Queremos tanto a Drácula

A Alejandro Lillo

 ” Leer la novela Drácula y escribir una reflexión. Esos fueron los deberes que la hija de José María J., alumna del Colegio Imperial Niños Huérfanos San Vicente Ferrer de San Antonio de Benagéber, llevó a casa el pasado miércoles. Pero el padre de esta niña de 10 años no ha querido que la alumna haga los deberes y se ha quejado formalmente ante la dirección de este colegio católico. José María califica de “escándalo” y le parece “inaudito que en una escuela católica obliguen a los menores a leer este tipo de libros (…). Cuando el progenitor reparó en el tipo de trabajo que le habían mandado a su hija, “arranqué las hojas con las imágenes del cementerio y de los muertos y lo grapé junto con una nota dirigida a su profesor´´.  En el escrito que remitió al colegio, José María se preguntaba si podía estar tranquilo ante lo que le obligaban a leer a la niña, y reflexionaba sobre el tipo de educación que recibe, precisamente en un centro católico de la solera del Colegio Imperial San Vicente Ferrer”

He esperado durante semanas el desarrollo de esta noticia. He aguardado a ver cuál era su resultado. Apareció originariamente en Levante-Emv con un titular bien chocante: “Un padre prohíbe a su hija de 10 años estudiar Drácula por su simbología anticristiana”.  He esperado y, salvo despiste, no he visto que el propio diario –o algún otro medio– haya dedicado atención a este hecho.

Eso significa que la noticia está en suspenso. Quizá por haber perdido interés informativo. Quizá por estar ya  todo resuelto (¿el qué?). O quizá por haberse olvidado los periodistas de este asunto, dejando de seguir al padre, a la niña, al profesor o al Colegio Imperial. Alguien puede responder que todo eso es cierto y a la vez. No sé, no sé.

Tal como se detalló, la actitud censora del padre provocó la oposición de otros profesores o el desconcierto en el propio centro de enseñanza. ¿Había razones para sentir inquietud por la vuelta de Drácula a las aulas? Un progenitor que se opone a que la muchacha lea Drácula debe de ser esclavo de una concepción mojigata y severísima, tendemos a pensar. Si rechaza por anticristiana Drácula, entonces ya puede empezar a administrarle una dieta bien estricta a su hija. Abundan las novelas, las series televisivas o las películas con motivos de esta índole. Por tanto, deberá estar muy atento en su actividad censora. Si consigue  imponerle un menú sin proteínas antirreligiosas, será un santo y su hija quedará libre de todo pecado, creciendo en un ambiente de moral estrictísima. De entrada, las reacciones contrarias a la censura parecen razonables: no hay que prohibir, Drácula es un clásico, etcétera.

“Me gustaría hacer lo mismo que las mujeres que se dedican al periodismo: hacer entrevistas, describir lo que he visto, recordar e intentarlo, las conversaciones oídas y transcribirlas con toda fidelidad”, confiesa Mina Murray –luego Mina Harker— en una carta que dirige a Lucy Westenra.

O como añadirá en una entrada de su Diario personal: “…en esa profesión lo esencial es tener memoria; ser capaz de reproducir exactamente cada palabra pronunciada por la persona entrevistada, aunque después fuese preciso mejorar algo el estilo”.

Como podemos ver, las enseñanzas que Mina Harker tiene bien aprendidas son muy sensatas. Los periodistas podrían aplicarse el cuento. Y sobre todo deberían preguntarse lo primero, lo básico.

En las reacciones periodísticas, en la respuesta del profesor y del colegio no he leído lo esencial: que Drácula es una novela inadecuada para una niña de 10 años; que es una novela ardua; que efectivamente trastorna. Y que el papel reservado a las damas en dicha obra es activo e imaginativo, pues registra los cambios que se están dando a finales del siglo XIX. Anuncia alteraciones aún más profundas.

El Conde Drácula tiene tratos lascivos con Mina y Lucy y hay una fortísima carga erótica en dicha obra, una carga no siempre explícita, pero sí perturbadora. Las novelas –las novelas grandes, aquellas que nos conmueven– tienen su edad, su momento y son material muy delicado: nos perturban, en efecto, y nos cambian. ¿Una niña de 10 años leyendo Drácula? La novela es narrativamente compleja, tan compleja como para que sólo la puedan degustar paladares más crecidos, más refinados. Tiene consecuencias morales: entiendo que un padre severo, celoso guardián de la educación de su hija, se alarme. Puede que el progenitor se asuste por la presencia de muertos que sobreviven en la irreligión durante siglos. O puede que atisbe la orgía carnal a la que se entrega el vampiro con muchachas presuntamente inocentes.

Me gusta este caso, este caso de censura. Revela la potencia de las novelas, de ciertas novelas: la capacidad que aún tienen para condicionar nuestros actos, para trastornarnos. Revela también la vigencia de los clásicos: una obra publicada en 1897 todavía escandaliza. Porque quiero pensar que el profesor pasó a sus estudiantes la edición completa de Drácula y no una versión adaptada, depurada. Por lo que leemos en el diario, el padre arrancó las páginas más peligrosas. Sabía lo que hacía: si a esta novela se le quita una página, la amputación es irreparable. Toda ella, compuesta de documentos añadidos, complementarios, es material inflamable: quienes la lean se condenarán, irán al Infierno.

Muchos están allí desde hace un siglo. Allí sigo yo, ardiendo en deseos, en deseos por volver a leerla.

Blogosfera:

Drácula, La biblioteca del hijo

Yo, narrador. La imaginación histórica de los novelistas españoles

21 comments

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  1. jserna

    Sr. Montesinos, aunque me felicita en el otro post, permítame agradecerle su cortesía en este nuevo que hoy publico. Un abrazo.

    Ah, y otra cosa: he corregido algunas erratas que aparecían en el post, fruto de una confusión. Ahora está más apañado.

  2. Marisa Bou

    Título para una novela: “El extraño caso de Drácula y el padre de la niña de 10 años”. Porque aquí, el “prota” es el padre de la pobre niña.

    Es cierto que los padres deben cuidar -en lo posible- la dieta lectora de sus hijos. Aunque la comparación sea un poco chusca, no puedes dar un cocido madrileño a una criatura que todavía come papillas. Pero, a poco que nos fijemos, todos hemos podido ver cómo los bebés de corta edad tratan siempre de echar mano al plato de los mayores. Allí hay cosas que llaman su atención y tienen pinta -a juzgar por el deleite con que ellos lo comen- de estar ricas. Así que ¿porqué no probar?

    Pero el hecho periodístico que aquí se comenta no es exactamente lo mismo. Más bien parece que el plumilla quiere destacar el valor (?) de un padre que se enfrenta a los educadores de su hija, temeroso de que estropeen la labor que se ha impuesto de quitar del camino de su hija cualquier escollo que juzga infranqueable y que la aleja del paraíso soñado. Y aquí viene mi duda:

    ¿Es realmente posible que una niña de 10 años lea “Drácula” con provecho?, me pregunto. Pues depende. Del desarrollo intelectual de la niña y de la buena voluntad de sus padres, explicándole la diferencia entre lo real y lo imaginario -que no entre lo religioso y lo irredimible, que eso es “otra” parte de la fantasía- de manera que la niña pueda ensanchar su imaginación, al tiempo que obtiene enseñanzas que pertenecen -no obstante la ficción- a la vida real, como demuestra el párrafo que reproduce el señor Serna, en el que una joven se plantea la profesión del periodismo en una época en la que sólo los hombres eran profesionales, con alguna (mala) salvedad.

    En fín, aunque el padre me parece un pazguato y un zafio, creo que la escuela no ha meditado mucho tampoco: hay otras cosas que dar a leer a una niña (o niño, tengamos la fiesta en paz) de 10 años antes que “Drácula”. Y que la prensa está dejando de ser un lugar donde crear opinión, para convertirse en uno donde se relatan anécdotas que rellenen el papel, sin hacer de ellas el análisis que las sitúe y las explique. ¡En fin, es lo que hay!

  3. jserna

    Sra. Bou, suscribo casi todo lo que dice de principio a fin. De nuevo, Marisa, analiza finamente. Sin embargo, no diría que el padre es un pazguato y un zafio. Es un señor de moral severísima ante el que los profesores o la escuela –ese Colegio Imperial– se doblegan o se achantan. Tengo la impresión de que el padre sabe muy bien una cosa: con ‘Drácula’ se la juega. Comparto con usted la crítica de la prensa: Mina Harker sabe mucho mejor cuáles son la tareas del periodista que tantos de los periodistas actuales.

  4. Marisa Bou

    Es probable, señor Serna, que el padre de marras sea un hombre finamente educado. Lo que pasa es que a mí me parecen groseros todos los creacionistas, en particular los apostólico-romanos. Es una opinión.

  5. jserna

    Joseph de Maistre fue el autor de Consideraciones sobre Francia, un panfleto contra la Revolución francesa. Escribió también una apología del Papado. Fue tan exagerado su opúsculo que asustó al Papa. Creo que los reaccionarios tienen clarividencia. En un cierto sentido… Felizmente, no todos los católicos son como De Maistre ni todos son reaccionarios. Pero estoy seguro de que de haber vivido ahora, De Maistre habría detestado ‘Drácula’.

    Marisa, un abrazo.

  6. aleskander62

    Es una buena novela, Drácula de Bram Stoker. Las versiones que más me gustan para el cine son Nosferatu de W.F. Murnau y Nosferatu de Werner Herzog. La versión de Francis Ford Coppola no está mal tampoco. La versión de Tod Browning con Bela Lugosi es muy curiosa, una rareza. No me gusta ya mucho la versión de Paul Morrissey (Andy Warhol).

  7. Alejandro Lillo

    Señor Serna, le agradezco mucho esa dedicatoria. Y suscribo todo lo que dice sobre está genial obra de Stoker.
    Drácula, en efecto, es un novelón. Sin ir más lejos la primera parte, aquella en la que Jonathan Harker visita el castillo del conde, es perfecta. Lo que no acabo de ver es el sentido del titular del Levante. Drácula no es una novela anti-cristiana, más bien resulta ser al contrario. Los personajes protagonistas se enfrentan al vampiro con la ayuda de Dios. En este sentido la novela no se sale de lo que sería la moral burguesa de la época. En otros, como ha ha apuntado doña Marisa, sí.

    Desde luego don Justo, y también doña Marisa, llevan razón. Mina Murray (más tarde Harker) es una mujer excepcional, avanzada a su época y, mucho más inteligente que los varones –todos unos machotes- que supuestamente la protegen. Y es mucho más cuidadosa como periodista que algunas personas de la profesión.

    Por lo demás, sigo coincidiendo. Que una novela escrita hace más de cien años siga generando polémica por los temas que aborda, es algo muy interesante. Si se compara, por ejemplo, con Crepúsculo, la famosa novela de Stephanie Meyer, el resultado es por lo menos curioso, pues se percibe mucha más modernidad en el Drácula de Stoker que en la novela de Meyer.

    Más adelante seguiré. Ahora, si me disculpan, me vuelvo al ataúd. Debo reposar para esta noche.

    Volveré.

  8. jserna

    Mujeres, violencia y periodismo. Un siglo después de Drácula

    1) A propósito de la violencia, de las mujeres y del periodismo, leo una noticia absurdamente escrita y planteada (cuya redacción habría desaprobado Mina Murray):

    “La madrugada del viernes al sábado Nicolas Cage perdió el control en Nueva Orleans (Estados Unidos). Según la web de cotilleos TMZ, el actor, de 47 años, fue arrestado por un cargo de abuso doméstico y otro de alteración del orden público.

    El intérprete, siempre según el portal TMZ, gritó y empujó a su esposa en la calle. Por eso, un taxista testigo de los hechos llamó a la policía. Cage, borracho, se encaró con los agentes, que tras recibir varias provocaciones del sobrino de Francis Ford Coppola lo llevaron arrestado a comisaría. En la oficina del sherif le ficharon a las seis y media de la mañana. Gracias a que su esposa no presentó cargos -aseguró que volvían a casa de una fiesta y que no hubo agresión física, solo verbal-, al cierre de esta edición Cage había sido liberado tras pagar una fianza de 11.000 dólares (7.620 euros). Alice Kim, su mujer, es su tercera esposa. Con ella tiene un hijo de cinco años llamado Kal-El. Viven la mayor parte del año en una casa en el barrio francés de Nueva Orleans”.

    http://www.elpais.com/articulo/agenda/Nicolas/Cage/detenido

    ¿Qué es lo absurdo? Ah…

    2) Leo y releo una noticia de Agencia. Su titular reza así: “Nicolas Cage, detenido por violencia doméstica“.

    ¿Nicolas Cage? ¿Violencia doméstica? No entiendo. ¿Por qué llamar violencia doméstica a la que un varón inflige a una mujer? No me refiero a la presunción de inocencia, que en la noticia parece descartada. Me refiero al calificativo: doméstica. ¿Qué lenguaje periodístico es ése, tan políticamente correcto y a la vez tan inexacto?

    y tan inexacto?

    Por otra parte, reproduzco una fotografía que se ha difundido.

    ¿Por qué añadirle a Cage este suplemento punitivo, esta humillación? La imagen parece confirmar la culpabilidad irrecusable del actor. Si es inocente, el daño ya está hecho.

    Esto es lo que en catalán se llama hacer las cosas a corre-cuita. Leí la noticia en El País. Supongo que los restantes medios reprodujeron algo semejante.

    3) Lola Mínguez en Facebook
    Doméstica? Le habrá pegado con una cacerola…. Eso no es lenguaje políticamente correcto. Es una estupidez. Violencia doméstica, violencia de género, violencia machista…?

    4) Justo Serna
    Leo y releo la noticia y no salgo de mi asombro.
    1. “Fue arrestado por un cargo de abuso doméstico y otro de alteración del orden público”. ¿Abuso doméstico? ¿Alteración del orden público?
    2. “Gritó y empujó a su esposa en la calle”, leo después. Más adelante, la noticia añade: “su esposa no presentó cargos -aseguró que volvían a casa de una fiesta y que no hubo agresión física, solo verbal”. ¿Un empujón es agresión verbal, pero no física?
    3. Y la precisión final, un agravante involuntario e incomprensible: “Alice Kim, su mujer, es su tercera esposa. Con ella tiene un hijo de cinco años llamado Kal-El. Viven la mayor parte del año en una casa en el barrio francés de Nueva Orleans”. ¿Tercera mujer? ¿Un hijo que se llama Kal-El? ¿”Viven la mayor parte del año en una casa en el barrio francés de Nueva Orleans”? Uf, esto desde el punto de vista periodístico ya es definitivo…

    5) Lola Mínguez
    Bueno, ya se sabe, que un empujón o un tortazo a tiempo, arregla muchas cosas…. Todavía hay mujeres que defienden esta teoría. La carrera de este actor? En teoría debería hundirse, pero nunca se sabe, al fin y al cabo se trata de Norte América.

    6) Justo Serna
    Yo no sé si Nicolas Cage ha hecho lo que las Agencias le atribuyen, esa violencia detestable que tanto se da por todas partes (y no sólo en Norteamérica). La presunción de inocencia aún rige. Lo que sí sé es que la noticia está redactada de una manera incomprensible y contradictoria: da por evidente la culpabilidad y además incluye datos e informaciones que parecen agravantes. Si de un simple mortal dieran una noticia así, no no nos salvaríamos. Nicolas Cage probablemente sí.

    7) Lola Mínguez
    Totalmente de acuerdo, Justo.
    Por cierto, espero que la lectura fuera muy bien!!!

    8) Justo Serna
    Fue muy bien. Muchas gracias.

  9. Facebook

    Agustín Celis Sánchez
    ¡Qué suerte tengo de dar clases en un Instituto público! Yo he invitado alguna vez a leerlo a algunos de mis alumnos y no ha habido quejas! Incluso les he puesto luego la peli de Coppola… ¡Qué maravillas! El libro y la película.

    Justo Serna
    ¿A qué edad? Desde luego, libro y película, maravillas. Quizá algo ampulosa la de Coppola. Pero bueno. Saludos.

    Cesar Boillos
    Qué buena película. Recuerdo dos frases que me encantaron:

    Cesar Boillos
    Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.

    Cesar Boillos ‎”He cruzado océanos de tiempo para encontrarte”

    Justo Serna
    Ah, felices e infelices Jonathan y Mina Harker…

    Cabello Ruiz
    Bueno, yo no sé a qué edad comencé a leer a Poe, Stoker o Bécquer, pero creo que sobre los 14. Igual Drácula es una novela densa para la niña de 10años pero desde luego resulta ridícula la actitud del padre.

  10. Jerónimo Stilton

    No entiendo que a una niña se le de a leer Drácula. No lo entiendo. Sí entiendo que le diesen “El pequeño vampiro” de Angela Sommer-Bodenburg. Pero, es demasiado para 10 años. Ni niño ni niña.

    A mí lo que me gusta es buscar el por qué y hacer teorías.

    Teoría 1. El profesor, hastiado por la pasión de la niña por las pelis de Crepúsculo le dice “Anda, toma esto y dejate de vampiros con purpurina”.

    Teoría 2. El profesor es un lascivo pederasta y tantea el terreno con la niña de 10 años.

    Teoria 3. El profesor, viendo que la niña se pierde por derroteros satánicos le da una novela donde el bien triunfa contra seres del Averno.

    Teoría 4.El profesor es anticatólico, satánico y le da esa novela para crear adeptos entre las niñas de su clase.

    Teoría 5. (mi favorita). El papá coge la novela para ojearla mientras come spaguetti con ketchup. Se mete un madeja de espaguetti de 8 cm de ancho y cuando intenta cerrar la boca se le cae todo sobre el libro. ¿Cómo explicar lo del bocado de dimensiones desproporcionadas (que no te cabe, tío. No vas a poder masticar). ¿Cómo explicar lo del ketchup en vez de salsa de tomate? ¿Que tienes? ¿5 años?.
    Solución: arranco las páginas y le echo la culpa de todo al profesor.
    Está claro, yo hubiese hecho lo mismo…

    Saludos

  11. jserna

    Yo he estado en esa situación: quiero decir, con una hija de 10 años. Jamás se me habría ocurrido darle a leer ‘Drácula’.

    Si es completa la edición, entonces no es una lectura adecuada. Es una novela compleja. Si es una versión adaptada, entonces se amputa a ‘Drácula’ parte de lo mejor: su erotismo, su lascivia, su lubricidad o su estructura narrativa, que es ardua. Ardua.

    Otra cosa es escandalizarse. A estas alturas, los jovencitos ya no se escandalizan de nada.

    Saludos.

  12. Alejandro Lillo

    Drácula es una obra fascinante en muchos aspectos. Uno de ellos tiene que ver con la forma en la que es narrada. O quizá sería mejor decir con la forma con la que son relatados los acontecimientos. Al estar compuesta por fragmentos de diarios, recortes de periódicos, cartas, etc, es muy importante, a la hora de analizar el comportamiento o las actitudes de los personajes, tener en cuenta quién está escribiendo, quién es el narrador de lo que se cuenta. Este aspecto no siempre ha sido tenido en cuenta a la hora de interpretar el sentido de la novela.

    Un ejemplo muy interesante lo tenemos en la relación que existe entre Mina y Van Helsing. Éste último, igual que la joven, es un personaje fascinante. Aunque dotado de numerosas virtudes y cualidades, podemos afirmar que es un “antiguo”, calificativo válido incluso para la época en la que Stoker escribió su obra, 1897. Tiene una opinión de la mujer tremendamente clásica, incluso medieval. Y los pazguatos que le siguen no le andan muy a la zaga, no se crean. No me extenderé sobre este asunto aunque quizá podría argumentarse convincentemente que estamos ante una especie de caballeros medievales que quieren cazar a un dragón (Drácula) y dejan a la princesa (Mina) encerrada en su torre. Pero no es eso lo que me ocupa ahora. Lo que me interesa resaltar es la forma en la que Van Helsing ensalza a Mina para subrayar así la importancia de los puntos de vista y de los silencios de la novela, aquello que no se escribe pero que permanece ahí, y que es, en realidad lo que la convierte, como afirma don Justo, en una obra excelsa. Lo no escrito por Mina, lo no dicho por Lucy, ni por el Conde, es lo que atraviesa esos “océanos de tiempo” (como dice César) para perturbanos y fascinarnos, para turbar e indignar a un pío padre de familia preocupado por la recta eduación de su hija. Pero vayamos al meollo de la cuestión.

    A su marido (Jonathan Harker) Van Helsing le dice: “Perdonará que este viejo le alabe diciéndole que su esposa es una bendición (…) Es dulce, sincera, noble, desinteresada… Y eso, permítame que se lo diga, significa mucho en estos tiempos escépticos y egoístas”. Y continúa: “es una de esas mujeres que hace Dios con su propia mano para enseñarnos a los hombres y a las demás mujeres que hay un cielo al que podemos llegar, y cuya luz se difunde ya aquí en la tierra”.

    La propia Mina anota una conversación con Van Helsing donde éste le dice: “¡Ah, es usted una mujer muy inteligente! –dijo-. Sé desde hace tiempo que el señor Harker es hombre de muchas cualidades; pero he aquí que su esposa posee todas las virtudes (…) Hay tinieblas en la vida –sigue Van Helsing- y hay luminarias también; y usted es una de esas luminarias. Usted vivirá una vida feliz y buena, y será la bendición de su marido”.

    Para el anciano doctor la cosa está bastante clara: el beneficiario de las cualidades de Mina va a ser en primer lugar su marido, no ella misma. Parece que el tipo de mujer al que alaba Van Helsing es el de una persona inteligente, previsora, preparada, dulce, sincera, noble, desinteresada, que cuida de su casa y su marido.

    Pero, ¿qué le contesta Mina cuando escucha esas alabanzas tan propias de la moral victoriana? ¿Saben lo que le responde? Esto:

    “Pero doctor, me halaga demasiado, y… y no me conoce”.

    La respuesta es brutal.

    Ahí está una de las claves para entender la actitud y el pensamiento de Mina. Lo que ella piensa de la mujer y de su condición no puede expresarlo abiertamente, no puede plasmarlo por escrito porque vive subordinada en un mundo de hombres. Pero el texto está lleno, siempre que escribe Mina, de reproches velados, y son abundantes los indicios que apuntan a que estamos ante una mujer extraordinaria. Eso sí, cuando quien “habla” es alguno de los personajes masculinos, Mina es un “ángel de hogar”, la perfecta esposa y madre.

    Pero desde luego, quien no entiende nada es Van Helsing. Como no comprende la respuesta de Mina, le contesta: “¿Qué no la conozco…? Yo, un viejo que ha estudiado durante toda [la] vida a los hombres y a las mujeres; yo, cuya especialidad es el cerebro y todo lo que a él se refiere…”.

    Menudo pringao.

    Ah Stilton, y no me tire de la lengua, que como me ponga con Crepúsculo…

  13. Juan Manuel González Lianes

    Dudo mucho que a esa niña le hayan obligado a leer la versión completa. Existen muchas versiones destinadas a los niños de obras clásicas con las que se pretende acercarles la buena literatura. Que el padre arrancara las ilustraciones confirma que pueda tratarse de un libro para niños. En cualquier caso, me parece ridículo que esgrima que aparezcan imágenes de un cementerio y de muertos para justificar su indignación.

  14. jserna

    Y yo, qué quieres que les diga, quien me inspira toda la simpatía es el Conde Drácula. Mina, Jonathan, Van Helsing, etcétera, son personajes de su tiempo. Con ideas avanzadas o rancias, pero gentes bien ubicadas. En cambio, Drácula, pobre hombre, lleva siglos de mala vida. Es un tipo que se arrastra desde su pasado feudal. Pero es también un individuo peligroso que pretende adueñarse de propiedades, de bienes, en Inglaterra. Nada mejor para quien quiere estar en el centro del sistema capitalista del siglo XIX.

    ¿Una niña actual puede entender el papel que se reserva a las mujeres en esta novela? ¿Puede entender qué sociedad es ésa? Seguramente, con una lectura guiada, atenta, exigente, puede llegar al meollo. Pero el meollo es un trastorno profundo: la libertad y la lubricidad. Comprender esto es madurar. Y ésa es una gran enseñanza moral.

  15. Elèna Casero

    Ya tiene bastante la niña con ir al “Colegio Imperial” si el mismo nombre impone y tener un padre tal cual.
    Mis hijas leían “El pequeño vampiro” nunca se me ocurrió darles Drácula. Yo también suscribo totalmente lo que comentó la señora Bou y sus últimos comentarios. Creo que, ni siquiera con la lectura guiada, la niña podría comprender el trasfondo de la misma.
    Que le dejen tiempo para disfrutar de esa impresionante novela.

  16. jserna

    El nombre, Colegio Imperial, impone, sí. En cuanto al padre, no sé. No puedo pronunciarme. Fíjese, sra. Casero, que no sabemos nada o casi nada de nuestros padres y de las personas que nos rodean. Nos valemos de una máscara y nos presentamos en público: eso decía y desarrollaba Erving Goffman en un ensayo muy valioso que publicó hace cincuenta y tantos años.

    Cada vez lo pienso más: no sabemos prácticamente nada de quien creemos conocer. Y los demás no saben de nosotros prácticamente nada. Mejor así. O quizá no. El caso es que una parte fundamental de nuestras vidas se consume sin verbalizarla, una pura cavilación que no expresamos. Luego vienen el historiador o el biógrafo y creen revelar lo esencial de esas vidas por el simple hecho de haber accedido a una parte infinitesimal de los documentos que fuimos elaborando y subsistieron.

    ¿Qué sabemos de Drácula, del personaje? Sólo lo que otros dicen de él y eso que dicen de él depende de unos documentos que no son originales, sino las copias que Jonathan Harker reprodujo tras un incendio. Ya lo dije: ¿nos creemos la historia?

    Documentalmente, la historia del vampiro reconstruida a partir de vestigios que son copias resulta poco menos que inverosímil (una gracieta metanarrativa de Bram Stoker). Pero, además, ignoramos completamente el interior de Drácula, su mundo interno –aquello que no dice y por tanto no puede ser registrado, copiado, transcrito–. Ay, señor.

  17. aleskander62

    Las secuelas de Drácula, las innumerables versiones y el éxito de la historia, continúa con la excelente serie de T.V: True Blood de Alan Ball, el guionista de American Beauty y creador de Dos metros bajo tierra.
    Una gran historia de vampiros, sensual, con Anna Paquin.

  18. jserna

    Gracias, aleskander62. La veremos, seguro. Al menos, la primera temporada. Estoy en ello.

    Ayer, unos amigos tuvieron la generosidad de regalarnos ‘El ala oeste de la Casa Blanca’, primera temporada (aparte de regalarnos con su amistad…). Sí, ya sé: quienes están puestos ya han visto la serie que protagoniza Martin Sheen. En mi caso estoy cubriendo lagunas televisivas de los últimos años: ustedes perdonarán. Aprovecho para decirles que pronto regresaré con ‘La tele que me crió’, glosando series clásicas.

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