La vida cotidiana

Elogio del tren. En el último libro de Tony Judt, Algo va mal, hay un elogio del tren. De este volumen he de hacer una reseña. Su lectura me ha satisfecho enormemente, sabiendo además que su escritura corría paralela a la muerte venidera del historiador británico.

Por supuesto no voy a adelantarles lo que tengo que escribir para otro medio. Pero sí que voy a apoyarme en una anécdota que Judt desarrolla: el tren, siempre unido a la modernidad y al espacio público, a las instituciones estatales que posibilitan su implantación. Ya sé que desde el principio el tendido es obra de contratas, ya sé que es un medio de transporte en el que las empresas privadas han tenido un importante papel. Pero Judt valora el ferrocarril como logro colectivo, como medio civilizado, como lugar de demora y lectura, de paciencia y velocidad.

Durante varios días he estado viajando: de Valencia a Madrid; de Madrid a Segovia; de Segovia a Madrid; de Madrid a Pamplona; de Pamplona a Madrid; de Madrid a Valencia. He empleado el tren, el coche y el avión. No hay nada como el ferrocarril. Aproveché para releer nuevamente a Antonio Muñoz Molina. Algunas de sus mejores páginas, algunas de sus distintas obras, ocurren en un tren: siempre ese momento de espera y escape, con la lentitud de las cosas buenas o malas que están por llegar. En Beatus ille, en Ardor guerrero, en Sefarad, en La noche de los tiempos, que empieza –paradójicamente– en Pennsylvania Station.

¿Imaginan un lugar más inhóspito que un aeropuerto, como aquel en que transcurre una parte de Carlota Fainberg? Cuando días atrás corría por la T4, de Madrid, recordaba los no lugares de Marc Augé, esos sitios iguales a tantos otros, equiparables, concebidos para desorientar, para desconcertar, espacios de confluencia y mero tránsito. La estaciones de ferrocarril no son así. Su arquitectura aún aprovechable nos admira. “No sólo inspiran afecto:  son impresionantes estéticamente y funcionan. Más aún, funcionan igual que cuando las construyeron”, dice Judt.

Antonio Machado. Llegué a Segovia con la esperanza de visitar la pensión en que se hospedó Antonio Machado: de 1919 a 1932. Lo que no podía imaginar es que acudiría muy bien acompañado, hecho del que queda constancia gracias a las fotografías de Ricardo Martín.


Lo que sorprende de la antigua pensión, tal como se ha conservado, es la modesta disposición de los muebles, la pobreza discreta de sus materiales. Me recuerda la misma severidad  digna que yo ya conocía en otra parte de Castilla: en casa de mis abuelos paternos, en casa de mis tías.

Allí, en la calle de los Desamparados de Segovia, en la pensión de Luisa Torrego, residió Antonio Machado compartiendo su existencia con otros huéspedes. A la entrada hay fotografías de esta mujer, que posa con orgullo humilde y coqueto ante la cámara.

Uno imagina el frío y la austeridad ambientales. Imagina la vida de Machado como profesor en provincias: el docente de francés que participa en las actividades de la Universidad Popular, auténtica extensión del saber. Allí, en esa casa-museo hay ejemplares que se editaron y se emplearon y hay obras donadas por el propio poeta.

En una de las fotografías, Antonio Muñoz Molina me indica la anotación manuscrita que Machado puso en uno de sus volúmenes. ¿Adivinan cuál? El libro primero de El Capital, de Carlos Marx. Sí: Carlos Marx, ésa es la autoría.

No sé por qué, pero esa circunstancia –tal vez la sugestión de esa visita o quizá mi viaje de aquí para allá en pocos días– me lleva a acordarme de un poema de Campos de Castilla, aquellos versos dedicados al ferrocarril. Los leí, cómo no, siendo un adolescente. ¿Recuerdan cómo empieza El tren?

Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!

Regreso a la estación a la PennStation.

Una y otra vez, a lo largo de Algo va mal, Tony Judt lamenta la vandálica demolición de la Pennsylvania Railroad Station de Manhattan, verificada en los años sesenta. Así la califica: de vandálica.

Una expropiación del pasado, la extirpación de un monumento moderno y funcional, ese lugar en el que materializar el placer de alejarse –por decirlo con Machado–, una joya artística perdida para siempre. Y es ahí en donde empieza justamente la última novela de Antonio Muñoz Molina.

“En medio del tumulto de la estación de Pennsylvania Ignacio Abel se ha detenido al oír que alguien lo llamaba por su nombre. Lo veo primero de lejos, entre la multitud de la hora punta, una figura masculina idéntica a otras, como en una fotografía de entonces, empequeñecidas por la escala inmensa de la arquitectura…”, leo al comienzo de La noche de los tiempos.

Echo un vistazo a la fotografía que me manda Ricardo Martín. Es un presente muy oportuno, la de la vida cotidiana de la gran urbe, y es una instantánea de la PennStation hacia los años treinta. Por tanto, antes de su destrucción. Apareció publicada en Life: tenemos, pues, una imagen que corresponde cronológicamente con el tiempo en que transcurre la novela de Muñoz Molina.

Me puede la ficción. Busco en medio del tumulto a su protagonista, a ese Ignacio Abel, de nombre tan machadiano, al que podríamos observar con el punto de vista de esta foto. Alguien, un narrador en primera persona, lo dice y yo lo repito. “Lo veo primero de lejos, entre la multitud de la hora punta…”

Hemeroteca

Justo Serna, “¿Huelgan las palabras?”, El País, 30 de septiembre de 2010

24 comments

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  1. David P.Montesinos

    El primer viaje que hice en mi vida realmente largo y sin padres, solo con amigotes, fue en ese tren lentísimo que recorre Cuenca y llega a Madrid una eternidad después de haber salido de la Estación del Norte, por cierto, una estación bellísima. Me pareció una aventura gigantesca. “Joder, hasta Madrid, y de Madrid a Galicia, no os cortáis vosotros, chavales”. En cada uno de los cientos de estaciones hasta el norte se subía gente que nos acompañaba en largos o en cortos trayectos. Aquellos cambios de color en el paisaje de Castilla, ese que llegó a convertirse en mito para la generación del 98, en especial para Antonio Machado. Recuerdo perfectamente la impresión que me causaron los molinos de viento, que yo creía que ya no existían, la llegada por la noche a Madrid, que me pareció un monstruo amenazante, la llegada, por fin, tras otro enorme trayecto desde Príncipe Pío, hasta Galicia, donde el paisaje tomaba derroteros radicalmente diferentes a los que yo conocía.

    El del tren es el viaje más puro que conozco. Un consejo, si viven en Valencia, cojan ustedes el tren ese tan lento hasta Cuenca, ahora desde la estación de San Isidro, y vuelvan si quieren en el mismo día. A la ida se encontraran con un paisaje intrincado y que uno no se espera , como los de los trenes de antes, cuyas vías se abrían camino a duras penas por territorios agrestes… A la vuelta, el tren les sacará de Cuenca probablemente cuando el sol empiece a caer, y el espectáculo puede sobrecogerles.

    Pienso en una película sobre fetichistas de los trenes, Vías cruzadas, o en aquella novela de P.Highsmith que Hitchcock llevó al cine, donde, como no, un crimen extrañísimo se trama en un tren. Pienso en las excursiones de Holmes y Watson, convenientemente ataviados, a la campiña en busca de la solución a un enigma. Es un tópico, pero una gran verdad, lo importante en un tren es el viaje, no a dónde vamos.

    Transmite cierta felicidad, cierta paz interior su post, señor Serna.

  2. David P.Montesinos

    Que no se me olvide. He citado la Estación del Norte de Valencia. Inolvidable para mí la bellísima estación de Toledo. También Gare de Nord, inevitable, en París… Y claro, la estación del Orient Express, en Estambul. O las estaciones de la Feve, en la cornisa cantábrica.

    Les revelo un secreto, aunque alguno es posible que lo conozca. En Sierra Nevada se diseñó un proyecto de tren de las minas que, creo, terminó siendo abandonado hace ya mucho. Quedó todo el tramo que se habilitó desde Huetor Sierra para unas vías que ni siquiera sé si llegaron a construirse. Ahora es una hermosa pista de montaña ideal para caminantes. A mitad, uno se encuentra de pronto con un bar bellísimo. Resulta que es una antigua estación, la estación de un tren que no lleva a ninguna parte.

  3. jserna

    Gracias, sr. Montesinos. Gracias por ese relato del tren personal, el viaje iniciático. Sin padres, en efecto.

    Yo me pasé una buena parte del bachiller elemental y superior (estudié antes de la EGB) viajando en un tren. Todos los días tomaba el ‘Trenet’ de FEVE (actualmente Metrovalencia) para ir al colegio… El convoy lo formaban unas locomotoras y unos vagones alemanes de los años veinte. Creo no equivocarme de fecha. Las ventanillas no cerraban bien, el frío se colaba por todas las rendijas y no había comodidad alguna: los asientos eran de dura madera. Qué de resfriados y tiritonas en aquel ferrocarril de vía estrecha.

    Recuerdo a una señora que un día, cuando íbamos camino de Valencia, permaneció sin sentarse todo el trayecto. Alguien le preguntó que por qué no se sentaba. La respuesta nos desconcertó: tenía mucha prisa.

  4. Aviso

    Hoy es el día en que está convocada una huelga general contra el Gobierno, contra las medidas de reforma laboral que ha adoptado el Gobierno.

    Hoy mismo debía aparecer mi columna en El País, dedicada precisamente a ese tema: una reflexión escueta sobre otras huelgas, sobre otras circunstancias que pueden tener alguna analogía con la actual.

    El cuaderno dedicado a la Comunidad Valenciana finalmente no se editará hoy, retrasándose con ello la publicación de la columna. Si no hay problema aparecerá mañana o quizá pasado. Creo que seguirá teniendo algún sentido la reflexión a la que invito.

  5. Alejandro Lillo

    Ante el pavor que un servidor experimenta cada vez que sube en un avión, el tren se me presenta como un lugar tranquilo y acogedor, aunque haga tiempo que no me desplace en él. Supongo que serán sensaciones de la infancia que permanecen. Veo la fotografía de la PennStation y me viene aturomáticamente a la cabeza una escena de “Los intocables de Elliot Ness”, esa que, si no recuerdo mal, se desarrolla en las escalinatas de una estación.

    Por lo que respecta a estaciones concretas, decir que sí, que la de Valencia es preciosa, que tiene un encanto especial. Recuerdo una en Praga, que en la época comunista era de trenes pero que cuando fui a visitarla también había autobuses y metro. LA parte de arriba, la que daba a la calle era preciosa, aunque estaba completamente abandonada, casi en ruinas. Había que bajar al sótano para acceder a la estación moderna, que sería de la época comunista. Quienes acudimos allí pudimos observar algo curioso: la diferencia que existía entre los trenes nuevos, imagino que financiados por la UE y los viejos, de la época comunista, que daban auténtica pena (y miedo) verlos, y más montar en ellos. Me ahorraré decirles cual de los dos nos tocó en suerte.

  6. jserna

    Sí, sí. Sr. Lillo.

    La secuencia de la escalinata de ‘Los intocables de Elliot Ness’, de Brian de Palma, con carrito de bebé arrastrado por una madre escalón a escalón, se desarrolla en Union Station, en Chicago. Es un homenaje o guiño a aquella otra, también con madre, escalinata y carrito, de ‘El acorazado Potemkim’, de Eisenstein. Ya ve: la vida cotidiana perturbada por la lucha de polis y mafiosos o por las muchedumbres alborotadas.

    Ah, y los trajes que lucen en el film de Brian de Palma están diseñados por Giorgio Armani. Qué elegantes iban.

  7. David P.Montesinos

    Una que visité muy recientemente, la estación de Lisboa, los trenes que van a Sintra y Cascais.

    Curioso lo que cuenta de la anciana que tenía prisa. Me hace pensar en algo que acabo de oírle decir esta huelguística mañana al presidente de la CEOE. Afirma que la huelga está siendo un fracaso. Preguntado por lo que pasará el día siguiente, contesta que “a partir de mañana pagaremos el coste de esta huelga”. Curioso razonamiento, la huelga es un fracaso pero es un éxito.

    Creo que tiene más gracia lo que cuenta de la anciana. Por cierto, estoy en huelga. No paro de escuchar a personas que se quejan de quienes nos podemos “permitir el lujo” de hacer la huelga. En mi vida hay pocos lujos, la verdad, de manera que la pasta que se va a ahorrar pagarme la administración por ejercer mi derecho a la protesta me hace tanta gracia como un chiste de Federico Trillo. Hago huelga porque entiendo que es una de las maneras, aunque no la única, de enfrentarse a la lógica que, por la vía de la precarización del mercado laboral, nos lleva hacia el despido libre, un mundo idílico para las grandes empresas donde los costes laborales sean mínimos. Me manifiesto porque sigo pensando que otro mundo es posible y que la gestión que se está haciendo no es la única posible. Estoy en huelga porque es un acto político, en toda la extensión de la palabra, un acto con el que, precisamente, me opongo al desistimiento de la política, pues el modelo económico que se globaliza de manera incontenible, y que es en gran medida un modelo especulativo y espoliador, destinado a polarizar las rentas en las sociedades, está triunfando justamente porque las instituciones están renunciando a controlarlo. Por eso hemos de exigir que regrese la política, la cual es bastante más que las trifulcas entre patronal y sindicatos o entre gobierno y oposición. La huelga, la reunión de trabajadores de mi centro que se celebró ayer, la manifestación a la que hoy acudiremos, es en realidad un esfuerzo por recuperar el espacio de lo público, por volver a sentir que los ciudadanos, cuando somos capaces de juntarnos, podemos sentir que tenemos alguna fuerza, que no estamos condenados a la impotencia y la pasividad en que los mandarines desean que nos instalemos para siempre.

    Sinceramente, me da igual el futuro político de ZP y si los sindicatos han gestionado mejor o peor todo este asunto. Lo que me inquieta es la paradoja de que, para muchos españoles, los empleados que gozamos de estabilidad profesional tenemos la culpa de la precariedad en que ellos viven, según lo cual, lo que deberíamos es renunciar a nuestros derechos laborales. Yo creo que la precariedad no se combate con más precariedad, no se combate instalando a todo el mundo en la inseguridad. Y, en cualquier caso, no veo que hago contra el deterioro del mundo laboral -el mío y el de todos- si no elevo mi protesta contra ello. Me parece tan paradójico que se me acuse de permitirme el lujo de la huelga como que se culpabilice a la socialdemocracia o a los sindicatos -con los que Dios sabe que simpatizo bien poco desde infinidad de batallas anteriores- de una recesión económica que es precisamente producto de una praxis económica como la que defienden sus enemigos, léase la CEOE o el señor Rajoy.

    Soy taxativo en este asunto: el actual Presidente del Gobierno español debería haber dimitido antes que lanzar -y después justificar con aparente convicción- una política que Rajoy dudaría en aplicar por si acaso le montábamos cuatro huelgas peores que ésta. Es una cuestión de coherencia. Llegó al poder con promesas en sentido contrario y juró que nunca reduciría los gastos sociales ni aplicaría una política como esta en la que ahora parece creer tan ciegamente como apoya a Sarkozy en el asunto de los gitanos. Ha fracasado. Algo tiene que haber hecho mal cuando la política de ajustes que le han exigido en Europa tiene que ver con la incontención de su gobierno, que ha determinado un déficit público terrible. Acaso no haya podido evitar gran parte de ese déficit ni que los mercados le impusieran los actuales recortes y la reforma laboral. Pero entonces hay que ser coherente y marcharse.

    Dicho todo esto, sigo pensando que, pese a todo, ni siquiera Zp tiene tanta fuerza como para haber perpetrado todo este dislate.

    ¿Qué hacemos? ¿Nos conformamos con decir que es una huelga pactada, que los sindicatos no respetan el derecho al trabajo con sus piquetes y que no estoy para que me quiten el sueldo de un día? Qué día de paradojas.

  8. jserna

    1. Sr. Montesinos, admiro –ya lo sabe– su manera de argumentar. Y comprendo las razones que enumera para justificar su apoyo a la huelga. La precariedad laboral es algo temible que, por suerte y por haber aprobado oposiciones, no tenemos quienes somos funcionarios. Aunque sé que eso no me va a reportar simpatía alguna lo diré: yo no hago huelga y creo, además, que la consecuencia de este paro para los propios sindicatos es un aumento del desprestigio. El partido socialista saldrá dañado, las organizaciones de los trabajadores saldrán dañados y algún empresario desalmado se frotará las manos. ¿Y el partido de la oposición?

    En la columnita de El País –si finalmente sale mañana o pasado– establezco una analogía y hablo de las consecuencias que para unos y otros podría llegar a tener una huelga de este tipo. Todo lo anterior no invalida, por supuesto, la legitimidad del paro, el derecho que tienen los trabajadores. Y también hay que comprender a quienes no paran. No es lo mismo pertenecer a una institución o a una gran empresa que te rebajarán el sueldo por faltar un día de trabajo, que trabajar en una pequeña compañía, en un pequeño negocio: puedes tener dudas sobre la viabilidad de la huelga; puedes tener miedo a la reacción empresarial. O simplemente no quieres dañar a quien te ha empleado y obra con corrección y legalidad.

    2. Ay, me van a perdonar esta demagogia que sigue. Leo en El País digital: “En ocasiones anteriores, la llegada del Manchester United a Mestalla causaba un respeto reverencial. En las dos últimas, el Valencia logró sendos empates que sonaron a grandes victorias, tal era la magnitud del equipo que dirige desde hace 24 años Alex Ferguson. Ahora ya no. El Valencia aprovecha su fulgurante e inesperado arranque para medirse hoy al Manchester de igual a igual. Favorecido por las relevantes bajas por lesión de Rooney, Giggs, Scholes y Valencia, pero también por su titubeante comienzo en la Premier, en la que es segundo, a tres puntos del Chelsea, dando muestras de vulnerabilidad”.

    “Para medirse hoy al Manchester de igual a igual”. Hoy no paran los futbolistas y supongo que muchos trabajadores, huelguistas y no huelguistas, irán a Mestalla de corazón: a presenciar el partido.

    Mestalla. Sí que me estalla…

  9. jserna

    Usted es muy oportuno. Siempre aparece para afearme mi zapaterismo. Yo no soy zapaterista (si es que tal cosa se puede ser). En la pasada legislatura me manifesté contra el antizapaterismo estratégico y a la vez irracional de quienes hicieron de la crispación su medio y método de ataque. Escribí en el blog y lo titulé así:

    https://justoserna.wordpress.com/2008/02/11/antizapatero/

    Yo no grito Viva Zapatero ni Viva Zapata. De hecho no suelo gritar. Es más: me encantaría que Rodríguez Zapatero no se presentara a las elecciones y que lo sustituyera el ‘crack’ que tiene en el Gobierno. ¿Nombre? No me pidan más. Gestión, capacidad, experiencia. Y su guasa…

    ¿No lo adivinan?

    Ah, y si le doy pena hay pañuelos, no te jode…

  10. Marisa Bou

    Estoy viendo en la televisión escenas dantescas protagonizadas por los antisistema, que siempre están ahí, para aprovechar cualquier situación que les permita hacer gala de su supuesta libertad de expresión, que -hete aquí- que pasa siempre por las más violentas demostraciones de su escasa inteligencia social. Paso palabra.

    Sin embargo, las razones del señor Montesinos, como las de don Justo, están bien expresadas y se pueden comprender por igual, aunque lleguen a conclusiones distintas. Ése es el verdadero ejercicio de democracia, poder llegar, por distintos caminos, a una misma meta: la convivencia pacífica, la comprensión de lo ajeno al mismo nivel que el derecho a exponer lo propio.

    En fín, señores, que me congratulo de compartir este espacio con ustedes, donde -y a pesar de los trolls que no cesan de pulular (hay que ver, cuánto les interesamos)- me siento siempre respetada por todos, aunque pensemos distinto.

  11. Arnau Gomez

    Ese lento tren que va por Cuenca hasta
    Madrid,no fué tan lento.Incluso circulaba por sus rieles el Talgo,el tren más rápido en los tiempos en los que a Madrid se dejó de ir por Albacete.Estamos hablando de los tiempos de la película de Saura, “Pippermint frapé”,en la que el cineasta se recrea contemplando por el ojo de su cámara el casco antiguo de Cuenca.
    La última vez que fuí y volví a Cuenca,lo hice a lomos de un tren regional,que se movía como una batidora,desconyuntando a sus pasajeros.Pero valía la pena quedarse troceado porque se podía contemplar la belleza del agreste paisaje conquense.
    Bellas estaciones que yo conozca están la de Milán y sobre todo la proyectada por Calatrava en Lisboa.Pero estoy de acuerdo en que la estación del Norte de Valencia es una joya,a la que hay que proteger contra la furia arrasadora de Rita Bárbara

  12. David P.Montesinos

    Yo me refería, Arnau, precisamente a esa batidora del tren regional. Convierte la opción de la lectura durante el viaje en poco menos que una proeza.

    Debo confesarle, señor Serna, que decidí hacer huelga solo hace 48 horas, y fue tras escuchar a mis compañeros. En la reunión que tuvimos los hubo que declinaron hacerla y otros que optaron por lo contrario. No vi uno solo que hablara como quien se siente en posesión de la verdad. Más allá de lo que piense del actual gobierno socialista, el sentido de la protesta a la que me he adherido, incluida la manifestación de la que recién regreso, tiene que ver con la evidencia de que conquistas que han costado largos años de esfuerzo están seriamente amenazadas, cuando no directamente abolidas. Quizá usted y yo no recuperemos el cinco por ciento que nos han quitado, pero me pregunto si esta huelga, más que por recuperarlo, no es para que no nos quiten el diez, por no ponerme a dar ideas sobre otras restas. En cualquier caso, y más allá de mi situación, creo que el modelo neoliberal de globalización en que nos hemos instalado debe ser contestado. Cito:

    “La crisis económica a la que estamos hoy asistiendo es resultado en gran parte de las políticas neoliberales imperantes en los ultimos treinta años en los centros financieros mñás importantes del mundo capitalista desarrollado. Estas políticas neobierales se han caracterizado por dos hechos. Uno es la gran desregulación de los mercados financieros, creando una movilidad diarios de 1,7 trillones de dólares, en su mayoría de tipo especulativo . El otro hecho es el enorme crecimiento de las desigualdades de renta a nivel internacional, de tal suerte que las 220 personas más ricas del mundo acumulan la misma renta que el 45% de la población mundial. los dos hechos están relacionados entre sí.” Vicenç Navarro. “Bienestar insuficiente, democracia incompleta.

    No me veo en condiciones de decirle a nadie que debería haber hecho esta huelga, pero yo me siento mejor habiéndola hecho.

    No sé si se refiere a Rubalcaba, un tipo ciertamente valioso y astuto, pero yo -ya sabe que me pierdo mucho en las ensoñaciones- preferiría a Borrell. Lo suyo me pareció en su momento un coitus injustamente interruptus. Me quedará siempre la duda de que hubiera sido con su él y su gente. Y el colmo sería un ministerio a título póstumo para Ernest Lluch. Eso ya sería la rehostia.

  13. jserna

    “No sé si se refiere a Rubalcaba, un tipo ciertamente valioso y astuto…”, dice el sr. Montesinos aventurando una respuesta a lo que yo decía.

    Sí, en efecto.

    Marisa, un abrazo.

  14. Alejandro Lillo

    El tema de la huelga, así como el de sus repercusiones, es muy interesante. Permítanme expresar unas reflexiones teniendo en cuenta que no he seguido mucho el asunto.

    La argumentación de don David me parece muy acertada. Aunque claro, puestos a fastidiar, veo varias alternativas. Creo que en este asunto no se puede perder de vista el contexto, en ningún asunto en realidad, pero bueno.

    Es cierto que las medidas del señor Rodríguez Zapatero son lamentables y creo que le van a costar muy caras. Sobre su dimisión estña calro que podría haberla presentado, y que muchos le hubieran aplaudido, que muchos se hubieran sentido honrados por ese acto, pero a) una dimisión más por parte de la izquierda para seguir despoblándola, como si no fuera suficiente la escabechina que se hace en su interior, y cero dimisiones por parte del PP, por muy innombrable y absolutamente vergonzoso que sea lo que hayan hecho (léase Trillo); y b) dimitir sería dejar vía libre al PP para que accederiera al gobierno, lo cual a algunos les daría igual, pues piensan que todo es lo mismo, y otros nunca le perdonarían a Zapatero. (Se que este punto habre otro gran debate, pero comprenderán que no entre en el, al menos de momento, pues sería desviarme demasiado de lo que intento expresar ahora). Creo que Zapatero opta por lo segundo, y creo que es valiente, aunque yo estoy bastante cabreado con él. Creo además, que ha tomado todas esas medidas obligado. ¿Por quién? Pues por la UE y por esos entes tan maravillosos, sabios, infalibles, ubícuos, eternos y justos como son los mercados, o mejor, El Mercado. ¿Podía haber tomado otras medidas? Sí, seguro, y repito: es lamentable ver lo que está haciendo un gobierno socialista. Pero si analizamos un poco la huelga, se nota que ni los sindicatos ni el gobierno están muy por la labor, que ninguno quiere hacer sangre del asunto. Parece que los sindicatos la han hecho un poco obligados, como si no tuvieran más remedio que montar una huelga general, pero se detecta cierta desgana, ¿no creen? El gobierno toma esas medidas porque seguramente no ve otro modo de salir del atolladero en el que han metido, y creo que los sindicatos lo saben. Tampoco el contexto le deja muchas alternativas, aunque claro, siempre se podría salir de la UE…. Por eso decía que es fundamental la perpectiva. En Europa está pasando lo mismo. En Alemania y otros países hace algún tiempo que subieron el iva, y muchas de las medidas que se están tomando aquí ya se han tomado o se están discutiendo en el resto de países de Europa. Eso no quiere decir que porque lo hagan todos esté bien, pero es una realidad que no se puede negar.

    Dicho esto resulta que la crisis creada por la avaricia incontrolable del sistema financiero, que es el corazón del capitalismo contemporáneo, no sólo está perjudicando a las economías nacionales, sino que las políticas de esos países inciden y repercuten sobre los que menos culpa tienen en el asunto, sobre los trabajadores de todo tipo y condición. La doctrina, que ya venía anunciándose, pero que ahora se hace muy patente es esa que habla de más mercado y menos Estado. Bueno, pues yo digo que fuera del Estado no hay futuro, es la selva. Fuera del estado está el fascismo. A eso es a lo que se nos quiere conducir. No entiendan “fascismo” en un sentido estrictamente histórico, sino como una estructura de comportamiento que, aunque mutando por el exterior, sigue siendo la misma por dentro. Me alegra en ese sentido coincidir con Ramoneda (a quien admiro aunque a veces no comparta sus dictámenes), según nos cuenta el señor Montesinos en su blog. Hablo de lo que dice sobre el fascismo contemporáneo vinculándolo con la indiferencia. La doctrina actual de más mercado y menos Estado es netamente fascista, como muchas actitudes que comienzan a extenderse peligrosamente por nuestra sociedad: el desprestigio de la política es una de ellas.

    Y me paro aquí, que si no me caliento.

  15. jserna

    En la columna que hoy publica El País he pretendido informar brevemente, muy brevemente, de un hecho del pasado del que obtener alguna lección. Las analogías, ya digo en la columna, sirven relativamente, pero sirven para ser prudentes a la hora de tomar decisiones. Vaticinamos parte de lo que nos puede ocurrir.

    Día 29 de septiembre, al caer la tarde y cuando vuelvo a casa, escucho involuntariamente una conversación de tres manifestantes que regresan de la manifestación. Estamos parados en un semáforo, a la espera del verde. “Pues si tiene que ganar la derecha las elecciones, que las gane”. La metáfora subsiguiente me parecía muy fácil…: quizá le estemos poniendo el verde a la derecha; quizá le estemos franqueando el paso.

    Quedé muy impresionado con las palabras del manifestante. Desde luego, las elecciones no las ganarán quienes crean sacar un rédito electoral inmediato: está por ver cuál será el efecto de la huelga. Pero también está por ver cuál será el efecto de composición, las consecuencias imprevistas de estos hechos y de otros que vengan. Por ejemplo, los candidatos que vayan a presentar las distintas formaciones.

    En Valencia, sin ir más lejos, hay primarias al Ayuntamiento. Manuel Mata le disputa a Joan Calabuig la candidatura socialista. A Manuel Mata le avala un activismo sensato: no se resigna ante Rita Barberá. A Joan Calabuig no lo conozco. Tendremos la oportunidad de sopesar la rivalidad en un debate ya anunciado: será el sábado que viene a las 17:30 horas en la sede del PSPV.

    ¿Y del partido popular? Desde luego, como ya dije, la situación del PP en la Comunidad Valenciana debería ser objeto de análisis antropológico más que sociológico. La rareza de la circunstancia lo requiere.

    Pero me callo aquí, al menos de momento, porque si no –como dice Alejandro Lillo– me caliento.

  16. David P.Montesinos

    Es la situación la que anda algo caliente, de manera que no intenten enfriarse ustedes, será inútil. Quede claro que yo no pienso que “todo sea lo mismo” y que, obviamente, la perspectiva de un gobierno conservador en España -los de la educación pública sabemos muy bien por qué- no me seduce en lo más mínimo. Lo que sí tengo claro es que el voto no es incondicional. Si una persona elige una opción de corte socialdemócrata lo hace porque cree, honradamente, que va a satisfacer una serie de expectativas que tienen que ver con la redistribución de la riqueza, el rigor fiscal, el control de los capitales especulativos, los derechos laborales, las pensiones, el gasto social…

    Todos sabemos cuál es la Europa que tenemos. Ni siquiera el autócrata dictador podía ignorar las corrientes que llegaban desde fuera. Yo no tengo duda de que a Zp le han impuesto los mercados y las instituciones las medidas que ha tomado. Ahora bien, si los ajustes están siendo tan duros en España, este país donde creíamos habernos hecho ricos, es porque algo se viene haciendo mal desde hace muchos años. Dijo Blanco que “la economía española tiene demasiado colesterol”. No tengo nada claro que el modelo económico local, el cual ha creado una prosperidad con pies de barro, haya sido solo fomentada por la derecha. Por otra parte, si el déficit del Estado español multiplica por mucho el de otros países “ajustados”, acaso sea porque hay cuentas que se han hecho de forma imprudente. Lo que no me parece serio es decir que el ayuntamiento de Rita Barberá está muy endeudado por sus fastos,y la administración del Estado lo está porque se han gastado el dinero en obras sociales. No digo que ustedes lo digan, pero es el planteamiento que escucho a los fieles al actual gobierno y me parece maniqueo.

    Insisto, hay muchas cosas que se han hecho mal, y algo de eso, además de lo que se ha impuesto desde fuera por la recesión internacional, tiene que ver con esta esquizofrenia en la que ahora andamos, en que parece que tenemos que aceptar medidas que no aceptaríamos de ninguna manera a Aznar si gobernara.

    En cuanto a los sindicatos, no pueden imaginar ustedes lo desagradable que ha sido mi experiencia con ellos a lo largo de años y años. Esta huelga, Lillo tiene razón, se ajusta más a un cierto teatro -en el fondo a una maniobra de supervivencia- que a una cultura reivindicativa verdaderamente interiorizada. Ahora bien, los sindicatos no gobiernan. Yo hice la huelga que ellos convocaron, pero no porque ellos la convocaran. No me manifesté ni a favor ni en contra de ellos, simplemente me manifesté junto a ellos. En cualquier caso, me parece tan preocupante que la izquierda se debilite en favor de la derecha por el lado partitocrático como que lo haga por la descomposición de las fuerzas sindicales. Podemos sobrevivir con el PSOE en la oposición, pero, sin sindicatos, uf, me dan escalofríos de pensarlo. La peor gestión sindical es mejor que la ausencia de sindicatos.

    Lean hoy las razones, mundos y abces, están aprovechando la ocasión para convertir el sindicalismo en el gran coco del sistema porque huelen que pueden cargárselos. “Huelga borroka”, titulaba hoy algún energúmeno… Vamos que, como la banda parece en horas bajas, ahora los Toxo y compañía son los nuevos antisistema… Por favor. Yo creo que debemos hacer un esfuerzo por entender sus razones.

  17. Arnau Gomez

    ¡Caray D. David estáusted muy inspirado!
    “Si una persona elige una opción de corte socialdemócrata lo hace porque cree, honradamente, que va a satisfacer una serie de expectativas que tienen que ver con la redistribución de la riqueza, el rigor fiscal, el control de los capitales especulativos, los derechos laborales, las pensiones, el gasto social….”.Esta frase debía leerla algun gurú del gobierno,incluso el propio Zp,a ver si se enteran de lo que queremos los que estamos pensando que nos han defraudado demasiado.

  18. Arnau Gomez

    Pues no me gusta menudear,que al final se hace uno plomizo.
    Pero la huelga es un tema muy cercano y que nos afecta a todos (a casi todos,mejor dicho)

  19. Alejandro Lillo

    Por supuesto que no me refería a usted, señor Montesinos, ni a nadie de los que entran o han entrado a lo largo de los años en este blog. Son sensaciones que uno va viendo en la calle, como la conversación que escuchó el señor Serna junto al semáforo.

    Sobre el modelo productivo español ya me dirá. Un modelo productivo basado en el turismo y el ladrillo, ¿adónde puede irse cuando las cosas van mal dadas? Creo recordar que la idea de los PAI fue de un gobierno socialista y el acabóse fue cuando el gobierno del PP liberalizó el suelo. Decían, justamente lo que comentaba más arriba, que el mercado haría justicia, que el beneficiaro sería la sociedad entera, los consumidores, la ley de la oferta y la demanda y todas esas sandeces.

    Mire, llevo algunos meses mirando dónde se fabrican los productos que se venden en las tiendas de Valencia. El lugar más cercano que he encontrado ha sido Marruecos. Algo se hace también en Rumanía y no recuerdo si en Eslovaquia o en Eslovenia. El resto: China e India y algún resto en Taiwan. Estoy hablando de ropa (Corte Ingles, Zara, Prenatal, H&M, etc,etc, etc), pero también de todo tipo de accesorios, juguetes, estanterías, menaje y cualquier otra cosa que se pueden imaginar. Hoy el presidente de Ford lo decía en televisión claramente: la superación de la recesión pasa por China, la India y las economías emergentes. Cualquiera que sepa leer un poco entre líneas y de qué va el asunto lo verá claro.

    Así que sí, hay muchas cosas que se han hecho mal. Recuerdo a bote pronto la dimisión del ministro de economía, Solbes. E insisto. ¿Qué pasa con el convenio con la Iglesia católica, por ejemplo? Por qué eso no se toca.

    Sobre los sindicatos coincido con Montesinos. Aún les estoy esperando una huelga aquí, en la Comunidad Valenciana, por el desmantelamiento de la sanidad, el abandona de la educación pública o, por ejemplo, el innombrable suceso del metro.

  20. David P.Montesinos

    Coincido, Alejandro. Me viene a la cabeza cierta viñeta de El Roto. Un tipo gigantesco, del que apenas se ven las piernas, habla con uno pequeñito. Le dice, “tratemos de tú a tú, sin mediaciones ni sindicatos”. Si escuchas a toda esa jauría rabiosa de demagogos de la derecha que tanto le divierten al Gran Wyoming y que habla en estas horas del sindicalismo como si hablara de bandas terroristas te darás cuenta de que, en el fondo, lo que pretende la derecha es acabar con cualquier forma de asociacionismo que contrapese el poder empresarial. Un mundo sin convenios, sin derecho a huelga, sin salarios mínimos ni horarios máximos, sin restricciones de ningún tipo para el capital…Es a ese horizonte a lo que debemos resistirnos.

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