¿España es un país gozosamente inculto?

Cuando aparece la nueva obra de un autor celebrado, vuelve a comenzar un período de promoción. El escritor es requerido. Hay que hacer presentaciones. Hay que viajar aquí y allá para crear noticia, para dar imagen y palabra a lo que es un objeto ya consumado, cerrado: el libro. Arturo Pérez-Reverte lleva meses anunciando la aparición de su nueva novela: El asedio.

En su último libro de artículos, un volumen recopilatorio titulado Cuando éramos honrados mecernarios, adjuntaba un tarjetón con el anuncio de la obra que ahora publica Alfaguara. Todos los medios son buenos para provocar mayor efecto. Uno de esos recursos es la entrevista: unas declaraciones del autor para juzgar, evaluar, dictaminar y sintetizar sobre hechos próximos o ajenos a la novela. En el caso de Pérez-Reverte, eso se ve reforzado, además, por su estilo expresivo: bronco y acanallado, que él juzga atrevido o talentoso.

El jueves 4 de marzo presentaba El asedio en Cádiz, lugar en el que transcurre la acción de El asedio, ambientada en 1811. Por ser una novela de época, Pérez-Reverte parece obligarse a dar indicaciones históricas, a enjuiciar el pasado español. No sé qué tienen que ver ambas cosas. Un novelista puede ser capaz de reconstruir toda una época, de informarse, de imaginar situaciones o personajes perfectamente verosímiles. No entiendo por qué, además, ha de pronunciarse sobre ese tiempo recreado. ¿Y quién es él para dictaminar acerca de España, su siglo XIX, de su circunstancia política? ¿Le autoriza su conocimiento, la consulta de libros que ha debido hacer para documentarse?

Claro que puede pronunciarse, pues tiene datos y tiene criterios, como cualquier persona culta. Pero no es un historiador: los investigadores han de evitar las generalizaciones y, sobre todo, han de evitar las analogías inmediatas o las continuidades seculares que expliquen el presente. Entre el hoy y el ayer hay un abismo temporal, una separación que no salvan los parecidos, las similitudes presuntas. El cambio transforma los contextos históricos, los altera, y con ellos lo que se nos antoja idéntico.

Pérez-Reverte generaliza, establece analogías y continuidades seculares para deplorar el estado de cosas actual. Habla del Cádiz de 1812 para lamentar nuestro estado presente. Dictamina sobre el Ochocientos o sobre la Antigüedad para condenar el desastre milenario de España. Las mismas causas, la misma fatalidad, la misma mala pata. Nos sermonea y lo hace con estilo admonitorio, severísimo, contundente. Profiere  enormidades o simplificaciones, perora.  En El Cultural de 26 de febrero de 2010 aparecía una entrevista que le había hecho Blanca Berasategui.

De todo lo dicho reproduciré sólo algunos extractos, los referidos a la historia y a la historia de España. Parece decir algo nuevo, pero en el fondo lo que sostiene es muy viejo: lo emparenta con los autores del Desastre, con los observadores del 98, de 1898. Para ser historiador hay que quitarse fatalidad y gravedad. Hay que observar seriamente, sí, pero también con modestia, con algo de ironía y con algo de piedad por los antepasados. Podrían analizarse estos puntos, sustanciosos y a la vez previsibles. Quizá lo haga.

1. ¿Fue Cádiz una excepción española? Cádiz “fue el ejemplo de la España que pudo ser y no fue. Donde la aristocracia no era de nobles, ni siquiera de dinero, sino de comerciantes, una aristocracia moderna, comparable a la Inglaterra o la Holanda de entonces, y con una clase dirigente abierta, liberal, que viajaba, que hablaba idiomas, donde la religión no era un elemento determinante, donde la política estaba supeditaba a la economía, y no al revés”.

2. ¿Era España un lugar cerrado? “España era entonces un lugar cerrado, oscuro, donde estaban los curas, los reyes, los ministros, y la aristocracia corrupta y acabada, mientras que Cádiz era moderna, abierta, y era el mar, sí, el que la hacía posible. ¡Me entristecía tanto pensar, mientras manejaba toda esa documentación de la época, lo que Cádiz era, lo que España tenía que haber sido y que no fue por nuestra estupidez de siempre…!”

3. ¿Es España un país históricamente enfermo? “España es un país históricamente enfermo. Se ve muy bien en cuanto escarbas un poco en la historia: desde Indíbil y Mandonio, los Austrias, la Ilustración… Hasta ahora mismo… Mira cómo nos estamos cargando la democracia. En cuando se empieza a perfilar una España distinta, esa España que empieza a ser posible, la destruyen los mismos españoles: la arrogancia de unos y el fanatismo de los otros. En Cádiz, los constitucionalistas liberales no supieron ver lo que era posible y no era posible. Quisieron hacer una constitución radical de la noche a la mañana, y eso era imposible. La misma constitución tenía el gen de su destrucción. Y cuando lees las actas de los debates, ves cómo se odiaban unos a otros, cómo se puteaban, cómo usaban la Prensa como arma arrojadiza… cómo ese esquema dialéctico, terrible y destructivo, se va reproduciendo en el siglo XIX, XX y XXI. El oportunismo político ya se da en la Constitución de Cádiz. Es desolador ver cómo el español repite los errores, cómo se carga lo que se le ponga delante”.

4. ¿Es el español históricamente un hijo de puta? “Mi memoria histórica tiene tres mil años, ¿sabes?, y el problema es que la memoria histórica analfabeta es muy peligrosa. Porque contemplar el conflicto del año 36 al 39 y la represión posterior como un elemento aislado, como un periodo concreto y estanco respecto al resto de nuestra historia, es un error, porque el cainismo del español sólo se entiende en un contexto muy amplio. Del año 36 al 39 y la represión posterior sólo se explican con el Cid, con los Reyes Católicos, con la conquista de América, con Cádiz… Separar eso, atribuir los males de un periodo a cuatro fascistas y dos generales es desvincular la explicación y hacerla imposible. Que un político analfabeto, sea del partido que sea, que no ha leído un libro en su vida, me hable de memoria histórica porque le contó su abuelo algo, no me vale para nada. Yo quiero a alguien culto que me diga que el 36 se explica en Asturias, y se explica en la I República, y se explica en el liberalismo y en el conservadurismo del XIX… Porque el español es históricamente un hijo de puta, ¿comprendes?”

5. ¿Es España un país gozamente inculto? “Si este país no fuese un país analfabeto, cuando a la gente le dicen: estos son los buenos y estos los malos, diría, ¡no me cuentes historias, que yo sé muy bien de qué estamos hablando, que yo he leído, que sé que no, que sé que los carlistas, y sé que los isabelinos, y sé que Fernando VII y sé que la Constitución, y sé que los nacionales, y los rojos, y sé que los socialistas, y sé que los comunistas… Que yo sé! El problema es que España es un país inculto, España es un país gozosamente inculto, es un país deliberadamente inculto, que disfruta siendo inculto, que hace ya mucho tiempo que alardea de ser inculto, y con gente así, esa Ley de Memoria Histórica es ponerle una pistola en la mano. No estamos preparados para leyes como ésas”.

6. ¿La faltó a España la guillotina? “El problema de España, a diferencia de Francia, es que no hubo una guillotina en la Puerta del Sol que le picara el billete a los curas, a los reyes, a los obispos y a los aristócratas… y al que no quisiera ser libre le obligara a ser libre a la fuerza. Nos faltó eso, pasar por la cuchilla a media España para hacer libre a la otra media. Eso lo hemos hecho luego, hemos fusilado tarde y mal, y no ha servido de nada. El momento histórico era ése, el final del XVIII. Las cabezas de Carlos IV y de Fernando VII en un cesto, y de paso las de algunos obispos y unos cuantos más, habrían cambiado mucho, y para bien, la Historia de España. Nadie lo hizo, perdimos la ocasión, y aquí seguimos todavía, arrastrando ese lastre que nos dejaron aquellos que sobrevivieron y que no tenían que haber sobrevivido”.

Arturo Pérez-Reverte. Ha adoptado un papel público muy vistoso: insiste en que no se vende, en que habla alto y claro, y en que no le importa ser tonante y arrogante, de palabra acerada y de injuria justificada. No le importa. Es más: parece golfo y humilde.

Dice estar a vuelta de todo, inmisericorde, como si él fuera juez y parte. Habla con desprecios, con aspavientos, con estrépitos, porque él dice no humillarse en tierra de cobardes. Se pone serio, incluso muy grave y severo…, pero sólo cuando él decide que hay que hacerlo. Entonces perora y nos sotanea: nos da una tunda verbal.

Así, reprocha a los doctos la cátedra de la que viven. Destina su crítica acerba al sistema educactivo, responsable de que los españoles no tengan el nivel cultural que él efectivamente tiene. A  los universitarios les afea su servilismo: el título no lo ha hecho; a él lo ha hecho la universidad de la vida, de la guerra y de la calle. Eso dice. Ha estudiado por su cuenta, ha leído lo suyo, se ha documentado con saberes que a los listos no interesan. A los políticos les reprocha, su analfabetismo o su sectarismo. Con su verbo los ultraja y a veces los agasaja rudamente.

Se imagina solitario, ajeno a las capillas, independiente, siempre a punto de irse. Se imagina erudito, diciendo verdades como puños. Sabe que sus declaraciones sorprenden a sus seguidores impresionables, gentes que admiran la crudeza de su boca o la sutileza de sus vergajos. Escribe mejor que analiza, narra mejor que examina, entretiene más que educa.

Debemos pedirle que no regrese a esta vida ordinaria y cobarde: que se quede en sus mundos de ficción, tan verosímiles y viriles, y que allí imagine y se imagine, que se desdoble en situaciones y en personajes que son él. No, no: que son como él querría ser.

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Fotografías: Gorka Lejarcegi, El País; Ángel Ruiz de Azúa, Noticias de Álava.

34 comments

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  1. Voro

    A mi me gusta “El asedio”. Llevo 40 pags. y no la puedo dejar.Y Perez Reverte que diga lo que le de la gana.

    Justo:todavia me acuerdo de las clases!

    Saludos

  2. jserna

    Hola, Voro. Ya me dirá lo que le sugiere la novela. Se refiere a las clases de Historia y Cultura, ¿no? Un saludo.

  3. aleskander62

    Por mi parte quiero invitaros el viernes, 23 de abril a las 19:30 horas en la librería Sahiri, para la presentación del libro de poesía Imágenes falsas (finalista de los Premios de la Crítica Valenciana 2008).
    Espero veros y saludos.
    Todo libro requiere una presentación y un trabajo, aunque a distintos niveles.
    Chao.

  4. jserna

    aleskander62, a ver si puedo acercarme a la presentación. Está la cosa difícil, pero… Así podría saludarle. En todo caso, le felicito por la publicación y presentación del libro.

  5. Sigue...

    “…Arturo Pérez-Reverte. Ha adoptado un papel público muy vistoso: insiste en que no se vende, en que habla alto y claro, y en que no le importa ser tonante y arrogante, de palabra acerada y de injuria justificada. No le importa. Es más: parece golfo y humilde.

    Dice estar a vuelta de todo, inmisericorde, como si él fuera juez y parte. Habla con desprecios, con aspavientos, con estrépitos, porque él dice no humillarse en tierra de cobardes. Se pone serio, incluso muy grave y severo…, pero sólo cuando él decide que hay que hacerlo. Entonces perora y nos sotanea: nos da una tunda verbal.

    Así, reprocha a los doctos la cátedra de la que viven. Destina su crítica acerba al sistema educactivo, responsable de que los españoles no tengan el nivel cultural que él efectivamente tiene. A los universitarios les afea su servilismo: el título no lo ha hecho; a él lo ha hecho la universidad de la vida, de la guerra y de la calle. Eso dice. Ha estudiado por su cuenta, ha leído lo suyo, se ha documentado con saberes que a los listos no interesan. A los políticos les reprocha, su analfabetismo o su sectarismo. Con su verbo los ultraja y a veces los agasaja rudamente.

    Se imagina solitario, ajeno a las capillas, independiente, siempre a punto de irse. Se imagina erudito, diciendo verdades como puños. Sabe que sus declaraciones sorprenden a sus seguidores impresionables, gentes que admiran la crudeza de su boca o la sutileza de sus vergajos. Escribe mejor que analiza, narra mejor que examina, entretiene más que educa.

    Debemos pedirle que no regrese a esta vida ordinaria y cobarde: que se quede en sus mundos de ficción, tan verosímiles y viriles, y que allí imagine y se imagine, que se desdoble en situaciones y en personajes que son él. No, no: que son como él querría ser”.

  6. jserna

    No había visto, sr. o sra. Envidia, su comentario. Después de lo que acabo de escribir sobre Arturo Pérez-Reverte, usted confirmará que yo lo único que tengo es envidia. O algo peor.

    Me lo haré ver, como usted dice.

  7. mycroft

    Resultará que Pérez es Stendhal redivivo.
    En la fiera literaria, hace ya mucho, que plasmaron muchas de las reservas que Pérez me suscita:
    http://www.lafieraliteraria.com/envanecido.htm
    Al que le guste su folletín de garrafón castizo, perfecto. O sus bravatas de divo iluminado plagadas de insultos poco ingeniosos, o su fatalismo didáctico acerca de lo muy español que se siente y lo muy dolido que está de España.
    Hay demasiados libros buenos esperando ser leídos como para perder el tiempo con la prosa testicular de Reverte.

  8. Paco Fuster

    Hablando de la incultura gozosa de los españoles y de su desprecio por la ciencia, Baroja cita en varias ocasiones a lo largo de su obra, el lema de la Universidad de Cervera (universidad de clara impronta católica impulsada por Felipe V):

    “Lejos de nosotros la perniciosa novedad de discurrir”

  9. Júcaro

    Pérez-Reverte hace literatura espectáculo y la presentación de su último libro es, en coherencia, otro espectáculo.

    Dicho esto, si con su forma de escribir y abordar los temas consigue que aumente el número de ciudadanos que leen, algo de bueno habrá que reconocerle. Tuve un profesor que nos invitaba a leer cualquier cosa y siempre terminaba diciendo que leyéramos aunque fueran comics repletos de faltas de ortografía.

    Por lo demás, sobre la persona, usted lo ha escrito: “Dice estar a vuelta de todo, inmisericorde, como si él fuera juez y parte. Habla con desprecios, con aspavientos, con estrépitos, porque él dice no humillarse en tierra de cobardes. Se pone serio, incluso muy grave y severo…, pero sólo cuando él decide que hay que hacerlo. Entonces perora y nos sotanea: nos da una tunda verbal”.

  10. Isabel Zarzuela

    No puedo negar que Arturo Pérez-Reverte escriba bien en general (creo que es un dato objetivo), pero me aburro con sus novelas. Bueno, sólo he leído de él ‘La carta esférica’ y ‘El capitán Alatriste’, pero que conste, que me obligué a terminar la lectura de ambos libros. Sus novelas se venderán como churros pero a mí no me enganchan.

    Y como articulista… en fin… no voy a hacer muchos comentarios, pero no me gusta nada. En muchas ocasiones me resultan insultantes sus “gracias”. Creo que sus artículos reflejan sin lugar a dudas esa personalidad que tan acertadamente el señor Serna ha limado en el post. Como prueba de ello, les dejo el enlace de uno de los artículos que más me impactaron. Lo tituló ‘Mujeres como las de antes’:

    http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=2247&id_firma=4370

    Y para finalizar, les dejo un significativo y “malicioso” comentario que hizo Roberto Bolaño en relación a que Pérez-Reverte formara parte de la Real Academia de la Lengua Española:

    “No está Juan Marsé, no está Juan Goytisolo, no está Eduardo Mendoza ni Javier Marías, no está Olvido García Valdez, no recuerdo si está Álvaro Pombo (probablemente si está se deba a una equivocación), pero está Pérez-Reverte. Bueno, Paulo Coelho también está en la Academia Brasileña.”

    Pues eso.

  11. jserna

    Fíjense que Pérez-Reverte y Javier Marías mantienen una amistad que para muchos es inexplicable…

    Regresemos a https://justoserna.wordpress.com/2008/04/27/observar-contar/

    “…Javier Marías cita expresamente a Arturo Pérez-Reverte, autor –dice– de “una vibrante novela sobre los acontecimientos del 2 de mayo de 1808 en Madrid, Un día de cólera. Estoy convencido de que gracias a sus retratos (…), sumados a los de Pérez Galdós en su ‘episodio nacional’ El 19 de marzo y el 2 de mayo, tendremos una imagen mucho más nítida y recordable de los militares Daoiz y Velarde y de cuantos paisanos intervinieron en aquel levantamiento”.

    Me permito discrepar. La afirmación de Marías es amistosa, agradecida para con un colega. Pero es aventurada y, desde luego, ignora la suerte de los contextos. Entre otras cosas, no tiene en cuenta la circunstancia actual de patriotismo artificioso que él mismo combate: Marías no parece considerar el significado que el esperancismo le da a dicha conmemoración y de la que esta obra no escapa, voluntaria o involuntariamente: en este caso, Pérez-Reverte se deja querer por el político de turno… ¿quizá uno de esos felones que siempre acaba abandonando al pueblo? El esperancismo lo encarna, claro, la Presidenta Aguirre, pero lo difunde principalmente su historiador de guardia: Fernando García de Cortázar, del que ya hablé en otra ocasión. Hay coincidencias entre los objetivos de Esperanza Aguirre y la crónica que Pérez-Reverte ha publicado, pero no hay una identidad completa: mientras los esperancistas pintan de patriotismo hinchado la jornada del Dos de Mayo, el novelista la convierte en una revuelta extremada y popular de la que hacer crónica, en una intifada de navaja y macetazo. Así la califica en uno de sus artículos explicativos. ¿Algo nuevo, inaudito?”

    https://justoserna.wordpress.com/2008/04/27/observar-contar/

  12. R.S.R

    He leído muy poco a Pérez Reverte, a pesar de que en mi entorno próximo los hay fanáticos tanto de su obra literaria como periodística. A mí sin embargo, me deja fría. No diré que no tenga mérito y menos de un académico, pero no me va. Por cierto ¿se acuerdan de cuando hacía un programa en televisión? No me puedo acordar del nombre debía ser a principios de los 90.
    La seducción se ejerce y se practica de muchas maneras y el estilo provocador “toca narices” y retador parece que a él le funciona, especialmente en sus artículos. Yo no puedo con tanta acidez, arrogancia y a veces hasta grosería. Quizá lo mismo dicho con humor y guasa podría ser ingenio, puede que eso sea, según dicen sus lectores, lo que hace Javier Marías pero a él le falta humor y el resultado es agrio, rudo.
    De sus novelas solo he leído “la tabla de Flandes” y “la reina del sur” y me pareció que -al menos en ésta última novela- posee una capacidad extraordinaria para la construcción de los personajes femeninos, para meterse en la piel de una mujer, para tratar la complejidad emocional, o al menos ese fue el recuerdo que me quedó. Por ahí lo tiene fácil, otros autores masculinos que he leído tienen más dificultad.
    Las novelas de “espadachines” como las llamó Cela en un ataque de celos y harto de que vendiese tanto, las desconozco.

  13. mycroft

    ¿Celos Cela?

    Es como si Thomas Mann sintiese celos de cualquier pobre (o no tanto, en sentido monetario) diablo al que le amañen el Planeta.

    Y no soy pro-Cela, precisamente.

    El problema no es que sea agrio, sino que detrás del exabrupto, no hay idea, y en el verbo y el sarcasmo, hay insulto, pero no inteligencia para hacer del insulto un arte, y del sarcasmo, la forma descarnada y cruel de una ironía nacida de la lucidez.

    No, Pérez no es lúcido, Pérez no es siquiera novelista, sino mal copiador de los folletines de otros. El vacío lo inunda todo, y la hemorragia de inteligencia, es tan honda, que solo queda para llenar el hueco, cuatro epítetos “capullescos” y dos soflamas sobre España, mal pensadas y peor contadas.

    Del Pérez novelista histórico, mejor nos habla Don Justo, pero no es precisamente un Robert Graves. El otro, de género negro (negra es la afronta al género, más bien), tiene tanta calle, autenticidad y verdad, como Isabel Preysler. Pónganle delante a un Juan Madrid. Las comparaciones son odiosas.

    En cuanto a sus personajes, para mi no cobran vida, las pocas veces que he perdido el tiempo con ellos. El autor nos comenta sus peripecias como el que enumera los items de la lista de la compra. Pero no están vivos, no nos muestran nada de si mismos a través de sus propios actos y palabras. Son espectros de sainete, o clichés mal manejados.

    Dejen de perder el tiempo alatristeando y váyanse a Victor Hugo, a Stendhal, al Pérez Galdós más certero.

  14. David P.Montesinos

    Respecto a Pérez Reverte, me pasa como con mi abuela, tenía gracia cuando cocinaba y cuando contaba chistes, pero el resto del tiempo era mejor no hacerle mucho caso ni tomársela en serio. Mi problema no es que no respete el rigor académico a la hora de diagnosticar los males históricos de lo hispánico, más bien lo que me aleja es el trazo grueso de los calificativos y la sensación de que todo lo que dice está ya muy oído.

    En cuanto a lo de “Framents d´un any”… sí, es un poquito preocupante que el poder político crea tener manos libres para aplicar formas de censura tan superadas ya por una sociedad como la española que, por más que se empeñe Pérez Reverte, se ha instalado razonablemente en la modernidad. En todo caso, es de ser muy torpes, pues van a conseguir que todo dios quiera acudir a la sala donde finalmente expongan. Me da un poquito de pena por el señor director del Muvim, un tipo digno al que siempre he respetado, pero es una ingenuidad creer que uno puede conducir una nave como esa sin que los responsables políticos caigan en la tentación de interferir con sus caprichos. Convendría recordarles a los encargados de Cultura en el País Valenciano que el capital que gestionan es el que todos les hemos dado. ¿Dimisión? Sería la digna salida de un hombre digno.

    Históricamente, los casos de censura o represión de las obras de arte o literarias deben suscitar siempre la vieja pregunta de Descartes ante el caso Galileo. “No digo que yo comparta las opiniones por el emitidas”, dice refiriéndose a las obras publicadas por Galileo y que le convierten en paciente del Santo Tribunal, “pero no entiendo por qué, si son equivocadas, generan tales altercados.”. Tres siglos después deberíamos lanzar a los doctos inquisidores del reino la misma pregunta: ¿pueden decirme qué hay en cada una de las fotos censuradas que les moleste tanto? En una he visto a Camps con un cardenal, en otra a la alcadesa de Valencia con un gesto de triunfo hecho en público, en otra aparece Ricardo Costa con semblante preocupado, en otra el Bigotes con algún peso pesado del gobern… Lo que yo pueda interpretar de dichas imágenes es discutible y en cualquier caso es cosa mía, son imágenes fuertemente connotativas, por eso merece la pena exponerlas en público. Me gustaría que me explicaran en cada caso por qué no nos “conviene” verlas a juicio de nuestros censores gobernantes.

  15. Inés Climent

    Estoy totalmente de acuerdo contigo Justo. Creo que la descripción que haces de un historiador, cito palabras textuales, ” Para ser historiador hay que quitarse fatalidad y gravedad. Hay que observar seriamente, sí, pero también con modestia, con algo de ironía y con algo de piedad por los antepasados”, es la adecuada. Me parece que cuando alguien que pretende ser tan fiel a la historia como Reverte con esos juicios de valor tan recurrente, exagerados, desproporcionados lo único que hace, en realidad, es erigirse en protagonista sin que cuente mucho el contenido de su análisis porque al final llega siempre al mismo sitio. Actúa como si su opinión fuera tan trascendente y fundamental para los demás que su voz tiene incluso una función social. De hecho, él es un showman televisivo, venido a escritor. Pero como dices muy bien no es un historiador. Aunque llegados a este punto deberíamos reflexionar sobre la importancia de la novela para difundir la historia y nuestra responsabilidad como historiadores. ¿Deberíamos escribir novelas históricas en aras de mayor rigor histórico? Bueno, de momento, se lo dejamos a Reverte que él lo tiene muy claro.
    Debo decir en su defensa que durante un período, ya muy lejano de mi vida, caí rendida a sus pies. Me encantaban las crónicas arriesgadas y exageradas desde Sarajevo y leí la Tabla de Flandes en unas pocas noches. Pero cada vez que vuelve sobre el mismo rollo del cainismo, de la destrucción de España por los españoles etc. me resulta cansino.
    No le hagas caso a ese que dice que tienes envidia de Reverte. Vamos es que no tiene ni idea. Estoy leyendo “Diario de un burgués” y después de este libro podrías escribir una novela perfectamente. No me refiero solo al contenido del libro sino a la prosa tan agradable, sencilla, fácil, amena, tan desprovista de artificios.

  16. Alejandro Lillo

    Pérez Reverte tiene dos cosas. Como escritor en general me ha decepcionado una y otra vez, por lo que como lector ni siquiera pierdo el tiempo en interesarme por la trama de sus novelas. No lo leo y punto. Como muy bien dice mycroft, no me apetece perder el tiempo leyéndole, y eso que creo que escribe muy bien. En realidad nunca dejará de ser un buen talento desaprovechado.

    Pero luego está el Pérez Reverte como fenómeno sociológico, ese que tan bien ha captado y retratado el señor Serna. Es una especie de Gran Hermano de la literatura, o una Belén Esteban, si lo prefieren. Como personaje él hace tiempo que eligió su papel y allá él con sus historias, sus opiniones y su forma de entender su oficio y su vida. Lo que pasa es que sus juicios son en ocasiones muy irrespetuosos con la vida de los demás. Pero eso le da igual, debe reírse mucho cuando en su casa relea las barbaridades que ha proferido en la entrevista o en el artículo de turno, debe pasárselo muy bien ideándolas, debe estar orgulloso, incluso. Eso es lo triste, que teniendo la vida solucionada no le importe el daño que puede hacer y hace a las personas con sus palabras, el daño y la indignación que puede ocasionar, la irresponsabilidad y el desprecio que demuestra con sus declaraciones y escritos sabiéndose un personaje público e influyente. Es muy triste. Verdaderamente triste.

    Sobre la entrevista he intentado leerla pero es que me aburre, no me interesa absolutamente nada. Sí, en cambio, los extractos que reproduce don Justo. Son alucinantes, pero creo que no hace falta ni comentarlos. Sólo apuntaría una cosa: esa España gozosamente inculta, a la que tanto critica y denuesta, a la que tanto desprecia, es la misma que le lee a él, la misma que con avidez y compulsión compra sus novelas y las devora.

  17. jserna

    Pensaba comentar y analizar los extractos de la entrevista que he puesto de Arturo Pérez-Reverte pero, como dice el sr. Lillo, no hace falta. Por sí mismas se comentan dichas palabras. Es la suya, la de Pérez-Reverte, una retórica remotamente noventayochista. Me duele España, me duele España. Cansa la referencia enésima al cainismo, como dice Inés Climent. O el trazo grueso de sus calificativos, como muy bien describe David P. Montesinos. Y cuando escribe novelas le ocurre lo que ustedes han señalado con mayor o menor acidez: que sabe escribir (Alejandro Lillo), que escribe aventuras que a uno le dejan frío (R.S.R.), que algunos de sus personajes son puro relleno (mycroft). Algo debe de tener para que tantos lo lean. “Con avidez y compulsión”, como dice el sr. Lillo.

  18. Charles de Batz

    Para mí que se trata de una exageración, un reflejo en un espejo cóncavo que da el esperpento, de una realidad. Que España adolecía en aquella época de parte de aquellos males que se enumeran, creo que es totalmente cierto; que lo de la guillotina -por ejemplo- es una metáfora de que hubiera venido bien una revolución -sin necesidad de llegar al jacobinismo, claro está-,también; y que al final, quién tiene su público puede terminar por deberse a él, pues también que será verdad.

    Lo que tengo claro es que, para muchos, la única referencia que tendrán para formarse una opinión sobre dicho periodo, es la lectura del libro de Reverte.

  19. Francesc Gimeno

    DECEPCIÓN. ¿Dónde está el análisis de los puntos? Dichas palabras no se comentan por sí mismas. Hay que tener más consideración con los que no tenemos ni su capacidad de análisis ni sus conocimientos, con esos incultos de los que se queja Arturo Pérez-Reverte. La semana pasada al ver el tema del post hubo risas, música y baile en mi casa. Hoy llanto y caras tristes. No deje pasar la oportunidad de dar una clase de didáctica de Historia para provecho del vulgo.
    Un saludo.

  20. Gracia Rovira

    Acabo de leer sus comentarios y pertenezco, según usted, a ese grupo de “seguidores impresionables, gentes que admiran la crudeza de su boca o la sutileza de los vergajos” de Pérez-Reverte, y a pesar de ello, me considero una persona con criterio propio y visión crítica.

    Pero sus comentarios me han dado a pie a reflexionar y a, si me lo permite, realizarle algunas matizaciones. En primer lugar, no yo soy historiadora, pero sí he desempeñado durante algunos años la misma profesión que el autor, la de periodista. Y de eso, algo sé.

    Señor Serna, en sus comentarios dice que el historiador debe ser riguroso y no entrar en valoraciones refiriéndose a las opiniones del autor sobre la época en que se desarrolla su última novela, el Cádiz de 1812. Sin embargo, Pérez-Reverte nunca ha pretendido ser un historiador. Nada más lejos. Lo que sí que es un periodista convertido en escritor y si algo hacen los periodistas es generalizar, sintetizar, interpretar, tras una árdua tarea de documentación y divulgarla al gran público. Ofrece su punto de vista tamizado por su experiencia vital, tan respetable como el de cualquiera. Desde luego, en sus palabras busca el titular, la carnaza que tenga enganchada al público durante sus intervenciones, como la entradilla de un telediario.
    Sin embargo, a mi juicio, nunca ha pretendido que sus obras fueran ensayos históricos, solo novelas, ficción, que expliquen algo de nuestro pasado común.

    También censura sus opiniones sobre la actualidad diciendo que acude a “continuidades seculares que expliquen el presente”, pero yo me remito al tópico que dice que un pueblo que no conoce su pasado está condenado a repetirlo. Como historiador, ¿no cree que el presente se explica a través del pasado?

    Puede que las opiniones de Reverte no sean políticamente corretas, que sean parciales o sesgadas, pero las sus suyas y al menos, aportan un punto de vista distinto, crítico al aborregamiento actual. Y es innegable su condición de líder de opinión.

    Como he dicho antes, yo no soy historiadora, pero mi trayectoria profesional me ha llevado hacia la docencia de lengua y literatura, y como tal, yo creo que este autor bebe de la tradición literaria más española, desde Quevedo hasta Galdós, quienes lloraban en sus obras los males de España. Y para mí, ese es su gran mérito.

    Muchas gracias.

  21. mycroft

    También Jiménez Losantos es líder de opinión.

    En todo caso, Pérez merecería respeto, si él mismo mostrara respeto. !Pero no! Es un iconoclasta.

    El problema de las “continuidades” a las que se refiere el señor Serna, no es ser crítico con el poso (y subrayamos la palabra) que la historia deja, sino establecer analogías directas, y conclusiones precipitadas, entre el entonces y el ahora, como si el presente pudiera en efecto ser una simple copia del pasado: sin atender a lo que le ha ocurrido al mundo para transformarlo, o sin entender que precisamente el recuerdo de algo ya acontecido distorsiona la posibilidad de que acontezca de nuevo de un modo exacto.

    Establecer espejos exactos con siglos anteriores para explicar el hoy, antes de comprender las circunsatancias políticas y culturales propias de cada época, es hacer una interpretación teleológica que parte de la conclusión o hipótesis, y busca desesperadamente solo aquellos datos que la confirman, y no, como exige método científico, posibles refutaciones, enmiendas o correccciones.

    En cuanto al Pérez novelista, adelante, disfruten de la hamburguesa del fast food. Pero no se sorprendan si hay quien piensa que la cocina (o la literatura) puede y debe ser un arte.

  22. Gracia Rovira

    Si crees que Reverte es literatura fast food, es que has leído muy poco. Eso que dices es un cliché muy manido ya. Es mi opinión tan respetable como la de cualquiera.

  23. mycroft

    Claro, Perez es perfectamente superior a Valera, Azorín, Sanchez Ferlosio, Delibes, Benet, etc. ¿Es eso?

    El cliché es tildar de poco leído a quién no ensalza a este juntaletras.

  24. Felip

    Vaya, interesante la visión que el profesor Serna tiene de Arturo Pérez Reverte.
    Para mí, personalmente, este autor novelesco no escribe mal del todo; aunque sinceramente se asemeja a un hombre sin rumbo que cree estar por encima del bien y del mal.
    En cierta manera su verborrea y mala educación me recuerda a la de César Vidal.

  25. jserna

    Felip, le agradezco ese juicio (“interesante”) que dedica a mi visión de Arturo Pérez-Reverte. Hace pocas semanas entregué un texto que será el capítulo de un libro colectivo. Aparecerá dentro de unos meses y está dedicado al proceso liberal español de 1808 y a su representación. Mi aportación se titula “Dos de Mayo. Las ficciones de Arturo Pérez-Reverte”.

    Por supuesto no he podido analizar en ese capítulo la promoción y las declaraciones que Pérez-Reverte ha hecho ahora a propósito de ‘El asedio’. Allí, en mi texto analizo la implicación del escritor con 1808: la novela y la Exposición de la que fue comisario y que financió La Comunidad de Madrid.

    En las últimas declaraciones de Pérez-Reverte, las de ahora, decía que a España le había hecho falta la guillotina. Como no se había instalado a tiempo, así nos iba… Ese dictamen me parece una memez, una opinión sencillamente simplona.

    Javier Marías intentaba defender a Pérez-Reverte en EPS. Dice Marías que el novelista de Cartagena sólo había empleado una metáfora y que estamos perdiendo el humor, el sentido figurado de la lengua y el sentido metafórico. Que estamos todos de mala leche, vaya.

    Me gustan las novelas de Marías y me gusta su estilo zumbón, pero creo que ahora se equivoca al defender las explosivas declaraciones de su colega: todos hemos entendido que lo de la guillotina es una metáfora. Lo que no entendemos es la bravata verbal de que se sirve Pérez-Reverte. La bravuconería se está convirtiendo en su estilo. Pero eso no es lo peor: lo peor es la simpleza de esos juicios.

  26. mercadono

    somos un país de campesinos que imitan los vicios de los nuevos ricos. Segunda vivienda, perrito de lanas, el haiga y la sangría.

  27. Pau

    Por supuesto, todo es relativo, pero la respuesta (basta viajar a nuestros países vecinos del norte para comprobarlo) es “sí”: somos un país tremendamente inculto y además alardeamos de ello. Olvidamos fácilmente nuestro pasado y tenemos muy poco pensamiento crítico. Pocas veces nos interesamos por la cultura, y mucho por la cerveza, la charla de café, y la opinión infundada.

    Somos tremendamente gregarios debido a nuestra ignorancia y a la estructura social y de poder predominante: aquí no existe la meritocracia sino el enchufismo y no creo que haga falta demostrarlo.

    Hemos sido y somos carne fácil de cualquier gregarismo infundado, con el que se nos engaña fácilmente (religiones, nacionalismos, etcétera). Pérez-Reverte lleva décadas denunciando precisamente eso. Que la incultura y el conformismo nos impide ver quiénes son los verdaderos buenos y malos, para acabar sirviendo y desgañitándonos, incluso con gusto, precisamente a los que se están aprovechando de nosotros. ¿Tan malo le parece ese mensaje, o es que no lo entiende?

    Respecto a Pérez-Reverte interpretando u opinando y para ello utilizando su obra, no sé qué problema le ve exactamente. A mucha gente le gusta conocer el punto de vista de los demás, especialmente cuando están documentados y curtidos. ¿O es que debe limitarse a opinar Belén Esteban?

    Es también su elaborada estrategia comercial como escritor y para darse a conocer. ¿Prefiere usted que salga por la tele con unas gafas de pasta en prime-time hablando de tópicos populares?

    Y no olvide que las interpretaciones y opiniones siempre son necesarias, incluso en ciencia. Sin convencimiento y criterios nada habría cambiado jamás.

    Saludos.

    PD: No me gustan las novelas de Pérez-Reverte.

  28. fsde

    estos españoles solo quieren chulear de lo que no son, y c uando les dices las cosas a la cara, sale su intolerancia a la verdad jajajaja

  29. Jesús

    Arturo Pérez Reverte dice algunas cosas que tienen sentido, pero en el ejercicio de su ideología, se muestra como todo lo contrario de lo que predica. En realidad, él mismo es una de las más vivas manifestaciones de aquello que acusa a sus compatriotas. La expresión más clara, nítida y precisa de la incultura y de la barbarie en España, fruto de siglos y siglos de catolicismo tosco y cerrado y de ausencia casi total de desarrollo, es decir, de lo que podríamos considerar una forma de tercermundismo real, es el pensamiento conservador español, y él no hace más que vomitarlo por todas las esquinas mientras camina dándonos el tostón con su expresividad soez, maleducada e innecesaria. Vaya tipo.

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