) ha recomendado: Defoe o Faulkner, por ejemplo.

    Por cierto, Alejandro, saludos de Àngel Duarte…

    Por cierto, Marisa, un fuerte abrazo.

  22. David P.Montesinos

    Es una buena pieza la de Fuster, pero es perfectamente capaz de hacerlo todavía mejor.

    No sabía que la gente fina descree de García Márquez, menos mal que no soy nada fino.

    Gracias, señor Millón, en realidad, lo del saludo hosco a la compañera es más que nada por la inobservancia de la cortesía en la que nos hace caer la pura cotidianeidad. Llamémoslo indisciplina.

  23. Isabel Zarzuela

    David P., cómo me he reído con su “lapsus”: es que tiene mucha gracia para contar las cosas… Por cierto, acabo de entrar en su blog: vuelvo a reirme a bote pronto, a primera vista (y el post está genial, como siempre). Qué le vamos a hacer, tengo hoy la risa floja… ¡ay, Dr. Freud!.

    Por cierto, ¿qué ha sido del amigo Fuster al que no se le oye mucho por aquí?

  24. Juan Antonio Millón

    No sé si conocerán aquella analogía que utilizó Carlo Ginzburg para hablar de la memoria. Al igual que estableció Platón en su Fedro para la escritura, para Ginzburg la memoria obra como un “phármakon”: bien puede ser remedio, bien resultar tósigo. Cuántas veces no habremos deseado olvidar, apartar esa candescente imagen del pasado que vuelve y daña sin remedio. La memoria puede paralizar, ser una “enfermedad” como nos recordaba Nietzsche en su segunda “Consideración intempestiva”: improductividad, negación del “sentido histórico”.

    Es, pues, el olvido una estrategia o una necesidad para avanzar o simplemente sobrevivir a las garras del pasado, al dolor del pasado, a su efecto aniquilador, paralizador, venenoso. No hablo del olvido decretado, me refiero a esa “borradura” que no es impuesta sino elegida -más o menos libre o desada- y que no conlleva violencia, evidentemente. Hablo de esa venda, de ese pacto que cicatriza, de esa construcción de futuro que exige no mirar hacia atrás y quedar convertido en sal. Pero, ay,hablo también del término griego “amnistía”, de aquella del año 403 a. de C. que estudió Nicole Loraux: “ou mnesikakéso” (“no recordaré las desgracias”).

    Pero esto es sólo el envés del tapiz.

  25. jserna

    Dice Juan Antonio Millón: la memoria puede paralizar, ser una “enfermedad” como nos recordaba Nietzsche en su segunda “Consideración intempestiva”: improductividad, negación del “sentido histórico”.

    Exacto, exacto. Por eso Nietzsche hablaba de la utilidad y perjuicio de la historia para la vida. Hemos de volver sobre ello.

  26. Alejandro Lillo

    Don David, los gatos están de camino, no se preocupe que yo le avisaré. Por cierto, los mininos de Roma son deliciosos, y tan mágicos como la ciudad.

    “El diario del año de la peste” lo tengo en la estantería aguardando su momento. Lo adquirí porque decían que era una obra maestra del periodismo, una mezcla sobresaliente de reportaje y testimonio histórico. Don David, si quiere le cuento lo que decía Defoe sobre la economía inglesa de su tiempo… le sorprendería.

    Sin duda, señor Millón un hombre sólo no puede ni debe soportar el peso de la (su) historia, y mucho menos acarrearla. Por eso las palabras de Nietzsche son tan atinadas. Aquí, también, podríamos introducir el psicoanálisis. Cada uno de nosotros nos conformamos en función del otro, nos construimos a partir del otro, de la imagen que los otros tienen de nosotros: desde que somos bebés. Los amigos, los maestros, los compañeros de trabajo, pero sobre todo los padres, la familia y su historia, sus tribulaciones, sus deseos, sus anhelos, sus prejuicios. Todo eso arrastramos como individuos pertenecientes a un grupo, a una comunidad. Ese peso, esa carga, a veces, es tan pesada, que nos incapacita para el movimiento o nos conduce hacia lugares a los que no deseamos ir. Es entonces cuando uno debe desprenderse de esa rémora, de esa historia personal que también es colectiva y que nos paraliza y que, fíjense, está compuesta de memoria y olvido. Hay que volver a construirse buscando el equilibrio entre lo heredado y lo que queremos ser. Lo malo es que en esto sucede como en la economía neoclásica (y perdonen el símil, aunque sé que esto le gustará a doña Marisa y a don David): se trata de una construcción muy bonita que en la teoría tiende al equilibrio, pero que en la práctica nunca se produce, y, por lo tanto, uno tiene que estar constantemente haciendo malabarismos para no darse de morros contra el suelo (por decir algo suave).

  27. Pumby de Villa Rabitos

    Ay, Alejandro, citas al gato y me convocas…

    Os leía en silencio, un poco escéptico. Hay un aspecto general que me preocupa, pero es tan general que no se si vale la pena entrar en ello pues sería iniciar más que otro debate, otra orientación a la cuestión del tándem memoria-individualismo. Me refiero es que todas las argumentaciones que hacéis – y que sumariamente comparto – responden a la cosmovisión occidental de la vida. Como soy occidental, obviamente, las comparto, de forma crítica, eso sí, pero sin salirme del tiesto de nuestra base cultural colectiva. Donde me viene el agobio es en si todos los contertulios y/o lectores silentes del blog también lo entienden como “nuestra opinión sobre las cosas” o, más bien, lo interpretan como “la verdad universal sobre las cosas”. El individualismo no es un valor universal, es un constructo cultural occidental y eso es algo que no se llega a entender ampliamente. Como tal creación artificial, tiene tanto derecho a difundirse por el mundo como a respetar cualquier otra cosmovisión de cualquier otro grupo humano. Pero eso no suele pasar. El problema viene cuando la “opinión occidental” se convierte en la “verdad universal” y como tal – otra herencia occidental – la queremos imponer al resto de la especie.

    Esta misma semana se ha destapado el engaño (la estafa) de una secta cristiana de misioneros en la Amazonia que operan en la jungla para cristianizar – o sea, aculturar – a sus nativos; sus argumentos eran de “peso”: había que llevar la luz a los salvajes, la decencia, la salvación, la moral… cristiana. Porque los presuntos salvajes resulta que tienen moral, no necesitan salvarse de nada (no se ha desarrollado la idea de pecado), su decencia es tan sólida como su honestidad, recato y modestia, indudable para cualquier observador externo que no fuera un fanático y su luz brilla con fuerza propia, no necesita de alimento externo. Pero, no obstante, se insiste, se persiste, en su conversión. Pero ¿sólo ocurre en la Amazonia y con misioneros cristianos? Me temo que no. Una de las labores que parece haberse impuesto la cultura occidental (desde la OTAN a MacDonald) es acabar con cualquier otra cultura que funcione sobre lo colectivo, incluso dentro de si misma (¿o dónde creéis que está el éxito de las poleis mediterráneas, precisamente, el germen de nuestra cultura?) y la verdad es tan criminal y empobrecedor para todos que no acabo de ver la alegría cada vez que se “progresa” en ese ámbito. Deberá llegar el día en que hagamos balance del impacto de la cultura de la individualidad sobre la vida de los mismos individuos y de las sociedades creadas a su imagen y semejanza porque, chicos, sobre el papel está muy bien pero en la práctica…

    De Italia, algo que nos retrotrae a otro post de este blog. Se argumentó, en su momento, que caminaba con paso firme hacia el neofascismo. Se aportaron datos que así lo indicaban. David nos trae noticias bien poco halagüeñas, confirmadoras de lo antedicho y a ello hay que sumar otro dato: este findes la Alianza Nacional Italiana (heredera del Movimiento Social Italiano de Giorgio Almirante, heredero del Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini) se ha fusionado con el partido de Berlusconi. El discurso de su líder recordó el florido pensil de la reacción más cavernaria. Otra pieza más para empedrar la vía hacia el fascismo en Europa.

    Y, en España, sólo, sólo, el tío Fabra/Diputación de Castellón, publica un libelo exculpatorio y laudatorio de Franco, la Guerra del 36 y la IIª Dictadura y los obispos católicos se disponen a movilizar las procesiones de Semana Santa en contra del Derecho al Aborto, o sea, a los creyentes católicos con su Iglesia contra los ciudadanos y el Estado de Derecho… ¡estamos mejor que queremos!

  28. Marisa Bou

    Ya decía yo que el gato estaba muy callado.

    En realidad, no sé si estamos mejor que queremos, pero sí que queremos estar mejor.

    No podemos conocer la opinión de quienes no opinan, pero es evidente que no hay “verdades universales”, sino que cada uno dispone de su propia “verdad”, si no a su imagen y semejanza, al menos la que su propio devenir histórico/social le ha proporcionado. No creo que nadie tenga dudas al respecto.

    Lo de Berlusconi es un caso para el estudio clínico. Lo de aquí, no sé cómo catalogarlo. Espero que Justo leerá el librito de Fabra (no conozco a nadie más con “valor” para hacerlo) y nos dirá cual es su visión de Paquito Pantanos.

    Y con el tema del aborto, ¿habrá que volver a salir a manifestarse a favor, después de tantos años? Claro que con este Papa, que asegura que el preservativo favorece el contagio del sida, ¿qué se puede esperar de sus seguidores?

  29. Maximiliano

    Justo,

    Perdona, pero acabo de entrar recién ahora al blog. No he podido hacerlo antes. Muchas gracias por tus comentarios sobre la organización del seminario. En realidad, el placer ha sido nuestro y, creo, de todos los participantes. Como bien expresas, hemos pasado unas jornadas realmente interesantes que han sido, también, muy agradables para todos.
    Sobre la discusión, a pesar de que la sigo, veré de escribir algún comentario después de unas claes que tengo en un rato.
    Un saludo,

  30. Alejandro Lillo

    Lo sé, Pumby, es una invocación que nunca falla, ya verá, ya, cuando le hable de los gatos de Egipto…

    Bueno, yo quería decirle que me interesa mucho lo que ha apuntado sobre le individualismo, y que me gustaría que, si no tiene inconveniente, explicara más sobre el asunto. Posiblemente me equivoque pero, imagino que esa idea del individualismo y su universalización proviene de la conjunción del movimiento ilustrado con la revolución industrial, ¿no? Si vuestra merced tiene a bien aclararme ese extremo se lo agradeceré gustoso :-)

  31. David P.Montesinos

    Gracias, Isabel y Alejandro, cada uno por lo que le toca. El amigo Fuster está metido en quinientos millones de líos a la vez, de ahí su silencio.

    Nietzsche insiste con frecuencia en la necesidad de una cierta amnesia. Podemos asociarlo al “pathos de la distancia”, ese facultad de las mejores naturalezas para no transformar el dolor en resentimiento. El famoso aserto -víctima por cierto de numerosas malas apropiaciones- “lo que no me mata me hace más fuerte” alude a la necesidad de construirse a uno mismo día a día sin morar en el dolor y la lamentación enfermiza por las afrentas recibidas y los éxitos que nos impidieron conseguir en el pasado. No creo que Nietzsche vaya contra la Historia, como a veces se entiende, de hecho la labor de investigación a la que entregó sus días fue llamada “genealógica”. En todo caso sí cuestionó el historicismo, entendido como la búsqueda confortadora en el pasado de los decires y aconteceres que legitiman la moral que en el presente tenemos. En ese sentido, Nietzsche está menos lejos de Marx o incluso de Freud de lo que a veces se piensa. Genealogía es rastreo metódico y exhaustivo -casi detectivesco, encarnizado en su esfuerzo, y siempe con la mirada de sospecha sobre los “altos ideales”- de la constitución de nuestros valores. Nietzsche no estaba contra la Historia, estaba contra la miseria intelectual y moral del academicismo.

    Nietzsche no luchaba contra la memoria, lo que verdaderamente detestaba era el rencor.

    Espero sus gatos, Alejandro.

  32. jserna

    Sr. Montesinos, lo que usted dice aún me motiva más. Sin duda he de escribir sobre Nietzsche. Por cierto, aunque ya sé que usted no me lo atribuye, lo reafirmo: yo no digo que Nieztsche esté contra la historia. En mi artículo lo pongo en interrogantes…: http://www.elpais.com

    Otra cosa. Una alegría: Andrés Neuman, galardonado.

    http://www.elpais.com

    Qué felicidad. Espero leer bien pronto la novela…

    Además, me recuerda el motivo y el placer que obtuvimos cuando escribíamos Diario de un burgués.

    https://justoserna.wordpress.com/2006/11/29/diario-de-un-burgues-presentacion-invitacion/

    https://justoserna.wordpress.com/2006/11/30/el-burgues-comenzo-a-viajar/

  33. Pumby de Villa Rabitos

    Nada nuevo puedo decirte, Alejandro, porque tu mismo aportas los mimbres con los que se construye el cesto del individualismo moderno.

    Sólo afinaría en el elemento económico. El aporte de la economía a la idea de nuestro actual individualismo – de la sociedad de individualidades – no sería tanto una cuestión de la revolución industrial como de la expansión del capitalismo. Este, por definición, busca el lucro personal, no el colectivo; quiere el beneficio del individuo, no el de la sociedad, pretende la acumulación del capital, no su redistribución. Como es fácilmente comprensible, la ideología que apoyara ese régimen económico no podía, por fuerza, ir en contra de esos principios individualistas.

    La Ilustración dará otros frutos que no conducen ni al individualismo egoísta de los regímenes burgueses ni al adocenamiento de las masas de los dictatoriales, en cualquier caso, a la alienación del individuo en aras de un presunto bien, ya sea la coartada de la “libertad individual”, ya la justificación de la superior “razón de estado”. Lamentablemente, esos frutos han sido puestos en almíbar, enlatados y almacenados por la postmodernidad para quedar lo más lejos posible del conocimiento general. La razón, la humana, la que nos proporciona autonomía y madurez, puede ser un abrelatas perfecto para ir recuperando lo que Olaf Stapledon definía como la “dignidad del uno en el grupo”. Y, mira, Nietzsche no es un mal comienzo para ello.

  34. Ana Serrano

    Sí, el premio de Andrés Neuman da una sensación de felicidad extraordinaria. A mí, todo lo bueno que le pase a Andrés me hace sentir feliz. Como escribe, como habla, como sonríe esa criatura.

  35. David P.Montesinos

    Advierto que no ha salido un post sobre su artículo sobre Nietzsche que acabo de enviar, mire a ver si se ha quedado en algún ciberrecoveco, don Justo, que me ha costado un buen rato escribirlo…

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