Situaciones extremas

El dedo de Aznar. Entre los libros que conservo de mi padre hay uno muy singular. O no tanto. Su título, largo y de tono arcaizante, es éste: Manual de educación, civismo y cultura social. Es su cuarta edición, la de 1950. El autor es inverosímil. Firma el volumen nada menos que un títulado: el duque de Pierrefont. Suena a noble francés emigrado del 89, de 1789… No sé quién es, pero parece un pseudónimo, un alias que alguien adoptó para encubrir su identidad. Si no me equivoco, el volumen se publicó en 1939 y yo tengo en mi casa esa cuarta edición. A lo largo de la obra, el autor nos proporciona una cuantas reglas de conducta social, según dice.

Son normas de urbanidad, de buenas maneras (que falta nos van haciendo). Muchas de esas reglas tienen un sentido trasnochado y se detallan en este libro para reforzar y recordar el cumplimiento de la etiqueta. No chillar, no señalar con el dedo, no afrontar innecesariamente, no dar empellones,  no beber de un trago, no hacer ruidos con la comida, no levantar el plato para sorber la sopa, ir siempre planchado, dar la vez a las damas, etcétera. Algunas de esas reglas son antiguas y otras están plenamente vigentes.

Una de ellas figura en la página 13: “siempre debemos hallarnos dispuestos a oír opiniones razonables, para contrastarlas con los propios juicios, sin que en conversaciones o contraste de ideas adoptemos tono de disputa, y menos de agresión en defensa de nuestros puntos de vista”. Saber hablar con moderación y sin estridencias o contundencia. Hacer “lo contrario implica presunción jactanciosa, excesiva soberbia y pedantería y falta de nobleza”, aclara. “No creamos nunca que decimos la última palabra y poseemos el don de la infalibilidad”, ese orgullo propiamente luciferino.

“Otra regla de conducta que se olvida con frecuencia es que el cumplimiento del deber no debe confundirse con la intransigencia, y menos con la fragilidad. Faltan a esta regla lo mismo los iracundos e impulsivos que los remisos y apocados. El deber, cuando es de conciencia, ha de realizarse inflexiblemente, sin temores ni jactancias, ecuánime y serenamente”.

Más adelante, al referirse a los actos públicos, a las representaciones teatrales, habla de las broncas que en ocasiones provocan algunos: concretamente de “los escándalos que a veces se promueven”. Éstos “son espectáculos inciviles y groseros, que prueban la baja condición moral de sus autores. Nosotros no hemos de sumarnos nunca a los que patalean, chillan o gritan, sin consideraciones a nada ni a nadie”, aclara. “Los aplausos ruidosos y estridentes son también de mal gusto”.

Pensaba en estas cosas cuando oí cómo abucheaban al ex presidente del Gobierno. Creo que hay que dejar hablar a los ponentes, a los conferenciantes, a los oradores: por mucho que nos disgusten. ¿Es una norma de cortesía? No: es una regla de convivencia democrática. De debate, de afinamiento y de refinamiento argumental. Y pensaba en eso que dice el duque de Pierrefont: que “nosotros no hemos de sumarnos nunca a los que patalean, chillan o gritan“. Ése es el primer principio del conferenciante en situaciones extremas, principio que José María Aznar incumple.

No hay que señalar con el dedo… ¿Era muy grande la afrenta? ¿Era insoportable la provocación? El temple se mide en situaciones extremas y la Universidad es, frecuentemente, territorio hostil.

Si acude al recinto académico para examinar la crisis española, si acude para presentar sus recetas (que están en un libro cuya argumentación ya analicé aquí), ha de saber comportarse. ¿Que hay gentes insultantes que le afean groseramente el belicismo de su Gobierno? Pues no se responde. Hay que guardar las formas ante los alborotadores en espera de que acabe el estrépito o de que se restablezca la normalidad.

¿Recuerdan al rey cuando en el Parlamento vasco fue abroncado? Si no equivoco, ocurría a comienzos de los años ochenta. Era un desaire pero era sobre todo un asunto de orden público y de protocolo parlamentario. El rey guardó silencio. Cuando el orden fue reestablecido, el monarca tomó la palabra. Lo hizo con gran entereza.

Los buenos modales en situaciones extremas. Alguna vez ya les he hablado de otra guía de comportamiento que tengo en mi casa. Es el Manual de supervivencia en situaciones extremas, de Piven y Borgenicht. Entre las pintorescas situaciones ambos que describen no está el abucheo de estudiantes.

Los autores te explican muy didácticamente cómo salir de arenas movedizas, cómo salir de un coche que se hunde, cómo escapar del ataque de un toro, cómo defenderse de un caimán o como sobrevivir a un naufragio. Entre otras circunstantas, ésas son las que se recogen en sus páginas, todo un prontuario bien práctico: efectivamente, siempre te puede atacar un caimán.

Pero en sus páginas no encuentro nada, ninguna indicación, sobre la posible acometida de universitarios alborotadores. ¿Será una situación extrema? En la ilustración que precede, que fue portada de El Mundo del 19 de febrero, el periódico junta dos fotografías que se daban en el mismo espacio y en el mismo acto: Aznar levantando el dedo corazón de la mano izquierda; los estudiantes llevando una pancarta en la que lo ultrajan gravemente: “Aznar: Criminal de Guerra”. Y nosotros aquí,  espectadores estupefactos ante el matonismo verbal y la grosería gestual.

Segunda situación extrema. He visto La carrerera (2009), la película que interpreta Viggo Mortensen. Sobrecoge. Ésa sí que es una situación extrema, un límite final, el último lugar al que se puede ir y con la circunstancia ya acabada. No la voy a contar, por supuesto, pero sí que quiero invitarles a verla. Vayan al cine y vayan recomendados por David. P. Montesinos, que hizo una reflexión honda sobre el film.

Todo está rodeado de peligros, todo es amenazante. Tas una destrucción planetaria prácticamente completa, con las ruinas de una civilización material ya inservible, con la fauna y la flora calcinadas o casi, sólo sobreviven unos pocos individuos hambrientos, sin nada que echarse a la boca. Caminan y caminan desorientados, buscando qué o a quién comerse.Como en los cuentos infantiles: ahí fuera hay ogros o sacamantecas…

Por la carretera que se dirige hacia el sur marchan un padre y un hijo: un muchachito que sólo ha conocido el mundo tras el infierno, es decir, un mundo sin seguridad, sin confianza. Es de su padre de quien espera el sustento y la tutela, la protección y el amor. Es de él de quien recibe los valores con los que guiarse cuando ya no esté. En una circunstancia verdaderamente extrema en la que ya nada parece contar,  el egoísmo del superviviente no es lo único válido.

Hay normas morales, criterios que aprender. Pero el muchacho lo tiene difícil: el padre no es eterno y el hijo ha de descubrir quiénes son los buenos en un mundo destruido, totalmente averiado. ¿Como distinguir, cómo discriminar?

Lo que vemos es un estado de naturaleza, sin sociedad o Leviatán, sin instituciones que frenen o defiendan: una auténtica regresión primitiva en la que todo está por aprenderse y en la que el agregado básico –la celula familiar– también está fracturado, desaparecido. ¿Podrán reconstruirse las relaciones sociales? Qué soledad más extrema la del chico, qué inerme está. Todo gris, todo calcinado, sin animales. ¿Sin animales? Padre e hijo han visto un escarabajo que aún mueve sus patitas. Luego el muchacho cree ver a un perro…

Es una película de ciencia-ficción, fantástica, de terror. Pero es también un Western sucio, polvoriento, con la sociedad refundándose, con la ley aún estableciéndose. Es un film de pistoleros y es una historia de amor.

Tercera situación extrema. Lo mejor que te puede ocurrir cuando vas a ver Shutter Island (2009) es ignorarlo casi todo de dicha película. Por eso, no insertaré aquí ningún hipervínculo que les lleve al tráiler español. Esa manía reciente, la de revelarlo todo…

Cuando lo vi en pantalla, cuando vi el tráiler (pues es díficil evitar este exhibicionismo comercial que todo lo cuenta), procuré no enterarme del relato abreviado: sólo estaba atento a las imágenes inquietantes que me mostraban, sin prestar atención a nada más.

Por supuesto, ayuda saber que la dirige Martin Scorsese y que la protagoniza Leonardo di Caprio. Como también ayuda saber que sucede en 1954, en un frenopático para criminales enclavado en una isla agitada por tormentas constantes: un lugar de difícil acceso, con vientos furiosos y lluvia abundante. No hace falta nada más, ningún dato concreto que aclare las cosas.

¿Imaginan visitar un sitio así o, peor, vivir en un psiquiátrico de esas características? Sería, sin duda, una circunstancia insoportable: la tercera situación extrema de la que quería hablarles en este post.

He acudido al cine con unción, como si fuera un acto sagrado. He ido así, tan expectante, porque me gustan las historias de miedo, pasarlo mal un ratito. Sólo un ratito. He acudido con ganas porque me inquietan las películas que transcurren en un psiquiátrico o en una cárcel, en un recinto cerrado con un pequeño grupo de personas padeciendo angustiosamente.

No me decepciona Leonardo di Caprio, pues siempre le pone extremismo a su interpretación. Extremismo, que no histrionismo. Sí, lo admito: debo de ser de los pocos espectadores que jamás ha repudiado a Di Caprio. Me gusta su ceño fruncido, ese dolor a punto de manifestarse. Por otra parte, Martin Scorsese siempre me entretiene, aunque hay algo en sus películas que me frena: no es raro que caiga en el exceso,  en la exageración absurda.

¿Recuerdan aquel remake que filmó el director norteamericano? El cabo del miedo (1991) se llamaba.  Era una película de miedo, pero era tan disparatada, tan hiperbólica, y la actuación de Robert de Niro era tan histriónica…, que al final sólo podías carcajearte.  “¿Abogado, abogado? ¿Estás ahí? ¿Abogado?  Sal, ratita, quiero verte la colita”.

Era, sí, una historia que provocaba risa, risa nerviosa, si quieren. Aquí, en Shutter Island no te ríes, pero este film comparte con El cabo del miedo muchas cosas. ¿La principal? El uso enfático de la música, el acompañamiento sonoro estridente.  Les estoy dando una pista y no debería seguir. O sí: continúo. Los críticos se han puesto muy serios, con mucho empaque, al analizar la nueva película de Scorsese. La han comparado a otras de Alfred Hitchcock o de Jacques Tourneur: Recuerda (1945), Regreso al pasado (1947), Vértigo (1958). Incluso han detectado influencias o citas de films expresionistas o de la literatura de terror.

Todo ello es cierto y muy… grave. Le da solidez cultural a esta película, de acuerdo. Pero en Scorsese siempre hay un trazo grueso deliberado, un punto alocado y hasta soterradamente cómico. Lo cómico está siempre muy presente en dicho director. Quizá por eso podríamos comparar este film con aquel otro de Hitchcock: aquel que en España se tituló Con la muerte en los talones (1959). Al pobre Cary Grant le hacían pasar las de Caín. Nos hacía mucha gracia la persecución a que se le sometía (la avioneta, su confusión con un espía, etcétera). Grant se salvaba con elegancia (cómo no, con ese porte), pero era una experiencia horrorosa. ¿Recuerdan la banda sonora? Pero regresemos a Shutter Island.

En esta última –como en El cabo del miedo–, ya digo, la banda sonora no puede tomarse en serio. Insisto: no podemos tomar en serio esa música estridente que avisa, que precede a las cosas terribles que van a suceder, que anuncia lo que va a pasar o creemos que va a pasar. Es más: algunos personajes tienen guiños irónicos más o menos explícitos. Así sucede con los que interpretan Ben Kingsley o Max von Sydow. Sólo Di Caprio no parece bromear. Está ante psicóticos y ante sus guardianes. Y está ante sí mismo… Con él vemos lo que pasa, con su punto de vista: con él nos salvaremos o nos hundiremos. ¿Una exageración? Quizá, pero no olviden que en una película de Scorsese lo que le pasa a su protagonista siempre es lo que le pasa a la humanidad. No me pidan más detalles.

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Viñeta: Forges, El País.

50 comments

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  1. Juan Pedro Serrano

    Aznar es más de Georgetown; allí encuentra mimos, solidaridad y apoyo, le pagan bien, y hace gracia. Como no le entiende nadie…
    A esta derecha Española, tan rancia y bien educada, se le ve mucho el plumero últimamente. La Espe con su hijo de puta, el Aznar con la peineta. ¿Qué fue de sus buenas costumbres?

  2. Sigue...

    Si acude al recinto académico para examinar la crisis española, si acude para presentar sus recetas (que están en un libro cuya argumentación ya analicé aquí), ha de saber comportarse. ¿Que hay gentes insultantes que le afean groseramente el belicismo de su Gobierno? Pues no se responde. Hay que guardar las formas ante los alborotadores en espera de que acabe el estrépito o de que se restablezca la normalidad. ¿Recuerdan al rey cuando en el Parlamento vasco fue abroncado? Si no recuerdo mal, ocurría a comienzos de los años ochenta. Era un desaire pero era sobre todo un asunto de orden público y de protocolo parlamentario. El rey guardó silencio. Cuando el orden fue reestablecido, el monarca tomó la palabra. Lo hizo con gran entereza.

  3. R.S.R

    Puedo entender que en un contexto de mucho cabreo una persona pierda los nervios y suelte algún improperio o haga un mal gesto, todos somos humanos y alguna vez lo hacemos, pero claro, estamos en un ámbito público y él no iba a la Universidad de Oviedo como un ciudadano de a pié, él fue a hacer política y todo político que va a la universidad sea de la ideología que sea, sabe que se va encontrar con protestas más o menos subidas de tono. La universidad además de ser una institución donde se repiten y se transmiten normas y conocimientos es un contexto que deja espacios para la protesta y para la transgresión.

    Desde luego, que para nada defiendo la posición de los estudiantes, en una democracia existen otras vías para mostrar el desacuerdo sin recurrir a insultos de eses calibre (fascista y asesino) a un ex presidente – que nos guste o no- fue elegido en las urnas. Pero a Aznar ayer -y siempre- lo que le faltó más que buena educación -que también- fue fuste político. Talla política para aguantar el temporal, y poder manejar la situación de otra forma .¿Por qué no esperó y abrió dialogo? estaba con una mayoría de Nuevas generaciones, estaba entre los suyos, a poco que hubiera dicho las fotos de los periódicos de hoy hubiesen sido otras. Al final se pone de manifiesto que lo que les falta es creerse las normas de convivencia democrática, por eso en vez de dialogar lo único que supo hacer fue lo que hizo. Así que se equivocó de gesto y de ámbito, aquello no era el comedor de su casa.
    Por otra parte no es el único político abucheado en la Universidad, ninguno de ha tenido esa respuesta.
    ¡¡Que nivel!!

  4. Isabel Zarzuela

    Dice R.S.R: “(…) lo que le faltó más que buena educación -que también- fue fuste político. Talla política para aguantar el temporal, y poder manejar la situación de otra forma ¿Por qué no esperó y abrió dialogo? Estaba con una mayoría de Nuevas generaciones (…)”.

    Bueno, yo creo que también le faltó valentía. Fue precisamente por estar con esa “mayoría de Nuevas generaciones” o entre “los suyos”, por lo que el Sr. Aznar levantó el dedo (y no en el sentido que Víctor Manuel recomienda). Si don Jose María hubiera estado rodeado de una mayoría más plural, menos arropado, entre los suyos y ‘los otros’, es posible que se hubiera comportado más o menos como esperaba R.S.R, pero no por talante democrático y respetuoso, desde luego.

    Por cierto, doña R, un mensajero me envió saludos suyos… Gracias, me alegré enormemente. Se los devuelvo afectuosamente.

  5. Ana Serrano

    Dice nuestra erreserre: “Así que se equivocó de gesto y de ámbito, aquello no era el comedor de su casa.”

    En mi modesta opinión, uno de los muchos problemas que tiene ese señor es el de que debe estar acostumbrado a hacer esos gestos en el comedor de su casa. La opinión general es la de que un ex presidente de gobierno no puede hacer ese gesto, no debe perder los nervios. Yo creo que es que, aunque pierda los nervios, él o quien sea, no debe hacer ese gesto soez, ineducado y bestial. Mi abuelo decía: “En la mesa y en el juego se conoce al caballero”; en la mesa, en el juego y en todo lugar.

    Aunque uno pierda los nervios, aunque un micrófono quede abierto lo más que puede pasar es que uno aparezca menos en sus puntos, más cotidiano, pero nunca soez. Aznar, Esperanza Aguirre y cualquiera que haya tenido acceso a una educación y una enseñanza a la que la mayoría no lo han tenido, tiene el deber moral de compartir esa educación superior, esos principios. No creo que ningún trabajador de un mercado de abastos, hubiera tenido un gesto así en un ámbito así. Seguramente es que se sentía “en casa”, como dice Isabel, pero es que, como digo, en casa tampoco debe uno producirse así.

    Un familiar mío, que era diplomático, cuando llegaba tarde a casa y comía o cenaba solo, nos contaba que lo hacía con la misma exquisitez y normas de educación que si estuviera comiendo en una mesa real y con todo el cuerpo diplomático, porque “No se puede uno descuidar; comienzas a comer las gambas con la mano en tu casa y acabas haciéndolo ante extraños y la educación debe ser y aparecer como algo natural, no como afectado y de un instante”.

    Nunca he votado ni votaré al PP, pero sí lo han hecho muchos compatriotas míos y lucharé para que puedan seguir haciéndolo, si es necesario, pero Aznar me ha producido una infinita vergüenza.

  6. David P.Montesinos

    Genial el chiste de Forges.

    Existe una imagen de la derecha española que, en realidad, proviene del imaginario que la propia derecha ha intentando forjarse de sí misma. Jefferson, Locke, Churchill… la cosa empieza a chirriar un poco más cuando llegamos a Thatcher o Reagan, pero aún así, se forja un mapa de estilo e ideas que requiere una buena fundamentación para ser refutado: aire flemático, sólido bagaje intelectual asentado en una tradición de pensamiento ciertamente fecunda, la clase burguesa como responsable histórica de la democratización de Occidente, el mercado capitalista causante de la prosperidad de las naciones, la potente fundamentación moral aprendida en los textos sagrados y sustanciada en los principios protestantes del ahorro y el trabajo, la familia y la sociedad civil como instituciones garantes frente a los excesos burocratizadores del Estado, el ejército norteamericano como mantenedor de la paz mundial frente a los excesos destructivos del fanatismo comunitarista o nacionalista que termina en el estalinismo o el nazismo… Todo un conglomerado ciertamente firme… Y discutible, pero que requiere un siglo entero de filosofías de la sospecha y Teoría Crítica para ser cuestionado…

    El pequeño problema es que es mentira.

    La derecha española que yo conozco, salvo honrosas excepciones, tiene bien poco que ver con la coherencia de ese autoconcepto glorioso. Lo que Aznar representa es ante todo un aborrecible mal gusto y un mapa ético que solo merece desprecio. Y las formas corresponden al fondo. Me gustaría pensar que quienes ven en José María Aznar a un castellano recio educado con los curas en el Pilar sacarán conclusiones de esto, o de los pies sobre la mesa en el rancho de Bush, o de la boda de Agag, o del paleto hablando con acento yanqui, o de la mano del amigo americano sobre el hombro en las Azores… Pero soy pesimista al respecto, porque la mayoría tampoco se sintieron incómodos dentro del mal gusto del franquismo, que fue ante todo eso, es decir, una trama de poder ciertamente cutre y con olor a boina sudada.

    Cualquiera tiene un mal día, yo no sé si reaccionaría mejor en el caso de que una turba a la que no conozco de nada me abucheara. En cualquier caso suelo saber cuando hago el ridículo y sé pedir excusas si me equivoco. De todas formas yo no valgo para presidente ni de mi bloque de vecinos.

    Aznar no me parece más retratado en el feo gesto del dedo -el mismo con el que nombró a Rajoy- de lo que me pareció el día del rancho o cuando exhibe abdominales en la playa. Es como si, con la edad, salieran todos los fantasmas de una represión sexual alojada en lo más profundo del alma. Cuando un facha deja escapar su subconsciente se convierte en uno de esos conductores odiosos que gritan a las mujeres conductoras que van lentas o un hooligan que pega alaridos como un simio en un estadio.

    Se acabó la contención. Esta gente es así. No se engañen, yo creo que los verdaderos ídolos de Aznar son Bush, Berlusconi o Sarkozy. Es a ellos, a su profundo mal estilo, a su soberbia, a las bellas jóvenes con las que se acuestan los dos últimos, a lo que Aznar ha aspirado siempre a parecerse. El dinero, amigos, es eso lo que realmente le obsesiona. Los personajes que cito han sido o son poderosos políticos, pero además son ricos… ¿Y Aznar? Aznar es pobre, no pobre como ustedes o yo, para eso le paga bien Murdoch y las universidades donde da sesudas conferencias en las que dice espantosas trivialidades y obviedades del pensamiento neocon. Pero al lado de estos, “¿por qué yo no soy tan rico como ellos?”.

    En conclusión se me ocurre una propuesta. En su calidad de ex- presidente, este caballero cobra una enorme cantidad de dinero, y tiene la obligación de seguir sirviendo al Estado de alguna forma. Mi propuesta -no estoy de coña- es que el Estado resuelva retirarle su jubilación en atención a que sus actitudes constituyen una ofensa a la imagen honorable de la bandera del Reino de España. Y desde ese momento que haga con el dedito lo que le apetezca.

  7. Ana Serrano

    Aquí no hay emoticones. Si los hubiese, si hubiese uno que aplaudiese frenéticamente, se lo pondría a usted, David P. Montesinos.

  8. jserna

    Gracias, Ana, por esa defensa de los modales, de la buena educación, del sentido de la mesura. Y gracias, sr. Montesinos, por su razonada andanada contra la derecha carpetovetónica.

    Hay un historia común, un relato compartido y cada vez más creído, un relato al que contribuyó la propia poética de Marx, su exaltación de la clase burguesa. El capitalismo fue un sistema que trajo la prosperidad. Sin duda tenía razón Marx: era un sistema que aprovechaba mejor la explotación de las fuerzas productivas y que empleaba mejor los medios de producción: mejor que el feudalismo. Pero el problema es que Marx hablaba en términos abstractos y no históricos y, por tanto, hablaba de modelos. La revolución constante del sistema productivo, la ruptura de los lazos feudales, la disolución de todo sólido en el aire fueron ideas que aprovechó una parte de la derecha del Novecientos. El contraejemplo soviético, tan desastroso y en tantas cosas tan criminal, confirmó la superioridad moral de las derechas: la idea que tenían de sí mismos quienes han profesado esa ideología o cosmovisión. El problema es que liberalismo y burguesía no son lo mismo. A pesar de que Marx celebró los poderes revolucionarios de la burguesía fue un firme opositor del liberalismo. Y de ahí vienen los problemas de supervivencia del materialismo histórico: una firme convicción en los poderes del industrialismo y del sistema de fábrica y un escasa confianza en el liberalismo plural y agonístico. Vivimos en un mundo hecho pedazos, que el posmarxismo ha de asumir. No sé si el liberalismo confesional es compatible. Ya lo dije cuando hablaba de Clifford Geertz: el nuestro es, en efecto, un mundo hecho pedazos, fragmentos, discursos, elaboraciones que fluctúan y que se contaminan. ¿Cómo no ser liberal después de esa conclusión? ¿Cómo no profesar los principios de la tolerancia liberal, esos principios que –a juicio de Geertz— “son todavía nuestra mejor guía”? Hay que seguir defendiendo “su resuelto individualismo, su énfasis en la libertad, en el procedimiento, en la universalidad de los derechos humanos y (…) su preocupación por la distribución equitativa de las posibilidades de vida”. Pero no se engaña. Hay mucho que transitar aún, pues es preciso, apostilla Geertz, “el desarrollo de un liberalismo con el coraje y la capacidad de comprometerse con un mundo diferenciado, uno en el que sus principios ni están bien comprendidos ni son ampliamente mantenidos”.

    Las ideas de Aznar y de una parte de la derecha española son el negativo exacto de esta posición. Fue increpado con extrema dureza por algunos estudiantes: fue ultrajado. No les opuso agonismo, sino agonía. El liberalismo de Isaiah Berlin no era doctrinal, era analítico y tentativo. Tanto las reflexiones de Geertz como las de Berlin eran sutiles; las de Aznar y su admirada Aguirre son un calcos, repeteciones de frases y muletillas, de obviedades dichas por otros. Son incapaces de un pensamiento propio, pues se saben copiones defendiéndose. Adoptan para ello un tono de disputa. Como dice el duque de Pierrefont no saben hablar con moderación y sin estridencias o contundencia. Hacen “lo contrario”, que “implica presunción jactanciosa, excesiva soberbia y pedantería y falta de nobleza”, aclara. “No creamos nunca que decimos la última palabra y poseemos el don de la infalibilidad”, ese orgullo propiamente luciferino. ¿Bomberos, pirómanos? ¡Lucifer!

  9. David P.Montesinos

    Lo curioso es que es al actual presidente del gobierno al que acusan de “pirómano”. Creo que está por hacer -obviamente porque es lo que todavía está sucediendo- una reflexión crítica seria y distanciada sobre lo que significa el modelo de la segunda socialdemocracia que ha gobernado la España postfranquista. Nos vendrá francamente bien porque, sinceramente, a mí me sigue pareciendo un misterio el transfondo de dicho modelo. Ahora bien, si el gobierno de Zp es caótico, carece de principios de acción sólidamente asentados y no tiene un proyecto de Estado a más plazo de la pura urgencia -que quizá así sea-, lo que no consigo es que quienes le fustigan desde la derecha me lo hagan ver, de verdad que no. No pretendo contrariar a quienes en este lugar cargan contra la cobardía y las imposturas de la socialdemocracia, yo podría hablar desde mi profesión mucho de ellas. Quizá lo inteligente sea la abstención o un voto radical y todas esas cosas. Todo esto me parece materia de un debate sobre el que cualquiera de ustedes puede iluminarme. Lo que advierto, sin embargo, en quienes lideran las corrientes de hostilidad masivas hacia el actual gobierno de España es poco más que el odio y el revachismo, cuando no el puro cinismo de quienes, como creo que sucede con Rajoy solo aspiran a alcanzar el poder por el desgaste del rival, sin la mínima intención de ofrecer pistas sobre cuál es la naturaleza de ese proyecto tan hermoso con el que pretenden salvarnos de la quiebra en que nos ha sumido Zp. El gesto de Aznar no es solo contra los cuatro exaltados de la pancarta, va dirigido a todos aquellos que, cuando el 14-m, descubrieron que sacar a estos caballeros del poder ya era una cuestión de pura higiene moral. El problema que tiene el aznarismo es que se ha quedado colgado en aquella fecha. Y aún no la han entendido, aún no saben que eso a lo que los sociólogos de los setenta llamaban “mayoría silenciosa” es algo más que una masa pasiva que espera a que un líder decidido le conduzca a la salvación. El rencor de ese gesto proviene de la ignorancia.

  10. David P.Montesinos

    A vueltas con todo lo que dice Justo Serna, se me ocurre algo que pasó en un seminario al que los dos acudimos. Varios profesores, todos vinculados en mayor o menor medida a lo que tradicionalmente ha sido la izquierda del tardofranquismo o la Transición, terminaron entre algunos recovecos retóricos reconociéndose como “liberales”, lo que provocó el sarcasmo de algún marxista irredento, para quien sin duda liberal equivale a enemigo. Recuerdo que el conferenciante, tras aquellas intervenciones se le inquirió también por ubicación ideológica en aquel momento de la vida, a lo que él contestó algo así como que “eso es cuestión privada”, de lo que estos dedujeron lo que se les pudo escuchar entre dientes; “vamos, que también es liberal”.

    Cuento esto porque la formación en aburridísima filosofía analítica con la que me castigaron en la facultad me ha servido para entender que muchos de los problemas que tenemos, en realidad, son semánticos. Yo tampoco creo que “burguesía” y “capitalismo” sean la misma cosa, como tampoco son sinónimos de “liberalismo” ni de “democracia”, como muy bien se ha cansado de explicar por ejemplo Cornelius Castoriadis… son campos de significación configurados históricamente en sentidos que conviene no confundir. En la medida en que tienden a ser intercambiados sin presupuestos bien aclarados, entonces llega la confusión.

    Se pregunta usted si es compatible hoy en día el liberalismo confesional. Desde luego que no. Se es liberal con muchos matices o no se es. La dificultad de Marx para advertir algo más que pura manipulación ideológica en algunos valores básicos del liberalismo ha propiciado los excesos de la izquierda más obtusa y autoritaria, la que históricamente ha considerado que las proclamas en favor de la libertad, la tolerancia, el individualismo o el modelo político del contrato son constructos de un imaginario opresor destinado a colapsar al movimiento obrero y perpetuar la servidumbre hacia los nuevos señores. Si yo pensara de esa forma no sería más que uno de esos iluminados que uno se encontraba todavía por ahí con frecuencia en los ochenta. La mayoría de las reivindicaciones por las que salimos a la calle tienen su origen o su desarrollo en el liberalismo, desde la tematización contemporánea del habeas corpus (pensemos en Amnistía Internacional) hasta la propiedad privada (pensemos en lo que pasa en el Cabanyal, pasando por la libertad de expresión, la presunción de inocencia, etc…

    Lo que yo me pregunto es si quienes sin tantos ambages como usted, como yo o como aquellos profesores se declaran “liberales” en España saben realmente de qué están hablando. Por eso me pregunto:

    -¿Es muy liberal que los bancos pidan al Estado, es decir a todos, que le sufraguen la supervivencia con las arcas públicas, es decir mi dinero, cuando son en gran medida sus lucrativas aventuras especulativas las que han provocado la recesión?

    -¿Es liberal que un ente público de información como la televisión valenciana dedique mi dinero a una descarada guerra partitocrática cuyo objetivo es mantener al actual gobierno autonómico, silenciando y desacreditando por sistema a quienes discrepan?

    -¿Es liberal el sistema de conciertos educativos por el cual ustedes y yo estamos pagando el mejor de los negocios de la iglesia católica española, que se encarga de elegir a su clientela con criterios puramente empresariales mientras la enseñanza pública se va desmoronando?

    -¿Es liberal enriquecer a empresas de amigachos entregándoles irregularmente toda suerte de prebendas públicas?

    -¿Es liberal delegar responsabilidades públicas continuamente en empresas privadas de creación sospechosa y de difícil fiscalización que gestionan sus recursos todavía peor de lo que se gestionaban cuando el servicio no estaba privatizado?

    -¿Es liberal basar la prosperidad en la especulación del suelo?

    -¿Es liberal basar el modelo turístico en grandes y atractivos fastos que endeudan brutalmente a ayuntamientos y autonomías para luego decir que es el gobierno central el que no quiere financiarnos?

    -¿Es liberal la Fundación Francisco Franco o la asociación que intenta acabar con el Juez Garzón?

    En fin, que ya hace rato que les aburro. La verdad, el liberal más liberal que conozco es un tipo al que le compro la fruta y que sube y baja los precios cada dos o tres horas, en función del estado de ánimo con que marujas y marujos entramos a la tienda. Eso sí es ley de oferta y demanda… Y resulta que es pakistaní y se llama Alí, qué cosas.

  11. Sigue...

    Los buenos modales en situaciones extremas. Alguna vez ya les he hablado de otra guía de comportamiento que tengo en mi casa. Es el Manual de supervivencia en situaciones extremas, de Piven y Borgenicht. Entre las pintorescas situaciones ambos que describen no está el abucheo de estudiantes.

    Los autores te explican muy didácticamente cómo salir de arenas movedizas, cómo salir de un coche que se hunde, cómo escapar del ataque de un toro, cómo defenderse de un caimán o como sobrevivir a un naufragio. Entre otras circunstantas, ésas son las que se recogen en sus páginas, todo un prontuario bien práctico: efectivamente, siempre te puede atacar un caimán.

    Pero en sus páginas no encuentro nada, ninguna indicación, sobre la posible acometida de universitarios alborotadores. ¿Será una situación extrema? En la ilustración que precede, que fue portada de El Mundo del 19 de febrero, el periódico junta dos fotografías que se daban en el mismo espacio y en el mismo acto: Aznar levantando el dedo corazón de la mano izquierda; los estudiantes llevando una pancarta en la que lo ultrajan gravemente: “Aznar: Criminal de Guerra”. Y nosotros aquí, espectadores estupefactos ante el matonismo verbal y la grosería gestual.

  12. Sigue...

    Segunda situación extrema. He visto La carrerera (2009), la película que interpreta Viggo Mortensen. Sobrecoge. Ésa sí que es una situación extrema, un límite final, el último lugar al que se puede ir y con la circunstancia ya acabada. No la voy a contar, por supuesto, pero sí que quiero invitarles a verla. Vayan al cine y vayan recomendados por David. P. Montesinos, que hizo una reflexión honda sobre el film.

    Todo está rodeado de peligros, todo es amenazante. Tas una destrucción planetaria prácticamente completa, con las ruinas de una civilización material ya inservible, con la fauna y la flora calcinadas o casi, sólo sobreviven unos pocos individuos hambrientos, sin nada que echarse a la boca. Caminan y caminan desorientados, buscando qué o a quién comerse.Como en los cuentos infantiles: ahí fuera hay ogros o sacamantecas…

    Por la carretera que se dirige hacia el sur marchan un padre y un hijo: un muchachito que sólo ha conocido el mundo tras el infierno, es decir, un mundo sin seguridad, sin confianza. Es de su padre de quien espera el sustento y la tutela, la protección y el amor. Es de él de quien recibe los valores con los que guiarse cuando ya no esté. En una circunstancia verdaderamente extrema en la que ya nada parece contar, el egoísmo del superviviente no es lo único válido.

    Hay normas morales, criterios que aprender. Pero el muchacho lo tiene difícil: el padre no es eterno y el hijo ha de descubrir quiénes son los buenos en un mundo destruido, totalmente averiado. ¿Como distinguir, cómo discriminar?

    Lo que vemos es un estado de naturaleza, sin sociedad o Leviatán, sin instituciones que frenen o defiendan: una auténtica regresión primitiva en la que todo está por aprenderse y en la que el agregado básico –la celula familiar– también está fracturado, desaparecido. ¿Podrán reconstruirse las relaciones sociales? Qué soledad más extrema la del chico, qué inerme está. Todo gris, todo calcinado, sin animales. ¿Sin animales? Padre e hijo han visto un escarabajo que aún mueve sus patitas. Luego el muchacho cree ver a un perro…

    Es una película de ciencia-ficción, fantástica, de terror. Pero es también un Western sucio, polvoriento, con la sociedad refundándose, con la ley aún estableciéndose. Es un film de pistoleros y es una historia de amor.

  13. jplanas

    Hola, buena gente;-) Hoy encontré -mejor, me lo regalaron- un algo de ánimo para entrar. La Asociación de Editores de Poesía le dio el premio de mejor libro del año 2009 a mi Tratado… Una placa y una cena en Madrid. Es una situación extrema… damente confortable para mí;-)

  14. jplanas

    Gracias, David, Justo… No tiene mayor importancia, esa es la verdad, pero también lo es que cualquier reconocimiento, por pequeño o mínimo que sea, siempre viene bien;-)

  15. Isabel Zarzuela

    Doña Ana, es cierto que no hay emoticones para el aplauso (podíamos inventarnos uno), pero siempre podemos acudir a las onomatopeyas. ;-)
    Así que… “plas, plas, plas” para el Sr. Montesinos.

    Vaya, Sr. Planas, eso sí que es una buena noticia. Enhorabuena.

  16. R.S.R

    Felicidades al Sr.Planas y aplausos para el Sr.Montesinos por sus intervenciones y por esas reflexiones a The Road.

    Ante los buenos argumentos del Sr.Montesinos -que más que para ir a ver la película eran para no hacerlo- y los del Sr. Serna, no he podido resistirme y he visto The Road. No puedo añadir nada más porque todavía estoy sin palabras. Tampoco quiero desvelar nada. Una situación extrema, donde el hombre con “la circunstancia ya acabada” como muy bien dice Justo-se sobrepone cada día a ella.
    Solo una cosa, me parece de una belleza increíble cómo a pesar de un mundo absolutamente hostil la ingenuidad infantil lucha por mantenerse. Qué efectos tienen esas palabras del padre:
    – tranquilo, no pasa nada, estoy aquí…estoy aquí.

    Es ,desde luego, una profunda historia de amor.Véanla y lloren, no se puede hacer otra cosa

  17. Marisa Bou

    Señoras, señores, amigos, amigas: sólo les diré que son ustedes mi sustento en cualquier situación. Aplaudo (plas, plas, plas) las estupendas intervenciones y felicito (plas, plas, plas, también) a nuestro laureado poeta Planas.

    Permanezco atenta a la pantalla. Saludos.

  18. aleskander62

    La carretera es una gran película.
    Estoy de acuerdo en que hay que respetar las opiniones.
    Creo, por otro lado, que es necesario en nuestro país que se fortalezcan otras dos opciones políticas, para tener más contraste político y más posibilidades. Por ejemplo IU y UPyD.
    De ese modo el panorama democrático sería más amplio.

  19. Sigue...

    “Tercera situación extrema. Lo mejor que te puede ocurrir cuando vas a ver Shutter Island (2009) es ignorarlo casi todo de dicha película…”

    …/…

    “Por otra parte, Martin Scorsese siempre me entretiene, aunque hay algo en sus películas que me frena: no es raro que caiga en el exceso, en la exageración absurda.

    ¿Recuerdan aquel remake que filmó el director norteamericano? El cabo del miedo (1991) se llamaba. Era una película de miedo, pero era tan disparatada, tan hiperbólica, y la actuación de Robert de Niro era tan histriónica…, que al final sólo podías carcajearte. ‘¿Abogado, abogado? ¿Estás ahí? ¿Abogado? Sal, ratita, quiero verte la colita’. ”

    …/…

    Los críticos se han puesto muy serios, con mucho empaque, al analizar la nueva película de Scorsese. La han comparado a otras de Alfred Hitchcock o de Jacques Tourneur: Recuerda (1945), Regreso al pasado (1947), Vértigo (1958). Incluso han detectado influencias o citas de films expresionistas o de la literatura de terror.

    Todo ello es cierto y muy… grave. Le da solidez cultural a esta película, de acuerdo. Pero en Scorsese siempre hay un trazo grueso deliberado, un punto alocado y hasta soterradamente cómico. Lo cómico está siempre muy presente en dicho director. Quizá por eso podríamos comparar este film con aquel otro de Hitchcock: aquel que en España se tituló Con la muerte en los talones (1959). Al pobre Cary Grant le hacían pasar las de Caín. Nos hacía mucha gracia la persecución a que se le sometía (la avioneta, su confusión con un espía, etcétera). Grant se salvaba con elegancia (cómo no, con ese porte), pero era una experiencia horrorosa. ¿Recuerdan la banda sonora? Pero regresemos a Shutter Island.

    En esta última –como en El cabo del miedo–, ya digo, la banda sonora no puede tomarse en serio. Insisto: no podemos tomar en serio esa música estridente que avisa, que precede a las cosas terribles que van a suceder, que anuncia lo que va a pasar o creemos que va a pasar. Es más: algunos personajes tienen guiños irónicos más o menos explícitos. Así sucede con los que interpretan Ben Kingsley o Max von Sydow. Sólo Di Caprio no parece bromear. Está ante psicóticos y ante sus guardianes. Y está ante sí mismo… Con él vemos lo que pasa, con su punto de vista: con él nos salvaremos o nos hundiremos. ¿Una exageración? Quizá, pero no olviden que en una película de Scorsese lo que le pasa a su protagonista siempre es lo que le pasa a la humanidad. No me pidan más detalles.

  20. Alejandro Lillo

    Señor Planas, es usted tremendo. Debe ser magnífico sentirse valorado de ese modo por sus compañeros de profesión (y destino). Me alegro mucho por ese premio. Mis felicitaciones, poeta.

  21. Pumby de Villa Rabitos

    Ya saben que cuando estoy de acuerdo con lo dicho por los concurrentes sobre el “post”, me callo. Así que he estado calladito leyéndoles gratamente.

    Sólo un pero respecto al “curriculum” de buenos modos y educación de su majestad de ustedes, que Villa Rabitos es una república. Parece que nos olvidamos de que en junio de 2004, el ciudadano Borbón propinó un corte de mangas o “botifarra” a los vitorianos que lo abuchearon durante la real visita a aquel municipio. Las cámaras de TV lo recogieron. Únase pues al “joder que tropa”, de Rajoy, y al “hijoputa” de Aguirre. Gente fina. De colegio de pago. Elegantes. Nuestra clase dirigente.

    Apéndice provinciano. El de los señores Camps y Elorza, presidente autonómico el primero y alcalde constitucional el segundo. ¿Se nos olvidó también la chulería de mastuerzo de ambos cuando, increpados por un solo ciudadano, acompañados ellos por la cohorte de guardaespaldas de turno y sabiéndose rodeados de medios de comunicación, el primero se encaró con el chaval que le había dicho no-se-qué y el segundo ¡se quitó la chaqueta! para “ir a pegar” al ciudadano irritado? Vaya valor…

    Y apéndice cosmopolita: nuestro queridísimo “monsieur” Sarkozy que reunió en si mismo los defectos antedichos: la grosería más zafia de los primeros (llamó “mutans, mutandis”, gilipollas a un ciudadano) y la prepotencia de los segundos, al hacerlo ante las cámaras (ante las cámaras y con los escoltas, digo, que si se llegan a encontrar, cara a cara y sin testigos, ya veríamos dónde quedaba su valor arrabalero). Cito al hombrecillo de doña Carla Bruni, como ejemplo. Hay casos a mares por esa Europa del Demonio, lo hice simplemente para recordar la hispánica “vox populi”: “en todas partes cuecen habas…”

  22. David P.Montesinos

    Gracias, Isabel… No es que antes no se lo tuviera, pero como que la miro con más respeto últimamente

  23. Ana Serrano

    Pumby querido, me parece que las habas de la zafiedad (y me atengo a su listado, cuecen, sobre todo, en la derecha) ellos se lo pueden permitir todo, porque son graciosos, tienen dinero y pueden llamar a quien les llama de usted y hasta don, doña o señor, de tú.

    Hoy, en El País, como en casi todos sitios, hablan Millás y Marías de la exquisita educación de nuestros dirigentes). Marías sólo de Espe porque, cuando escribió su artículo, no se había producido el gesto de Aznar. A Millás no puedo enlazarlo, pero el artículode Marías es este.

    http://www.elpais.com/articulo/portada/puta/mierda/elpepusoceps/20100221elpepspor_14/Tes

  24. Alejandro Lillo

    Vamos a ver. Estando de acuerdo con todas las intervenciones querría apuntar una cosa más sobre Aznar y su supuesto liberalismo. Recordar que Aznar llegó a presidente convenciendo a los españolitos de que era de centro. Pero en realidad este señor y sus adláteres, como bien dice el señor Montesinos, no han cambiado un ápice, siempre han sido como se muestran ahora. A Chemari se le cae cada vez más la máscara y –como le sucede a Fraga- acabará diciendo lo que realmente piensa de las cosas. Por eso auguro que lo mejor de Aznar está por llegar. Ya verán, ya, cuando alcance la senectud.

    Dicho esto, coincido con R.S.R, con doña Isabel y con doña Ana en sus apreciaciones. Pero de ellas (las apreciaciones, digo) se infiere además algo que me parece sumamente grave y que viene a incidir en lo que tan bien ha apuntado don David acerca del liberalismo de corte aznariano, también conocido como “esperanzismo hideputista” (por lo del dichoso micrófono, que no querría yo que alguien se sintiera insultado).

    ¿Dónde está el patriotismo de Aznar? Desde que ha dejado de ser Presidente de todos los españoles no ha hecho más que fastidiar, zancadillear y torpedear todos los proyectos promovidos por el gobierno español que ha podido; ha intentado, y en más de una ocasión lo ha conseguido, echar por tierra y deslucir el prestigio y el buen hacer de dicho gobierno. Y en ningún momento ha desaprovechado la ocasión para criticar y hablar mal de las políticas de Zapatero etc. Si este señor fuera un liberal no se comportaría de este modo. Eso es así de sencillo. El interés de España debería estar por encima de cualquier otra consideración, pero en este bendito país parece que, en vez de tirar todos para adelante, queremos hacerle la zancadilla al de al lado para ocupar su lugar y seguir con la mierda al cuello (con perdón). A un ex presidente del gobierno que se comporta con tanta irresponsabilidad no sólo habría que retirarle el dinero que le da el estado y que todos los ex presidentes merecen por los servicios prestados, sino que habría que declararlo, si persistiera en esa actitud, “persona non grata”, porque su comportamiento es inadmisible. No digo esto por lo del dedito, sino por su actitud boicoteadora hacia España y su gobierno.

    Por otro lado decirles que estoy leyendo –siguiendo el consejo del señor Montesinos- “La carretera” (por cierto, ¿se imaginan que en vez de Viggo Mortensen, fuera Jose Maria el que aconsejara y guiara al niño? ¿Qué le diría, dios mío? ¿Qué le diría?). Por ahora estoy más preocupado en analizar el lenguaje que emplea McCarthy, con esas frases sin apenas comas y abundantísimas “y”, que de otra cosa. No sé si a un novato le permitirían escribir así. De todas formas es muy interesante el uso que hace del lenguaje y de los diálogos. Todo, evidentemente, orientado a reforzar el espacio y la sensación de dureza y devastación que describe en la novela. Ya les contaré si soporto tanta miseria, ya.

  25. jserna

    Tengo la impresión de hay poca gente que haya visto ‘Shutter Island’. Poca gente que frecuente el blog, quiero decir. ¿Me equivoco?

  26. Pumby de Villa Rabitos

    Ciertamente, doña Ana, ellos se lo pueden permitir y nosotros, por pura dignidad, no admitir.

    Lamentablemente, la “dignitas”, que sabemos que no es cosa de cuna ni de bolsa, es otro de los valores que la izquierda dejó escapar hacia ningún sitio, al desagüe del olvido. Era algo tan poco moderno…

    Y enlazo ello con los aspavientos sobre la actitud del grupo ideológico dominante en la derecha española. La que se ampara bajo el paraguas estúpidamente generoso del “liberalismo” y la estructura organizativa de FAES. Esta mañana escuché a ZP en su “meeting” de ayer en Málaga – ahora va a hacer bolos mitineros, a ver si recupera algún votante con su “verba” que sus “facta” no le han reportado muchos – No llego a entender la tozudez de su discurso pactista suplicante ¿Después de dos legislaturas aún no ha entendido la estrategia electoral del PP-FAES? Ya recomendé hace tiempo que se leyeran el “Diario” de Goebles para entenderlo. ¡Uf, apesta a alcanfor! debió pensar más de uno, de esos que tienen memoria de pez, de los que se creen que cualquier acontecimiento ocurrido seis meses atrás ya no merece ni la menor reflexión porque “es pasado y las condiciones objetivas han cambiado” (es un enternecedor marxismo en chancletas…). Bien, pues vuelvan ustedes al “lacasito” Zizec si les parece más de moda y lean en su “En defensa de la intolerancia” (Sequitur, 2007) su definición de lo que él llama la “ultrapolítica”. Vale, no se me hernien, les transcribo:

    “(…) (es) el intento de despolitizar el conflicto extremándolo mediante la militarización directa de la política, es decir, reformulando la política como una guerra entre “nosotros” y “ellos”, nuestro Enemigo, eliminando cualquier territorio compartido en el que desarrollar el conflicto simbólico (el que representa la política liberal) (…)”

    O sea, lo mismo que propone Goebles y que convierte al NSDAP en el artido político electoralmente hegemónico. Si el PSOE-ZP no es capaz de entender eso, el discurso, encima descafeinado, de “republicanismo” deliberante que su dirigente ha querido y no ha sabido llevar adelante, se va a estrellar como una mosca una y otra vez contra el mismo vidrio que es incapaz de ver y que sólo puede percibir mediante el doloroso tropezón con las encuestas de intención de voto. No es que el PP sea perverso – que lo es – es que en el PSOE no se enteran ni de cuales son sus propios intereses como partido, o sea, alcanzar el poder y mantenerse en él el máximo tiempo posible. Como diría un gaucho, “caminan como pato criollo”.

    Eso, hundidos en una situación general tan extrema como la que vivimos, oscila entre lo estúpido y lo suicida. Algo que no es precisamente recomendable si levantamos la vista de nuestra nariz y vemos la pésima que se avecina. ¿Exagero? Por favor, lean hoy, en su prensa favorita, el volumen de la deuda contraída por los bancos españoles – esos que socializan sus pérdidas y privatizan sus beneficios – con la banca alemana y pónganlo en relación a la situación que vive, ya no Grecia, que es obvia y que conlleva, de facto, sin que nadie exprese protesta alguna, la pérdida de su soberanía, háganlo respecto al caso de la bancarrota de la banca islandesa y las exigencias de Gran Bretaña y los Países Bajos ¡al gobierno islandés! En la práctica, pretenden comprar aquel país al baratillo.

    En fin, que no es que gane el PP, es que el PSOE lo hace tan rematadamente mal que él es quien pierde (y no, no me alegro de ser el agorero del grupo).

    PS cinematográfico. ¡Albricias con los Bafta!, Kathryn Bigelow y “En tierra hostil” ganaron como el Barça, con imperio, olvidándose de los grandes favoritos para los Oscar, James Cameron y “Avatar”, que gana como el Madrid, en base a millones de dólares. Por cierto, tampoco le dieron el premio a la mejor película de habla no inglesa ni a “La cinta blanca” ni a “Los abrazos rotos”. Bien por los británicos.

  27. David P.Montesinos

    No se equivoca, Justo, yo desde luego aún no la he visto. Tuve un conocido un poco burro que decía ser un gran estudioso “del cine de Copola y Escocerse”, juro que no es broma.

    Alejandro, su intervención me parece muy acertada, pero no le tolero el símil sobre The road, ha estado usted a punto de amargarme su recuerdo para siempre.

  28. aleskander62

    Me voy a ver la película de Scorsese. Gran director de cine, recordemos Taxi driver y Cape fear, por ejemplo.
    Sigo pensando que, además de PP y PSOE, hace falta IU y UPyD, para que avance el abanico democrático y el diálogo social.
    También sería conveniente que participáramos en la sociedad a través de ONGs y sindicatos.

  29. jserna

    Creo que no estoy de acuerdo con usted, aleskander62. ‘Taxi Driver’ me parece una gran película, con un Robert de Niro exagerado pero desencajado. ‘Cape fear’ –o sea ‘El cabo del miedo’– me parece un film menor pero muy divertido (“¿Abogado, abogado? ¿Estás ahí? ¿Abogado? Sal, ratita, quiero verte la colita”). En esta película, Robert de Niro está caricaturesco. Pero ambos films tienen algo desgarradoramente cómico, patético. Sin duda, los protagonistas están al límite, en situación extrema. Leonardo di Caprio, en ‘Shutter Island’, también. Y no me fuercen a decir más…

  30. R.S.R

    No, yo no he visto ‘Shutter Island’ espero verla. La que creo que será de visión imposible para mi es la de “En tierra hostil” y por lo que he oído de ella los premios son merecidísimos.

    ¿Sr.Pumby? hace días que busco unas siglas ( letras 20 ,21,20) si he contado bien, que cuando las escriben los de Vila•cuetes tienen una música especial¿les ha vist enlloc?

    Hay algo que no he entendido de su intervención (desde luego usted a veces es la última página del Apocalipsis, con razón ,por supuesto) ¿por qué dice que la “dignitas” (…)es otro de los valores que la izquierda dejó escapar hacia ningún sitio, al desagüe del olvido. Era algo tan poco moderno…?

  31. Paco Fuster

    Me han despertado la curiosidad por ver “Shutter Island”. Si se parece a “El cabo del miedo”, me gustará. Es ésa una película que habré visto unas cinco veces. Después de Dustin Hoffman y Anthony Hopkins, De Niro es mi actor favorito y el personaje que interpreta en esa película (recuerda una vieja entrada de este blog en la que lo citaba), Max Caddie, es un personaje inovidable por lo cómico y lo siniestro que aúna. Estoy de acuerdo con Justo en que es una película de miedo que por momentos produce la risa. Sin ser una pelicula técnicamente extraordinaria, su peculiar factura ha hecho que haya quedado bastante en la memoria. Al margen de la famosa escena del “abogado” (recuerdo las imitaciones que hizo de ella José Mota, el humorista de “Cruz y Raya”), no sé si han visto alguna vez – iamgino que sí porque lo han repetido mil veces – ese capítulo de “Los Simpson” en el que se recrea toda la historia de la película, con el Actor Secundario Bob haciendo de De Niro: fumándose un puro en el cine, atándose a los bajos del coche de Los Simpson, etc.

    Aunque no soy mucho de ir al cine (hace años iba todos los domingos pero luego dejé de ir), intentaré ir a ver la película de Scorsese. Hacía muchos años que no iba y fui hace unas semanas a ver – convencido por unos amigos – una tal “Solomon Kane”, especie de versión de “Conan, el bárbaro”, supuestamente más conseguida. Fue entretenido.

  32. jserna

    Hombre, Paco, qué cosas. En mi casa, ‘El cabo del miedo’ la habremos visto también unas cinco veces. Dice recordar las imitaciones de José Mota. Recuerdo también a Andreu Buenafuente haciendo de Max Caddie y diciendo aquello de “sal, rarita…” En casa también lo hacemos muy bien. Pero en realidad no hace falta: el propio De Niro-Caddie es su mejor imitador.

    Verá, tiene hallazgos visuales que son homenaje a la película original. Pero la historia de Scorsese no es gran cosa. En cambio, ‘Taxi driver’ es notablemente superior: es a la vez un film bélico y un western ambientado en las calles de Nueva York. Con su amor romántico imposible. Y con su taradito. Es más contenida, ya digo. ¿Y ‘Shutter Island’? Ah…

    Otra cosa. Me sorprende eso que dice de que regresó a las salas hace poco para ver ‘Solomon Kane’. “Hacía muchos años que no iba”. ¿Muchos años? ¿Cómo se puede pasar sin ir al cine? ¿Y cómo regresa para ver esa película?

    Perdone, Paco, pero me resulta sorprendente.

  33. Paco Fuster

    Pues así es, Justo. La verdad es que tampoco yo sé muy bien porqué dejé de ir al cine. Hubo una época en la que iba todos los domingos con mis amigos camareros del lugar donde trabajaba. Después de todo el fin de semana trabajando, acababamos en el cine; nos daba igual la película y, de hecho, más de uno no la terminaba de ver porque se dormía antes. A mí eso me divertía al principio pero luego me empecé a aburrir de la rutina.

    También se suma el factor económico. Me parece abusivo que hagan pagar casi 6 euros por ver una película. Yo no porque no tengo tiempo, pero mi hermano suele bajarse todos los estrenos de Internet y grabarlos en DVD. Sigo sin verlos – salvo honrosas excepciones – porque tampoco teno tiempo, pero en un DVD que vale menos de un euro tengo cinco películas.

    De todas formas, insisto en que. salvo esas excepciones, el cine de los ultimos años no me convence mucho. Será porque soy un nostálgico, pero prefiere volver a ver grandes clásicos que tengo – esos sí – comprados en DVDs también carísimos, o grabados. Por eso hay películas que las he visto seis o siete veces y otras ninguna.

    Y bueno, lo de “Solomon Kane” fue una coincidencia. Desconocía la existencia de dicha película y se supone que íbamos a ver “Avatar”. Luego resulto que uno de mis amigos ya la había visto y, claro, de las demás que había para elegir… Al margen de la Scorsese, de los estrenos de hace poco sí que me gustaría ver “Up in the air”, la última de George Clooney. Me dijo un amigo que era muy buena.

    Lo de Buenafuente – y José Mota – imitando a De Niro está en Youtube:

  34. jserna

    En mayor o menor medida, lo patético está en todas las películas de Scorsese. ¿Recuerdan ‘El rey de la comedia’ (1983). De Niro daba miedo, literalmente miedo, de tan cómico que era, de tanto humor que provocaba… hasta la caricatura.

    No recuerdo dónde he leído las declaraciones de Scorsese acerca de la música de ‘Shutter Island’, una banda inspirada en ‘Fog Tropes’, Ingram Marshall. Eso decía el director. Las variaciones hacen de esa música una asfixia sonora: percusiones, golpes, descargas, etcétera, que reproducirían el estado convulso del inconsciente de Teddy Daniels (Leonardo di Caprio). Sigo pensando que con ese énfasis sonoro Scorsese quiere marcar explícita, cómica y patéticamente la acción y el estado interior del personaje. Y de una manera exagerada.

  35. aleskander62

    Ya he visto Shutter Island, sí, me ha gustado. Buena película con fantástica banda sonora y excelente fotografía en que dudas hasta de tu propia identidad. Identidades que basamos en tres o cuatro referencias. Y si las perdemos …. Vértigo es lo que produce la última película de Martin Scorsese, uno de los grandes realizadores norteamericanos de la generación de Brian De Palma y Francis Ford Coppola.
    por cierto, me gusta el cine de la hija de Coppola, Sofía Coppola (Vírgenes suicidas, María Antonieta).

  36. Pumby de Villa Rabitos

    Discúlpenme ustedes pero esta intervención será un pelín larga. Doña Erreserre me provoca y claro, mi incontinencia verbal me puede. ¡Échenle la culpa a ella!… Bueno, señora mía, acépteme la bromita, que sé que mi verborrea sólo es mía. La suerte del “blog” es que quien no me quiera leer, no tiene porque hacerlo.

    Y entrando en harina… incógnita por incógnita… si no es mucha indiscreción… ¿cómo es que no podrá ver usted “En tierra hostil”, doña Erreserre?

    Otrosí. Mmmm… tal vez sea yo el que se equivoca pero dado que la che (ch) y la elle (ll) aunque son dígrafos también son letras del abecedario castellano en tanto en cuanto reproducen un solo sonido (cosa que no ocurre con la erre doble, que suena diferente si es simple), resultaría que, aunque las palabras que comienzan por che y elle se integran desde 1996 en los diccionarios dentro de las palabras que comienzan por ce y por ele, respectivamente, el alfabeto hispano las mantiene como letras y por lo tanto, éste dispone como siempre (como siempre desde 1803) de veintinueve letras, así que el juego 20-21-20 me da un resultado un poco raro, desconcertante. Tenga usted en cuenta que soy varón y mi capacidad intelectual viene limitada por mi condición de género, acláreme un poquito más la cosa, por favor.

    Otrosí. La “dignitas”… La izquierda… El olvido… Le contaré una de “las viejas historias del viejo Pumby”. El sur de Argentina tiene una de las climatologías más duras del planeta. Allí el frío es aterrador. Ríase usted de Dersu Uzala cazando por la Siberia. La Patagonia es bastante peor. A principios del siglo XX un carro avanzaba trabajosamente bajo un viento gélido que soplaba des del Polo Sur. Lo conducían las monjas de un recóndito convento de Río Negro. Sin apenas capacidad para abrir lo ojos, mulos y monjas avanzaban como buenamente podían. En la semiobscuridad de la tormenta adivinaron el cuerpo caído de un hombre. Se detuvieron. En efecto, lo era. Con gran esfuerzo, entre varias, recogieron al hombretón y forzaron marcha para atender aquel desconocido que literalmente moría de frío.

    El hombre era fornido pero Naturaleza era mucho más dura. Llegó sin conocimiento, rígido y revestido de un mantillo de hielo. Vestía pobremente, nada adecuado para ir por aquellas tierras, menos aún en aquella época del año. Ni calzado cerrado llevaba, sólo unas abarcas. Una gorrita de obrero, bufanda de lana y chaqueta de pana era su único abrigo. Mientras unas monjas se afanaban buscando mantas, lo dejaron junto al fuego del hogar al cuidado de otras. Éstas quisieron disponerlo de una forma más cómoda. Al hacerlo, pretendieron desprenderlo de un mísero zurrón al que se aferraba. No hubo forma. El tipo, aun desmayado y ya sin el rigor del frío, seguía apretándolo con fuerza. Sólo cuando recuperó el conocimiento y se hizo cargo de su peripecia aflojó su mano.

    Las religiosas, asombradas por su actitud, le preguntaron qué llevaba en el zurrón para ofrecer tamaña obstinación. Él, con gesto pícaro, se lo mostró: en su interior se amazacotaban miles de pesos. “Pero, hombre de Dios, con semejante fortuna ¿cómo no se compró mejor ropa, no llevó más provisiones, no tomó algún carruaje para la travesía?…” Y él, un poco apesadumbrado, les respondió: “es que el dinero no es mío. Es la caja de resistencia que los compañeros de Capital reunieron para los huelguistas de (perdóneme pero no recuerdo el lugar)”. Las hermanas se quedaron estupefactas. El desconocido, en efecto, era un anarquista que ejercía de correo sindical. No pasó a la historia – ni siquiera me supieron decir su nombre – nada tenía de pretencioso, ni de heroico, ni de desmedido; era un hombre honrado revestido tan solo… ¡tan sólo!… de la dignidad, de la excelencia de su clase y condición. Hoy, a aquel digno obrero hubiera sido tachado de imbécil. Y con que le pegue un vistazo a nuestra clase sindical – que no a nuestros sindicatos de clase, tan perdidos como la dignidad – verá que no exagero. Esa integridad, esa honradez, decoro, altura de espíritu, conciencia grave, expresión adusta y a la vez sencilla y divertida que diferencia a una persona de un majadero, se diluyó en la izquierda al grito de “la arruga es bella”, con la lectura del suplemento de vinos y compras de El País Dominical y las visitas compulsivas a Ikea.

    Yo no le digo que sea ni mejor ni peor, cada cual que aprecie lo que le venga en gana, sencillamente indico que ese valor que antes era una de las señas de identidad de una izquierda responsable y comprometida, hoy no es, ni siquiera, algo que se plantee como debatible en cualquier cursillo de formación política o sindical, de esos que se hacen en verano, al lado del mar, entre langostinos.

    Otrosí. Sobre mi “apocalipticismo”… Mire, le paso una canción de Joan Baptista Humet, gran amigo de mi hermano Manel y apreciado por todos los Recatalà. Falleció su cuerpo hace bien poco. Su genio sigue vivo. Y yo, humildemente, entendiendo que el sistema en el que vivimos hace acomodaticia a la gente, y la acuna, y adormece, y atonta, y adocena. Como yo tengo tan mal sueño, “los ladrones de ultracuerpos” no han podido desecarme por completo y, con esa ventajilla a mi favor, aprovecho mi vigilia para chinchar, incordiar y “tocar las bolas” (como diría, seguro, aquel anarcosindicalista). Que a alguien, como leerá en la letra, le ha tocar recordar el malestar.

    QUE NO SOY YO (Joan Bautista Humet)

    A veces pienso que tengo suerte / sin una perra y aún me divierte, mi profesión / desde una noche en la que Dios quiso / comprometerme con el hechizo, de una canción.
    Y ahora acabemos de ser sinceros / que a mi también me mueve el dinero, y la vanidad / pa’ no ser menos que mis amigos / que se conforman con un suspiro, de libertad.

    Y una lucecita que apenas se ve / cuando estoy a solas va diciéndome / que no soy yo, que aún no soy yo. [Estribillo]

    A veces pienso que lo más grande / de que dispone el hombre es el hambre, de conocer / que abrir un libro es abrir las alas / sobre las cosas que nunca acabas, de poseer.
    Y empiezas a edificar tu mundo / de las ideas que en un segundo, de intuición / para acabar bajo los cimientos / esclavizando tus sentimientos, a la razón.

    [Estribillo]

    A veces vibró con cualquier cosa / una mirada se me hace hermosa, si mira en paz / por un cachorro que se extravía / que así yo entiendo a mis alegrías, vaivén fugaz.
    Y porque sufro y me pongo al lado / del oprimido y amordazado, que se echa a andar / porque él a hecho que el mundo gire / y hay que cantarle pa’ que no olvide, su malestar.

    [Estribillo]

    Otrosí. Don Justo, perdóneme especialmente usted la longitud de la presente.

  37. R.S.R

    Es usted encantador (por eso le echaba de menos).

    Yo seré breve porque no tengo tantos argumentos o “verborrea” como usted le llama -que no yo- y mucho menos por escrito, se me da mejor el lenguaje oral qué vamos a hacerle.
    Respecto a su primera incógnita, tiene usted inteligencia y astucia suficiente como para respondérsela solito. Es muy fácil, si no lo descubre, se la responderé en privado.

    Totalmente de acuerdo en las cuestiones de género, hay cosas que van con el cromosoma Y, pero …por esta vez ha acertado y he sido yo la que sin encomendarme ni a Dios ni al Diablo he dado al traste con un sistema alfabético vigente desde 1803, así soy yo. Menos mal que está usted ahí para poner las cosas en su sitio.

    Me ha gustado la historia del sur de Argentina pero no estoy de acuerdo con su conclusión no entiendo por qué “Hoy, a aquel digno obrero hubiera sido tachado de imbécil” eso no es así, algo habrá que matizar ¿no? (no se me enfade pordió)

    En cuanto a su “apocalipticismo” ya veo que no es tanto cuando le ha inspirado esa preciosa canción. Luego le pondré música, no la conozco.
    Lo dicho al inicio

  38. Pumby de Villa Rabitos

    Es usted tan amable como siempre, señora. Especialmente si releo lo que escribí; ay, otra vez lleno de incorrecciones (ese “des del Polo Sur” clama al cielo… y no es lo único). Deberé aplicarme más con el castellano.

    Es evidente que me sobrevalora, que no, mujer, que soy varón, que no doy más de mi. Esperaré su respuesta privada (supongo que a través de nuestro mensajero).

    ¿Cómo voy a enfadarme con usted? Y más por disentir conmigo. Hasta ahí podríamos llegar. Mis amigos no sólo discrepan conmigo, es que hasta en ocasiones me afean mi conducta. Por eso son mis amigos, no por lo que pensamos (pura abstracción) si no por el cariño que nos tenemos (que es concreto).

    Tiene usted razón, tal vez con la palabra podríamos entendernos mejor, tal vez podría darle mi moraleja de la historia – verídica – del anarquista y las monjas argentinas. O tal vez no. En ocasiones, las palabras las carga el dios de los judíos.

    Ya que no conoce la canción de Humet, descuide, se la paso de Youtube

    Disfrútela…

    ¡Bueno y ustedes también!… por favor… qué envidiosos…

    Por cierto, la noticia de John Cobra ha sido difundida “urbi et orbi” por la Agencia API.

    Ah… y esta tarde mani… por quien quiera ir… ¿a las barricadas o a las mariscadas?… qué dilema…

  39. jserna

    Nada, nada, sr. de Villa, no se preocupe por la extensión. Perdone que no diga nada de su historia. Estoy en baja forma y, para más inri, estoy sobrecogido desde que vi en directo –repito: en directo– a John Cobra. ¿Y qué hacía yo viendo aquello, a este meritorio? Había sido advertido por mis hijos y había muchas probabilidades de que pudiera dar el espectáculo.

    Lo ocurrido superó cualquier expectativa.

  40. Alejandro Lillo

    Pues a mí estas cosas me dan mucha vergüenza, no lo puedo evitar. Isa se descojona, pero yo me quiero morir.

    Por cierto, Anne Igartiburu se ganó el sueldo del mes en una noche. Menudo peligro el Cobra ese.

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