Lo primario y lo secundario

Lo primario. Este fin de semana se celebra el proceso de elecciones primarias en algunas demarcaciones del Partido Socialista. Es un mecanismo que airea las organizaciones, que abre nuevos cauces de participación. En principio no es un problema, sino una saludable manera de ventilar, de orear.

Sobre este particular, Ignacio Urquizu publica en El País un artículo sensato. El proceso de primarias da participación a los militantes y eso reporta mayor activismo y mayor presencia en los medios. Si un partido es más visible, entonces sus actos tienen notable repercusión.

¿Y si la presencia es una visibilidad traumática, es decir, si se está en los medios por la pelea interna? Quizá los votantes que no militan puedan disgustarse o puedan sentir desafección o puedan desinteresarse. Es más: el partido rival puede estar esperando tranquilamente que sus oponentes se desangren. Pero también puede inquietarse por la celebridad sobrevenida de los nuevos aspirantes. De repente, alguien cobra una dimensión imprevista.

Las primarias no son necesariamente una panacea universal ni una garantía de éxito. En ocasiones, son los propios aparatos los que acaban patrocinando y entorpeciendo dichos procesos: en realidad, parecen resignados a las primarias cuando no tienen más remedio, es decir, cuando un aspirante firme, con trayectoria y con convicciones reúne avales suficientes y pone todo el entusiasmo y la sensatez que la política merece.

En la ciudad de Valencia, por ejemplo, Manuel Mata disputa a Joan Calabuig la candidatura. Me parece una buena oportunidad para reflexionar. Hay programado incluso un debate entre los aspirantes en la sede de los socialistas valencianos. Es el sábado 2 de octubre a las 17:30. No me cabe la menor duda: habrá un reparto igualitario de los tiempos y de las plazas para seguidores; habrá las mismas oportunidades para ambos y para quienes les apoyan. Veremos a los medios de comunicación y los aspirantes deberán persuadir con las formas y con el discurso, con los gestos y con las palabras: sin impostaciones y sin excesiva representación, transmitiendo convicción y eficacia, soltura y apostura. No me cabe la menor duda…

Hace meses, en un artículo aparecido en El País, me preguntaba qué condiciones debería reunir un líder del partido socialista en Valencia. Para quienes no militamos en dicho partido, esto es crucial, pues una oposición débil o rutinaria nos malogra. Me preguntaba, sí, por esas cualidades que hacen atractivo un liderazgo. Perdonen la repetición. Entre otras cosas decía que había que apoyar a un candidato…

“que sea políticamente atractivo, que despierte entusiasmo, que pueda generar encanto entre los indiferentes o entre las clases medias. Hay que encontrar a un político que posea el don de la oratoria, alguien que cuente una historia clara, su propia historia y la que el público también quiere escuchar, alguien que persuada.

“Hay que apoyar a un candidato al que se le vean la solidez y la honestidad, que sepa reunir, aglutinar; que logre decir lo que hay que decir con gestos precisos, mostrando honradez y picardía: dueño de la palabra exacta. Hay que promover a un líder que tenga nivel intelectual -que no abochorne con ideas banales- pero que a la vez tenga tirón popular, que sepa captar la simpatía de un amplio sector, ese que sin tener inquietudes refinadas ocupa el espacio.

“Hay que apoyar a una persona que no dé la imagen de cansancio, de hastío, de repetición. Hay que elegir a alguien que transmita algún tipo de entusiasmo, a alguien que sepa imantar las miradas, provocando también un efecto de sinceridad”.

Lo secundario. Sé de Juan Sisinio Pérez Garzón desde hace muchos años: concretamente desde comienzos de los ochenta. Es colega mío, profesor universitario e investigador reconocido. Tengo con él relaciones amistosas. No siempre coincidimos, aunque eso no nos impide el mutuo reconocimiento. Nos vemos de tarde en tarde, pero con el correo electrónico nos mantenemos mediana y periódicamente informados. Es historiador y es militante del Partido Socialista Obrero Español.

El viernes 1 de septiembre publicó un artículo en El País. Trataba del mecanismo de selección electoral, de las primarias, y concretamente lo refería a Madrid, a la disputa entre Trinidad Jiménez y Tomás Gómez. Juan Sisinio manifestaba su escepticismo sobre este proceso. ¿Por qué razón? Porque lejos de aunar divide; porque lejos de sumar resta; porque provoca hostilidades entre partidarios y rivales, entre afines y contrarios. Es decir, un proceso de primarias como el de Madrid acentúa el choque de distintos sectores y agrava las rencillas internas, los hostigamientos. Ésa es su tesis.

Es probable que esté en lo cierto. Y es probable que la “visibilidad traumática” de un partido –como yo mismo llamaba a este fenómeno– no aporte mayor apoyo electoral. Pero hay que tener en cuenta dos cosas: los traumatismos los percibe la ciudadanía antes de que los militantes se los reprochen en unas primarias. O en otros términos: las hostilidades internas son conocidas aun cuando no haya primarias y, por ello, el viejo lema de que los trapos sucios se lavan en casa no elimina el problema. La gente lo sabe.

Tal vez por eso le doy la razón a Juan Sisinio cuando subraya un aspecto deficiente de las primarias del Partido Socialista de Madrid: los militantes de la organización son una limitada muestra de lo que es la ciudadanía. Literalmente: “una militancia tan escasa no puede ser masa crítica para generar debates, sino solo adhesiones. Son 17.000 aproximadamente los militantes socialistas en la Comunidad de Madrid. ¿Se les puede considerar representativos de las inquietudes ciudadanas o incluso de ese millón más o menos fluctuante de votantes socialistas que hay?”

Ahí está la clave, algo nada secundario. Quienes de verdad son partidarios de las primarias quieren jugar limpio. Juego limpio con los censos de militantes, por ejemplo. Es preciso saber con quién se cuenta para buscar su apoyo. Pero no es suficiente: quienes de verdad son partidarios de las primarias quieren extender los censos de participantes a otros ciudadanos que no militan. A los simpatizantes, por ejemplo. De lo que se trata es de ensanchar ese juicio crítico: ampliar las implicaciones, las relaciones, los compromisos. La afección.

Yo no pertenezco al partido socialista. Por tanto no puedo votar en las primarias que enfrenta a Manuel Mata con Joan Calabuig. Pero he firmado algún manifiesto en el hago públicas mi preferencias. Es más: me declaro aquí, en el blog, en un sentido obvio. No suelo firmar manifiestos: no por miedo o por falta de compromiso, sino por escepticismo, no sé. Ahora bien, en este caso, no he tenido dudas.

Rita Barberá debe ser desalojada democráticamente; debe perder unas elecciones. ¿Es posible tal cosa? La ciudad de Valencia es una población media, de clima benigno, de residencia agradable, de extensiones aún humanas. Es muy ruidosa y jaranera, sí, pero es una urbe todavía peatonal en la que es posible vivir sin grandes asfixias. La gente no manifiesta una irritación especial. Hay edificios horribles y hay construcciones históricas de hermosa factura. Hay proyectos culturales que nos quitan la modorra y hay eventos y contenedores carísimos que sólo sirven para lucimiento de Barberá  o de sus conmilitones. Y la gente lo sabe. Creo que ha llegado el momento de parar. ¿Lo conseguiremos? Los críticos del PP de la Comunidad Valenciana, que son muchos, han de manifestarse, han de aunar esfuerzos. Y sobre todo han de acabar con la demagogia, con el populismo.

¿No hay una masa crítica que derrote al PP local? No me refiero sólo a quienes militan en el PSPV. Tampoco a quienes simpatizan con sus opciones. Aludo, por el contrario, a todas esas personas que se sienten ultrajadas por el endeudamiento municipal, por los presupuestos incontinentes, por los gastos faraónicos. ¿La mayoría de los ciudadanos valencianos comparten el despilfarro ostentoso, el matonismo verbal y el victimismo identitario? De ser así esto es una patología social. Los efectos secundarios ya los estamos viendo.

Hay que movilizarse y hay que apostar. En otro momento ya nos pondremos divinos.

Lo terciario. Yo no soy nadie en el PSPV. Soy un espectador externo que emite juicios y lo que veo no siempre me agrada. El funcionamiento de los partidos políticos es mejorable. Muy mejorable. La selección de los candidatos debería hacerse de la manera más abierta y con las máximas garantías. Hay personas que valen, que lo han probado suficientemente, que son capaces de articular un pensamiento sólido y que son capaces de movilizar energías. Hay personas que tienen madera de líder, que pueden ser dirigentes porque tienen habilidades expresivas y organizativas: simplemente porque pueden hablar sin reparos, sin tibiezas y con sensatez; simplemente porque su puesta en escena también es  atractiva, convincente. Aunque no lo crean en los partidos políticos hay gente así. Como la hay en las organizaciones de la sociedad civil. El problema lo tenemos cuando a los mejores o a los mejor habilitados, aquellos que podrían despertar crédito y voluntades con su prudencia y audacia, con su palabra y discernimiento, se les frena. Un partido es una correlación de fuerzas, de fuerzas enfrentadas, de intereses contrapuestos, pero es también o puede ser una gran coalición, una suma de energías.

Las cosas han de cambiar en el PSPV. Hay tiempo. Los observadores externos tenemos una impresión algo pesimista. Pero aún hay tiempo. Si el Partido Socialista no es capaz de aupar a los más perspicaces y combativos; si un aparato rutinario domina toda la representación para fijar férreamente el guión; si la marca política  se asocia a un mero agregado de intereses, entonces los ciudadanos se desencantan, se apartan, se desentienden. Cunde el desánimo. Y lo que se necesita es convencer. El PSPV precisa un liderazgo persuasivo y precisa, en Valencia por ejemplo, un candidato que no se amilane, que sepa ocupar los espacios de la comunicación, que sea pugnaz con una alcaldesa que ha patrimonializado emocional y materialmente la institución.

No sé si podré asistir al debate que van a mantener Manuel Mata y Joan Calabuig. Por tanto, no sé si podré hacerles la crónica de lo que allí suceda. En cualquier caso, espero y deseo que la puesta en escena no sea el espacio de un suplicio público: que no sea la excusa para atacar irresponsablemente al contrincante. Cuando digo irresponsablemente me refiero a preguntas-trampa de los espectadores, a interpelaciones acusadoras, a agresiones encubiertas. Lo ideal es que ambos candidatos respondan a las mismas preguntas en pie de igualdad, en igualdad de condiciones. Eso sirve para discernir el valor de las respuestas y para mostrar el temple, el capital humano. ¿Me estaré haciendo ilusiones?

Crónica y valoraciones

Marisa Bou en Los archivos de JS:

…Creo que hoy ha habido un claro beneficiario en todo esto: la democracia. Aunque yo tenía mis dudas al respecto, todo se ha desarrollado con absoluta corrección, no ha habido insidia en las preguntas ni tampoco en las respuestas. Como dice mi buen amigo Pepe Reig, ya nada volverá a ser igual en el PSPV después de hoy. Gane quien gane las primarias. Como mínimo, a partir de ahora, el que quiera salir a la palestra sabrá que los militantes de base tienen algo que decir al respecto y tendrá que demostrar, también a la ciudadanía, que merece la fe que podamos depositar en él o ella… (Leer más)

Cristina Vázquez en El País:

…Los socialistas recuperaron ayer una costumbre poco ensayada en sus filas. El cara a cara entre los dos candidatos antes de medirse, hoy, en unas primarias en las que se elegirá al próximo candidato del partido a la alcaldía de Valencia en 2011. Y no les salió mal… (Leer más)

Colofón:

http://www.elpais.com

http://www.levante-emv.com

http://www.lasprovincias.es

http://www.abc.es


29 comments

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  1. Marisa Bou

    Creo que debe ser obvio, para todos los que siguen este blog, cuál es mi posición en este tema, aunque yo nunca la haya explicitado. En el fondo, esas cosas se notan.

    En medio de la vorágine del equipo de campaña de Manolo Mata, hago un “kit-kat” para leer el nuevo post de don Justo, que forma parte -desde hace ya mucho- de mi alimento diario. Y no puedo por menos que entrar para agradecerle tan sentidas palabras, convencida de que, si quedaba algún resquicio de duda sobre la victoria (que, a mí, no) quedará anulado por la lectura del post. No lo he consultado con él, pero por mi cuenta y riesgo, gracias, don Justo. Tiene usted una visión muy exacta de cómo son las cosas. Un abrazo.

  2. jserna

    No sé si podré asistir al debate Mata-Calabuig. Seguramente aunque quisiera estar presente no tendría sitio, de tanto interés que esta disputa ha despertado. Si pudiera acudir haría la crónica de esa controversia electoral.

    Ojalá haya un reparto equitativo. Y ojalá podamos reorientar la circunstancia de esta ciudad.

    ¿A ustedes les parece normal que la actual alcaldesa maltrate verbalmente a sus opositores? Ésa es la dinámica ‘florentina’ de esta urbe, la que se repite en cada sesión municipal. Ya saben: nos puede la diplomacia vaticana… ¿A ustedes les parece normal que doña Rita Barberá se exprese con la aspereza de quien cree tener siempre la razón, temiendo a la vez cualquier reparo que se le pueda hacer?

    Valencia ya es objeto de antropólogos que estudian nuestra particularidad, nuestras patologías. A ver si entre todos volvemos a la normalidad.

  3. Arnau Gomez

    Leo que habrá un “un reparto igualitario de los tiempos y de las plazas para seguidores”.Mi pregunta es:¿Qué necesidad tienen los aspirantes de debatir ante los que ya están convencidos?.Lo lógico es que el debate fuese abierto a los que no lo están convencidos y hacerlo en un sitio tan grande como sea necesario.
    Lo de la actual alcaldesa no es maltrato a sus opositores.Es un producto de su mala educación democrática y su espiritu caciquil.De florentinismo solo tiene la daga,que usarían,si fuese preciso,cualquiera de sus Ciuttis

  4. Marisa Bou

    Don Arnau, en estas primarias descafeinadas que tenemos (hoy por hoy) sólo votan los militantes, lo cual ya es un avance frente a la digitocracia de la oposición. Hasta llegar a unas primarias estilo americano, en las que vote también el ciudadano simpatizante, es lo que tenemos y gracias.

    En cuanto a que todos estén convencidos, eso tampoco es exacto: unos lo estamos desde el principio, otros se van convenciendo según pasan los días y van conociendo las posiciones de los candidatos y otros, aún habiendo avalado a uno de ellos, acaban votando al otro, puesto que en política, como en todo en la vida, nada hay que pueda considerarse fijo e inamovible. Mudar de criterio, si el cambio nace de una escucha atenta y crítica del discurso del otro, es algo saludable. Lo que no lo es, sin embargo, es mantenerse agarrado a la palabra dada por mor de intereses espúreos o acomodaticios.

    Es decir, hay que escuchar el debate, aunque sólo sea para reafirmarse en lo que uno ya pensaba.

  5. Arnau Gomez

    Dña Marisa,gracias por ilustrarme con el funcionamiento de las primarias.
    Quería decir,lo que pasa es que me expresado muy mal, es que hay que convencer a los no convencidos y a los indecisos,obviamente dentro del Partido,¿dónde sino?,acabando con un gran mitin.

  6. Sigue...

    Lo secundario. Sé de Juan Sisinio Pérez Garzón desde hace muchos años: concretamente desde comienzos de los ochenta. Es colega mío, profesor universitario e investigador reconocido. Tengo con él relaciones amistosas. No siempre coincidimos, aunque eso no nos impide el mutuo reconocimiento. Nos vemos de tarde en tarde, pero con el correo electrónico nos mantenemos mediana y periódicamente informados. Es historiador y es militante del Partido Socialista Obrero Español.

    El viernes 1 de septiembre publicó un artículo en El País. Trataba del mecanismo de selección electoral, de las primarias, y concretamente lo refería a Madrid, a la disputa entre Trinidad Jiménez y Tomás Gómez. Juan Sisinio manifestaba su escepticismo sobre este proceso. ¿Por qué razón? Porque lejos de aunar divide; porque lejos de sumar resta; porque provoca hostilidades entre partidarios y rivales, entre afines y contrarios. Es decir, un proceso de primarias como el de Madrid acentúa el choque de distintos sectores y agrava las rencillas internas, los hostigamientos. Ésa es su tesis.

    Es probable que esté en lo cierto. Y es probable que la “visibilidad traumática” de un partido –como yo mismo llamaba a este fenómeno– no aporte mayor apoyo electoral. Pero hay que tener en cuenta dos cosas: los traumatismos los percibe la ciudadanía antes de que los militantes se los reprochen en unas primarias. O en otros términos: las hostilidades internas son conocidas aun cuando no haya primarias y, por ello, el viejo lema de que los trapos sucios se lavan en casa no elimina el problema. La gente lo sabe.

    Tal vez por eso le doy la razón a Juan Sisinio cuando subraya un aspecto deficiente de las primarias del Partido Socialista de Madrid: los militantes de la organización son una limitada muestra de lo que es la ciudadanía. Literalmente: “una militancia tan escasa no puede ser masa crítica para generar debates, sino solo adhesiones. Son 17.000 aproximadamente los militantes socialistas en la Comunidad de Madrid. ¿Se les puede considerar representativos de las inquietudes ciudadanas o incluso de ese millón más o menos fluctuante de votantes socialistas que hay?”

    Ahí está la clave, algo nada secundario. Quienes de verdad son partidarios de las primarias quieren jugar limpio. Juego limpio con los censos de militantes, por ejemplo. Es preciso saber con quién se cuenta para buscar su apoyo. Pero no es suficiente: quienes de verdad son partidarios de las primarias quieren extender los censos de participantes a otros ciudadanos que no militan. A los simpatizantes, por ejemplo. De lo que se trata es de ensanchar ese juicio crítico: ampliar las implicaciones, las relaciones, los compromisos. La afección.

    Yo no pertenezco al partido socialista. Por tanto no puedo votar en las primarias que enfrenta a Manuel Mata con Joan Calabuig. Pero he firmado algún manifiesto en el hago públicas mi preferencias. Es más: me declaro aquí, en el blog, en un sentido obvio. No suelo firmar manifiestos: no por miedo o por falta de compromiso, sino por escepticismo, no sé. Ahora bien, en este caso, no he tenido dudas.

    Rita Barberá debe ser desalojada democráticamente; debe perder unas elecciones. ¿Es posible tal cosa? La ciudad de Valencia es una población media, de clima benigno, de residencia agradable, de extensiones aún humanas. Es muy ruidosa y jaranera, sí, pero es una urbe todavía peatonal en la que es posible vivir sin grandes asfixias. La gente no manifiesta una irritación especial. Hay edificios horribles y hay construcciones históricas de hermosa factura. Hay proyectos culturales que nos quitan la modorra y hay eventos y contenedores carísimos que sólo sirven para lucimiento de Barberá o de sus conmilitones. Y la gente lo sabe. Creo que ha llegado el momento de parar. ¿Lo conseguiremos? Los críticos del PP de la Comunidad Valenciana, que son muchos, han de manifestarse, han de aunar esfuerzos. Y sobre todo han de acabar con la demagogia, con el populismo.

    ¿No hay una masa crítica que derrote al PP local? No me refiero sólo a quienes militan en el PSPV. Tampoco a quienes simpatizan con sus opciones. Aludo, por el contrario, a todas esas personas que se sienten ultrajadas por el endeudamiento municipal, por los presupuestos incontinentes, por los gastos faraónicos. ¿La mayoría de los ciudadanos valencianos comparten el despilfarro ostentoso, el matonismo verbal y el victimismo identitario? De ser así esto es una patología social. Los efectos secundarios ya los estamos viendo.
    Hay que movilizarse y hay que apostar. En otro momento ya nos pondremos divinos…

  7. aleskander62

    También la izquierda y el centro-izquierda tiene que explicarse, explicar su programa, sus propuestas para llegar a la gente. Y ser coherentes, sistemáticos. Falta fuerza.

  8. imaginarseasisifofeliz

    Permítanme expresar mi pesimismo en este asunto. Cada vez que contemplo los discursos de estos señores que nos gobiernan me quedo boquiabierto. Se han apropiado de todos los elementos posibles para elaborar un discurso populista que, por otra parte, ha resultado muy efectivo estos últimos años.
    Y lo peor de ello es que nos hacen creer que vivimos en la mejor comunidad de las posibles, que nada ocurre mal aquí y que somos los mejores. Espero que el sentido común ciudadano y una buena organización de la oposición pueda dar una vuelta a esta situación, aunque personalmente lo veo bastante negro, tanto en la ciudad como en la Comunidad. Veremos cómo discurre todo.

  9. Sigue...

    Lo terciario. Yo no soy nadie en el PSPV. Soy un espectador externo que emite juicios y lo que veo no siempre me agrada. El funcionamiento de los partidos políticos es mejorable. Muy mejorable. La selección de los candidatos debería hacerse de la manera más abierta y con las máximas garantías. Hay personas que valen, que lo han probado suficientemente, que son capaces de articular un pensamiento sólido y que son capaces de movilizar energías. Hay personas que tienen madera de líder, que pueden ser dirigentes porque tienen habilidades expresivas y organizativas: simplemente porque pueden hablar sin reparos, sin tibiezas y con sensatez; simplemente porque su puesta en escena también es atractiva, convincente. Aunque no lo crean en los partidos políticos hay gente así. Como la hay en las organizaciones de la sociedad civil. El problema lo tenemos cuando a los mejores o a los mejor habilitados, aquellos que podrían despertar crédito y voluntades con su prudencia y audacia, con su palabra y discernimiento, se les frena. Un partido es una correlación de fuerzas, de fuerzas enfrentadas, de intereses contrapuestos, pero es también o puede ser una gran coalición, una suma de energías.

    Las cosas han de cambiar en el PSPV. Hay tiempo. Los observadores externos tenemos una impresión algo pesimista. Pero aún hay tiempo. Si el Partido Socialista no es capaz de aupar a los más perspicaces y combativos; si un aparato rutinario domina toda la representación para fijar férreamente el guión; si la marca política se asocia a un mero agregado de intereses, entonces los ciudadanos se desencantan, se apartan, se desentienden. Cunde el desánimo. Y lo que se necesita es convencer. El PSPV precisa un liderazgo persuasivo y precisa, en Valencia por ejemplo, un candidato que no se amilane, que sepa ocupar los espacios de la comunicación, que sea pugnaz con una alcaldesa que ha patrimonializado emocional y materialmente la institución…

  10. Sigue...

    …No sé si podré asistir al debate que van a mantener Manuel Mata y Joan Calabuig. Por tanto, no sé si podré hacerles la crónica de lo que allí suceda. En cualquier caso, espero y deseo que la puesta en escena no sea el espacio de un suplicio público: que no sea la excusa para atacar irresponsablemente al contrincante. Cuando digo irresponsablemente me refiero a preguntas-trampa de los espectadores, a interpelaciones acusadoras, a agresiones encubiertas. Lo ideal es que ambos candidatos respondan a las mismas preguntas en pie de igualdad, en igualdad de condiciones. Eso sirve para discernir el valor de las respuestas y para mostrar el temple, el capital humano. ¿Me estaré haciendo ilusiones?

    Colofón…

  11. jserna

    No podré asistir finalmente, pero quizá algún amigo de los que frecuenta este blog pueda hacernos una pequeña crónica. Sé que algunos van. Personas cercanas sí que van a acudir. Algo dirán, algo me dirán y algo podré conunicarles.

  12. Marisa Bou

    Me siento en la obligación de hacerles un breve comentario sobre el debate de hoy, ahora, precisamente en la víspera de las primarias, antes de que el resultado, sea el que fuere, me pueda influir.

    Creo que hoy ha habido un claro beneficiario en todo esto: la democracia. Aunque yo tenía mis dudas al respecto, todo se ha desarrollado con absoluta corrección, no ha habido insidia en las preguntas ni tampoco en las respuestas. Como dice mi buen amigo Pepe Reig, ya nada volverá a ser igual en el PSPV después de hoy. Gane quien gane las primarias. Como mínimo, a partir de ahora, el que quiera salir a la palestra sabrá que los militantes de base tienen algo que decir al respecto y tendrá que demostrar, también a la ciudadanía, que merece la fe que podamos depositar en él o ella.

    Eso sí, mi opinión personal -y creo que la de muchos otros- es que Manolo Mata reúne las condiciones que el señor Serna exponía más arriba que debe tener un candidato a alcalde. No le falta ninguna. Lo único que le falta es que, mañana, le votemos los suficientes para que tenga la oportunidad de hacer realidad nuestro sueño, que es el suyo: hacerle a la señá Rita una amplia avenida, de esas que a ella le gustan, que la lleve derechita a su casa.

    Y ahora me voy a dormir, que mañana me espera un día muy duro. Buenas noches, señoras y señores.

  13. jserna

    Muchas gracias, sra. Bou. Muchas gracias por su precisa crónica y su valoración personal. Otras personas asistentes confirman punto por punto lo que usted describe. No son malas noticias: buen uso del debate y corrección formal, cuidado de las normas.

    Quedamos a la espera.

  14. Isabel Zarzuela

    Gracias, doña Marisa. Estaría bien eso de “hacerle a la señá Rita una amplia avenida, de esas que a ella le gustan, que la lleve derechita a su casa”. Pero qué quieren, yo no estoy muy animada. Veo demasiada parafernalia para conseguir un voto fácil, el de los afiliados. Y digo fácil porque lo realmente difícil en estos momentos es conseguir el voto de simpatizantes, escépticos o indecisos, es decir, ese otro 40% del voto que en las próximas municipales van a determinar verdaderamente el destino de la ciudad, como ya explicó Ignacio Urquizu en la presentación del ‘Informe sobre la Democracia en España’.
    Creo que la autocrítica y el entusiasmo en el candidato son muy importantes. Ja vorem.

  15. David P.Montesinos

    Es razonable su desánimo, Isabel, por más que a mí también me alegra que las sensaciones que transmiten jornadas de intenso debate interno como la que Marisa relata sean positivas. Se me ocurre decir que habría de ser una obligación -algo que a uno, como el valor en la mili, se le supone- el que los candidatos y sus equipos expongan sus ideas sin descalificarse ni elevar la voz ni hacer demagogia… Pero como no parece ser ese el estilo triunfante en la alta política casi que hay que felicitarse.

    Me parece bien que hagamos semblanzas del liderazgo que juzgamos creíble. Pero solo en la medida en que es un medio para un fin, que no es ganar, sino convencer, esperanzar si me apuran. ¿De qué? Pues, ya que cita Marisa las avenidas de Rita, para mí es un buen referente de lo que no hay que hacer. Quien aspire a gobernar el consistorio habrá de ser un hombre poco dado a los fastos y las inversiones espectaculares, creer y hacer creer que desea una ciudad para la gente, un entorno definido por la habitabilidad, donde haya que pensárselo dos veces antes de dar vía libre a los superconstructores, donde esté prohibido asfaltizar la huerta, donde no se recorten las escoletes municipales y haya guardería pública para todos, donde no tengamos que pagar todos las villanías de los que llevan a la ruina a los clubs de fútbol… ¿Sigo? Prometanme algo así y… Otra cosa será que yo les crea. Quizá sea eso en lo que consista el carisma, que les creamos.

  16. R.S.R.

    Creo que la Sra.Isabel Zarzuela y el Sr. Montesinos tocan un aspecto que me parece fundamental: el desánimo de la ciudadanía. Me pregunto porqué ese desánimo la derecha lo rentabiliza y la izquierda nunca. Qué resortes maneja para que el desanimado o desideologizado acabe dando su voto a la derecha. Yo también estoy expectante ante el resultado y espero que gane Matas a ver si es posible que por avenidas o por caminos de huerta esta señora y los suyos se vayan.

  17. Marisa Bou

    Quisiera responderles a todos, después de agradecerles el interés que se han tomado en el asunto que nos ocupa. Que no me atrevo a llamarlo primarias, porque -como bien dice Anselm Bodoque en un artículo que me acaban de enviar- estas eran unas elecciones internas, limitadas a la militancia del partido y, por lo tanto, en el resultado influyen otros intereses distintos de los de la ciudadanía, que a mi intender ha sido la gran perdedora de esta noche.

    Porque, señor Montesinos, sí, Manolo Mata lleva en su cabeza y en su corazón todo ese programa que usted desgrana, e incluso el que se calla. Y no, doña Isabel, no era en absoluto un voto fácil: más fácil hubiera resultado de haber podido votar los ciudadanos, que esta noche han perdido un gran candidato a la alcaldía.

    A usted, R.S.R., quiero decirle que la izquierda no rentabiliza nunca el desánimo porque está dividida entre los que les importa un pito ningún desánimo que no sea el suyo propio y los que no se desaniman nunca, pase lo que pase, porque saben que la razón y el corazón, tarde o pronto, triunfan. Estos últimos, claro, siempre somos minoría.

    Don Justo, por favor, cambie usted el post, hablemos de otra cosa. En todo caso, podremos retomar el tema cuando hayamos reflexionado y comprendido lo sucedido hoy. Ahora mismo, me siento incapaz. Buenas noches y buena suerte.

  18. jserna

    No sé, probablemente me equivoque, pero creo que en Madrid y en Valencia han ganado los aparatos respectivos. En Madrid contra la intromisión de Rodríguez Zapatero, que ha pagado el capricho discrecional; en Valencia contra la insumisión de una parte de la militancia, que ha pagado su osadía. Si no me equivoco, ciento y pico votos han decidido un candidato a alcalde frente al otro. ¿Habrá generosidad por parte de quienes han ganado por puntos?

    Un servidor decía más arriba: “quienes de verdad son partidarios de las primarias quieren extender los censos de participantes a otros ciudadanos que no militan. A los simpatizantes, por ejemplo. De lo que se trata es de ensanchar ese juicio crítico: ampliar las implicaciones, las relaciones, los compromisos. La afección”.

    Bueno, pues no son elecciones primarias, sino internas…

    Habrá que volver sobre ello. Y, si ustedes no dicen lo contrario, haré caso a la sra. Bou: cambiaremos el post.

  19. Arnau Gomez

    Los simpatizantes resultan incómodos, tanto a los que están en el puente de mando, como a los que están en el sollao. No están sometidos a más disciplina que a la que le dicta su propia inteligencia.
    Había unos artículos en los estatutos en los que se habla de como se debe hacer un censo de simpatizantes.Nadie, ni militantes de base ni dirigentes, han intentado poner en marcha ese censo,que implica integrarse de alguna forma más laxa en la estructura del partido.
    De todos modos no hay que dramatizar con este proceso,que puede haber abierto un nuevo espíritu en la democracia española, que precisa de una nueva ley electoral, entre otras cosas.

  20. jserna

    Hola, Arnau. No sé si lo simpatizantes resultan incómodos a los miembros de un partido y a sus dirigentes. Yo no veo así este asunto. Los militantes no son títeres y, como la gente que no pertenece a un partido, también están sometidos a la disciplina de su propia inteligencia. Un partido es una organización defectuosa, sin duda, con intereses propiamente materiales. Como los seres humanos: que tienen un fuste torcido, según decía Kant y repetía Isaiah Berlin. Perdonen la pedantería.

    Yo admiro a los militantes que, precisamente, se imponen como principales disciplinas la dignidad personal y el ejercicio de su inteligencia. Los votantes sin partido y los electores sin militancia, ¿qué son? ¿Más libres, más inteligentes, más indisciplinados? Yo no milito en ningún partido y no me considero ni más libre, ni más inteligente, ni más indisciplinado.

    A veces me veo perezoso, dándome todo tipo de excusas.

    Perdone, Arnau, esta expansión.

  21. Arnau Gómez

    Mi apreciado D. Justo. No sé si usted ha estado militando en algún partido. Yo sí.
    Si se produce una permanente agresión a la intimidad,a la inteligencia, por mor de la disciplina interna,sin que se admita ni la más mínima controversia, ni, mucho menos, una desviación de la línea marcada por la dirección, puede llevar a la marginación, como mínimo. De ahí a la expulsión a las tinieblas exteriores (y esta cita bíblica viene a cuento para pensar que estas prácticas son milenarias), solo hay un pequeño paso.
    La disciplina externa se debe conseguir para dar un discurso uniforme y una respuesta común para todos los militantes.
    Los partidos políticos no son sectas, en las que hasta le exigen a sus sectarios que pensar, que comer, que trabajar, con quien convivir…

    Pero, ¿no iremos camino de ello?

  22. Hemeroteca

    Miquel Alberola, “El aparato siempre funciona”, El País 04/10/2010

    http://www.elpais.com/articulo/Comunidad/Valenciana/aparato/siempre/funciona/elpepiespval/20101004elpval_9/Tes

    Dicho más arriba: “No sé, probablemente me equivoque, pero creo que en Madrid y en Valencia han ganado los aparatos respectivos. En Madrid contra la intromisión de Rodríguez Zapatero, que ha pagado el capricho discrecional; en Valencia contra la insumisión de una parte de la militancia, que ha pagado su osadía. Si no me equivoco, ciento y pico votos han decidido un candidato a alcalde frente al otro. ¿Habrá generosidad por parte de quienes han ganado por puntos?”

  23. jserna

    Sra. Bou, le prometí cambiar el post. No voy a tardar, pero no se imagina el número de visitantes que recibe este post. ¿Hay hambre de información? Yo no puedo competir dando datos. Para eso están los periódicos. Lo que hay es interés en las posturas que aquí se han manifestado: los juicios que hemos vertido unos y otros y también los humores que nuestras declaraciones revelan.

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