Instrucciones para escribir

JulioCortazarAGalvez0. Caminar y mascar chicle. Con frecuencia me veo  obligado a caminar y a mascar chicle a la vez, dos tareas que nada tienen que ver entre sí y que te exigen operaciones bien distintas. En ocasiones, incluso, me veo forzado a pensar y a mascar goma. Es vertiginoso, no crean.  En mi caso, eso significa escribir sobre una cosa y leer sobre otra, mientras absorbes los sabores neutros del chicle. 

Labores  diferentes realizadas a un tiempo te crean un leve estado de confusión, un pequeño aturdimiento. Los seres humanos, decía Herbert Simon, carecemos de una racionalidad olímpica de la que servirnos. Olímpica: ¡quién pudiera! Sólo disponemos de una razón limitada, o de una ración limitada, bastante corta, la verdad: no podemos atender a varias cosas a la vez. A poco que lo intentes te despistas. Por eso, los trabajos importantes no los hacemos simultáneamente, sino sucesivamente: ahora una cosa, luego la otra; ahora camino, luego masco chicle; ahora la goma, luego el pensamiento.  O, cuando me atrevo, estiro el pensamiento-goma hasta hacer un globo, dos globos, tres globos. Bueno, o eso creo.

Y así estoy, hinchando globos y moldeando no sé qué: ahora Papeles inesperados, de Julio Cortázar; luego El Valle de los Caídos, de José María Calleja. ¿Y qué tienen que ver entre sí el narrador argentino y el monumento franquista?  Nada, por supuesto. Sólo el azar o el puro capricho han querido que lea y escriba sobre temas tan dispares en un tiempo vecino y sucesivo: abandonándome al placer de lo arbitrario. ¿Indisciplinado? No, por favor…  De todo se cumplen aniversarios comunicantes, números redondos que te invitan a leer, a releer y a pronunciarte.

Hace veinticinco años murió Julio Cortázar; hace cincuenta se inauguró el Valle de los Caídos. Hace medio siglo nací yo en un Hospital Católico (así se rotula ahora). El primero es un monumento de las letras; el segundo es un monumento de la imaginación kistch. Del primero escribo una reseña; del segundo leo un ensayo periodístico que utilizaré en una conferencia. Para sellar esta tarea contradictoria, para amalgamar lo distinto, me he procurado una divertidísima argamasa: la celebérrima Historias de cronopios y de famas. He procedido a releer esas páginas del Cortázar mas chistoso para ver si encuentro solución.

¿Recuerdan la primera parte, la titulada “Manual de instrucciones”? Un manual con el que sobrellevar las circunstancias banales. Busco en ese capítulo por si hay instrucciones para escribir o para vivir, que al final no son tareas tan contradictorias. No las veo exactamente, aunque –ahora que lo pienso– en Cortázar todo es un código para escribir viviendo, o para vivir escribiendo. En Cortázar hay instrucciones para llorar, para cantar; normas sobre la forma de tener miedo; reglas para entender tres pinturas famosas, para matar hormigas en Roma, para subir una escalera, para dar cuerda al reloj.

Faltan instrucciones, y la arbitrariedad de las normas que Cortázar finalmente recoge me recuerda la clasificación animal que Jorge Luis Borges postuló en uno de sus cuentos. Se trataba de una taxonomía imposible. Michel Foucault la celebraba al comienzo de Las palabras y las cosas. Borges le había provocado una conmoción, una conmoción del pensamiento y de la risa: justamente lo que sintió el creador del chicle cuando observó su producto. Intentemos enumerar esas instrucciones que Cortázar no nos proporciona. Imaginémoslas. No garantizo nada: puede que el resultado sea tan absurdo como el que Borges ideó. Yo, por mi parte, lo pienso modestamente: para mis alumnos, de quienes estoy acabando de corregir trabajos; y para mis amigos, que tienen la caridad de leerme a pesar de los rigores veraniegos.

1. Instrucciones para escribir. Vayamos, pues, con ellas.

Primera. Observe todo lo que sucede a su alrededor. Con ojo clínico o crítico o cítrico. Nada es lo que parece ser. Mírelo de cerca y exprima su imaginación; luego, aléjese: distienda los músculos del ojo. Postule el entorno de lo que ve, ese círculo menor. Imagine un contexto más extenso, el amplio mundo del que forma parte. Cierre los ojos. Ha de sentir algo de miedo, una inquietud. Aventure un significado.

Segunda. Lea todo lo que tenga a mano. Los prospectos farmacéuticos, los insertos publicitarios, los rótulos callejeros, los libros de los amigos, los artículos de los enemigos, la novela que no entiende, el poema que le arrebata. Todo ello, a la vez: sin hacer ascos. Fíjese en la letra pequeña. Utilice lupa: descubra la prosa absurda de la vida.

Tercera. Escriba inmediatamente. Lo que se le antoje: un aforismo o una rutina, un esquema o el resumen acabado de una idea. ¿Y dónde lo escribo? En el reverso de un boleto, de la lista de la compra, de un papelillo, de un cuaderno de campo. En el notebook. Esto es muy  recomendable: lleve, siempre que pueda, una libreta chiquitita, de poco peso. No se preocupe por el orden. La sintaxis y el sentido vendrán después.

Cuarta. Discuta con sus amigos lo que lleva escrito. Sus ocurrencias, sus obsesiones, los enunciados y  los esbozos. Ideas sueltas, vaya. No les lea lo redactado. Reformule la expresión oralmente. Espere a ver cuál es la reacción de las amistades. Si les parece absurdo, es probable que tenga interés. Si lo juzgan nuevo, increíble, rompedor, es posible que sólo sea una estupidez.

Quinta. Documéntese sobre las cosas que le interesan. No sea haragán, no se conforme con las repeticiones. ¿Va usted a reiterar lo ya sabido, lo ya dicho, lo ya pronunciado? Sea audaz. No es preciso informarse de todo lo que se ha escrito sobre ese asunto. Observe y lea con intuición, admitiendo que no podrá agotar todo lo sabido o lo dicho o lo pronunciado. Entre la erudición demente y el tópico perezoso hay un saber informado y  limitado.

Sexta. Escriba para gentes desinteresadas. Ya se va a sentar a poner en orden todo lo recopilado, todo lo que le ha ocurrido o se le ha ocurrido. No redacte pensando en personas a quienes ya tiene ganadas. Escriba para gentes que carecen de todo interés: usted mismo antes de que el tema le arrebatara. Deberá persuadir al desmotivado, al ignorante y al documentado. De entrada, nadie está a favor suyo.

Séptima. Escriba para gentes extrañas. Redacte sin dar nada por supuesto, sin aceptar la evidencia de lo que dice. Quien le lea es probable que no tenga las referencias que usted ha reunido; es posible que no tenga los conocimientos básicos que usted da por descontado. No escriba para adeptos o convencidos, sino para salvajes o nativos de otras tribus.

Octava. Esmérese con las formas. No hay forma y contenido. Hay el contenido de la forma: no aspire a la bella prosa, sino a la comunicación eficaz. ¿Eso qué significa? Que estamos rodeados de rutinas expresivas, de topicazos verbales, de frases hechas, de ideas arruinadas y aceptadas. Sorprenda a su interlocutor. Porque así ha de tomar a su destinatario: como alguien con quien dialoga en términos refinados. ¿Y por qué refinados? Porque lo basto es impreciso, romo, insuficiente, escaso. ¿Es ése su retrato?

Novena. Escriba un primer esbozo o borrador sin libros, sin artículos, sin red. Usted se ha documentado abundantemente; ha analizado con detalle; ha anotado pensamientos y ha registrado observaciones. Un resto importante de todo ese material está en su cabeza. Con esos materiales recordados ya puede escribir. No se ciña a la literalidad de los textos que ha reunido: así evitará el bloqueo. Después ya mejorará y corregirá.

Décima. Escriba como si hubiera un toro a punto de empitonarlo. En esta fase no se consienta tranquilidad alguna; no se permita la pereza de quien mañana lo puede hacer mejor. Presuntamente. No está nada claro que usted lo pueda hacer mejor. El miedo a la página en blanco es, muchas veces, una falsa impresión de omnipotencia.

Undécima. Pásele a un amigo o conocido lo escrito, aún en esbozo. No busque su aprobación, el mero asentimiento, sino el escrutinio  severo. El escrutinio amistoso y leal. Quien lea su escrito le recomendará cambiar esto lo otro; detectará ambigüedades; advertirá erratas o confusiones. Quien le lea amistosamente no le envidiará: se sentirá honrado con su deferencia. Y usted con su cortesía.

Duodécima. Lea libros y artículos que nada tengan que ver con sus intereses más inmediatos. Mientras espera el juicio de sus amistades, mientras aguarda la última versión, contraste lo que ha escrito con la literatura más alejada, con los asuntos más distantes. Daremos por supuesto que usted ya conoce la bibliografía específica del tema. En ese caso, aventúrese con los textos menos afines. Tal vez encuentre en alguna página una de esas ideas que no esperaba, una negligencia valiosa o una epifanía definitiva.

Decimotercera. Piense dejándose iluminar libremente: con las sugestiones verbales y con los parecidos reales. Lo que se parece y es distinto nos activa y estimula, nos exige clarividencia para atisbar lo común, las homofonías, las sinonimias y las casualidades; y nos obliga a separar aquello que creemos un calco, lo idéntico y lo sucesivo. Las cosas no son mero remedo, pero el mundo está lleno de reproducciones sin remedio.

Decimocuarta. Haga esquemas y anotaciones; inscriba leyendas en los márgenes de sus libros. El volumen que maneja es, ahora, su interlocutor. Con él establece una discusión beligerante o amistosa. Por eso, en dicho hueco, en el margen blanco, ha de quedar su huella personal, su escritura sincopada, potencial, locutiva. Sin miedo: lastime los libros, hágales incisiones, déjelos inservibles para una relectura. Las inscripciones son los párrafos que añadirá a ese texto final que aún están leyendo sus amistades. Son sus esquemas o un balbuceo, el registro de sus ruidos cerebrales.

Decimoquinta. Incluya en su texto quince palabras inevitables. No tema. Elija esos vocablos sin los cuales su original ya no sería suyo ni el mismo. Por ejemplo: defenestración, sajar, círculo, lenitivo, ventosidad, vicario, sumidero, calamitoso, ancilar, ojete, divino, sublime, escupidera, haragán, seminal, desecho. No sé si son quince, pero en todo caso evite los fáciles neologismos. Puede consentirse algún terminacho como, por ejemplo, epistemología.

Decimosexta. Reclame a sus amistades la devolución del original que usted les pasó. Que no pretexten falta de tiempo o lectura exhaustiva. Simplemente, sus amigos pertenecen al gremio descrito en la instrucción sexta: son gentes desinteresadas, desmotivadas, ignorantes o documentadas a las que usted no ha sabido persuadir a primera vista. Recuérdelo: de entrada, nadie está a favor suyo.

Decimoséptima. Póngale título final a su texto, ni poético ni puramente descriptivo. Échele un vistazo a Google. Escriba entrecomillado ese título: si los registros del buscador superan las veinte mil entradas, es una frase hecha, un tópico o una lamentable coincidencia. En ese caso, descártelo o, al menos, modifique levemente su enunciado, justificándolo en la introducción.

Decimoctava. Vamos a ir acabando con un decálogo que no es tal. Si ya tiene que entregar su texto, admítase las erratas inevitables, las fórmulas mejorables, las ambigüedades prescindibles, las cacofonías insuperables. Admita que el secreto está en seguir leyendo, en adoptar rutinas verbales, practicando con series de tres y ciclos  de quince. Si no dispone de tiempo o está de mal humor, fíese de su instinto y lea los Consejos sobre el arte de escribir cuentos, de Roberto Bolaño (que descubrí en su libro Entre paréntesis y que ahora Alejandro Lillo me lo ha hecho recordar ).

Decimonovena. Regrese a Julio Cortázar o, mejor, a Edgar Allan Poe, que es también lo que Bolaño recomendaba. Poe, en efecto. ¿Que no quiere redactar cuentos, sino ensayos? No importa: las instrucciones valen igualmente. Mientras tanto, mejore su soltura escribiendo folletos publicitarios o reseñas de libros. Los folletos le servirán para comunicar con habilidad profesional: pensará que de su prosa eficaz y escueta depende la venta de un producto. ¿Y las reseñas de libros? Pues las reseñas le facultarán para destrozar un volumen en un par de folios, que es el sueño inconfesable de todo plumilla. Borges empezó redactando una nota dedicada al yogur y acabó escribiendo prólogos concisos.

Colofón. PapelesinesperadosIntente hacer las cosas a su aire, sabiendo que no hay reglas y que, de haberlas, no son aplicables a la poesía. Simplemente intente escribir con gracia y claridad. De lo contrario pronto nos resignaremos a la prosa oscura de los impresos o la sintaxis inverosímil de tantas traducciones. Aunque, ahora que lo digo, lo mejor para escribir bien es traducir una y otra vez. Cortázar tradujo a Poe y de su versión aún nos servimos. Inténtelo. Empiece con un rótulo callejero, con un folleto publicitario, con un manual de instrucciones o con un prospecto farmacéutico. O, si le resulta imposible, ábrase un blog.

2. Cortazariana

Cortázar 1.Siempre que llegan estas fechas me acuerdo de un relato de Julio Cortázar, un cuento que forma parte del volumen Todos los fuegos el fuego“. Leer más, aquí. Estas palabras proceden de un viejo artículo, publicado en El País hace cuatro años: una tribuna en la que  rindo homenaje a Julio Cortázar. ¿Cuál es la moraleja? Aparte de la prudencia, amigo conductor, el artículo trata del placer que significa escribir y de la felicidad que nos procura leer. Siempre estoy dándole vueltas a lo mismo. Con Cortázar me ocurre lo que con todo maestro: que releo con ganas y con deslumbramiento cada uno de sus aciertos; que me decepciona y le tolero cada una de sus páginas perezosas.

Cortázar 2. Reseña de Julio Cortázar, Papeles inesperados. Madrid, Alfaguara, 2009. En esta reseña, publicada en Ojos de Papel (julio de 2009) hablo, entre otras cosas, de la cubierta del volumen. Cuando trato este asunto, aparentemente menor, digo: “Según leemos en la página de créditos, el diseño de esa cubierta –obra de Raquel Cané y Pablo Rey— confirma la novedad editorial. Del extremo superior, del cielo en definitiva, parecen caer unos papeles mecanografiados, blancos, grises y amarillentos: unos papeles inesperados, ciertamente. ¿Y a quién le caen? En primer lugar, a la efigie que parece recibirlos, a esa persona que reposa cómodamente en lo que es un asiento de piedra. Es Julio Cortázar, ajeno a la edad y al tiempo, sin que los años lastimen su aspecto juvenil, su cabellera…” (Leer más, aquí) .

3. Otras reseñas. Francisco Fuster: Ahmed Rashid: Descenso al caos. EE.UU y el fracaso de la construcción nacional en Pakistán, Afganistán y Asia Central (Península, 2009), Ojos de Papel, 1 de julio de 2009.

45 comments

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  1. SaraB

    Pues a mi no me parece que Justo nos tome el pelo. No siempre estoy de acuerdo con él. Pero hoy sí. Gracias profesor.

  2. David P.Montesinos

    No sé si Justo nos toma el pelo mucho, pero debería hacerlo, es lo que nos merecemos. En cuanto a Cortazar, ya he decidido hace mucho no tomarme en serio a nadie que no me haga reír de vez en cuando.

  3. jserna

    Gracias por ese ánimo. Mi propósito no es tomar el pelo. Faltaría más: mi alopecia me impide bromear con la cabellera. Sí que me gusta bromear con la escritura. Igual que me gusta la literatura con guasa inteligente. Y Cortázar, en algunas páginas, la tiene. Vaya si la tiene.

  4. Marinero de los Mares del Destino

    Pues a mí me parecen unas recomendaciones sumamente interesantes, sobre todo para aquellos que, con más pena que gloria, intentamos ESCRIBIR con cierta decencia. Desde luego, pienso tomar nota de estas instrucciones para ESCRIBIR, aunque ahora me gustaría, en un rápido ejercicio de introspección, comentar a bote pronto lo que me sugieren.

    La Primera (“Observe todo lo que sucede a su alrededor”) y la Tercera (“ESCRIBA inmediatamente”), están estrechamente relacionadas. No hay que demorarse en el ESCRIBIR, hay que hacerlo siempre y constantemente, si no uno pierde las ganas. Muchas ideas surgen en los lugares más insospechados, y lo hacen tras una misteriosa combinación de lo observado y lo experimentado, todo ello agitado (no removido) en la coctelera de nuestro inconsciente. Por eso uno siempre, como apunta Serna, debe llevar algo donde realizar sus anotaciones, aunque más importante parece ser el disponer en todo momento de algo con y por lo que ESCRIBIR, que por el hecho de tener algún lugar (material) en el que hacerlo. Eso, más tarde o más temprano se encuentra.

    La Segunda (“Lea todo lo que tenga a mano”) también se relaciona con las anteriores (la observación del mundo y sus contornos), y resulta una recomendación muy útil para ESCRIBIR. Nos remite a aquella otra según la cual uno no podrá ser nunca un buen ESCRITOR sin ser antes un apasionado y gran lector.

    Tras leer esta segunda instrucción, paso a la Quinta (“Documéntese sobre las cosas que le interesan”), a la que podría seguirle la Novena (“ESCRIBA un primer esbozo o borrador sin libros, sin artículos, sin red”). Me gusta eso de ESCRIBIR sin red porque es verdad, aunque hacerlo requiere grandes dosis de valor. Sin embargo, la combinación de estas tres instrucciones, en mi experiencia, resultan turbadoras. Cuanto más leo, cuanto más conozco a distintos y excelentes autores, cuanto más me documento sobre aquellos temas que me interesan, más consciente soy de la dificultad de ESCRIBIR, del problema de la originalidad, y más dudas me asaltan sobre mi propia capacidad, sobre el significado y el sentido de la ESCRITURA. Como les digo, cuanto más conozco, cuanto más leo, más difícil me resulta ESCRIBIR, más me cuesta aplicar la instrucción Novena. Recuero lo que se dice en la Quinta (“Sea audaz”), y temo confundirla con la inconsciencia, con la seguridad del ignorante, con la sensación de satisfacción ante lo mediocre. Es lo que más temo.

    ¿Cómo se supera esa turbación? No sé. Por ahora, avanzo a trompicones.

    Confieso que sólo recurro a la Cuarta instrucción (“Discuta con sus amigos lo que lleva ESCRITO”) cuando estoy desesperado, bloqueado, cuando no encuentro salida a una idea, a una expresión, a un problema con la ESCRITURA. Antes que con mis amigos lo discuto, siempre, conmigo mismo. Generalmente en esa tarea me ayuda el paseo, o una actividad completamente ajena e incluso contraria (físicamente hablando) a la permanecer sentado en una mesa. Fundamental me resulta aplicar la distancia de la instrucción primera (“Mírelo de cerca y exprima su imaginación; luego, aléjese”) al proceso de ESCRITURA. Eso hay que hacerlo siempre, pero con más motivo cuando no te sale lo que quieres o cuando te asaltan las dudas. Para conseguirlo se necesita tiempo y paciencia, como en la VIDA misma. Y aquí vuelvo a citar a Serna: “Busco en ese capítulo por si hay instrucciones para ESCRIBIR o para VIVIR, que al final no son tareas tan contradictorias”. Dejar reposar un texto y retomarlo al cabo de un tiempo, significa releerlo con otros ojos, no sólo con la mirada de lector, sino con los ojos de otra persona, con los ojos del otro, pues tú ya no eres el mismo que ESCRIBIÓ ese texto.

    La Sexta (“Escriba para gentes desinteresadas” y la Séptima (“Escriba para gentes extrañas”) están claras, aunque yo trastocaría un poco la Décima (“ESCRIBA como si hubiera un toro a punto de empitonarlo”) y se la aplicaría también al lector: desde la primera palabra de la primera línea, quien lea tu trabajo debe sentir el aliento del toro en su nuca. Es más, de lo que se trata es que, conforme avance en la lectura, el toro lo empitone y lo voltee, le haga disfrutar y llorar, y que al final lo deje caer de golpe y se meta una buena hostia contra el suelo. La ESCRITURA es eso. Estén o no de acuerdo, es eso.

    La Octava (“Esmérese con las formas”) y la Undécima (“Pásele a un amigo o conocido lo ESCRITO, aún en esbozo”) me parecen fundamentales. Sobre la primera, siempre que me lío lo recuerdo. “Marinero, marinerito, ESCRIBE claro, sencillo, simple; ahí es donde está la belleza, y la belleza es precisión, armonía, sencillez en la forma”. La segunda también tiene que ver con la distancia y con la lógica (cuatro ojos ven mejor que dos, seis mejor que cuatro, etc., etc.). Compartir lo ESCRITO con el amigo, leal y fiel, pero severo, asumiendo las imperfecciones, los errores y los fallos, resulta esencial. Sin lugar a dudas.

    Dicho esto, quien busque en este comentario no las instrucciones para escribir, sino para vivir, limítese a releerlo sustituyendo la palabra “escribir” y sus derivados (resaltadas en mayúscula), por “vivir” y sus ídem de ídem (también en mayúscula) y viceversa. Así, sus dudas quedarán resueltas.

  5. Pumby de Villa Rabitos

    ¿Cortázar? ¿Calleja?… ¡¡¿Y Gramsci, cuándo?!!… Voy a convertirme en tu pesadilla, Serna… Me apareceré ante ti por las noches para susurrarte al oído, en tu ansioso insomnio… “Gramsci… Gramsci… Gramsci…”… Bueno, si sigues tocado igual me compadezco de ti y apalizo a Anaclet… pero, mientras decido hacia donde se decantará mi escuálida balanza moral, te lo recordaré, una vez más… “Gramsci… Gramsci… Gramsci…”

    Bueno y ya que estamos con Cortázar… Como en otras ocasiones, con otras viudas, el asunto de la edición de esos escritos falsamente inéditos – una parte de ellos ya han sido editados como artículos – más parece una estratagema editorial para sacar dinero del fetichismo literario que una necesidad para completar la memoria e imagen del autor. El indudable valor de algunas de las páginas ahora convertidas en libro no empaña el hecho de que no se descubre a ningún Cortázar nuevo, es el de siempre. Creo que hubiera valido la pena una edición sin tanta exageración publicitaria en sus cubiertas y hasta con un diseño más prudente, al menos que no cayera en el ridículo, como es el caso. Gracias, Serna, por facilitarnos la foto original que el editor tuvo a bien retocar hasta el esperpento en la tapa del libro.

    Personalmente, me parecen espléndidas las once instrucciones para el placer de escribir que nos propone el “post”. Incluso el hecho de que sean once, y no diez (ay, los decálogos…), ni doce, como los signos del zodiaco o los meses del año.

    Marinero… relájate y goza. Si conviertes la escritura en un castigo, en un sobresfuerzo, en un sufrimiento, sólo lograrás sufrir, cansarte y sentirte castigado. Has de sentirte recompensado por tu esfuerzo. Es cosa del “homo aeconomicus”… o de la lógica más pedestre: recogerás lo que cultives.

  6. Fuca

    A mí también me parecen interesantes las instrucciones para escribir que nos comenta nuestro amigo Justo Serna. A mí no me sirven porque nunca he escrito ni lo pienso hacer, pero podría muy bien sustituir la palabra escribir por vivir, como propone nuestro Marinero de los Mares del Destino, y de ahí podría sacar provecho. Oye, Pumby, ¿de dónde has sacado la idea de que nuestro Marinero convierte la escritura en un castigo, en un sufrimiento? No comparto tu opinión; ser exigente con uno mismo no es sinónimo de sufrimiento ni castigo (eso del castigo me recuerda a lo que las monjas me repetían continuamente, ¿no será, Pumby, que tu subconsciente te juega una mala pasada?).

  7. Pumby de Villa Rabitos

    Una de las primeras chirigotas que se recogen en textos cuando se comienza a admitir que los europeos, oficialmente cristianos, en realidad, son unos descreídos, es aquella que desafía al creyente a que indique en qué lugar del cuerpo se aloja el alma. Imposible responder. Lo mismo pasa con el subconsciente: no hay lugar del cerebro donde ubicarlo pues, como el alma cristiana, no existe como una realidad mesurable. Y lo que no se puede medir de alguna manera es más que dudoso que exista. En consecuencia, no me traicionó subconsciente alguno, porque lo que no existe no puede traicionar.

    A nuestro Marinero lo que le recomiendo es que no convierta escribir en sufrir. No afirmo con ello que para él escribir sea un sufrimiento. pero, sus dudas, las que expresa, me parece, opino, intuyo, supongo, creo, que indican un suave deslizamiento hacia una situación tan autoexigente que, en un momento dado, lo pueden bloquear. Creo que Serna da suficientes instrucciones para evitar lo uno – el padecer – sin por eso privarse de lo otro – el esforzarse – como para que el que marina en los Mares del Destino preste tanta atención a lo pavoroso de escribir, y tan poca a su gozo, a la felicidad de escribir. Básicamente, lo que hago, es sacarme a Nietzsche de la chistera para recordarle que cuanto más mire al abismo, más lo mirará el abismo a él.

  8. jserna

    Luego comentaré lo que el Marinero nos dice y loq ue Fuca apunta. Lo que Pumby señala…: oiga, gatito, muy amable, pero lo de la cubierta del libro de Cortázar sale en mi reseña –aún inédita– en Ojos de Papel. Usted sabe de qué va; el resto, no. Quiero decir que en este post AÚN no ha aparecido enlace alguno a mi reseña…

  9. Marisa Bou

    ¡Esto no es posible! Señor Serna y la compañía: tómense un poco de aliento, por favor. Que una tiene ya asma hasta en las entendederas, y cuando se descuida un poco (o dos días) en la lectura del blog, resulta que el post ha cambiado, que Justo se ha superado a sí mismo con el tema elegido y que ustedes ya han expresado -aunque mucho mejor de lo que yo lo hubiera hecho- sus opiniones al respecto.

    ¿Qué puedo añadir yo ahora? ¿Que estoy de acuerdo con las 11 instrucciones para escribir? Eso es vidente. ¿Que mi pereza es una mala influencia para mí misma y para los demás? Deleznable, peo cierto.
    ¿Que paso más tiempo atascada en mis eternas dudas que escribiendo con esa deliciosa fluidez que sugiere Pumby? Eso, por más que sea cierto, suena a escusa pobre. Sí, gatito, me gusta disfrutar con lo que hago, por eso escribo poco.

    ¡Ay, marinerito! ¡Cómo me gustaría que la buena escritura se vendiera, como el buen marisco, a la vera de las barcas de pesca! Pero eso es un don de la naturaleza, que no se puede tasar ni justipreciar. Se tiene, o no se tiene. En tu caso, sí se tiene, vaya que sí.

  10. Alejandro Lillo

    Yo también veo un punto de angustia en lo que apunta el Marinero de los Mares del Destino (por cierto, vaya nombre más largo), aunque creo que no en el sentido que apunta Pumby de la escritura como castigo, sino más bien en la escritura como liberación. Aunque tal vez el punto exacto se sitúe entre Pumby y Fuca. No sé. Quizá el Marinero pueda explicárnoslo.

    Lo que apunta Marisa resulta muy interesante aunque personalmente creo que la buena escritura no la da el talento, sino el trabajo. El talento, lo que marca, es la diferencia entre un gran escritor y un maestro.

  11. Fuca

    ¡Menos mal que Justo Serna nos aclara lo de la foto de la cubierta del libro a la que alude Pumby! Claro, yo no veía la foto por ninguna parte y pensaba que nuestro gatiño había enloquecido. ¡Menudo problema! Al no creer en el subconsciente, iba a ser difícil ayudarlo (aquí tendría que ir una sonrisita).

    Coincido con nuestro amigo Alejandro en que la buena escritura (entendiendo por ello la escritura correcta desde el punto de vista formal) no la da el talento sino el trabajo. El talento marca la diferencia entre un escritor correcto (no un gran escritor) y un maestro (un gran escritor); aquí discrepo con Alejandro, ¿qué diferencia existe entre un gran escritor y un maestro?

  12. Alejandro Lillo

    Discrepo de la discrepancia. La escritura correcta desde el punto de vista formal no tiene por qué ser buena escritura. Lo que sí acepto es cambiar “gran escritor” por “buen escritor”.

  13. Marisa Bou

    Estoy de acuerdo con la discrepancia de Lillo con la discrepancia de Fuca… mmm… creo… Quiero decir, que se puede escribir con gran corrección sin ser un “gran” escritor. De hecho, muchos de los grandes han llegado a convertir en figuras literarias de éxito sus propias -y a veces estudiadas- incorrecciones.

    El problema viene más bien por la parte de la comunicación: hay quienes nos descubren mundos nuevos con palabras sencillas, del mismo modo que otros, grandilocuentes en exceso, no nos dicen nada nuevo, o nada atractivo.

    Y lo peor de todo, moverse entre dos aguas: pretender descubrir el tesoro escondido sin haber ofrecido pistas ni siquiera de qué contiene el cofre. Es lo que nos pasa a los que carecemos de la fantasía suficiente para reunir un tesoro medianamente interesante, ni constancia para ir describiendo las etapas del camino antes de llegar al final.

    De ahí mi admiración por Justo (y por alguno más de por aquí), que consiguen interesarnos en nla búsqueda, aunque el tesoro resulte archiconocido. Si escribir bien tiene su mérito, explicar con maestría la escritura de los maestros, para qué contarles lo genial que me parece.

  14. Arnau Gómez

    Lo que he leído de este post y comentarios me parecen muy, pero que muy interesantes. He llegao a la conclusión que casi ninguna de las instrucciones para escribir puedo cumplirlas. Por lo tanto ha decidido desistir de escribir nada, ni una carta de reclamaciones al banco, que pretender cobrarme los gastos de mantenimiento de mis exiguos ahorrillos.Y es que no sabía yo que los ahorros necesitan comer, beber, cuidarse, limpiarse. Cuando he ido a un banco, jamás he visto ningún ser vivo en los cajones. A lo sumo, billetes y papeles. En la caja fuerte, lugar inaccesible, no creo que haya más seres vivos que las cucarachas. No comprendo que ni billetes de banco, ni documentos notariales de hipotecas y préstamos coman, ni beban nada.
    En fin. No estoy seguro que el verano pueda conmigo, pero sí que me va a ser este año mucho más difícil de sobrellevar que en mis tiempos más juveniles.
    ¡Hasta siempre!

  15. Pumby de Villa Rabitos

    Perdón, perdón, perdón… pero creí que la foto del inicio era un sutil llamado a la portada que está en toooodas las librerías españolas… al menos por unos días (no vamos a entrar aquí en la política de las editoriales españolas en relación a los comercios donde se distribuyen sus productos, que eso ya es para enervarse)

    Escritura como castigo, como placer, como liberación… no veo las incompatibilidades. En determinado momento puede ser una cosa u otra. El peligro lo indico cuando nos encabezonamos en los fallos, los errores, las inseguridades, los miedos… son unas amenazas que convierten el escribir en un círculo retroalimentarlo por el cual cuando más nos empeñamos en un perfeccionismo timorato, más miedo generamos en la escritura, lo que provoca nuevos temores sobre lo correcto de lo escrito y el círculo vuelve a comenzar. Y seguirá alimentándose a si mismo hasta el papel en blanco – el temido papel en blanco del escritor – o hasta la exasperación y el abandono. Lo que digo es que NO hay que caer en eso, que hay que buscarle, siempre, el lado placentero al hecho de escribir, esforzarse en lo positivo, no en lo negativo (¡parezco Van Gaal!)

    Y, de pronto, Fuca y Alejandro, presuntamente conchabados, comienzan a filtrar el asunto del “buen escritor”, de la “buena novela” y de la “seducción para el lector”… Marisa – que también debe estar en el contubernio – encima, introduce el concepto mágico: “comunicar”. Escribir… comunicar… seducir…

    Arnau, ¿qué dices, hombre?… ¿qué es ese “hasta siempre”?…

  16. jserna

    Hombre, Arnau, su descripción de los ahorros y de la banca, de los cajones y de la caja fuerte, es de inspiración cortazariana. Espléndida. ¿Que los ahorros no necesitan comer, beber, cuidarse, limpiarse? Este motivo, en manos de Cortázar, acaba en cuento fantástico: o neofantástico, que es la corriente en la que incluyeron sus relatos, con la vecindad de Italo Calvino.

    Ps.: como dice Pumby, ¿qué es eso de Hasta siempre, Arnau?

  17. Fuca

    Me parece, Alejandro, que estamos de acuerdo; escribes: “la escritura correcta desde el punto de vista formal no tiene por qué ser buena escritura”; acepto cambiar “buena escritura” por “escritura buena”. Y si cambiamos “gran escritor” por “buen escritor”, retiro mi discrepancia.

    Coincido con Justo en su comentario sobre Cortázar, un gran escritor, un maestro; yo también lo releo con ganas y sigo disfrutando con muchos de sus textos. Y también estoy de acuerdo con Marisa; se puede escribir con gran corrección y no ser un gran escritor (fue lo que intenté decir en mi comentario anterior); Cortázar escribe con alguna que otra incorrección y, sin embargo, considero que es un gran escritor.

    Y sobre lo que plantea Pumby: escribir, comunicar, seducir, vender…, podríamos hacer una tesis doctoral.

  18. Fuca

    Me gusta tu reseña sobre los “Papeles inesperados” de Cortázar. Estuve a punto de comprar esta obra pero, al final, no lo hice, pensé que no aportaría casi nada a lo ya publicado. Tu reseña, Justo, confirma mi sospecha. Gracias por ahorrarme tiempo y dinero.

  19. Ana Serrano

    Acabo de llegar de un lugar donde no tengo ordenador, ni conexión y corro para decirle a Justo algo que ya no viene a cuento ¡¡Felicidades!! por ese medio siglo, por encontrarse en el centro de su vida y con todas sus neuronas rozagantes.

    Sólo puedo opinar sobre esas instrucciones de Cortázar, a la carrera, como siempre, que debía tener unos amigos maravillosos. No conozco a ningún escritor que tenga amigos que se “dejen” acribillar de textos. Los que sí nos dejamos (¿a que sí, Fuca?) llegaremos a no poder hacer otra cosa. Tengo hasta cinco versiones diferentes de una novela voluminosa de un amigo y las he leído todas; de libros de poemas, de guiones… y añadamos partituras, pero sé que no es nada frecuente. Cada vez tenemos todos menos tiempo y queda tanto por leer… Hay varios puntos en que Cortázar se apoya en el criterio de sus amigos y eso es muy difícil de encontrar: amigos dispuestos a leerte y con criterio del que poder fiarse :-)

    Yo no sé si escribir es sufrir, gozar, comunicarse o qué, supongo que depende de qué, cuándo y cómo; a mí me parece que es una necesidad como respirar.

    No sé cuándo podré volver a pasarme por aquí, así es que abrazos para todos.

  20. Ana Serrano

    Debo decir, por lo que la conozco, que Aurora Bernardez, a la que llaman viuda de Cortázar, es una persona con un criterio firme, claro, inteligente (Cortázar le consultaba su opinión hasta para las nuevas parejas que se fueron sucediendo tras separarse de ella. No creo que obre jamás por dinero (que, por otra parte no necesita en absoluto). Se puede estar de acuerdo o no con ella en su cesiones de derechos, en editar inéditos (o no tanto) etc. o discrepar, pero puedo asegurarles que dedica su larguísima vida a la mayor gloria de Cortázar y es lo único que la mueve en todo lo que hace.

    Por cierto, para los que pudan acercarse, les invito a conocer a “otra viuda” un ser, una violinista maravillosa.

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=2664&page=4#20557

  21. jserna

    Ana, gracias por las felicitaciones. Es muy cariñosa al pensar que el autor de las instrucciones es Cortázar. No: son mías. Un honor que las piense obra del escritor. Mañana continuaré con las instrucciones. No son diez, en efecto; ni doce. Son… Ya verán. Habrá que darles un giro irónico para acercarlas más al estilo del maestro argentino.

    Fuca, yo no he dicho que uno pueda ahorrarse la compra de este volumen. Yo digo simplemente que Papeles inesperados no me hace olvidar las mejores páginas que Cortázar efectivamente editó en forma de libro. Qué le vamos a hacer.

  22. Pumby de Villa Rabitos

    Viudas, hay tantas como personas. Puro Perogrullo: las viudas, son personas. Es meramente un estado civil. Las habrá deliciosas y también auténticas harpías. Como toda hija de vecina. Ignoro en qué punto se encuentra la primera ex de Cortazar (y la verdad, me importa un rábano) pero, bueno, como confío plenamente en ti, Ana, acompañaré su figura con tu calificativo, que para eso la conoces y sabes lo que dices.

    Yo, lo único que señalaba es que, cuando un autor muere y los derechos de autoría son heredados por quien fuere – en gran medida por sus esposas – asistimos a un proceso que, sin ser de obligado cumplimiento, tampoco lo podemos calificar como inverosímil. Tras unos años de sepulcral silencio tras la muerte del autor, se conforma un trío singular. La/los protagonista/s, que ha/n conservado la obra inédita del fallecido en algún polvoriento rincón; esto lo llevamos observando desde Alejandro Dumas o Julio Verne hasta nuestros días. Un inesperado experto (un crítico, un estudiante, un periodista, un agente literario…) que decide investigar en casa de la/los anteriores para exhumar alguna rareza, pieza desconocida o manuscrito del finado. Y una oportuna editorial que, en un rasgo meritorísimo de generosidad cultural, pone en el mercado, a un precio desproporcionado, una obra que raramente aporta nada nuevo o interesante del muerto, producto de las pesquisas del anterior, para que todo fetichista del autor de marras, pueda completar su colección, reunir lo que le falta o rellenar ese incómodo hueco de su estantería del saloncito. Ello suele coincidir con la reedición de su obra, conferencias del susodicho experto y toda la parafernalia vinculada a la promoción del autor (la cuarta P del marketing-mix) más que de “esa” postrera obra que ni él mismo había pensado publicar de esa manera.

    En el caso concreto que nos ocupa… ¿es aplicable a Aurora Bernárdez? No lo sé, lo ignoro. Induzco por tus palabras que no. Que, como albacea de Cortázar, con tan íntima relación intelectual con él, habrase dedicado a lo largo de los últimos años a compilar, ordenar, clasificar, incluso me atrevo a imaginarla preparando alguna edición crítica de las obras de su fenecido ex esposo (¿o pongo ex divorciado?); ningún baúl olvidado, pues. ¿Qué pinta en todo esto, entonces, Carles Álvarez? Tal vez proporcionó su joven ímpetu a la empresa, tal vez hizo algún vaciado de revistas, o revisó alguna biblioteca especializada, o tal vez realizó todo el trabajo, ¿importa? En todo caso, sabemos que Bernárdez, en un acto de generosidad que la honra o de prudencia que la distingue, prefirió dejarle todo el protagonismo al tal inesperado Álvarez, el experto, que no solo coprotagoniza la responsabilidad de la edición si no que firma el prólogo. En cualquier caso, la figura que señalo con desdén es la de la editorial, la que monta el negocio. Básicamente, por el descaro de la presentación de la obra: sus cubiertas están rellenas de inexactitudes (que es un forma fina de decir mentiras) cuando no de memeces (y de ahí el asunto de la foto que tan sagazmente sacó Serna y que yo creí que ya había visto todo el mundo en su librería de guardia).

    Por otra parte, ¿y si Bernárdez lo hubiera hecho por dinero, qué? Si Cortázar le dejó a ella sus derechos fue, precisamente, para que custodiase intelectualmente su obra y le sacase el provecho económico vinculado ¿Dónde está el problema? Cortázar era un profesional de la escritura, no un ángel que vivía de la ingesta de nubes y del rocío matutino. Escribir era su trabajo. Por él pagaba a Hacienda y de él recibía una soldada. Su viuda, más cuando contaba con todos los plácemes del finado, aun después de divorciados y de varias otras parejas, fuera opulentamente rica o una pobre muerta de hambre, tiene todo el derecho del mundo a lucrarse con la obra de su ex esposo, seguro cómplice intelectual y más que probable amigo del alma.

    Lo cual trae otra perspectiva a lo que va alumbrado entre las intervenciones: escribir para comer; únase a las otras funciones apuntadas en lo que, sin duda es un acto comunicativo, fallido o explícito, íntimo o público, pero siempre, comunicativo.

    Felicitaba a Serna por las once primeras instrucciones para escribir. He de sumarle ahora un nuevo aplauso a las ocho siguientes que logran diecinueve – que no veinte – pero, sobre todo, al colofón, donde se encierra lo más sensato: “Intente hacer las cosas a su aire, sabiendo que no hay reglas y que, de haberlas, no son aplicables a la poesía” (sic). Pues eso.

  23. Ana Serrano

    Pese a las prisas, aquí estoy de nuevo. Es querencia que tengo de ustedes.

    Te doy toda la razón en lo que escribes, Pumby, como casi siempre, aunque no lo diga aquí. Informo de lo que se y lo que me consta es que Aurora Bernárdez prefiere delegar en otros, como ha hecho en esta ocasión, porque tiene 90 años y, aunque está divinamente y dice cosas tan divertidas como que se hace la viejecita (en estaciones, tiendas, etc.) para que la ayuden, como si no lo fura, como si no se diera exacta cuenta de su edad. Sabe que afrontar la promoción de un libro es demasiado para ella y sólo asiste o hace lo que le apetece mucho, lo que le da la gana, en fin, con un criterio estupendo, en mi humilde opinión.

    Lo de las viudas es… unos amigos míos, cuando hablan de ellas, en general, dicen algo que me hace reír: “Trabaja de viuda”. Mis editores tienen entre sus amigas un bloque singular: la de Onetti, la de Cortázar y la de Borges, un mundo cada una, como debe de ser. A mí la que me encanta es la de Onetti, que monta en bicicleta, a los 87 años y se niega a firmar las cosas que le piden porque ella “no es nadie” y llevó como algo natural, el tener al marido en la cama, sin padecer ninguna enfermedad. Dolly es próxima, tierna, encantadora y un pozo de anécdotas y ciencia con la mayor sencillez y modestia del mundo.

    Justo, no es que sea cariñosa (aunque el cariño que le tengo es algo incuestionable) es el leer aprisa, sin cuidad, con agobios. Confundí su prosa con la de Cortázar con asombro, no porque no le crea capaz de escribir de ese modo, es que creo conocer la obra del difunto en su totalidad y esas instrucciones no me sonaban de nada ¡claro! :-) Y pensé que serían del libro que comentan. Un desastre, es lo que soy.

  24. Marinero de los Mares del Destino

    Navego en busca de Tanelorn, ese es mi destino. Las noches en las que la luna desaparece, cubierta por jirones de niebla, escribo en mi camarote canciones de guerra, de amor y de pena. En este barco, barroco y silencioso que no cruje, de color oscuro y sin portillas para los remeros, vagando por mares ignotos y olvidados, poco más puede hacerse salvo cantar a la muerte, a la amada perdida y a la soledad. Bueno, eso y conectarse a internet, claro. No contestaré a ninguna provocación, que bastante tengo con lo que tengo, como podrán comprobar a continuación.

    Veamos. Yo también felicito al señor Serna por su magnífico decálogo. Sus nuevas instrucciones, más divertidas, me parecen igual de acertadas que las anteriores y debo confesarles que yo mismo he puesto en práctica alguna de ellas, pensarán que son de guasa, pero créanme que en este barco suceden cosas muy extrañas.

    (12) Decir que siempre llevo conmigo los “Haikus” de Jiménez Losantos, motivo de inspiración imperecedera para mí espíritu y, estoy convencido de ello, el de mis descendientes. Cuando, saturado por tanta sabidurida, acudo a algo más prosaico, elijo al azar uno de los quince volúmenes que componen los artículos completos de Sánchez-Dragó. Entonces me doy cuenta de la verdad que encierra la instrucción número 13 (“el mundo está lleno de reproducciones sin remedio”) y puedo respirar tranquilo.

    (14) Me como los libros. No es metafórico, no, es el hambre. Mis incisivos hienden el pergamino buscando el jugo de la tinta. La lengua, luego, se me queda obscura, como las aguas de este mar callado, como el sargazo que rodea al barco en un abrazo mortal.

    (16) Cuando no escribo, persigo por la cubierta (vacía, amplia) y por el laberinto de la bodega, a un enano de risa fácil y sombrero de ala ancha. Hace ya un mes que le dejé unos versos en los que, inspirado por un extraño día sin noche, le cantaba a mi añorada Cymoril. Le pedí que los leyera y expresara su parecer, pero no ha abierto la boca desde entonces y, cuando coincidimos en la soledad del navío, desenvaino la Tormentosa y comienzo a perseguirlo sin dejar de aullar, la espada dando vueltas sobre mi cabeza, el pelo cano hondeando al viento y la risa del enano cascabeleando sin parar. Creo que me estoy volviendo loco.

    (17) El título que había pensado para mi poema es “Rojo como el amor”. Lo sé, lo sé. Es brillante. Siempre se me ha dado bien escribir los títulos. Ya verán el poema. En cuanto le absorba el alma al enano.

  25. Fuca

    Ya sé, Justo, que tú no decías que nos ahorráramos la compra de este volumen; lo que yo interpreté que decías es que no aportaban nada nuevo a lo ya publicado de Cortázar. De todas formas, no tengo ningún interés en leer estás páginas póstumas de un autor al que admiro y con el que disfruto leyendo lo que él publicó en vida. Es curioso, dices que regresemos a Allan Poe; es lo que yo hice en los últimos tiempos, leer sus “Cuentos completos” traducidos por Cortázar. Creo que algunos cuentos son buenísimos, son Literatura, a pesar de que a mí no me gustan los cuentos de terror ni de fantasmas; la traducción de Cortázar también me gusta, aunque yo corregiría algunas incorrecciones, sobre todo las referidas al uso incorrecto de algunas formas verbales (siempre usa el pretérito imperfecto de subjuntivo en lugar del pluscuamperfecto de indicativo).

    Sobre lo que dice Pumby, “escribir para comer”, a mí no me parece mal, pero yo no tengo interés en leer esas obras. Uno de los mejores narradores españoles del siglo XX, Torrente Ballester, escribió durante años (a partir de los 90) novelillas para alimentar a su numerosa prole; él siempre lo confesó y a mí me parece lícito, pero esos libros no aportan nada a la Literatura.

  26. Alejandro Lillo

    Leyendo la interesante reseña de Paco Fuster, solamente me asalta una duda. Allí hay una frase con la que no estoy de acuerdo. Tal vez, señor Fuster, podríamos hablar de sobre ella. La cita es la siguiente: “me parece desafortunado decir que a los neoconservadores les vino bien el 11/S para llevar a cabo su plan” (entendiéndose por éste la invasión de Afganistán e Irak). La relación entre el 11S y la política exterior llevada a cabo por la administración Bush me parece clara. Fue la excusa perfecta. ¿Tal vez piensa usted, señor Fuster, que fue la causa, que no estaban deseando intervenir en Oriente Medio y Asia Menor, y que si lo hicieron fue obligados por los ataques del 11S?

  27. Pumby de Villa Rabitos

    Pero, bueno, Fuca, ¿qué mal hay en que alguien se gane el dinero escribiendo? ¿por qué no aportan nada a la literatura las obras hechas por pura subsistencia? de hecho ¿qué tiene que aportar una obra a la literatura para que sea considerable? y, viendo el tiempo pasado desde “Odisea” ¿queda algo, pues, por aportar? o “nihil novum sub sole”

    Marinero de los Mares del Destino… veo que tu padre, Michael Moorcock, te atormenta con ensueños… Tanelorn sólo está al alcance del Campeón Eterno; el resto, vosotros, esclavos de vuestro multiverso, creéis vivir en la Tierra Verdadera. Y no. Únicamente Ámbar es el mundo real, el resto, Sombras.

  28. Paco Fuster

    Aún recuerdo mi “descrubimiento” de Julio Cortázar. Yo le conocía de oídas, pero fue un camarero compañero de trabajo (un camarero muy culto) quien insistió en que leyera a Cortázar. Yo solía discutir con él (hablamos de cuando yo tenía 16 años) porque yo le decía que Galdós era una maravilla (unos cuentos fantásticos que tiene Galdós) y el me decía que no, que era mejor Quim Monzó. Así andábamos todo el día. Cuando los camareros paraban a comer, todos hablaban de las motos y de fútbol y mi amigo Francesc y yo con Galdós y companía.

    A partir de su recomendación fue cuando me compré “Todos los fuegos el fuego”. Luego me compré (como he dicho aquí alguna vez) todos los cuntos de Cortázar en cuatro volúmenes de bolsillo publicados por Alianza. Este verano -como cada verano- releeré alguno. Recuerdo perfectamente los cuentos de “Todos los fuegos…” que me gustaron más: “Instrucciones para John Howell”, un cuento de reminiscencias kafkianas; “La señorita Cora” y sobre todo, “La autopista del sur”. Al recordárnoslo Justo, he recordado que en la célebre entrevista que le hicieron a Cortázar en TVE hay un momento en el que el propio Cortázar habla sobre ese cuento y sobre su historia. Después de tres cuartos de hora escuchando a Cortázar, he encontrado ese momento. Les pongo el enlace (espero que funcione). A partir del minuto 3:10 es cuando habla de ese cuento en concreto:

  29. Paco Fuster

    Perdona, Alejandro. Ahora he visto la pregunta que me hacías. Mi respuesta a tu pregunta es que ni una cosa ni la otra. Según mi modesta opinión, los atentados del 11/S no fueron ni la excusa ni la causa; fueron el detonante de un conflicto anitguo. En “La Tragedia Bush” (libro que reseñé en su día) se explica muy bien todo esto. El objetivo de invadir Irak y acabar con el gobierno de Sadam es muy anterior al gobierno de George W.Bush. De hecho, data de la época de su padre, de cuando éste no pudo hacerlo en el contexto de la Guerra del Golfo. Por esa parte, Bush hijo solo hizo que cumplir la venganza de su padre; Sadam siempre fue una obsesión para él y -de paso- sirvió para demostrarle a su padre que el había conseguido lo que Bush padre no había podido hacer. Luego esta el tema de la reacción a los atentados. Mi impresión, discutible pero mía, es que en el contexto de terror posterior al 11/S cualquier presidente – Obama incluido – habría invadid Afganistán. Seguramente las formas habrían sido distintas, pero el fondo y el objetivo hubiera sido el mismo. A toro pasado (de esto he discutido mucho con gente que sabe mucho sobre EEUU) es fácil pensar que la reacción de Bush fue desproporcionada y equivocada, pero la historia solo se entiende en su contexto.

    Incluso en el libro de Krugman (crítico acérrimo de Bush) que reseñé se explica que la reacción de Bush fue lo que le pedía la mayoría. Otra cosa es el tema de la Guerra de Irak (ahí habría mucho que hablar, si quieres un dia con calma), pero el tema de Afganistán lo discute poca gente. En ese sentido, Krugman cita un excelente libro (se puede leer la traducción), “La guerra es la fuerza que nos da sentido”, en el que el autor, Chris Hedges, explica que cuando Argentina estava inmersa en una profunda crisis, la amenaza británic sobre las Malvinas hizo que el país entero se declarara a favor de la Guerra, aún a sabiendas de que aquello era un derrota segura. Pero, claro, eso lo decimos ahora, en aquel contexto quien les decía a los argentinos que no defiendesen, aunque fuera con la guerra, algo que creían suyo.

    En fin, que lo que crítico de Rashid es la frase concreta en la que dice que para los neoconservadores el 11/S fue un “regalo del cielo”. Eso no se puede decir porque no es así. Al menos yo no lo veo así. Dudo mucho que a Bush le gustase que matarán a americanos inocentes y que lo viera como un “regalo del cielo”. Entiendo la idea de Rashid, pero se pasa tres pueblos en la expresión, por mucho que ahora quede bien y políticamente correcto decirlo. Es igual de absurdo y maniqueo que decir que los atentados del 11/M en Madrid le vinieron bien al PSOE para ganar las elecciones, como mantiene parte de la derech española. Es una barabaridad decir que te ha venido bien que maten a 200 personas, aunque hipotéticamente eso te haya beneficiado de alguna forma. Aunque los neoconservadores americanos no sean mis ídolos, intento ser justo y ecuánime. Siempre he dicho que las formas de Bush y la decisión de invadir Irak fue un error grave, pero también he dicho siempre que la invasión de Afganistán es lo que hubiera hecho cualquiera en ese contexto. La política exterior desde el sofá de casa (no lo digo por ti, Alejandro, hablo en general ahora) se hace muy fácil, pero cuando se está en el poder, hay que valorar veinte mil matices y ponerlo todo en la balanza.

    De todas formas, eso es de las pocas cosas que crítico del libro. Por lo demás, habrás visto que me parece un trabajo estupendo.

  30. Paco Fuster

    De nada, Justo. Todos los veranos dedico alguna tarde a ver íntegra esa entrevista de Cortázar (en Youtube está en varias partes, como la mayoría de “A Fondo”). Ésa y la de Cela las habré visto seis o siete veces…

    Acabo de leer la reseña y sí que me han entrado ganas de comprar el libro (lo de las aspirinas efervescentes me ha gustado), aunque imagine, como dices al final, que en la comparación con las piezas maestras de Cortázar la cosa decaiga.

    Últimamente se están publicando muchas antologías de relatos que se venden como inéditos, o que nunca se han traducido al castellano. Ayer precisamente me enteraba de un volumen que ansío: una colección de cuentos de Kafka que acaba de publicar la editorial Impedimenta. Antes pensaba que el verano era para leer novelas largas (por aquello de la continuidad en la lectura) y que los cuentos los podía ir intercalando o los podía leer aleatoriamente. Ahora me están entrando ganas de leer a Cortázar y eso me lleva a Monterroso, Roberto Arlt, Monzó, Calders, etc, etc.

  31. Ana Serrano

    Si me lo permite, PacoFuster, por si no las ha visto, le recomiendo que busque los dos “fondo” de Borges y,aunque ahora no está nada de moda, que lea los cuentos de Igacio Aldecoa.

  32. Roderick Guzman

    Bueno, yo no sé los demás, pero yo suscribo el extra decálogo y lo tomo como material de reflexión seria.

    Saludos.

  33. Paco Fuster

    Gracias, Ana. Hace un tiempo le di a Justo un dvd con varias entrevistas de “A Fondo” grabadas que tengo en mi PC: Cortázar, Borges, Cela, Rodoreda, Carpentier… En su día me bajé muchas de Internet. He citado las de Cela y Cortázar porque son mis preferidas, pero la de Borges también la he visto varias veces.

    Dé por hecho que buscaré los cuentos de Aldecoa.

    Y por cierto, Ana. El artículo que le envié sobre María Lejárraga no saldrá en “Claves” (me han degradado de mi categoría de peón de Prisa, ya ni eso). Yo espero que salga publicado antes de finales de año, pero no en “Claves”. Ya hablaremos…

  34. David P.Montesinos

    Respecto al intercambio de pareceres entre Paco y Alejandro, que leo con sumo interés, les recomiendo a ambos “El abuso del mal”, de Bernstein, en Kaz. Me parece de lo más sensato y clarificador que se ha escrito sobre la evolución última de la filosofía norteamericana de la intervención militar y la seguridad frente al terrorismo. Es brillante y minuciosa la descripción de los procesos políticos que han ido haciendo ganar posiciones desde Reagan hasta Bush a las lobbies ultraconservadores, y cómo han logrado apoderarse de la batalla del lenguaje en base a conceptos premodernos, casi bíblicos, en relación al bien y el mal, convertidos en términos absolutos. El libro es imprescindible, de verdad. Siento lo de Claves, Paco.

  35. jserna

    Qué curioso, qué coincidencias. Cita David P. Montesinos ‘El abuso del mal’ y me acuerdo de que tiempo atrás compartimos nuestro entusiasmo por dicho libro. En mi artículo sobre José María Aznar en Claves (núm. 179) empezaba con esa referencia y su aplicación.

    http://www.elboomeran.com/upload/ficheros/noticias/claves179serna.pdf

    Por cierto, Paco, no se irrite con lo de Claves. Las revistas tienen el derecho de admisión. Esas cosas pasan. A todos nos han rechazado artículos (o nos han dejado de publicar textos que considerábamos importantes). Y el mundo sigue. No pasa nada. Como usted dabe, su artículo sobre Lejárraga va a ser publicado en una revista importante de pensamiento. No se lamente, hombre. A David P. Montesinos, esa misma revista está punto de publicarle un artículo sobre Bégout, que nos lo hizo descubrir a todos.

  36. Paco Fuster

    Tranquilos, no estoy para nada irritado. Si hubiera esperado más tiempo quizá lo habrían terminado publicando, pero ya paso. Si en “Pasajes” no lo hubieran querido, ya tenía pensado publicarlo -sin ver un euro- en Internet; al final la gente lo lee más si es así. Lo único que quería es que la gente sepa quién es esta mujer; es más un homenaje a los buenos ratos de lectura que Lejárraga me ha dado que otra cosa. No me lamento del cambio, de verdad. Lo de peón de Prisa era por seguir la broma del otro día cuando Muñoz Molina; para que la gente vea que las cosas no funcionan así. Lo de rechazar (o retrasar “sine die”) artículos es, efectivamente, el día a día. Siempre me gustó una cosa que me dijo una vez Jordi Palafox: en los currículums todos ponemos las becas y los premios que nos han concedido, los artículos que nos han publicado; nadie pone las becas que hemos pedido y no nos han dado o los artículos que nos han rechazado. Estoy de acuerdo con él.

    Estoy esperando el próximo número de “Pasajes” para leer el artículo de Montesinos y -si está en ese número- la reseña de “Héroes alfabéticos”.

  37. jserna

    0. El 1 de julio de 1909 nació Juan Carlos Onetti. Hace cien años, pues.
    Podemos pasar de Cortázar a Onetti:

    1. Fernando Valls en su blog: http://nalocos.blogspot.com/2009/07/mi-onetti.html

    2. Y esto otro, más antiguo:

    “La vida es absurda, escandalosamente corta y absurda; la vida nos limita y niega una tras otra las esperanzas que ideamos y con las que nos estimulamos. Las empresas más enérgicas y obstinadas en las que nos empeñamos están condenadas al fracaso: bien por la estupidez en la que incurrimos irreparablemente, bien por la fatalidad absurda que nos cercena. Hasta los trabajos más respetables, hasta las vidas más acomodadas, hasta las existencias menos temerarias, aquellas con las que claudicamos para mejor adaptarnos o integrarnos, son siempre una ruina previsible, el fin ocioso que a todos aguarda. Somos desecho y finitud y nuestra muerte carecerá de grandeza, de épica, rodeados de escombros oxidados, como los de ese astillero de Juan Carlos Onetti; carecerá de un esplendor que nosotros no alcanzaremos a ver”.
    http://www.uv.es/jserna/Otiumcumdignitate.htm

    3. Y esto: http://www.onetti.net/es/home

  38. David P.Montesinos

    Gracias por la referencia, Mr Serna, aunque antes de mí usted ya había efectuado una primera -y francamente bien encaminada- reseña en Ojos de papel sobre Bruce Bégout. Soy envidiosillo pero honesto.

  39. Alejandro Lillo

    Paco, en primer lugar agradecerte la entrevista a Cortázar. Escuchando a esta gente siempre se aprende algo. Dos cosas me han llamado la atención de la entrevista. Primero la actitud de Cortázar cuando el entrevistador habla. En ningún caso le mira a la cara, sino que desvía la vista hacia otros lugares. Curioso. La segunda tiene que ver con algo que dice casi al final: “Yo creo que no hay que utilizar lo que ya se ha conseguido, sino que yo creo que hay que buscar una cosa nueva, si no realmente no vale la pena ser un escritor si te pasas la vida escribiendo el mismo libro o con diferentes variantes. Porque no tiene chiste, no tiene gracia, ni para el lector ni para ti, en primer lugar”. Comparto la opinión expresada aquí por Cortázar, aunque está claro que actualmente es minoritaria.

    Pero sigo, Paco. Tu explicación sobre lo que te preguntaba me ha encantado. No puedo objetar nada ni a tu razonamiento ni a tu opinión. Afganistán e Irak son dos cosas distintas, es cierto. Recuerdo, además, que cuando se atacó a la primera, la comunidad internacional no dijo ni “mu”. En ese sentido tal vez tienes razón y cualquier otro presidente de los USA hubiera dado igualmente ese primer paso. Lo que está claro –y aceptando tu argumento de que a nadie le puede venir bien los atentados de Nueva York o Madrid- es que ante esos hechos consumados, la actitud y respuesta del gobierno Bush y del Gobierno Zapatero están en las antípodas. Dejando aparte la idiosincrasia de cada uno de estos países, a Bush le faltó tiempo para restringir un montón de derechos en aras de la seguridad, generando un miedo, un temor y una paranoia entre sus conciudadanos con el objetivo de utilizarlo para llevar a término unos planes que, como tan bien apuntas, vienen de lejos. De hecho, esta táctica neocon habría que estudiarla al menos a partir de la desaparición de la Unión Soviética. Y aún no ha pasado. Por lo demás, lo que le vino bien al PSOE no fueron los atentados de Madrid (evidentemente), sino la gestión que de todo ello hizo el Gobierno del PP con sus líneas de investigación etc. Nunca sabremos hasta que punto, no los atentados, sino la actitud manipuladora, zafia y rastrera del PP influyó en el resultado electoral. De todos modos, durante aquellos días se condensó lo que había sido el Partido Popular a lo largo de sus últimos cuatro años de mandato. Y sí, se nota que el libro te ha gustado, así que dejo pendiente una buena conversación –con cervecita incluida- para apernder más cosas sobre todo este asunto.

    Tomo nota, David, de ese libro que recomiendas y que también leo en el artículo de Serna sobre Aznar. Lo pediré en la librería. Entre todos me han puesto los dientes largos con el artículo de Begóut, ¡que ganas tengo de leerlo! Su “Lugar común” lo considero indispensable. Y todo gracias al señor Montesinos.

    Fuca, yo creo que sí, que coincidimos. Al igual que con Marisa.

    ¡Ah! Y los cuentos de Monzó son una maravilla. Que conste.

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