El discurso de Rita Barberá

El que no está conmigo, está contra mí. Rita Barberá hace declaraciones cuando llega a un acto institucional o cuando sale del evento público. La persiguen los reporteros, ávidos de noticias, deseosos de palabras oficiales o de revelaciones off the record.

Por supuesto, Barberá tiene derecho a pronunciarse sobre el hecho en el que participa. Tiene todo el derecho a la palabra. Permítanme la observación trivial: el parlamento o el parlamentar son fundamentos de la democracia.

Rita Barberá también tiene derecho cuando habla de temas ajenos al acontecimiento público, cuando aprovecha las cámaras o los micrófonos para verbalizar sus deseos o sus fantasías políticas.

Para el editorialista de El País, la alcaldesa de Valencia ha convertido la queja en arma política: a poco que pueda, se lamenta; a poco que se lo permitan las circunstancias, reprocha o se duele. Es un lamento frecuente.

Vemos aparecer a la alcaldesa y ya sabemos que pronto, que inmediatamente, deplorará la conducta de Rodríguez Zapatero. Le afeará su comportamiento y le atribuirá todo los males. Es un ejercicio cansino y seguramente eficaz: emplea un arma política, la de la repetición y el agotamiento. No le falta razón al editorialista de El País, pero ese dictamen carece de algo esencial. Lo razonaré.

Como un político quejica, Barberá protesta contra quienes se le oponen, haciendo de todo un agravio. Vive, en efecto, en la representación pública de los agravios reales o fingidos de los que ella hace inventario. Siempre oímos la voz grave de Rita amonestando severamente a sus adversarios: ejerce de oposición cuando resulta que es gobierno y, por tanto, también tiene responsabilidades.

Hacer eso continuamente –me refiero a lo de quejarse– es síntoma de populismo, un ejercicio consumado y prepolítico de demagogia instititucional. Es prepolítico porque se basa en el reproche personal, en la acusación ad hominem. ¿Y por qué es un gesto populista? Es populista porque invoca al “pueblo”, ese entero al que dice representar completamente: apela a él para exigir algo a otro poder.

Como leíamos en  Doktor Faustus, de Thomas Mann, “para todo amigo de la ilustración, la palabra pueblo y su concepto mismo conservan algo de primitivo que causa aprensión y es porque se sabe que basta tratar de pueblo a la multitud para predisponerla a actos de regresiva maldad”. Punto y aparte.

Rita encarnaría a todos los valencianos y, en virtud de ello, estaría autorizada para condenar a sus opositores,  que por supuesto siempre están fuera, lejos, distantes; unos adversarios que, como alguien ha dicho, si pudieran , harían desaparecer la Comunidad Valenciana, unos enemigos peligrosímos por lo que se ve: algo así como la quinta columna.

Que Barberá sea legítima representante porque ha sido elegida resulta indudable. Sin embargo, no tiene autoridad ni delegación para invocar a todos, para apelar a los intereses valencianos, con el objeto de librar batallas institucionales. También es legítimo representante de esos intereses valencianos el Gobierno central, que invierte en la Comunidad Valenciana.

Barberá imagina una guerra en la que se habrían anulado ya las diferencias entre amigos, afines, simpatizantes, templados y fríos. Todos, Valencia en su conjunto, enfrentados a un oponente artero en un conflicto total, sin matices: o estás conmigo o estás contra mí.

La interpretación de la realidad. Estas demagogias expresivas, en las que Rita Barberá es experta, no las limita a circunstancias excepcionales. Siempre que puede se pronuncia con estrépito. Ya digo: antes, durante o después de los actos públicos. Los periodistas acuden en tropel, seguramente esperando las palabras ruidosas de la alcaldesa y, por lo común, así ocurre: Rita Barberá dice algo grueso.  Allí tenemos a los reporteros de distintos medios registrando lo que la alcaldesa ha largado. Algunos después no componen la noticia: se limitan a poner por escrito la versión de la alcaldesa, como si ésta fuera quien tuviera la última palabra, la interpretación correcta de los hechos.

Por ejemplo, Francisco Tomás, el anterior rector de la Universidad de Valencia,  acude a despedirse de la primera munícipe. Ha acabado su mandato al frente de la institución académica. Despedirse forma parte de las cortesías institucionales. El periódico El Mundo de 23 de marzo de 2010 presentaba la noticia así:

De acuerdo con lo dicho, Barberá es quien tiene la última palabra, quien juzga la gestión de Tomás, quien evalúa la actividad o el ensimismamiento de la Universidad. Es decir, la primera edil de la corporación, el Ayuntamiento local, examina al representante de la primera institución académica de la Comunidad Valenciana. El periodista se limita a poner por escrito la versión de la alcaldesa, dando por bueno que los hechos fueron así. Porque si fueron así, Francisco Tomás salió muy poco airoso del encuentro. ¿Por qué se deja examinar? O, mejor, ¿por qué se deja intimidar como si fuera un estudiante novato?

Formulemos una pregunta inocente. ¿Por qué ciertos periodistas y ciertos medios se conforman con ser meros portavoces de la alcaldesa? Ponen un micrófono y después transcriben esas palabras, más o menos ruidosas. Barberá espera definir lo real y su significado; espera establecer lo correcto y lo legítimo; espera señalar lo deseable y lo venidero. ¿Por qué algunos reporteros y algunos periódicos escriben al dictado?

La Valencia floral. La arrebatadora alcaldesa se apoya en los votos para retar a las otras instituciones. Se apoya, especialmente, en las redes de sociabilidad y solidaridad falleras, formando un entramado afín, un ejército servicial de reserva, con obsequiosos periodistas dispuestos a justificar, a confirmar, a reforzar y a difundir el sentido que Barberá le da a las cosas: una mezcla de lo pagano-mercantil con lo católico-conservador. Si, además, presenta esos roces institucionales como un repertorio inacabable de agravios, como una letanía de ataques furibundos contra lo valenciano, el resultado es una distorsión material se signo populista, en efecto.

He visto dirigentes socialistas haciendo explícita profesión de fe fallera: Jorge Alarte y Salvador Broseta, ataviados adecuadamente, se dirigen  a hacer la ofrenda floral a la Virgen de los Desamparados. Buenas intenciones. La Comisión fallera con la que desfilan tiene un aura popular. Suele despertar las simpatías de gentes progresistas y esforzadas. Pero, qué quieren, la ofrenda mariana es una festividad impuesta durante la dictadura franquista que ha cobrado carta de naturaleza: parece obvio que fervorosos valencianos se emocionen ante su patrona. ¿Cuándo acabará el sentido religioso de la festividad popular?

Rita Barberá participa activamente en la calificación fallera de Valencia, en  la definición mariana de esa ofrenda y en la identificación floral de la urbe. Estamos perdidos, estamos rodeados: un manto vegetal de gran colorido tapa los desperfectos y las averías, seduciendo a propios y extraños, muchos de los cuales miran la ciudad como un jardín de flores, como un Levante ornamental y feraz: exactamente como ya la glosó Teodoro Llorente hace más de un siglo.

El colofón es muy evidente: hay que ser muy insensible para criticar el lujo floral con el que Rita Barberá engalana, por ejemplo, el pontón, también llamado Puente de las Flores. La realidad urbana se confunde con su tópica puesta en escena, un parquecito de solaz primaveral. Y Rita coopta a vates y reporteros para afirmar y asentar el tópico. Lo dicho: estamos rodeados y yo me veo cada vez más insensible.

Provocan bochorno tanto clientelismo de nuevo cuño y tanto patronazgo dispensador de beneficios, un patronazgo que se vale de los recursos colectivos y del endeudamiento para ganar las elecciones, para ganar el alma fenicia de los nativos. Nos hace un gran novelista que narre el tiempo de Rita, que haga de la alcaldesa el personaje de un folletín acomodaticio y consolador, una novela de espejismos y de vellón.

Hemeroteca:

1. Nuevo artículo de Justo Serna:

“Los muertos de Rita”, El País, 31 de marzo de 2010

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2. Otros artículos de JS sobre Rita Barberá:

“El bolso”, El País, 22 de julio de 2009

“Los amigos de Rita”, El País, 7 de enero de 2009

“La vergüenza del cementerio”, Levante-Emv, 6 de mayo de 2006

“La ficción de Barberá, Levante-Emv, 2 de mayo de 2006

“La ola”, El País, 16 de mayo de 2002

Fotografías:

Efe, El Mundo

30 comments

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  1. JB

    Un sociata.

    “Barberá, maestra en el arte de la bulla política y del victimismo municipal”

    Jajajajaja. Ella es maestra y tu eres maestrillo.

  2. jserna

    ¿Quién es el sociata? No entiendo lo que me dice. Para usted está claro que yo soy un ‘maestrillo’. A mucha honra. Pero lea bien: yo no digo que Rita Barberá sea maestra a secas. Digo que es “maestra en el arte de la bulla política y del victimismo municipal”.

    Vaya.

  3. Felip

    Vaja, està molt bé l’article i la visió que de Rita Barberà té el professor Serna.
    Eixa visió de Barberà també la compartisc i, és més, a Castelló de La Plana el seu alcalde està començant a actuar de la mateixa forma.
    Serà per guanyar-se el suport de Barberà?

  4. John

    El victimismo está siendo muy rentable para el Partido Popular de Valencia. Lo que no entiendo es que la mayoría de los valencianos que votan piensen lo mismo. ¿O quizá son solo gente mal informada o desinformada? En todo caso es desalentador pertenecer a una sociedad que actúa políticamente por lo que repiten los medios de comunicación, en manos del poder local, en lugar de formar su opinión según los resultados de la política aplicada.

  5. Sigue...

    “…Formulemos una pregunta inocente. ¿Por qué ciertos periodistas y ciertos medios se conforman con ser meros portavoces de la alcaldesa? Ponen un micrófono y después transcriben esas palabras, más o menos ruidosas. Barberá espera definir lo real y su significado; espera establecer lo correcto y lo legítimo; espera señalar lo deseable y lo venidero. ¿Por qué algunos reporteros y algunos periódicos escriben al dictado?

    Continuará…”

  6. Arnau Gomez

    Don Justo.”Los muertos de Rita” es un artículo soberbio. Y sorprendente la irrupción de Dña Rita enmedio de la ruina que acoge a sus propios muertos.Es evidente que le importan un comino.Me recuerda,salvo en su voz grave (eufemismo muy apropiado a su vozarrón de bajo acatarrado) a las plañideras, que lloran a los muertos de los demás por dinero y su llanto es más prolongado y doliente si hay más rupias.El resto de la familia, amigos y conocidos del difunto se dedican a otras cosas,mientras tanto esperan la hora de la incineración.
    Mi felicitación por su escrito,repito

  7. Pequeño Saltamontes

    “A mi me gusta ser una Alcaldesa amable, que recibe bien a quienes llegan a la ciudad –ha explicado- pero que el Gobierno de España tampoco crea que esto es un cortijo y los demás somos marionetas a sus caprichos”.
    En El Periodico.com de hoy
    http://www.elperiodic.com/valencia/noticias/67477_rita-barbera-califica-muy-reveladora-actitud-este-semana-zapatero-gonzalez-sinde.html
    No…que no se lo crea, que collons!. Esto es el cortijo de Rita y su “Curita”
    Ya solo falta que diga: “La alqueria es meva, y els patos també”

    Un saludo a Don Justo y demás blogueros.
    A ti tambien “MAESTRO”

  8. jserna

    Arnau, muchas gracias por las felicitaciones. Ya sabe que he dedicado el artículo al mal estado de un panteón del cementerio por la invitación que usted y Rafael Lillo me hicieron la semana pasada. Les estoy muy agradecido. Lamentablemente, estas cosas sirven de poco. Lo muertos no dan votos y los cascotes funerarios pueden seguir cayendo. Toda una metáfora.

    Saludo a los lectores que se incorporan como comentaristas: Pequeño Saltamontes, John, Felip.

    Besos a Mita.

  9. jserna

    En la Sección Segunda Izquierda del Cementerio General de Valencia se encuentra una de las tumbas de los antepasados de Rita Barberá. Esos Nolla y Sagrera, descendientes de una familia de industriales de la cerámica. No revelo intimidad alguna. El acceso es público y el camposanto puede visitarse. Cierran a las 18 horas. En el nicho de esos antepasados, el 2397, están sepultados Luisa Berard y Salvá (1895), Miguel Nolla y Sagrera (1902), María Nolla Berard (1876), Matilde Nolla Berard (1892) y María Nolla Berard (1873). Es evidente que estas tres mujeres son hijas del matrimonio y por las fechas de nacimiento y muerte se ve que dos de ellas fallecieron cuando apenas contaban dos años y la tercera cuando no había rebasado los doce meses, creo recordar.

    En las primeras Secciones del Cementerio hay panteones de gran lujo y magnificencia, que Anaclet Pons y yo estamos volviendo a analizar para el libro que estamos completando (una entera revisión, corrección y adaptación de ‘La ciudad extensa’, de 1992). Y hay nichos con lápidas de mármoles austeros con leyendas, con epitafios muy sentidos. Por ejemplo, en esa Segunda Sección puede verse aquel enterramiento que dice: “A la memoria de Elisita y Conchita del Solar y Vives. Arrebatadas del cariño de sus padres a los 6 y 8 años en 20 y 26 de diciembre de 1876”. Es el número 2373.

    Ese tono dolido, a veces desgarrado, es familiar y frecuente. Numerosos enterramientos proporcionan pistas, restos ornamentales que nos remiten a otra época, al momento de la muerte burguesa, a la etapa romántica, incluso. Ustedes no se imaginan la información tan significativa que un cementerio proporciona de un tiempo extinguido que está siendo objeto de investigación. Es un archivo de piedra, una reducción a escala de la ciudad de los vivos. Por eso, resulta deplorable el mal estado con que el Ayuntamiento deja esos vestigios monumentales. Un escándalo.

  10. Sigue...

    “La Valencia floral. La arrebatadora alcaldesa se apoya en los votos para retar a las otras instituciones. Se apoya, especialmente, en las redes de sociabilidad y solidaridad falleras, formando un entramado afín, un ejército servicial de reserva, con obsequiosos periodistas dispuestos a justificar, a confirmar, a reforzar y a difundir el sentido que Barberá le da a las cosas: una mezcla de lo pagano-mercantil con lo católico-conservador. Si, además, presenta esos roces institucionales como un repertorio inacabable de agravios, como una letanía de ataques furibundos contra lo valenciano, el resultado es una distorsión material se signo populista, en efecto.

    He visto dirigentes socialistas haciendo explícita profesión de fe fallera: Jorge Alarte y Salvador Broseta, ataviados adecuadamente, se dirigen a hacer la ofrenda floral a la Virgen de los Desamparados. Buenas intenciones. La Comisión fallera con la que desfilan tiene un aura popular. Suele despertar las simpatías de gentes progresistas y esforzadas. Pero, qué quieren, la ofrenda mariana es una festividad impuesta durante la dictadura franquista que ha cobrado carta de naturaleza: parece obvio que fervorosos valencianos se emocionen ante su patrona. ¿Cuándo acabará el sentido religioso de la festividad popular?

    Rita Barberá participa activamente en la calificación fallera de Valencia, en la definición mariana de esa ofrenda y en la identificación floral de la urbe. Estamos perdidos, estamos rodeados: un manto vegetal de gran colorido tapa los desperfectos y las averías, seduciendo a propios y extraños, muchos de los cuales miran la ciudad como un jardín de flores, como un Levante ornamental y feraz: exactamente como ya la glosó Teodoro Llorente hace más de un siglo.

    El colofón es muy evidente: hay que ser muy insensible para criticar el lujo floral con el que Rita Barberá engalana, por ejemplo, el pontón, también llamado Puente de las Flores. La realidad urbana se confunde con su tópica puesta en escena, un parquecito de solaz primaveral. Y Rita coopta a vates y reporteros para afirmar y asentar el tópico. Lo dicho: estamos rodeados y yo me veo cada vez más insensible.

    Provocan bochorno tanto clientelismo de nuevo cuño y tanto patronazgo dispensador de beneficios, un patronazgo que se vale de los recursos colectivos y del endeudamiento para ganar las elecciones, para ganar el alma fenicia de los nativos. Nos hace un gran novelista que narre el tiempo de Rita, que haga de la alcaldesa el personaje de un folletín acomodaticio y consolador, una novela de espejismos y de vellón”.

  11. Alejandro Lillo

    La estrategia de la que habla el señor Serna tiene actualmente en Rita Barberá a su representante más visible, aunque es una táctica que ha venido desarrollando el ala dominante del Partido Popular de la Comunidad Valenciana desde hace tiempo con muy buenos resultados, por cierto. Hace años que el debate y la crítica política en la Comunidad Valenciana brillan por su ausencia. El PP valenciano se ha esforzado, desde que gobierna los destinos de nuestra comunidad, en despolitizar la vida pública y, con ello, desmovilizar a la ciudadanía: han conseguido, de forma brillante y con la inestimable ayuda de los partidos políticos de izquierda, que la gente se desentienda de los asuntos públicos -esos que nos conciernen a todos- logrando con ello desactivar la capacidad crítica de los ciudadanos.

    A mi modo de ver, esta táctica de desactivación política se ha articulado en torno a dos grandes procesos.

    El primero de ellos ha sido el de hacer pasar sus propios intereses por los de todos los ciudadanos de la Comunitat. Para conseguirlo se han dedicado durante años a entretejer y confundir de tal modo sus propias necesidades y ambiciones con los de la Comunitat, que ambos parecen hoy una misma cosa. Han conseguido así fabricar una única idea –la suya- de lo que debe ser la Comunidad Valenciana e imponerla sobre el conjunto de la ciudadanía. Conseguido este primer objetivo, les resulta fácil afirmar que ellos -representantes legítimos de la voluntad popular- son los únicos capacitados para construir la Comunidad Valenciana que sus habitantes desean; y, por supuesto, sólo ellos saben lo que nos conviene en cada momento, actuando en consecuencia contra quien amenace nuestros (sus) intereses. De este modo, quien, desde distintas instituciones o sensibilidades políticas pone en duda las decisiones tomadas por el gobierno valenciano, quien discute o pretende abrir un debate sobre la idea de Comunitat que monopolizan los dirigentes del Partido Popular, se convierte en enemigo de la ciudadanía, pues sólo se conduce movido por un beneficio partidista, actuando en contra de los verdaderos intereses de la ciudadanía valenciana.

    Con una sóla idea de lo que debe ser la Comunidad Valenciana, y con un único partido para desarrollarla y llevarla a buen término, el debate político se hace innecesario, superfluo. Una vez que el PP consigue hacer pasar sus pretensiones y ambiciones por las de todos los valencianos, una vez convertidas sus políticas partidistas en expresión de la voluntad ciudadana, y una vez convencidos de que nuestros intereses están en buenas manos y bien defendidos por Camps, Barberá, Fabra o Ripoll, lo que nos resta es desentendernos tranquilamente de los engorrosos asuntos públicos y dedicarnos a disfrutar de la prosperidad que estos mismos dirigentes han generado. Ellos también nos van a ayudar en esa tarea. Aquí comienza el segundo proceso.

    Se trata, básicamente, de lo que los romanos llamaban “pan y circo”, es decir, promover un sinnúmero de actividades sociales con el objetivo de desviar la atención de la cosa pública. Sí, lo han adivinado, se trata de las políticas de las grandes obras, de los grandes eventos. Pero este segundo proceso también consiste en desactivar la conciencia crítica de los ciudadanos hacia la gestión de los asuntos públicos y desviarla hacia otras actividades, hacia problemas externos, preferiblemente aquellos que despiertan pasiones. Alfonso Rus lo dijo muy claro cuando una periodista le preguntó recientemente por la censura a las fotos de la exposición del MUVIM: “Hoy es día de hablar de fallas, de toros y de coches. De eso ya hablaré cuando tenga que hablar”. En efecto, de lo que hay que hablar es de la Fórmula 1, de la Copa América, de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, de las fallas y de cualquier otra cosa menos de la política, que eso ya está en buenas manos.

    De lo que se trata en realidad es de trasladar lo propio de la política a otro ámbito, más acotado y menos racional, un lugar en el que esa conciencia crítica pueda ser controlada y manipulada con mayor facilidad. ¿Qué lugar es este?

    (Como me he alargado en demasía, ya continuaré. O no)

  12. Arnau Gómez

    Lo siento ,pero soy muy insensible con el despilfarro floral del Puente de las Flores, en muchos casos muertas o arrancadas.
    Se ha tenido que proteger las flores del puente con una guardia ,no pretoriana sino más bien pretiliana,porque se habia convertido en el mercado gratuito de flores, alli donde iban a proveerse (gratuitamente) de flores vivas, los que pasaban por allí.
    Ese puente,con sus macetas floridas,que se renovaban cada mes o así, quizá fue una manera de sacar adelante la agricultura jardinera, que tenía como puntos de venta importantes el mercado de flores de la Plaza del Ayuntamiento y los puestos que había delante de la puerta del Cementerio.¡Demasiado caro comprar flores, si las tienes ya a la mano y encima te hacen creer que has pagado por ellas!.¡Y por la EMT,el agua,el aparcamiento……!
    En muchas ciudades europeas, los jardines públicos están plantados con plantas duraderas y a ser posible de arbustos ornamentales.Las flores están en las macetas que están en las ventanas de las viviendas, donde los moradores las cuidan con mimo.
    Pero mire D. Justo,creo que en lugar de escribir una novela, en la que siempre se idealiza a los personajes,mejor sería escribir la crónica de esta ciudad desde que los tanques apuntaban con sus cañones el despacho del Alcalde, un 23 de Febrero,hasta nuestros venturosos y populares días,en los que los tanques ya se han metido en los despachos de la Plaza del Ayuntamiento,desde donde se dispara a todo el que no está, mansamente, con ellos.

  13. Felip

    Per al senyor Lillo, m’agradaria que més gent com vosté digués el que pensa.
    Una cosa que sempre he pensat de la manera de fer dels polítics valencians (ara en general) és la facilitat que tenen per canviar de discurs depenent de si s’estan dirigint a un públic a nivell espanyol o a nivell valencià.
    Canvien el diescurs d’una manera que demostra la falta de personalitat total quan eixen d’ací.
    Com a mostra, el fet que Camps cada volta parle menys en valencià o que Rita Barberà sols oferisca insults cap al govern central quan està a casa seva, però que no s’atrevisca quan està fora d’ací.
    No sé, però la classe política valenciana queda molt lluny del que jo em pensava que era quan era un xiquet.

  14. John

    Lo malo es que tenemos PP para rato. Su forma de gobernar, de producir clientelismo, de glosar el valencianismo vacío de contenido real, está siendo imitado por lo que tenía que ser la alternativa. Realmente no es muy esperanzador ver a Alarte en la ofrenda; ni ver a Alarte y a Carmen Alborch en las procesiones; como tampoco lo es la guerra de familias ni el escaso interés por la articulación de la Comunidad Valenciana.
    Las zancadillas, y a veces navajazos, son corrientes en todos los partidos, pero el folklore y los juegos florales son propios de los grupos de coros y danzas, no de los políticos. Opino que como personas de a pie pueden hacer lo que les plazca, pero hacerlo en comandita y avisando a los medios de comunicación implica al partido. La conclusión que se puede sacar es que intentan atraer los votos que se le van por la derecha escorándose en esa dirección y, posiblemente, no lo consigan y, además, los pierdan por la izquierda.
    Para ir a la ofrenda, para asistir a las procesiones, para hacer una política de derechas, no hay nada como los políticos de derechas. Lo han hecho siempre, es lo suyo. Pero que lo haga la izquierda es como ponerle al Cristo dos pistolas. Creo que la izquierda debe poner en valor sus propuestas con argumentos, que los tiene, y con convicción, no con oportunismo.

  15. Arnau Gómez

    Felip: Hi ha classe política valenciana?.Pense que no.Hi ha una burgesía acomodaticia i pendent solament del diner i una classe obrera totalment desclassà.
    John: Desgraciadamente su análisis es desgarrado pero muy cierto.Ese bandazo hacia la derecha sociológica es un error, porque no arrastrará a los votantes de la derecha,que como mucho se abstendrán y empujará a muchos votantes de izquierda hacia la abstención, como mal menor, o a votar a esa derecha, con la que se identifica en el folklore y los festejos y a la que quiere imitar, como principio del fin de la izquierda.

  16. Alfons Àlvarez

    Estoy con usted Justo, los cementerios son lugares muy interesantes para conocer la historia de una ciudad. El de Valencia no es una excepción. Nuestra historia reciente está reflejada también en las lápidas y tumbas del cementerio. No hay más que visitar el nicho en el que reposan los restos del que fue Rector de la Universidad de Valencia, Juan Bautista Peset Aleixandre, para darse cuenta de la cruel historia de esta ciudad, de este país.

    Si como relata usted, el estado de abandono del mausoleo de “los muertos de Rita” lo coloca casi en estado de ruina, es fácil imaginar cómo están de abandonados otros muertos menos familiares que tampoco tienen a nadie que vele por el estado de sus sepulturas. Por no hablar de aquellos muertos a los que la alcaldesa simplemente desprecia, como puede ser el caso de los republicanos. Y vuelvo a Peset.

  17. Isabel Zarzuela

    Qué perspicaz es usted para poner título a sus escritos, don Justo. Éste, desde luego, es prueba de ello: ‘Los muertos de Rita’. Enhorabuena por ese artículo.

    Bravo por la política municipal valenciana, esa que invierte y gasta tanto dinero en grandes proyectos y grandes eventos con el fin de hacer a Valencia grande y prestigiosa. Los vestigios de su historia, los que nos informan de lo que la ciudad ha sido y por qué, lo que la ciudad ha dado, eso, no requiere especial atención por parte del Ayuntamiento, al menos en lo que al Cementerio General de Valencia se refiere.

    Me parece interesante el tema que ha traído a colación el Sr. Álvarez respecto a la diferencia de trato que se le puede dar a los muertos. Primero el que otorga las instituciones públicas, y segundo, el que la propia familia pueda y quiera darle al difunto. Vamos, que siempre ha habido clases. Y en relación a esto, creo que es oportuno resaltar el epitafio de Vicente Blasco Ibáñez, cuyo enterramiento no ha dejado de traer polémica:

    “Quiero descansar en el más modesto cementerio valenciano, junto al Mare Nostrum que llenó de ideal mi espíritu; quiero que mi cuerpo se confunda con esta tierra de Valencia que es el amor de todos mis amores”.

  18. Marisa Bou

    Me sumo a las voces que alaban su artículo, don Justo. Es espléndido. Los muertos de Rita… ¿Qué le importan a Rita los muertos, ni propios ni extraños, si los vivos que no “comulgan” con ella le importan una higa? Sólo le importamos en tanto en cuanto pueda sacarnos algún provecho, y si nos morimos, al hoyo y pasa palabra.

    Por otra parte, esa izquierda que va de mal en peor, que trata -de modo lastimoso- de ganar votos en vez de ciudadanos responsables, que se ha pegado a la rueda del folclorismo más patán, y que no sólo no escucha las voces críticas de sus propios compañeros de viaje, sino que los echa del tren en marcha… ¿qué quieren que les diga? No van a llegar a parte alguna, porque han equivocado la ruta. Y eso, duele, se lo aseguro.

    Ofrendas, procesiones, lunes de san Nicolás y te deums en la catedral, no es lo que el ciudadano necesita, sino dirigentes que se comprometan con ellos para hacer de esta ciudad, de este país, lugares habitables y habitados, espacios donde compartir, interaccionar, y crecer como personas. A los que creemos en esto, nos llaman utópicos, creyendo que nos insultan, como si fuera sinónimo de anticuados. Y, como tales, nos desprecian.

    Yo aquí me quedo, instalada en mi utopía, a mi pasito lento, porque la velocidad, con los ojos vendados, es algo que acaba irremediáblemente en descalabro.

    Saludos a todos, viejos y nuevos blogueros. Este sigue siendo el reducto del sentido común, que no es el más común de los sentidos.

  19. jserna

    Les agradezco otra vez sus amables palabras sobre mi columna de El País y sobre el analisis-aproximación a la figura de Rita Barberá, de la que llevo escribiendo hace años. La prueba de la inutilidad de lo que uno escribe es que podría repetir lo mismo otra vez: nada cambia, todo sigue igual. El populismo y la demagogia de los que la alcaldesa de Valencia hace gala en tantas ocasiones no decaen.

    En la última ocasión que visité el cementerio me detuve ante la lápida del Rector Peset y, la verdad, mentiría si dijera que no me emocioné. Es decir, Alfons, que comparto lo que dice a propósito de la crueldad. El Rector Peset fue condenado a muerte…

    La Concejalía de Cementerios de Valencia organiza visitas guiadas al camposanto, al que califica de Museo del Silencio.

    http://www.valencia.es/ayuntamiento/agenda_accesible.nsf/Agenda/8DC3CC941F37E961C12575D000324110?OpenDocument&lang=1&nivel=4&bdOrigen=

    Han editado algunos folletos sobre el particular. En el que yo tengo hay consignados algunos de los enterramientos célebres o memorables, según la Concejalía. Destacan quince tumbas. Si quieren, les digo cuáles son. Les adelanto que el nicho dedicado al Rector Peset no figura entre los destacados. Una vergüenza.

  20. jserna

    Por cierto, Arnau, el Puente de las Flores en Valencia suele gustar a los visitantes (y a los locales). Yo pienso que es un despilfarro. Si de lo que se trataba era de reforzar el efecto “Valencia ciudad de flores”, podían haber puesto flora duradera.

    Ayer, día de fútbol, pasé por allí. Vi a ciertos hinchas del Atlético de Madrid llevándose alguna flor. Cuando terminé de cruzar el puente, una pareja de madrileños observaba de cerca las plantas. Él, refiriéndose a las flores, decía: “Son naturales”. Ella, muy sensata, corregía: “Cómo van a ser naturales”.

    Cómo van a ser naturales…

  21. Isabel Zarzuela

    Ay, don Justo, tenía que haberse parado usted y haberle dicho a la madrileña: ¡insensata! ¡cómo no van a ser naturales, si nos cuestan 500.000 euros al año!

    A ver, Sr. Serna, sorpréndanos y desvele a quiénes pertenecen esas 15 tumbas…

  22. R.S.R

    Ciertamente el post sintetiza muy bien aquello que sabemos, o que no sabemos, que ocurre y a lo que difícilmente podemos ponerle palabra respecto del comportamiento de la edil.
    En su artículo del País habla de los muertos olvidados de Rita, ¿de qué nos extrañamos si todavía quedan muchos por enterrar con la mínima dignidad?

    El Sr. John da en el clavo.Ya lo dijo Pumby en otra ocasión: la gente vota el original, no la copia, no el remedo, “para más de lo mismo voto al auténtico”.

    Saludos a todos y especialmente a “las chicas”. ¡¡¡Por fin unos días de tregua a tanta actividad!!!

  23. jserna

    Sra. Zarzuela y restantes lectores, las quince tumbas valencianas que han merecido ser destacadas por el ‘Museo del Silencio’ son éstas:

    1. Salvador Giner Vidal. Músico.

    2. Panteón de la Policía Local.

    3. José Campo. Marqués de Campo.

    4. Panteón Municipal. Regidores del Ayuntamiento de Valencia

    5. Joaquín Sorolla. Pintor.

    6. Carlos Sousa Álvarez de Toledo. Marqués de Sotelo.

    7. Manuel Broseta Pont. Catedrático y político.

    8. Salvador Octavio Vicent. Escultor.

    9. Panteón de Bomberos.

    10. Maximiliano Thous. Poeta.

    11. Cruz a las Víctimas del Cólera en el siglo XIX.

    12. Salvador Tuset Tuset. Pintor.

    13. Constantí Llombart. Escritor.

    14. Vicente Blasco Ibáñez. Escritor y político.

    15. Emilio Attard. Abogado y político.

    La pregunta inmediata es: ¿por qué éstas y no otras? La tumba del Rector Peset, los panteones de Romero, de Dotres, de Llano…

  24. Paco Fuster

    Veo que entre esas tumbas tampoco figura la de Nino Bravo. Tenía entendido que era una de las más conocidas y solicitadas por los visitantes del cementerio.

    Hace unos años estuve recitando un poema de Vicent Andrés Estellés y oyendo la grabación de una lectura del propio Estellés justo delante de su discreta tumba, en el Cementerio Municipal de Burjassot. La idea fue de mi profesor de literatura catalana. Fue una experiencia poco común, pero tremendamente emotiva e inolvidable.

  25. David P.Montesinos

    Por más que pongamos bajo interrogantes la lógica de la representación en las sociedades contemporáneas -hablo por mí, que paso verdaderas crisis de identidad cada vez que hay que votar y me planteo si no es más digna la abstención- algo tiene la alcaldesa de Valencia para que la gente le vote, algo que no se puede vender demasiado barato, salvo que pensemos que la gente es idiota. Hubo una cultura del “carisma” en torno a Felipe González y, de la misma forma, aunque reduciéndo su ámbito de influencia, la hay en torno a Rita. (No estoy tan seguro como otros de que no pudiera extenderse ese ámbito, la historia de la derecha está llena de personajes como Reagan, Thatcher o Bush, que parecían personajes de un chiste con vitola de políticos perdedores y terminaron por instalarse con enorme fuerza en el poder…No estoy seguro de que Rita no pudiera lanzarse a conquistar la meseta, peores cosas veredes, Sancho)

    ¿Y cómo se articula esa cosa tan mágica a la que llamamos “carisma”? Es carismático aquel político al que la gente “cree”, aquel que parece tener la sensibilidad para “entender” los deseos del “pueblo” -puesto que él es más pueblo que nadie- y el pulso lo suficientemente firme como para actuar en consecuencia. A partir de aquí, ya cualquier fracaso es explicable, pues si los proyectos no salen, siempre es posible escaparse acusando a Madrid, que cumple perfectamente su función dentro del plan porque es un gobierno del partido rival y se le puede dar más que a una estera. De igual manera, los desmanes encuentran también la posibilidad de mitigar su consiguiente erosión de imagen, pues siempre hay una prensa teledirigida que intenta calumniar desde Madrid.

    Son ciertamente conceptos estratégicos muy sencillos los que Rita viene manejando con maestría desde hace veinte años, pero es que la simplicidad, cuando insiste en la misma línea sin desviarse, puede tener mucha pegada. Se trata de conseguir que los locales puedan identificar con cierto paisanaje imaginario la figura del personaje, un papel que Rita interpreta a la perfección en el balcón durante la mascletá, en Mestalla cuando el Valencia gana un título o en el Mercado Central cuando departe con las carniceras con la cámara de canal nou detrás. En ese momento, ya será muy fácil que cada vez que alguien se oponga a sus proyectos se le haga aparecer como un enviado del enemigo exterior. Aunque parezca mentira, muchos valencianos creen que Zp es un tontarras medio catalanista al que maneja Fdez de la Vega -en la mujer, cuando no parece una maruja, siempre reside el Mal-, la cual prepara planes maquiavélicos en connivencia con el tripartito para quitarnos el agua, hacer naufragar el turismo, robarnos las asignaciones autonómicas para dárselas a los catalanes… Al final es como en Mestalla, el equipo mereció ganar, pero el árbitro nos robó el partido. Y por cierto, hablando de esto, no olviden que ningún presidente del Valencia ha generado estados de opinión y guiado multitudes tanto como Paco Roig. ¿Por qué? Porque su mensaje era directo -“¿per qué no puc jo fitxar a qui vullga la gent?,¿es que se pensa vosté que els valencians som menys que el catalans o els madrilenys?”- Ya sé que a Justo no le gustan los símiles futbolísticos, pero la actual quiebra económica de la institución es producto de la agresiva política de inversión y despilfarro de dos tipos -incluyo a Soler- que respiraban el aire de Barberá. No olvidemos que el Valencia es el club más endeudado de España -al borde de una ley concursal- y que el ayuntamiento de Valencia es en términos relativos el mas endeudado de España.

    De acuerdo, es muy cutre todo esto, pero funciona. ¿Y saben por qué? Porque yo creo que los valencianos tienen un problema de autoestima. La mamarrachada de la fórmula 1 o los barquitos, como tantas otras, no ha mejorado la imagen de Valencia, o en todo caso, ha creado muy superficialmente cierta sensación de poderío que ya no se cree nadie y que, en cualquier caso, no genera enriquecimiento ni voluntades inversoras desde el mundo empresarial. Sin embargo, un primo de Murcia nos dice que Valencia está divina desde Rita y eso nos pone caldosísimos. Rita no ha mejorado Valencia, la ha empeorado, es una gestora nefasta, pero nos ha dado lo que queríamos: nos ha hecho sentir en el paraíso artificial de la prosperidad y la abundancia. Lo pagaremos durante muchos años…, lo pagaremos en el sentido literal y en el metafórico.

  26. MNBN

    No le deis mas vueltas. Rita gana a unos candidatos malos y se los come con patatas. Vosotros votarlos, que ya pasarán otros 20 años. Y SERNA hablando de muertos con odio. Viva Rita

  27. Ana Serrano

    Llego deslomada y perpleja de la Semana Santa Sevillana, donde no tenía conexión y trato de ponerme al día con ustedes. Me encuentro esto:

    “Ustedes no se imaginan la información tan significativa que un cementerio proporciona de un tiempo extinguido que está siendo objeto de investigación. Es un archivo de piedra, una reducción a escala de la ciudad de los vivos. Por eso, resulta deplorable el mal estado con que el Ayuntamiento deja esos vestigios monumentales. Un escándalo.”

    Y no sé si viene a cuento o no, porque he llegado sólo ahí leyendo y, además, ya están en otra cosa, pero debo decir que yo sí me imagino, Justo, yo sí. Soy una “experta” en cementerios (el de ustedes no lo conozco) por razones que no hacen al caso; sólo diré una de ellas por exótica: heredé seis tumbas en Madrid de mi abuela y un panteón en La Recoleta de Buenos Aires de mi madre y me ocupo de ellas ¡¡!!, aunque ya de antes acudía a pasear por los camposantos y, especialmente, por el Cementerio Civil de Madrid, donde, al terminar la guerra, se pedía la documentación a los que lo visitaban y se los “fichaba”.

    Si cree que puedo ayudarle en algo, Justo, ya sabe.

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