Uno. Michel Foucault fue un filósofo que se ocupó de distintos objetos históricos: la locura, la clínica, las ciencias humanas, la cárcel, la sexualidad.
O, en otros términos, se preocupó de los discursos y de las prácticas: de lo que configura nuestras percepciones, causa de nuestros actos; y de lo que hacemos, que acaba siendo concebido y elaborado retrospectivamente. Subrayó las rupturas históricas, las quiebras, las discontinuidades, las diferencias.
Fue un filósofo que provocó inquietud: la distancia crítica de sus iguales, los pensadores; y la simpatía incómoda de los historiadores, aquellos que investigan sobre lo pretérito. Michel Foucault se interesó por el pasado de nuestras certidumbres y de nuestras cosas, sin ahormarlas en un sistema.
Los actos humanos no forman una continuidad histórica; no tienen un origen remoto del que procedan; no experimentan un crecimiento embrionario que después se consume; no son un esbozo primario que luego se complete.
Michel Foucault fue totalmente consciente de la variedad de sus intereses intelectuales; consciente, insistía, de que se desplazaba una y otra vez: una forma de dispersión. Pero para él multiplicarse era también cambiar lo que ya había pensado: una manera de aventurarse. Escribir era como vivir una experiencia. Retengamos la palabra: cada investigación o cada reflexión son experiencias nuevas que modifican la identidad.
«Una experiencia es algo de lo que se sale transformado. Si tuviera que escribir un libro para comunicar lo que ya he pensado, nunca tendría fuerzas para comenzarlo». Si Michel Foucault lo escribía era porque todavía no sabía exactamente qué pensar de cierto asunto sobre el que tanto le interesaba pensar. «Al hacerlo, el libro me transforma y cambia lo que pienso; en consecuencia, cada nuevo trabajo modifica profundamente los términosde pensamiento a los que había llegado con el anterior».
Experiencias que cambian a quien experimenta: Michel Foucault no quiso verse como un teórico, como alguien que construye «sistemas deductivos que se apliquen de manera uniforme a diversos ámbitos de investigación». Quiso, propiamente, experimentar: es decir, cambiarse a sí mismo para no pensar del modo en que hasta entonces había pensado. O en sus propios términos: «Cuando escribo, lo hago sobre todo para cambiarme a mí mismo y no pensar lo mismo que antes».
Hay que fragmentar evitando el juego consolador del reconocimiento, dice Foucault en Nietzsche, la genealogía, la historia. Y añade literalmente: «saber, incluso en el orden histórico, no significa reconocer, y mucho menos reconocernos. La historia será efectiva en la medida en que introduzca lo discontinuo en nuestro mismo ser».
Michel Foucault murió en 1984. A pesar del tiempo transcurrido, su influencia no ha decrecido. Hagan la prueba: póngase «Michel Foucault» como alerta de Google y verán. Los avisos son diarios y procedentes de todas las partes del mundo. O hagan otra prueba: observen los diferentes congresos académicos o extraacadémicos que lo examinan, celebran o cuestionan. Son numerosos y constantes.
Josep Antoni Bermúdez ha organizado en Valencia, en el MuVIM, unas jornadas dedicadas a su obra. Se celebran entre el 15 y el 17 de noviembre. Lo ha titulado Michel Foucault, un pensador poliédrico. No puedo acudir. Confío en que algún amigo del blog nos relate parte de lo que allí se dice y parte de lo que Bermúdez ha concebido. De un libro suyo escribí una reseña hace tiempo y sé de su seriedad y de su pasión. Con él he discutido.
Me pidió un artículo que finalmente escribí. Digo finalmente porque Foucault me tienta desde hace tres décadas con una fascinación a la que me sigo resistiendo. Lo titulé «Ojo de pez. Observaciones de Michel Foucault». Ahora, otra vez regreso al pensador: se acaban de editar por Amorrortu las Conversaciones con Foucault, que publicó Duccio Trombadori hace muchos años. Leo sus páginas en este nuevo formato y me reencuentro con sus ideas, que tanto incomodan.
Dos. «Nunca sé, cuando comienzo un trabajo, qué pensaré al concluirlo», admite en estas Conversaciones. Por eso, no sabría precisar cuál es el método con el que trabaja. «Cada libro mío es un modo de desmontar un objeto y de construir a tal fin un método de análisis», método que podrá reconocer retrospectivamente. También retrospectivamente distinguirá cuál es el andamiaje. Los objetos no se le imponen, pero sí que le fuerzan a seguir un rastro determinado los vestigios documentales que han dejado (la locura, la cárcel, etcétera). De ahí que Foucault hable del archivo –en un sentido amplio y ambiguo– como el lugar en el que tantear y reconstruir lo que no se ve a simple vista. «Yo no me considero un filosofo», reconoce.
En realidad se ve como una suerte de experimentador o, si se quiere, como un detective que queda trastornado por sus hallazgos: propiamente es como si con cada experiencia el sujeto anulara o enmendara una parte de lo que es o creía ser. Cada libro que ha escrito, insiste Foucault, lo ha concebido como un experimento destinado a «arrancarme de mí mismo e impedirme ser siempre el mismo». ¿Es una impostura intelectual? ¿Es una verdad exactamente reveladora?
O en otros términos: si cada libro le cambia, si cada investigación le trastorna, ¿qué hay de cierto o de probado o de sólido en lo que dice o en lo que encuentra? ¿No podría ser un delirio o una ficción? Por un lado, Foucault se vale de métodos incontestablemente académicos: demostración, referencias documentales, etcétera. Por ejemplo, la cárcel que él describe en Vigilar y castigar no es una fabulación: tiene el respaldo de los documentos y de los textos. Desde ese punto de vista, «lo que afirmo en mis escritos puede ser objeto de verificación o desmentida como cualquier otro libro de historia». Por ello, Foucault se presenta como un positivista. Pero el lector tiene la impresión de que el documento es la base sobre la que él impone algo que el texto no revela: una sobreinterpretación guiada por lo actual, por lo que le acucia. El pasado que estudia no es exactamente pretérito, «sino que es aún nuestro presente…»
Crónica del Congreso sobre Michel Foucault, dirigido por Josep Bermúdez
Por David P. Montesinos.
«…Después de tres días yo tengo la sensación de saber más de lo que sabía y, por tanto, de ser, de alguna manera, alguien mejor de lo que fui antes, sensación que tengo siempre que alguien que me habla o que me discute es capaz de aportarme algo que yo no tenía. En suma, fue un congreso magnífico, no hubo una sola ponencia o un debate por el que no mereciera la pena quedarse un rato más clavándose el odioso respaldo en nuestras maltrechas espaldas…» Leer más en:
1. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/
2. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15115
3. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15116
4. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15121
5. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15122
6. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15124
7. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15125
8. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15126
9. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15127
10. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15128
11. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15129
Colofón. David P. Montesinos,»Congreso» en La cueva del gigante:
http://lacuevadelgigante.blogspot.com/2010/11/congreso-poco-importa-el-tema-que-le-da.html

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