Qué es un blog cultural

js.jpg  subosky2.JPG       Hace unos días fui entrevistado por Carlos Subosky sobre mi blog, sobre mi concepción de lo que es una bitácora cultural como ésta. Subosky es un periodista de la Radio Nacional de Argentina que tiene un blog destinado a difundir los eventos culturales que hay en su programa radiofónico y a promover una cierta discusión sobre los cambios vertiginosos que se están dando en el ámbito de la ciencia, la historia, etcétera. Las ideas que aquí expreso no son nuevas, desde luego, pero son las mías y las he puesto en orden.  Son las concepciones con las que me manejo todos los días para componer esta bitácora. Se admiten disensiones, claro…

Pregunta. Usted mantiene en Internet un blog, una página personal. ¿Cuál es  su experiencia?

En Los archivos de Justo Serna publico comentarios con una regularidad diaria (salvo los fines de semana) sobre los temas más variados en función de la actualidad. Me guían las novedades de la política y la cultura, de la historia y de la literatura, principalmente. Ésos son los factores que me hacen repensar mi tiempo con la óptica del historiador cultural que soy (o que creo ser). Procuro que mis comentarios tengan algo que ver con los problemas que nos acucian. Son entradas que por decirlo de alguna manera tienen una inspiración intelectual, evitando al mismo tiempo la pesadez propiamente académica, es decir, dándole un tono periodístico.

Mantener un blog con estas condiciones es trabajoso: mantener un blog diariamente y que además se actualice con contenidos densos, que no sean una mera ocurrencia, es laborioso. Algo, por otra parte, que no siempre tiene un pago suficientemente narcisista. En los medios de comunicación españoles hay una evidente crispación entre derecha e izquierda; en Internet, ese enfado alcanza proporciones descomunales. Mucha gente en la Red parece mostrarse irritadísima, pero hasta un punto en que prácticamente insultan cuando aluden a tus textos. Es una especie de desgarro personal que padece una multitud: tanto que cuesta creer que sea verdadero. La gente no puede vivir con esa hosquedad. De modo que hay días en que uno se replantea la pertinencia de lo que hace: en otros blogs simplemente me acribillan. Eso genera cansancio personal, pero también hartazgo por el insulto y el desgarro y crispación de tanta gente en Internet. Felizmente, en mi bitácora solemos mantener las formas.

¿Cómo es su diario electrónico?

Al emplear la palabra diario corremos el riesgo de la anfibología. Podemos interpretarla como un sinónimo de periódico o como equivalente a dietario. Permítame responderle, en primer lugar, en el sentido de periódico. En general, muchos bloggers aspiran a convertirse en fuentes de noticias, algo así como reporteros intrépidos, capaces de dar cuenta de aquello que la prensa de papel no suministra por desatención, por rutina o por simple censura. La meta es sugestiva y si efectivamente el periodismo digital o las bitácoras informan de lo que no se atreven o no pueden informar los medios tradicionales, entonces tendrán en el futuro un papel destacado. En países en los que la censura impide la libre difusión del dato, de la noticia, de la revelación, el blog puede transmitir lo que los poderes tapan y ocultan, hecho que a sus responsables les ha podido poner en estado de riesgo. En aquellos otros países en los que la censura no es política, el blogger puede competir con los periodistas en el suministro de la información, siendo, por ejemplo, más audaz que el reportero sometido a los esquemas de su propio medio de comunicación. Hay, sin embargo, algo de espejismo en esta pretensión, pues no es exactamente más información lo que hoy necesitamos, al menos en un Occidente saturado, infoxicado, sino criterios de discriminación del dato y de la fuente. Recursos para poder establecer juicios fundados, opiniones firmes y documentadas. Hace unos quince años nos recordaba Umberto Eco que el lector dominical del New York Times tenía ese día mayor cantidad de información en el papel impreso que lo que podía tener un europeo ilustrado del Setecientos a lo largo de toda su vida. Ese exceso, esa abundancia, puede generar material repetido e irrelevante, pero sobre todo puede provocar todo tipo de patologías, entre ellas la que Richard Saul Wurman llamó Information Axiety.

Y en su blog, ¿qué prima, la información o la opinión?

Creo que en la Red y en general en los medios empieza a sobrar opinión y empieza a faltar cada vez más información contrastada. Hay una saturación de opiniones, pero faltan juicios informados. No sé si muchos hemos contribuido a este exceso con los blogs. Yo creo que la mejor opinión será siempre deudora de la información razonada, de la deliberación. Pero también la mejor opinión dependerá del crédito que una persona tenga. En Internet cada vez más lo que se está imponiendo es el anonimato del juicio, la exaltación del nick, de los alias, y eso lleva a una degradación, creo, imparable.

Algún periodista ha escrito recientemente que un blog es la fusión entre periodismo y narcisismo. ¿Cuál sería la diferencia entre un blog y una columna de opinión?

Hay muchas clases de blog, de bitácoras. Yo recuerdo haber oído en cierta ocasión a Umberto Eco decir que el blog más extraño que había visto era uno en el que el responsable mostraba su esófago. Ése es el ejemplo más patológico de narcisismo. Pero otros que no exhibimos nuestro esófago, nos mostramos opinando, tratando de analizar la realidad, implicándonos. Y eso, por supuesto, tiene que ver con la vanidad, pues uno acaba creyendo que su opinión tiene algún valor. ¿Es así? Creo que mis comentarios en el blog no se han  diferenciado sustancialmente de mis artículos en la prensa (Levante, El País), al menos están hechos con la misma fortuna o con el mismo desacierto.

Pero, insisto, ¿es el blog una forma de narcisismo?

“El diario, sin duda, es un género cómico”, decía Ricardo Piglia en ‘Crítica y ficción’. Uno se convierte automáticamente en una especie de payaso, alguien que provoca la risa o la conmiseración de sus espectadores o lectores en este caso. ¿Por qué razón? Un individuo que anota día a día cosas de su propia vida o pensamientos, sugestiones, reflexiones es algo bastante ridículo, añadía el narrador argentino. No podemos tomar en serio a quien así se expone y a quien va dejando miguitas, sobras o desechos o, mejor, huellas para que otros le sigan el rastro.

Pensamos que la memoria es una función que nos sirve para recordar, para evocar aquello que fuimos o hicimos. En realidad, como anota Piglia, la empleamos para olvidar, para exhumar sólo aquello que nos da coherencia, que nos facilita un relato coherente de nosotros mismos, las piezas bien encajadas que forman una efigie inapelable, bien trazada. De ahí que una parte no despreciable de nuestras reminiscencias sea el caudal de lo que llamamos recuerdos encubridores o creadores, las evocaciones intrascendentes que tapan lo que nos ocasiona dolor o conmoción o las rememoraciones que de manera involuntaria inventamos para darnos un pasado que nunca tuvimos.

Pues bien, como dice expresamente Piglia, “un diario es una máquina de dejar huellas” y, por tanto, dibuja un camino que se puede seguir y que nos lleva hasta el paseante mismo. Confesándose sobre el particular, añade: “me gustan mucho los primeros años de mi diario porque allí lucho con el vacío total: no pasa nada, nunca pasa nada en realidad, pero en ese tiempo me preocupaba, era muy ingenuo, estaba todo el tiempo buscando aventuras extraordinarias”. En efecto, una de las cosas más sorprendentes de los diarios de los escritores es que se esfuerzan por captar lo que externamente viven, tomándose como espectadores, tomando sus notas como el observatorio desde el que avizorar la marcha del mundo, y presentándose ellos mismos como testimonios de unas vicisitudes de las que dar registro.

Quizá no sea esta tarea tan distinta de la que hace el blogger: sabedor de que contempla y registra en un espacio que es inaprensible, desorientado incluso, se empeña por tomarse como portavoz. A quienes cultivan el diario electrónico les suele molestar que les atribuyan razones de narcisismo para justificar el mantenimiento de una bitácora. Ya sostuve una vez que ésa es una de las razones que alientan el mantenimiento de una bitácora. No creo que haya que pedir perdón por ello o rechazar lo obvio al ser descubiertos. El diarista público, aquel que edita en papel o en la Red sus ideas, sus incertidumbres, sus malestares, sus estupores,  es siempre alguien cuyo narcisismo se nutre de la exhibición. ¿Acaso el profesor no experimenta un placer exquisito cuando habla ante sus muchachos inquisitivos, cuando ve en ellos la atención despierta de quien quiere más, mucho más? ¿Acaso el periodista no se envanece cuando sus lectores reconocen sus revelaciones?

Entonces, más allá del narcisismo, ¿el blog podemos concebirlo como un laboratorio?

Sí, sí. Me gustaría concebir la bitácora como si de un laboratorio se tratara, el centro de una escritura pública, una agenda propiamente intelectual. “La forma de diario me gusta mucho, la variedad de géneros que se entreveían, los distintos registros”, admitía Ricardo Piglia. En el mejor de los casos, “el diario es el híbrido  por excelencia, es una forma muy seductora: combina relatos, ideas, notas de lectura, polémica, conversaciones, citas, diatribas, restos de verdad. Mezcla política, historias, viajes, pasiones, cuentas, promesas, fracasos”. Todo, absolutamente todo, puede escribirse y las cosas que quedan, las huellas de Piglia, son una especie de borradores de escritos mayores, una agenda pública de quien se deja sorprender por un mundo que anota con los recursos del conocimiento, de los libros, de las lecturas; pero son también borradores de vidas potenciales que la existencia cotidiana no nos da.

El blog como experimento, pues.

Como un experimento, cierto. Quiero pensarlo del mismo modo que John Stuart Mill pensaba su dietario. “Este librito es un experimento”, decía John Stuart Mill refiriéndose a su pequeño Diario. Salvando las distancias, que son efectivamente muchas, yo me tomo el blog de una manera semejante, como un diario en el que experimentar el ejercicio de la escritura ordinaria. “Aparte de cualquier otra cosa que pueda lograr”, añadía Stuart Mill el 8 de enero de 1854 en su dietario, “servirá para ejemplificar, al menos en el caso del autor, qué efecto se produce en la mente cuando uno se obliga a tener por lo menos un pensamiento cada día, que merezca ponerse por escrito”. Sería un prodigio que a mí me suceda exactamente lo mismo, que yo pueda alumbrar un pensamiento cada día. He procurado ser más modesto: que los pensamientos que nacen del roce de otras inteligencias pudieran destilarse en mi bitácora.

“Para este propósito”, insistía Stuart Mill, “no puede contar como pensamiento el mero especialismo, ya sea de ciencia o de práctica”.  Es decir, no podemos contentarnos en un dietario de esta índole con consignar ideas o saberes de las disciplinas y de las especialidades. Un blog de historia o un blog de sociología, por ejemplo, que sólo leyeran los colegas. Lo ideal, lo deseable, es que el diario esté “referido a la vida, al sentimiento o a la alta especulación metafísica”, añadía Stuart Mill. Esto es, a aquel conjunto de problemas que nos preocupan y que no tienen fácil respuesta.

“Probablemente, lo primero que descubriré en el intento”, decía el filósofo británico, “será que, en vez de uno por día, sólo tenga un pensamiento así una vez al mes; y que sean sólo repeticiones de pensamientos tan conocidos de todos…” Ojalá mis anotaciones sean repeticiones de pensamientos ya escritos por otros: no me fío mucho de mí mismo y, por las dudas, prefiero servirme con honradez y con referencia exacta de las ideas de otros. 

¿Y eso cómo lo logra?

De lo que de verdad se trata es de tener criterios firmes y flexibles que permitan discriminar entre esos pensamientos que circulan. Pero para lograrlo, la lectura paciente de los libros y el ejercicio de una reflexión lenta y profunda son imprescindibles, porque de aquéllos nos vienen las discrepancias milenarias, esos vislumbres que otros ya adelantaron. Decía André Comte-Sponville que una idea nueva, verdaderamente nueva, que no haya sido pensada ni escrita jamás, tiene muchas probabilidades de ser una bobada.  Pues bien, de eso se trata: de no caer en la simpleza creyendo ser original.

¿No creyendo ser original…?

Hace más de un siglo, Auguste Comte, gran amigo y corresponsal de John Stuart Mill, vivió en un delirio creciente. Era un pensador ciertamente original, aunque, eso sí, muy pagado de sí mismo, persuadido de su mérito y de la profundidad de sus discernimientos. Se propuso elaborar una idea completamente nueva, jamás concebida, y para ello decidió prescindir de los libros y de las ideas ajenas. Como los volúmenes lo anticipaban o lo contradecían, resolvió aislarse eliminando todo contacto erudito. Ese retiro defensivo lo vivió como una higiene intelectual. Fue, ya digo, un autor interesante de ideas audaces, pero al final menos originales de lo que él juzgaba. Fueron numerosos los factores que le sumieron en el delirio, pero esin duda entre ellos estuvo esa higiene intelectual que se prescribió a sí mismo. Estaba tan convencido de que podría subsistir valiéndose de sí mismo que acabó su días hundido en sus propias ideas.

¿Está usted “hundido en sus propias ideas”?

Yo no creo correr el mismo riesgo, entre otras cosas porque no profeso esa idolatría a la originalidad y porque mis magros nutrientes son efectivamente externos. Si Stuart Mill aceptaba tener un solo pensamiento, más o menos original, una vez al mes, no me iba a exigir yo mucho más. Espero, así, tener un pensamiento, aunque sólo sea uno, más o menos original, en este tiempo de bitácora.

Pero si repite ideas de otros, entonces es la suya una tarea escolar, un scriptorium (según titula usted mismo en una de sus secciones).

Desde hace mucho tiempo quiero pensar que leo con aplicación y disfrute, observando lo que me rodea. Desde hace mucho tiempo me gusta hacerme notas de lectura, compendios y juicios sobre lo que mis admirados autores me proporcionan y sobre lo que la realidad o el pasado me provocan. Un comentarista, que creía ser malicioso, decía que los textos de mi bitácora se parecían, en efecto, a redacciones escolares. Así es: si las bases de mi blog son apuntes que llevo desde antiguo y si esos apuntes se asemejan a la tarea colegial, entonces las cosas que escribo puedo verlas como los deberes que cumplo puntual y escrupulosamente. Soy una especie de alumno que quiere observar el mundo o un historiador atento o un lector que quiere ser minucioso aprendiendo, madurando, desarrollando una labor de exégesis, de anotación, al modo de quien sigue un dietario.  ¿Es ésa una tarea equiparable al periodismo, a la crónica diaria y desconcertada de lo que ocurre? Me parece más próxima a la del ensayo, ese ensayo breve que se encierra y se orden en un dietario, con algo de atrevimiento especulativo y con una deliberada mezcla de escrituras. Es un trabajo de glosa de la realidad, de interpretación bibliográfica, un sedimento caótico y fértil de lecturas más o menos copiosas, hechas según un azar ordinario, fragmentariamente, atendiendo a las vivencias cotidianas y a lo que pasa.  

19 comentarios

  1. Inauguro hoy los comentarios, y sobre eso quiero hablar en concreto. Por un lado, se comenta muchas veces sin información o haciendo una selección de ésta que se ajuste a nuestras ideas, pero por otro, un blog no tendría sentido si nadie dejara un comentario, sea el que sea, incluso detractor…por tanto: un blog como tal existe sin nadie que lo comente, pero qúé sentido tendría entonces? podría llamarse diario sin más en ese caso? supongo que es todo muy complicado…¿Dónde están los límites, a nivel intelectual, cultural, personal…de un blog?
    De nuevo, a por el café. Buenos días!

  2. Un blog cultural, como cualquier otro blog o bitácora, es una feria de vanidades. El tradicional diario estaba destinado a reforzar el anonimato de la intimidad, su imposible comunicación más allá del primer círculo de seres queridos.
    Los tiempos modernos cambian el sentido de la privacidad y se caracterizan por nuestra necesidad de exhibir y ser vistos de inmediato (por ejemplo, mediante los comentarios a los textos publicados en un blog). Esa exhibición confirma nuestra voluntad –compulsiva muchas veces- de distinguirnos de los demás, de ser algo especial. Ilusa tarea esta última.
    El blog es la búsqueda -consciente o inconsciente- de esos 15 minutos de gloria que suplan el antiguo y largo cultivo de relaciones. Ambas, la gloria y las antiguas interlocuciones o amistades, inciertas.
    Conste todo lo anterior aplicable a cualquier blog público, sea conocido su autor o no. Es decir, no se aplica sólo al del Sr. Serna.

  3. Siento no estar de acuerdo con el amigo Bartleby, porque “preferiría no hacerlo”, entre otras razones, pero su interpretación del texto de hoy de Justo Serna me ha producido a mí un efecto contrario. Y pensaba, antes de leer su post, alabar precisamente la modestia del propósito serniano, totalmente contraria a todo exhibicionismo narcisista.
    Para mí, Serna expone a diario la reflexión que su contacto con la realidad objetiva (noticias, sucesos triviales, actos políticos, accidentes) y subjetiva (la reflexión íntima que esas noticias le producen según el estado de sus glándulas y neuronas) fabrica con esfuerzo para dar pie, motivar reacciones parecidas en los demás y que “sirvan” a un coro de voces que “podría” representarlos. Raramente sucede así porque, en contra de lo que él cree, no son opiniones derivadas de ideologías diversas las que aquí acuden para ser expuestas y razonadas, sino creencias duras como pedernales, ya formadas, y como tales piedras intentan alcanzar como objetivo el ojo o la frente del “adversario” a menudo con la honda del insulto o la descalificación.
    A mí me ha parecida modélica su exposición de lo que debe ser un blog no informativo, que no pretende competir con los periodistas profesionales , como él mismo aclara, por otra parte. Agradecido por su texto, pues, quiero hacerle, a mi vez, un regalo, y es este fragmento de “El benefactor” de Susan Sontag, que se puede aplicar como un guante a su generosidad cotidiana :
    “Siempre he encontrado mi corazón vacío de ambiciones personales. Si de algo se alimenta la ambición de uno, es de la ambición de los demás. Nunca he entrado en este tipo de relación, en parte conspirativa y en parte envidiosa, con mis semejantes. Siempre he gozado siendo yo mismo, y la compañía de los demás me resulta mucho más placentera cuando se diluye entre grandes cantidades del placer que encuentro en mí mismo, en mis sueños, en mis fantasías”.
    Un abrazo y gracias de nuevo.

  4. Sr. Veyrat:
    El medio -el blog, la web- y sus potencialidades -su eco e influencia- son no sólo el mensaje sino, sobre todo, la feria.
    No he entrado a analizar la modestia o discreción con que pueda exhibirse la vanidad, que desde luego es un grado en favor de quien las exhibe también.

    La cuestión es que la técnica -el alcance de un blog- altera el sentido de la comunicación, que pasa de ser personal en la tertulia anitigua (incluso en el periódico clásico, por lo reducido de su público) a universal. Y, por tanto, metáfora de la disolución del individuo y sus opiniones de eco reducido en una comunidad móvil y difusa de ideas e interferencias sin fin.
    Saludos,

  5. ¿Hay vanidad en la escritura de un blog? Hay proyección de un yo que se muestra y que, más o menos, se pone en riesgo…, en riesgo de hacer el ridículo, como decía Piglia y yo reproduzco. Hay la satisfacción de ver tu idea publicada, ese roce con la realidad del que habla generosamente Miguel Veyrat (a quien agradezco el presente que me hace). Pero hay sobre todo un descubrimiento insólito: escribir de lo que sabes pero eso que sabes lo ignorabas en parte hasta que no escribiste. Parafraseo a Javier Marías y digo que escribir esta especie de diario (público) es una forma de saber que se sabe lo que no se sabía que se sabía. Acaso porque no podía expresarse o porque no se había expresado aún. Ahora bien, hay otra cuestión pendiente: un blog necesita los comentarios de unos lectores, tal como señalaba Marpop. ¿Y qué consecuencia se extrae de ello?

  6. Un blog se parece a un barco, no sólo en la analogía bitacorera.
    El patrón elige, por criba intelectual o sentimental, la tripulación, y según se va la cosa decantando el barco puede navegar y visitar muchos puertos…o se transforma en la barca de Medusa.

    Hay en cambio algunos blogs sedimentados, clavados en tierra como un minarete, que tienen muy clara la idea o llamada que quieren hacer, indistintamente de los locos que saquen la cabeza por la torreta dando voces.

    Pero la mayoría de los blogos son barcos, veleros, barquillas, chinchorros, según…y lo dicho, la tripulación es muy importante. De hecho más de una regata se ha perdido por una mala elección de un contrapeso.

    Ks.

  7. Gracias por su aclaración Mr. Bartleby. Aunque pienso que el invididuo sobrenada, precisamente para no disolverse en lo que acertadamente llama comunidad móvil y difusa con interferencias mil. Precisamente por eso participa.

  8. Yo tengo un blog triangular. Es un blog en el que se mezcla un poco de todo. La idea principal es hablar de escritura y sus alrededores. Hace unos días comentábamos precisamente sobre la función de un blog. Hoy, aprovechando su idea señor Serna, he colocado el enlace allí.
    Una de las preguntas que se formulaban mis compañeras de blog, después de asistir a una conferencia de Santiago Roncaggiolo (creo que está alojado en el País) en Barcelona, es por qué algunos escritores de cierto peso cuelgan sus blogs, escriben sus artículos, comentan sobre diversos asuntos pero, jamás, responden a sus lectores.
    Decía el escritor que se debe a falta de tiempo. De hecho, él tuvo que cerrar el blog por ese motivo. ¿Podríamos llamar a eso narcisismo? Como comentaba Pigglia, el escritor va dejando sus miguitas, o sobras para los demás le sigamos el rastro.
    Yo, sinceramente, no creo que este blog sea narcisista. Tendrá su pequeña dosis de vanidad, si usted lo dice, pero nada que se salga de lo normal. Sus ideas son sensatas y firmes. No siento que va dando lecciones, ni sentando cátedra. Los temas son variados, acordes a la actualidad y a la realidad en que vivimos. Y, para colmo nos responde (a mí no mucho, tendré que decir tacos) y se mantiene un intercambio, o se intenta, con lo que se va asemejando a una conversación. Un blog sin intercambio es como hablar con la pared. Es como el monólogo de un orate.
    La parte, digamos negativa, es la cierta dependencia que crea por tener que responder a los lectores y, a su vez, visitarles en sus propios blogs.
    Estoy de acuerdo con usted señor Serna en que se escribe sobre lo que no se sabía que se sabía. Pero, de ahí se aprende. Lo que no existe es la originalidad.

  9. Yo creo que información no necesitamos, Hay mucha. ¿No? Un “blog cultural” es un lugar para discutir lo que sabemos o aprendemos (periodismo en mi caso) y para saber como dice J Serna que se sabe algo que no se sabia que se sabia. Bueno pues eso.

  10. En mi opinión, el blog nace de la necesidad de intercambiar ideas, opiniones y experiencias con personas afines en cuanto a los temas que nos interesan. Es un rincón del ciberespacio donde se habla de lo que nos gusta hablar, captado desde la comodidad de nuestra pantalla y facilitado por la tecnología que circunvala el problema de las distancias, los horarios y las visas consulares.

    De su blog he aprendido mucho, lo cual invalida completamente todo cuestionamiento sobre vanidades o narcisismos. ¿Qué importan los motivos si los resultados son satisfactorios?

    Gracias!

  11. Del blog como arte, las palabras del olvidado Valle-Inclán: “El arte no existe sino cuando ha superado los modelos vivos mediante una elaboración ideal. Las cosas no son como las vemos sino como las recordamos”. Y con su reelaboración cotidiana de las cosas de la vida y de lo que ellas podemos pensar, Justo Serna nos echa a la cara, precisamenente, trozos de realidad reelaboradas en recuerdo. Para que no nos disolvamos en una comunidad móvil y difusa de interferencias sin fin, que diría Míster Bartleby.

  12. Tanta mentira en vuestras vidas, tanta falta de paciencia, tanta falta de dignidad. Es eso mismo aquello que os obliga a expresar vuestra mentira en voz alta, es esa mentira que un día creísteis lustraba vuestras vidas lo que hoy os revela vuestra infamia. Es eso mismo, vuestra insustancialidad, la que os decide a seguir insistiendo en que sois.
    Cafeína, no será usted la que me enseñe a pecar, pedante tontiloca.

  13. Pecador, usted está haciendo lo mismo que el resto en sí, fuera ese ímpetu por marcar la diferencia o sentirse especial y acusador, tb usted se limita a mostrar sus impresiones…
    Nada más, bona nit!

  14. Me ha sido imposible escribir hoy aquí, pero me resisto a dejarlo pasar sin dar mi opinión.

    No veo vanidad, ni egocentrismo en este blog; es todo lo contrario, Justo Serna es didáctico y modesto y sus respuestas en la entrevista son magníficas. Ni siquiera entiendo bien qué es lo que reprochan o critican porque, aunque hubiera narcisismo en Justo Serna, eso sólo querría decir que es que está sano. Salvo patologías, que todos conocemos, el narcisismo es consustancial a nosotros y hay terapias para recuperarlo en quien no lo es. Hasta la religión nos dice que amemos a los demás como a nosotros mismos. Se da por hecho que a nadie como a nosotros. El exponer ante desconocidos, que pueden ser analfabetos, nuestros conocimientos, como hace el Señor Serna, a mí me parece un acto de humildad. Siempre lo es someter a discusión algo en lo que hemos quemado nuestras pestañas y que hemos pensado, madurado y estudiado.

    Y el deseo de distinguirnos, de ser distintos, únicos, de decir la palabra nunca dicha y pensar el pensamiento nunca pensado ¿? No puedo estar de acuerdo, de ninguna manera, con la frase que nos cita Justo Serna, porque todos somos absolutamente originales, porque, cada pensamiento, cada idea, cada cosa que hacemos y creamos, cada uno dentro de sus posibilidades, de su preparación, es distinto y es distinto a sí mismo, incluso. Una misma lectura es distinta según el estado de ánimo, el tiempo trascurrido. Cada nuevo amor, es distinto al anterior, por eso siempre se piensa que el último es el más auténtico, por lo distinto, por lo “original” que es. Cada madre que pare a un hijo, está pariendo al primer niño que ha nacido en el mundo y es la pura verdad.

    Hay una verdadera obsesión con cambiar todo, con partir de cero para crear algo verdaderamente único y ese es el modo de no crear nada de verdadero interés, de no llegar jamás a eso que todos sueñan tener que se llama “Voz propia”. Con los mismos mimbres: Beethoven, Mozart, Chopin y hasta Boulez. Con los mismos: Velázquez, Rembrandt, Goya, Tintoreto y Góngora y Quevedo y Machado y Veyrat. Woody Allen, Charlot, Visconti o Dreyer.

    El ser distinto y único está en nosotros mismos, con nuestros dos ojos, nuestra nariz y nuestra boca: todos iguales, pero todos distintos. Lo que pasa es que a unos la providencia les ha dado, con esos dos ojos, esa nariz y esa boca, la belleza y a otros no. A Ribera (José de), a Wagner y a Goethe, les ha dado el talento y el crear de otro modo, pero a ese talento hay que ayudarlo, como lo hicieron ellos queriéndolo hacer bien. Yo creo que Bach y Leonardo y Voltaire y Justo Serna, lo único que pretendieron, que pretenden, es hacerlo bien y todos ellos son las luces de nuestro mundo, el camino a seguir y ese camino es, fundamentalmente, trabajar como bestias, con toda la pasión, con toda nuestra vida. Que lo que quede luego sea distinto o no, sea una Creación, eso ya…

    Así lo creo yo.

  15. Cuando empecé a escribir el blog ni siquiera me planteé que alguien lo leería y lo comentaría. Era un espacio que me brindaba la red, un espacio donde “colgar” mis escritos, igual que quien los guarda en un cuaderno. Con una diferencia: ese cuaderno estaba expuesto, para que quien quisiera, pudiera leerlo y comentarlo. Lo de los comentarios vino solo y poco a poco. Reconozco que al saberme leída creció mi vanidad. Reconozco que al saberme comentada, intenté dejar el tono coloquial para adquirir un tono más llamémosle periodístico. Reconozco que, después de haber intentado transformarme en periodista de andar por casa – inconscientemente- terminé por volver a ser yo misma de cara al mundo virtual, que no es otro que el mundo real, pero pasado por cierto filtro. Y reconozco, mal me está decirlo, que me encanta que haya quien le guste leerme y quien, de vez en cuando, me lo haga saber. ¿Vanidad? Quizá si. En cualquier caso, ahí está la posibilidad de escribir. Para mi y para quien me quiera leer, ahí adentro ( o a fuera) está parte de mi pensamiento, al abasto de todo el mundo. ¿Especie de gran hermano descafeinado? Quizá también. Yo qué sé. Ni siquiera me apetece analizarlo. Ahí está la red. Y yo me apodero de ella – y en parte, ella de mi – para dejar escrito lo que se me pasa por la cabeza. A quien le guste, que me lea. A quien no le guste, que no vuelva. Incluso hay quien no me lee por el nick utilizado, que tiene su historia (la historia de los nicks en los chats y en los blogs merecería un estudio sociológico, igual que los nombres de las embarcaciones. Pero ese es otro cantar)

    ¿Y por qué digo todo esto? ¿A quien le importa? Bueno… quizá porque cuando llego a un blog como éste, me apetecería ser la autora. Pero cada cual tiene sus limitaciones y yo también tengo las mías.

    Gracias por su blog, Sr. Serna.

    Arare_ (e integrante de liter-a-tres)

  16. Creo que los escritos que preceden están a años luz de mi persona, soy lectora pero no tan buena como quisiera. Pero estoy en ello.
    Cuando yo inicié mi blog, hace bien poco, sentía, primero, curiosidad. ¿Habrá alguien que lo lea y, además, le pueda llegar a interesar? Hay existía vanidad por mi parte. A esa pregunta ya me he respondido. Nadie lo lee y, los pocos que lo hacen son amigos que ni siquiera saben cómo contestar o que me llaman por teléfono para decirme algo sobre lo que he escrito. Así que la vanidad quedó para el arrastre hasta que un día recibí un comentario. El siguiente escrito fue pensado para lectores imaginarios. Pero al cabo de los días, otra vez la nada. Y así sigo.
    ¿Por qué los blogs? En mi caso, me apetecía la experiencia de esta especie de diario y me aporta una gran satisfacción personal dejar escrito lo que no sabía que sabía. Ahora bien, que eso pueda no interesarle a nadie, pues completamente de acuerdo. Por otra parte, este “medio anonimato” te permite tan vez sincerarte más. En mi caso mucho más porque no tengo que discutir con nadie hacerca de mis ideas o de mis historias. Además, yo creo que en lo más profundo de cada ser se encuentra la necesidad de contar las cosas. Se las cuentas a tu familia o a la vecina, o a un periódico o en un diario íntimo. O en un blog, una posibilidad que nos da este mundo globalizado, bastante barata.
    En fin, no sé si viene muy a cuento lo dicho, pero me ha dado cierta envidia este blog al que he llegado por pura casualidad y que miraré a partir de ahora más a menudo.
    Termino, ahí os dejo el mío que es una gota en el mar blogatlántico. Saludos
    http://unrespiroporfavor.blogspot.com/

  17. ¿Eres jovén y te gusta la cultura, arte, ciencia o humanidades?

    He iniciado un proyecto de crear un foro enfocado a los jóvenes intelectuales o que simplemente les guste y quieran compartir conocimientos de:

    Bellas Artes, Ciencia, Música, Sociedad y todo lo relacionado a la cultura

    Para ser miembro solo debes cumplir con estos simples 3 requisitos:

    1.- Debe gustarte e interesarte alguno de estos temas: Bellas Artes, Literatura, Ciencia, Música, Sociedad y todo lo relacionado a la cultura.

    2.- Saber escuchar las opiniones de otros usuarios e intentar de mantener un punto de vista neutral, sabemos que no todos piensan de la misma forma y queremos ser una comunidad utópica donde la opinión de cada uno cuente y se respete.

    3.- Tener ganas de compartir y aprender conocimientos de otros jóvenes como tú :D

    La dirección del foro es la siguiente:

    http://iq.3l0g.com/

    y te puedes unir al foro entrando en:

    http://iq.3l0g.com/index.php?action=register

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