0. La Eneida, Publio Virgilio Marón. «Venus contestó: «…Era Dido esposa de Siqueo, el más rico señor de tierras entre los Fenicios, y a quien profesaba la infeliz grande amor; virgen se la había dado su padre al unirla con él bajo felices auspicios; pero como reinase en Tiro su hermano Pigmalión, el más perverso de los hombres, suscitóse entre ellos un odio terrible, y el impío Pigmalión, ciego con el amor del oro, asesinó al desprevenido Siqueo delante de los altares, despreciando el dolor de su amante hermana. Por largo tiempo tuvo encubierto el crimen, e inventando mil pretextos, burló con vanas esperanzas a la triste esposa; mas vio ésta en sueños la imagen de su marido insepulto, el cual, levantando la faz, maravillosamente pálida, le descubrió su pecho, traspasado por el hierro al pie del ara, y le reveló todo el oculto crimen de su familia. Persuádela en seguida a acelerar la fuga y abandonar su patria, y para auxilio del viaje le descubre antiguos tesoros que tenía enterrados, en cantidad inmensa de plata y oro. Agitada con esto, Dido preparaba su fuga y reunía a los que habían de acompañarla, señalados entre los que más detestaban o temían al tirano; apodéranse de unas naves que por dicha estaban aparejadas, y las cargan de oro; las riquezas del avaro Pigmalión van por el mar, y una mujer capitanea la empresa. Llegaron los fugitivos a estos sitios, donde ahora ves las altas murallas y el alcázar, ya comenzado a levantar, de la nueva Cartago, y compraron una porción de terreno, tal que pudiera toda ella cercarse con la piel de un toro, de donde le vino el nombre de Birsa. Pero vosotros, decidme, ¿quiénes sois, de qué playa venís, adónde enderezáis el camino?» Él, suspirando y arrancando la voz de lo más hondo del pecho, respondió a estas preguntas:
«¡Oh, diosa!, si he de referiros nuestras desgracias desde su origen, y tenéis vagar para oír los anales de nuestros trabajos, antes de que concluya, véspero sepultará la luz del día en el cerrado cielo. Después de andar errantes por diversos mares, un capricho de la tempestad nos ha arrojado a las costas africanas desde la antigua Troya (si por dicha el nombre de Troya ha llegado a vuestros oídos). Yo soy el piadoso Eneas, cuya fama llega al cielo»… »
1. Dido. Reina de Cartago, de Isabel Barceló. Jueves 26 de noviembre, a las 19 horas, presentación de Dido. Reina de Cartago (ES Ediciones) de Isabel Barceló. Intervendrán: la autora y Justo Serna. Lugar: Ámbito Cultural, El Corte Inglés, Calle Colón, 27, Valencia.
2. Un acto multitudinario. La presentación estuvo muy concurrida. Quizá unas ciento setenta personas ocupaban los asientos de Ámbito Cultural. El acto quedó muy bien, organizado eficazmente por la responsable de dicho espacio: Concepción Prieto. Numerosos espectadores estaban expectantes ante una novela, Dido. Reina de Cartago, que ha nacido y crecido en la Red antes de pasar a otro soporte: el libro. Podríamos decir que la publicidad que ha recibido este volumen es viral, a través de Internet, sorteando todo tipo de obstáculos y saltando incluso océanos. Sé que en algunos países de América hay lectores potenciales de esta obra.
Allí, entre nosotros, había bloggers, internautas, lectores acérrimos, profesores de cultura clásica, docentes de Historia Antigua, algún catedrático de Griego galardonado con el premio nacional de traducción, público en general, y amigos de la autora. Sumábamos, ya digo, un respetable número.
3. Lo que dije y lo que no dije. ¿En calidad de qué estaba yo en el acto? Como amigo de la familia por supuesto me sentía muy cómodo. Pero a mí, además, se me invitaba expresamente para presentar el libro. Es una generosidad que aprecio en lo que vale: la autora ha confiado en mí a pesar de no ser yo especialista en Historia Antigua. Allí estaba yo, por tanto, y ello a pesar de que aún no he conseguido quitarme de encima los restos de un virus molestísimo que me ha tenido desarbolado durante los últimos días. Hoy ya estoy mejor y, por ello, puedo detallar parte de lo que allí dije.
Si soy profesor de Historia Contemporánea, ¿qué hago presentando una novela localizada en la Antigüedad? Quiero pensar que estoy en calidad de lector, como alguien que busca y encuentra un placer propiamente inmaterial en los libros, en las historias que otros le cuentan, en las novelas. Por tanto, he de olvidarme de mi competencia profesional para hablar de un volumen que nada tiene que ver con mis investigaciones. ¿Tiene que ver con mis lecturas habituales? Dido. Reina de Cartago es una novela y yo suelo leer muchas novelas. Luego…
4. Novela histórica. Pero ésta es una novela histórica. El género –en realidad, el subgénero– de la novela histórica no es precisamente un sector editorial que me entusiasme. ¿Por qué razón? Cuando se difunde con el Romanticismo, que es su época espléndorosa, la novela histórica es sobre todo idealización del pasado, especialmente del pasado medieval. Nacen los Estados-nación en el Ochocientos y el revival gótico lleva a trazar nexos de continuidad entre lo que somos y lo que cxreíamos ser, entre lo que eran los contemporáeos del siglo XIX y lo que habían sido sus antecesores del Medioevo. Los novelistas históricos del Romanticismo muy frecuentemente fantasean con la identidad, con las comunidades imaginadas a las que estaríamos atados, con el espejo de la historia. En ese caso, las ficciones sirven para reflejarnos en lo que queremos haber sido premonitoriamente. Las gestas de los héroes son el modelo en que inspirarse en un siglo pedestre, vulgar, nada épico. Como ustedes comprenderán, ese pasado imaginario y no siempre documentado, ese tiempo heroico, nada me dice y la lectura de muchas de esa obras sólo me produce hastío. La inverosimilitud es su resultado actual.
¿Y las novelas históricas que hoy se publican? Es un género de moda que suele llenar los anaqueles o los expositores de muchas librerías. También tengo prevención ante muchas de ellas. ¿Por qué? Porque numerosas obras suelen estar concebidas como mero entretenimiento, frecuentemente escapista: como un artefacto con el que huir de un presente tan decepionante o tedioso como es el nuestro. Leo las primeras páginas de novelas históricas actuales y a los pocos minutos no es raro que abandone el volumen, confirmando que el género ha caído en el descuido. O por exceso de documentación o por exceso de fabulación. No es extraño que ciertos novelistas históricos sacrifiquen la ficción a la información, al puro dato, para así mostrarnos la calidad o la cantidad de sus conocimientos. Tampoco es raro que los autores se conformen con personajes de escasa complejidad psicológica en tramas sin descanso y sin desmayo, dado que esos protagonistas deben acometer numerosas empresas. En fin.
Hago públicos estos reproches –que son peros de historiador y de lector de novelas– y parezco un cenizo, ¿no es cierto? En realidad, estos cargos son antiguos y con otra prosa puedo reconocerlos en José Ortega y Gasset. En alguna de sus páginas, el ensayista se mostraba desdeñoso con el género, admitiendo «la enorme dificultad –tal vez imposibilidad– aneja a la llamada ‘novela histórica’…» Y añadía: «La pretensión de que el cosmos imaginado posea a la vez autenticidad histórica, mantiene en aquélla una permanente colisión entre dos horizontes. Y como cada horizonte exige una acomodación distinta de nuestro aparato visual, tenemos que cambiar constantemente de actitud; no se deja al lector soñar tranquilo la novela, ni pensar rigorosamente la historia. En cada página vacila, no sabiendo si proyectar el hecho y la figura sobre el horizonte imaginario o sobre el histórico, con lo cual todo adquiere un aire de falsedad y convención. El intento de hacer compenetrarse ambos mundos produce sólo la mutua negación de uno y otro; el autor –nos parece– falsifica la historia aproximándola demasiado, y desvirtúa la novela, alejándola con exceso de nosotros hacia el plano abstracto de la verdad histórica».
5. Novela culta. Como vemos, el reproche de Ortega es serio, muy serio. ¿Por qué lo plantea? Porque prefiere que la novela lo saque de la realidad o porque desea que la historia le acerque al documento. En cambio, el híbrido –novela histórica– le parece prácticamente imposible.Pues bien, de manera realmente admirable, el libro que presento sortea esos cargos que Ortega opone y las prevenciones que yo he expresado. Dido. Reina de Cartago es una documentada novela histórica, cierto; pero es también una narración cuidadosamente escrita con personajes hondos y creíbles; un relato entretenido con los mejores recursos de la ficción, con el arte de la diversión y con la exigencia del pensamiento. ¿Y cómo lo consigue? Los recursos son numerosos, una variedad que ahora no puedo detallar.
Dido parte de un referente cultural clásico en el que se inspira, La Eneida, de Virgilio: parte de ese poema épico para reescribir la historia de Dido, la reina fenicia que tuvo que salir de Tiro para fundar una nueva ciudad, en este caso Cartago. En el pasaje de La Eneida que arriba reproducía está en síntesis el arranque de lo que será la obra de Isabel Barceló. Cito la traducción del volumen de Austral que me regaló mi padre muchos años atrás. Ahora, Isabel Barceló reescribe ese mito bajo la forma de la novela, una historia que ya no se presenta con la versión troyana, sino con el testimonio de los fenicios. Una novela es un relato de una cierta extensión, un relato en parte o en todo inventado, una estructura verbal en prosa. Dido. Reina de Cartago es una obra de estas características y logra plenamente sus objetivos.
En primer lugar, nos hace suspender la incredulidad que como lectores le oponemos a todo relato ficticio. En segundo término, consigue provocar un efecto de realidad o, mejor, de verosimilitud. En tercer lugar, mantiene la coherencia de principio a fin. Es decir, en este relato todas las piezas son congruentes entre sí. Pero en cuarto lugar –y quizá más sobresaliente– Dido. Reina de Cartago es una novela que hace explícito el arte de contar. La autora sabe dotarse de una narradora eficaz y escrupulosa, dispuesta a detallar su historia reuniendo testimonios, documentos, todo lo que le permita evocar lo que ella sólo pudo vivir siendo niña: el momento en que Dido ha de abandonar Tiro para emprender una navegación azarosa por el Mediterráneo, una navegación que finalmente la llevará a las costas libias, lugar en el que funda Cartago.
6. Novela popular. Esa narradora eficaz y escrupulosa es Imilce, quien acompañada del joven escribiente Karo, reconstruye para nosotros la vicisitud de aquella reina y sus relaciones con Eneas. La obra es histórica, sí: histórica en el sentido de que evoca documentadamente un tiempo remoto. Pero es sobre todo una novela, un relato en el que la ficción cumple un papel decisivo: el de rehacer el mundo heredado. Es también una historia de aventuras, con lances que se precipitan y que aceleran el curso de los acontecimientos. Es una novela de amor, de amores trágicos que no revelaré, por supuesto: una narración en la que se enfrentan la pasión y los intereses. Es una novela de guerra, de relaciones diplomáticas y de litigios entre pueblos, relaciones en las que el comercio fenicio es un arte. Ah, los fenicios… Es también una novela de tesis, un discurso con un criterio moral que se plantea implícitamente. Y es, como decía, una novela sobre el arte de contar, sobre la techné del relato. ¿El resultado? Una obra en la que cada recurso es conscientemente empleado: desde los referentes cultos al humor, como, por ejemplo, son esos ardides narrativos propios de la novela de folletín que la autora maneja con maestría.
¿El folletín? Sí. Los títulos de los capítulos que Isabel Barceló adopta son, desde luego, una auténtica humorada. Tienen su guasa: a mí me recuerdan –ya digo– esos folletines del Ochocientos a los que tantos les debemos: «Un sobresalto en la noche», «La reina Dido toma una decisión», «Aparece un personaje misterioso», «Aparecen más nubes en el horizonte» etcétera, etcétera. Como cierta forma de composición me recuerda también la novela por entregas. En su blog , Isabel Barceló fue escribiendo esta obra a partir de su idea compulsiva –la que mueve a todo autor– y a partir de la respuesta que sus lectores le daban. Como en las novelas-río del siglo XIX, la autora atendía y desmentía lo que sus destinatarios aguardaban, provocando una espera dilatada. ¿Es éste un soporte nuevo? Desde luego, el blog es un instrumento reciente, pero dicha técnica tiene ya una larga tradición, una tradición que yo veo también en otros recursos utilizados.
Sí, en efecto, el libro contiene prácticamente todos los ingredientes clásicos del mejor relato popular, del cuento. Hay un trono usurpado, hay un tesoro, hay un traidor, hay un viaje azaroso (como antes decía), hay un acto fundador, hay una derrota a la deriva, hay dioses juguetones y malvados (o, si quieren, un destino imprevisible y fatal), hay ingenios técnicos, cartográficos (auténticos admnículos que ayudan), hay amor-pasión, hay muerte. ¿Hay reparación?
No responderé a esa pregunta, por supuesto. Por un lado, quienes conozcan la versión troyana de los hechos sabrán a qué me estoy refiriendo. Eso no les librará de disfrutar con lo que aquí sucede. Por otro, quienes ignoren la suerte de Dido y Eneas podrán adentarse en esta historia con inocencia. ¿Es preciso tener formación previa para leer esta novela? ¿Es necesario disponer de cultura clásica para que los dispositivos de la narración funcionen? No. La erudición es un recurso, tanto para los autores como para los lectores, pero la suerte de una novela no puede depender necesariamente del acopio cultural. Ray Bradbury escribió Crónicas marcianas –una de las mejores historias de ciencia-ficción del siglo XX– sin estar bien documentado sobre Marte. La imagen y la información que él tenía procedían del Ochocientos: compuso sus páginas ignorando prácticamente los descubrimientos que sobre Marte se habían hecho en el Novecientos.
Al final, en efecto, el disfrute de una novela tiene distintas posibilidades: desde el lector culto y expertísimo hasta el destinatario ávido e inocente. ¿Por quién ha de inclinarse el novelista? En realidad, con la obra de Isabel Barceló pueden deleitarse tanto ese lector culto como aquel otro destinatario inocente, aquel que tiene la suerte de descubrir a Eneas y a Dido gracias a esta novela. Pues lo dicho: a disfrutar.
Imágenes del acto de Presentación (para verlas en tamaño más grande haga click sobre las imágenes):











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