La camiseta.
Estamos en pleno verano, los calores aprietan y andamos ligeros de ropa. Sobre todo los jóvenes. Algodones y linos; mangas cortas o tirantes; colores claros o simplemente blancos. La muchachada decide enfundarse camisetas que alegren sus pechos o sus pectorales, con leyendas ocurrentes, con dibujos originales.
El rey de la casa y su señor padre han decidido exhibir una serie de diseños posibles para camisetas. Es ésta una exposición virtual. Los dibujos que el joven alumbra tienen un fácil traslado al algodón. Esta prenda lleva camino de convertirse en la indumentaria universal, si ya no lo es. Todas iguales, pero a la vez todas distintas: cada uno se la personaliza para marcar su diferencia.
Por un lado, es una pieza barata; por otro, sirve para reforzar esa distinción que todos ansían. En origen, la camiseta con diseño es un producto de la sociedad de consumo, del turismo de masas. Por una parte, le confiere a su portador un aspecto informal, desenvuelto, como es el viajero del Novecientos que reúne souvenirs. Por otro, le alivia de la canícula y del ahogo.
¿Y el nombre? Leo en La camiseta. Un artículo universal (2009), de Troth Wells, que hay dos posibles orígenes. «El nombre inglés de la camiseta, T-shirt, proviene de la forma que tiene una vez estirada la versión de manga corta y cuello redondo. Otra posibilidad es que, como la prenda se utilizaba para entrenar, la T venga del término inglés Training«.
Political T-Shirt. Pero una camiseta no es sólo vestimenta, tejido que tapa o cubre: es leyenda y moraleja, promoción, publicidad, propaganda, concepto de vida o crítica de costumbres. «Una simple camiseta lisa, sin el estorbo de una chaqueta o camisa, era un sitio muy bueno en el que se podía escribir algo», dice Troth Wells, refiriéndose a la Norteamérica de posguerra. «Ahí, en el pecho, donde todos pudieran ver el mensaje», añade. «¿Quién lo hizo por primera vez? Siempre atentos, posiblemente fueron los animales políticos los primeros de la manada en llegar», precisa con ironía. «Algunos creen que fue en 1948, cuando el gobernador de Nueva York, Thomas E. Dewey, mandó imprimir una camiseta que decía: Dew It for Dewey (Hazlo por Dewey) para su campaña presidencial».
No es imprescindible averiguar la verdad de esta leyenda urbana. Importa el sentido promocional del que la camiseta sería portadora. La imagen adosada al pecho vino más tarde: primero, las propias estrellas de Hollywood tuvieron que enfundarse esta prenda –blanca, sin grafismos–; después, los numerosos seguidores imitaron ese atuendo reproduciendo la efige de los admirados personajes en sus respectivos pechos. Cine y cultura del rock fueron y siguen siendo motivo de ilustración, tomando esos pocos centímetros como un pequeño espacio promocional. Piénsese, por ejemplo, en los usos publicitarios que Santiago Segura le da a sus camisetas cada vez que prepara el estreno de un Torrente. Acude a las entrevistas con el cartel adherido, con esa imagen autorreferencial.
Pero, en este tiempo de liviandad y de crítica, las camisetas son también espacio para la humorada, para el guiño incluso político, para la guasa anticomercial. Deformar una imagen repetida, una marca, y alterar un eslogan son ya hábito común. No es infrecuente tropezarse con jóvenes que llevan camisetas en las que reza Amporio Jamani, Don’t Just Do It o cosas así.
El rey de la casa y su señor padre han decidido poner a disposición del público una serie camisetas con diseño ocurrente y moraleja crítica. Han decidido titularla Political T-Shirt. No me pregunten por qué. Les expongo las primeras muestras. En ellas vemos a dos políticos de esta localidad en la que habito en actitudes muy reverenciales. Echen un vistazo a la leyenda que acompaña esos grafismos. En un caso se juega con el nombre; en el otro se hace broma de la esperanza.
Alguna de estas camisetas está teniendo ya un éxito notable: a su autor se la quitan de las manos, oigan, al módico precio de 10 euros. Me dice que funciona bajo pedido y con indicación del tallaje. Si ustedes gustan, pueden manifestarlo aquí, en este blog y ya les pondré en contacto con el diseñador. A falta de una tienda real, él mismo es quien distribuye las prendas en este espacio virtual y por lo que parece para gran satisfaccción de la clientela. Ya me dicen.
Pero hay más.
Tiene intención de ampliar la referencia política de sus camisetas para que cobren cada vez más un sentido universal. Está en ello. Creo que lo ha conseguido con estos dos diseños que ahora les reproduzco.
El primero alude a la revuelta de Tiananmen, de la que ahora se cumplen veinte años. La imagen es muy conocida, ciertamente, pero no ha perdido la fuerza original: el individuo cargado de razones frente al carro armado, frente al poder del Estado.
El segundo dibujo es un sueño, probablemente bienintenciobado. Aúna el 68 y el hippismo, la represión de la gendarmería y el mundo de flores, mariposas y amor que los jóvenes de entonces alumbraron. No sé si debemos esperar esta colusión y estas mezclas, pero como leyenda o moraleja resulta muy llevadera para un verano de rigor.
Si les interesa, ya saben…

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