Mi vida con Catherine Deneuve

Blog enlazado por El País (Comunidad Valenciana)

No les pido que hayan leído ya a Guillermo Busutil. Les pido que se planteen leer lo que él escribe. No se priven de ese placer. Quizá podamos convenir en la precisión de sus relatos y en  lo refinado de su prosa. Pongamos un ejemplo: Vidas prometidas (2011), un volumen de cuentos, género en el que Busutil es maestro. Si no me equivoco, ya va por la segunda edición. Es una buena noticia: publicado el libro en Tropo Editores, corría el riesgo de pasar inadvertido.

Pero no: la calidad de sus retratos, enérgicos, frecuentemente sarcásticos y con un punto de melancolía, merecen ser considerados, apreciados, avalados. Cualquier detalle visto de cerca cobra una dimensión significativa, interesante e incluso monstruosa. Sin forzar el simbolismo de los objetos o de las personas, los seres animados o inanimados adquieren fuerza y universalidad.

“La realidad es el vestíbulo de la imaginación”, leemos en una de las historias que Busutil reúne. En concreto, la que lleva por título Los futuros de Voltaire. En sus páginas, el autor habla de un echador de cartas. Y habla del porvenir, de lo que un nigromante puede adelantar o aventurar, pero habla también del amor, de la necesidad de ser amparado, protegido. O deseado.

Somos carne y experimentamos placeres epidérmicos o muy profundos. Pero somos sobre todo seres animados en trance. ¿En trance de qué? De convertirnos en seres inanimados: nuestras expectativas siempre están a punto de cumplirse, de consumarse o de frustrarse. Indistintamente.

Las narraciones de Busutil tratan de la vida cotidiana, del mundo corriente en distintas partes del mundo y en diferentes momentos, en la actualidad o en épocas más o menos distantes. Tratan de individuos aquejados de algún mal, inseguros, frágiles o incluso fracturados. Tratan de seres que tienen partenaires fuertes o resolutivos. Y tratan de gentes con apellidos célebres (Defoe, Voltaire, Poe, Proust, etcétera) que son una carga: la vitola que las ciñe o envuelve y a la vez la soga que las asfixia. ¿O acaso esos linajes insólitos son una suma de posibilidades?

Al final, nuestro yo pugna por hacerse oír, por tener una voz propia y por hacer compatible lo que recibimos con lo nos debemos a nosotros mismos. Un narrador adopta el punto de vista del personaje principal u opta por la primera persona. Nos detalla qué es lo que hacen esas personas en la vida ordinaria. ¿Algo previsible?

En buena medida, los individuos somos predecibles y el comportamiento pregona lo que aún no hemos hecho. Los personajes de Busutil, trazados con economía verbal, con limpidez, no irrumpen protagonizando una gran aventura: simplemente están ahí, in medias res, sobreviviendo a pesar de los familiares, de los amigos, de los conocidos. O sobreviviendo a pesar de las decepciones, de las crisis, de los despidos.

El círculo más estrecho es el espacio de sociabilidad en que se desenvuelven, pero es a la vez el lugar que limita, que incluso ahoga. Pero no hay un más allá liberador. Hay un más acá en el que se empeñan con resultados siempre dudosos. Sus vidas les pesan, pero las expectativas no son menores: no les faltan el coraje para resistir, el valor para emprender, la bonhomía para encarar lo que venga. Y no les falta la ficción, ese recurso que permite escapar del orden o que hace levitar… literalmente.

Porque, en efecto, levitan, como ese personaje femenino que aparece en la ilustración de cubierta: se trata de una mujer que con un simple paraguas desplegado se eleva por encima del ómnibus, el transporte forzado y cotidiano. En el último cuento hay una referencia explícita a Los paraguas de Cherburgo (1964). Solemos pensar en esa obra como una creación cursi, incluso kitsch. Lo intento, pero no puedo: veo a Catherine Deneuve jovencita y monísima, como un personaje de Julio Cortázar (“…nos gustaban los mismos cigarrillos y Catherine Deneuve…”).

En manos de Busutil, la referencia a los paraguas se convierte en lo que originariamente fue: una metáfora de la levedad, de la alegría, de la compostura y de la apostura. Y de la esperanza.

De la esperanza algo irresponsable de los años sesenta que no declina. ¿Ustedes imaginan un porvenir más atractivo? ¿Compartir la vida con Catherine Deneuve, la Catherine Deneuve de 1964, y a los sones de Michel Legrand?

Colofón. El cuento que sirve de motivo para rotular este post es Un paraguas amarillo. Una persona que me escribe privadamente y que me reparte elogios y pequeños reproches pregunta: ¿por qué Mi vida con Catherine  Deneuve como título de esta entrada? Me dice que hay otras evocaciones posibles para destacar. Ahora veo que entre quienes glosan el post hay una, dos personas que amablemente me insisten en algo parecido. Con razón. ¿Qué puedo responderles?

Que por supuesto hay otros motivos fundados para escoger. Por ejemplo: la infancia y el colegio, con las fantasías de virilidad y coraje; la adolescencia y la lectura, con las ficciones instructivas de virtud y relato; o la vejez y la experiencia, con la entereza moral de dignidad y valor. Hay tres cuentos que tratan estas enseñanzas y que de entrada no he mencionado. Sobresalen de un conjunto muy valioso en el que el autor no se muestra edificante ni peca de didactismo. Son Estrella sin ley, La siesta de Odiseo y La señorita Margot.

En realidad, he debido privarme de detallar cada una de las historias precisamente porque hay algunas –esas tres entre ellas– que despuntan con mucha calidad: corro el riesgo de anular el efecto que provoca su lectura e incurro ya en la descortesía de dar demasiadas pistas.

Los relatos están separados por unas brevísimas entradas en cursiva. Son como microcuentos. Y son avisos: en el sentido comercial de la palabra. Pero yo no quiero avisarles de lo que se pierden si no los leen: creo haber dado suficientes señales para que disfruten. Y ahora, si me permiten, regreso a mi mundo fantástico: ese en el que habita una Catherine Deneuve jamás existente que Guillermo Busutil me ha hecho recordar y añorar.

47 comments

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  1. David P.Montesinos

    Mi alternativa, señor Serna, es más radical que la suya. Yo no me imagino con la Catherine Deneuve del 64, yo creo tanto en ella que lo dejaría todo si me dijera “ven” incluso ahora, cuando ya es una vieja. Mi amor, como el del Conde Drácula por Mina Harker, nunca muere.

  2. jserna

    Pues sepa, sr. Montesinos, que también a mí me sigue fascinando. Incluso con toda la frialdad de la que se le acusa. Pero yo no diría que es vieja. Es una dama. Eso sí, muy bien teñida. Una donna in gamba, que dicen los italianos. Hablando de italianos, ¿recuerdan aquel matrimonio? Qué guapos: Catherine Deneuve y Marcello Mastroiani.

    Pero no me quiero ir por las ramas. Lean a Busutil. ‘Los paraguas de Cherburgo’ es una excusa..

  3. Isabel Zarzuela

    El título, por sí sólo, ya promete. Leeré ese libro sin duda.

    ¿Catherine Deneuve? … Inteligencia y seducción.

  4. Marisa Bou

    !Qué gusto leerles desde esta isla, a pesar de las dificultades del teléfono móvil! Si hay algún lugar en el mundo ligado a los sesenta, es esta isla. Llegué anoche. Todavía no puedo decirles nada. Pero lo haré, descuiden. Pronto…

  5. R.S.R.

    ¡Venga ya….!!! Menos lobos Sr. Montesinos,…me gustaría veros a los dos si esa “vieja dama” os dijese “ven”.

    “Si tú me dices ven lo dejo todo… pero Sr. Montesinos a estas alturas ¿quién se cree eso? No es que no quiera ser romántica es queeee….

    PS. Por cierto, después de esas “vidas prometidas” en las que yo ya estoy, vuelvan a Doctorow con “El lago”

  6. jserna

    Catherine Deneuve. Y Doris Day: siempre me gustò una señora tan pizpireta… La sra. Bou está de vacaciones. Pero vuelve en unos días. Por cierto, podíamos pensar la reuniòn-fiesta bloguera para el 20 o el 21. ¿Qué les parece?

  7. Enrique babot

    Yo heleído el libro deBusutil Y ME HA ENCANTADO. Si ese libro lo publica Planeta es el bestseller del año.

  8. Marisa Bou

    Hablo de y desde la isla de Wight, señor Montesinos, una especie de Benidorm a la inglesa. Donde se dio el último concierto de Jimmy Hendrix. Ya les contaré, ya. En este mini aparato es difícil expresarse.

  9. Patricia P. Garay

    Hace un mes escuché en Canal Nou hablar muy bien de este libro y me lo compré. He disfrutado con los cuentos tan reales y emotivos, incluso dos: La Siesta de Odiseo (una hermosa lección sobre el amor a la lectura) y la Señorita Margot me provocaron un nudo en la garganta. Tengo el libro subrayado por la cantidad de frases poéticas y profundas que tiene.
    Siempre leo su blog Señor Serna y también su columna de El País. Sus recomendaciones me sirven mucho cuando voy a la libreria y me ha encantado coincidir con usted en el gusto por estas Vidas Prometidas.

  10. R.S.R.

    Estoy en esas “Vidas prometidas”, y me extraña que no haya nombrado usted “La siesta de Odiseo”. A mí me ha gustado especialmente.
    Un relato conmovedor sobre el cariño, sobre las cosas hermosas que podemos transmitir, sobre lo fascinante que tiene la lectura, o el mundo enigmático de las palabras que parecemos olvidar cuando crecemos “ellas tienen el poder de cambiar las circunstancias, de atraer las cosas y de transformarse en hechos”. Es el despertar de un niño a los libros y a la vida. Una historia preciosa contada con una voz íntima, evocadora de otro tiempo.

    Pero hay más: “El cumpleaños de Oliver Guide” en el que se pone de manifiesto cómo el pasado siempre acaba alcanzándonos, o la historia del quiromante Voltaire que nos muestra la necesidad humana de “lo mágico” y de nuestra dificultad para tolerar la incertidumbre….

    Una de las cosas más atractivas y encantadoras del libro es que son historias de gente corriente, sin principio ni final relata algo que les acontece en la vida sin que sea extraordinario: un encuentro, una pérdida, una crisis o las dudas que nos acompañan o los interrogantes con los que vivimos o las frustraciones que sobrellevamos, es decir: la vida misma. Pero son de una intensidad emocional, a veces, extraordinarias, también como la vida misma.

  11. Colofón

    Colofón. El cuento que sirve de motivo para rotular este post es Un paraguas amarillo. Una persona que me escribe privadamente y que me reparte elogios y pequeños reproches pregunta: ¿por qué Mi vida con Catherine Deneuve como título de esta entrada? Me dice que hay otras evocaciones posibles para destacar. Ahora veo que entre quienes glosan el post hay una, dos personas que amablemente me insisten en algo parecido. Con razón. ¿Qué puedo responderles?

    Que por supuesto hay otros motivos fundados para escoger. Por ejemplo: la infancia y el colegio, con las fantasías de virilidad y coraje; la adolescencia y la lectura, con las ficciones instructivas de virtud y relato; o la vejez y la experiencia, con la entereza moral de dignidad y valor. Hay tres cuentos que tratan estas enseñanzas y que de entrada no he mencionado. Sobresalen de un conjunto muy valioso en el que el autor no se muestra edificante ni peca de didactismo. Son Estrella sin ley, La siesta de Odiseo y La señorita Margot.

    En realidad, he debido privarme de detallar cada una de las historias precisamente porque hay algunas –esas tres entre ellas– que despuntan con mucha calidad: corro el riesgo de anular el efecto que provoca su lectura e incurro ya en la descortesía de dar demasiadas pistas.

    Los relatos están separados por unas brevísimas entradas en cursiva. Son como microcuentos. Y son avisos: en el sentido comercial de la palabra. Pero yo no quiero avisarles de lo que se pierden si no los leen: creo haber dado suficientes señales para que disfruten. Y ahora, si me permiten, regreso a mi mundo fantástico: ese en el que habita una Catherine Deneuve jamás existente que Guillermo Busutil me ha hecho recordar y añorar.

  12. jserna

    Sra. Garay, muchas gracias por sus palabras. Me alegra lo que me dice de ‘Vidas prometidas’. Son relatos intensos…

    Sra. R.S.R., comprenda que no puedo decirlo todo: en el colofón señalo eso. Por otra parte, no me apeo: nadie me va a privar de la Catherine Deneuve que Guillermo Busutil me ha hecho recordar con su evocación de ‘Los paraguas de Cherburgo’. Qué imágenes.

  13. E.A.G.

    Esta mañana compré el libro que recomienda y me ha atrapado durante toda la tarde. Comparto que La siesta de Odiseo es un relato muy brillante. Que envidia de abuelo y de abuela. También me ha encantado Flor en la ventana, que triste!!, y cómo cruza personajes en diferentes historias. No soy muy lectora de cuentos pero este libro me parece estupendo y muy recomendable para disfrutar de buena Literatura. Y Señor Serna, a mi también me gusta Caterine Denueve, tan elegante y misteriosa.

  14. Aurelio Avila

    No se preocupe por los comentarios Serna. Usted hila fino, disecciona perfectamente este libro intenso, duro en ocasiones (el relato del periodista acosado y el del parado), emotivo y humano (el de la anciana maestra), poético y sencillo (ese cuento magistral del autobús que le ha hecho evocar a Catherine Denueve -gran actriz y muy atractiva, antes y ahora-). Como dice una lectora, son cuentos cercanos, de gente que podríamos ser nosotros, que te hacen sentir y pensar, escritos con una prosa limpia, intensa, felina como los gatos que recorren los cuentos. He decidido buscar otros libros de este autor que desconocía. Y enhorabuena por su espléndido comentario del libro.

  15. Alejandro Lillo

    Me he sentido muy identificado con los relatos que componen “Vidas prometidas”. Supongo que en eso consiste la literatura, la buena literatura. De imaginar e identificarse con unas vidas que no son las nuestras pero que podrían haberlo sido.

    De Busutil me ha gustado la poesía que destilan sus relatos, la sensibilidad con la que trata los asuntos humanos, esos que nos resultan cotidianos pero que esconden siempre un destello trascendente, lleno de poesía y verdad, una chispa de eternidad.

    Me gusta su fina ironía, presente en muchos lugares, en los nombres de los personajes y en determinados comportamientos. Me gusta, por ejemplo, que Luis Voltaire se dedique a la brujería, a la lectura de las cartas del tarot y que entre así en relación con Jean Jacques, leyéndole el futuro.

    Esas pequeñas entradas de las que habla el señor Serna, esa especie de avisos publicitarios que se interponen de alguna forma entre los relatos y el lector, muestran precisamente eso, una injerencia de la que hay que ser consciente, precisamente para contrarrestarla, y ofrencen un interesante contraste con el relato que comienza a continuación, invitando a la reflexión: mientras en una página nos están vendiendo el paraíso en forma de deportivo, en la siguente se nos recuerda la monotonía y la inquina de la vida moderna.

    Es precisamente frente a la mercantilización de la vida y de las relaciones sociales e incluso familiares, frente al éxito social y económico (representado en relatos como “Shaw & Maciá” o “Gabinete Foreman”), Busutil nos habla de la infancia y del amor por la literatura, que nos es más que otra manifestación del amor a la vida: sentirse vivo no es pilotar un Pollock o hacerse una operación estética, sino abrazar a los hijos cada día sin mala conciencia o contar viejas historias de limpiabotas a los clientes.

    Historias como “On the air” me han recordado experiencias propias bien desagradables; cuentos como la ya citada “La siesta de Odiseo” han logrado emocionarme empleando palabras sencillas, escogidas con sabiduría. He viajado con esas palabras a otra vida, que también es la mía, a aquellos recuerdos vinculados con personas que nos marcaron y que de una forma u otra uno siempre lleva consigo, aunque tenga que ser Busutil quien nos lo recuerde.

    Es asombrosa, pues, la capacidad de “Vidas prometidas” para captar esos instante fugaces, esas relaciones emocionales que parecen olvidadas pero que de repente afloran en una mezcla de dolor primero, pero más tarde, en forma de alegría. Una alegría serena y agradecida por haber podido recuperar ese recuerdo que parecía perdido.

    En un momento determinado un personaje dice que “la vida es una viaje que te lleva hacia tí mismo”. Continuando la frase de Busutil, se podría decir que todo viaje es ya, en sí mismo, un regreso, y que para eso, antes hay que perderse. Y yo creo que en el fondo Busutil habla de la pérdida. Del dolor que ocasiona y de su aceptación. Así entiendo yo este libro de relatos, su hilo conductor: como un hermoso canto a la pérdida y al reencuentro, a la aceptación de esa pérdida o a su rechazo: hablo de la pérdida relacionada con el trabajo, pero también de la pérdida de la infancia y de la juventud, de la pérdida de la belleza o la que ocasiona la muerte. En un mundo que nos lo ofrece todo, la clave está en asumir lo que nos arrebata la vida y así hacernos más completos, más sabios, mas humanos.

    Esas son las vidas que nos promete y nos regala Guillermo Busutil.

  16. jserna

    Bienvenidos los nuevos contertulios. Reunidos aquí glosando los buenos libros. Es un sitio apacible. Normalmente…

    Sr. Lillo, sentida aprpximación. Le veo con mucha finura: grandes observaciones las suyas. Si me permite, a su cuidado análisis sólo le falta tratar la dimensión sarcástica de que sirve G. Bisutil. O esa ironía melancólica que tiñe los cuentos. Pero sus palabras son certeras, de una gran precisión.

  17. Leda

    Ironía melancólica… qué intersante recurso. Y la pérdida. Cómo nos resistimos a ella. Pero en la vida las pérdidas son necesarias: si no nos desprendemos de determinadas cosas, si no las dejamos en el camino, no podremos enriquecernos y empaparnos de otras nuevas.

    Estoy deseando leer esas ‘Vidas prometidas’.

  18. Juan Manuel González Lianes

    A la vista de comentarios tan excelentes no dudaré en leer este libro de cuentos. Hay por ahí algún autor más que hace de la sencillez su valor narrativo y logra retratar la vida de un modo francamente impactante, consiguiendo que vivas sus historias casi como propias. Parece ser el caso, y procuraré conseguir el volumen. Gracias por el consejo.

  19. Marisa

    Me encanta su blog señor Serna y el “diálogo”, no sé si se dirá asi en el lenguaje de internet, que se establece sobre la lectura de los libros. Es como entrar en un club de lectura de gente muy lectora o muy apasionada. Ayer me recomendó el blog una amiga que lo visita asiduamente y que, con otras cinco, solemos leer y discutir sobre el libro que leemos a la vez. Nosotras también leímos Vidas Prometidas y estoy totalmente de acuerdo con lo que ha dicho usted y también el Señor Lillo. Nos gustó mucho por su lenguaje, por sus historias, especialmente la de la Señorita Margot y la de ese matrimonio que vive la familia y el trabajo como una empresa, llena de pequeños detalles que te hacen reflexionar acerca de la felicidad, de cómo debe ser una pareja. También el de la joven que vive en internet y se reúne con sus antiguos compañeros.
    Enhorabuena y gracias por permitir que cualquier lectora o lector pueda expresarse en su maravillosa página.

  20. Gonzalo F. Ballester

    Que bien escribe y argumenta sus criticas, señor Serna. Su blog es una referencia importante para los lectores y para los profesores de literatura que cada día, cada año, bregamos en el instituto con la desidia lectora de los jóvenes. En más de una ocasión he seguido sus recomendaciones para promover la lectura de algunos de los libros acerca de los que escribe. Precisamente he utilizado en mayo el cuento de La siesta de Odiseo para inculcarles a mis alumnos la importancia y el placer de la lectura. A todos les despertó curiosidad.
    El libro en conjunto es muy interesante. El autor demuestra dominio y brillantez en el despliegue de lenguaje, de lenguajes diría yo, y de documentación (especialmente en Los Futuros de Voltaire y en el de Maurice, en el que he visto un original homenaje a La Odisea). Hya otro espléndido, Gabinete Foreman, por su irónico retrato sobre la clase política y sus cortinajes.
    Libros como este, con cuentos asequibles, sencillos, intensos y bien escritos, se agradecen siempre.

  21. jserna

    Es muy halagador leer eso que dicen de este blog. Somos varias las personas habituales quienes dialogamos. Y hablamos con ganas, a veces batallando. De literatura y de política, de televisión o banalidades. Algunas personas nos leen pero no escriben. Otras nos hacen la caridad de glosar y razonar públicamente. Muchas gracias. Pero no se olviden del motivo que hoy nos provoca: las ‘Vidas prometidas‘, de Guillermo Busutil.

  22. Federico

    Es curioso ver todavía el nivel elevado que existe de pueblerismo en Valencia. Por suerte, yo dejé aquella ciudad, que se masturbaba en el Teatro Rialto con sus auto producciones valencianas que solo iban a ver cuatro gatos del intelectualoide parásito. Si, aquel del que huyó Berlanga y del mismo que huyó tambien Nacho Duato y tantos otros.

    Y el nivel de pueblerismo o pueblismo o catetismo se ve en la manera de mitificar a los autores, actores y vicerectores. En Madrid, sin ir más lejos, ves a Vargas Llosa yendo en chandal por el centro, todas las mañanas, a las 9, ves a directores de cine, actores, a miles, todos esos que luego van por los pueblos y las mujeres se echan a los brazos y que aqui, son uno más, y eso con suerte.

    Imagino que parte de la emoción reside en desconocer al admirado, como esos matrimonios que duran dos años y se divorcian al ver que su marido o esposa tambien se tira pedos bajo las sábanas.

    Lo dicho, daros una vuelta por Madrid, salir de esa provincia autocomplaciente con sus miserias, y cuando veais a los “miticos” sentados en las terrazas y bostezando y eruptando, volvereis a la provincia con otro punto de vista.

  23. jserna

    Es una suerte, Federico, que usted abandonara su negociado provinciano. Por lo que se intuye padeció en silencio la incuria valenciana. Ahora vive en otro mundo, que ya no es municipal. Ni espeso. Desde allí nos aconseja. No me lo tome a mal, pero usted parece habitar en una ficción, aunque no de Busutil.

  24. R.S.R.

    El tono y la posición desde la que nos aconseja D. Federico me suena… ¿no se apellidará usted Jiménez Losantos?

  25. jserna

    No. Es alguien más cercano. Pero ya hemos incurrido en un error: dar cuerda… Aquí hablábamos de ‘Vias prometidas’. Ha conseguido lo que pretendía: que dejáramos de hablar de dicho libro y que el final de este post se enturbie con una declaración extemporánea.

    Muy pronto, cambio de post.

  26. Paco Fuster

    Hablando de extemporáneos y de valencianos que buscaron mejor vida en Madrid, aprovecho para decir que llevo unos días leyendo el blog, pero sin intervenir porque tengo un uso limitado de Internet; estoy toda la semana de visita de investigación en la Casa-Museo Azorín (les recomiendo la visita) y me paso el día viajando de Monóvar a Elda y viceversa, leyendo artículos de prensa azorinianos y consultando libros, para un proyecto que estoy preparando.

    Les copio una cita que me llamó la atención ayer, mientras buscaba por la magnífica hemeroteca digital del periódico ABC. Es de un artículo de Azorín que se titula “Los pequeños placeres” (ABC, 12/8/1905):

    “Hay una porción de pequeños placeres sin los cuales nuestra vida resultaría insoportable: tales son comprar una cosa, hacer hogueras en el campo, saludar a una antigua amada que nos ha atormentado con sus desdenes y por quien ya no sentimos amor… Pero hoy quiero hablar de la más intensa, expansiva y gloriosa de estas menudas satisfacciones. Esta satisfacción – no podríais adivinarlo – es «ver regar»”.

  27. Paco Fuster

    Muchas gracias, Sr. Stilton. La encontré ayer casualmente porque me llamó la atención el título del texto. Más que gloriosa, a mí me parece que la cita es Azorín en estado puro. A nadie que no fuese él se le ocurriría decir que la satisfacción más intensa es ver a un labriego regando su campo. La cita son las primeras líneas del artículo, que luego sigue con la descripción del riego y su belleza estética.

    http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1905/08/12/007.html

    Si funciona el enlace, ahí lo pueden leer entero (por cierto, ahora veo que no es del ABC sino de la revista “Blanco y Negro”; qué tiempos…).

  28. jserna

    Hay quedada, sra. Zarzuela. El 21 de julio, por ejemplo. ¿En una cervecería de la Calle Guardia Civil, de Valencia? ¿Habrá vuelto ya Marisa Bou?

  29. David P.Montesinos

    Querida R. Nunca digo toda la verdad, pero nunca miento. Y a mí las señoras mayores me gustan con muchísima frecuencia. Lo dejaría todo por Catherine y también por Helen Mirren, lo juro.

    Hace un par de semanas que mi acceso a la Red es limitado o incluso inexistente la mayor parte de días. De no ser por ustedes y por alguna cosilla más les aseguro que no lamentaría estos días de deshabituación tecnológica. Es más, hoy, en la playa ha pasado a las nueve -yo voy a la playa muy temprano y me retiro antes de que el sol se ponga borde- una señora de unos sesenta años que iba muy animada pegada la oreja a un móvil con el cual hablaba a grandes voces y con evidente alborozo. Parecía una adolescente Ha vuelto a pasar en la dirección contraria como una hora y media más tarde y -¿lo adivinan?- seguía dándole caña al móvil. Y entonces he sentido ese pequeño placer del que ve al otro con una miaja de lástima. Bueno, mi rebelión no es total, tengo acceso a la tele en el lugar en el que pernocto. La veo por la noche, y descuiden, es tan mala como siempre, aunque si les da por poner tele cinco pueden ustedes llegar a tener deseos de que los alienígenas destruyan la Tierra.

    No sé por qué les cuento esto, ah, sí, era para introducir a mi propósito de autoinvitarme a la quedada. Les prometo, siguiendo mi costumbre, no empezar a ponerme en evidencia hasta la segunda copa.

    Por cierto, espero que para entonces haya regresado el señor Fuster de Les Valls del Vinalopó. Yo me permito añadir unos cuantos a la lista de placeres que cita. Lo voy a hacer con cierta mala uva, porque amo especialmente aquellas tierras y siempre he tenido la impresión de que Azorín no se sentía nada orgulloso de su paisanaje. Por ejemplo: el primero de esos placeres de la tierra en que don Paco se halla es degustar una gachamiga. Es un plato… cómo le diría, no ya tradicional, sino prehistórico, pero magnífico si se come en las circunstancias adecuadas. Otro sería pasear por la Sierra del Carche, sorprendente para quienes creen que en el Vinalopó empiezan los desiertos murcianos. Cerca por cierto se encuentra la famosa Cova del Gegant, que da título a cierto blog que alguno de ustedes tiene la gentileza de visitar de vez en cuando. El tercero es escuchar detenidamente el valencià de aquellas gentes .La tonalidad, los giros, la extraña lógica de algunas expresiones… Creo que a usted, que habla un valenciano tan enérgico, le sorprenderá gratamente. Hoy por cierto voy a cenar con varios de ellos y me lo paso bomba en cuanto empiezan a hablar entre ellos.

    Una última cosa, sigue produciéndome curiosidad el viaje de doña Marisa. ¿Por qué la isla de Wight? Ya le explicaré el porqué de la pregunta.

  30. Paco Fuster

    Amigo Montesinos: gracias por las recomendaciones. Las tendré en cuenta para la próxima visita; mañana a primera hora ya me marcho para casa. Esta tarde he estado en la Casa-Museo Modernista de Elda, invitado por el director de la Casa-Museo Azorín; la mansión es ciertamente bella y evocadora, aunque puestos a elegir entre ese lujo rococó y la austeridad azorinana me quedo con lo segundo.

    El tema de la relación de Azorín (y ya no digamos de Baroja) con su tierra es tan ambiguo e interesante que lo dejo para esa quedada a la que – savlo contratiempo indeseado – también me autoinvito. Pero ya le adelanto que es muy interesante; si no me acuerdo, hágame memoria y les contaré el berlanguiano traslado de sus restos desde Madrid a Monóvar, hace unos años.

  31. David P.Montesinos

    Así lo haré, caballero, espero que haya tenido buen regreso a tierras ribereñas.

  32. Paco Fuster

    Rectifico: la Casa-Museo Modernista que visité ayer está en Novelda. Lo que hay en Elda es el Museo del Calzado, también interesante. Me comentaron en la Monóvar que están organizando para otoño una exposición sobre la relación entre Azorín y Unamuno. Les informaré cuando se inaugure.

  33. jserna

    Sr. Fuster, parece que su estancia ha sido muy fructífera. Enhorabuena.

    Sr. Montesinos y restantes contertulios, mi conexión 3G es una porquería. Si me aprientan digo la compañía de telefonía.

    Por supuesto, he cometido un error con la cita bloguera. La fecha en la que parece haber consenso es el viernes 22. Iremos confirmando.

  34. David P.Montesinos

    Su compañía -sea la que sea- , señor Serna, es igual de sinvergüenza que la mía.

  35. Marisa Bou

    !Qué alegría leerles! Estoy de regreso. En Alicante, a punto de tomar el tren para Valencia. La quedada, cuando ustedes gusten. Pero que sea pronto: les echo en falta.

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