La máquina del tiempo

  davis.gif    11 y 12 de octubre de 2006

Acaba de aparecer un libro en cuya traducción he participado. La versión al castellano la hemos hecho Anaclet Pons y yo mismo. Lo edita PUV y lleva por título Pasión por la historia. Se trata de un libro en el que Denis Crouzet entrevista con Natalie Zemon Davis, la gran historiadora norteamericana. Les recomiendo vivamente el volumen. Es un auténtico manual de instrucciones: un texto reflexivo en el que Davis detalla con perspicacia y memoria lo que ha sido su tarea como investigadora. Otro día volveré sobre este libro, sobre sus contenidos. Ahora bastará con señalar que en sus páginas queda muy claro qué distingue a un historiador de un amateur, qué le diferencia de un reportero o de un novelista o de un poeta, a pesar de que la obra de Davis muestre coincidencias con las tareas que éstos emprenden. Ella regresa al pasado francés como si de un corresponsal se tratara, intentando transmitir a sus lectores de hoy lo que es un mundo distante, ajeno, con valores que no son exactamente compatibles con los nuestros; ella se plantea el problema de la ficción y la relación o no que ésta pueda tener con la escritura de la historia, ese espacio jamás visto que se alberga en los archivos y que hay que hacerle ver al destinatario; ella se plantea, en fin, la función de la palabra, el papel que desempeña la comunicación, pero también la expresión en sí, aquello que no siempre es comunicable, aquello que es abstruso y que forma parte del mundo de percepciones de los antepasados. A la postre, su ejercicio como historiadora es una traducción: la traslación de un repertorio de experiencias ajenas que se condensan en palabras y en imágenes… 

Nosotros, quienes hemos traducido el libro, creo que experimentamos una pasión por la historia semejante a la de Natalie Zemon Davis, pero, también como ella, nos hemos planteado reflexivamente ese ejercicio práctico de traducción: una historiadora que se expresa en inglés, que se ocupa de temas franceses –de la época moderna– que no son inmediatamente accesibles o comprensibles. Si lo pensamos bien, la tarea del historiador se asemeja, es cierto, a la del traductor, incluso a la del intérprete: debe transportar un repertorio de referencias a unos destinatarios que las ignoran… En eso consiste, precisamente, la historia: en sondear un espacio ignoto –normalmente, un espacio escrito que se conserva en los archivos— para interpretar textos que son versiones del mundo, textos mutilados, llenos de sobreentendidos, evidencias que nos resultan incomprensibles. En eso consiste, justamente, la traducción.  

Digo traducción y me acuerdo inmediatamente de un artículo de Fernando Savater. Me da la risa. Aunque tiene más de diez años, todavía me acuerdo de mis carcajadas. Me desternillo aún cuando lo releo. Reproduciré para ustedes el párrafo más cómico. Se trata de un artículo fechado en febrero de 1995 cuyo título era Menosprecio al castellano.  Decía: es deplorable el estado de “los folletos de instrucciones de algunos aparatos que se venden en España”, pero no por la impresión, por el papel o por la tinta, sino por la lengua que emplean. “Supuestamente redactados en varios idiomas, al llegar al castellano” es triste confirmar que manejan “una jerga no ya incorrecta, sino ininteligible y paródica”, constataba Savater.  

“A uno de mis hermanos le regalaron estas navidades un calentador de toallas, cuyas normas de manejo venían, al parecer, en inglés, alemán, francés y castellano. Las tres primeras lenguas, con mayor o menor propiedad, resultaron reconocibles, pero las reglas en castellano desafiaban al más fino hermeneuta. Verbigracia: una de las recomendaciones importantes nos prevenía así: “Para evitar quemadura acaso, no deje desnudo piel alcanzar caliente superficie, reserva superior barra cuando mudando”. Más claro, agua. Otra imprudencia posible quedaba no menos nítidamente advertida: “No opera cerca de niños o inválidos, siempre que su toalla calentador es dejado operado y no concurrido”. En efecto, ni a un calentador de toallas le gusta que le operen y luego nadie le concurra. Y también, por si acaso: “No arrolla cuerda cuando en servicio a evitar calor levantado”. Lo del “calor levantado” es un hallazgo que les sugiero a próximos concursantes al premio de La Sonrisa Vertical, usen o no toallas”. 

No me pregunten por el calentador de toallas: no he llegado aún a esa sofisticación del confort. Cuando el buen tiempo lo permite me valgo de toallas tendidas y aireadas en la terraza. Cuando el relente valenciano del invierno mantiene húmedo su paño, entonces llenamos nuestra casa de tendederos, qué le vamos a hacer. Es decir, que en Navidades te regalen un calentador me puede parecer el colmo del consumismo tonto. O no, tal vez no. Eso que contaba Savater con tanta guasa ocurría diez años atrás: hoy en día, el colmo del gasto quizá sea ese último teléfono repleto de prestaciones que tantos ambicionamos. En fin… 

Lo que me llamaba la atención del artículo de Savater era su porfía en favor de la buena traducción. Queremos pensar que la poesía es una de las más exquisitas creaciones humanas. Justamente por eso, su traducción exige un esfuerzo muy notable, descomunal incluso. ¿Por qué razón? Porque la recreación del poema obliga a trasladar no sólo el logro verbal, sino también las imágenes en él contenidas, las experiencias allí acumuladas o incluso las vivencias incomunicables que se han forjado a través de una lengua particular. En un texto poético resuenan miles de voces: es efectivamente polifónico y a poca virtud que se alcance ese poema encierra otros textos que lo anticipan, que lo prefiguran y de los que esos versos son su consumación y recreación. Precisamente por esto, como decía Octavio Paz refiriéndose a la poesía, “cada texto es único y, simultáneamente, es la traducción de otro texto. Ningún texto es enteramente original, porque el lenguaje mismo, en su esencia, es una traducción”, añadía. “Pero ese razonamiento puede invertirse sin perder validez: todos los textos son originales porque cada traducción es distinta. Cada traducción es, hasta cierto punto, una invención y así constituye un texto único”.  

Ésa es una de las paradojas de la traducción, la posibilidad o no de repetir, de decir casi la misma cosa, como reza uno de los últimos libros de Umberto Eco, dedicado precisamente a la traducción: Dire quasi la stessa cosa. La poesía  obliga a un gran esfuerzo “translaticio”, por la dificultad que supone capturar esas imágenes, esas voces que aún resuenan, esa tradición o esos libros que hasta el poema llegan. Pero, si lo pensamos bien, incluso en textos más banales, el empeño a que obliga la traducción es notable. Como decía Karl Popper en su autobiografía, Búsqueda sin término,  “cualquiera que haya hecho alguna traducción, y que haya pensado sobre ello, sabe que no existe ninguna traducción de un texto interesante que sea gramaticalmente correcta y además casi literal. Toda buen traducción es una interpretación del texto original; e incluso iría más lejos y diría que toda buena traducción de un texto no trivial ha de ser una reconstrucción teórica (…). Incidentalmente, es un error pensar que en la tarea de traducir un fragmento de un escrito puramente teórico. No son importantes las consideraciones estéticas”.  

¿Es un texto trivial un manual de instrucciones, aquel en el que se detalla al funcionamiento de un calentador de toallas? Indudablemente no: la simple, la alocada  incorrección del caso que contaba Savater puede dañar el buen funcionamiento de la máquina. Cuando adquirimos un electrodoméstico, solemos ignorarlo todo o casi todo de su mecanismo. ¿Cómo aprendemos a hacer un uso adecuado de dicho aparatito? O bien disponemos de un conocimiento previo de sus funciones básicas, de su utilidad práctica, que es fruto de una experiencia anterior; o bien recurrimos al manual que nos aclare qué ocurrirá si por azar pulsamos aquella tecla que su diseñador ha colocado allí. Al final, nuestra destreza de consumidores y ese librillo (cada vez más grueso, cada vez más librote) nos permitirán accionar correctamente el aparatito de marras. Eso…, siempre que el manual no nos dé instrucciones incomprensibles o aberrantes.  

Si el prospecto de un electrodoméstico no es exactamente trivial, ¿qué podríamos decir de un manual de instrucciones como el que nos propone Natalie Zemon Davis? Ella debe accionar un mecanismo complejo que es la historia, una suerte de artefacto que permite trasladarnos en el tiempo provocando en nosotros la impresión de haber estado allí, justamente en esa Francia moderna, en aquella tierra convulsa. Del recto entendimiento de sus claves depende la adecuada comprensión de nosotros mismos, pues la historia nos proporciona el contraste para nuestro propio autoanálisis. Si tan importante es, ¿cómo no íbamos a cuidar la traducción que hemos hecho? Ahora bien, si nos hemos equivocado, entonces la lectura aberrante de ese manual de instrucciones dañará el funcionamiento de la comprensión y, por tanto, el mecanismo que sirve para accionar nuestra particular máquina del tiempo: la historia.  

0 comentarios

  1. Serna: otra vez con la historia? A ver si renovamos el repertorio. Busca en tu fondo de armario.

  2. Debería ser ya en la facultad una asignatura “traducción e interpretación de textos”, al menos eso, después ya el darle cierto aire literario dependería, claro, del propio historiador, pero no es ´lógico que se deje de lado todo ese bagaje que al fin y al cabo es el que nos interesa rastrear (aunque en mi caso sea como historiadora del arte, la tarea sigue siendo más o menos la misma en ese aspecto).
    En cuanto al texto de Savater, puedo decir que he vivido una anécdota bastante parecida esta mañana, al comprarme un MP3 hace escasos minutos, donde dice (cito literal) ” no uso mojado ni lanzado sol”, jajaja, lógicamente, no pienso tirarlo a una piscina ni lanzarlo hacia el sol, a ver si lo alcanzo,jajaja, con lo sencillo que sería escribir ” no mojar ni luz solar directa al aparato”, un poco en lenguaje indio (jau!) pero parece que siguen esa sintaxis tan esquemática…
    Buenos días!

  3. Veo, Marpop, que en los MP3 siguen traduciendo en español coreano. Divertidísimo ese ”no uso mojado ni lanzado sol”. Lo que son instrucciones d epuro sentido común se convierte en algo abstruso y cómico. Cuando yo me compré mi MP3 no entendí nada de lo que allí se decía. No lo atribuyo a la lengua, sino a mi impericia como el aparatito. Menos mal que mi hijo –a regañadientes– me descifró el enigmático funcionamiento del cacharro.

  4. Llamad a alguno de los teléfonos de información de moviestar y entraréis en un planeta de la galaxia de Andrómeda.
    En algunos de ellos te señalan hasta que aprietes 7 teclas distintas. Si deseas tal cosa te sugieren el 1 y así hasta 7 posibilidades distintas. Como no estás en ninguna de las posiblidades, la “voz” te dice que expliques de manera concreta tu caso. Como no coincida tu problema con alguna de las palabras que tenga registrado el artefacto, después de que tengas que repetir varias veces la causa de tu llamada, te sale un operador que está instalado en Marruecos y entonces el cabreo llega hasta el límite de tener que explicar varias veces sin que consiga entender lo que tú le expresas.
    Llamen al 609 y efectuaréis un viaje inter-estelar.

  5. ¿Pero ustedes leen los manuales de los chismes?

    Eso es el último recurso después de haber reseteado un par de veces, y ni así.
    ¡homprepordios!

    ¿A quien le importa en qué idioma se escriban esos libracos? Lo divertido es instalarlo y hacerlo funcionar a pelo…o en todo caso buscar turcos y atajos en Google.

    M.

  6. Soy Piquete. He vuelto: Serna. Y veo que se agota tu imaginaciòn. Manuales de instrucciones y libros de historia? La cosa no va bien. Tus amigos que aun escriben aqui te hablan de sus manuales. Pero no te comentan nada de Historia. Jijiji

  7. Mire, Piquete, vuelva por aquí si quiere. Aunque sea con tono lacerante, aunque sea para lamentar mi decadencia. Con tal de que no insulte, puede instalarse en este blog si así lo desea.

  8. Es bueno este blog. He leido anteriores posts y noto mala hostia entre algunos comentaristas. Hay que tomarse tilita.

  9. A diferencia de algunas ciencias exactas como las matemáticas, que disponen de un vehículo comunicador -casi- universal como son los números, funciones, ecuaciones y sistemas de coordenadas, la historia tiene como vehículo comunicador la propia lengua (castellana, inglesa, francesa o swahili). De ahí la trascendental importancia de una buena traducción en todo manual o texto historiográfico. Lo cual nos lleva a dos conclusiones:
    -El historiador no sólo debe tener un buen conocimiento de su materia, sino también un dominio de la lengua en la que escribe.
    -Las traducciones de libros de historia deberían ser llevadas a cabo a su vez por historiadores.

  10. “La buena memoria es a veces un obstáculo al buen pensamiento” (Nietzsche)
    Y la memoria única es la garantía del pensamiento único.

  11. Sr. Serna y resto de contertulios: Quizás el siguiente comentario pegase más en el artículo de ayer, pero la situación de mi memoria histórica sigue siendo la misma, totalmente escorada a babor por el lastre ideológico que durante ya largos 30 años hemos sufrido.

    Una máquina del tiempo implacable que te hace sentir el presente como pasado continuo. Y el futuro, como destino fatal, ya que no se vislumbra intención alguna de corregir la corrección cultural e ideológica que nos ofrecen como consuelo de modernidad para integrados.

    Así que, tras este breve y necesario prólogo, paso a pedir la reparación institucional que don Justo reclamaba ayer en Levante.

    Una reparación:

    En favor de esa operación retorno al redil que es la campaña política de la memoria histórica se argumenta la necesidad de reparar el olvido y compensar la persecución que sufrieron los perdedores de la guerra civil. Y que esa reparación debe ser institucional para que esos olvidados vuelvan al cuadro de honor de la historia (del que expulsaron a los vencedores)

    Estoy totalmente de acuerdo con esa razón de justicia histórica. Desde adolescente no tengo más imágenes que las que me embucharon: la del Poeta, el Guerrillero (desde el Che hasta el apócrifo Salvador), el Miliciano (la foto de Capa), la Batalla (el Ebro), el Brigadista desfilando, el Revolucionario (Fidel), el Partido (del PCE al PSOE con cambio de siglas, pero no de siglo), el Pueblo (el unido – sufrido de Novecento), el Arte Contemporáneo (Tapies) Y así, otros cromos. En cuanto a las leyendas, los mismos cuentos de hadas y de nadas.

    Cualquiera de mi generación que no haya vivido refugiado en una discoteca de música bacalao tiene las mismas imágenes y leyendas. Recuerdo al organizador de una exposición homenaje al Poeta en Cuba preguntando con sorna si no teníamos más poetas. Con la depuración que hicieron lo que nos habían quitado era la poesía. Descubrir a Gerardo Diego exigía un secreto buceo en las páginas de ABC. Ojear a la CEDA y a Calvo Sotelo era una excursión en la intimidad. Para averiguar quién fue y qué hizo Manuel Hedilla y sus relaciones con los anarquistas, había que investigarlo clandestinamente en las facultades españolas de finales de los 70 y principios de los 80, sin encontrar más bibliografía que 2 ó 3 libros marginales.

    Por eso estoy de acuerdo con la memoria histórica, esa maniobra del presente dirigida a que los jóvenes tengan una libreta de recuerdos a plazo fijo, cuyos cupones puedan ir cortando los gestores políticos de memorias. Sólo han de cambiar la diana a recordar: sustituir mito por historia. Y reconocer a los auténticos olvidados y perseguidos por comisarios políticos, intelectuales orgánicos y sus actuales sucesores, los cabos cuartel gubernamentales. Y exijo una reparación doble, institucional, por la libertad perdida y la ignorancia inyectada, y carnal, por los jirones del alma que nos mordieron. Sobre todo, carnal.

  12. Bartleby, me alegra leer algo así en alguien que dice pertenecer a la generación del bacalao. Yo no sé si pertenezco a ella. Supongo que no, pero tengo la misma impresión: la dificil reconstrucción de una tradición, de muchas tradiciones culturales que nos fueron arrebatadas. En este asunto coincido punto por punto con Muñoz Molina (‘Pura alegría’).

  13. Mucho me temo, Sr. Serna, que es es usted levemente más joven que un servidor y, por tanto, más infectado que yo por la exclusividad de esos cromos. La vacuna que intente curar la infección se compone de sensibilidad, inteligencia y voluntad, siendo -eso sí- su principal efecto secundario vivir a la intemperie. Vida expuesta, sin el somnífero del Poeta, la consolación de la Solidaridad ni el impetu del Revolucionario (hoy con achaques tipo flebitis), pero más libre que a cubierto.

    Inmunidad a las fábricas de memoria institucional no hay pero impunidad de esas fábricas tampoco debe haber. Es un imperativo moral, el primero de todos, la no instrumentalización del hombre.

  14. El presidente Barreda ha anunciado la creación de una base de datos pública en Internet con los expedientes urbanísticos y los expedientes de recalificación. Una gran idea que debería ser obligatoria para todas las administraciones.
    Cuando un “sociata” toma una buena idea la mayoría de los electores del PP no tienen reparos en reconocerla como tal. Ésta es una de las razones que hace que el futuro de la “derecha extrema” sea cuasi nulo a corto y medio plazo.
    …..
    Sobre el tema de hoy ya dije que en España hay traductores muy malos, así que lo de los folletos no me escandaliza.
    ….
    Saludos cordiales

  15. Inquisitor:
    Siento enfriarle el entusiasmo pero la medida del presidente Barreda es más propagandística que real, ya que los expedientes administrativos (excepto en lo que afectan a derechos de terceros y al secreto propio de alguna fase del procedimiento) están a disposición del ciudadano.
    Eso sí, su puesta a disposición del pública a través de una herramienta útil y centralizadora (doblemente útil, pues) es una novedad a elogiar.
    Ahora bien, si se trata de captar votos para la izquierda correcta e importadora de yanqui medidas, bienvenidas sean las bases de datos.

  16. Buenas tardes. No se si alguien volverá sobre este último artículo hoy, que es fiesta, pero Justo ha tocado un tema que me apasiona y no soy capaz de dejarlo pasar.
    Siempre he pensado que un buen historiador es aquel que tiene la capacidad de trasportarnos al tiempo que nos explica, pero, cómo saber que su interpretación es la correcta? intentar imaginar cómo pensaban y sentían las gentes de entonces es la clave que daría sentido a sus acciones, a los hechos de la historia. Cuando los hechos son tan lejanos que a penas quedan “pistas” de esas maneras de pensar o sentir, todo se vuelve oscuro y enigmático.
    Cuando viajo y pululo por lugares “históricos” ,instintivamente intento ponerme en la piel de aquellos antiguos habitantes del lugar y en ocasiones me parece tan dificil…
    Pero no hace mucho leí algunos fragmentos de un libro llamado “El collar de la Paloma” de un poeta cordobés que escribía en la Alcoy de época musulmana, donde describe las conductas que identifican a todo enamorado y para mi sorpresa pude ver en cada una de ellas la mia propia cuando, como todos, me he visto afectada por “el mal de amores”. Pero si está hablandome desde un pasado de hace un montón de siglos! cómo es posible que los sentimientos y la mentalidad que conduce nuestras acciones no haya cambiado?
    Al leer este articulo sobre la traducción, pienso que tal vez el milagro de mi identificación con el poeta lo haya obrado más el traductor del árabe al castellano que el mismo poeta, pero pede ser también que el lenguaje del amor y del deseo no tenga demasiadas posibilidades de variación y se mantenga idéntico a través del tiempo y las culturas. Estamos hablando de un poeta islámico muy religioso, que por cierto, me recueda bastante a otro poeta también muy religioso, igualmente fogoso pero cristiano y algo posterior, nuestro querido Ausias March.
    La historia y la gente nunca dejan de asombrarme.

  17. Ana, me parece muy exacto y lúcido lo que plantea: esa capacidad del buen historiador de trasladarnos a otro espacio cultural y sobre todo la responsabilidad del traductor, que debe enfrentarse a referencias que no son de su propia civilización o de su misma época, referencias que han de ser vertidas. La verdad es que, como dice, la historia y la gente nunca dejan de asombrarnos.

  18. La traducción es problema cultural mas importante. Cómo traducir palabras que tienen sus historias y sus pasados? Creo que Serna plantea un asunto interesante. Lo que no acabo de ver es la comparación que hace con la historia. Es una metáfora y poco mas. Saludos. Jaime

  19. Esa maravilla que hizo latir más rápido mi tierno corazón de veinte años (¿Dó lo hallaré?) y que tuve la fortuna de leer en Granada, “El collar de la paloma. Tratado sobre el amor y los amantes”, de Ibn Haçm, (S. X-IX), me parece, querida tocaya, que es obligado reseñar quién lo tradujo, el más grande de nuestros arabistas, prolífico y longevo donde los haya habido, Don Emilio García Gómez (1905-1995). Un prodigio de lirismo y de cordura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s