De la Camorra a Tony Soprano

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En el Departamento de la Facultad de Historia (de Valencia) organizamos un seminario con la profesora Marcella Marmo, una de las máximas especialistas en la Camorra y el bandolerismo napolitanos. Estuvimos examinando los orígenes de esos dos tipos de violencia. La sesión fue muy concurrida y los asistentes tomaron buena nota de lo que allí se decía.

¿Qué es una organización mafiosa? No sólo es un grupo delictivo que busca un provecho ilegal. Es, además, una organización, vale decir, ha de estar constituido como una estructura y como una red: las informaciones suben y las órdenes bajan. Eso significa que ha de tener jerarquía: unos que son los jefes y otros que son los que ejecutan las órdenes además de vigilar por los intereses, por los sujetos y por el buen funcionamiento de la organización. Emplean la violencia, pero porque es su principal recurso, instrumento, capital.

El Estado está corrupto o simplemente no llega a determinados barrios, localidades o regiones del país. En esos dominios no impera la ley, la ley común; no impera el mercado libre; no impera la seguridad. El Estado es la instancia que monopoliza la violencia legítima: si la gendarmería está corrupta o sencillamente no puede imponerse sobre los violentos, entonces la organización mafiosa dicta su ley, su marco de actuación, su concepción del mundo, sus amenazas y protecciones.

Esta organización no es sólo un grupo de extorsión. Es también un grupo de protección. Primero te rompo el espacio, la legalidad, la norma y la normalidad y hasta las piernas, provoco un caos institucional o económico; luego intervengo asegurándote tu supervivencia, tu cura, tu cuidado y tus lucros a cambio de tus servicios. Eso genera un estado general de desconfianza. Sólo la organización te da certidumbre.

En un mercado de recursos escasos o monopolizados por la mafia, entonces soy yo quien reparte a cambio de tu sumisión y adhesión; soy yo quien distribuye favores a través de redes personales: a traves de esas redes fluyen esos recursos escasos y fluye la información.

Pero para que la organización sea auténticamente mafiosa, es preciso algo más: que nuestras relaciones, que las redes que hemos establecido creen vínculos prácticamente primarios: familias o cuasi familias. O, mejor dicho, una comunidad de lazos de sangre y de identidades, de afinidades, de sujeciones, de responsabilidades.

Yo me presenté al acto con la profesora Marmo correctamente vestido. Más o menos. Con uno de mis inevitables sombreros, camisa suelta tipo ‘casual’ y debajo una camiseta negra con una leyenda: The Sopranos. Por supuesto, los Soprano no pertenecían a la Camorra. Ellos constituían una familia extensa vinculada a la Mafia de Nueva Jersey.

Pero me pareció simpático acudir al acto académico haciendo un guiño, siendo yo mismo quien presentaba a la profesora Marmo. Más tarde, una estudiante me preguntó si esa camiseta era deliberada. No, le mentí angelicalmente. Espero que me haya perdonado. No hay comportamientos propiamente inocentes. Hay deliberación o hay actos inconscientes que revelan nuestras intenciones más íntimas.

Yo aún estoy haciendo el duelo por Tony Soprano.

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