El final de los Goya

 Álex de la Iglesia                  Rodrigo Cortés 
  
 Agustí Villaronga                Icíar Bollaín
 
Uno. Comienza el fin de semana de los Goya, la antesala de los Premios de la Academia española del Cine. Si hacen click sobre las imágenes podrán ver las candidaturas de estas cuatro películas. Yo las he visto todas y tengo mi propio criterio. Técnicamente son irreprochables. Cine dignísimo con fotografía muy precisa, muy adecuada a la historia que se quiere contar o mostrar. Para mi gusto, lo que diferencia a cada una de las películas es su final. De cómo acabe cada film dependerá el resultado logrado: que la historia y todos sus recursos funcionen o no.
 
Años atrás leí una novela aparentemente sencilla pero inquietante, perturbadora. ¿Su título? El final de la novela, de Michael Krüger. Aparecida en alemán en 1990, se editó en español en 1993. Empezaba así:
 
“He decidido matarlo. No sabría decir de dónde he sacado los arrestos para arrebatar el último aliento a quien durante tantos años ha sido mi impaciente interlocutor, incansable vejador y ambiguo compañero, mucho más locuaz e inteligente que yo mismo y cuya vitalidad parecía inagotable. Hoy le ha llegado por fin la hora; esta decisión ya la había tomado yo por la mañana. Tan sólo me falta formular la última frase…”
 
Un novelista ha decidido acabar con la historia que ha estado imaginando, concibiendo y escribiendo. Sólo falta, sí, la última frase: una última que es la consumación de unos hechos. ¿Algo difícil? No es sencillo tomar esta decisión: es un colofón estratégico y además ha de formularse con un enunciado. En efecto, “esta frase, coronamiento de un edificio conscientemente siempre inconcluso, no resultaba fácil de elegir”. En una historia, el principio es como el primer clavo del alpinista, aquello a lo que nos agarramos para comenzar la escalada. Pero en una narración un desenlace puede arruinar una buena remontada. Perdonen esta analogía, pero con las películas me pasa lo mismo. He visto fracasar excelentes films por culpa de un final informativo, condescendiente o descuidado.
 
Entre las cuatro películas que han sido destacadas como finalistas hay alguna –quizá un par– con un final excelente y desgarrador, sin esperanza, sin contemplaciones; y hay otras que concluyen o bien con indulgencia y buenos sentimientos o bien con redundancia y exceso de información.
 
Dos. Si presento así los finales, ¿significa eso que prefiero las historias que acaban mal? No es eso. La ficción está obligada a ser más creíble que la realidad. A la vez la ficción está obligada a ser una sublimación, un desgarro, una proyección de lo externo. Y finalmente la ficción está obligada a acabar con coherencia expositiva: sin tretas de última hora que quiebren los fundamentos de lo visto o contado.
 
Si estamos ante una comedia, sabemos que todo o casi todo saldrá bien. No hay reproche que hacer al final feliz: está en su lógica narrativa. Pero si estamos en un film dramático que se precipita hacia la tragedia no es creíble un giro inesperado que rompa tramposamente el determinismo, la fatalidad. Un individuo que era tibio puede cambiar, claro que sí; una persona que era indiferente al dolor ajeno puede mudar, por supuesto. No hay destino irremediable frente al que un ser humano no pueda sobreponeserse. Pero la realidad que lo rodea no dejará de ser un drama en el que todo se precipita trágicamente: es más, con toda probabilidad, ese hombre, al que ahora le vemos madera de héroe, acabará arrastrado por la tempestad de la historia. Así lo expresó Walter Benjamin en un pasaje muy conocido de sus tesis sobre la historia.
 
 “Hay un cuadro de Paul Klee llamado Angelus Novus. En ese cuadro se representa a un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que mira fijamente. Los ojos se le ven desorbitados, tiene la boca abierta y además las alas desplegadas. Pues este aspecto deberá tener el ángel de la historia. Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona incansablemente ruina tras ruina y se las va arrojando a los pies. Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, una tempestad se enreda entre sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja, incontenible hacia el futuro, al cual vuelve la espalda mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad”.
¿Adivinan qué final de los Goya es inverosímil? A pesar de la tempestad que sopla tan fuerte enredando sus alas, el ángel de la historia consigue cerrarlas y consigue parar el tiempo conteniendo el embate “mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo”.  Ese final rompe el principio de verosimilitud y rompe el sentido de la tragedia. ¿En una tragedia las cosas siempre salen mal? Tenemos experiencia. Todo apunta a que es así, pero en realidad cuando acaba la obra no tenemos por qué saberlo: podemos confirmar que el ángel se precipita o podemos ignorar si el destino lo aplastará.
 
Tres. El pasado viernes 11 de febrero volví a ver Buried (2010), de Rodrigo Cortés. Mi aprecio ahora es mucho mayor.
 
Fundido en negro.  Escuchamos ruidos humanos. Parece un despertar: la respiración perezosa, entrecortada o amordazada de un individuo que, además, hace ciertos movimientos; quizá el roce de su ropa con alguna superficie. De repente oímos el chasquido, tan particular, de un Zippo. Prende la llama.
 
Entonces vemos o entrevemos qué es lo que está sucediendo: alguien que está maniatado tiene entre sus dedos el Zippo mientras rasca una tapa de madera. Lleva anillo, lo que parece una alianza de casado… Por supuesto no voy a contar qué es lo que pasa, aunque todo el mundo parece saber de qué va esta historia. 
 
 Paul Conroy es un norteamericano desplazado a Irak. No es un militar. Es un contratista civil que se encuentra allí para ganar dinero. Por lo que sabemos, es un buen padre de familia: decidió ir a dicho país buscando  una oportunidad para aumentar sus ingresos. Es víctima de un secuestro y, ahora lo sabemos, despierta: ha sido enterrado vivo en un tosco ataúd de madera. Lo oíremos toser. No le queda mucho oxígeno y ha de salir de allí cuanto antes. ¿Cómo? ¿Qué tiene aparte de su mechero?
 
¿Qué desarrollo dramático tiene este film? La banda sonora es imprescindible para crear la atmósfera adecuada. ¿Atmósfera? Qué palabra tan inadecuada… Lo que sentimos, con el protagonista, es una  asfixia creciente. La tensión retiene al espectador. ¿Y el final? Ah…, mejor preguntémonos por el principio. Los títulos de crédito son eficacísimos. La estética, la música y la sucesión de los rótulos –que desaparecen como arena– son informativos y emocionales, con un ritmo sincopado.
 
Recuerdan los créditos de algunas películas de Alfred Hitchcock: concretamente los de Con la muerte en los talones (1959). La película atrapa, pues, desde el inicio. En los grandes clásicos, los títulos de crédito son imprescindibles. ¿Ejemplos? ¿Quieren ejemplos? Pues remontándonos algo en el tiempo, pienso ahora en La diligencia (1939), de John Ford.  Si alguna vez vuelven a verla, por favor no descuiden los créditos iniciales: allí está condensado todo el film.
 
Cuatro. Leí con mucho interés la página que El País dedicó días atrás a Antonio de la Torre. “La joya oculta de los Goya”. Así subtitulaban el reportaje. Suena a tópico, pero cualquier cosa que se haga en beneficio de este actor es poco. 
 
Lo recuerdo en un papelín –un papelón– que hacía en La isla interior (2009), film que aquí glosamos. Lo recuerdo en otras películas que en este blog no hemos comentado. Y lo acabo de ver en Primos (2011), una simpatiquísima e inteligente comedia menor.  
 
A Antonio de la Torre le sobran fuerzas y capacidades, es cierto. Pero también es verdad que ha de medirse.  “Uno de mis problemas como actor es controlar mi energía. Está bien cuando toca un personaje de carácter… Me gusta la interpretación porque así entro en un rollo que no entro como persona. Ahora intento cambiar mi registro, busco caracteres muy diversos. De ahí mi taxista de La mitad de Óscar [estreno, el 11 de marzo], aunque mucha culpa la tiene Manuel Martín Cuenca, un director de actores colosal, que para controlarme me decía: ‘Opácate, Antonio, opácate’…”
 
Cinco. Pa negre (2010). Los archivos…, 22 de noviembre de 2010:
“…Tal vez sea el niño de Villaronga quien más me ha cautivado: sus ojos me recuerdan los de Ana Torrent en El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice.
 
“Observar un mundo de hostilidades abiertas, de violencia explícita, de deudas pendientes, de ultrajes constantes por fuerza ha de pervertir la mirada.
 
“En mi opinión, la base argumental de la película es muy enrevesada y a la vez todos los cabos quedan finalmente atados y, por ello, aclarados.  Agustí Villaronga es un director complejo que sabe crear atmósferas, pero en esta película la resolución es demasiado explícita.
 
“Por eso –ustedes me permitirán–, sigo prefiriendo El espíritu de la colmena.  En la película de Erice no sabes cuál es la resolución porque todo queda bajo el hechizo de lo irreal, de la fantasía, en una España rural y violenta: la de la dictadura. En fin, todo queda indefinido tras la impresión que el cine ambulante provoca en la niña: la proyección de Frankenstein (1931), de James Whale, en un pueblo de Castilla. Punto y aparte. Leer más aquí.
Seis. Sobre  Pa negre escribí en noviembre de 2010 en un post titulado Cine, cine, cine. Yo salía de una semana apática y quizá errática. Y probablemente el juicio que me merecieron los films recién vistos estaba muy influido por mi estado de ánimo. No sé. En ese momento admitía lo frío que me habían dejado ciertas películas, Pa negre y Buried, entre ellas. 
 
Ahora, cuando he vuelto sobre esta última, la impresión ha mejorado notablemente, ya lo decía en el apartado 3 de este post. Las imágenes poderosas de Buried me hacen pensar en el futuro de este cineasta, este Rodrigo Cortés  de juventud prometedora y de perspicacia grande, muy grande.
 
¿Y Villaronga? Su film ha recibido el mayor número de premios… Ya dije que Pa negre era una historia demasiado enrevesada y de ambientación muy precisa. El mundo que observa el niño –galardonado con un Goya como actor revelación– es un lugar de hostilidades abiertas, de violencia explícita, de deudas pendientes, de ultrajes constantes. Por fuerza esos hechos han de pervertir la mirada de un niño muy baqueteado por la vida y muy decepcionado por los mayores en una España menoscabada y cruel.
 
 ¿Y Balada triste de trompeta o También la lluvia? Ah, permítanme pensar algo más. Luego vuelvo. Quizá tenga alguna idea aprovechable. 
 
Pues no vuelvo: nada interesante puedo añadir ahora. Volveré en otro momento sobre ambas películas.
 
 
Apéndices
 
Esto también es cine español
 
Sábado, 12 de febrero, 23:51 horas. Mientras aguardamos el veredicto de la Academia española del Cine, les propongo alegrar la espera con perlas de la cinematografía hispana. Un ejemplo. 
 
Del  viejo arte del cartelismo cinematográfico, David P. Montesinos nos envía una joyita que ha encontrado. Así la califica: de “joyita”. Esta rareza es un descubrimiento y es un deslumbramiento. 
 
Hay que mirar con cuidado, dice Montesinos. Hay que mirar las imágenes y los títulos de crédito. Nos lo remite para que el cartel quede  conservado en este blog, en Los Archivos. La película es española, aunque no lo parezca, añade socarrón.  Vaya.
 
Por lo que ha averiguado Montesinos, está considerada como la primera obra del cine español de ciencia-ficción. Pero nuestro amable remitente sigue : “aunque, de encasillarla con más precisión, diríamos que tiene  un toque de erotismo alienígena”. 
 
Y concluye: “he leído también en algún buscador de rarezas
que el film no es tanto que sea malo, como que más bien es demencial, lo que convierte al director en una especie de Ed Wood a la española”.
 
Sr. Montesinos, le estamos muy agradecidos. Usted me perdonará si no gloso lo que veo y lo que leo en dicho cartel, altamente lúbrico. Me parece, en efecto, una perla del pop hispano, una perla con ínfulas. ¿O era con nínfulas?

31 comments

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  1. aleskander62

    Pan negro es la que más me gusta.
    Siempre está el estilo singular de Alex de la Iglesia.
    También la lluvia de Iciar Bollaín no es mala película.
    No he visto Buried.
    He estado malito. Estaba escribiendo una nueva novelita y preparando una colección de poemas. En cuanto me recupere continúo.
    Saludos a todos.

  2. jserna

    Sr. aleskander62, póngase bien.

    Luego quiero desarrollar qué impresión me han causado estas películas. Empezando por el final.

  3. Sigue

    …Años atrás leí una novela aparentemente sencilla pero inquietante, perturbadora. ¿Su título? El final de la novela, de Michael Krüger. Aparecida en alemán en 1990, se editó en español en 1993. Empezaba así:

    “He decidido matarlo. No sabría decir de dónde he sacado los arrestos para arrebatar el último aliento a quien durante tantos años ha sido mi impaciente interlocutor, incansable vejador y ambiguo compañero, mucho más locuaz e inteligente que yo mismo y cuya vitalidad parecía inagotable. Hoy le ha llegado por fin la hora; esta decisión ya la había tomado yo por la mañana. Tan sólo me falta formular la última frase…”

    Un novelista ha decidido acabar con la historia que ha estado imaginando, concibiendo y escribiendo. Sólo falta, sí, la última frase: una última que es la consumación de unos hechos. ¿Algo difícil? No es sencillo tomar esta decisión: es un colofón estratégico y además ha de formularse con un enunciado. En efecto, “esta frase, coronamiento de un edificio conscientemente siempre inconcluso, no resultaba fácil de elegir”. En una historia, el principio es como el primer clavo del alpinista, aquello a lo que nos agarramos para comenzar la escalada. Pero en una narración un desenlace puede arruinar una buena remontada. Perdonen esta analogía, pero con las películas me pasa lo mismo. He visto fracasar excelentes films por culpa de un final informativo, condescendiente o descuidado…

  4. el náuGrafo

    A ver si veo de una vez ‘Buried’ y ‘Pan negre’. Espero, por el bien del cine español y de los criterios de calidad, que no gane ‘Balada triste’. Técnicamente está muy lograda, pero me parece una historia tirando a infantil y mal contada, con unos personajes vacíos, con los que es difícil empatizar, inverosímiles.

    ‘También lluvia’, pese a algún detalle que chirría, me pareció una buena película. Gran actuación de Karra Elejalde, que no sé si está nominado, pero lo merece.

    Una pequeña espina, que en los Goya sean tan díficil entrar, si no eres del ‘palo’. ‘Vivir para siempre’, una peli más de digna, de Gustavo Ron, parece no existir para la Academia. Y Ron no es nuevo, ‘Mía Sarah’, último papel de Fernán-Gómez, fue una ‘opera prima’ también interesante.

    A ver qué tal la Gala en la pza Oriente. La idea parece buena, eso de irse a las periferias, a los palacios de deportes, está muy bien en Los Ángeles pero, ¿por qué no buscar nuestro propio sello en lugar de hacer como los demás (Hollywood), que será siempre peor y con menos recursos?

    Saber jugar con tus fortalezas forma parte de una cierta sabiduría que creo que va calando en el cine español.

    Perdón por estos meandros un poco ya desvariantes.

    abrazos y viva el cine español

  5. Sigue

    …En las cuatro películas que han sido destacadas como finalistas hay alguna –quizá un par– con un final excelente y desgarrador, sin esperanza, sin contemplaciones; y hay otras que concluyen o bien con indulgencia y buenos sentimientos o bien con redundancia y exceso de información…

  6. David P.Montesinos

    Me decantaría entre “También la lluvia” y “Pa negre”, aunque me imagino que serán salomónicos y repartirán entre esas dos y la de Alex los premios importantes, dejando -creo- “Buried” para los premios “técnicos”.

    El cartel que le he remitido a Justo Serna circula entre amantes de lo bizarro, un bizarrismo que el cartelismo cinematográfico español ha cultivado más de lo que nos pensamos. Uno de los personajes más fascinantes del mundo freaky y bizarro celtibérico es Jess Franco, que tiene verdaderos adeptos. El cartel este de los ovnis es interesante porque refleja varias cosas que, ahora, con la perspectiva del tiempo, asoman con mayor claridad. Por una parte es la impostura de un par de tipos astutos que quieren aprovechar el disfraz del cine de género para meterte el morbo de las macizas que uno ya piensa, al ver el cartel, que van a participar en tremebundas orgías en los platillos volantes con los tipos verdes de Marte. Por otra, creían encontrarse en los inicios de una verdadera industria del cine, una industria nacional que parecía posible en un momento en el que el cine era todavía la mayor de las fuentes del imaginario social.

    El cartel no tiene desperdicio. Las chicas como en situación de ingravidez, con cara de terror, pero encuadradas de manera que se insinúen las bragas o el escote, los nombres anglosajones… la sensación de que una invasión alienígena va a ponerlo en crisis todo nuestro mundo, incluyendo nuestras represiones sexuales…

  7. Sigue
    Dos. Si presento así los finales, ¿significa eso que prefiero las historias que acaban mal? No es eso. La ficción está obligada a ser más creíble que la realidad. A la vez la ficción está obligada a ser una sublimación, un desgarro, una proyección de lo externo. Y finalmente la ficción está obligada a acabar con coherencia expositiva: sin tretas de última hora que quiebren los fundamentos de lo visto o contado.
    Si estamos ante una comedia, sabemos que todo o casi todo saldrá bien. No hay reproche que hacer al final feliz: está en su lógica narrativa. Pero si estamos en un film dramático que se precipita hacia la tragedia no es creíble un giro inesperado que rompa tramposamente el determinismo, la fatalidad. Un individuo que era tibio puede cambiar, claro que sí; una persona que era indiferente al dolor ajeno puede mudar, por supuesto. No hay destino irremediable frente al que un ser humano no pueda sobreponeserse. Pero la realidad que lo rodea no dejará de ser un drama en el que todo se precipita trágicamente: es más, con toda probabilidad, ese hombre, al que ahora le vemos madera de héroe, acabará arrastrado por la tempestad de la historia. Así lo expresó Walter Benjamin en un pasaje muy conocido de sus tesis sobre la historia.
    ”Hay un cuadro de Paul Klee llamado Angelus Novus. En ese cuadro se representa a un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que mira fijamente. Los ojos se le ven desorbitados, tiene la boca abierta y además las alas desplegadas. Pues este aspecto deberá tener el ángel de la historia. Él ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de datos, él ve una única catástrofe que amontona incansablemente ruina tras ruina y se las va arrojando a los pies. Bien le gustaría detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destrozado. Pero, soplando desde el Paraíso, una tempestad se enreda entre sus alas, y es tan fuerte que el ángel no puede cerrarlas. Esta tempestad lo empuja, incontenible hacia el futuro, al cual vuelve la espalda mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo. Lo que llamamos progreso es justamente esta tempestad”.
    ¿Adivinan qué final de los Goya es inverosímil? A pesar de la tempestad que sopla tan fuerte enredando sus alas, el ángel de la historia consigue cerrarlas y consigue parar el tiempo conteniendo el embate “mientras el cúmulo de ruinas ante él va creciendo hasta el cielo”. Ese final rompe el principio de verosimilitud y rompe el sentido de la tragedia. ¿En una tragedia las cosas siempre salen mal? Tenemos experiencia. Todo apunta a que es así, pero en realidad cuando acaba la obra no tenemos por qué saberlo: podemos confirmar que el ángel se precipita o podemos ignorar si el destino lo aplastará.
  8. David P.Montesinos

    Por cierto, “Memorias del Tío Jess” -que es por supuesto la autobiografía del menda- es un libro de más que recomendable lectura, siempre y cuando uno tenga bien desarrollado el sentido del humor. Yo creo que el tipo creía ser algo así como el Orson Welles español, una especie de genio incomprendido. ¿Recuerdan en “Ed Wood”, esa maravilla de Tim Burton, la escena en que Ed sale rabioso y vestido de mujer de un rodaje y se encuentra en un bar con Orson Welles? Se hacen un par de confidencias y Ed llega a la conclusión de que Welles es su alma gemela. Le dice que unos parroquianos que financian su obra les obligan a él y a los actores a bautizarse para seguir rodando.

    “Le comprendo, amigo”, contesta Orson Welles, “a mí me han impuesto un rodaje los cabrones de la productora con Charlton Heston, y ¿sabes?: resulta que ¡hace de mexicano!”

    Bueno, de allí salió otra joya, “Sed de mal”, con Charlton con bigote y maquillado para oscurecerse.

    Por cierto, y ya no les doy más la murga: la de los Coen está bien, francamente bien. Jeff Bridges está en su mejor momento.

  9. jserna

    Lo voy a decir claro y lo voy a decir de una vez. La película de Icíar Bollaín marcha bien dos tercios de la historia. En la última parte, el film se precipita, pero no hacia la tragedia, sino hacia la inverosimilitud. Triunfan los buenos sentimientos en una historia que no puede acabar bien. Es una trampa emocional. Lo siento, pero tenía que decirlo.

  10. jserna

    Jesús Franco Manera es el autor que cita muy oportunamente David P. Montesinos. Es director de cine y es tío de Javier Marías. El Tío Jesús: en su apartamento de París, Javier Marías acabó su primera novela ‘Los dominios del Lobo’ cuando tenía 17 años.

    Jesús Franco es el rey del nick, como alguno de los personajes que frecuentaban este blog. Aparte de Jess Franck, J. Franco, Jesse Franco, Jess Franco, Jesus Franco y Jesús Franco tiene decenas de pseudónimos con los que ha firmado sus películas.

  11. Isabel Zarzuela

    De las cuatro candidaturas que nos muestra el Sr. Serna sólo he visto una, que por cierto, me gustó bastante. Ya saben cuál es: hemos hablado mucho de ella en este blog. Del resto no puedo decir nada, salvo que tuve especial interés en ir a ver ‘Buried’ y ‘Pa negre’, pero como ahora dispongo menos tiempo para ir al cine, tengo que ser más selectiva con las películas. Y con respecto a ‘También la lluvia’ he de decirles que no me ha interesado nada, nada, nada, la temática del film y eso que tengo especial debilidad por Icíar Bollaín (todavía me sobrecoge el recuerdo de algunas escenas de ‘Te doy mis ojos’, como aquella en la que el marido deja a su mujer, desnuda, encerrada en el balcón).

    Estoy deseando escuchar esta noche el discurso del Presidente de la Academia. ¿Se lo imaginan convertido en “Payaso triste” con la metralleta en mano?

  12. Alejandro Lillo

    Creo que todo relato, toda narración, al menos toda narración moderna, tiene en su estructura, dos momentos decisivos. El primero es el inicio. Si el inicio no engancha, impacta o impresiona, mal asunto. No recuerdo si don Justo lo comentaba en alguna ocasión o si es cosa mía, pero el hombre moderno está muy ocupado, tiene muchas cosas en la cabeza, muchos intereses y distracciones. Si no se le capta la atención desde el principio difícilmente se le podrá captar después. Los principios de las novelas son fundamentales; ese “luz de mi vida, fuego de mis entrañas”, ese “Aureliano Buendía, frente al pelotón de fusilamiento”; y no digamos ya en los relatos, donde la información y la fuerza deben estar mucho más condensadas. Esto también pasa en las películas de cine, que también suelen empezar “in medias res”. El otro punto fundamental de todo relato es, como dice el señor Serna, su final. No puedo estar más de acuerdo con su afirmación: si el inicio de un relato te indica más o menos lo que vas a encontrar conforme avances en la lectura, “he visto fracasar excelentes films por culpa de un final informativo, condescendiente o descuidado”. Del final depende todo, ahí es donde se condensa la esencia del relato. Un gran final puede convertir una buena obra en una obra maestra, pero también una gran obra en otra mediocre. La clave de esto, y creo que digo lo mismo que don Justo pero con otras palabras, está en las expectativas que la narración despierta en el destinatario. Una novela como “El código da Vinci” nunca podrá tener un buen final, pues encontrarlo significaría haber dado con la respuesta sobre el por qué de la existencia del hombre, etc., etc. Es decir, que cuando el final está a la altura de las expectativas creadas, el resultado suele ser satisfactorio; si no es así si la conclusión resulta inverosímil, forzada o incongruente, la cosa se convierte en un “bluf”, y la sensación en el destinatario es la de fracaso, la de haber sido víctima de un engaño.

    Dicho esto, esta noche veré los Goya con placer y deleite. Por Buenafuente y por Alex de la Iglesia, que son dos tipos que me caen francamente bien. De las candidatas, sólo he visto la película de éste último. Desde luego merece que le den un buen puñado de estatuillas. Su historia no es nada complaciente, es arriesgada y visualmente potente; y el final, desde luego, está a la altura y cumple las expectativas.

  13. Sigue

    Tres. El pasado viernes 11 de febrero volví a ver Buried (2010), de Rodrigo Cortés. Mi aprecio ahora es mucho mayor.

    Fundido en negro. Escuchamos ruidos humanos. Parece un despertar: la respiración perezosa, entrecortada o amordazada de un individuo que, además, hace ciertos movimientos; quizá el roce de su ropa con alguna superficie. De repente oímos el chasquido, tan particular, de un Zippo. Prende la llama.

    Entonces vemos o entrevemos qué es lo que está sucediendo: alguien que está maniatado tiene entre sus dedos el Zippo mientras rasca una tapa de madera. Lleva anillo, lo que parece una alianza de casado… Por supuesto no voy a contar qué es lo que pasa, aunque todo el mundo parece saber de qué va esta historia.

    Paul Conroy es un norteamericano desplazado a Irak. No es un militar. Es un contratista civil que se encuentra allí para ganar dinero. Por lo que sabemos, es un buen padre de familia: decidió ir a dicho país buscando una oportunidad para aumentar sus ingresos. Es víctima de un secuestro y, ahora lo sabemos, despierta: ha sido enterrado vivo en un tosco ataúd de madera. Lo oíremos toser. No le queda mucho oxígeno y ha de salir de allí cuanto antes. ¿Cómo? ¿Qué tiene aparte de su mechero?

    ¿Qué desarrollo dramático tiene este film? La banda sonora es imprescindible para crear la atmósfera adecuada. ¿Atmósfera? Qué palabra tan inadecuada… Lo que sentimos, con el protagonista, es una asfixia creciente. La tensión retiene al espectador. ¿Y el final? Ah…, mejor preguntémonos por el principio. Los títulos de crédito son eficacísimos. La estética, la música y la sucesión de los rótulos –que desaparecen como arena– son informativos y emocionales, con un ritmo sincopado.

    Recuerdan los créditos de algunas películas de Alfred Hitchcock: concretamente los de Con la muerte en los talones (1959). La película atrapa, pues, desde el inicio. En los grandes clásicos, los títulos de crédito son imprescindibles. ¿Ejemplos? ¿Quieren ejemplos? Pues remontándonos algo en el tiempo, pienso ahora en La diligencia (1939), de John Ford. Si alguna vez vuelven a verla, por favor no descuiden los créditos iniciales: allí está condensado todo el film.

  14. jplanas

    No he visto ninguna de las cuatro… Me entra la risa (ácida) cuando pienso en lo que más une a Almodóvar, Amenábar y Villaronga. ¿Ha hecho este último, al final y por vez primera, una película que no sea una muestra -y una recreación- de sus fobias y filias personales? ¿Nos ha contado, al fin, una historia o sigue contándonos la suya propia? En definitiva, me pongo la careta de V y observo la pantalla en negro (de ideas;-)

  15. David P.Montesinos

    Medito sobre todo lo que explica el señor Lillo en su última intervención, que arranca de la posición que el blogger sostiene respecto al final de También la lluvia. No soy fanático de Bollaín, de su “mundo”, de esa transparencia de sus mensajes, de ese culto excesivo a un Ken Loach que tampoco ha terminado nunca de encenderme… Sin embargo, creo que “También la lluvia” es una película que merece la pena y que pienso poner a los alumnos. Meditaré sobre lo que dicen ustedes del final, quizá sea -sí- demasiado buenista y desde ahí poco creíble. A mí me molestó -a ver si no hago el “spoiler”- que el único heroísmo posible fuera el de los líderes, esos capitanes de la nave -con los que sin duda Bollaín se identifica personalmente- que son abandonados por una tripulación que, pobrecita, hay que entenderla porque los plebeyos se mueven sólo por instintos de supervivencia y no por principios. Lanzado este navajazo, insisto en que el film está bien, francamente bien.

    Y otra cosa, dado que sí he visto la mayor parte de la gala. Creo que el discurso de Alex de la Iglesia, siendo sumamente relevante, contuvo más ambigüedades de las recomendables. Parece adoptar un aire de dignidad y convicción que no creo impostado, pero creo que se debe ser más contundente a la hora de presentar propuestas y alternativas, de lo contrario, la gente que vive del negocio en cuestión se queda con la sensación de que al menos la Ley Sinde se compromete a algo. En fin, este tema es muy delicado y quizá no era el discurso de la Academia el lugar de la concreción, pero hay que entender las caras largas de quienes le escuchaban, más después de aguantar los huevazos e insultos de los “libertadores” estos de Anonymus que se apostaron a la entrada y que abuchearon a todo el mundo excepto al propio Alex. No sé, no creo que haya sólo un punto de vista aceptable en esta historia.

    En cuanto al friki, qué volen que els diga… El martes tenemos una concesión de premios literarios en el instituto: estoy por pensar que va aparecer el gilipollas de la barretina diciendo, o el de viva la república y abajo el genocida español, o el escocés aquel que corría por los estadios en pelotas… Qué mundo tenemos, ¿eh?

  16. R.S.R.

    Me imagino que habrá comentario a los Goya y al discurso de Alex de la Iglesia. A mí francamente me pareció un buen discurso, creo que trasladó con claridad y respeto el pensamiento de esa parte de los creadores a los que parece habérsele situado en contra de Internet, cuando el problema es otro: un problema de límites y de respeto.
    Creo Sr. Montesinos que, efectivamente no era el lugar de hacer propuestas concretas, inevitable aludir al tema, eso sí.

    Hablando de cine creo que Javier Bardem lo tiene bastante difícil en los Oscar. Ayer vi “Valor de ley”, excelente la interpretación de Jeff Bridges .

  17. jserna

    Hola, he estado escribiendo toda la mañana. Cosas académicas y cosas pendientes. Ahora después vuelvo. Y vuelvo con el comentario de Alejandro Lillo, que ayer no pude glosar… Y con los restantes.

  18. Alejandro Lillo

    Bueno don David, lo que yo he dicho es en general, no me refería a ninguna película en concreto. Solo es algo sobre lo que llamo la atención. La propia gala de los Goya es un ejemplo de esto.

  19. Marisa Bou

    A mí también me pareció bueno el discurso de Alex de la Iglesia. Creo que encontró el tono justo para decir lo que pensaba, pero sin convertir la gala en un mítin. Otra cosa hubiera resultado poco apropiada.

    Estoy contentísima del montón de Goyas para Pa negre. Sobre todo, por Agustí Villaronga y por el niño, que es un hallazgo. Pero no menos satisfecha con el de la niña, que interpreta de maravilla a las jovencitas de posguerra, tan sabias a pesar de sus pocos años.

    Señor Serna ayer tarde vi “Primos” y coincido con usted en que es una simpática comedia. Los tres jóvenes protagonistas me parecieron prodigiosos (uno de ellos recuerda, físicamente al menos, a Sean Penn). Y Antonio de la Torre, perfecto en ese papel de hombre machacado.

  20. Isabel Zarzuela

    Coincido con la Sra. Bou. Creo que Alex de la Iglesia en su discurso fue claro y respetuoso. Estaba en la gala de los Goya y, entiendo que intentó evitar en la medida de lo posible todas las miradas y morbos en pro de la “noche del cine español” (aunque seguro que no le faltaron ganas de sacar la metralleta).

    Como ya dije en un comentario anterior, me llamó la atención que no estuviera nominada ‘La isla interior’ para ningún galardón. Sigo pensando que es una de las mejores -¿o la mejor?- película que he visto en el 2010. Por cierto, eche de menos algún que otro Goya para ‘Balada triste de trompeta’. No quiero ser malpensada pero… algo huele a podrido en Dinamarca.

    Sr. Montesinos, ¿se dio usted cuenta si el friki de la Gala de los Goya llevaba chandal?

  21. jserna

    Hola. Álex de la Iglesia estuvo contenido, quizá se le notaba la mala leche, el enfado, la tensión o la cohabitación forzosa.

    O simplemente es que ha adelgazado tanto que se le ha quedado un rictus algo extraño: era como si riera con la boca y los dientes, pero no con el resto de la cara. Es una mera observación. Yo no lo vi distenido o socarrón como tantas veces. Lo vi envarado.

    Eso, al margen del discurso, que me pareció sensato y bienintencionado, aunque incómodamente pronunciado.

  22. jserna

    Me permitirán que comente brevemente lo dicho por el sr. Planas. Dice: “..Villaronga. ¿Ha hecho este último, al final y por vez primera, una película que no sea una muestra -y una recreación- de sus fobias y filias personales? ¿Nos ha contado, al fin, una historia o sigue contándonos la suya propia?”

    Eso no es grave siempre que las cosas propias se sublimen o se transfiguren. Así hacemos a los otros copartícipes de lo que en principio es íntimo. En ‘Pa negre’, lo que no me convence es la complicación argumental. El zurcido de la historia sórdida no deja ningún cabo suelto.

  23. jplanas

    Cierto, Justo. Tiene toda la razón, contar la propia historia es la única manera, seguramente, de contar otras… Me expresé mal. Lo siento. El problema que tengo con el cine de Villaronga es que sus anteriores películas me resultaron tan indigestas que ya no sé a qué atenerme con él. Cuando vea Pa Negre le cuento;-)

  24. jplanas

    Y lo de Alex, es así. Serio, muy tieso y circunspecto, en el aspecto global de su persona, pero sonriente -indefinidamente sonriente,quizá- en la extraña mueca que se le dibujaba entre los labios… Aterrador;-P

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