Cine, cine, cine

Cine, cine, cine, / más cine por favor. En las últimas semanas he ido al cine varias veces. Con ganas, con unción: como voy normalmente a la sala. ¿La sala de proyección? No: la sala en que me proyecto imaginándome en situaciones comprometidas.

Me he quedado sin ver, al menos de momento, Déjame entrar (2010), el remake que ha filmado Matt Reeves de aquella otra película homónima de Tomas Alfredson de la que aquí hablamos.

Tampoco he podido aterrarme con los sustos de Paranormal Activity 2 (2010), de Tom Williams. Hay  cintas que me interesan y que pronto desaparecen, una pena. Pero hay películas que deseo ver y que finalmente no me emocionan.

¿Por qué no he publicado nada tras haber visto Buried (2010), de Rodrigo Cortés, o La red social (2010), de David Fincher, o Amador (2010), de Fernando León de Aranoa, o Pa negre (2010), de Agustí Villaronga?

Repito: en los últimos días, pongamos en las dos o tres últimas semanas, he acudido varias veces al cine. Me sorprende mi silencio. No he escrito nada medianamente reflexivo: ni siquiera he dicho lo primero que se me ocurre. ¿Acaso por sequía personal? ¿Acaso por la escasa calidad de las películas? No es exactamente eso. Es, quizá, una sensación de frialdad, una impresión de déjà-vu: tal vez, una falta de novedad.  ¿Pero a qué se debe? Habrá que razonarlo.

El personaje que menos me ha interesado es, sin duda, el protagonista de La red social: ese multimillonario que creó Facebook no me dice nada de nada. No es una mala película, en absoluto. Pero su personalidad es patéticamente plana. El director lo retrata muy bien. O muy mal, no sé: no conozco al muchacho ricachón y su genialidad me deja helado.

Tal vez sea el niño de Villaronga quien más me ha cautivado: sus ojos me recuerdan los de Ana Torrent en El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice. Observar un mundo de hostilidades abiertas, de violencia explícita, de deudas pendientes, de ultrajes constantes por fuerza ha de pervertir la mirada.

En mi opinión, la base argumental de la película es muy enrevesada y a la vez todos los cabos quedan finalmente atados y, por ello, aclarados.  Agustí Villaronga es un director complejo que sabe crear atmósferas, pero en esta película la resolución es demasiado explícita.

Por eso –ustedes me permitirán–, sigo prefiriendo El espíritu de la colmena.  En la película de Erice no sabes cuál es la resolución porque todo queda bajo el hechizo de lo irreal, de la fantasía, en una España rural y violenta: la de la dictadura. En fin, todo queda indefinido tras la impresión que el cine ambulante provoca en la niña: la proyección de Frankenstein (1931), de James Whale, en un pueblo de Castilla. Punto y aparte.

El triunfo de la voluntad. He visto por enésima vez El triunfo de la voluntad (1935),  de Leni Riefenstahl. La he visto en casa. Y hoy 23 de noviembre, a las 16 horas, la proyecto en la Facultad de Geografía e Historia de Valencia: en el salón de actos. En dicha cinta hay cine, cine, cine. Y hay recreación de la realidad, la realidad que un partido totalitario organiza para su representación. Produce fascinación y repulsa.

De las nubes desciende un avión que lleva a Adolf Hitler. El Führer aterriza en Núremberg. Desde el aeropuerto, en coche descubierto –un Mercedes–, el mandamás se dirige a la ciudad, circulando por sus calles. Lo que vemos es lo que él ve: es su punto de vista. ¿Y qué distinguimos? Unas aceras repletas de enfervorizados seguidores que a su paso saludan brazo en alto. Fundido en negro. Exterior noche. Preparativos del acto que se va a desarrollar al día siguiente.

Amanece en Núremberg: despuntan las primeras luces en el campamento de las Juventudes Hitlerianas. Ejercicios gimnásticos y exaltación del cuerpo: son muchachos bellos, rubios, en los que creemos apreciar una mutua atracción. Punto y seguido. Calles de Nuremberg, desfile de gentes ataviadas con trajes regionales. Hitler saluda con calor y humanidad. Vemos primeros planos que muestran adhesión. Punto y aparte.

Estamos en 1934. Rudolf Hess habla a los asistentes al VI Congreso del Partido, el NSDAP. Ése es el motivo de El triunfo de la voluntad: rodar la concentración del partido nazi en Nuremberg. La directora empleará a numerosos operadores, muchas cámaras e irá alternando planos generales con primeros planos, frecuentes planos-secuencia y algunos planos-detalle. Rudolf Hess se dirige a la multitud, pero sobre todo se dirige a Hitler: “Usted es Alemania”, dice. “Cuando usted actúa, actúa la nación”, añade. ¿Y a qué aspira esa nación gobernada por el Partido? A “ser patria de todos los alemanes del mundo”, aclara aludiendo de manera implícita a lo que en términos hitlerianos se llama espacio vital. Plano general.

Tras Hess, hablan otros dirigentes del Partido, los gerifaltes del nazismo: todos ellos precedidos por su apellido estampado en la pantalla. Destacan la aportación hitleriana. El espectador actual queda impresionado: los oradores retuercen el lenguaje en una sucesión vertiginosa que acaba con fundidos encadenados.

Exterior día. Más de cincuenta mil Hombres del Servicio Alemán –eso se dice– están concentrados: disponen de palas y otros enseres propios de zapadores. Hay una escenificación cantarina. Unos preguntan y otros responden: se interpelan y se contestan. Se presentan como la joven tropa del Reich y en sus breves parlamentos aluden a la Gran Guerra. Primeros planos. Reivindicación de los camaradas muertos. Como conclusión tendremos la primera alocución de Hitler. Ante esos servidores, el Führer ensalza el trabajo físico, con la alabanza del esfuerzo y del cuerpo. Fundido encadenado: desfile de los Hombres del Servicio con sus palas al hombro.

Fundido en negro. Exterior noche. Hay llamas, hachas que incendian la oscuridad. “Queremos ver a nuestro poderoso Führer“. Fuegos artificiales que iluminan y alegran la noche de Nuremberg.

El espectador actual siente un malestar inexpresable, un dolor inespecífico.

Sabemos lo que pasará en 1935, en 1936, en 1937. Pero queremos ver la película como si estuviéramos en su estreno. Como si estuviéramos en Núremberg en septiembre de 1934…, y la impresión es de asfixia. ¿Qué puede hacer un individuo en medio de esta concentración tan bien orquestada? ¿Qué puede hacer el yo en medio de esta masa uniformada? El individuo, efectivamente, no tiene papel al margen de la masa a la que por fuerza ha de pertenecer. La desazón es incluso corporal.

Tras un fundido encadenado vemos a las Juventudes Hitlerianas en formación cantando himnos. Hitler aparece. La mutitud se exalta. El Führer, callado, espera. Finalmente habla celebrando la juventud altruista, concepto que vemos reflejado en algunos primeros planos de los muchachos allí congregados, todos ellos individuos uniformados: sin clases, sin categorías inmediatamente apreciables, como la base de un pueblo fuerte, un pueblo formado por muchachos que se sacrificarán. Los individuos son efímeros, admite Hitler, pero cada uno de ellos seguirá existiendo en Alemania. Plano-secuencia. El Führer abandona la concentración. Himnos. Cámara subjetiva.

Fundido en negro. Nubes, plano-secuencia, descenso. Aumenta el malestar del espectador actual…

Filmoteca:

1. Triumph Des Willens (1935), Leni Riefenstahl

2. The Great Dictator (1940), Charles Chaplin. The Adenoid Hynkel Speech

—————–

Hemeroteca del día

Justo Serna, “Marranón, Primo y Salamero”, El País, 24 de noviembre de 2010

19 comments

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  1. Marisa Bou

    De todas las películas que menciona (hay que ver, Justo, que prodigio de actividad) sólo he visto Pa Negre, una de las películas que, siendo el tema “negre” como lo es, me ha procurado una gran satisfacción. La que produce el cine comprometido, bien hecho y bien interpretado.

    Salí con la sensación de que, aún habiendo sido testigo de una época -esa que todos quisiéramos borrar de la memoria, pero nunca lo haremos- me deslicé por ella de puntillas, sin pisar con fuerza el lodazal que era entonces (?) este país. Pero sí, ese niño retrata a la perfección aquella infancia horrorizada que se agarró como pudo a las hilachas de vida que les dejaron sus mayores, edificando sobre ellas una nueva vida, sin culpa, pero ¡ay! con muchos remordimientos.

    De los otros títulos (y también de éste, claro) ya nos contará usted.

  2. jserna

    Comparto la impresión, Marisa, pero –como digo en la continuación del post– la base argumental de la película es muy enrevesada y a la vez todos los cabos quedan finalmente atados y, por ello, aclarados. Agustí Villaronga es un director complejo que sabe crear atmósferas, pero en esta película la resolución es demasiado explícita.

  3. Sigue...

    El triunfo de la voluntad. He visto por enésima vez El triunfo de la voluntad (1935), de Leni Riefenstahl. La he visto en casa. Y hoy 23 de noviembre, a las 16 horas, la proyecto en la Facultad de Geografía e Historia de Valencia: en el salón de actos. En dicha cinta hay cine, cine, cine. Y hay recreación de la realidad, la realidad que un partido totalitario organiza para su representación. Produce fascinación y repulsa.

    Continuará…

    
  4. aleskander62

    Me ha gustado mucho la última película de Stephen Frears, Tamara Drew.
    Me gusta la serie de T.V Mad Men.
    Estoy terminando La noche de los tiempos.
    Y leí el libro de Agustín Safón sobre Gore Vidal.
    Voy a leer al poeta Gamoneda y al profesor Justo Serna.

  5. Sigue...

    De las nubes desciende un avión que lleva a Adolf Hitler. El Führer aterriza en Nuremberg. Desde el aeropuerto, en coche descubierto –un Mercedes–, el mandamás se dirige a la ciudad, circulando por sus calles. Lo que vemos es lo que él ve: es su punto de vista. ¿Y qué distinguimos? Unas aceras repletas de enfervorizados seguidores que a su paso saludan brazo en alto. Fundido en negro. Exterior noche. Preparativos del acto que se va a desarrollar al día siguiente.

    Amanece en Nuremberg: despuntan las primeras luces en el campamento de las Juventudes Hitlerianas. Ejercicios gimnásticos y exaltación del cuerpo: son muchachos bellos, rubios, en los que creemos apreciar una mutua atracción. Punto y seguido. Calles de Nuremberg, desfile de gentes ataviadas con trajes regionales. Hitler saluda con calor y humanidad. Vemos primeros planos que muestran adhesión. Punto y aparte.

    Estamos en 1934. Rudolf Hess habla a los asistentes al VI Congreso del Partido, el NSDAP. Ése es el motivo de El triunfo de la voluntad: rodar la concentración del partido nazi en Nuremberg. La directora empleará a numerosos operadores, muchas cámaras e irá alternando planos generales con primeros planos, frecuentes planos-secuencia y algunos planos-detalle. Rudolf Hess se dirige a la multitud, pero sobre todo se dirige a Hitler: “Usted es Alemania”, dice. “Cuando usted actúa, actúa la nación”, añade. ¿Y a qué aspira esa nación gobernada por el Partido? A “ser patria de todos los alemanes del mundo”, aclara aludiendo de manera implícita a lo que en términos hitlerianos se llama espacio vital. Plano general.

    Tras Hess, hablan otros dirigentes del Partido, los gerifaltes del nazismo: todos ellos precedidos por su apellido estampado en la pantalla. Destacan la aportación hitleriana. El espectador actual queda impresionado: los oradores retuercen el lenguaje en una sucesión vertiginosa que acaba con fundidos encadenados.

    Exterior día. Más de cincuenta mil Hombres del Servicio Alemán –eso se dice– están concentrados: disponen de palas y otros enseres propios de zapadores. Hay una escenificación cantarina. Unos preguntan y otros responden: se interpelan y se contestan. Se presentan como la joven tropa del Reich y en sus breves parlamentos aluden a la Gran Guerra. Primeros planos. Reivindicación de los camaradas muertos. Como conclusión tendremos la primera alocución de Hitler. Ante esos servidores, el Führer ensalza el trabajo físico, con la alabanza del esfuerzo y del cuerpo. Fundido encadenado: desfile de los Hombres del Servicio con sus palas al hombro.

    Fundido en negro. Exterior noche. Hay llamas, hachas que incendian la oscuridad. “Queremos ver a nuestro poderoso Führer”. Fuegos artificiales que iluminan y alegran la noche de Nuremberg.

    El espectador actual siente un malestar inexpresable, un dolor inespecífico…

  6. Nuevo artículo de Justo Serna

    Hemeroteca del día
    Justo Serna, “Marranón, Primo y Salamero”, El País, 24 de noviembre de 2010

    “…Los personajes, según es habitual en [Eduardo] Mendoza, están bautizados con nombres chistosos: Gumersindo Marranón, José Antonio Primo de Rivera, Álvaro del Valle Salamero. Lo que ahora propongo al gran autor es una nueva …ubicación para su próxima obra: que nos regale a los valencianos una novela ambientada nuestra capital, con sus Torres de Serranos y su Plaza del Caudillo. ¡No vamos a ser menos que catalanes y madrileños! Disponemos de personajes de ópera bufa, con sus nombres y sobrenombres: aquí y ahora también tenemos marranones y salameros y además pecamos de primos. ¿A quiénes me refiero? No me tiren de la lengua”.

  7. aleskander62

    Cine, cine, cine. Tamara Drewe de Stephen Frears. Gran director de cine inglés. TV, TV, TV, Mad Men, gran serie de televisíón situada en 1959-60-61-62 …
    Enhorabuena por el blog. Hay que luchar contra el proceso de desideologización -como apunta Gore Vidal- que acompaña a tiempos de crisis. No es igual A que B.
    No todo es corrupción. No todos los sindicatos no hacen nada. No todos los políticos son iguales. Claro que podemos hacer cosas para mejorar la sociedad.

  8. jserna

    Aunque no lo parezca, este post no ha acabado. Acabaré de desarrollar este asunto que tanto me fascina y repulsa, ‘El triunfo de la voluntad’. Puede parecer que me he refugiado en algo pretérito para no decir nada de la que aquí y ahora está cayendo. No es así. Las imágenes de Riefenstahl tienen una cercanía y una familiaridad inquietantes…

  9. Àngel Duarte

    Querido Justo, ayer mañana Joan Laporta en mi facultad. De bote en bote. Evidentemente no ha tenido que soportar las embestidas de nadie. No ha tenido que aguantar ningún grito de fascista -tampoco es que lo sea, el suyo es un perfil inequívocamente Bossi (para qué engañarnos).

    Estoy perplejo. Los jóvenes que en otra época se hubiesen movilizado por un candidato de izquierdas, alternativo, internacionalista, honesto…, ahora siguen a un personaje de derechas, sistémico, soberanista, corrupto…

    ¡Todo por la patria! Con perdón pero ¡manda…!

  10. jserna

    Querido Àngel, agradezco tu comentario indignado. Observas las elecciones catalanas y lamentas ese comportamiento adocenado.

    No me gusta que a nadie le chillen. No me gusta que a nadie le abronquen. Es decir, condeno a extremistas universitarios que afean con gritos a un conferenciante, el que sea.

    Dicho eso, paso a Laporta. Resulta extrañamente normal que Laporta tenga gran audiencia en un acto juvenil. Es un personaje mediático que ha guiado y tutelado al Barça. Además ha utilizado los éxitos del club como patrimonio personal. Los jóvenes, los viejos y los mediopensionistas somos manipulables: nos encanta que nos guíen y que nos tutelen, que interpreten por nosotros. Es triste, pero es así.

    Lo siento pero he de decirlo con todas las palabras: Joan Laporta es un personaje que me repele. Es uno de los tipos humanos que ha dado el fútbol que más me irrita e idigna. Para quienes no somos hinchas ni tenemos pasiones balompédicas, no nos explicamos la zafiedad ideológica de este señor. Y no me explico el seguimiento que despierta. Sólo quiero creer que es su condición mediática. En fin, escribí de él hace cinco años. De momento no puedo añadir más:

    https://justoserna.wordpress.com/la-cabeza-de-joan-laporta-2005/

  11. Àngel Duarte

    Justo, veo que nos hemos reencontrado.

    A mí tampoco me gusta, sino que me repele, que chillen a los políticos. Evidentemente. Constato, simplemente, que en las universidades catalanas los políticos -excepto Laporta y Carmen de Mairena- no se adentran por temor a ser abucheados e imprecados. Un estudiante muy razonable -digamos que socialista, aunque podría ser otra cosa- se me lamentaba hace unos días en clase del déficit de debate político en la facultad. Fenómeno -me sumé a su lamento- que tiene una doble dimensión (como mínimo):

    a.- para no caer en la demagogia y el reduccionismo argumental somos muchos los que hemos renunciado a cierta pedagogía en este ámbito;

    b.- la intransigencia -la miseria moral de ciertos ámbitos del estudiantado- hace que políticos convencionales -primero conservadores, más adelante lo que por aquí llaman unionistas y al final todos los del arco parlamentario- renuncien a hacer acto de presencia en las aulas. No ya en tiempo de campaña electoral sino durante el calendario habitual.
    Es esto lo que me resulta tan triste como desconcertante.

    Esto y un argumento específicamente catalán -porque lo hay, como, tengo claro, hay alguno de singularmente valenciano: sólo el nacionalismo en su versión más extrema en cuanto a objetivos y más simplista en sus razonamientos -de ahí el símil Bossi-es capaz de movilizar o, simplemente, interesar. Las responsabilidades -para los que lamentamos que se haya llegado a este punto- son muchas, plurales, extensas. Quizá por un razonamiento autocrítico me parecen más lamentables las generadas sobre el propio terreno.

    Un abrazo fuerte y desesperanzado!!!

  12. jserna

    En mi artículo de El País trato de políticos chuscos. O de una política mediáticamente chusca. Con spots de esa naturaleza, tan precarios, zafios, no ha de extrañarnos si se produce una gran abstención. Pero una alta participación que sea resultado del trato bronco, del tono tabernario, del choque malencarado, tampoco es estimulante. Lo lamento: yo no acudo a mítines partidistas desde 1977. No me gustan las multitudes. La propaganda política me suele descorazonar: normalmente por las simplezas. Pero a la vez he de admitir la necesidad de este recurso: me refiero a la propaganda política y a la controversia democrática.

    Podemos fijarnos en ‘El triunfo de la voluntad’ (sobre la que aún escribiré más): la propaganda nazi se basaba en la simplificación, en la gestualidad enfática, en el esquematismo, en la oposición amigo-enemigo (por cierto, principio de Carl Schmitt), en la exacerbación de lo comunitario. No sigo, que luego regresaré sobre ello. Simplemente lamento que personajes demagógicos surjan para imantar el desconcierto y el malestar. Estemos atentos.

  13. jserna

    Ah, pues muchas gracias, sra. Leda. Me gusta tanto Eduardo Mendoza que procuro que algo se me pegue. No hace las cosas con gravedad ni dándose énfasis. Todo en él tiene un toque leve e intrascendente, pero con enjundia.

  14. jserna

    Buenas tardes. Por razones fuerza mayor se retrasa la publicación del post. Si no hay novedad, mañana sábado habrá nueva entrada. No puedo precisar cuándo.

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