Pornografía valenciana

Pornografía valenciana
(Publicado por primera vez en 2012)

imageUno. La política valenciana abochorna. Salvo que tengas sangre de horchata, las noticias locales te calientan. Uno se sonroja. La metáfora de la sangre es tosca, ya lo sé. Pero el asunto no está para muchas florituras. Ven, ya está.

Ahora me sale otra metáfora, en este caso botánica para mencionar al Partido Popular: a poco que me descuide hablaré de las mala hierbas, de que hay que arrancarlas, etcétera.

¿Malas hierbas? Ya no quedan verbos, ni adjetivos, ni imágenes, ni esquemas que puedan servirnos para explicar lo que pasa y lo que ha estado pasando durante años y años. Ya no quedan venenos ni insecticidas. Tenemos perdidito el bancal.

Pero no hay que desesperar. Algún día se hará inventario de estas legislaturas del Partido Popular. Las cosas habrán cambiado… Para entonces, la Comunidad Valenciana será una autonomía normal, ni siquiera modélica.

Nuestros descendientes ya no tendrán que aguantar a los malvados y el sobresalto informativo no será noticia.

Los culpables habrán sido relegados, juzgados y condenados; nadie los amparará y su partido los habrá apeado de sus respectivos cargos.

Es más: habrá antiguos dirigentes reprobados. ¿Con qué categorías se analizará todo esto?

Dos. La literatura, probemos con la literatura. En ocasiones he pensado que la novela picaresca podría darnos pistas y personajes: tipos que se valen de toda clase de artimañas para sobrevivir a los coscorrones, avispados que se hacen con la hacienda de los incautos.

La novela valenciana sería una variante: sin embargo, creo que la picaresca no es suficiente para dar cuenta de lo que ocurre. Aquí muchos, pero muchos, se han pasado de listos y, claro, más que una novela necesitaríamos incontables volúmenes con gorrones y aprovechados.

Intentemos otra variante. Podría ser el género fantástico, la ciencia-ficción. No piensen en quimeras tecnológicas. Me refiero a las novelas que exageran los rasgos enfermos de la sociedad: como un calco desfigurado de las tiranías de los años treinta.

¿Y cómo sería la novela fantástica valenciana que nos retratara? Me parece que tampoco nos vale. En la vida ordinaria somos muy realistas. Aquí no hay fantasía: la reservamos para las Fallas.

Tres. Podemos probar con el género sicalíptico: el pornográfico, quiero decir. De estas historias, el valenciano Luis García Berlanga fue un gran especialista. Dirigió una colección de libros cochinos titulada La Sonrisa Vertical. Algo se aprende…

Aquí, con un par, unos meten y sacan, meten y sacan, meten y sacan. Van al grano sin mayores preámbulos. Se rozan y luego, sin más, la hincan doblada. O largan la mano a ver si algo gotea y fluye. A ver si chorrea, vaya. Es muy excitante.

¿Y el público? Pues una parte del publico, bien cachonda, esperaba que le tocara participar en la coyunda. ¿Y la otra? La otra parte, bien jodida, se escandalizaba de la obscenidad.

En fin, no sigo, que me caliento. A ver si acaba el espectáculo.

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