Brevemente

Brevemente. El cuerpo no me da para más. He de escribir con brevedad: apartados cortos, referencias veloces. Pedazos. No sé por cuánto tiempo, pero he de escribir así. Esta entrada irá, pues, agrandándose con fragmentos, restos del exterior (o del interior).

¿Artes predatorias? Dedicarse al gobierno de las instituciones es una actividad muy digna. Nuestros políticos hacen cosas que los ciudadanos corrientes no siempre estamos dispuestos a realizar. Se ocupan de tareas que muchos de nosotros no haríamos más que a la fuerza. Están al frente de los organismos públicos, toman decisiones: esto es, eligen a partir de presupuestos siempre limitados, de recursos escasos. A cambio, nuestros representantes tienen unos ingresos superiores a la media. Y unas compensaciones justificadas…: si carecieran de ellas, la política sería una de las artes predatorias.  Salvo que estés en el sitio equivocado, ser funcionario cualificado y cumplir con tus obligaciones es cómodo. No te harás rico, pero vivirás con un confort modesto o incluso notable. Salvo que la crisis te descapitalice, ser empresario es un actividad lucrativa. No estarás tranquilo –siempre vigilante de los gastos, de la reinversión–, pero tendrás un nivel de vida desahogado, incluso opulento. El político de campanillas tiene la oportunidad de gobernar, de idear planes, de movilizar recursos, de dirigir. Dispone de coche oficial, pisa moqueta y disfruta de atenciones y bienes materiales asociados a su cargo. A cambio, ¿qué le pedimos? Leo, sorprendido, que el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, tiene escasísimos bienes materiales. En la declaración publicada por las Cortes autonómicas dice poseer sólo una cuenta bancaria de novecientos  y pico euros y un coche con más de quince años. Además, comparte con su esposa una cuenta corriente  que no llega a los tres mil euros y un piso de modesto valor catastral. Comparados con él, cualquiera de nosotros es un potentado, un magnate.

El retrato. Comprometerme. Eso es lo que quiere el remitente de esta fotografía: comprometerme. Mi corresponsal, llamémosle XX, me la manda con el ánimo de que la comente, de que analice sus contenidos, de que aventure la circunstancia escenográfica. No les diré el lugar en donde encontró la instantánea. Lo que quiere, insisto, es que me ponga en un compromiso. ¿Qué espera de mí? ¿Que se me caliente la lengua y largue por esta boquita? No me hundirá, no. Prefiero los analálisis fotográficos de personajes desconocidos, de individuos anónimos, que antes se decía. Aunque, ahora que lo pienso, el retratado tenía bastante de meritorio: por lo que parece, la fotografía data de 1996, “de cuando tenía (algún) pelo…”, dice XX; “de cuando posaba en forzado escorzo…”, añade; “de cuando era el hombre de confianza de Zaplana…”, concluye.

Creo que mi corresponsal es muy severo, innecesariamente severo, con Francisco Camps. Una foto nuestra sacada de contexto o el retrato de un meritorio tienen siempre algo de ridículo o de pomposo. Nos presentamos con aspecto inmejorable (o eso creemos), esbozamos la sonrisa más cautivadora (o eso pensamos), adoptamos nuestro mejor perfil (o eso esperamos). El resultado siempre es algo postizo. En fin.

¿Para qué y en qué situación fue tomada la instantánea? Parece, evidentemente, la fotografía que alguien se hace para completar su book promocional, un retrato de galería en el que vemos a un joven vestido con sus mejores galas, bien trajeado, bien aseado y con un corte de pelo favorecedor. Pensaba que podía ser el jefe de planta de unos grandes almacenes, pero inmediatamente me he corregido: si ésa es su profesión, el aspecto que debe ofrecer es serio y formal.

El punctum de esta imagen no es ese cabello que empieza a escasear, la calva venidera; tampoco la sonrisa con la que el retratado nos tienta; menos aún esa mirada de galán de fotonovela, con un punto lúbrico. En realidad, lo que llama la atención es, sí, el escorzo. ¿Para qué retratarse con esa inclinación impostada? Hay que estar muy seguro de uno mismo para presentarse así. O estar muy mal aconsejado. Ese escorzo me hace recordar las fotografías de las viejas barberías: modelos que posaban hace treinta o cuarenta años. Te preguntabas entonces quiénes eran. ¿Acaso clientes satisfechos que habían dejado su retrato para completar el currículum del barbero? Nuestro personaje no desentonaría entre aquellos varones. Sin duda, su corte de pelo es a navaja, y su corbata es audaz, con pececitos o perritos. No sé: no me voy a comprometer.

Cagney-Camps. Me escribe un amigo. No quiere que revele su identidad. Me dice que estaba hojeando un volumen de Terenci Moix, Mis inmortales del cine, y de repente se ha topado con James Cagney. También de repente ha recordado que yo había puesto en el blog una imagen de Francisco Camps.

“Esta pose me suena”, se dice. “Aunque era mucho más bajito que Camps y la foto está tomada en estudio observo un mismo modo de posar”, me aclara. “Este escorzo tiene una clara raíz hollywoodiense”, precisa técnicamente.

Me reproduce la página 292 de su ejemplar de Mis inmortales de cine: “Cagney cambia de registro con una maestría impresionante, pasando del gánster megalómano y obseso de Al rojo vivo (1949) al histérico hombre de negocios de la divertida Un, dos, tres (1961)”. Ajajá.

Lo que se ve y lo que no se ve. A propósito de estas fotografías, podríamos decir mucho: de su evidente semejanza, de sus vasos comunicantes, de lo previsto o lo imprevisto de la toma. ¿Por qué plantarse así, mirando a la cámara y esbozando una sonrisa? Podemos convenir en que ambos afectan poses picaronas, con la disposición de quien quiere enamorar o persuadir o encandilar. ¿Por qué ambos retratados ponen ojos sugerentes?

Por supuesto, en una imagen hay datos que todos ven, ciertos elementos que son de universal percepción. Y luego hay otros que sólo son advertidos por quienes ponen especial atención. Quizá exageran. O vislumbran. O conjeturan: lo que dice este o aquel observador no está, pero por lo que efectivamente se ve éste o aquél podrían  aventurar el antes y el después, la intención o el estado de ánimo, el objetivo o los efectos que aquella exposición ocasionó.

El espectador aguza sus dotes. ¿Y qué hace? Hace memoria O, en otros términos, busca entre sus recuerdos gráficos o propiamente fotográficos una imagen semejante o contradictoria, una efigie similar o negativa, alguna instantánea con la que comparar. De repente aparecen parentescos insospechados o poses idénticas, disposiciones corporales ya ensayadas que vienen de la tradición artística y que ahora reaparecen. ¿Qué ha de hacer el observador? Atenerse a lo que ve. Si sabe mucho más de lo que nos ofrece la imagen del retratado y lo hace valer, esos datos no explican la fotografía: simplemente la sustituyen. Si sólo sabe algo más, entonces esas informaciones serán algo postizo y añadido, cuando lo importante es lo que se ve.  En todo caso, si se toma la  instantánea como excusa para decir cosas concretas que no se distinguen en la imagen, entonces no se analiza una fotografía: se la convierte en pretexto. Y si lo que se dice es más o menos grave o ridículo o chusco, entonces deberían aportarse pruebas (pruebas que no están, que no pueden estar en la fotografía). De lo contrario, el dato no sobrepasa la condición de chisme: simplente deberíamos creer a quien ha lanzado la especie.

37 comments

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  1. aleskander62

    El mundo de la política está algo divorciado de la vida social. Es algo, pienso, que deberíamos corregir. Participando a través de ONGs, de nuestros sindicatos. También la prensa tiene un importante papel de contraste. Y quizá deberíamos tener un contacto más directo con nuestros políticos. Ahora, en Educación se ha tomado una decisión nefasta. Los institutos harán los exámenes A2 de idiomas. Los profesores de secundaria estamos sobrecargados. Sólo a través de nuestros sindicatos hemos podido dar cauce a nuestras quejas. Y la prensa.

  2. Isabel Zarzuela

    Vaya, don Justo, parece que el Sr. Camps entraría en la definición del “buen cristiano” que usted plantea en su artículo ‘Desperta ferro’… ¿no?

    ;-)

  3. Marisa Bou

    No, señores, no es creíble. El ínclito “molt honorable” no puede, de ninguna manera, hacernos comulgar con ruedas de molino. ¿Mileurista, él? ¡Anda ya!

  4. Arnau Gómez

    ¡Por favor!.¡Por favor!.No se espanten vuesas mercedes que el mucho honorable no es un mileurista.Simplemente es un señor que no sabe ahorrar,porque debe hacer muchos gastos extraordinarios y que van implícitos en su cargo y en sus responsabilidade,como llevar un buen traje hecho a medida,invitar a comer a celebridades y personajes de eventos varios ¿con cargo a su visa personal?.Mientras lleva una vida sobria,casi conventual o sin casi. ¿Para que tener un coche último modelo,si con un volvo del año de la picor basta para ir al mercado?.En fin,dejemos que administre los gastos de la casa su esposa, la de la parafarmacia, que sabe como gastar y guardar la ropa.

  5. Pumby de Villa Rabitos

    Camps Iº “El Asceta”… ja, ja, ja…

    Don Justo, voy a enviarle a su correo un retratillo que me encontré por esos tejados del mundo. ;-)

  6. Sigue...

    “…El retrato. Comprometerme. Eso es lo que quiere el remitente de esta fotografía: comprometerme. Mi corresponsal, llamémosle XX, me la manda con el ánimo de que yo la comente, de que yo analice sus contenidos, de que yo aventure la circunstancia escenográfica. No les diré el lugar en donde encontró la instantánea. Lo que quiere, insisto, es que me ponga en un compromiso. ¿Qué espera de mí? ¿Que se me caliente la lengua y largue por esta boquita? No me hundirá, no. Prefiero los analálisis fotográficos de personajes desconocidos, de individuos anónimos, que antes se decía. Aunque, ahora que lo pienso, el retratado tenía bastante de meritorio: por lo que parece, la fotografía data de 1996, “de cuando tenía (algún) pelo…”, dice XX; “de cuando posaba en forzado escorzo…”, añade; “de cuando era el hombre de confianza de Zaplana…”, concluye.

    Creo que mi corresponsal es muy severo, innecesariamente severo, con Francisco Camps. Una foto nuestra sacada de contexto o el retrato de un meritorio tienen siempre algo de ridículo o de pomposo. Nos presentamos con aspecto inmejorable (o eso creemos), esbozamos la sonrisa más cautivadora (o eso pensamos), adoptamos nuestro mejor perfil (o eso esperamos). El resultado siempre es algo postizo. En fin.

    ¿Para qué y en qué situación fue tomada la instantánea? Parece, evidentemente, la fotografía que alguien se hace para completar su book promocional, un retrato de galería en el que vemos a un joven vestido con sus mejores galas, bien trajeado, bien aseado y con un corte de pelo favorecedor. Pensaba que podía ser el jefe de planta de unos grandes almacenes, pero inmediatamente me he corregido: si ésa es su profesión, el aspecto que debe ofrecer es serio y formal.

    El punctum de esta imagen no es ese cabello que empieza a escasear, la calva venidera; tampoco la sonrisa con la que el retratado nos tienta; menos aún esa mirada de galán de fotonovela, con un punto lúbrico. En realidad, lo que llama la atención es, sí, el escorzo. ¿Para qué retratarse con esa inclinación impostada? Hay que estar muy seguro de uno mismo para presentarse así. O estar muy mal aconsejado. Ese escorzo me hace recordar las fotografías de las viejas barberías: modelos que posaban hace treinta o cuarenta años. Te preguntabas entonces quiénes eran. ¿Acaso clientes satisfechos que habían dejado su retrato para completar el currículum del barbero? Nuestro personaje no desentonaría entre aquellos varones. Sin duda, su corte de pelo es a navaja, y su corbata es audaz, con pececitos o perritos. No sé: no me voy a comprometer.”

  7. Pumby de Villa Rabitos

    Vaya jeta la del “joven Camps”… ¿saben?, Francisco “te-quiero-un-güevo-amiguito-del-alma” Camps, tiene un mérito encomiable, entre otros muchos mas encomios, que pocas personas pueden lucir con el merecimiento de este señor: ha sido capaz de transformar dicterios ofensivos en meros adjetivos calificativos. Su “curriculum” permite transformar lo que podría ser un exabrupto grosero, sencillamente, en un complemento que lo describe.

    Quienes conocen a los Cantarell y a los Planxadell, o sea, a mi hermano y a mi, saben de nuestra devoción por el “Tumbaburros”, el DRAE. Bien, usémoslo. Imaginemos un provecto anciano en pleno ataque de ira, el hombre despotrica contra el tal Camps y sus acciones y omisiones de gobierno. Sería fácil representarlo vociferando con expresiones zafias del tipo “meapilas”, “traidor”, “corrupto” y/o “sinvergüenza” ¿no?. Qué horror, qué incivilidad, qué falta de respeto… o no (¡me encanta esta coletilla “rajoyiana”). En efecto: o no.

    No porque… ¿acaso no es un meapilas?… Veamos qué dice la Academia: “Meapilas”: “Santurrón”. Bueno, veamos “Santurrón”: 1.- Exagerado en los actos de devoción. U. t. c. s.
    2. adj. Gazmoño, hipócrita que aparenta ser devoto. Vale ¿y acaso él no es así?…

    ¿Pero, y “traidor”? Dice el DRAE: “Que implica o denota traición o falsía”. Bien, pues pregúntenle al señor Zaplana si Camps lo traicionó o no lo traicionó. Traidor, sin duda.

    Así que meapilas y traidor… uf… ¿y también corrupto? ¡¡Ay!!, eso está “sub iudice”, nada podemos decir, pues. Es, válganos la lengua y el derecho, un presunto corrupto. Falta la sentencia judicial exculpatoria o inculpatoria. Hay que dejarlo en presunto…

    Claro, en lo que no nos hace falta ni presunción ni diccionario es con lo de su sinvergüencería pero no nos salgamos del guión. No es aplicable a Camps la primera acepción del “Tumbaburros”, él ni es pícaro ni es bribón. Son categorías intelectuales, disposiciones espirituales y temple en el carácter del que ese señor adolece; vamos, que en mi opinión, no alcanza la categoría de aquellos, no llega, está por debajo. Y en su segunda acepción, ¡me asistan los Dioses Inmortales si acaso creen que pienso que cometió “actos ilegales en beneficio propio”! Eso es todo presunción, todo “sub iudice”. Pero ¿me negarán que su declaración de bienes no es “incurrir en una inmoralidad”?

    Que alguien tome a otro por imbécil, es inmoral. En eso coincidiremos todos. Y el señor Camps trata de imbéciles a los valencianos. A todos. A los devotos del PP, también. ¿Novecientos euros en su cuenta corriente personal? (sin entrar en otras lindezas) O el señor Camps se desfondó pagándose los trajes de doce mil euros la pieza (al final la culpa es del sastre, ya verán); o el imbécil es él, por gastarse semejante dineral en ropa cuando no tiene ni para pagar el colegio a sus hijos; o está ocultando sus bienes con desfachatez, mintiendo públicamente, y así insultando la inteligencia del pueblo valenciano. Total, o ese señor que porta un título de tal magnitud como la de “Molt Honorable”, esto es, “Muy Honorable”, es el asceta del que me reía más arriba, o es rematadamente idiota, o nos trata a todos por imbéciles.

    Así que, meapilas, traidor, corrupto (presunto) e inmoral (o asceta, o idiota). Y “Molt Honorable”. ixit”. Piénsenlo detenidamente. Especialmente ustedes, señoras y señores del PP.

    Ah, podríamos abrir la sección de “finuras intelectuales de nuestros políticos”. Los de “la tropa” (hijoputa, peineta…) tienen una nueva hazaña, o fechoría. En el rifi rafe parlamentario de ayer doña Mónica Oltra, diputada de Compromís (el grupo de la oposición en las Cortes Valencianas que mayor carne en el asador ha puesto para criticar la labor del gobierno y que más ha silenciado… el PSOE) fue vituperada por el cristianísimo señor Cotino, precisamente fuera del fragor del encono, o sea, sin que se le calentase la boca, si no con pleno conocimiento de lo que estaba diciendo. Y lo que decía es que dicha señora desconocía a su señor padre de ella. Forma fina de decir “hija de puta” (qué fijación tiene esta gente con la bastardía…)

    Para quien lo desconozca, dije “cristianísimo” para referirme a Cotino porque es miembro militante de la secta católica del Opus Dei y dirigente de los que los liberales del PP (que los hay, aunque apagaditos y escondidos), llaman “el lobby de los cristianos”, refiriéndose a los católicos integristas que controlan el PPCV. Aclarado este punto, súmese en los haberes de los antiguos alumnos de colegio de pago y defensa de la educación privada, las esmeradas perlas de respeto humano y saber político que cultiva el actual PP-FAES, todos ellos muy de colegio de curas.

  8. jplanas

    Ahora se puede hasta puntuar tus posts, qué avances, querido Justo. Te puse un mail, por cierto… Y cuídate;-)

  9. Sigue...

    “…Cagney-Camps. Me escribe un amigo. No quiere que revele su identidad. Me dice que estaba hojeando un volumen de Terenci Moix, Mis inmortales del cine, y de repente se ha topado con James Cagney. También de repente ha recordado que yo había puesto en el blog una imagen de Francisco Camps.

    “Esta pose me suena”, se dice. “Aunque era mucho más bajito que Camps y la foto está tomada en estudio observo un mismo modo de posar”, me aclara. “Este escorzo tiene una clara raíz hollywoodiense”, precisa técnicamente.

    Me reproduce la página 292 de su ejemplar de Mis inmortales de cine: “Cagney cambia de registro con una maestría impresionante, pasando del gánster megalómano y obseso de Al rojo vivo (1949) al histérico hombre de negocios de la divertida Un, dos, tres (1961)”. Ajajá.

  10. Pumby de Villa Rabitos

    Hombre, don Alejandro, viniendo el piropo de un reconocido enemigo mío, se lo agradezco sinceramente. Pero, por favor, vuelva a ponerse usted el sombrero, cúbrase.

    Don Justo, dígale a su desconocido amigo, que me he reído a mandíbula batiente con su hallazgo. Divertidísima paradoja: James Cagney, un tipo duro e indiscutible estrella internacional del momento que se comprometió abiertamente con la IIª República española Y Francisco Camps. Curioso, ¿no? La misma postura (yo creo que hasta el ángulo de inclinación del hombro es el mismo) y el mismo posado, sonriente, mirando a cámara; sin embargo… qué diferentes, uno del otro. Parecen el positivo y negativo de un carrete de fotos (de cuando existían estos). Ya vimos los trazos generales del estadounidense; por su parte el valenciano es eso, lo contrario, un blandengue, mundialmente conocido en su casa y declarado enemigo de los valores laicos que podía encarnar la IIª República.

    Cagney-Camps… tan parecidos y tan distintos… ¿Jugamos a las diferencias con ambas fotos?… Comparemos…

    Comenzando por la azotea. No seré cruel con el asunto capilar, lo soslayaré (conteniéndome la risa a duras penas).

    Bjemos y fijémonos en las cejas: James – permítanme la familiaridad – alza una con pícaro desdén iluminando su mirada; las de Paco – aunque no me permitan la familiaridad, así lo trataré – corren paralelas al suelo, es incapaz de alzarlas, poco se ha reído ese hombre en esta vida; de ahí la obscuridad en su mirar.

    De narices… convendrán conmigo que la finura nasal del actor gana abiertamente a la probóscide de tendencias tomatescas del político. No, no, en este capítulo facial, Paco lleva todas las de perder.

    Boca. Ay, me quedé con ganas de que don Justo “se comprometiese”, sus alusiones a la carnosidad lúbrica de la de Paco señalan un camino derecho hacia ese estadio intermedio, indefinido, incierto, de la sexualidad o, mejor, asexualidad sacerdotal católica. Por el contrario, la sonrisilla impúdica de James, delata a un buscavidas simpático, varonil, sexualmente contundente, sin intenciones aviesas, claro y diáfano (cualquier señora podrá leer en esos labios su propósito).

    En la camisa y su consecuente corbata, tal vez podremos encontrar una clave fundamental. Vaya la chaqueta según modas y cortes (es evidente que Paco aún no se gasta doce mil euros por vestidito), eso es inevitable pero… ¿se fijaron en el cuello de la camisa? ¿se fijaron en el nudo de la corbata?.

    La revista “Totem” publicó a principios de los 80 un artículo, extenso, bien documentado e intenso, sobre la relación entre el nudo de la corbata y el caracter “duro” o “comeyogurt” de los actores de Hollywood. Precisamente se citaba a Cagney como un modelo de “tipo duro”, como Bogart, Ford, Brando, Mitchum o Widmark. Esta gente no se “hacían el nudo” de la corbata, ésta se la “anudaban”, la arrastraban con viril dureza hasta su cuello cercando, sin fisuras, un cuello de camisa que era, más bien, la gola de una armadura. Hombres recios, rudos, y sin embargo con un tremendo fondo reconocible de bondad.

    Lo opuesto era el comeyogurt. El tipo que se hace un nudo de corbata ancho, grueso, fofo, que apenas si le sujeta el cuello de una camisa amplia y estampada, fina, delicada. Una finura, una delicadeza que sólo queda en las formas, en lo profundo de un comeyogurt anida la ambición, la frustración y la represión. Es incapaz de ser directo y franco, siempre oculta, siempre amaga, siempre teme, siempre traiciona. Se hace un nudo que no aprieta, un simulacro de nudo, como simulacro de hombre que es. Interesante la teoría ¿no?…

    ¡¡Por favor!! Y que nadie piense que le estoy aplicando esa hipótesis a nuestro MH President, Príapo lo impida, no, sólo les sugiero que miren detenidamente la foto y jueguen a las diferencias…

  11. jserna

    Sr. De Villa, me hacen gracia sus observaciones, algunas exactas, precisas y documentadas; otras puramente conjeturales: observaciones estas últimas con las que usted aventura cosas inverificables. ¿Cómo podemos saber si el sr. Camps ha reído mucho o no en su vida? Últimamente, yo no veo más que sonrisas. Parece tener buen humor. ¿Forzado por las circunstancias? No sé, no sé. Yo siempre lo recuerdo con una sonrisa. Qué cosas. Sigo pensando que lo llamativo es la pose. ¿Para qué retratarse con esa inclinación impostada?, me decía en el post. Respuesta: hay que estar muy seguro de uno mismo para presentarse así. O hay que estar muy mal aconsejado.

  12. Pumby de Villa Rabitos

    Afortunadamente, no estoy en el laboratorio, don Justo. Puedo permitirme conjeturar con la intuición… y con algunas observaciones directas que ahora soslayaremos.

    Son esas risas forzadas, vacuas, impostadas, ese simulacro de sonrisa, de alegría, que el MH lleva siempre en la cara lo que delata su carencia de alegría natural, su espíritu obscuro, atormentado, frustrado, propicio a la traición sin remordimiento, a la convicción de su propia infalibilidad, a considerarse imprescindible, insubstituible, providencial. Es una debilidad – por no decir una patología – muy usual entre políticos que, a más alto cargo, con mayor virulencia se presenta y que adquiere tintes de estrambote cuando el individuo es humanamente más desdichado.

    Piense que estamos ante una persona gris, anodina, con una vida privada, digamos, periférica a lo que es la “crême de la crême” que él veía y deseaba. Todo cambió cuando las circunstancias y el destino – para él, el dios de los judíos, palabra – lo hicieron, primero “conseller” y, posteriormente, “presidente”. Dios estaba con él. Así que, descubierta la vía de progreso político – el lobby cristiano, el Opus Dei, García Gasco… – abandonó su anterior opción (en “Venial” lo conoce mucha gente) su cabeza bulló… se vio sin límites que lo frenasen, si Zaplana había saltado a la política del estado, ministro del rey, nada menos, ¿porqué no él? Y, bueno, ya fue todo una borrachera de poder. Si hasta lo vimos en su efervescencia postularse como substituto de Rajoy ¿o no lo recuerdan?

    Los delirios del cateto provinciano, alentados por el grupo “liberal” (como se llaman a si mismos los representantes de la derecha más reaccionaria del PP), no han tenido más freno que el Caso Gürtel. Y ahi se dio de bruces. Y no me tire más de la lengua que bien sabe usted que si se lo verifico, me delato. Créame quien quisiere, admitiendo lo que digo como una hipoétesis plausible para entender la situación y, quien no, llámeme loco y olvide mis palabras. Pero las cosas son así y aún peores, se lo aseguro.

    Dicho lo cual, claro, la pose, su pose, anacrónica, pretenciosa, forzada y hasta absurda es toda una declaración, porque, en efecto, en él se dan las dos circunstancias que usted apunta. Sus inseguridades naturales las ha compensado con una sobreestima tan soberbia como desmedida (“y si soy el mejor, bueno y qué”), a la par que, como advertía Maquiavelo, “por sus consejeros conoceréis al príncipe”, y bueno… hay que conocer los que pululan alrededor de Paco… Y vuelvo a callarme que no tengo ganas de que sirvan paella de gato en el Palau, durante las “entrañables fiestas josefinas”, con mi cuerpo como condimento principal.

  13. jserna

    Sr. De Villa, perdóneme pero debo confesárselo: no me gusta lo que dice del sr. Camps. Simplemente, eso que indica o revela no se deriva de la foto. Lo que usted señala o le atribuye es un dato ajeno que podemos creer o no.

    Usted me entenderá.

  14. Sigue...

    “Lo que se ve y lo que no se ve.

    A propósito de estas fotografías, podríamos decir mucho: de su evidente semejanza, de sus vasos comunicantes, de lo previsto o lo imprevisto de la toma. ¿Por qué plantarse así, mirando a la cámara y esbozando una sonrisa? Podemos convenir en que ambos afectan poses picaronas, con la disposición de quien quiere enamorar o persuadir o encandilar. ¿Por qué ambos retratados ponen ojos sugerentes?

    Por supuesto, en una imagen hay datos que todos ven, ciertos elementos que son de universal percepción. Y luego hay otros que sólo son advertidos por quienes ponen especial atención. Quizá exageran. O vislumbran. O conjeturan: lo que dice este o aquel observador no está, pero por lo que efectivamente se ve éste o aquél podrían aventurar el antes y el después, la intención o el estado de ánimo, el objetivo o los efectos que aquella exposición ocasionó.

    El espectador aguza sus dotes. ¿Y qué hace? ¿Hace memoria? O, en otros términos, busca entre sus recuerdos gráficos o propiamente fotográficos una imagen semejante o contradictoria, una efigie similar o negativa, alguna instantánea con la que comparar. De repente aparecen parentescos insospechados o poses idénticas, disposiciones corporales ya ensayadas que vienen de la tradición artística y que ahora reaparecen. ¿Qué ha de hacer el observador? Atenerse a lo que ve. Si sabe mucho más de lo que nos ofrece la imagen del retratado y lo hace valer, esos datos no explican la fotografía: simplemente la sustituyen. Si sólo sabe algo más, entonces esas informaciones serán algo postizo y añadido, cuando lo importante es lo que se ve. En todo caso, si se toma la instantánea como excusa para decir cosas concretas que no se distinguen en la imagen, entonces no se analiza una fotografía: se la convierte en pretexto. Y si lo que se dice es más o menos grave o ridículo o chusco, entonces deberían aportarse pruebas (pruebas que no están, que no pueden estar en la fotografía). De lo contrario, el dato no sobrepasa la condición de chisme: simplente deberíamos creer a quien ha lanzado la especie”.

  15. Pumby de Villa Rabitos

    En efecto, por eso yo no considero lo dicho un textos científico, porque no aporto pruebas. Aunque tampoco me siento sujeto a tal necesidad en una tertulia, un foro que no considero académico.

    Me limito a hacer uso de mi libertad de opinión. Sólo eso. En ningún momento hubo maledicencia en lo aportado pero, como usted comprenderá, no voy a delatar a quien compartió con Paco la noche valenciana ni me voy a delatar a mi mismo. Parece obvio.

    En la razón de cada uno queda aceptar o rechazar la plausibilidad de lo expuesto. Se puede llamar chisme, también hipótesis. A su arbitrio queda.

  16. jserna

    Sr. De Villa Rabitos, las pruebas no sólo se aportan en los textos científicos. Las pruebas son la base de las relaciones humanas. También de las revelaciones que nos hacemos. ¿Y la confianza que alguien despierta? Cuando digo algo de otro, en una tertulia o en un foro, en mi casa, no proporciono un dato que no pueda documentar: tampoco puedo exigir a los demás que me crean sin mayor base. No puedo pedirles que sólo confíen en mi palabra. El crédito de las personas es muy importante, desde luego. Pero no es lo único: en las relaciones con los demás, la revelación de secretos compromete a quien no ha pedido tal confesión. Por otra parte, si, como usted dice, hubo una “noche valenciana” que alguien “compartió con Paco”, a esa revelación no puede oponérsele versión alternativa: ¿quién debería contradecirla? ¿Le exigiríamos pruebas? Para ser creída una historia más o menos escandalosa necesita exponerse de tal modo que pueda ser desmentida. Si la basamos sólo en la confianza, comprometemos al depositario del secreto. Además, una revelación no es una hipótesis, sr. De Villa Rabitos: tampoco es un dato que aclare una fotografía. Las instantáneas las vemos y las analizamos y las interpretamos a partir de lo que efectivamente se distingue. Insisto: a partir de lo que efectivamente se distingue en su superficie. O sea, que usted verá qué es lo que ve en la foto…

  17. Pumby de Villa Rabitos

    Sr Serna, ya le dije en otra ocasión, con otras fotos, en otro “post”, que la actividad de análisis de fotografía no pasaba de ser una acción diletante (*). Y si con un personaje conocido aun tiene algún tipo de capacidad de contraste, con una persona anónima, la posibilidad de corroborar lo que se asevera es nula. Sin embargo, parece que usted prefiere este análisis. Lo reconoce un poco más arriba. Así que me sorprende el cariz de su intervención.

    Yo, personalmente, con las fotos, me divierto. Así que mi rigor se limita al divertimento. Le dejo a usted la parte adusta. Aunque no deja de resultarme chocante que cuanto recrimina de las deducciones que pude hacer sobre la foto de Paco, no lo hace de las que hice de James. Sin embargo, el fundamento aplicado fue el mismo. Me desconcierta… se juega o no se juega, pero para uno sí y para otro no, no.

    ¿Revelación?… ¿secretos?… no, yo no revelo nada, informo a quien aun no se ha enterado. ¿Sin pruebas?… no, sin delatar al testigo. De la misma forma que un periodista no delata nunca su fuente, yo, en una tertulia, habiendolo avisado previamente y sin convertir nada en dogma, hablo “sub rosa”. Eso es una práctica perfectamente aceptada en cualquier reunión social.

    Lo cual no le niega el que sea usted muy libre de no aportar dato alguno que no pueda documentar ni cuando habla de musarañas, o al menos, de tener esa intención, porque de la lectura de este “blog” se podrían sacar ideas opuestas al enunciado. En mi caso, no tengo ningún interés en demostrar nada a nadie, ni me agobia pensar que mi reputación se verá afectada, ni me preocupa que se tilde de chisme lo que digo. Comprendo – y compadezco – a quienes tienen la pesada carga de la vida pública, de responder ante un público, de mantener una imagen. Yo soy libre. Nada de eso me ata. ¿Que la historia es increíble? Pues no la crea. ¿Que es un puro chismes? Pues chismes será. Yo dejo el dato, el que quiera oír, que oiga.

    Y desde luego, le aseguro que las pruebas no son la base de las relaciones humanas. Es la confianza. Lo que se basa en pruebas es la certidumbre, la confianza no las necesita obligatoriamente.

    Seguiría gustosamente este asunto – si acaso hubiera algo más que tratar – pero parto hacia Latveria. Lo siento. Pasen ustedes un buen fin de semana, relájense y descansen.

    (*) No lo es cuando responde a la metodología antropológica, claro. Y no es el caso.

  18. jserna

    Me confirma, sr. De Villa Rabitos, lo que yo le señalaba: “¿Que la historia es increíble? Pues no la crea. ¿Que es un puro chismes? Pues chismes será. Yo dejo el dato, el que quiera oír, que oiga”.

    Ah, o sea, que la historia de ciertas intimidades reveladas ha de ser creída porque un gato lo dice. Ya veo. Confiemos en el minino aunque no aporte o no pueda aportar pruebas. ¿Razón? Los gatos no revelan sus fuentes. Ah, una puntualización: los periodistas no delatan las fuentes; en todo caso, no revelan.

    Por otra parte, usted decreta que la actividad de análisis de fotografía no pasa de ser una acción diletante salvo cuando responde a la metodología antropológica. Ah, pues, lo que usted diga.

    Para su viaje a Latveria le recomiendo lo mismo que nos recomienda a los demás: pase usted un buen fin de semana, relajándose y descansando.

  19. Salva

    Hola. No escribo mucho pero los leo y aprendo.Conoci este sitio por otro blog gallego.

    Leí la novela de Isabel Barcelo Chico que hablaron hace unos meses. Es una novela muy buena y la gente no la conoce aun. Creo que su blog puede hacer mucho para que se sepa.

    Es lo que pasa. Los comentarios de novelas, de películas y de fotografías que aqui leemos son útiles. También me ayudó lo que dijo de “La noche de los tiempos”.

    Oigan, no se enrollen con los temas privados de la gente o de los políticos. La cosa aburre. ¡Vuelvan a las novelas, a las fotos o a las pelis!

  20. David P.Montesinos

    Me interesa esta línea de análisis, me interesa bastante más que el personaje, el cual sospecho que va a dejar poca huella en nuestras vidas y que será olvidado para siempre cuando sus propios “amigos” le digan aquello de “nos caes muy bien pero ya no vendes”, vamos, que lo decapitarán sin mayores escrúpulos. Entiendo lo que intenta decir en el post, especialmente en la última parte, a vueltas con las afinidades que el retrato sugiere. Entiendo igualmente que nos prevenga contra la torpeza de querer ver en la imagen todo aquello que en realidad está, a priori, en nuestra cabeza, lo cual convertiría la fotografía -como usted sugiere- en un pretexto y su presunto análisis en un postizo. El problema es que no veo cómo podríamos establecer los límites -y por tanto las relaciones- entre la práctica lingüística y la no lingüística, es decir, no tengo elementos de juicio para saber qué elementos del análisis provienen de la contemplación “objetiva” o “desnuda” y cuáles son alimentados por toda la serie de valoraciones a priori que, acaso inconscientemente, determinan aquello que el ojo ve.

    No sé si es usted consciente de la dificultad de la empresa, pues cuestiona de otros análisis la imprudencia de velar la mirada por obligarla a ver lo que nuestra mente “quiere” ver. Y los cuestiona por las mismas razones que yo lo haría, pero eso no resuelve el problema que le sobreviene a su propio discurso, pues creo que la mirada pura es un horizonte utópico, no encuentro la manera de escapar a la estructuración previa de la mirada -de toda mirada- que la cultura impone.

    Y, sin embargo, creo que pone el dedo en la llaga: el camino que para el pensamiento abre el espacio de lo visual es infinitamente atrayente, y más en un modelo social como el nuestro -llamémosle de “sociedad espectacularizada”, “massmediática”, “postgutemberguiana” o como le apetezca-, un orden en el cual el asalto de estímulos a la mirada es absolutamente desaforado y enloquecedor en relación a esas épocas. No sé si me estoy explicando bien o si digo algo que pueda servir a alguien, pero este tipo de reflexiones como la que usted realiza de vez en cuando en ese sentido – a las que el formato blog se presta muy confortablemente- me atraen porque invitan a un esfuerzo que me parece absolutamente imprescindible en nuestro tiempo si queremos llegar a alguna parte con el análisis: disciplinar la mirada. Es más, intuyo que es justamente ese el esfuerzo por excelencia en el momento presente, el verdadero camino a recorrer.

    Me acogen aquí viejas maestrías. Teatro y Teoría, por ejemplo, tienen la misma raíz, entendiendo que “theoria” significa “mirar atentamente”, “contemplar”. Eidenai, traducido como “conocimiento”, es la constatación de “haber visto”. Desde Parménides o Platón hasta, por ejemplo,Bataille o Foucault, la mirada es el sentido privilegiado en tanto de su correcta ejecución depende la posibilidad de “vislumbrar” o “desvelar” el ser. Supongo que algunos de ustedes conocen “La nobleza de la vista” de Hans Jonas -me suena haberles oído hablar a algunos de ustedes de este autor-, pero al respecto me parece esencial recuperar a Bataille y a Foucault. Este último determina que la configuración de espacios de visibilidad marca en lo más profundo la lógica del ejercicio de poder. Sometidos todos a la maquinaria de vigilancia que encuentra su inspiración en el panoptismo de Bentham, la única estrategia posible de resistencia pasa precisamente por ese adiestramiento en la mirada -una mirada ciertamente crítica, como creo que usted pretende. El ojo deja pues de ser inocente.

    En fin sospecho que no encuentro las palabras justas y que intento abrir caminos de tránsito difícil. En cualquier caso, y a vueltas con los dos retratos que usted reune, creo que nada dice tanto de un “meritorio”, en especial de un joven aspirante a líder político, como el imaginario que inspira la imagen publicitaria que se crea:a quien quiere parecerse, con qué “tipo de varón” pretende ser asimilado, cómo responde a los consejos de sus asesores, qué efecto trata de producir en el auditorio con ese lenguaje no verbal tan estudiado y que concretamente en Camps es toda una gramática concienzudamente estudiada.

    Francisco Camps es un personaje escasamente significativo, creo que menos mediocre o débil de lo que algunos de ustedes sospechan -sé por qué lo digo-, pero en cualquier caso una celebridad fugaz de la que guardaremos menos memoria que de ,por ejemplo, su predecesor Eduardo Zaplana o su asistenta desde Valencia la señora Barberá. Lo que sí creo es que sumamente interesante como “producto”. Camps, en tanto que creación de un personaje, es una máquina que emite un sistema de señales sumamente sofisticado, donde nada se deja a la improvisación y todo parece estar medido hasta sus últimos detalles. Dice alguno de los contertulios que lo ve sonriente. No sé, yo lo comparo con el Camps pre-escándalo Gurtel y me parece una sombra. Es un hombre deprimido, un ánimo abatido que presiente su condición de cadáver político, de carrera fulgurante pero fracasada a pocos metros de la meta. Las señales que ahora emite no hablan del tipo envanecido y seguro de sí mismo que miraba al oponente con cara de “¿y tú pretendes ganarme con esa pinta que traes, piltrafilla?”… No, ahora es una mercancía usada, un líder en el ocaso. ¿Por qué? Sencillamente porque lo que ha sucedido en los últimos meses no estaba previsto. Y eso es fatal cuando uno es un producto de laboratorio: en ese caso te tienen que retirar de las estanterías.

  21. jserna

    1. Veo, sr. Montesinos, que convenimos otra vez en lo fundamental. El análisis de la fotografía no es efectivamente tarea diletante que sólo se justificaría desde el punto de vista antropológico, como decreta un contertulio. Decir eso es confundir una opinión con la verdad apodíctica y concluyente.

    El análisis de la imagen es un instrumento básico del presente mediático, un análisis en el que lo esencial es discernir lo que vemos, lo que se nos presenta, lo que nos ofrecen. Hay que saber ver para mirar con cuidado. Hay que examinar la representación con la que los individuos se muestran. Por supuesto, ésa es la intención de estos análisis que hago (que un amigo, gran fotógrafo, me invita a hacer).

    La imagen –como todo documento– es un repertorio de informaciones explícitas: nos proporciona datos sobre el retratado. Saber discernir esos datos, reprimiendo aquello que externamente no puede documentarse o probarse, o reprimiendo lo fantasioso (aquello que es puramente inventado e inverificable), es tarea del analista. Cita usted, sr. Montesinos, a Michel Foucault. Precisamente. La fotografía es un discurso (en el sentido que Foucault le daba a esta expresión): un espacio de representación al que llegan diferentes dispositivos y recursos previos y que allí, sobre la superficie de la instantánea, se materializan. La semejanza icónica de lo representado con el tipo real nos hace confundir una cosa y la otra.

    Uno de los elementos fundamentales de la fotografía es, sin duda, la pose. Otro gran estudioso francés, Pierre Bourdieu, trató específicamente el asunto de las poses: cómo reproducimos gestos, ademanes y expresiones que han sido codificadas por la tradición. Esas poses pueden ser ademanes completamente distintos a los que de ordinario adoptamos. Examinemos esas poses.

    Lo que propongo no es, por supuesto, el análisis inocente o ingenuo de los retratos fotográficos, como si éstos no tuvieran un referente (siempre externo). Lo que propongo es ceñirnos a lo que vemos en la instantánea, porque eso que vemos aporta mucha información que hay que explicar e interpretar: pero no de acuerdo con lo que es puramente externo, extrafotográfico, sino de acuerdo con el marco y el espacio que crea la instantánea.

    2. Ah, por cierto, Salva, gracias por sus palabras. Creo que no hemos dejado en ningún momento de analizar novelas, fotografías y pelis, como usted pide.

  22. FC

    Serna no te atreves. tanto meterte con Camps y ahora te rajas. Pobrecito!!

    No des rodeos Serna. y tus amigos?

  23. jserna

    Perdone, FC. No entiendo lo que dice o me dice. ¿Que me rajo? Llevo artículos y artículos publicados en El País (y en otro tiempo en Levante) sobre Camps. ¿Cómo que me rajo? Y se refiere a mis amigos. No sé qué quiere decir. Perdone otra vez, pero no entiendo.

  24. David P.Montesinos

    Le agradezco la explicación, sobre la cual reflexiono. No pretendo en cualquier caso que usted crea en el análisis “inocente” de la imagen, si es que es eso lo que se ha entendido de lo que dije. Lo que planteo -y asumo que ahora mismo es un problema sin soluciones cerradas o absolutas- es que entre la imagen y la práctica discursiva hay una continuidad a la que no escapamos… y sin embargo, en contra de lo que creo que plantea el reduccionismo lingüístico de Derrida y los herederos de Heidegger, hay una irreductibilidad de la mirada a la práctica lingüística. Es desde esa irreductibilidad que, siguiendo el estilo de análisis que usted plantea en este post y en otros trabajos suyos, reivindico la urgencia de disciplinar la mirada como estrategia de resistencia, precisamente porque toda estrategia de poder se articula desde un cierto régimen de mirada, sobre la vigilancia, sobre algún modelo de confinamiento de los cuerpos, sobre regímenes de delimitación de lo visible y lo prohibido, sobre formas aceptadas o prohibidas de establecer los juegos de verdad a partir de lo visible… Me parece fascinante este tema, un tema, creo, no suficientemente pensado. Me viene a la memoria “La historia del ojo”, de Bataille. Este relato fue rechazado por muchos por tratarse de una marranada, y ciertamente lo es, pero dice cosas como ésta: “A muchos el universo les parece honrado; las gentes honestas tienen los ojos castrados”

  25. La ratita presumida

    Totalmente de acuerdo con No blog: me parece un tema fascinante el que están tratando. Estoy aprendiendo muchísimo.
    Todas las discrepancias, los intercambios de pareceres, no hacen más que mostrar el nivel de los contertulios, la altura del blog y, por ende, se evidencia un trabajo bien hecho, de calidad. El que hace Justo Serna.

  26. jserna

    1. Curioso apotegma, sr. Montesinos. Curioso y certero. “A muchos el universo les parece honrado; las gentes honestas tienen los ojos castrados”. Digo que es curioso apotegma el de Georges Bataille, un autor de vida modosita, de libros desmedidos, de prosa lúcidamente obscena.

    Leí ‘La historia del ojo’ con lubricidad, con estupor y algo de escepticismo. Admito su provocación y admito la ocurrencia de su alias: Lord Auch. Pero no me gusta el escándalo del hombre oculto y probo, de vida funcionarial, que luego imagina un orden sacrificial y apocalíptico, de despilfarro y locura. Prefiero algo más transparente y más racional. Bataille se imagina a sí mismo como un fuego incandescente, una agitación interior. Pero luego esas brasas se apagan: ha de sofocarlas para regresar al trabajo. Es entonces cuando mira el universo como un lugar malsano, ese sitio que lo niega.

    2. Fascinante tema, sí. Gracias, roedora. Gracias, “No Blog”.

    3. ¿Layret? Hombre, cambie de ordenador, que su IP lo destapa…

  27. Alejandro Lillo

    Considero oportuno reproducir aquí varios extractos del ensayo que Lara Ferri escribió sobre el columnismo del señor Serna.

    “…El columnista debe medir el alcance de sus argumentaciones en el momento en que son publicadas: “Debes ser extraordinariamente responsable. Has de pensar que los temas son complejos, que las situaciones son difíciles y que las personas se ven en ocasiones sometidas a hechos que no pueden controlar enteramente. Por lo tanto, aquello que digas debes decirlo con cuidado, midiendo las palabras (…) la cautela que un columnista ponga en sus escritos no discrimina automáticamente los temas comprometidos o polémicos (…) Trato asuntos controvertidos, pero los abordo desde una perspectiva responsable en el sentido de que calculo, en la medida de lo posible, los efectos y las consecuencias de lo que digo. Por tanto, no afirmo lo que no conozco y si afirmo algo que no conozco por completo lo planteo en unos términos muy prudentes (…) Así pues, su estilo desde un primer momento está marcado por la contención, no en el sentido de evasión de determinado argumento o polémica, sino en el sentido de la responsabilidad a la hora de exponer de una manera coherente y sutil la opinión del que escribe”.

  28. jplanas

    No iba a entrar, pero ya estoy dentro. Hace bien, Sr. Serna, en frenarle las garras al felino. Convertir esta tertulia en un “reality show” sería hacerle un muy flaco favor a la inteligencia:-)

    Por lo demás, las poses son sólo mercancia en exposición. Es decir, valores laicos. Todo lo contrario, lo sagrado y religiso, lo esencial e íntimo, se esconde en la Historia del Ojo de Georges Bataille… aunque eso sólo lo advierte el ojo cuando ha aprendido a percibir los matices de su Summa Atheologica. Por ejemplo.

    Mañana mi blog cumple 7 años. Barra Libre.

    Abrazos!

  29. jserna

    La lectura de Bataille me provoca una actitud ambivalente. Prefiero a Nietzsche antes que a este nietscheano rezagado. Me sigue sorprendiendo su vida modosa y su escritura incendiaria que fantasea con el despilfarro y la irresponsabilidad de funcionario emboscado. Felicidades, sr. Planas, por su blog. Fue usted de los pioneros.

    Mañana, nuevo post sobre lo que se puede decir, sobre lo que se puede contar, sobre lo que se puede destapar.

    “No debería uno contar nunca nada, ni dar datos… Contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta veneno el cuento, también es un vínculo y otorgar confianza…”

  30. Pumby de Villa Rabitos

    Regreso descansado y relajado… ah… que biennnn. Veo que no todo el mundo ha seguido mi consejo, lástima.

    Quise dejar pasar el findes, no solo por mis viajes latverianos si no por ver si alguien tenía la precaución de leer lo habido en el debate que hemos mantenido el sr. Serna y yo. Veo que no todo el mundo lo ha hecho. Si lo hubieran hechos se habrían dado cuenta que el punto de discordia se produce cuando DEJO DE HABLAR DE LA FOTO. Lo que afirmo no es producto de ese análisis bufo que hice de aquella si no del posterior desarrollo de la conversación. Eso ocurre en la datación del “blog” el 26 de febrero a las 12’09 am.

    Insisto en ello en mi siguiente intervención, datada, incomprensiblemente, el 26 de febrero a las 10’19 am. Digo y reitero que estoy dando mi opinión política sobre el sr. Camps – Paco como yo, yo, a ver si lo entendemos, yo, lo puedo llamar y lo llamo – no hago alusión alguna a la foto. Sin embargo, don Justo insiste en vincular mi “análisis” fotográfico, con mi opinión política.

    Asi es que cuando en 26 de febrero a las 3’35 pm don Justo cambia el tenor de su intervención (“Sr. De Villa Rabitos, las pruebas…”) yo también lo hago, (“Sr Serna, ya le dije…”), eran las 3’56 pm. Así que, si quieren opinar sobre este asunto, háganlo, ¡faltaría más!, pero conozcan los antecedentes antes de hacer sus aportaciones.

    Aclarado este asunto, cierro mi intervención. No, don Justo, por más que me tire de la lengua no voy a revelar, ni delatar (en España, últimamente, la justicia está más por lo segundo que por lo primero), ni testigos, ni fuentes… mmm… por cierto, ¿testigos y fuentes de qué?… Yo sólo dije que Paco disfrutaba de la noche valenciana ¿y acaso no puede hacerlo? ¿o, es que se está insinuando otra cosa?… Ya dije que no expresé maledicencia alguna, la conversión de este “post” en un “reality show”, me temo que está más en la cabeza de alguno que no en mis palabras. Por cierto, no se le empache el pastel, jplanas.

    Respecto al rigor en el estudio de una foto, creo que ha quedado claro: se trata de mi natural limitación. Y como soy zote, sigo sin entender porque a la foto de un personaje conocido del que se pueden conocer cosas concretas se le pone peros pero a la de un personaje anónimo, del que nunca podremos saber nada, podemos decir lo que nos dé la gana y, encima, pontificar.

    Sería insultar la inteligencia de los contertulios advertir que del caso que nos ocupa se salva (a) la fotografía artística, precisamente por la libertad que da el arte y (b) la analizada bajo un prisma antropológico, justo por lo contrario, porque responde a un criterio científico. Si no es ni el caso primero, ni el segundo, cualquier aproximación a una fotografía es pura especulación, opinión y, al final, magia. Yo, desde luego, no estoy por la magia, ni por la opinión personal convertida en verdad científica.

    Creo que debemos compartir el mismo tedio por este asunto, don Justo. A mi, al menos, esto ya me aburre. Usted ya ha dejado muy clara su postura y yo la mía. ¿Para qué seguir? Al menos yo desisto.

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