La novela familiar del lector

monigotelector.jpg Ustedes me perdonarán. Hoy no hablo de la furiosa realidad, de pistolas robadas por maleantes dispuestos a negociar mostrando su fuerza, dispuestos a aterrorizar intimidando; hoy no hablo de un debate parlamentario en el que se espera una declaración europea. Hoy escapo a otra época, a un tiempo también convulso (¿y cuál no?): estamos a principios del Novecientos, cuando la Gran Guerra concluye provocando efectos lesivos en una Europa agitada que ya no es, que ya no puede ser el mundo decimonónico de caballeros y damiselas.

Acabo de recibir las dos primeras entregas de una novela, una historia que tendrá varias. Su título Que arda la casa pero que no salga el humo. Conforme me llega la leo, motivado por la expresión apasionada de su autora. Una novela no es un texto sin materialidad: es expresión verbal en prosa que se plasma en este o en aquel soporte, en un libro o en cuadernos numerados debidamente correlativos. La obra de Ana Serrano Velasco es así, una novela por entregas, con su faja: un texto cuyo significado ya empieza en la calidad material de sus páginas, en el tacto rugoso y noble de sus tapas, en las fotografías antiguas que ilustran las palabras.

Esas efigies familiares son la prueba o documento que acredita la verdad de lo dicho, pero son también el recurso narrativo que provoca en el lector el efecto de estar allí, de ser copartícipe de una novela familiar. Un retrato es un instante congelado, un momento en las vidas de individuos la mayor parte de los cuales están muertos. Están muertos…, pero es que, además, el arte fotográfico tiene algo de funerario:  el objetivo nos detiene y nos deja como ya nunca más seremos.

La novela de Ana Serrano está presidida por dos efigies antiguas, el retrato de una misma niña en épocas distintas, una muchachita de otro tiempo que mira con vislumbre, un espejo remoto en el que la autora quiere mirarse. El relato tiene personajes de antaño, pero sobre todo tiene un secreto familiar que a modo de baldón ultraja, cosa por la que ha sido silenciado y que el lector  averiguará. ¿Averiguará? Todas las familias felices se parecen, pero las desgraciadas lo son cada una a su manera, ya saben ustedes. Como igualmente saben qué significa tener un secreto familiar bien sepulto por los silencios del padre o de la madre: cuando se destapa aparece bajo la forma de lo siniestro, ese motivo familiar que habiendo sido velado o reprimido regresa ocasionando trastorno, dolor y liberación. Pero lo siniestro no sólo se expresa, sino que, aquí,  se documenta. Acudimos al archivo, a la hemeroteca, y con la narradora exhumamos breves periodísticos de 1918, textos o recortes que se insertan en el curso del relato y que dan verosimilitud a la historia que nos cuenta esta escritora in progress que es Ana Serrano Velasco. Es, desde luego, una historia de adulterio, como en los novelones decimonónicos, como en los viejos folletines, pero también como en las recreaciones actuales que emprende Javier Marías y del que la autora se reconoce lectora fiel. El secreto familiar que hay  reprime un crimen atroz y banal, un secreto que la narradora deberá nombrar. La novela de Ana Serrano Velasco reconstruye con palabras escuetas los perfiles de personajes a los que les pasan cosas, antecesores, indianos incluso, personajes que tienen la vaga irrealidad de los difuntos antiguos; reconstruye con  prosa resuelta y con vaivenes cronológicos, casi como si el torrente verbal de la memoria irrumpiera en el diván del analista. No le pidan cartesianismo a quien desentierra con furia y con ternura.

Leídas las dos primeras entregas  –cuya vicisitud y lógica concreta no revelaré, puesto que esto no es una reseña—, lo que esta narración proclama es el ardiente deseo de escribir que se apoderó de esa mujer que habla: desde que era niña. Y a esto yo no puedo oponer pero alguno. La bella edición (del Centro editores) tiene defectos, erratas, que forman parte de la materialidad del texto y que la autora ha corregido escrupulosamente para mí, la misma autora cuya voz distingo entre  líneas. Porque esa voz que se oye de verdad, la que se impone con la fuerza de quien quiere gobernar el mundo evocado, es la de esta mujer que se expresa en primera persona y que alude a tiempos más o menos remotos, a los familiares de antaño, rememorando geografías cercanas, como ese Retiro madrileño que a modo de escapada o huida es el escenario de señoritos y petimetres. Insisto: es una voz que se configura ella misma como personaje de otro tiempo, la madre de la escritora: seguro. Pero a mí, lector, no me importa tanto la sucesión vertiginosa de azares o de pasados cuanto la remembranza en sí, la configuración de ese yo como protagonista, un yo que se ampara en la historia familiar y de la que siempre querremos saber más…

Como presente o como contraprestación, querría obsequiar a la autora con lo que ella misma busca al convertirse en narradora: con palabras. Unas palabras sacadas de mi Scriptorium que  troceo y  tomo prestadas de José Ortega y Gasset, casi escritas en ese tiempo del crimen familiar que Ana Serrano Velasco detalla. Ortega no parece necesitar grandes epopeyas novelescas, grandes acciones de masas, escenas vertiginosas. El ensayista prefiere el detalle calmo de la inacción física, prefiere la configuración retardada del personaje a quien recordamos y por quien respiramos durante ese tiempo en que suspendemos la incredulidad o el ajetreo particular. Parecen líneas escritas para Ana Serrano, pero especialmente son Ideas sobre la novela que aún perduran para nosotros.

No sabemos si es cierto el descrédito de la gran aventura narrativa, como dice Ortega; si la novela ya sólo reside en la inacción adulta. No sabemos si el relato maduro ha perdido a ese tipo de  lector que se deleita con correrías. Lo que sí sabemos es que la claridad del ensayista arroja luz sobre un género vasto que todo lo comprende. Los familiares de la narradora frecuentaron el mismo Madrid que Ortega, un tiempo denso en el que las masas sólo estaban irrumpiendo y en el que las buenas familias rivalizaban con sus lujos ostentosos o con sus secretos de alcoba. Ese aristocratismo de Ortega se aprecia en aquel Madrid ya desaparecido que Ana Serrano Velasco ha resucitado para deleite de sí misma y para ilustración de los lectores que la acompañen. Si parafraseáramos al ensayista, entonces podríamos decir que la táctica de la narradora ha consistido en aislar al lector de su horizonte real aprisionándolo en un pequeño horizonte hermético e imaginario que es el ámbito interior de su novela.

José Ortega y Gasset, Ideas sobre la novela (1925).

1. “La novela ha de ser hoy lo contrario que el cuento. El cuento es la simple narración de peripecias. El acento en la fisiología del cuento carga sobre éstas. La frescura pueril se interesa en la aventura como tal, acaso porque […] el niño ve con presencia evidente lo que nosotros no podemos actualizar. La aventura no nos interesa hoy, o, a lo sumo, interesa sólo al niño interior que, en forma de residuo un poco bárbaro, todos conservamos. El resto de nuestra persona no participa en el apasionamiento mecánico que la aventura del folletín acaso nos produce. Por eso, al concluir el novelón nos sentimos con mal sabor de boca, como habiéndonos entregado a un goce bajo y vil. Es muy difícil que hoy quepa inventar una aventura capaz de interesar nuestra sensibilidad superior.

2. “Pasa, pues, la aventura, la trama, a ser sólo pretexto, y como hilo solamente que reúne las perlas en collar. Ya veremos por qué este hilo es, por otra parte, imprescindible. Pero ahora me importa llamar la atención sobre un defecto de análisis que nos hace atribuir nuestro aburrimiento en la lectura de una novela a que su ‘argumento es poco interesante’. Si así fuese, podía darse por muerto este género literario. Porque todo el que medite sobre ello un poco, reconocerá la imposibilidad práctica de inventar hoy nuevos argumentos interesantes.

3. “No, no es el argumento lo que nos complace, no es la curiosidad por saber lo que va a pasar a Fulano lo que nos deleita. La prueba de ello está en que el argumento de toda novela se cuenta en muy pocas palabras, y entonces no nos interesa. Una narración somera no nos sabe: necesitamos que el autor se detenga y nos haga dar vueltas en torno a los personajes. Entonces nos complacemos al sentirnos impregnados y como saturados de ellos y de su ambiente, al percibirlo como viejos amigos habituales de quienes lo sabemos todo y al presentarse nos revelan toda la riqueza de sus vidas. Por esto es la novela un género esencialmente retardatario –como decía no sé si Goethe o Novalis–. Yo diría más: hoy es y tiene que ser un género moroso–, todo lo contrario, por tanto, que el cuento, el folletín y el melodrama.

4. “Por tanto, hay que invertir los términos: la acción o trama no es la substancia de la novela, sino, al contrario, su armazón exterior, su mero soporte mecánico. La esencia de lo novelesco –adviértase que me refiero tan sólo a la novela moderna—no está en lo que pasa, sino precisamente en lo que no es ‘pasar algo’, en el puro vivir, en el ser y el estar de los personajes, sobre todo en su conjunto o ambiente. Una prueba indirecta de ello puede encontrarse en el hecho de que no solemos recordar de las mejores novelas los sucesos, las peripecias por que han pasado sus figuras, sino sólo a éstas, y citarnos el título de ciertos libros equivale a nombrarnos una ciudad donde hemos vivido algún tiempo; al punto rememoramos un clima, un olor peculiar de la urbe, un tono general de las gentes y un ritmo típico de existencia. Sólo después, si es caso, acude a nuestra memoria alguna escena particular.

Colofón. “La táctica del autor ha de consistir en aislar al lector de su horizonte real y aprisionarlo en un pequeño horizonte hermético e imaginario que es el ámbito interior de la novela”.

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Ilustración: Monigote…

No deje de visitar la página de Monigote…

42 comments

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  1. Jaime

    Bueno yo agradezco a Serna que rescate las ideas de Ortega sobre la novela. No las conocia. El motivo es la novela de Ana Serrano Velasco. No la conozco y no se si es buena o no. Me parece que J. Serna sabe escurrir el bulto pues habla de la novela sin decirnos si es regular o no. De todas maneras que hable en el “blog” de una novela no muy conocida está bien. A partir de lo que dice me interesa

  2. Russafa

    Generalmente, Señor Serna, me siento abrumada por la cantidad de lecturas que los contertulios señalan en sus comentarios, pero esta vez, como decía mi bisabuela cuando jugaba a la brisca: ti ganao.

    Las dos entregas de la novela familiar de Ana las leí este mes de Junio y espero las siguientes porque, como ocurre con las historias reales y que te acercan a la vida, también real, te dejan con la miel en los labios.
    Me fascinan las historias antiguas, las fotos en blanco y negro y sepia, los secretos que han abrumado esas vidas, como las de la familia de Ana y que han perdurado a lo largo de varias generaciones. Hoy en día existen las mismas historias truculentas en casi todas las familias, pero, no sé por qué, aquéllas me parecen más interesantes posiblemente por el ambiente en el que se desarrollaban. De hecho, creo que he robado, literalmente, todas las fotos que he encontrado en casa de mis padres y que conservo, miro, remiro, huelo.
    Es decir, que me veo reflejada en el tercer párrafo: “Una narración somera no nos sabe: necesitamos que el autor se detenga y nos haga dar vueltas en torno a los personajes. Entonces nos complacemos al sentirnos impregnados y como saturados de ellos y de su ambiente, al percibirlo como viejos amigos habituales de quienes lo sabemos todo y al presentarse nos revelan toda la riqueza de sus vidas”.

    Ana tiene una interesante vida.

  3. Jaime

    Oiga Paco: hablar de novelas no es un huida. Con las novelas podemos descubrir como es el mundo que nos rodea. Y si la novela de Ana Serrano Velasco nos lleva a la Gran Guerra pues muy bien. La Guerra que entonces acabó aun nos llega.

  4. Paco

    Jaime en una cosa estoy de acuerdo con usted. Serna no se moja con la novela sobre la que escribe y nos suelta el rollo de Ortega para enredar.

  5. jserna

    Vamos a ver: yo creo que se han deslizado varios malentendidos o confusiones. Yo no escribo sobre la novela para huir del presente, sino que regreso a un pasado convulso. No hago escapismo. La novela puede darnos –y esto es archisabido– una inspección sobre la convulsión humana, no mero un entretenimiento. La novela de Ana Serrano hurga en un pasado dolorosísimo, reconstruido con el recurso de la memoria y de la trasmisión familiar: de hecho rehace la figura de la madre y sus determi¡naciones auxiliándose con el artificio de la narracíón y de la palabra. ¿Ustedes creen que si el relato no produjera algún tipo de conmoción personal iba a hablar de ella en este blog? Como toda primera novela tiene sus defectos, que la propia autora reconoce: y las erratas son sólo ese precio que tenemos que pagar todos los que publicamos en papel. Es la suya, la de Ana Serrano, una apuesta arriesgada. Rastrear un pasado familiar y hacerlo relato no es ni cómodo ni sencillo. Más aún cuando esa exhumación obliga a resignificar las relaciones con nuestros mayores: con la madre, por ejemplo. Sólo me cabe decir: gracias, Ana Serrano, por hacerme corresponsal, por hacerme destinatario de esa novela familiar al margen de nuestros disentimientos o al margen de mis gustos personales. Freud decía que la expresión “novela familiar” expresa en psicoanálisis la fantasía de remendar un pasado que no nos gusta, de rehacer unas figuras (los padres) que siempre nos decepcionan. Madurar es reemplazar esas figuras fantaseadas por una pesquisa real: eso es lo que creo que está en la base de ‘Que arda la casa…’

  6. Javier ( el más antiguo)

    La autora de la novela, ¿es la misma Ana Serrano que el dia veinte se despidió del blog?
    Si es asi, que injusto es que unos indeseables sean los causantes.

  7. Ana Serrano

    Pues sí, Javier (el más antiguo), la misma que viste y calza y ahora, que no he tenido más remedio que regresar, aprovecho para darle las gracias por el mensaje de entonces y por éste de ahora. Tenía yo razón al sugerirle como nombre el de “El bueno”, que usted, lógicamente y por modestia, no utiliza.

    A ver: Sigo leyéndolos a diario y con el mismo interés de siempre y, si me fui, fue por evitar a Justo Serna las entradas que tuve la sensación de que eran especialmente dedicadas a mí, las más nauseabundas, en cuando al vocabulario se refiera, de todas las que se han colgado aquí, pero hoy estoy trastocada, sonrojada y, a qué no decirlo, feliz. He leído el artículo de Justo nada más colocarlo aquí y estoy desde entonces sin saber qué decir. Sigo del mismo modo, pero no puedo esperar más para darle las más rendidas y abochornadas gracias.

    ¿Ustedes se figuran, los que acusan a Justo de no “mojarse” en su comentario, lo que supone para mí lo que ha escrito aquí? Pues se lo explico:

    Comencé a escribir la historia de mi familia en unos cuadernos grandes y preciosos, con las tapas de corcho y siempre a lápiz (mucho más perecedero y acorde con mis pocas pretensiones) para que, una investigación que ha durado prácticamente toda mi vida, les quedara a mis hijos y supieran por mí, la historia tremebunda que nos hizo como somos, debidamente ordenada y con la única pretensión de que, miles de datos y de fechas, quedaran redactados de un modo ameno para ellos. Uno de los capítulos, hace apenas un año, lo pasé a ordenador y se lo regalé a un amigo del alma que cumplía los años y al que quería darle algo “Especial”. Ese amigo es galerista y edita carpetas de grabados bellísimas. Con la generosidad característica que tienen los amigos, y, sobre todo éste, se empeñó en hacerse editor para editar mi novela familiar. Yo no quería y tenía algo muy parecido al terror y le di largas, le dije que cuando estuviera terminada. Cuando alguien quiere hacer algo, lo hace y decidió que la publicaría por entregas y así me forzaría a escribir, cosa que, de momento, no ha logrado porque voy a paso de carreta y cada vez con más terror. Ni así me convencía y se lo dio a leer a una poeta, a una editora y a un poeta y traductor: Todo dijeron que adelante e, incluso, se suscribieron ¡madre mía!

    Eso es todo y eso es nada menos. Mi vida no se puede decir que haya sido como para tirar cohetes, más o menos como la de todos, pero, de un año a esta parte, parece que he nacido de pie.

    Ustedes pensarán lo que quieran, pero que una cosa así, que está escrita a modo de cuentos (yo sería incapaz de escribir una novela, ay Ortega) y que pueden leerse por separado; editada de ese modo, entre amigos, con unas presentaciones con lectura de actores maravillosos que hacen bello lo que apenas es nada, lo lea Justo Serna y escriba sobre ello y lo traiga aquí y encima me regale las palabras de Ortega… pues no sé cómo decirlo, pero para mí es la “repera” y no tengo palabras y estoy, vuelvo a decirlo, completamente abochornada y feliz.

    Hagan el favor de ponerse en mi lugar.

    Justo, ya sabe donde tiene un rendido felpudo a sus pies.

  8. Ana G.

    Es la primera vez que escribo en este blog. Yo no conozco a Ana Serrano Velasco pero por lo que aqui se dice debe ser muy interesante su novela familiar o historia personal. Quiero felicitar a las personas que tienen coraje para sacar pasados dolorosos. Encima saben expresarlos!

  9. Miguel Veyrat

    He sido uno de los privilegiados que ha podido leer la “novela por entregas”de Ana Serrano, género injustamente desaparecido hoy en día y a través del cual se escribieron los más insignes monumentos novelísticos decimonónicos. Sólo quisiera que su maestría en el arte de la escritura y su apasionada voluntad y valentía de “querer saber” quién es, quiénes son todos ellos, los que han juntado sus sangres para ser ahora los “Serrano Velasco”, pudieran llegar a miles de lectores. Desgraciadamente estamos hablando de una primera edición artesanal, como ella misma explica en su post, y solamente cabe animarla a ella a continuar adelante, y a sus tímidos editores a que se decidan a difundirla como merece. Por de pronto, ha servido para esa excelente acotación que Justo serna nos ha regalado acerca del género de la novela, que no está muerto, no. Pese sa quien pese
    Para Ana, que hace hablar a los muertos para que su savia nos inunde de nuevo, y para todos vosotros, traduzco la parte segunda del poema de Giuseppe Ungaretti titulado “Pietá”:

    MELANCÓLICA carne
    En la que en otros tiempos pululó la alegría,
    Ojos entornados de cansado despertar,
    Alma excesivamente madura, ¿ves
    lo que seré, cuando caiga en la tierra?

    En los vivos está el camino de los difuntos,

    Somos nosotros la riada de sombras,

    Y ellas son el trigo que se nos revienta en sueños,

    Ellas son la lejanía que nos queda,

    Ellas, la sombra que da peso a los nombres.

    Nuestro destino, ¿no es más
    que la esperanza de un montón de sombras?

    Y tú, Dios, ¿acaso no eres más que un sueño?

    Temerarios, por lo menos deseamos
    Un sueño que se te parezca.

    Es parto de la más clara demencia.

    No tiembla en nubes de enramadas
    Como los pájaros por la mañana
    En el borde los párpados.

    Esta llaga misteriosa está en nosotros y languidece.

  10. Russafa

    ¡Pues a Paco no le compraremos la pamela para la entrega de los premios!
    En un mundo donde prima el egoísmo, encontrar amistades así es un lujazo.

    Triste poema pero bello, señor Veyrat

    ¡y dejen ya de echarse flores que yo fui la primera que leyó a Ana!
    ¡hombre, pordios!

  11. Well I Think

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    Pregunta. ¿Por cuanto sale ese tipo de auto-ediciones, de cuantos
    ejemplares consta la tirada?

    TIA

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    —–END PGP SIGNATURE—–

  12. jserna

    Dos cosas.
    Primera. Por favor, no respondan a las provocaciones.
    Segunda. Referida especialmente a Well I Think. Dice usted: “¿Por cuanto sale ese tipo de auto-ediciones, de cuantos ejemplares consta la tirada?” Esa pregunta muestra suficiencia y mala uva. Antes de haberla formulado o de haberla escrito, debería usted haber revisado la enunciación: faltan todos los acentos que hay que poner (cuántos) y la expresión “auto-edición” es incorrecta, pues hay que decir “autoedición”. No arremeta tan fácilmente cuando es usted quien debería corregirse. Perdone la aspereza. Gracias.

  13. Javier ( el más antiguo)

    Gracias D. Justo, este “sabio”, como les llamaba Don Pio q.e.p.d.,o “know-it-all” (diccionario Box) como a él le gustará mas, me llamó “cultureta” por una falta de ortografía.Sin acritud my friend.

  14. Russafa

    Espero que mi ironía no se interprete como provocación.

    Si así fuera, yo que no suelo entrar al trapo, pido disculpas.

  15. Miguel Veyrat

    Decía Cioran que el fin del corazón es convertirse en himno. Sería curioso averiguar al final de este día cuántos de nosotros han visto convertirse en himno de alegría su aliento hacia el éxito literario de una amiga, y cuántos se han dejado llevar por la verdosa bilis de la envidia. ¡Ánimo! A ver quién gana… Deshacer, des-crear, es la única tarea que pueda asignarse a sí mismo el hombre si aspira a diferenciarse, como todo parece indicar, del Creador.

  16. Well I Think

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    Blah blah blah de pajas y diarreas mentales, pero info sobre ese tipo de
    auto-ediciones, nada de nada.

    Está bien eso de regalar a los amigos la biografía novelada… ¿nadie
    tiene idea del dispendio necesario?

    ;-)

    —–BEGIN PGP SIGNATURE—–
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  17. Cafeína

    Aparte de su complicada identidad gráfica es usted de una bajeza difícilmente definible, oh inefable pajillero mental, Well I Think said. Que dios le ampare, hermano.

  18. Well I Think

    —–BEGIN PGP SIGNED MESSAGE—–
    Hash: SHA256

    ¿Debo de interpretar que tampoco tiene idea del dispendio necesario para
    una modesta auto-edición auto-biográfica?

    ;-)

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  19. jserna

    La novela, tal como la describe ese lector riguroso que fue Ortega, no es un relato de peripecias, sino un vasto, un denso mundo en el que hay tiempos muertos, en el que no siempre pasan cosas o las cosas que pasan no son necesariamente interesantes o excitantes. Decía Borges que él prefería los relatos porque en los cuentos no hay esos tiempos muertos y la economía de medios facilita el inmediato ingreso. Bien, yo creo que no tenemos por qué negarnos ambos placeres. Cuando Ana Serrano Velasco escribe esa novela por entregas, la autora se mira en el espejo de los grandes esperando, deliberadamente o no, aunar ambos objetivos: por un lado, por la extensión previsible que tendrá, la autora se convierte en una narradora morosa, retardataria, que decía Ortega; por otro, por los sucesos internos que cuenta, la escritora deviene relatora de historias autónomas, de cuentos familiares con secreto, con pesquisa, con intriga.

  20. Ana Serrano

    Regreso de puntillas y me asomo con la secreta esperanza de que no haya entrado nadie más. Me encuentro a mis amigos tan contentos y eso me alegra tanto…

    Gracias, Ana G., nueva amiga y mis muy queridas Cafeína (siempre tan exaltada y jolgoriosa, mi querida Cafe es amorosa) y Russafa, con su pamela y su actitud siempre encantadora. Sigo sin palabras. Y qué decir del admirado Señor Veyrat, con esa traducción maravillosa de un maravilloso poema y las constantes notas del Señor Serna ¡¡Mil gracias!! Sí, Don Justo. Al margen del mérito o no de lo que he escrito, esto es la amistad, una amistad sin caras que me conmueve toda hasta casi las lágrimas. Son ustedes… ay, cómo son ustedes.

    Para el contable (que no se preocupe, que no voy a pedirle una pensión alimenticia) y en honor a mis editores, informo a ustedes de las condiciones de la edición de “Que arda la casa, pero que no salga el humo”:

    Es una edición mínima y completamente artesanal. La portada está troquelada a mano y por el troquel aparece una foto de mi madre niña; en cada entrega es distinta y va a ir creciendo en ellas. Esa foto es una reproducción y va suelta, como si de una foto real se tratara. Cada entrega tiene muchas ilustraciones, fotografías preciosas de dos de los mejores fotógrafos que había en Madrid: Franzen y Kaulak y de mi abuelo,

  21. Ana Serrano

    Se me ha cortado esto, así es que sigo:

    de mi abuelo, decía, que era muy aficionado y tenía muchas cámaras y un laboratorio pistonudo, que ahora tengo yo. Las tapas, de una cartulina preciosa y mate, son de distinto color en cada entrega, así como el papel. Una fajita con el título y el nombre de la autora, al modo de antes, envuelve el contenido.

    Cien ejemplares numerados y firmados, que pronto serán doscientos, porque se están acabando y la Librería de Mujeres de Madrid, ha pedido ejemplares porque quieren una presentación allí, así es que habrá que hacer una segunda “edicioncita”.

    Ni un sólo céntimo he pagado, ni voy a pagar. Jamás me editaría yo nada, creía que había quedado claro antes, que nada más lejos de mi ánimo que editar la historia de mi familia. Me dieron 10 ejemplares y, de cada uno que venden, me dan 1€ :-). Como tengo más de diez amigos, he comprado otros diez. Me gusta, cada vez que me pagan diez euros, comprarles otro más. Tan es así que, el día de la presentación, en que, en la primera, leyó fragmentos el extraordinario actor Ángel Marco y en la segunda, el poeta y traductor Mario Merlino, dieron un vino y unas patatitas y no hubo forma humana de que me dejaran pagarlas.

    El único gasto que yo he hecho, ha sido el de los regalos, agradecidos, a mis lectores de lujo.

    El precio de cada ejemplar, me van a permitir que no lo diga, pero es francamente caro para lo que es.

    Gracias, de nuevo a todos, pese a los cinco kilos que he engordado a lo largo del día. Hasta las malas babas me producen sonrisa, después del regalo que me ha hecho Justo Serna con la posterior colaboración de todos ustedes.

  22. Ana Serrano

    Ah, y lo que he escrito, lo que estoy escribiendo, es la historia de mi familia. Hay un prólogo en que explico por qué; las dos primeras entregas son otro a modo de prólogo, los hechos que me movíeron a investigar. La historia comienza en la tercera, en 1615, en Alemania y termina al cumplir mi madre 40 años, poco antes de que naciera yo, así es que no “salgo”, no es autobiográfica. No he perdido de vista en ningún momento que el motivo principal de la escritura, son mis hijos y ellos me conocen bien, no tengo que “contarme”, ni tendría ningún interés.

  23. Russafa

    Ana, yo lo de la pamela siempre lo digo en serio, aunque aquí nadie me toma como tal, como persona seria y formal que soy.

    Yo siempre me alegro de que los amigos publiquen, o se compren un coche, o pinten un cuadro o la pared de su casa.
    En el caso de un libro, más aún, puesto que sé lo que cuesta.
    Hacer por escrito una catarsis como la tuya con tu abundante familia, con los acontecimientos ocurridos, con la época en que vivieron es complicado. Y para ti más puesto que has de sacar a la luz hechos dolorosos.

    Así es que pamela en mano (me la he quitado porque me sientan fatal los sombreros) te saludo …

    No sigo más que mi hija está tocando la trompeta y me ataranta.

  24. Ana Serrano

    Sé yo que eres una mujer seria y circunspecta y que, para las grandes ocasiones, te pones tu pamela de lujo y en lo de los amigos coincidimos. Yo casi me alegro más de sus cosas que de las mías, porque son un auténtico regalo que no me cuesta ningún esfuerzo. Ellos merecen lo que tengan, ha trabajado por lograrlo, pero a mí me viene esa alegría enorme que supone cualquier éxito de ellos como eso, un regalo precioso.

    Y no seas coqueta, que la pamela de queda estupendamente, vamos, hombre.

    Tengo yo ganas de oír esa trompeta que te ataranta. Qué bonito y qué gráfico eso de “ataranta”.

  25. Javier ( el más antiguo)

    Gracias Don Justo por haber conseguido la vuelta de Ana.
    Gracias Ana por volver.
    Y gracias al resto de buena gente de este blog, que ha rematado la faena, para que ana se quede.

  26. Ana Serrano

    Javier (el más antiguo), gracias a usted.Esa última nota me ha llegado al alma. Lo que estupendo es que esté usted aquí, de verdad. La elegancia, la prudencia y la mesura son hoy ya muy difíciles.

    Y tú, Cafeína (perdonen el tuteo, pero Cafe es como mi niña) mi culta, leída y alegre Cefeína, el día que te vea te voy a dar un achuchón ¡hermosa!

  27. Ana Serrano

    He querido escribir, naturalmente: Lo que es estupendo, no Lo que estupendo es. Que me tienen tan derretida que no sé lo que hago.

  28. Julia Puig

    Lamentablemente no conozco la obra de Ana Serrano, la he conocido a través del blog y en sus comentarios creo ver el retrato de alguien que siempre logra interesarte. Voy a leerlo. Seguro que me gusta.

    Difícil tarea la narrar, en el relato está implicado nuestra manera de vivir el mundo, contiene nuestro conocimiento práctico. Escribir bajo un modelo análogo del universo real, requiere de acciones e intenciones humanas que entran en conflicto hasta llegar como decía Umberto Eco al género novelístico.

    Finalmente, hoy me quedaría con la obra de Ana Serrano y, sin duda, Ortega y Gasset: “La táctica del autor ha de consistir en aislar al lector de su horizonte real y aprisionarlo en un pequeño horizonte hermético e imaginario que es el ámbito interior de la novela”.

  29. Ana Serrano

    Gracias, Julia. Siempre amable, serena y erudita. Un verdadero placer su interés que, una vez más, le debo a Justo Serna.

    Si antes he dicho que los éxitos, las alegrías de mis amigos, me llenan de felicidad, la generosidad que me demuestran ustedes, este espacio tan importante para Justo y para todos los que nos recreamos con él, ocupado un día entero por algo tan pequeño es una enorme alegría, no tanto por mi pobre novela como haber sentido esa especie de calor, de amistad que es tan difícil de transmitir sin cara, sin voz ni gestos y que ustedes me han mostrado tan real.

    Me estoy poniendo muy pesada, pero es que es verdad: no tengo palabras. Hoy me han regalado algo muy especial.

    Gracias.

  30. Cafeína

    Me encanta ser una tontiloca para usted, que necesita apodarse pecador para darse un poquito de seguridad. Bien sosos deben ser sus pecadillos cuando no logra colocar una sola opinión en este blog que no sea destructiva. A lo mejor se trata de eso, querido. Peque, peque a lo grande y verá cómo se le ensancha a usted el mundo.

  31. Javier ( el más antiguo)

    Cafeina: muy buena esta respuesta a “pecador”. Que peque cuanto quiera, pero del quinto que se olvide, pues en vez de “pecador” seria “depredador”, acuerdese de las ideas que le hierven en el craneo:
    Pecador said,

    Octubre 24, 2006 at 22:08

    ¡Matemos a FJL!, eso nos librará de la basura y la infamia que invade esta sociedad enferma, esta sociedad de talibanes resentidos. Eliminemos el mal de raiz tal como sus acólitos serán segados un azulísimo día por aquellos que aún somos personas.

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