Blog enlazado por El País (Comunidad Valenciana)
Descompresión. Como los cosmonautas cuando volvían de su viaje interestelar, también el blogger esperimenta una drástica reducción de la presión a que ha estado sometido durante la campaña. Por eso, debe someterse a una serie de técnicas y procedimientos que están en el protocolo médico. Se siguen para evitar daños
orgánicos; se siguen para evitar que el cuerpo se convierta tu propio enemigo; y se siguen, en fin, para evitar el estado alterado que resulta del descenso repentino de la presión de fluido que actúa sobre el organismo.
He estado semanas y semanas de campaña y el fluido de los mensajes ha actuado sobre mi organismo. He de adaptarme a la nueva atmósfera, reduciendo paulatinamente la presión. Lo haré poco a poco, pasando de la política a la cultura, de la seriedad o el empaque a la broma de supervivencia. Me siento acompañado en este viaje de vuelta.
Aunque, ahora que lo pienso, la descompresión durará y además la haré en campaña: en tienda de campaña, quiero decir. No he abandonado del todo a los nativos y sigo aquí haciendo observación participante, para ver qué hacen, cómo se comportan: al modo de los antropólogos en trabajo de campo; al modo de lo que hiciera Nigel Barley en El antropólogo inocente (1989), que se doctoró en Oxford, dedicándose después al estudio de una tribu del Camerún, los dowayos.
Los valencianos o los españoles no somos los dowayos ni yo tengo tanta gracia como Barley. Pero les juro que voy a mirar como si fuera un etnógrafo extrañado. O como el enemigo interior que no se fía. Este blog será, otra vez, mi libreta de campo. O mejor: aspiro a ser el antropólogo inocente. Inocente…
¿Qué es un partido? Un partido es un agregado de intereses diversos con cabezas distintas. A veces no: a veces parecen entidades descabezadas, de tanta inquina que sus dirigentes se profesan. Cuando las cosas van bien, no hay reparos: se toleran, se aceptan los rivales internos. Hay, sí, una disputa por los mejores empleos, pero comparten una meta común: mantener el poder. Mejor dicho: los poderes de que disfrutan.
Cuando las cosas se tuercen y además parece iniciarse una coyuntura crítica, entonces los rencores reaparecen con toda su crudeza. Quizá les animen las mejores intenciones: por ejemplo, volver a levantar una organización alicaida o desleída, en cualquier caso debilitada como está ahora el Partido Socialista. ¿Dónde estan los enemigos internos? Decía Carl Schmidt que en política hay amigos y enemigos: sobre esa base definía el funcionamiento del Estado y de sus instituciones. No sé. Perdonen el atrevimiento de enmendar al politólogo alemán: en política no hay amigos, salvo los amigos instrumentales. ¿Y enemigos? Los hay, pero son circunstanciales. Todo eso lo aprendimos leyendo sobre la Guerra Fría.
O quizá la mejor manera de entender qué es un partido sea recuperando una imagen que nos propuso Javier Marías. Lo leí en una pieza que publicó en El País y que hoy está recogida en su libro Vida del fantasma (2001). Decía:
«no olvidemos que un partido es un microcosmos comparable a una clase de colegio, y que en todas las clases de colegio que en el mundo han sido se han repetido y repiten, con escasas variaciones, los mismos arquetipos: el listo, el tonto, el empollón, el pelota, el acusica, el gordo, el cabecilla rebelde, el matón, etc.)».
Seguramente exagera o simplifica. O no. Leyendo la prensa, uno tiene la impresión de que el PSOE es ahora un patio de colegio en el que aparecen o reaparecen Alfonso Guerra, Jorge Alarte y otros: algunos de los listos y de los tontos, el cabecilla rebelde, etcétera. Espero que acabe bien y que se imponga la gente sensata e inteligente, no los acusicas ni los matones verbales. José Blanco ha convocado a los líderes regionales y en un error simpatiquísimo El País ha titulado: «Blanco convoca a los varones para «compartir criterios» con Zapatero«. ¿Varones o Barones? ¿Qué es? ¿Un senado de hombres talludos, los padres de las respectivas familias, examinando el estado de la tribu? Aprovechen para leer ese titular antes de que lo corrijan. ¿Los duendes de la imprenta? ¿O son acaso los enemigos internos, los demonios familiares?
Enemigos íntimos. Leo la prensa y me informo de los movimientos que hay en en el PSPV. Inmediatamente me vienen a la cabeza imágenes terapéuticas o médicas. Es como si la organización de los socialistas padeciera algunos serios problemas, muy serios, que exigieran intervención. ¿Está enfermo?
La democracia interna no garantiza el triunfo electoral. Un candidato atractivo, tampoco. Hacen falta otras cosas. Por lo que sé y he visto desde fuera, el PSPV padece serias averías. Como dije, creo que padece también graves inoperancias. Pero un proceso de renovación profunda –que ojalá llegue algún día– tampoco es el prerrequisito para ganar unos comicios. Hay que tener una organización potente, molecular. Hay que presentar un discurso contundente y atractivo: un relato –como ahora dicen– que sirva de enganche. Hay que tener un candidato admirado, querido y temido, no un dirigente debilitado.
Se le está pidiendo la dimisión a Jorge Alarte y se está pidiendo un Congreso Extraordinario. Si se le apea de la secretaría general, debería también abandonar el escaño de Les Corts: si no es válido para dirigir el Partido Socialista, tampoco es adecuado para encabezar la oposición parlamentaria. Es decir, que Alarte debería dimitir de todos sus cargos. ¿Puede hacerlo? ¿Debe hacerlo?
El Partido Popular ha ganado ampliamente las elecciones, pero tiene dirigentes a punto de entrar en el juzgado. El Partido Popular no parece el mejor ejemplo de democracia interna. Y, sin embargo, gana las elecciones. ¿Qué hacer? Volvamos al PSPV. Como me decía un amigo que no ha votado a los socialistas, la sociedad valenciana y los partidos de izquierda necesitan un PSOE potente, no languideciente o lastrado. ¿Qué hacer? ¿Quién opera, quién amputa o quién injerta? Quienes dicen la verdad a Jorge Alarte, por ejemplo, ¿se les tomará por enemigos internos? Dadas las circunstancias y la magnitud de la derrota, ¿quién ha de asumir la responsabilidad?
Estuvo fea, incluso muy fea, la dejación de responsabilidades de Jorge Alarte en la noche electoral. Echarle la culpa a la crisis y al mal efecto de zapaterismo es parte de la respuesta pero no basta: un secretario general, un líder, un dirigente que manifieste grandeza ha de mostrarse responsablemente.
Los líderes locales están tanteando y se están tentando la ropa. Hay choques y roces y hay quizá algo de precipitación. Una crisis profunda no se arregla con tiritas, pero si hay que hacer una operación tendrán que asearse las condiciones del quirófano, incluso esterilizarlo. ¿Y si no hay tiempo? Pues, como digo, se limpia lo mejor posible para que la amputación o el implante no se infecten…
Hemeroteca del día:
Justo Serna, «Al enemigo ni agua», El País, 25 de mayo de 2011
«Los Ayuntamientos, por si alguien no lo sabe, son instituciones con recursos, con gastos, con proveedores. El municipio es un organismo que necesita liquidez, que todo fluya. Hay que irrigar. Ninguna tarea encomendada podría ejecutarse si a doña Rita Barberá le faltara el líquido…» (Leer más aquí).

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