A veces, el blogger ve cómo en la prensa coinciden dos textos suyos que en apariencia nada tienen que ver. Uno trata de la publicidad y otro de Hitler; en uno se expresa la opinión y en otro se vierte un juicio. Es la mezcla lo que me estimula; es la historia lo que me mueve… Hay en cada uno de nosotros ciertas inclinaciones, gustos o preferencias. Desde niño me gustó leer: tebeos, prospectos farmacéuticos, encartes publicitarios, catálogos de editoriales. Como mi padre, que lleva miles de libros leídos y fichados; como mi abuelo paterno, que devoraba un periódico cada día (El Debate), un abuelo al que sus vecinos llamaban Canalejas, por esa propensión a perorar con ciertas dotes intelectuales… Me recuerdo a los diez años leyendo las cubiertas de la prensa y de las revistas en el quiosco más cercano a mi casa. Me recuerdo informándome sobre minucias o irrelevancias del día, con una voracidad incluso malsana, conectando una cosa y la otra, sin criterio. ¿Por qué hacía esto? Emprendamos un psicoanálisis salvaje.
Tal vez porque me pensaba sobrante o no justificado, un hijo que viene después de otro hijo… muerto. En la guerra, la muerte convierte en héroe al fiambre: en cambio, la supervivencia del soldado no es heroica. Véase, por ejemplo, Banderas de nuestros padres, de Clint Eastwood: los supervivientes arrastran un sentimiento culpable y a la vez dañado. ¿Por qué murió tu compañero? ¿Por qué sobreviviste tú? Hay, insisto, un sentimiento de culpa y hay una desconfianza hacia el mundo, la preocupación, quizá morbosa, por un mundo que juzgas peligroso y hostil, y del que no te puedes fiar. Ese sentimiento suspicaz me obligaba a sondear lo que pasaba para estar prevenido. Prevenido…, ¿frente a qué? Frente a los ataques reales o potenciales, la mejor defensa es prepararse, informarse. Si sabes o crees saber de qué va esto, si te documentas, tal vez frenes o contengas la agresión. Para mí, la historia es saber de qué va esto, cuál es el origen del presente que tengo: un presente que, por un lado, me acoge y, por otro, me hostiga. Pero, como ese presente histórico es copioso y desordenado, me gusta tratar muchas cosas, abundantes, innumerables, que aparentemente nada tienen que ver entre sí, pero a las que quiero hallarles algún parentesco: el Genio de la lámpara y Hitler, la publicidad y la política, las ficciones de la tele y las mentiras de un tirano.
Ustedes sabrán perdonarme.
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Artículo de Justo Serna sobre la publicidad (Babas de caracol), en Levante-EMV, 26 de enero de 2007.
Artículo de Justo Serna sobre Hitler (El jerarca inverosímil) en Levante-EMV, Posdata, 26 de enero de 2007.


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