La República…

‘Derecha, Monarquía y República’

Martes, 18 de julio de 2006

En este día, martes 18 de julio, no quiero abrir nuevo post  en el blog, pero les remito al artículo que hoy publico en Levante, titulado ‘Derecha, Monarquía y República’ y que pueden comentar aquí mismo. Tiene que ver con el texto que desde ayer lunes es objeto de discusión (‘La República: entre Rajoy y Jiménez Losantos’). “…descreo profundamente del artificio monárquico de la derecha, esa que le lleva a fantasear sobre el peso de la Corona en el recorrido democrático de los dos últimos siglos”.  Leer más…  

La República: entre Rajoy y Jiménez Losantos

Lunes, 17 de julio de 2006

hispania.png  Decía Javier Cercas en uno de los textos de La verdad de Agamenón que necesitamos  “instituir un relato consensuado de nuestro pasado inmediato que, como un mínimo común denominador, sin tergiversar la realidad histórica sea aceptado por la mayoría de la sociedad”. La idea es muy interesante, desde luego, y podríamos añadir que buena parte de los encontronazos que aún tenemos proceden de esa falta. Aunque ese relato consensuado esté aceptado en lo básico por los historiadores académicos, su “conocimiento no ha llegado a la sociedad”. Y eso facilita, precisamente, la proliferación de ideas fantasiosas, de errores de bulto, de fantasmagorías de las que se aprovechan los llamados revisionistas.   Interrogado sobre el régimen de 1931 y los vínculos posibles que pudiera tener con el sistema actual, tal como proponen reconocer los socialistas, Mariano Rajoy expresó sus distancias (Abc, 25 de junio de 2006). Básicamente se mostraba reacio a incorporar la II República dentro de ese relato. Reproduciré el pasaje completo para después analizarlo. El extracto condensa la historia contemporánea de España y en él están el enredo y el encono que el pasado aún provoca entre nosotros. Revela un conocimiento sucinto, entre averiado o defectuoso, si me permiten.   

“España tiene una historia absolutamente amplia. Yo creo que la II República no fue ni mucho menos una de las páginas más brillantes de nuestra historia; más bien muchos coinciden en que fue todo lo contrario. De donde venimos ahora es de la Constitución del 78, que, consciente de la historia próxima española, de lo que pasó en el siglo XIX y en el XX con la II República, que terminó en una Guerra Civil y en 40 años de régimen autoritario, y con voluntad de mirar hacia adelante y hacer un país europeo y democrático, dijo: vamos a mirar hacia el futuro. Y ahora esta pandilla de irresponsables están haciendo exactamente lo contrario y generando problemas que nadie les había pedido que lo generasen, además de tensiones ridículas. Son una pandilla de irresponsables. Me siento cada vez más identificado con el espíritu de la Transición. Por lo menos, aquella era una gente educada y normal que intentó construir”. 

¿Por qué me parece una idea equivocada de la historia contemporánea? En primer lugar, decir que “España tiene una historia absolutamente amplia”  no significa nada, exactamente nada, una enfática declaración de un político solemne. ¿Absolutamente amplia? No me extraña: para algunos historiadores dedicados a la divulgación, como Fernando García de Cortázar, puede hacerse una historia de España de Atapuerca al Euro. Ese exceso también lo cometió dicho autor justamente cuando aceptaba titular una serie televisiva como Memoria de España, remontándose hasta la prehistoria, abuso que ya le critiqué. Por tanto, la amplitud no es un dato significativo a la hora de poder incluir o no la II República como momento significativo de nuestra historia. Pero es que, además, tampoco el sentido de las libertades y de la democracia tienen que ver con esa historia absolutamente amplia, tan absolutamente amplia. Salvo que queramos, claro, hablar de libertades medievales asociándolas a la libertad que trae el Constitucionalismo.  

En segundo lugar, decir –como dice Rajoy– que “yo creo que la II República no fue ni mucho menos una de las páginas más brillantes de nuestra historia; más bien muchos coinciden en que fue todo lo contrario”, tampoco significa gran cosa. La evaluación del pasado no depende de la brillantez de este o de aquel pasaje, sino de la lección que podamos aprender. El franquismo es una de las páginas menos brillantes de nuestra historia, cosa en la que muchos coinciden, y sin embargo estamos obligados a estudiarlo. ¿Por qué razón? ¿Porque de ese sistema procede nuestra actual democracia?  Si hemos de atender a lo que dice Pío Moa, es así. Pero la democracia que se erige en la Transición se hace contra el franquismo, contra la exclusión y contra un sistema parlamentario defectuoso y digno que fue el de la II República. Fue éste un régimen en el que la construcción de la libertad se vio seriamente amenazada por la violencia que ya era tradición en la historia de España –las guerras civiles del siglo XIX y las colisiones sociales– y por el contexto antidemocrático de la Europa de entonces.  

En tercer lugar, decir que “de donde venimos ahora es de la Constitución del 78”, un texto en el que el constituyente se hace sabedor “de la historia próxima española, de lo que pasó en el siglo XIX y en el XX con la II República”, es una afirmación que contiene verdades, verdades a medias y simplemente falsedades o errores gravísimos. En todo caso, son equivocaciones intolerables  en un político de campanillas. ¿Por qué digo todo esto? Porque la Constitución se redacta con el propósito de hacernos remontar la anomalía histórica que había supuesto el franquismo, un sistema dictatorial que afectó e infectó todo lo anterior, un régimen que otorgaba nuevo significado a lo ocurrido, por ejemplo, en el Ochocientos. Por otra parte, la violencia decimonónica poco tiene que ver con la República (con la I República). Tiene que ver, por el contrario, con la difícil adaptación de la Monarquía tradicional a las exigencias constitucionalistas. Las guerras carlistas del Ochocientos no son episodios republicanos: la sangre que se vierte es resultado del desajuste con que los Soberanos se insertan en un sistema parlamentario y liberal.  

En cuarto lugar, decir que la República “terminó en una Guerra Civil y en 40 años de régimen autoritario” es una manera de trabar continuidad a lo que es ruptura. El franquismo no fue un régimen autoritario, así, de principio a fin: fue un sistema que atravesó distintas etapas, la de la fascistización, la del nacional-catolicismo, la del desarrollismo: que nos hacen pasar del modelo estrictamente totalitario, de inspiración mussoliniana, de movilización extensa e intensa, a otro de raigambre conservadora, devota, beata y africanista, pero también violenta.  Por eso, es un absoluto error plantear como único contexto de la guerra civil española el de las guerras civiles del Novecientos, como hace César Vidal en su último (¿último?) libro. Ustedes lo habrán visto. El autor comienza diciendo que el siglo XX se resume en la pugna entre revolución y contrarrevolución, esquema que habría suscrito Franco. Me parece una simplificación, pero –en el caso de aceptarlo– ese esquematismo se derrumba si consideramos el Ochocientos: las guerras civiles que se dieron en la España del siglo XIX son el auténtico proemio de la contienda del 36: resolver los conflictos a mamporros, unos conflictos del pasado en los que no había comunistas y en los que los republicanos no eran gran cosa. El palo y el tentetieso también forman parte de esa “historia absolutamente amplia” que evoca Rajoy y que llega hasta el franquismo.  

Por eso, finalmente, decir de los socialistas –como dice Rajoy– que son una “pandilla de irresponsables” que están haciendo lo contrario de lo que fue la Transición “generando problemas que nadie les había pedido que lo generasen, además de tensiones ridículas” es, como mínimo, una expresión altisonante y belicosa. Decir que son una pandilla de irresponsables y a la vez proclamar que “me siento cada vez más identificado con el espíritu de la Transición” es una contradicción. Decir que “por lo menos, aquella era una gente educada y normal que intentó construir” es un gesto entre altanero y soberbio que se acomoda mal con la integración que propusieron los políticos de UCD, una integración que llevó a legalizar al PCE, que llevó a incorporar a una Oposición que se enfrentaba a los restos del franquismo.  

Lamento decirlo, pero lo veo día a día: el lenguaje de Rajoy rinde pleitesía a la batahola de los sectores más bulliciosos de la derecha extremada. Ayer, en la clausura del curso de FAES, el líder actual del Partido Popular acabó echando mano, otra vez, de la historia. Su apostilla fue firme:  “pero, sobre todo, para nosotros, como herederos de la tradición liberal iniciada en las Cortes de Cádiz, España es libertad. Libertad para vivirla desde el orgullo de poder contribuir personalmente a su grandeza y su progreso.  España y la libertad, dos palabras menospreciadas por Zapatero a lo largo de sus dos años de Gobierno. Dos palabras que se echan de menos. Quiero que nuestro proyecto político las convierta en el eje de nuestras propuestas y de nuestra alternativa de gobierno. Quiero que sean el horizonte de un futuro que movilice a los ciudadanos en torno a ella. Quiero que sean la prioridad de un Partido Popular que desea estar a la altura de lo que de verdad está en el corazón de las ilusiones y esperanzas de los españoles. Creo que esto es posible”.  

Bonitas palabras, España y libertad, desde luego. O son declamaciones que todos podríamos suscribir; o son voces de resabios historicistas, como esa invocación a  las Cortes de Cádiz, de las que arranca, por cierto, la primera serie de guerras civiles entre españoles. Pero es que, además, esas palabras campanudas y rimbombantes coinciden, para mayor sorpresa, con el último best seller de Federico Jiménez Losantos: España y libertad. Vaya por Dios.

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Regresamos con nuevo ‘post’ el miércoles 19 de julio.

60 comentarios

  1. Por desgracia, las tergiversaciones o directas mentiras acerca de la historia de España están a la orden del día. Es cierto que resulta particularmente grave que éstas sean vertidas por un político que representa a muchos ciudadanos como Rajoy, pero también es cierto que lo único que éste hace es difundir -con ese toque solemne que da a sus sentencias la clase política- unas ideas peligrosamente generalizadas en nuestra sociedad.

    No sé si el hecho de olvidar la historia condena a repetirla, pero me parece incluso más grave “recordarla” con alteraciones tales como las que realizan usualmente Moa, Jiménez Losantos, César Vidal y compañía.

    Pero lo peor es que estas “cosmovisiones” de España, repito, están demasiado extendidas, a causa de dos factores: la polarización política española (uno no puede ser del PP si no acepta que España existe desde 1479 o que la II República tuvo como consecuencias lógicas la guerra y el franquismo) y la alarmante incultura en materia histórica que padecemos, y que hacen posible que afirmaciones como las de Rajoy sean acogidas con indiferencia o aceptación acrítica.

  2. Las disquisiciones que hace el Sr. Serna sobre la portada del libro de Moa o sobre las declaraciones de Rajoy, son humo perfumado que sus fans inhalan satisfechos y les inspiran para hacer hilarantes afirmaciones como que el PP es la extrema derecha. Digo “disquisiciones” en el sentido de que son ejercicios retóricos, vacuos como fuego de artificio, pero tan del gusto de las masas.
    Sería mejor discutir sobre cuestiones concretas, por ejemplo, ¿es cierto, como afirman Moa&co, que la II República fue antiliberal y revolucionaria?
    Entiendo que sí, si bien hay que admitir que en los años 30 prácticamente no había liberales y sí una masa que quería el poder sin pasar por las urnas ( o utilizándolas): comunistas, socialistas (casi todos), anarquistas, monárquicos (casi todos) y falangistas, que cubrían casi todo el espectro.

  3. Nos guste más o menos, no puede eliminarse parte de la historia de España, es lo que hay, pero sorprende ver en librerías, sobre todo se segunda mano, libros como uno titulado “BReve resumen de Historia Universal”, que ni siquiera tenía 100 páginas…jajaja, ahí lo dejo para que todos recapacitemos. Cada uno tiene su particular visión de la historia….

  4. Señor marqués, aún esperamos sus análisis textuales que prueben que la historia de los publicistas es superior a la de los académicos. E, insisto, lo que yo hago no son disquisiciones: son análisis textuales, quizá algo más extensos que los de su admirado Arcadi Espada.

  5. ¿Rajoy y sus muchachos no son extrema derecha? Yo creo que una de las cosas que mejor ha hecho Zapatero, y quizás incoscientemente, ha sido lograr que se delaten. El discurso de Rajoy no es político, es anti PSOE, anti Zapatero, alarmista, crispado y de extrema derecha. Nada hace bien el PSOE, no sólo no hace nada bien, es que quiere destrozar España, España, España. Tenemos una oposición currutaca, beata pueblerina y agarrotada que niega su historia, nuestra historia sistemáticamente. Y argumentan, claro que argumentan, tienen datos estadísticos: los de Pio Moa y similares.

    Vivimos en un país en el que se ha ocultado hasta que Fernando el Católico se volvió a casar tras la muerte de Isabel. La historia que hemos etudiado era lo menos parecido a la realidad que darse puede y así quieren seguir. Así siguen.

  6. No tergiverse señor Serna, Espada es amigo mío pero no admiro sus análisis textuales. Mas bien considero esta práctica propia de un periodismo cultérrimo pero inaprensible para la mayoría, que no me interesa en absoluto. No olvide que soy de “ciencias”, por lo que debo advertirle que su argucia indicándome “que pruebe que la historia de los publicistas es superior a la de los académicos” es contraria al método científico o a la simple lógica argumentativa.

  7. Señora Serrano, Rajoy es un líder poco carismático pero es persona culta, liberal y demócrata. Calificarlo de extrema derecha la descalifica a usted.

  8. Oiga, señor marqués, que sea de ciencias no le alivia del peso o de la obligación que toda persona culta tiene: leer y analizar textos. La vida es texto, amigo, y del relato con que se narran los hechos nos viene el significado de las cosas.

  9. Señor marqués:

    El estudio histórico está para extraer lecciones de cara al presente, y no para valorar subjetivamente las épocas estudiadas. Cuando la historia es utilizada para enjuiciar, condenando o santificando un período concreto, es cuando el análisis se convierte en publicidad.

    Por cierto, el significado de disquisición no es “ejercicio retórico”, sino “examen riguroso que se hace de alguna cosa, considerando cada una de sus partes”, de modo que puedo coincidir con usted en que Justo Serna realiza frecuentemente disquisiciones en este blog.

  10. Si me atrevo a visitar su casa Sr.Serna es porque parece respirarse un ambiente, aunque algo sesgado, propicio al diálogo. Estoy de acuerdo en la importancia del relato, pero siempre que sea posible contrastatado con los hechos.
    Dice Ventura que el estudio histórico está para extraer lecciones para el presente, estoy de acuerdo. Pero dígaselo a Martinez Reverte, que hizo un programa en la 2 en el que se discutía la disolución de ETA Pm bajo acuerdo con Rosón. Cuando los contertulios intentaron extraer conclusiones sobre el proceso actual de “paz”, Don Jorge les prohibió seguir hablando del tema. Lo hizo hasta tres veces.

  11. Señor marqués, deje a Martínez Reverte y observe lo que digo que dice Rajoy. Es posible que me equivoque estrepitosamente…

  12. Recientemente escribía el maestro Fontana que una de las equivocaciones de los historiadores normales -los revisionistas son otra cosa- era haber caído en el juego de éstos al confundir al dedicar más tiempo a estudiar la guerra civil que la República, siendo ambas dos periodos diferentes, provocado el segundo -lejos de lo que dicen los revisionistas- por la brutalidad de las armas africanistas y de las oligarquías antidemocráticas, acostumbradas al privilegio del Antiguo Régimen. Rajoy es, como buena parte de sus compañeros de directiva, un admirador silencioso de Franco y de su obra, jamás podrá adentrarse limpiamente en que fue la Segunda República ni cuales las intenciones de progreso, justicia y libertad que inspiraron a los hombres que la encarnaron. Para él es mucho más fácil entender por qué un grupo de funcionarios armados a sueldo del Gobierno republicano se alzaron en armas contra él rompiendo todos sus juramentos y conviertiendo el cacareado honor militar en una piltrafa. Él y los suyos entienden perfectamente los argumentos del exgrapo Moa -los sienten-, los camelos de Vidal y las “verdades como puños y pistolas” con que nos despierta cada mañana el resentido mediocre Jimenez Losantos desde una emisora “cristiana” que pagamos todos los españoles.
    Desde luego que Rajoy ni Aznar ni Arenas ni Zaplana ni Acebes tienen por qué tener la más mínima formación histórica. Sin embargo la tienen: Ellos serían los gobernantes de la dictadura si esta hubiese continuado en lla actualidad, ellos han mamado franquismo y su verdad está en la mentira criminal del franquismo. Han querido adaptarse a los tiempos, y se reivindican herederos de las Cortes de 1912: No habrían durado un segundo en ellas pese a su moderación, enseguida se habrían apuntado al sector más retardatario y tradicionalista. No hay ninguna sorpresa en que no condenen el franquismo, es lo natural. Como es natural que observen todavía la República de 1931 como un cúmulo de concupiscencias y maldades ajeno a la verdadera historia de España, que es la que ellos representan y defienden. Pues bien, lo mejor de la constitución de 1978 está inspirado en la Constitución de 1931, y la democracia actual, lo quieran Moa, Vidal, Marco, Zavala o Manolo el del Bombo, tiene su antecedente más próximo en la Segunda República, especialmente en el primer bienio, periodo durante el cual las fuerzas reaccionarias ya conspiraban para derrocar al régimen. No fue la República la que trajo la guerra, intentó evitarla con todas sus fueerzas, incluso cuando sabían todos los nombres de los conspiradores no quisieron detenerlos esperando de ellos un gesto de paz, la guerra la trajeron los felones africanistas y sus compinches, por supuesto también la dictadura, a la cual yo no hado distingos, fue un régimen fascista de principio a fin, pues se basaba en el totalitarismo y la negación de las libertades democráticas a todos los españoles.
    La democracia española actual tiene una rémora que puede lastrarla peligrosamente: Quienes dirigen la oposición son franquistas, leen textos franquistas y sienten admiración por el caudillo genocida. Es algo que no ocurre en ningún otro país europeo. Como muestra sirva un botón, el voto negativo del PP español el 4 de julio contra la condena al franquismo que emitió el Parlamento europeo.
    Franco fue un criminal, un genocida que perduró gracias a la conveniencia de Estados Unidos e Inglaterra. Franco ha sido el español que más españoles ha matado en nuestra agitada historia. No se puede ser demócrata y franquista.

  13. No se si cabe denominar exterema derecha a esas expresiones y a esa forma de expresarlas que utiliza Rajoy, pero desde luego son crispantes, buscan generar incomodidad y se refieren constantemente a un mundo de mitos e ídolos que coloca fuera del alcance de la razón humana.
    España por ejemplo. Puede ser Estado, nación o sentimiento -en cualquier caso, algo que hacer entre todos- pero no esa madre desmembrada; por mucho que se busque mantener alimentados a tantos simpatizantes que basan su ideología política en que Zapatero es tonto (y no habla inglés), mientras se está a la espera de que se destapen los próximos enriquecimientos socilalistas.
    El socialista, para el incondicional del PP es un político que hace tonterías mientras espera su oportunidad de enriquecerse ilicitamente robándonos a todos. Este es el punto de partida y de llegada y no es preciso plantearse más cosas ni más debates. Y como España, ésto ha sido así desde el principio de los tiempos (antes incluso de que hubiera socialistas)
    Creo que esta es la posición que de cualquier manera va a defender el señor Marquesdecubaslibres y no creo que valga la pena discutir sobre ello.
    Solo quiero coincidir co él en que seguro que la II República incluía fuerzas antiliberales y revolucionarias, pero tanto dentro como fuera del sistema, y tanto por la derecha como por la izquierda de entonces… Y muchos de éstos (de todos ellos) no estaban dispuestos a respetar las ideas, ni las acciones, ni si quiera la vida del contrario. ¿Cual cree usted que es el problema actualmente?, ¿Las tonterias de PSOE o la falta de respeto que muestra el PP a los que no pensamos como ellos?

  14. Reconozco que el discurso aludido de Rajoy es paupérrimo por simplificador, pero planea varias yardas por encima de los que se despachan llamando a Franco genocida. Éste tipo de extremismos verbales genera violencia y alimenta a los clérigos del pensamiento reaccionario como FJL. En un foro en el que hasta nuestro Hombre de Paz se modera, no deberían caber esos exabruptos patibularios.

  15. Ya lo dije hace tiempo y lo vuelvo a indicar. La II República parece despertar la reacción y la ojeriza de algunos miembros destacados del PP. En cambio, en esa historia absolutamente amplia hay otros momentos deplorables que no suscitan el mismo rechazo. Recuerdo cuando el ex Presidente del Gobierno español afirmó su orgullo de español católico frente a los fanáticos islámicos, un español católico que celebraba retrospectivamente la gesta de nuestros antepasados, la de aquellos que derrotaron al islam muchos siglos atrás. Aznar sostenía que España se había resistido a ser un trozo más del mundo islámico y que, por tanto, pudo preservar o recuperar su identidad. Justamente porque lo hicieron nuestros antepasados, es por lo que Bin Laden no nos lo perdonaría, deberíamos concluir. Pero si eso fue lo que dijo el ex Presidente, entonces su concepción del pasado medieval y su noción misma de la identidad (de lo español) sería aún la propia de un católico premoderno.

    En ‘Ocho años de gobierno’ dice expresamente que fue la Monarquía Católica la que hizo a España y a la que le deberíamos lo mejor de nuestra identidad, algo previo a la invasión musulmana y algo duradero que llegaría hasta hoy: una identidad, precisaba Aznar, basada en unos valores que se oponen al nihilismo, al hedonismo ateo y que son un híbrido entre el credo católico tradicional y un liberalismo predicado pero no siempre obrado. ¿No es doloroso leer cosas así? ¿Y Rajoy qué dice de todo esto, de la España imperial que perseguía a judíos y a moriscos?

  16. Aunque el marqués se reconoce de “ciencias”, quizá estas sean las de Monipodio. Precisamente al método llamado científico es al que apela desesperadamente Serna cotidianamente cuando escribe. Que sea amigo de Espasa también es evidente, puesto que en tal blog aparecen denuncias groseras y de mal gusto de cosas dichas en éste: ahora ya sabemos más de ciertas filtraciones.
    En cuanto al texto de Serna quiero fijarme de nuevo, para delatar su “enredo y encono”, en la frase en la que Rajoy, como no quiere la cosa hace realmente responsable a la República de la guerra civil y de lo que él llama Régimen autoritario (para nada habla de los sjuicios sumarísimos y el terror instaurado por sus hordas tras la guerra) al decir tranquilamente que la II República terminó de tal modo y manera, como si ello fuera lo que “naturalmente” de deduce de su existencia y de su maldad intrínseca.
    Rajoy, que por supuesto se ha quedado en la raspa de la extrema derecha de la que nació (¿Acaso no fue Fraga su fundador? ¿Y éste no fue ministro de Franco y responsable de sentencias de muerte y terrorismo de Estado cuando fue ministro del interior, ya en plena Transición? Recordad sólo Vitoria y Montejurra) al abandonar el Centro que dió la mayoría absoluta equivocadamente al PP, se nos proclama por último admirador de la educada Transición. Claro que sí, como que planteada por las fuerzas evolucionistas del Régimen de Franco en sus postrimerías, pretendía perpetuar la situación anterior: la famosa frase de Gatopardo todavía tiembla en mis tímpanos: “Es necesario que algo cambie para que todo siga igual”. Su decepción llegó cuando la izquierda, forzada a aceptar la transición y no la ruptura como deseaba, se llevó el gato al agua electoralmente largos años, tras el ensayo centrista de UCD, y la derecha que llamamos conservadora sólo por hacerle un favor, perdió elección tras elección. Cuando al fin consiguió el poder, y el cómo sería objeto de otro análisis, su primer objetivo, proclamado isócronamente por Anzar a lo largo de dos larguísimas legislaturas (la primera más “liberal”, ¡Oh marqués del cubata!, porque con una mayoría tan precaria no tenía más remedio…) fue plantear la necesidad de una II Transición, para enmendar la plana a la Primera. Todavía lo intenta por otras vías.
    Y para terminar ¿Se han dado cuenta Rajoy y congéneres, de que los liberales de 1812 eran los “rojos” de entonces? ¿Cuando no había marxistas? ¿Que si él y sus zaplanescos payasos acebinos hubiesen vivido por entonces habrían secundado al Duque de Angulema, que al frente de los Cien Mil Hijos de San Luis ayudó a restaurar el Absolutismo?
    Menos lobos, Rajoy. Más rigor, cubatillas del marqués.

  17. Las naciones no tienen un origen mítico ni divino, sino que son producto de las guerras. Las fortunas no se heredan de nuestros antepasados nobles, sino que son fruto del pillaje. Seguro que Rajoy conoce estas obviedades, pero se ve obligado a impostar un discurso simplón que contrarreste las pamplinas de Zapatero.
    El ideario pepero, al margen de los aspectos folklóricos, se hunde en las raíces del liberalismo como mal menor para una sociedad habitada mayoritariamente por analfabetos funcionales, cuando no por hebefrénicos delirantes. Por ello pide que la intervención del Estado sea la mínima dentro de una sociedad de bienestar (no se atrevió por ejemplo en ocho años a hacer una reforma laboral de corte liberal, mientras prevalecen leyes emanadas del sindicato vertical hechas por falalngistas iluminados). Así mismo tiempo se da cuenta del valor de la marca “España” como elemento empresarial que permite una mejor situación económica. Esto es lo relevante y no en lo que hoy insiste nuestro anfitrión, al que le veo intoxicado por la lectura de textos banales.

  18. Veyrat, no sea bajuno y no me acuse de filtraciones que no he hecho. Sus chistes sobre los cubatas demuestran que se ha formado en garitos infamantes donde imagino ejercía de trilero y de controlador de palanganas. Soy mucho mas ocurrente que usted, pero no he venido aquí a esto. Le ruego pues que abandone el estilete y sepa disculpar si mis palabras hubieran mellado su honra.

  19. Hace meses lo dije a propósito del discurso de Mariano Rajoy en la Puerta del Sol en defensa de la Constitución (de 1978). Insistía Rajoy que “nosotros no vivimos mirando hacia atrás. No escarbamos en el pasado ni para dividir a los españoles ni para desenterrar ejecutorias de privilegios. No hablamos el lenguaje antiguo de los derechos históricos, las soberanías medievales o los pueblos irredentos”.

    Está bien que se empleen estas palabras. Ya sé que ése fue un acto de partido y que, como tal, resulta extraño, inaudito, que una sola organización política reivindique así, aparatosamente, la permanencia de la Carta Magna, texto legal que estaría en supuesto peligro. Pero es de celebrar que un político tan conservador como Rajoy diga esto, incluso que la derecha española hable ese lenguaje, que se desprenda del canovismo que le es tan querido, o del ‘realismo’ del viejo Borbón, o del carlismo con que en ocasiones tontearon sus antepasados, y que postule sin matiz el constitucionalismo. Pero, atención, que no olviden sus actuales representantes que ese lenguaje constitucional es fruto de una revolución histórica que se remonta al siglo XIX y que el pasado de violencias que lo acompaña no es algo tan fácilmente desechable, que no olviden que la Constitución también nace de la sangre y de la destrucción, de la lucha contra los privilegios. Pero no nos engañemos: 1812 es una referencia lejana fácilmente aprovechable con la que revestirse de un liberalismo inocuo, olvidando la inevitable violencia que la rodea y genera.

  20. Me han llamado de todo, mal poeta, ex-marido de otras buenísimas poetas, e incluso algún general franquista me amenazó de muerte a causa de mis escritos en la pre-Transición: En cuarenta años de periodismo, ¡Imagínese! para todo lo que da… Pero nunca me dijeron”palanganero”, lo que es una honra si pensamos (claro, que usted no es “de letras”, pero permítame que le ilustre) que nuestro antepasado don Miguel de Cervantes terminó su vida ejerciendo ese, en el fondo, limpísimo oficio en la casa de tolerancia que regentaban en Valladolid sus hermanas, llamadas “Las Cervantas”. Quizás haya con ello salvado a más de uno de las temibles fiebres venéreas de la época. Salud, y tómese una copa, querido, a ver si se sosiega y no respira por las heridas, que al fin y al cabo su ridículo “nick” es cosa suya. ¡Ah! a ser posible con Havana Club de 7 años. Brindaré con usted por Arcadio Espasa (por cierto, que ese nombre parece otro “nick”)

  21. No creo que llamar genocida a Franco sea un extremismo verbal, como asegura el señor marqués. Puede que ese calificativo sea despectivo, pero si uno acude a la definición de genocidio (y perdonen mi puritanismo lingüístico) resulta bastante apropiado considerar al “invicto Caudillo” como uno de sus sujetos activos.

    Pero hay algo en lo que no estoy de acuerdo con Pedro L. Angosto: creo que nuestros políticos deberían estar obligados a tener una mínima formación histórica -de historia académica y no panfletaria, por supuesto-. Tal vez yo sea un ingenuo reivindicando una función social de la historia, la historia como utilidad; pero si realmente esta disciplina puede servir de algo para comprender el presente, no se me ocurre un colectivo para el que sea más necesario su conocimiento que la clase política.
    Y no me refiero -no solamente- al conocimiento de los hechos objetivos del pasado, sino a la crítica, al rigor como ingrediente imprescindible de la explicación histórica. Porque el cáncer de los estudios históricos no es otro que la intencionalidad de sus autores, cuyo método muchas veces consiste en buscar documentos que apoyen sus tesis -predeterminadas por su adscripción política-.

    Y no me sirve el argumento de que es imposible un estudio objetivo del todo: por supuesto que todo historiador tiene limitaciones a la hora de buscar la verdad, pero ello no debe conducir a la asunción de que cualquier investigación estará sesgada política o ideológicamente: hay investigadores competentes e incompetentes.

    Pues bien, lo que quería decir es que sería muy positivo para mejorar el nivel de nuestros representantes políticos que todos ellos poseyeran un cierto bagaje histórico serio. Imagine, señor Angosto, a un presidente del gobierno que crea que la guerra civil y el franquismo fueron las respuestas lógicas al radicalismo de la República. ¿Todavía piensa que ni Rajoy ni Aznar ni Arenas ni Zaplana ni Acebes tienen por qué tener la más mínima formación histórica?

  22. Veyrat, usted será de letras pero se ve que ha leído la vida de Cervantes en versión resumida, o quizás le faltan las últimas hojas. El alcalaíno no terminó su vida en Valladolid como usted cree, sino que por un asunto de una aguada en la ingle no aclarado tuvo que volver a Madrid. Aquí acabó sus días en el convento de las Trinitarias, en fervoroso recogimiento sin nada que ver con las palanganas. Como todo lo que diga tenga este rigor estamos aviados…

  23. Hombre de paz ¡Leches! Parece que en este país nadie sabe escribir menos usted. O bien es ingenuidad al creer que las academias son centros diferentes al resto de instituciones y organizaciones humanas donde las relaciones y simpatías no supusieran un porcentaje del valor concedido,o bien le ocurre como a aquel muchacho que recibió como regalo una corbata azul y otra marrón. Al vestirse para la celebración el muchacho escogió la azul, al verle, su novia se mostró un poco contrariada y le preguntó ¿Que pasa amor, es que no te gusta la corbata marrón?
    atentamente

  24. Estimado hombre de paz, también amigo y confidente del nick Espasiano, amante de las interioridades de la gente (está calado, por fin): La Academia sigue manteniendo en su diccionario el término “bonísimo” como superlativo de bueno. Pero ya el Panhispánico de dudas lo ha enmendado y se acepta “buenísimo”, y no solo se acepta sino que se afirma que está desplazando a bonísimo, prácticamente en desuso. O sea que es usted un antiguo, y tan fuera de lugar en sus opiniones literarias como la propia paz en Oriente Medio. Y le respondo sólo por deferencia al blog —el único en el universo mundo de los blogs en el que escribo— en que dialogamos, porque nadie le ha dado vela en este entierro: usted se toma las libertades que le petan. Le recomiendo revisar su concepto de agrafia, pues según María Moliner supone “la incapacidad para expresar las ideas por escrito, debida a lesión cerebral”. O sea, usted. Y en cuanto al falso marqués, le vuelvo a recomendar que se sosiegue, pues la alterada rabia que le ha entrado le denuncia. Y no responde a un sólo argumento. Aparte de no entender la ironía, que suele ser signo de rigidez mental. ¡Y lo de la copa era en serio! A menos que lo de las cubas libres lleve oculto un mensaje libertario para la atormentada Cuba, expresado de esa manera tan aristocrática. Vivir para ver. ¿Fervoroso recogimiento don Miguel? Eso les gustaría a los curas sus amigos de usted. Siga, siga leyendo, que a lo mejor encuentra las páginas perdidas.

  25. ¡Ah, perdón! Y doy por cerrado el caso con ustedes dos, hombres de paz y marqueses de las cubatas, confidentes de espasas. Ya se encargaron ustedes de catalogarse. No esperen ninguna otra respuesta por mi parte.

  26. Bien, tras la triste experiencia de esta tarde, y seguramente ante la indiferencia general o el alborozo de los niqueros, anuncio que no pienso contrastar o debatir mis ideas, en adelante, con quienes se amparen en la cobardía de un pseudónimo. Si tienen el valor de sus opiniones, o ideas, suponiendo que las tengan, porque no han respondido a un sólo argumento político mío, solamente a anécdotas, que las defiendan dando la cara. No espero una respuesta honesta, ni clara, ni valiente por supuesto, de esos locos embozados. No he frecuentado jamás ningún blog, solamente éste por la admiración que siento ante la ponderación y hondura de los análisis de Justo Serna, a quien admiro como historiador y crítico, por lo tanto no estoy acostumbrado al desparpajo barriobajero de los “tapados”. Bienvenidos Ana Serrano ( estoy seguro de que eres quien dices) o Ventura, Fernández del Río o Pedro L. Angosto: Nadie se tomaría la molestia de inventarse una identidad tan obvia, solamente esos esquizofrénicos que insultan escondiendo la mano, sabiendo que sólo la guardia civil podría localizarlos si nos tomásemos la molestia de denunciarlos, o acaso un “webmaster” que no tendrá interés en perder su sueldo denunciando la identidad de quien se esconde para insultar.
    Esta tarde cayó la gota que desbordó mi vaso: Un tal “Inquisitor” se ha mostrado solidario de un tal “Marquésdelascubaslibres”. O tempora…

  27. Deploro el tono retador, faltón, insultante que se ha empleado con Miguel Veyrat. Es triste que esos denuestos, infundios y malas palabras que ensucian se digan, además, tras un nick. Desde 2004, en un artículo que publiqué en ‘El País’, vengo criticando periódicamente estos usos. Ojalá haya contención y respeto. Veyrat se lo merece y con él todos lo demás.

  28. Apreciado Don Justo, mi nick no es mas que un guiño divertido, pues mi identidad es mas que conocida. He pretendido participar lealmente en su blog, pues aprecio su verbo cabal. Lástima que quien usted defiende con denuedo, un tal Veyrat cuyo nombre nada dice, haya ensuciado la conversación con falsas acusaciones, a mas de mostrar enciclopédica ignorancia sobre la vida de nuestro Cervantes. Señor Serna, jamás le he faltado al respeto, ni siquiera en casa Arcadi, donde usted era injustamente objeto de escarnio. No comprendo pues su grosera adjetivación, la cual no me hará desistir pues prefiero su amiguismo a la deriva enloquecida que habita en otros foros. Ruégole pues me permita seguir participando y si tiene dudas sobre mi identidad visite mi blog: marquesdecuvaslibres.blogspot.com
    Con todo respeto y admiración.

  29. Se echa de menos el debate intelectual, sin agenda oculta, con sentido del humor, seriedad argumentativa y ausencia de prejuicios.

  30. ¿Pero qué ocurre ?

    Están los ánimos que no permiten un poco de sorna en el diálogo.

    Simplemente Sr. Veyrat ignore los comentarios que a Ud no tendrían que molestarle.

    Yo personalmente he escrito con varios “nik” simplemente por darle informalidad ó quitarle dramatismo a los escritos en la RED.
    Tengo una ligera identificación con los personajes de “charnego impertinente”, “Argamasalva”, “Gertrudis Stein”, y ultimamente con “Grazia Deledda”.
    Esta última por una semblanza sobre ella escrita por Gregorio Morán en La Vanguardia.

  31. Mire Serna, le hablo a calzón quitado, si yo supiera que Rajoy está en la verdad no necesitaría debate intelectual alguno. Mi tragedia es que a los 51 años, dudo. Me gustaría tener la seguridad y facundia de algunos, pero carezco de ellas. Sólo creo firmemente en Shostakovich, el músico total.

  32. Sr. Veyrat, yo sentiría sinceramente que usted se disgustara y nos privara de sus reflexiones, certezas y opiniones. Sobre todo si es a causa de ese “coro de los grillos que cantan a la luna” . Creo que las ocasión merece importar la estrofa entera:

    Desdeño las romanzas/ de los tenores huecos
    y el coro de los grillos/ que cantan a la luna.
    A distinguir me paro/ las voces de los ecos,
    y escucho solamente,/ entre las voces, una.

    Pues eso.
    O Tempora o mores.

    Yo confio, y le pido que lo haga conmigo, en que, como pide Serna, el respeto y la contención van a seguir reinando en este blog. Por otro lado, ya se sabe que en el campo habitan insectos de todo tipo, algunos más molestos que otros, no por ello vamos a privarnos de visitar con deleite este bosque de las ideas.

  33. Miguel Veyrat, puesto que acabo de enterarme de que sólo has participado en los blogs de Justo Serna, debo decirte que en el de Julia Escobar había uno que se hacía pasar por ti. Su ideario era similar al tuyo, eso sí. No obstante, yo en tu lugar llamaría de inmediato a la Guardia Civil…

  34. Vienen con fuerza tras el fin de semana en que estuve aquí sola aprovechando para pasar el plumero. Salgo esta tarde y me dan las cuatro de la madrugada leyéndolos y así, este comentario se ha quedado muy lejos, pero quiero traerlo aquí para darle las gracias a este señor que no se quién es, aunque afirme ser muy conocido, por su comentario que me honra:

    # marquesdecubaslibres Says:
    Julio 17th, 2006 at 12:47

    Señora Serrano, Rajoy es un líder poco carismático pero es persona culta, liberal y demócrata. Calificarlo de extrema derecha la descalifica a usted.
    ___________

    Y me honra también, porque me siento en el mismo lote que el señor Veyrat y eso es un honor inmerecido que me encanta. Para los asustados, no me parece que es Señor Veyrat haya dicho que no vaya a participar más aquí (el me corregirá si me equivoco), solo que no va a contestar a quienes tienen esa actitud… tan poco deseable (soy fina de natural). Y hace muy bien. Sé por experiencia que, si no se responde nunca, pero nunca, nunca a las provocaciones, acaban por cansarse. En cambio, si se “entra al trapo” acaban siendo unas pobrecitas víctimas

  35. Sigo, que se me ha publicado sin aviso previo.

    Las víctimas estas, digo, se sienten ofendidas por el trato que se les da y llaman cosas como “controlador de palanganas” y “trilero” a un contertulio respetuoso y educado que implemente ha hecho unas bromas con un nombre que, ni siquiera, es verdadero.

    Y sí, me llamo Ana Serrano aquí y en la vida de fuera. Tampoco yo escribo en blogs, salvo alguna nota en los de algún amigo, pero tengo un foro y en él soy Anacrusa porque todos andan con otros nombres, pero, si el anfitrión utiliza su nombre, me parece una descortesía, un anónimo, participar con un nick, por mucho que sea algo que me llaman desde que era estudiante de conservatorio.

    Soy Ana Serrano y Rajoy es de extrema derecha (aunque se pueda ser aún más. Que no se esté en el límite, no quiere decir que no se sea. Evidentemente, Rajoy no es Franco). La segunda República fue un periodo luminoso con errores y, de paso, presento mis respetos y mi agradecimiento a nuestro anfitrión y al Señor Veyrat.

    Como diría Benavente (a estas horas mis citas son un tanto pedestres), ahí os dejo mi pellejo. Tampoco yo responderé.

    Buenas noches.

  36. Buenos días, Ana Serrano, y buenos días contertulios del blog, hoy comentando el artículo publicado por Justo Serna en Levante. Precisamente Ventura empezaba la larga lista de la tortuosa discusión de ayer, que se fue totalmente de sus objetivos, con estas palabras: “Por desgracia, las tergiversaciones o directas mentiras acerca de la historia de España están a la orden del día”. Y así ha sido también por supuesto con los hechos anteriores y posteriores a la II República, teniendo en cuenta que la historia la escriben siempre los vencedores. Y no me refiero a los libros de historia realizados con criterios científicos, recalco, que existen y son excelentes… pero son leídos sobre todo por los especialistas o las gentes muy interesadas en el tema: No, hablo de esa historia hecha de retazos de vida cotidiana, de artículos de periódicos, de noticiarios como el omnipresente NODO de los Cuarenta Años, las películas con guión de Jaime de Andrade (el “nick” de Franco), las manifestaciones de apoyo al dictador en la Plaza de Oriente, retransmitidas a todo el país, el horror de los juicios sumarísimos, el terror cotidiano a la denuncia anónima…, el hambre y la miseria de los años cuarenta, aún no borrado de la memoria colectiva de los españoles.
    Pero imaginemos que hoy, 18 de julio de 2006 se produjera el mismo tipo de ruptura que en el 36, con las mismas consecuencias: ¿Qué quedaría en la mente de los españoles que como actuales Rip Van Winkle se despertasen dentro de setenta años? : La “traición a los muertos” de Zapatero, las manifestaciones de curas y víctimas pidiendo “libertad”, la comparanza entre Franco y Hitler con Benegas y Otegui, realizada por la pasionaria de derechas San Gil, el vídeo que acaba de colgar el PP de Euzkadi en la red con el anagrama del PSOE abrazando la serpiente de ETA? ¿Esa sería la “verdad histórica”? ¿Qué publicaría el ABC de entonces? La crítica histórica de Justo Serna es impecable ante la memoria selectiva de ABC que ignora, por ejemplo, la oferta hecha a Franco, también desde Lausanne, por parte de un fogoso don Juan para participar en “La Cruzada” para restablecer la civilización cristiana de Occidente.

  37. La monarquía, como la democracia, es un mal menor. Al menos eso demuestra la historia en nuestro caso, pues no ha existido a pesar de todo un periodo tan bonancible como el de los últimos 30 años. No se puede hablar con rigor del “papel de la monarquía” en sentido amplio, pues ha habido de todo aunque en general poco proclive a la democracia.

  38. Ayer por la tarde hizo 70 años que comenzó el exterminio ideológico más masivo que se haya hecho nunca en España.

    Y el de mayor duración, pués duró 40 años y sus beneficiarios aún disfrutan de sus resultados 30 años después de haber desaparecido su icono principal.

    Crearon tal ligazón con el terror y la castración del pueblo que aún perduran y perdurarán sus efectos por algún tiempo.

    La transición que se llevó a cabo tras la muerte de su mayor abanderado, fijando la sucesión en su heredero y entregándole la Jefatura del Estado, ha hecho que dentro de poco ó mucho, tengamos ó tengan que hacer las nuevas generaciones, una verdadera ruptura ideológica con el pasado.

    Mientras no se efectúe será imposible el que convivan las dos Españas en un mismo suelo.

  39. Los libros de y sobre Historia deberían escribirse para el público general y no para los mismos doctos que los escriben, sería de más fácil acceso y contraste. Yo misma quizá escriba uno sobre la historia de la Historia…
    Por cierto, se comentaba antes algo sobre el uso de pseudónimos en el blog, yo pienso seguir utilizando éste porque da un aire más impersonal y en realidad me define mejor que mi propio nombre, además , como señalaba Veyrat, en mi caso no lo empleo para arremeter contra nadie, así que supongo que no genera problemas.

  40. Se me ha olvidado hacer una apostilla:

    Aunque no se deduzca de mi intervención, quiero decir que los que participaron en la “transición” y se han instalado en el poder, están desacreditados por su colaboración en ella, en liderar cualquier intento de “ruptura”.

    Si lo hicieran, no sería más que repetir una nueva componenda transitoria.

  41. Gracia Deledda, siento decirte que en países de nuestro entorno como Gran Bretaña o Francia no han tenido tal exterminio ideológico y los beneficiarios de la política se diferencian bien poco de los beneficiarios aquí.
    No comparto contigo esa sensación de asignatura pendiente, ni esa descalificación por el hecho de haber participado en la Transición. ¿Qué clase de ruptura estás pensando? ¿A donde te parecería bien que llegáramos politicamente?
    Perdona, pero yo me siento un poco descreido respecto a las posibles formas de gobierno o a las posibles libertades máximas. De cualquier manera, a mi entender, van a gobernar unos sobre otros. Por eso prefiero que hayan buenas políticas, justas y humanas (otros las prefieren enriquecedoras para su economía o ideología aun a costa de sangre ajena) que pensar que existe alguna posibilidad, mejor dicho: alguna mejoría que lograr, en cambiar el sistema.
    Monarquía y democracia me parece que son opuestos etimológicamente, no obstante no nos va mal, ni nos hace ser diferentes al resto de estados. La figura del Rey vale para mucho, es una especie de mascota, el Cobi de España. Son graciosos estos monarcas. Incluso valen, como hace el ABC, para responsabilizarles y agradecerles el advenimiento de la democracia. Como si hubiera algún monarca que quiera ser tratado y considerado como uno más del pueblo (demos=pueblo, cracia=gobierno). Claro que tampoco hay muchos políticos que lo acepten.
    En fin, es el ABC, la realidad supera los chistes que les dedicaba el programa televisivo Pecado Original.

  42. ¿Qué bromas podemos consentirnos sobre la Monarquía? Dice Fernández del Río, “la figura del Rey vale para mucho, es una especie de mascota, el Cobi de España. Son graciosos estos monarcas…”  Permítame, estimado amigo, reproducir de ‘Los archivos de Justo Serna’ (16 de septiembre de 2005) un texto en el que celebro las bromas inteligentes sobre nuestro apreciado monarca. Lo titulé ‘El Rey de Buenafuente’:

    El rey de ‘Buenafuente’, el rey de las audiencias, es ‘el Neng de Castefa’, encarnado por Eduard Soto: un tipo descerebrado y ‘makinero’, excitadísimo, colocadísimo, que pilota su ‘buga’, su coche ‘tunning’, y que se uniforma como tantos otros que le admiran, con camisetas chillonas y con los inevitables pantalones de chándal: yo he visto a clones del ‘Neng’ en la sección de discos de ‘El Corte Inglés’, pasmados ante su clip musical, cantando y contoneándose a los sones de… ‘¿Qué pasa, Neng?’, un clip, todo hay que decirlo, que aprovecha el tirón del personaje sin aportar nada: una manera de llevar más dinero ‘a la saca’, que diría Buenafuente, esto es, un modo de incrementar los ingresos de ‘El Terrat!.

    Pero en este programa hay otro rey: Toni Albà. Es una excelente noticia que Toni Albà se incorpore al programa de Andreu Buenafuente en Antena 3 y que incluso disponga de un espacio particular en la nueva temporada. Y lo es porque este mimo, este actor, este cómico catalán, es uno de los grandes bufones que ahora podemos ver en pantalla. Tiene un extenso currículum sobre las tablas o ante las cámaras y ha hecho las caracterizaciones más diversas, más divertidas, más ingeniosas, aunque si hay una que le ha dado fama en Cataluña y, a partir de ahora, se la dará en el resto de España ésa es la parodia de ‘El Rey’, dicho así sin nombre y apellidos, sólo con el rótulo que designa la función.

    Toni Albá, en efecto, es ‘El Rey’. Lleva alzas en los zapatos para darse una estatura regia de la que el actor carece, pero lo gracioso es que esa elevación artificial no se oculta, sino que se hace bien ostensible, como si de calzado de ortopedia se tratara, lo que le provoca un andar molesto, lento, inseguro, semejante al de Boris Karloff cuando encarnaba al monstruo de Frankenstein. Lleva el preceptivo uniforme de gala, oscuro, un chistoso uniforme de Capitán General, con banda, con chorreras, con abotonadura dorada, con medallas, toda una quincalla patriótica. Lleva guantes blancos, como corresponde a la indumentaria solemne, de mucho ringorrango, aunque tal vez sólo se los enfunde para evitar el contacto real con la gente, una especie de preservativo en tiempos de multitud y campechanía. Y eso, la campechanía, es lo primero que ‘El Rey’ ofrece. Lleva el cabello largo y un pelín descuidado y grasiento, algo excesivo o inconcebible en otro monarca hierático y circunspecto.

    Pero ‘El Rey’ de Albà derrocha simpatía y trato cercano, amable, cordial, como ese grande que no debe hacer ostentación de su calidad, linaje y posición. Está próximo a los súbditos y, por eso, viste de manera regia y a la vez desinhibida, con ciertos toques de informalidad. Aunque no podamos decir que en su indumentaria se aprecien rasgos de desaliño, sí que se atisba un cierto descuido: como si ‘Sofía’ (éste es el nombre de su esposa) no se ocupara de reparar esas negligencias o como si dejara al esposo por imposible, por testarudo e incorregible. Sonríe permanentemente e incluso se carcajea con facilidad: nada parece tener tanta gravedad como insinúan algunos predicadores radiofónicos y, por eso, por la guasa y mano izquierda que derrocha se lo perdonamos todo. No sé si su esposa (quizá más severa) le absolverá. Y ‘El Rey’ habla, sobre todo habla sin parar, con comentarios jocundos, aunque con una cierta dificultad: platica nasalmente, como corresponde a quien dispone de un poderoso apéndice, y la lengua, que adivinamos pastosa, se le traba en ocasiones.

    Lo iremos descubriendo poco a poco, supongo. Incluso es posible que a este Monarca de pega le veamos sus aficiones: jugando a las máquinas recreativas, por ejemplo. Si recuerdan ‘Mañana en la batalla piensa en mí’, de Javier Marías, hay un capítulo en el que el protagonista y narrador acudía a Palacio. Mientras esperaba en la antesala a ser recibido por ‘El Único’, “oí sin duda el fragor de un flipper, lo conozco bien desde mi adolescencia y además apenas quedan (…). Oí correr una bola loca y marcar muchos puntos, confié en que la máquina no regalara partida”. ‘El Rey’ de Albà lleva guantes blancos y no sabemos qué esconde, si se muerde las uñas o si las lleva desaseadas. A ‘El Único’ de Marías, ese monarca igualmente campechano y sencillo, sí: “llevaba sendas tiritas de plástico en los dedos índices”, una especie de esparadrapo que imaginamos a causa de su afición al ‘flipper’. No sé: también parecía un tipo algo desaliñado, como si se hubiera abandonado.

    No a los personajes, sino a los actores, les pedimos lo contrario: a Albà, a Soto, a Buenafuente y a los desternillantes cómicos de ‘El Terrat’ sólo les pedimos que no se abandonen, que no carguen con sal gruesa los chistes y que la inevitable repetición a que están obligados no les lleve (no nos lleve) al aburrimiento. Y a ‘El Rey’, pues a ‘El Rey’ le pedimos que… viva la Monarquía.

  43. Hoy no puedo más que colgar la crónica de J. Ortiz en casa de D. Justo por que en ella se resume muy bién lo que a mí me es difícil de explicar:

    El Partido Popular cree que la fijación abierta y pública de la verdad histórica sobre el Alzamiento franquista del 18 de Julio de 1936 y sus trágicas consecuencias es inconveniente, porque reabre «heridas del pasado». Tampoco considera positivo que se condene explícitamente el franquismo en sus diferentes fases, y así lo ha expresado en diversos foros internacionales.

    A la dirección de ese partido, a la mayoría de sus militantes y a buena parte de quienes lo respaldan en las urnas les desagrada oír que el golpe militar de 1936, la guerra civil a la que dio origen y el régimen político tiránico y liberticida que establecieron a sangre y fuego los vencedores constituyen una cadena de acontecimientos radicalmente opuestos a los principios democráticos y a los derechos humanos más elementales.

    ¿No conviene reabrir «heridas del pasado»? Sólo pueden reabrirse las heridas que no han cicatrizado del todo. Si realmente el 18 de Julio y los 40 años posteriores reposaran en la Historia, como tantos otros añejos episodios desagradables que ya no afectan ni poco ni mucho a nuestras preocupaciones de hoy, podrían ser examinados con entera tranquilidad. Pero no es así. De hecho, según una encuesta reciente, uno de cada cuatro españoles se opone a que se investigue y aclare qué sucedió realmente en aquel tiempo.

    ¿Temen saber? ¿Prefieren no recordar que saben? ¿No quieren que otros sepan lo que ellos saben?

    No sería grave, ni mucho menos, que hubiera conciudadanos que se mostraran poco dados a la invocación de sus viejos fantasmas familiares. Lo grave es que prefieran que no se hable de ello porque, si se hace, se ven en la obligación de tomar partido en cuestiones de principios, y prefieren no hacerlo. Que un 30% de españoles, según la encuesta publicada hoy por El Mundo, justifique la sublevación militar del 18 de julio de 1936 demuestra que casi la tercera parte de nuestra sociedad sigue sin aceptar el valor universal y superior de las reglas de la democracia. Admite que los ejércitos pueden hacerse por la fuerza de las armas con el poder político en determinadas circunstancias cuya mayor o menor excepcionalidad a ellos mismos les corresponde juzgar.

    Hay quien se sorprende de que, según las encuestas que se están publicando en estos días, sea la parte de la población española que vivió durante el franquismo la que menos firme se muestre a la hora de condenarlo. Aunque este extremo dependa mucho de las zonas geográficas de que se trate –y prefiero no entrar en detalles, para evitar agravios comparativos–, en general no es de extrañar que muchos prefieran que no se concrete cuál fue su contribución personal a la lucha contra la dictadura… o a su mantenimiento. Porque, si queda establecido sin vuelta de hoja que el franquista fue un régimen criminal, ¿con qué acentos épicos contarán a sus descendientes que no movieron ni un dedo para oponerse a él, o que incluso colaboraron en su mantenimiento?

    El PSOE se queja de que el PP quiera convertir el «pacto de reconciliación» en el que se basó la Transición en un «pacto de olvido». Así dicho, queda hasta bonito, pero los dirigentes del PSOE –al menos los mayores– saben de sobra que lo uno llevó a lo otro. Ellos sellaron un pacto implícito de silencio con los albaceas testamentarios del franquismo. Un pacto que sigue cubriendo con su manto protector a muchos, del Rey abajo. ¿Cuántas veces los socialistas no han amenazado desde 1977 a las huestes de Fraga con sacar a relucir su pasado? Pronto se quedarán sin ese recurso, pero por razones vegetativas.

    Uno de cada cuatro encuestados prefiere no opinar sobre el 18 de julio. Otra parte nada desdeñable dice que no opina porque no sabe qué sucedió. El conjunto ofrece un panorama tan desolador como coherente. No desentona nada.

  44. Lo preocupante, Justo, no es que el Neng sea un modelo, ojalá. Es peor aún, el modelo existe mucho antes (y mucho más extendido de lo que podíamos pensar) de que Antena 3 pensara en contratar el programa de Buenafuente. Yo simpatizo con el Neng porque es consciente de que hace el payaso, lo que abre la esperanza a que tantos “ciclados” que habitan nuestras urbes se den cuenta de que se comportan como tales. Pero, nada, ni por esas, los ha visto usted y los he visto yo: personas entrando en la adultez que van disfrazados tanto por fuera como por dentro de la piel y de la cabeza (disfraces en forma de exceso de drogas y de anabolizantes). No distinguen el cachondeo del personaje sobre ellos mismos, se toman en serio y por lo visto se toman también en serio el personaje. Cualquier día los vemos disfrazados de Superman.
    Luego, ya puestos, el negocio es el negocio. Lo digo por las ventas del Neng.
    Contaba alguien en la cartas al director de no recuerdo que diario que su hijo de cuatro años le pedía que le contase el cuento del Neng. Bonita papeleta para ese padre que ha de extraer enseñanza para su hijo de la parodia de unos descerebrados a tiempo parcial.

  45. Espléndidas las tres últimas intervenciones, Justo, Grazia y el estrambote de del Río afirmando que lo inportante es que “Él” sabe que hace el payaso, exactamente igual al que saber ser “El que se es”, inventado por el redactor —Harold Bloom lo llamaría la rdactora, pues eso cree— del Génesis, Cap. III. Enhorabuena. Suscribo esa tríada de opiniones convergentes y sobre todo, una golondrina no hace verano… por una vez ceñidas al tema planteado. Nos quedaremos, como siempre, en el “fuese y no hubo nada”, en el amagar y no dar. Lo malo es que nos aproximamos, quedan dos años, a la gran prueba en que desaparecerá para siempre el resurgir del poder eclesiástico, levítico, como un eructo del franquismo, o habrá una esperanza para la evolución democrática, quedando el rey como el enorme y desmesurado símbolo tan bien descrito en líneas anteriores. El Neng disparando un “flipper”. Y que no se ensucie los blancos guantes, como ha logrado hacer hasta ahora, excepto en los temas económicos…

  46. Sr. Veyrat, debo reconocer que me ha enviado de cabeza al diccionario por si lo de estrambote tenía algo que ver con mi persona. Ya puedo respirar tranquilo.
    Respecto al tema de la Memoria, mi impresión (lamento no estar de acuerdo hoy con mis más admirados tertulianos) es que se está queriendo jugar en el presente una mano del pasado, a la par que juzgar el pasado con una mano del presente. Y creo que esta vez ha sido el PSOE quien ha hecho el envite y el PP quien rapidamente lo ha aceptado.
    Me escudo en mi opinión en Santos Juliá, a quien tuve el honor de escuchar hace unos años en el colegio mayor Rector Peset en una conferencia titulada “Echar en el Olvido”. Ya acerca de este espinoso tema de la recuperación de la Memoria.
    Ni mi pequeña memoria ni el tiempo me van a permitir resumir como merecen las disertaciones de Santos Juliá, pero como conclusión me quedó la idea de que echar en el olvido (lo que se decidió hacer en la Transición) no es tratar de olvidar o disimular por miedo o por conveniencia, si no pasar página, convencerse de que el pasado ya no se puede cambiar y decidir ir hacia adelante, colocar todo aquello que pasó en el olvido porque su presencia no nos dejaría movernos en el presente.
    Y no me refiero al ámbito profesional de la Historia, si no al de la Política.

  47. Gracias, Miguel. Hoy, por lo menos, el tono de las intervenciones que empleamos es más relajado. Y ello a pesar de que en origen el tema que tratamos (la Monarquía) se prestaba a la colisión… Por otra parte, lo que dice el señor Fernández del Río es exactísimo y lo asumo enteramente: lo de remover la memoria en aleación con la historia me sigue pareciendo un asunto confuso que en el peor de los casos se presta a lo que ayer denunciaba Julián Casanova en una entrevista: “ahora, mucha gente que escribe sobre la Guerra Civil no tiene nada que ver con la investigación histórica. Son obras de tertulianos, periodistas, gentes mediáticas que en realidad buscan público mediante un marketing agresivo”. Yo no sabría decir sé si ésa es una evaluación general que se cumple en todos los casos; no sabría decir si esas “gentes mediáticas” tienen avales y métodos y rigor para investigar sobre el pasado. Unos, sí; otros, no. El ejemplo de Pío Moa he tratado de analizarlo. Lo que sucede es que con la excusa de la memoria cualquier relato verosímil puede enunciarse sin que se someta necesariamente al veredicto de los expertos. 

  48. Al respecto de la monarquía. Estoy seguro que “la Reyna y Yo” sabrá nadar y guardar la ropa como ha hecho hasta ahora. Y si de paso tranquiliza las mentes calenturientas del Santiago y cierra España pues bienvenido sea.
    ¿A quien molesta? Solo lo económico parece resistir el enfasis en la crítica (porque en lo ideológico ya no hay diferencia entre monarquía y república), pero total, tanto gasto superfluo, tantas monarquias que despilfarran.. que aun nos resulta barato.

  49. Por dios, señor Fernández del Río, que no soy el Coco. Jamás le tiraría nada a nadie a la cabeza, y menos un diccionario… ni siquiera para defenderme, mire usted, aunque a veces a uno le hierva la sangre con algunas actitudes… Tiene usted razón, pero mire, y se lo digo también a Justo, la verdad objetiva, científica, él lo sabe bien, es más importante que la “memoria” en abstracto, sobre todo si contiene grandes dosis de material afectivo. Pondré un ejemplo de hoy mismo: Nadie podrá contestar otra verdad histórica que ABC también oculta (y con “razón”): El marqués de Luca de Tena, propietario del diario y monárquico encendido, que sin embargo saludaba hipócritamente con un Viva la República en portada, una vez comprobada el 25 de julio la actitud leal de Madrid, había pagado con su dinero, y encargado a su corresponsal en Londres Luis Bolín, el alquiler del avión Havilland Dragon Rapide, que debía trasladar al general felón Francisco Franco hasta su destino golpista. ¿Actuaba por su cuenta el señor Marqués, ya entonces representante del monarquismo más rancio?

  50. Vistos los esquematismos irreductibles de algunos, que no pueden escribir de historia sin adjetivar (general felón es la última perla), parece que la revisión de la memoria histórica acabará a tortas. Si en este foro, educado y culto, se percibe gran tensión cuando interviene alguien que no es de la cuerda, imagínense en otros ámbitos. Particularmente reinvindico el papel de la ficción documental para tratar de entender mejor lo que pasó. Como parte de la investigación realizada para la realización de un documental en el que participo en la producción, hemos revisado varios archivos fotográficos inéditos. Particularmente rico es el uno de Santos Yubero que fotografía los primeros días de la Guerra en Madrid. La visión de los protagonistas reales de los acontecimientos nos da una información muy rica y diferente de la obtenida con los medios habituales.

  51. Señor marqués, por lo que dice y valora, usted debería leer a Ronald Fraser. Es un espléndido historiador (al que me honro en conocer, por cierto). Lea ‘Escondido’, lea ‘Recuérdalo tú…’, lea ‘En busca de un pasado’. Recrea admirablemente el pasado de España y su infancia, ese momento entre aristocrático y distante de quienes nacieron en las buenas familias de la Inglaterra de los años treinta.

  52. Señor Serna ¿Conoce los libros de Benjamín Prado (Mala gente que camina -Alfaguara-) y Pedro Corral (Desertores -Debate-) Y, si es así, ¿Qué le parecen?. Los tengo, el primero es amigo y el segundo me hizo una entrevista preciosa en el ABC, con motivo de la exposición que hice de Marga Gil Roësset en el Círculo de Bellas Artes y no me atrevo a leerlos. No creo que me decepcionen, pero me da cierto miedo.

    Ya que he venido a abusar de su amabilidad, aprovecho para, una vez más, darle las gracias por sus magníficos comentarios y su expléndido artículo del Levante y las buenas noches al Señor Veyrat, que tan amablemente me ha saludado la mañana.

  53. Para empezar, los únicos que quieren reescribir la historia, falaz e injuriosamente, y enfocada a beneficiarles, es el Partido Socialista. ¿Por qué ahora la Ley de Memoria Histórica? ¿Por qué el señor Zapatero nos dice “que ETA no asesinada desde hace 3 años” para justificar ese “proceso” de “paz” y en cambio nos dice lo mala que fue la derecha por asesinar hace 70?

    Es ofensivo que el autor de esta página acuse a ABC de “obviar” lo que le parece de la historia de España (que no digo que no) cuando el lo hace, y encima, descaradamento. Señor webmaster, he de decirle o recordarle más bien, porque estoy seguro que lo sabrá y lo ha ocultado, que durante la dictadura de Primo de Rivera la gran MAYORIA de la sociedad española estaba a favor del dictador. La Restauración flaqueaba, el desastre de Anual impactó a la población y la política estaba corrupta. Primo de Rivera, personaje que ni mucho menos defiendo pero si comprendo, intentó poner orden en aquella anarquia, acto que apoyó, insisto, la mayoria de españoles. Y no solo la mayoria de españoles, sino en los primeros años el PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL, que gozaba de derechos que todos los demas partidos tenian vetados. No acuses a Alfonso XIII de poco demócrata cuando bien sabes que el mismo partido que hoy escribe un engendro mal llamado Ley de Memoria Histórica (SU memoria) secundó al dictadorzucho fundador de la Falange Española y al cual abandonó cuando en 1929 se veía su final.

    Tambien es el mismo partido socialista que intentó cargarse la república en 1934 en Asturias, donde, por cierto, casi muere el abuelo de Zapatero, quizá ahora en vez de tener un republicano extremista nos hubiese salido el nene falangista (cosa igual de mala). La peor mancha que tienen los Borbones españoles son Carlos IV, Fernando VII y Alfonso XIII. Ni siquiera incluyo a Isabel II, puesto que a mi humilde opinion fue una victima en manos de caciques carlistas y liberales extremistas que sólo querían poder, y no democracia, cosa muy distinta. Carlos IV fue un inepto y Fernando VII un tirano y Don Alfonso… un ignorante y un crédulo y por supuesto un pusilánime.

    Por último, decirle, que la II República fue un esperpento deslegítimo, por varias razones:
    1-Alfonso XIII nunca abdicó
    2-Alcanzaron el poder mediante unas elecciones MUNICIPALES. (Es como si gana el PP las elecciones municipales y dice que Rajoy debe ser presidente del gobierno)
    3- Esas elecciones NO LAS GANARON LOS REPUBLICANOS. De 27.000 concejales en toda España, unos 25.000 fueron de partidos monarquicos y solo unos 5.000 lo fueron de republicanos. Sólo ganaron en las principales capitales de provincia (Madrid, Barcelona, Bilbao, etc…)
    4- Para cambiar del régimen monárquico al republicano no convocaron a plebiscito. ¿Si tan demócratas eran por qué no celebraron un referendum?

    La II República es la gran farsa española del siglo XX y que nos intentan endiñar en pleno siglo XXI. La mayoria de los republicanos no querian democracia, querian pode,r y la prueba esta en que cuando la derecha llego al poder en 1933 la izquierda no dudo en sublevarse y dar comienzo al principio del fin de ese sistema con la Revolución de Asturias de 1934, en la que participó el PSOE. La república se proclamó porque Alfonso XIII fue un inepto y porque los republicanos manipularon la informacion que la gente recibia.

    Sólo hemos tenido un periodo democrático verdadero y ese ha sido con la III Restauración monárquica en 1975 y su aprobación por el pueblo español en 1978.

    Viva España y viva el Rey

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