Don Francisco Camps

Blog enlazado por El País (Comunidad Valenciana)

Miércoles 20 de julio de 2011. El País (Comunidad Valenciana) publica mi columna habitual. La titulo Francisco Camps sufre. No pensaba dedicar una entrada de este blog a dicho asunto. Es mucho más sugestiva una polémica sobre Sigmund Freud que sobre el presidente autonómico. Es mucho más interesante lo que ustedes consignan y desarrollan en sus comentarios (como acaba de hacer David P. Montesinos), que lo que Camps diga, declare o confiese. O no…

Me dije: yo escribo mi última colaboración periodística antes del verano y Santas Pascuas. Trato sobre Camps, claro, y punto. Pero no: al president le han hecho la pascua –digámoslo así– y yo no puedo dejar de abordar el hecho.

Por eso, pongo un enlace a mi artículo y de paso tomo nota de lo que está pasando en el momento en que escribo esto: que los imputados se están declarando culpables para no tener que sentarse ante un tribunal popular.

Desde el principio ha sido bochornoso este asunto. Me he hartado a publicar columnas sobre el caso Gürtel y sobre Francisco Camps: no daba crédito a lo que algunos han enredado, confundido, sisado, mentido. ¿No daba crédito? Sigo creyendo que no es posible tanta desfachatez.

Miércoles 20 de julio de 2011. Francisco Camps presenta la dimisión.  En una comparecencia pública, el president dice abandonar el cargo como un sacrificio que rinde al Partido Popular, a Mariano Rajoy, a España y a la Comunidad Valenciana. Por este orden.

Viernes, 22 de julio de 2011. A petición del tendido, de alguna amable lectora, vuelvo a pronunciarme sobre el episodio de Francisco Camps. La faena no será memorable. Se debe al cansancio. Al hastío que el personaje me provoca.

Durante años he estado ocupándome de él. Una y otra vez le he lanzado puyas y le he afeado la conducta, y lo hacía sabiendo que el columnismo tiene escasos efectos prácticos. Lamentablemente, cuando un político obra de manera irresponsable o actúa trastornado, avenado o enfurecido, la consecuencia no suele ser su cese, su retirada, sino el enrocamiento, el encastillamiento, el endiosamiento.

El espectáculo dado por Francisco Camps ha sido comparado a un drama de William Shakespeare. Ha sido comparado a la pasión de Cristo. Ha sido comparado al martirio. Ha sido comparado al combate, a la guerra: por eso, los términos que  personajes y espectadores han empleado han sido los de sacrificio, traición, derrota, rendición. Como de si un suicida kamikaze se tratase, el propio Camps se inmola: lo haría por Mariano Rajoy, principalmente, y por España.

¿Es un órdago? Puede serlo: te reto, querido Mariano. No me acuso, no pago la multa. Dimito para seguir en los tribunales. No me has arrancado una humillante inculpación. El kamikaze corresponde al suicida altruista, en el análisis que hiciera Émile Durkheim. Quiero tanto a mi patria, me siento tan unido a mi comunidad, que me mato por ella. Mi explosión causará daños incontables entre los enemigos: un solo hombre provocará bajas y destrucción. 

Como pueden ver, la postura de Francisco Camps poco tiene que ver con esta perspectiva. Su retirada es egoísta –en el sentido de Durkheim–  y lo es porque lo único que le preocupa es su honor personal: salir con bien del cargo de molt honorable president, como si una batalla judicial fuera la prueba del coraje. Podrá perder el proceso que se le sigue, podrá ser juzgado y condenado, pero su ideal es la del derrotado que cayó luchando bravamente.

Sabe que no tiene nada que hacer: compongamos, pues, un papel que dé grandeza al personaje, aunque sea una grandeza patética. Mientras tanto, Mariano Rajoy se quita de encima a este plasta que sobreactúa; Rita Barberá  podrá aumentar su poder con el más mínimo esfuerzo; Federico Trillo seguirá siendo el tipo taimado, el odioso personaje que se cree shakesperiano cuando sólo alcanza a villano de segunda.  Trillo no tiene grandeza para figurar entre los personajes del drama. Es un correveidile, un fontanero del partido, un mensajero negociador al que se le retirará despiadadamente.

Los espectadores sentimos hastío por todo esto. Un desorientado David Trueba celebraba con error el monólogo de Francisco Camps. Lamentaba la falta de imágenes en directo. Convengo en lo segundo: la censura torpe de la exposición no hace sino achatar al personaje caído en desgracia. Pero en el monólogo no hay atisbos de oratoria, de estrategia: no hay un político de primer orden, como equivocadamente dice Trueba en El País.

Lo que hay es un gato que se defiende panza arriba, alguien que meó el territorio para patrimonializarlo y que ahora, al final, no acepta salir menudo y con el rabo entre las piernas. Se ha dicho que esto ha sido un sainete, un folletín. No. Yo creo que ha sido una historia mil veces repetida: el tipo que se resiste a abandonar el poder porque con él está entreverado, porque de él no se desprende sin herida, sin laceración, porque le han pillado en un renuncio, porque le ha sorprendido con el carro de los helados: el carro que le habían puesto unos presuntos mafiosos.

En Los Soprano hay personajes shakesperianos, ciertamente, y hay incluso una tensión que no desmerece de los dramas del clásico. Pero en la serie televisiva hay igualmente personajes menudos, egoístas, grandilocuentes, faltos de perspectiva, ignorantes de sus limitaciones. ¿Son shakesperianos? No aceptan sus derrotas y se creen y se ven abandonados por sus capitanes, por el capo, por Tony Soprano. Berrean, patalean, lloran y no comprenden por qué su antiguo jefe ya no les salva. No les digo cuál es su final.

En España, en ese país totalitario del que tanto se han quejado algunos dirigentes del Partido Popular, aún funciona el Estado de Derecho.

Bendito sea.

¿Continuará?

Hemeroteca del día

Justo Serna, “Francisco Camps sufre”, El País, 20 de julio de 2011

28 comments

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  1. Leda

    Y para más inri hemos tenido que escuchar a altos dirigentes del PP manifestar que no apartarán a Camps de su cargo aunque sea condenado.

    Coincido con usted, Sr. Serna: ya está bien. Ya está bien.

  2. Marisa Bou

    Ya está bien: la frase más oída/leída en lo que va de siglo. Y lo que te rondaré, querida Leda.

    Sin embargo, me gustaría saber dónde se metió tanta y tanta, y tanta gente, que pronunciaba la susodicha frase como un mantra, el día de las últimas elecciones autonómicas y municipales.

    Porque no es necesario recordar que las ganaron los que piensan que aún no está bien, que aún podemos -incluso debemos- soportar más años de des-gobierno de estos señores prepotentes, que se creen muy por encima de las instituciones y que las usan como si no fueran más, ni menos, que su cortijo particular y nosotros -los ciudadanos- simples peones.

    Veremos ahora en qué situación dejan a la justicia, por si no estuviera ya bastante desprestigiada. Casi tanto como la política.

  3. Juan Antonio Millón

    Vaya, vaya. Esta imagen me recuerda a la camiseta que cogí en la “quedada” de hace dos años, más o menos. A mi hija le hizo mucha gracia y se la pasé, porque soy incapaz de ponerme algo así aunque me ría mucho con ella..Dios, soportarlo tan cerca de la piel, sólo de pensarlo se me eriza el pelo.
    Esperemos que el deplorable espectáculo que están brindando estos pésimos actores tenga un pronto y digno final para el bien nuestro y de la política, con su dimisión.
    Por cierto, me enteré de su encausamiento en Italia y todos los valencianos que estábamos allí nos regocijamos.
    Coincido con su cabal artículo, Sr. Serna, menos con el primer adjetivo calificativo que le pide al Partido Popular en su último párrafo.
    Si, ya está bien, por favor.

  4. jserna

    Gracias, sr. Millón. Y comprendo que no le guste el primer adjetivo calificativo que pido al PP, pero lo necesitamos…

    Ojalá podamos vernos en la quedada. En el mismo sitio que hace dos años, precisamente.

  5. Arnau

    D. Justo. Que no me prodigue en el blog no quiere decir que no lo siga, sobre todo a usted y sus magníficas columnas en El País. Como la última, extraordinaria, en la que ahonda el sufrimiento moral, físico y político del Mucho Honorable, conductor de la Comunidad que avanza con paso triunfal hacia el abismo, llevado en andas por los miles de votantes que le reconocen como su linterna, su luz, su guía. ¡Dios nos pille confesados!.

  6. Francisco Camps dimite

    Miércoles 20 de julio de 2011. Francisco Camps presenta la dimisión. En una comparecencia pública, el president dice abandonar el cargo como un sacrificio que rinde al Partido Popular, a Mariano Rajoy, a España y a la Comunidad Valenciana. Por este orden.

  7. jserna

    Fe de erratas.

    Perdonen esta precisión. Hay una frase en mi artículo en El País que al ser editada por el periódico, ha cambiado y su sentido no acaba de entenderse.

    En el original que yo remití dice: “Quebrantar un precepto si después te confiesas alivia”.

    En la edición impresa se leer: “Quebrantar un precepto si después te confiesas aliviado”

  8. Juan Antonio Millón

    Bueno, pues va cumpliéndose el vaticinio cristológico sobre el señor Camps: después de una larga y penosa pasión, la muerte por el bien de los demás…pero, ¡portodoslosclavosdecristo!, ¿no seguirá a continuación su resurrección por los siglos de los siglos, verdad?
    Bueno, en todo caso, que el Espíritu Santo les ilumine y no nos sigan abochornando.

  9. jserna

    Estoy aborchornado con la defensa-ataque de Francisco Camps.

    Oigo en la radio a alguien que dice que su cabeza está en otra órbita, dando a entender que no rige bien. Yo no creo que ahora esté especialmente avenado. Ni mucho menos. Yo recuerdo su intervención en Canal 9 en 2005 (que gloso en el artículo ‘Inacabable Camps’, antes citado) y supe entonces que sus metáforas, sus alusiones a la felicidad, etcétera, eran tonterías. Luego, en 2007, tras la lectura de Harry G. Frankfurt, escribí otra columna en la que ya tenía la clave: sus palabras son ‘bullshit’. Traducción: cháchara. O literalmente: caca de toro.

    Lo que ahora dice Camps parece una respuesta desnortada, desorientada. Lleva años así.

  10. Juan Antonio Millón

    Bullshit, mentiras, es lo que se ha oído en la comparecencia de Camps. Y, como en el juego, va a tener que llevarse consigo todas las cartas de la mesa.
    He de desdecirme: Camps, en su comparecencia, es lo más opuesto al Cristo. Éste jamas hubiera expresado tanta rabia y tanta risa falsa ante su sacrificio.¡Qué bochorno!

  11. Marisa Bou

    Rabia: le obligan a dimitir, cosa que él no estaba dispuesto a hacer, ni muchísimo menos.

    Risa falsa: no sé si este hombre (que no Cristo, señor Millón) ha sabido alguna vez reír de verdad, dado que vive en una realidad paralela y no en el mundo real, el de los ciudadanos corrientes. Esos que se pagan sus trajes y se financian trabajando.

    Lo que me preocupa es la cara que se nos va a quedar cuando veamos al sustituto/a, que en poco o nada se diferenciará de éste. Ya saben, los mismos perros, collares parecidos.

  12. Isabel Zarzuela

    Sólo le diré, Marisa, que el sustituto se apellida “Fabra”, y aunque no sea familia de Carlos Fabra (sí su delfín), ese apellido da mucho miedito…

  13. jserna

    Cervecita del blog

    Viernes 22 de julio, a las 20:30, en Vera-Park (Daniel de Balaciart, esquina Calle Guardia Civil, de Valencia).

  14. carmina

    Don Justo dilecto. Aunque soy su seguidora desde hace mucho tiempo, nunca había intervenido. Entiendo su necesidad de descansar y respeto su silencio. Pero también digo: como no habla más de Camps, hombre de Dios!? Esto no se nos hace a sus lectores. Un abrazo

  15. jserna

    De acuerdo, Carmina. Mañana por la tarde escribiré. Antes no puedo. Comprenda que he escrito muchas veces de este señor. Pero lo volveré a hacer si me deja este plazo. No garantizo finura.

  16. Sigue y acaba

    Viernes, 22 de julio de 2011. A petición del tendido, de alguna amable lectora, vuelvo a pronunciarme sobre el episodio de Francisco Camps. La faena no será memorable. Se debe al cansancio. Al hastío que el personaje me provoca.

    Durante años he estado ocupándome de él. Una y otra vez le he lanzado puyas y le he afeado la conducta, y lo hacía sabiendo que el columnismo tiene escasos efectos prácticos. Lamentablemente, cuando un político obra de manera irresponsable o actúa trastornado, avenado o enfurecido, la consecuencia no suele ser su cese, su retirada, sino el enrocamiento, el encastillamiento, el endiosamiento.

    El espectáculo dado por Francisco Camps ha sido comparado a un drama de William Shakespeare. Ha sido comparado a la pasión de Cristo. Ha sido comparado al martirio. Ha sido comparado al combate, a la guerra: por eso, los términos que personajes y espectadores han empleado han sido los de sacrificio, traición, derrota, rendición. Como de si un suicida kamikaze se tratase, el propio Camps se inmola: lo haría por Mariano Rajoy, principalmente, y por España.

    ¿Es un órdago? Puede serlo: te reto, querido Mariano. No me acuso, no pago la multa. Dimito para seguir en los tribunales. No me has arrancado una humillante inculpación. El kamikaze corresponde al suicida altruista, en el análisis que hiciera Émile Durkheim. Quiero tanto a mi patria, me siento tan unido a mi comunidad, que me mato por ella. Mi explosión causará daños incontables entre los enemigos: un solo hombre provocará bajas y destrucción.

    Como pueden ver, la postura de Francisco Camps poco tiene que ver con esta perspectiva. Su retirada es egoísta –en el sentido de Durkheim– y lo es porque lo único que le preocupa es su honor personal: salir con bien del cargo de molt honorable president, como si una batalla judicial fuera la prueba del coraje. Podrá perder el proceso que se le sigue, podrá ser juzgado y condenado, pero su ideal es la del derrotado que cayó luchando bravamente.

    Sabe que no tiene nada que hacer: compongamos, pues, un papel que dé grandeza al personaje, aunque sea una grandeza patética. Mientras tanto, Mariano Rajoy se quita de encima a este plasta que sobreactúa; Rita Barberá podrá aumentar su poder con el más mínimo esfuerzo; Federico Trillo seguirá siendo el tipo taimado, el odioso personaje que se cree shakesperiano cuando sólo alcanza a villano de segunda. Trillo no tiene grandeza para figurar entre los personajes del drama. Es un correveidile, un fontanero del partido, un mensajero negociador al que se le retirará despiadadamente.

    Los espectadores sentimos hastío por todo esto. Un desorientado David Trueba celebraba con error el monólogo de Francisco Camps. Lamentaba la falta de imágenes en directo. Convengo en lo segundo: la censura torpe de la exposición no hace sino achatar al personaje caído en desgracia. Pero en el monólogo no hay atisbos de oratoria, de estrategia: no hay un político de primer orden, como equivocadamente dice Trueba en El País.

    Lo que hay es un gato que se defiende panza arriba, alguien que meó el territorio para patrimonializarlo y que ahora, al final, no acepta salir menudo y con el rabo entre las piernas. Se ha dicho que esto ha sido un sainete, un folletín. No. Yo creo que ha sido una historia mil veces repetida: el tipo que se resiste a abandonar el poder porque con él está entreverado, porque de él no se desprende sin herida, sin laceración, porque le han pillado en un renuncio, porque le ha sorprendido con el carro de los helados: el carro que le habían puesto unos presuntos mafiosos.

    En Los Soprano hay personajes shakesperianos, ciertamente, y hay incluso una tensión que no desmerece los dramas del clásico. Pero en la serie televisiva hay igualmente personajes menudos, egoístas, grandilocuentes, faltos de perspectiva, ignorantes de sus limitaciones. ¿Son shakesperianos? No aceptan sus derrotas y se creen y se ven abandonados por sus capitanes, por el capo, por Tony Soprano. Berrean, patalean, lloran y no comprenden por qué su antiguo jefe ya no les salva. No les digo cuál es su final.

    En España, en ese país totalitario del que tanto se han quejado algunos dirigentes del Partido Popular, aún funciona el Estado de Derecho.

    Bendito sea.

    ¿Continuará?

  17. Leda

    Lo ya dicho, lo que pasa en ésta nuestra Comunidad da para escribir una novelita. O un ensayo: “Picaresca valenciana contemporánea” o “Política valenciana contemporánea”. También se me ocurre un subtítulo, pero mejor me callo.

  18. Juan Antonio Millón

    Después de darle unas cuantas vueltas al asunto y teniendo en cuenta las diversas propuestas ofrecidas sobre el posible “género” al que adscribiríamos el “caso Camps”, i.e, drama, tragedia, sainete, folletín, auto sacramental, ¿qué sé yo?…, he optado, finalmente, por recuperar un género teatral menor que tuvo un cierto predicamento en el Barroco: la comedia burlesca.
    Es cierto, como se ha puesto en evidencia en este blog, que encontrábamos muchos ecos en esta historia de ascenso y descenso, de auge y caída, del señor Camps, pero en ella hallábamos elementos de sobreactuación, de teatralidad, de comicidad. Y esa es, precisamente, la característica de aquella áurea comedia burlesca : parodia de obras teatrales, espectaculares, de éxito, famosas, aclamadas, hitos de la cultura. La historia de los dioses y las grandes historias y tragedias de los hombres, vistas desde la óptica del “gracioso”, parodiando y satirizando el gran gesto, la fuerza del destino o los grandes ideales. Sí, una comedia burlesca.

  19. Marisa Bou

    No digo yo que no haya trazas de parodia y sátira en todo este esperpento campsiano. Pero qué quieren que les diga, a mí no me provoca risa: solo indignación. Antes, cuando no confesaba, y ahora, que dimite para no confesar.

    Ha faltado aquí ese dueto -imprescindible en la novelería policiaca- del “poli bueno/poli malo” que le sacaran a hostias la confesión.

    Eso sí, señor Serna: muy buena la imagen del gato meando en todos los rincones para marcar su territorio. Aunque de poco le ha servido, porque el gato de angora (gordo y perezoso, avizorando sin moverse de su poltrona, o confesionario, por ponernos en plan gran hermano) le ha obligado a abandonar la casa.

    Pero, lo dicho, yo no me río ni por la comisura de los labios. Que esto es cosa muy seria.

  20. Juan Antonio Millón

    Pero no se confunda doña Marisa, lo burlesco no es el asunto, sino los actores y el guión orquestado que ha sido urdido durante estos casi treinta meses que ha durado la representación. Obvio es decirlo.

  21. Leda

    Hay cosas, Sra. Bou, que sólo pueden ser digeridas desde la ironía: imagínese si es serio el asunto.

  22. Marisa Bou

    Querida Leda, esa advertencia sólo puede hacérmela porque no me conoce. Yo, yo misma, mi propia existencia sobre la tierra, no es más que eso: una ironía con patas.

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