Los poetas y los muertos

Los poetas. Acabo de firmar una reseña sobre La puerta mágica. Antología poética, 2001-2011, obra de Miguel Veyrat. Mi glosa aparece publicada en Ojos de Papel.

Todos los días leemos prosas ordinarias, prosas que se sostienen en muletas y muletillas, en automatismos expresivos.

Frente a la rutina verbal, que nos seca, que nos agosta, no hay nada como el tónico de la poesía: en este caso, la poesía de Veyrat. Es un bebedizo y por eso hay que tomarlo en las dosis adecuadas.

 Con los poemas de Veyrat, Ángel Luis Prieto de Paula, editor del volumen, ha elaborado un cocimiento, un combinado imprevisto.  Sólo aspiro a que mi glosa de La puerta mágica no sea nimia. Entre otras cosas, digo:

“En su poesía, la vida no es eso que puede aclararse de inmediato, sino una ofuscación. Podríamos decir que es como la lámpara o la luz en las que se estrella el insecto cegado. A eso podríamos llamarlo literalmente ofuscación: algo tenebroso que nos deslumbra, que nos obsesiona y que nos aturde, ya digo. A esas tinieblas –que son lo real y lo concreto– se precipita el pájaro con su vista sesgada o el insecto con su extravío irresponsable. ¿Por qué razón? Porque el ave es también el animal alado que por necesidad se acerca para proveerse de alimentos, de los alimentos terrestres. Porque la cigarra canta sin preocuparse de la despensa. Pero el pájaro y el insecto son seres corpóreos, vivos, que como el exaltado hombre también se aventuran. Se adentran, cruzan el umbral, esa puerta mágica que sirve de título a Veyrat. ¿Qué hay al otro lado?” Leer más en Ojos de Papel (aquí). 

Los muertos. Martes, 2 de marzo de 2011, El País publica mi columna Aún están vivos. ¿A qué la dedico? Hace unos días se inauguró la Exposición   Colección Díaz Prósper, patrimonio y memoria. Fotografías 1839-1900. Es una muestra de un gran coleccionista: Juan José Díaz Prósper.

Se puede visitar en el Centre Cultural de La Nau, en la Universitat de Valencia, del 24 de febrero al 26 de junio. La Exposición está comisariada por José Ramón Cancer. A propósito de esas imágenes me pregunto:

“En una foto del pasado, en un retrato del siglo XIX, siempre hay algo que nos contraría. Es la falta de información, esa ignorancia del contexto, del acontecimiento concreto: una pose insólita, una circunstancia que desconocemos, unas expresiones parcas, un entorno humilde o, por el contrario, una escenografía que no oculta su tramoya, su artificio. Vemos individuos corrientes, de gesto serio y circunspecto, que se presentan a la puerta de sus casas. ¿Por qué? Vemos gente fina y principal que se fotografía para el álbum. ¿Para qué? Vemos un equilibrista haciendo volatines. ¿Ante quiénes? O vemos una familia a la vera del patriarca, un anciano que nos observa con un pronto desafiante o protector…”. Leer más en El País (aquí).

En el catálogo, entre otros, colaboramos Encarna García Monerris y yo mismo. En sus páginas aparecen retratos y vistas insólitas del siglo XIX. Nuestro capítulo –que puede leerse como un homenaje a Rainer Maria Rilke— se titula “Hay mucha gente, pero más rostros aún”. La identidad fotográfica en la Valencia del Ochocientos. Reflexionamos sobre el pasado y sus vestigios fotográficos y decimos:

“El pasado no existe, no es. Los individuos van muriendo y si hablamos de tiempos más o menos remotos no queda nadie que nos pueda referir historias de su vida, las proezas o las miserias. Por otro lado, si alguien milagrosamente hubiera rebasado la frontera del tiempo llegando hasta nosotros, su rostro avejentado y sus huesos cariados no serían los del joven que fue. La cara cambia, el cuerpo se transforma, la identidad de cada uno experimenta mudanza y los actos no perduran, aunque sí sus efectos. ¿Vale la pena tener esperanza en el porvenir? No hay futuro porque de nosotros todo se pierde: pero no a causa de la muerte venidera, sino por este presente que ya se disipa, un instante fugaz, que está aquí y ya no está, un momento que se ha desvanecido. Todo instante es, así, lo único que cuenta y de ese momento quedarán o no ciertas huellas”.

Siempre regresamos a lo mismo, a ese pasado que aún está. O a ese presente que ya se disipó. Justamente, lo que los poetas o los fotógrafos anhelan expresar.

Hemeroteca del día

   Justo Serna, “Aún están vivos”, El País, 2 de marzo de 2011.

 

Hemeroteca del mes

Acaba de aparecer el nuevo número de Ojos de Papel. No se lo pierdan. Aparte de la reseña del libro de Miguel Veyrat, hay otros textos polémicos y reflexivos. Quiero mencionar especialmente la tribuna de Rosario Sánchez Romero, titulada: “Aquellos eran tiempos”. El pasado y la identidad en la obra de Antonio Muñoz Molina.



36 comments

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  1. Marisa Bou

    ¡Ah, señor Serna! Usted es, siempre, oportuno. Además de preciosista en sus descripciones. Si alguna vez me quedara sin ojos, me gustaría que fuera usted quien me contara aquello que no puedo ver, porque lo entendería mejor que si lo estuviera viendo.

    Hablo de oportunidad porque, recientemente, le he perdido la pista a una importante (para mí) colección de fotos del siglo pasado y no sé si las podré recuperar. En cuanto pueda -y salga de mi actual condición de vizcondesa demediada- iré a ver esa otra colección fotográfica de la que nos habla.

  2. jserna

    Marisa, eso que escribe es el piropo más grande que me han dicho. Por los clavos de Cristo. Qué bonito. Por Dios.

    Aunque no somos comisarios de la Expo y sólo somos colaboradores del catálogo, a Encarna y a mí nos gustaría acompañarla, visitando una muestra cuyas fotografías sorprenden.

    ¿Y eso que dice de que ha perdido la pista a una colección de fotos del siglo pasado? ¿Pero eso qué es?

    Reciba un fuerte abrazo.

  3. Leda

    ‘Aún están vivos’ es un artículo precioso, don Justo, que no deja de recordarnos la finitud de nuestra existencia; como la poesía del Sr. Veyrat, tan vertiginosa… ay.
    ¡Cuántos “espejos deformados” nos rodean!

  4. jserna

    Leda, cada vez que leo poesía y cada vez que veo una fotografía del pasado, experimento las mismas impresiones: levedad y un punto de tristeza.

  5. Miguel Veyrat

    Escribo todavía impresionado por tu honda sutil, enérgica, recia lectura de este libro nuevo que seguimos escribiendo todos sus lectores, incluido yo mismo que no hago otra cosa que leer el mundo en sus hechos, no en sus cosas, como diría Wittgenstein —tan querido por nosotros. Como el propio Prieto de Paula, editor y prologuista del libro con un excelente ensayo, cada uno construimos un libro distinto con los poemas que uno de nosotros ha escrito: Hoy mismo le tocó este amigo vuestro que soy yo desde hace tanto tiempo y que ha decidido dedicar sus últimos años por entero a la poesía.

    Así sucede, pues, que el poeta cuando trabaja, teje o arma un libro en su mente, siguiendo los latidos que le dicta el universo en ese momento de su vitalidad, no puede separar con facilidad unos poemas de otros (al menos en mi caso) y por lo tanto muchas veces las piezas de un mismo libro no pueden “entenderse” unas sin las otras por los demás lectores. El trabajo de Prieto, y tú lo has entendido muy bien al proponer tus fragmentaciones de lectura o lecturas sucesivas e independientes, ha sido hallar aquello que de común yacía en los cuatro libros, escritos de seguido a lo largo de los últimos diez años, para configurar ese mundo que se transparenta a través de La Puerta Mágica, que abre sus puertas a todos los actos humanos que sólo cobran sentido en el lugar de encuentro con el Otro, sea en un Jardín, yermo o en la simple nada (¿Recuerdas cómo te impresionó aquel verso donde dos seres intentaban abrazarse entre la niebla desde un acantilado a otro? Sólo la palabra, otro acierto tuyo al citar a Filón, que no en vano es el enlace entre la vieja cultura bíblica en la Alejandría del Siglo I con el Logos traído por los griegos hasta ella, para dar lugar al “individuo” que protagoniza toda nuestra cultura llamada “occidental” o judeocristiana e ilustrada).

    Tú has descubierto y escrito y descrito pues, otro libro que latía tras el palimpstesto de Prieto y tras los papiros míos escritos uno tras otro febrilmente buscando la unidad que ahora resplandece en vuestros dos textos. Muchas otras cosas te diría y te diré; e iré diciendo a ti y nuestros amigos pues estos encuentros y desencuentros sobre puentes de lianas sobre selvas y jardines, acantilados y fosas que hemos creado a lo largo de estos, si no calculo mal, diez años de amistad, ya no pueden terminar.

    Gracias, Justo, por leerme e invitar a hacerlo con tanta atención; y por tu empeño en desentrañar día a día lo desentrañable, por hacer que la poesía siga alimentando brasas en la mente de las personas. Por leerme cerca del Arno sin desmayo, cerca de Encarna, inteligente y tierna como siempre, proyectando tus haces de luz sobre esas páginas.

  6. Alejandro Lillo

    El poemario de Veyrat es maravilloso. Qué quieren que les diga. Compren el libro, ábranlo por cualquier página y lean:


    Para existir por fin
    arriesgaré la vida
    sediento de luz que nace
    donde ardes tú donde
    respiras tú los ritmos
    del puro y alto cielo

    Me maravilla la fuerza del “tú” en este fragmento. Parece mentira que ese “tú” pueda encerrar tamaña declaración de amor.

    Me permitirán que reproduzca los primeros versos de “Instrucciones para amanecer”, ese poemario que tanto me perturba, entre otras razones, por cosas tan sencillas como esta:

    A menudo
    la niebla me habita.

    La reseña de don Justo es muy bonita. Es difícil, muy difícil, condensar la poesía de Veyrat en unas pocas líneas, pues la fuerza de sus versos escapa a todo intento de captura. Es algo que se siente, que apela a algo tan profundo, que resulta complicado sacarlo de ahí.

    Felicidades a ambos. Es un lujo leerles.

  7. Alejandro Lillo

    ¡Menuda palabra que he escogido para calificar su reseña! Lo que quiero decir es que me parece una buena reseña porque hace un acertado análisis de los motivos y temas de la poesía de don Miguel, porque invita a su lectura y sugiere variadas interpretaciones, y finalmente, porque estéticamente es bonita, leñe.

  8. jserna

    Por Dios, Alejandro, qué ganas tiene de torturarme. Touché. Usted sabe que la palabra “bonito”-“bonita” me recuerda a Pau Donés. Aquella canción se me atragantó.

    Otra cosa: acabo de escuchar en la radio una versión de ‘La quiero a morir’, de Francis Cabrel. Esa canción, tan kitsch, siempre me gustó. Data de la época en que yo era muy joven… Ahora hay una versión de Pau Donés y Alejandro Sanz muy buena.

    O muy bonita.

  9. Hemeroteca Díaz Prósper

    José Aleixandre, “Un tesoro en blanco y negro”, Levante-Emv, 25 de febrero de 2011.

    La Universitat enseña la Valencia del siglo XIX y XX con 550 fotografías de la colección Díaz Prósper

    La exposición de la colección Díaz Prósper invita a realizar un viaje en el tiempo para ver la Valencia del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, sus monumentos, playas, los hombres y mujeres que la habitaban y su vida social, política y cultural. Las 550 fotografías que componen la muestra son la esencia de la colección de Juan José Díaz Prósper, compuesta por 13.000 fotografías. En la elección de las imágenes se ha valorado la importancia histórica de la fotografía, la estética y los fotógrafos que las realizaron.

    Leer más aquí:
    http://www.levante-emv.com/cultura/2011/02/25/tesoro-blanco-negro/785732.html

  10. Alejandro Lillo

    Suscribo las palabras de doña Marisa y me adhiero a las de Leda, de clásicas resonancias. El artículo sobre la exposición fotográfica de La Nau es magnífico. Iré a verlo, desde luego, y pienso llevarme a mi hija (le gustan mucho las fotografías y los cuadros. En eso, entre cotras muchas cosas, se parece a su madre). Tengo ganas de ver a ese equilibrista “en vivo”.

  11. jserna

    Hola, buenas. Gracias por sus palabras, Alejandro.

    Después voy a volver a ver las fotografías de Díaz Prósper, a examinar alguno de sus pequeños tesoros. Y volveré otro día…

    Si ustedes no me dicen nada en contra, esta tarde –‘a poqueta nit’–, nuevo post.

  12. jserna

    Me he escapado esta mañana a ver otra vez las fotos de Díaz Prósper. Ese fondo, esa colección, es sencillamente espectacular. Hay que felicitar a la Universidad por la organización de dicha muestra.

    Sin embargo, desde mi punto de vista, la Exposición tiene un par de problemas, frecuentes hoy en día. ¿Cuáles son? La presentación minimalista. Hay textos de pared, sí, pero, a mi juicio, son escasos. Hubiese preferido más texto que diera contexto: por cortesía con el espectador. No hay que pecar de didactismo, pero tampoco hay que pasarse con el minimalismo.

    Por otra parte, la insistencia en la pieza original –comprensible desde el punto de vista del rigor– hace que las fotos pequeñas ocupen buena parte de las paredes y que las reproducciones grandes sean escasas. Resultado: a mucha gente se le escapará la espectacularidad de lo fotografiado. A fuerza de respetar el tamaño y la pieza originales –algo que en términos fotográficos tiene su guasa– reducimos el efecto.

    Pero, bueno, todas estas cosas que digo son ganas de incordiar. No se la pierdan.

  13. Miguel Veyrat

    No puedo disfrutar de esa exposición, verdaderamente notable por vuestros comentarios, por motivos de distancia, pero sí me alegro de haber seguido uno de los consejos de Justo y he leído de cabo a rabo con inmenso placer y provecho el artículo de Rosario Sánchez Romero, que me ha descubierto no sólo algún aspecto que ignoraba de la obra de nuestro Galdós contemporáneo — que en caso de necesidad podría muy bien convertirse en el cronista de “A sangre y fuego” pues también lleva la esencia de Chaves Nogales en la sangre—, sino que engrandece aún más, a mi entendimiento, el inmenso trabajo didáctico que acerca de la obra de Antonio Muñoz Molina ha realizado Justo Serna en las páginas de este blog. Ello me permitió, por ejemplo, disfrutar en toda su crudeza literaria la historia apasionante en tantos aspectos narrada en “la Noche de los tiempos”, texto a mi juicio imprescindible para entender en toda su dimensión la decadencia de un presente español que ni pudo ni podrá cuajar sin una reforma en profundidad de la conciencia trabada desde el 98. Sólo por poner una fecha reciente. Enhorabuena pues a los tres, a Serna y Sánchez Romero, y a mi amigo Muñoz Molina por disponer de tales cronistas.
    Quedo con la añoranza de Díaz Prosper. Pero ya me lo cuentan muy bien todos ustedes.

  14. jserna

    Pensaba cambiar el post. Pero no lo voy a hacer. Lo haré mañana sábado. La precisa y generosa intervención de Miguel Veyrat me hace regresar a su poesía y a mantener este post. Como dice, hay que felicitar a Rosario Sánchez. Punto y aparte.

    Hace una semana, justamente una semana, yo estaba en Florencia en un acto académico. Cuando regresaba tras la jornada de discusión, para reposar o para mirar de otro modo, releía los poemas de Veyrat (digo “releía” porque ya los había leído varias veces: en sus libros originales y en este nuevo compuesto por Ángel Luis Prieto de Paula). Sería muy tonto de mi parte decir que eran un lenitivo. No. Eran un trastorno. En el mejor sentido de la palabra.

    Recuerdo un lector de este blog que dijo en cierta ocasión que los poemas de Veyrat le ponían mal cuerpo: corríjame, Miguel, si me equivoco. La expresión es muy ordinaria, pero creo que esa persona acertó. No puedes leer un poema y que el cuerpo se te quede igual.

    Veyrat nada tiene que ver con Quevedo. Pero no sé por qué su poesía me ha hecho recordar uno de las creaciones más eximias de don Francisco:

    Vivir es caminar breve jornada,
    Y muerte viva es, Lico, nuestra vida,
    Ayer al frágil cuerpo amanecida,
    Cada instante en el cuerpo sepultada:

    Nada, que siendo, es poco, y será nada
    En poco tiempo, que ambiciosa olvida,
    Pues de la vanidad mal persuadida
    Anhela duración, Tierra animada.

    Llevada de engañoso pensamiento,
    Y de esperanza burladora y ciega,
    Tropezará en el mismo monumento,

    Como el que divertido el Mar navega,
    Y sin moverse vuela con el viento,
    Y antes que piense en acercarse, llega.

    Seguimos, pues.

  15. Ysabel Zarzuela

    “Pero yo seguiré por aquí
    despierto y extendido -arañando
    la niebla con las manos,
    deseando ser
    metáfora de nuevo.”

    Ojalá sea así siempre, Sr. Veyrat. Gracias por su hermoso y vertiginoso regalo.

  16. Miguel Veyrat

    Gracias a los dos. Respondo con uno de los últimos poemas escritos: Habrá diez años más de Veyrat si la fuerza que el universo presta al corazón humano me concede aliento. Pero lo único que sé es escribir poesía. Respondo pues con uno de los poemas del libro que estoy terminando de corregir —quién sabe cuándo se publicará—, y que en su primera parte trata del drama vivido en el espacio por Ese instante terrorífico en que ya no es posible el abrazo entre Orfeo y Eurídice pues, como dice Ovidio en sus Metamorfosis, se convierte en humo:

    El quiso mirar en la noche por asegurarse el día
    donde la amante pudiera sostener
    se en vida. Ausencia sin fin
    en paradojas de aliento en torno a nada. Aura
    en tajo abierto a la voz del mundo
    poeta mudo. Desnudo sobre
    tal desgarro, mira sólo al punto oscuro: noche
    y muerte — o al arte o amor
    entre el deseo. Lugar de la escritura
    desde un afuera que aniquila
    toda palabra inicial. Mutación perpetua fondo
    del gran hoyo en aquel no.
    Ambos sucumbieron en la aventura:
    Nunca nace el canto donde alumbra la luz del día.

  17. Miguel Veyrat

    ¡Ah! y al que la poesía le ponga mal cuerpo es que se le sale el “daimon” de los adentros y le muerde las “asaúras”, como dicen en Andalucía. A quien la poesía verdadera le ponga malo el cuerpo ahí tiene a Rafael Duyós, el del “Piyayo” o “la Chata”, que hacen pasar buenísimos ratos en torno a la mesa camilla con sus recitativos, miméticos y todo. Salud y buenas noches. Por mí, el Show puede continuar: hay otros eximios representantes contemporáneos de la poesía “figurativa” o “de la experiencia”.

  18. Miguel Veyrat

    Continúo esta mañana, pues he reflexionado sobre lo que plantea Justo en el fondo, y tampoco quiero que mal-interpreten mis anteriores palabras que no iban dirigidas, por supuesto, a ustedes. Intento explicarme, pues. Muchas personas sienten incomodidad, ese mal cuerpo citado, ante todo aquello que no representa la realidad inmediata, palpable, placentera y de fácil acceso. Cuando la muerte aparece tan frecuentemente en mi poesía, lo hace en términos alquímicos, representando la renovación transformadora de aquello que nos presta la naturaleza por un tiempo en el que usamos de la mente individual e intransferible que nos permite conectar con la comprensión del mundo. A la naturaleza vuelve luego la materia y se funde con todo lo Otro en la tierra, el fuego, el agua y por tanto al aire en la que llegó y al que regresa.
    Muchas de esas personas a las que me refiero, en lugar de ejercer libremente las facultades mentales que les permiten acceder a las artes para conocer el mundo y comprenderse, se refugian en cambio en las religiones montadas por los nigromantes que se aprovecharon de la destrucción operada por Platón y sus seguidores de la auténtica sabiduría (Colli), convirtiéndola en normas “lógicas” que alimentan leyendas sobre vidas futuras soñadas por profetas embaucadores siempre al servicio de cualquier poder. El fracaso de “Repúblicas” estelares y epígonos celestiales para solucionar los problemas que plantea al ser humano la búsqueda agónica de la felicidad y la subsistencia, nos lleva a vivir, al menos a mi, una sola actitud mística, la de la incertidumbre. La única que, a mi juicio, puede llevar al poeta a una comunicación sincera de sentimientos compartidos con los demás mediante el lenguaje.

  19. jserna

    Sr. Veyrat, no tema: se ha explicado perfectamente. No hay malentendido. Cuando yo citaba las palabras de aquella persona que decía que su poesía le ponía mal cuerpo creo que quería decir toscamente lo que usted acaba de señalar.

    Yo no veo mal eso de que la poesía te ponga mal cuerpo: hay una imagen muy extendida y superficial según la cual un verso es lo bello indoloro, la expresión insustancial. La poesía ha de trastornar y ha de perturbar el espíritu. No hablo de la experiencia, sino de la inquietud interior que el pincel también puede pintar en esbozo.

    Regreso nuevamente a Quevedo y les dejo el arranque de un poema suyo, “Tú, si en cuerpo pequeño”·, que me gusta especialmente y que expresa lo que quiero decirles:

    Tú, si en cuerpo pequeño,
    eres, pincel, competidor valiente
    de la Naturaleza:
    hácete el arte dueño
    de cuanto crece y siente.
    Tuya es la gala, el precio y la belleza;
    tú enmiendas de la Muerte
    la ienvidia, y restituyes ingenioso
    cuanto borra cruel. Eres tan fuerte,
    eres tan poderoso,
    que en desprecio del Tiempo y de sus leyes,
    y de la antigüedad ciega y oscura,
    del seno de la edad más apartada
    restituyes los príncipes y reyes,
    la ilustre majestad y la hermosura
    que huyó de la memoria sepultada.

    (…)

  20. Isabel Zarzuela

    “La poesía ha de trastornar y ha de perturbar el espíritu”.

    No lo podría expresar mejor. Así ha de ser la buena novela, el buen cine, la buena fotografía… en definitiva, una buena obra de arte. Así es la poesía de Miguel Veyrat.

  21. Miguel Veyrat

    Gracias, Justo, precisamente hace unos días, mientras usted paseaba leyendo a orilla del Arno, en Berlín pasé largo tiempo contemplando el bellísimo rostro de Nefertiti y se me ha quedado temblando en el cráneo un poema sobre el tiempo y el arte, que aún no quiere salir ahí y coincide con los versos de aquel espléndido y complicado poeta; y también con muchos de los pensamientos que ha desarrollado Antonio Muñoz Molina en sus artículos, como buen experto. Sin mencionar la música, que se desarrolla precisamente en el tiempo y a ella debe la poesía toda su esencia de grito modulado.
    Y voy a cometer otro error librando dos inéditos recién escritos (ojo que pueden cambiar y cambiarán cuando sean publicados):

    Vivo fuera de la polis
    de lo escrito
    de la piedra sobre piedra.
    Un mundo sólo
    de carne donde la sangre
    es el único sol
    que me calienta el habla.
    Bla bla bla. Bar
    bar bárbaro me quiero.
    Vibra la tierra
    bajo mis alegres pezuñas.

    *

    Este es el tiempo que narro
    en ritmo de notas doce
    canto serial de sentidos
    —o así lo creo por decir
    que existo en sus verdades
    o en la ficción opuesta
    a cualquier verdad creada.
    Nunca me convertiréis
    en factor de certidumbres.
    Mi zampoña no se oculta
    no causa miedo ni delirios
    reúne todos los sones
    y no llegan de ultratumba.

    Pues qué quieren, en eso estamos.

  22. Miguel Veyrat

    Donna Ysabel, su correo se cruzó con el mío. ¿Cómo no voy a estar de acuerdo con usted que como buena romana sabe que el único filósofo deificado en el Palatino fue aquél que dejó su huella en la ceniza que rodeaba el cráter del volcán? Claro: “Vemos la tierra por la tierra, el agua por el agua, el aire divino por el aire y el fuego destructor por el fuego. Comprendemos el amor por el amor y el odio por el odio.” Fr. 109). El sí sabía lo que podría ser poesía, lo que en el fondo ignoramos todos en su complejidad.

  23. jserna

    El poeta es como el flautista: atraerá, reunirá y guiará a todos aquellos que se dejen llevar por su música. Pero no es un demagogo y ni un profeta. Nada promete: desvela y nos devuelve a lo terrenal. Por eso: “Mi zampoña no se oculta / no causa miedo ni delirios / reúne todos los sones /
    y no llegan de ultratumba”.

  24. Marisa Bou

    Y yo quisiera ser como el poeta, que piensa sólo en versos, libres o medidos, pero versos, y no en prosa seca y dura, prosaica y aburrida, la del que no tiene nada que contar y espera ilusionado a que todo se lo cuenten los poetas.

    Yo, tan pobre en tesoros mundanos, soy rica en poetas que alegran mi letárgica existencia: ¡ah, ojalá les hubiera conocido antes!

  25. Miguel Veyrat

    Pero le queda aún mucho tiempo, querida Marisa. Disfrútelo haciendo lo que le venga en gana, como leer poesía: vicios más raros existen.

  26. jserna

    Exactamente, Marisa. Lo que dice Miguel. Es un placer finísimo leer poesía, algo que está vedado a muchos tipos vulgares de nuestro tiempo.

    Por otra parte, Marisa, sabe que tenemos pendiente una cena-picaeta con algunos de los amigos de este blog. Estábamos a la espera de su respuesta. Puede indicármela por correo electrónico para quedar la semana que viene.

    Abrazos.

  27. Rosario Sánchez Romero

    Ando estos días un poco desconectada, recibo viento cálido del Sur.

    Muchas gracias por la parte que me toca Sr.Veyrat, esta y otras reflexiones, son el resultado de las gratas conversaciones que, sobre la obra de Antonio Muñoz Molina, he mantenido con Justo Serna a lo largo de más de un año. Sus observaciones y sus consejos, sin duda han mejorado este trabajo.

  28. Miguel Veyrat

    De nada Rosario, y si anda usted por el Sur, estaré encantado de coincidir con usted en Sevilla y tomarnos media “tostá” en cualquier terraza agradable, como “Modesto” y charlar de libros y cosas y vidas. El señor Serna le dará mis señas y teléfonos.

  29. jserna

    Rosario, le agradezco sus palabras: me refiero a su mención a las conversaciones que hemos mantenido sobre la obra de Antonio Muñoz Molina.

    Un saludo.

  30. Rosario Sánchez

    Sr. Veyrat es usted muy amable,ya me gustaría andar por esa ciudad tan evocadora para mí, pero quién sabe, a lo mejor alguna vez coincidimos. Disfrútela y tómese unos vinos por “el barrio” o por Triana a mi salud.

    Justo,no hay nada que agradecer. Un saludo

  31. jserna

    ¿Alguien que se hace llamar ‘Anonimito’ me pide que cambie el color azul de las letras? ¿Y además me pone en mayúsculas –que en Internet es gritar– la palabra coño?

    Se siente y espere. Oiga, pollo, identifíquese y guarde las formas.

  32. Anonimito

    Te lo pido por el bien de tu blog
    Estar leyendo letras azules durante mas de 5 minutos acaba por molestar a la vista.

    P.D: usted si que es un pollo

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