Marshall McLuhan y mis hijos

MarshallMcluhanUno vive una creciente sensación de desconcierto. No es para menos. El devenir es pura incertidumbre y el caos emocional se adueña de los espíritus.

¿Dónde acabará trabajando mi hijo? Canadá es una posibilidad que contempla verosímilmente. Lejos de inquietarme, me enorgullece su arrojo. Me apena que se pueda ir tan lejos, pero a la vez me envanezco con su coraje. Qué grande. Y mi hija, un empeño de mujer, una muchacha grande que tendrá un futuro políglota y abierto, esforzado y esmerado.

No como yo: reducido a mi balbuciente español. Digo balbuciente porque no doy para más: mi castellano es lo mínimo. Más bajo no puedo caer. ¿Y las restantes lenguas? Una vergüenza: leo en ellas con soltura y poco más. No hablo, quizá por timidez o simplemente por incapacidad.

España está exportando capital humano. Suena técnico, pero es algo emocional. El mundo aldeano de antes es ahora la aldea global que anticipó Marshall McLuhan. Todos lo recuerdan, ¿no es cierto?. McLuhan es aquel experto, aquel comunicólogo que Woody Allen sacaba en la cola del cine para desmentir a un pedante. Lo leí siendo adolescente y algo de su libertad intelectual aprendí. Miraba más allá y sobre todo hacía aleaciones académicas. No se limitaba a lo que la Universidad le obligaba.

Yo no tengo a MacLuhan, tan distante y tan sabio. Pero tengo a mis hijos, tan cercanos y tan sabios. Su conversación me devuelve a la realidad. Y me emociona. No puedo más que vivir con honra lo que es una suerte.

Observo la foto de McLuhan, esta que pongo, de mediana edad, y me recuerda a mi padre a sus mismos años. Un hombre de bigotito siempre bien vestido, con ese porte de posguerra menesteroso y elegante. Con corbata, por supuesto, mirando más allá, a un objetivo que nos trasciende.

Aquí me quedo.

8 comments

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  1. Marisa Bou

    Señor Serna, no es la suerte lo que influye en la inteligencia y bondad de sus hijos -ni los de nadie-, en todo caso la suerte será de sus hijos, porque no todos tienen unos padres como los que ellos tienen. Usted puede, legítimamente, enorgullecerse de ellos; pero el orgullo ha de ser recíproco.

    Muchas felicidades a toda esa preciosa familia.

  2. Alejandro Lillo

    Sí señor. Doy fe que son unos jóvenes extraordinarios. Corren malos tiempos para el talento. Los dioses quieran que no haga falta marcharse para prosperar con decencia.

    Felicidades por su artículo en Mercurio. Me ha dado, además, una idea.

  3. jserna

    Bueno, jóvenes. No sé si extraordinarios. Normales, intuitivos y sensatos.
    “Felicidades por su artículo en Mercurio. Me ha dado, además, una idea”. ¿Una idea, dos, tres? Oh, Dios mío.

  4. Alejandro Lillo

    “Normales, intuitivos y sensatos”. Pues eso, fuera de lo ordinario.

    Y sobre su artículo de Mercurio sí, he tenido una idea leyéndolo. Qué le vamos a hacer, es lo que tiene leer textos enriquecedores. Ya lo verá, ya…

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