Adiós al Edén

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Ya lo sabemos: el esfuerzo a que estamos obligados es un doble castigo: por un lado, es una condena bíblica, metafórica y mítica; por otro, es un hecho cierto y nada simbólico, el deber de trabajar. Hubo un tiempo en que Adán y Eva paseaban por el Edén oreado. Edén: tiene nombre de bar de carretera. Digo… que, cuando Adán y Eva se abandonaban al deleite y a la holganza, carecían de atropellada inquietud y de premura: caminaban fresquitos, mirando la minucia de aquel vergel, tan reciente y espeso. No sentían la amenaza de la naturaleza tupida, el abrazo de su flora o el acoso de su fauna. Los nombres y las cosas coincidían, la timidez y el esfuerzo no existían, y el Dios tutelar observaba su creación con benevolencia, orgullo y algo de guasa. Se sentía satisfecho, sí, y la verdad es que, aunque mejorable, el Paraíso parecía un auténtico jardín. Todo acabó, sin embargo. ¿Fue la salida de Adán y Eva un retorno? No, por supuesto. ¿No hay regreso en la eternidad de una vida por vivir. Fue un ingreso en el tiempo y en el  pavor, en el laboreo y en la repetición. En ello estamos aún, cuando cada otoño se avecina, cuando concluye el ciclo: avergonzándonos de la molicie a que nos hemos entregado, y repudiando el porvenir y las tareas sucesivas. Veo distanciarse el verano, aquel edén. Mañana empieza mi auténtica temporada laboral…

Me pregunto a qué demonio debo esta expulsión.

33 comments

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  1. Miguel Veyrat

    Siento mucho dos cosas, mi querido Justo, la primera es abrir de nuevo las intervenciones a tu propuesta de hoy, pero hace tiempo que estoy con el dedo y el pie en el telar.
    Y en segundo lugar, siento mucho que tu propuesta deguelle el debate anterior con el recurso, tan ingenuamente “buenista” como el de la paideia frente ala “rauxa” juvenil, al idealismo mágico del Paraíso Perdido, cuando sabes mejor que nadie que la cruel realidad es la del Homo Ancecessor devorando a sus semejantes y dando saltos evolutivos de glaciación en glaciación. Y trabajando siempre por “aver mantenençia e yuntamiento con fembra plaçentera”. Tan duramente como tú y millones de nuestros actuales semejantes. Sólo que ahora con seguridad social.
    Sólo una apostilla a los alegatos de Kant en la discusión anterior. Me parece más justa en la actualidad la ley “castellana” que atribuye a la mujer el derecho a “bienes gananciales” que la antigua de separación de bienes, solamente pensada por los ancestros jurídicos para presentar la igualdad de clase en los matrimonios y el crecimiento del patrimonio común protegido asimismo por la figura del “herèu” o mayorazgo. En los matrimonios “desiguales” de hoy en día, pues gana más el varón, la mujer dispone de seguridad añadida al derecho de dedicarse voluntariamente al hogar y crianza de los hijos sin temer por el “repudio”.

  2. Pavlova

    El régimen de separación de bienes matrimonial es una opción que siempre ha podido elegirse, no es antigua ni nueva, del mismo modo que en Aragón y supongo que en Valencia y Cataluña, se podía hacer con el de gananciales. El matrimonio es una empresa a la que cada miembro de la misma aporta un capital; antes el de la mujer era, fundamentalmente, el de su trabajo en la casa, con los hijos y la administración familiar y la del hombre su trabajo en la calle. El régimen de gananciales era y es un reconocimiento de esto, del valor del trabajo no remunerado de la mujer y su derecho a beneficiarse del de el hombre como él lo hace del de ella; así, en caso de disolución de esa empresa, cada miembro de ella se queda con la mitad de lo que haya aportado él mismo y con la mitad de lo que haya aportado el otro. Es la fórmula más justa que, legalmente, se encontró, sobre todo, para proteger a la mujer y que no se quedara literalmente en la calle en caso de separación.

    La separación de bienes es una opción que tiene, fundamentalmente, beneficios fiscales en algunos casos. Ambas posibilidades tienen tremendas lagunas, naturalmente, porque ya dicen que el que hizo la ley hace la trampa, como las tiene el sistema del mayorazgo, que protege la desmembración de los campos y el patrimonio familiar y que tiene un fundamento práctico innegable, aunque suponga una injusticia para los hijos menores descomunal, pero eso también lo contempla la ley y los protege de algún modo.

    No es éste el lugar, ni viene mucho a cuento, la reflexión que acabo de hacer, pero Veyrat me ha tirado de la lengua. En cualquier caso y para terminar, les diré que el Fuero Aragonés (es el que yo conozco y al que estoy acogida desde mi nacimiento) es el más equitativo y el que más defiende a la mujer de todos los que tengo noticia, porque no son exactamente gananciales los bienes de un matrimonio, ni lo de cada uno de cada uno; es todo de los dos. Si uno muere, el otro no lo hereda, ni paga impuestos, ni tiene que darles su parte a los hijos, porque es todo de él o ella. Sólo al fallecimiento de los dos miembros de una pareja, pasa su patrimonio a los hijos. No conozco otro sistema mejor.

    Es preciosa la foto que nos regala hoy, Justo, aunque esté un poquito “amañada”. El castigo divino del trabajo, para nosotras es permanente y sin horas ni días, pero tenemos la ventaja de ser nuestro propio jefe-:-) Lamento su incorporación al trabajo y me alegro por sus alumnos, que serán un poquito mejores gracias al castigo de usted.

    Abrazos a todos.

  3. Sara

    Me ha gustado la foto aunque esté amañada. En el texto J. Serna dice cuál es su estado de ánimo. Animo profesor!

  4. Paco

    Yo otra vez.

    Se me olvidaba.

    Porqu’e no contestas a kant?

    Edén p’arriba y edén pabajo pero a kant no le contestas!

  5. jserna

    ¿Paco? Mire, le agradezco la atención que me dedica. Inmerecida, sin duda. Como dije tiempo atrás, hay un cierto tipo de adversario (inimicus u hostes, Schmitt dixit) que conspira a favor de nuestra imaginación. Entiéndaseme. No es una boutade, es una verdad que, de puro obvia, deviene trivial: a partir de nuestros rivales nos definimos, justamente porque nos desmienten, y, como alguien dejó dicho, es a los adversarios a quienes debemos la atención y la deferencia que nos brindan con su animadversión o con su hostilidad. Hay elogios que dan miedo: al fin y al cabo, nos obligan a estar a la altura de la alabanza hiperbólica. Hay, por el contrario, enemistades que nos resultan mucho más favorecedoras: ponen el énfasis en este o en aquel aspecto de nuestro yo, con lo que nos prestan un auxilio involuntario en el proceso de autoconocimiento. No sé si usted, Paco, está a la altura de esas enemistades…

    Paco: el señor Kant no se amilana porque yo hable o calle o porque yo me vaya al Paraíso.

  6. Kant

    Vengo de dormir una inenarrable siesta tras engullir una pizza italiana – pero de las de verdad – acompañada de una monstruosamente grande y variada ensalada valenciana cuyo conjunto ha regado un “Señorío de Sarriá” (D.O. Navarra) que me tiene (felizmente) postrado durante toda la tarde. Así que al salir de ese pequeño Elíseo de plácido sopor y gentil inspiración me los encuentro expulsados del hebraico Edén y sumidos en el desvelo por el anuncio serniano del retorno al laboreo otoñal.

    Afortunadamente, como soy vago, este aspecto no me preocupa en demasía. Don Immanuel (o sea, el auténtico Kant), con quién también discrepo en ocasiones, decía en su “Idea para una historia universal en clave cosmopolita”, que la madre Natura impele al hombre (o sea, a las personas) a “vencer su inclinación a la pereza” (¡¡horror!!) con el fin – que él pretende positivo – de “impulsándose por medio de la ambición, el afán de dominio o la codicia, a procurarse una posición entre sus congéneres, a los que no puede soportar pero de los que tampoco es capaz de prescindir”. Toda una lección de germánica laboriosidad, ejemplo de dedicación al trabajo y espejo para esforzados. La moral del trabajo.

    Por eso prefiero a Paul Lafargue y su “Derecho a la pereza”: “El fin de la revolución no es un triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad y demás embustes con que se engaña ala humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y disfrutar, intelectual y físicamente, lo más posible. Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse”. La frase – con que hoy día aún se publicita el libro en su actual reedición – viene a sintetizar su opinión y la mía (así la de un buen número de epicúreos) al respecto del trabajo.

    La cita con la que encabeza su capítulo primero tampoco tiene desperdicio. Es de Lessing y dice “Seamos perezosos en todo, excepto en amar y en beber, excepto en ser perezosos” ¿No es maravilloso? Les recomiendo vivamente a quién no hubiese leído el opúsculo que no deje de hacerlo y cuanto antes mejor. A quién ya lo tuviese leído, que lo repasara y recordara que está en la vida para vivir. Estamos contra la Hormiga, estamos con la Cigarra.

    Aprovecho para saludar afectuosamente a doña Francisca (Fuca para uds) que dio señales de vida en el anterior “post”, a última hora, a quien, sin duda, doña Ana Pavlova anunció mi preocupación por su deslizamiento hacia la locura correctora de mil y un exámenes. Por eso le agradezco, igualmente de efusivo, su labor intermediaria, señora Pavlova.

    Querría haberle hecho alguna puntualización sobre el tema de los bienes “perdenciales” (como les llamaba con gracejo la que fuera mi esposa) don Miguel, pero me temo que sería alejarnos muchísimo del tema que nos ocupa, el retorno al trabajo, y que, por otra parte, admite tantísimas perspectivas, opiniones y argumentos que nos perderíamos en la selva de la opinática y la anécdota.

    Visto el tema, en vez de ponerse uno a debatir sobre si lo adecuado son los “gananciales” o la “separación de bienes”, más bien le da a uno por pensar en si el matrimonio es un asunto entre personas privadas, que sólo les incumbe a ellas, ¿por qué pasa por un procedimiento público? ¿porque es una empresa (como dice la señora Pavlova y don Federico Engels)? En fin, especialmente en la Europa del siglo XXI, más me parece una intromisión del Estado en la privacidad de las personas que una necesidad social, especialmente porque, sobre el divorcio, no entiende un tribunal económico administrativo sino uno civil. Antes veo en ello el mantenimiento de una tutela hacia el individuo que lo mantiene reducido a una condición infantil muy poco ilustrada (uy, se nos volvió a escapar don Immanuel).

    POST SCRIPTUM, ¡don Paco, don Paco!… ¿no le decía yo en el anterior “post” que discrepar, incluso discutir, entre personas sensatas no significa nada más allá que pensar, esas personas, de forma diferente sobre algún aspecto?, ¡¿cómo vamos a pensar todos lo mismo de todo?! Aquí no hay cabreo alguno, ni enfado, ni rencor, hay diversidad de opiniones, eso es todo. Serénese, hombre, serénese.

  7. Pavlova

    No quiero yo adornarme con laureles que no son míos. Fuca (Francisca para usted) debe leernos y vio que la nombrábamos. Ha debido venir por eso porque yo no le he dicho nada.

    Que constancia, que tesón y qué ganas las de Paco ¿no? No es por menospreciar, pero, Justo, usted merece enemigo mayor. Esto no es ni enemigo, es el detalle exóticoq ue todo lugar internetero tiene.

  8. Miguel Veyrat

    No, de verdad, ilústreme, Kant, porque ignoro qué sucedía antaño cuando en el régimen de separación de bienes y en caso de ruptura de matrimonio, la mujer no había podido aportar bienes al “contrato”, que eso es lo que es, en efecto, y por ello por lo que se puede romper y disolver, también según las iglesias. Del régimen de gananciales sé bastante después de dos divorcios de ley castellana en los que se ha pulverizado mi matrimonio personal. Para mí fueron siempre “perdenciales”, debí de tener peores abogados que su digna esposa. Gracias por traer de nuevo a Lafargue, de quien fui devoto en tiempos, y que contribuyó por cierto a fundar el partido socialista español. Lástima que la realidad me haya convertido más y más en un estoico ateo. Preferiría seguir siendo epicúreo, como vos.

  9. Miguel Veyrat

    ¡Ah! y la práctica de nuestra amada llengua dels valencians, como la llamaba el gran Fuster le ha jugado una buena pasada: el vino con que se deleitó no proviene del Señorío de Sarriá, sino de Sarría. Dicho sea en pro de la verdad topográfica.

  10. Penélope

    Buenos días . Tras las vacaciones, leo unos cuantos post atrasados, tan interesantes como siempre (lo cual es lo habitual habida cuenta de la altura de los contertulios).
    Aunque les sigo bastante, intervengo muy pocas veces, ya lo saben. Esta vez lo hago extrañada de que nadie le haya “entrado al trapo” a la Sra. Pavlova tras arremeter contra la práctica de la Sra. Bou (una potencial Mario Conde, según ella) de utilizar el ordenador del trabajo para asuntos que no lo son (este blog, sin ir más lejos). Y es que, una vez confesada la condición de funcionarios-de la administración pública-de 8 a 15h- de algunos de sus contertulios y, por tanto, su frecuente uso no sólo del ordenador sino de las horas que les pagamos todos los contribuyentes, esperaba, claro, la argumentación/justificación de alguno de los implicados en esta censurable práctica de “robar folios”. Sin disculparlos, ni mucho menos, ellos quizás podrían achacar a la Sra. Pavlova el uso que también ella hace de esos “folios” ( utilizados de 8 a 15h.), por escribir sobre los “robados” por ellos ellos…
    Les dejo, que a las 10 abro mi negocio (como ven, me compro mis folios).
    A pesar de toda esta acidez que me ha sido provocada – contagiada por una de sus contertulias habituales, les deseo una feliz mañana.

  11. Kant

    Ay, que razón tiene ud, don Miguel, el ser catalanoparlante se me generan estos defectillos al hablar una lengua extraña. Bien, Sarría, no Sarriá. Tomo nota. Ya me extrañaba a mí, por tierras navarras, un nombre tan de acá.

    Tomo nota también de su sincera declaración, doña Ana, todo obedeció a una casualidad y ya está. Aclarado queda.

    Doña Penélope, entiendo que la señora Bou le responderá si así lo considera oportuno, pero yo, al respecto, quisiera hacerle alguna reflexión sobre ese “robo de folios” porque, independientemente de su hecho (reprobable, claro), su misma existencia entiendo que es significativa: ¿por qué se produce?, ¿quién la permite?

    Si levantamos la cabeza por arriba del administrativo que comete tamaña fechoría veremos al responsable (a quién lo permite) del mal gobierno (que por eso se produce). Allí encontraremos a un representante del pueblo, democráticamente elegido por unas urnas y que provisto de una “visa oro”, no son precisamente veinte minutos, ni un paquete de hojas en blanco, ni un par de bolígrafos, lo que sustrae a la Administración Pública, a la Hacienda de todos y al ciudadano (y en concreto, por lo que nos ocupa, a ud). Obviamente, sólo hablo de unos gastos registrados en las respectivas Tesorerías, aprobados por el correspondiente Gobierno (municipal, provincial, autonómico, estatal) y con pleno conocimiento y aquiescencia de la correspondiente Oposición. Sin embargo, caramba, a los ciudadanos (por ejemplo, a ud) se les olvida pedir explicaciones a esos políticos de comilonas pantagruélicas, viajes exóticos, gastos suntuarios, remuneraciones desproporcionadas, salarios abultados, consumos inmorales y permanente despilfarro.

    Aunque eso no es todo, ¿pensó en esas mismas personas, los políticos, con los partidos que los respaldan, cuando sobre los antedichos gastos “normales” agregan aquellos que alegan tener alguna justificación: asesores, consultores, chóferes, secretarios, gabinetes…? Le recuerdo que no eran ni remotamente pensables al inicio de nuestro actual periodo democrático. Pero los ciudadanos, ante ello, mantienen un respetuoso silencio a la par que una inquisitiva saña contra el “chocolate del loro” del funcionario. Tal vez nos iría mejor a todos – especialmente a los comerciantes – si las acideces matutinas las enfocáramos hacia la Luna, no hacia el dedo que la señala.

    No confundamos el síntoma con la enfermedad; lo sintomático, aquí, es que un funcionario pueda despistar un rato de su absurdo horario laboral (no hay ningún país europeo serio que tenga semejante despropósito de jornada, la de 8 a 15) y/o descuidar algún material fungible para su uso privado (hojas, bolígrafos); lo patológico es que unos partidos sin demasiada credibilidad social, con un funcionamiento más que cuestionable, amparen unos profesionales de la política que sin preparación alguna en la inmensa mayor parte de sus casos (tome, tome sus curricula y vea que individuos están al frente de su ayuntamiento o de su diputación o de su comunidad autónoma) rigen los destinos institucionales de las corporaciones públicas. Son ellos, los representantes democráticos y no los funcionarios los que inciden en los presupuestos públicos. Eso es lo preocupante.

    Feliz – y fructífera – mañana también para usted, doña Penélope.

  12. Kant

    Hala, con las prisas, otro despiste, no quise decir “(…) el ser catalanoparlante se me generan (…)”, quise decir, (…) al ser catalanoparlante se me generan (…)”

    Bueno y que lo preocupante, de verdad, al final, ya no es tanto que sean esos representantes legales (los fácilmente corrompibles con argumentos pseudodemocráticos) los que desnivelen los presupuestos públicos con su mal gobierno si no el silencio ciudadano ante el mismo, ante aquellos y ante los partidos que los sustentan.

  13. jserna

    Dice Kant citando a Lafargue: “El fin de la revolución no es un triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad y demás embustes con que se engaña ala humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y disfrutar, intelectual y físicamente, lo más posible. Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse”. Es un lema que yo mismo suscribiría, pero hay un problema: ¿hasta qué punto el objetivo actual de nuestra sociedad es divertirse hasta morir? Siempre que se pueda hay que hacer las cosas con placer, por supuesto. Pero nadie dijo que esta condena bíblica de la que hablaba en el post o el simple hecho de vivir sean lo más parecido al circo o a la juerga ‘non stop’. Creo que la televisión actual –falsamente hedonista– premia esa concepción holgazana de la diversión. Divertirse también supone esfuerzo y sofisticación. Hasta luego. Me voy a trabajar.

  14. Miguel Veyrat

    ¿Alguien podría demostrar que la señora Bou no escribe sus comentarios fuera de su horario de trabajo, por ejemplo, durante la hora del almuerzo, o del bocadillo preceptivo y sindical,o cuando sus compañeras van al Corte Inglés, incluídas las directoras generales, a hacer sus compras? ¿Quién puede juzgar? ¿Quién condenar? ¿Quién pierde el tiempo en examinar las pelusdas en el traje los demás? ¿Quién piensa que todos son de su condición dando alardes de honradez a los cuatro vientos? ¿Por qué dar leccioncitas a nadie? Y menos en un escenario como éste, donde la probidad se le supone a todos, y se practica un inocente entretenimiento intelectual (a veces) a menos que den muestras de recalcitrante estulticia, como nuestro ya imprescindible Paco… Todo mi desconsolado afecto, pues, a la señora Bou, y una reverencia a Penélope, pero esas cosas no securan sólo con bicarbonato. Vive usted rodeada, como todos, de atrabiliarios y severos Catones. Es una cuestión de serena humildad ante el otro. Y dicho ésto, me confieso flagrante ladrón de todos los diarios y medios de comunicación en que he trabajado, pues he usado la vieja Olivetti propiedad de mis patronos en más de una ocasión, y entre crónica, reportaje o información, para escribir algún poema, narración o gión de relato. Con folios propiedad del periódico, en papel “posteta”, como se llamaba aquella porquería entonces, para más INRI. A cambio, jamás me pagaron horas extra por aguardar a la hora de cierre, o dormir cientos de veces con los brazos cruzados sobre la máquina de escribir o sobre la mesa, aguardando una información para”cerrar” la primera página del día siguiente, que llegaba a las cuatro de la madrugada…

  15. Miguel Veyrat

    Erratum:”pelusdas” por” pelusas”, y “gión” por “guión”. No sea que algún mezquino observador me llame iletrado…

  16. Marugato

    La cigarra y la hormiga

    Me llega por correo electrónico este chiste que sin duda podría ser calificado de reaccionario. Contradiciendo las acusaciones infundadas de algún bloguero en el sentido de que carezco de sentido del humor, y a pesar de poner en clave irónica exactamente lo contrario de lo que yo defiendo, lo copio tal cual me lo envían porque quisiera conocer sus opiniones: ¿es realmente muy reaccionario? ¿lo es sólo en algunas partes pero no tanto en otras? ¿refleja simplemente la vida misma?

    Yo particularmente (para que vean que me mojo) lo veo globalmente reaccionario no tanto por las cosas que critica (verdaderas algunas de ellas), sino por la exageración y manipulación demagógica que hace de ellas. Pero, claro, dirán sus autores que es un chiste…

    FÁBULA DE LA CIGARRA Y LA HORMIGA (Versión española)

    Versión clásica

    La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante. Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

    La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, bailando y jugando.

    Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.

    La cigarra tiritando, sin comida y sin cobijo, muere de frío.

    FIN

    Versión española

    La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante. Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

    La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, bailando y jugando.

    Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.

    La cigarra tiritando organiza una rueda de prensa el la que se pregunta por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando quiere, cuando hay otros, con menos suerte que ella, que tienen frío y hambre.

    La televisión organiza un programa en vivo en el que la cigarra sale pasando frío y calamidades y a la vez muestran extractos del vídeo de la hormiga bien calentita en su casa y con la mesa llena de comida.

    Los españoles se sorprenden de que en un país tan moderno como el suyo dejen sufrir a la probre cigarra mientras que hay otros viven en la abundancia.

    Las asociaciones contra la pobreza se manifiestan delante de la casa de la hormiga.

    Los periodistas organizan una serie de artículos en los que cuestionan como la hormiga se ha enriquecido a espaldas de la cigarra e instan al gobierno a que aumente los impuestos de la hormiga de forma que éstas puedan vivir mejor.

    Respondiendo a las encuestas de opinión, el gobierno elabora una ley sobre la igualdad económica y una ley con caracter retroactivo, antidiscriminación.

    Los impuestos de la hormiga han aumentado y además le llega una multa porque no contrató a la cigarra como ayudante en verano.

    Las autoridades embargan la casa de la hormiga, ya que esta no tiene suficiente dinero para pagar la multa y los impuestos.

    La hormiga se va de España y se instala con éxito en Suiza.

    La televisión hace un reportaje donde sale la cigarra con sobrepeso, ya que se ha comido casi todo lo que había mucho antes de que llegue la primavera…

    La antigua casa de la hormiga se convierte en albergue social para cigarras y se deteriora al no hacer su inquilino nada para mantenerla en buen estado.

    Al gobierno se le reprocha no poner los medios necesarios. Una comisión de investigación que costará 10 millones de Euros se pone en marcha.

    Entretanto la cigarra muere de una sobredosis.

    La Ser y TVE comentan el fracaso del gobierno para intentar corregir el problema de las desigualdades sociales.

    La casa es okupada por una banda de arañas inmigrantes. El gobierno se felicita por la diversidad cultural de España.

    FIN.

  17. Miguel Veyrat

    No es que sea reaccionario, estimado Antonio Flórez, alias Marugato, es que se cae de simple (no confundir con sencillo). Lo que no entiendo es que reconociendo usted que el relato pueda ser reaccionario y representar lo contrario de lo que usted siente y piensa (he visitado también su blog, donde se proclama progresista), contribuya usted a su difusión. Pero bueno, moscas más difíciles de atar por el rabo hoy ahora planteadas en este blog, como para preocuparse de tales simplezas.

  18. jserna

    ¿Cuándo trabaja un escritor o un historiador o, más en general, un lector? ¿Cuáles son sus horarios? Aquel que se forma y que con todo se nutre, ¿cuándo se esfuerza…?

  19. Miguel Veyrat

    ¿Y aún se pregunta, Serna, “a qué debe esa expulsión? ¡Querido amigo, cuidese, Gran Hermano vigila y será usted severamente denunciado por trabajar en sus horas de trabajo en la peligrosa manía de pensar.

  20. Arnau Gómez

    Leyendo el comentario sobre el Edén y sus primeros pobladores bíblicos,se me ocurre que la llamada civilización ha sido el mayor castigo bíblico y la pretendida maldición,el trabajo para ganarte el pan, y para ponernos al día, pagar la hipoteca,las vacaciones,el precolegio de los niños (sus aditamentos),solo es una mínima maldición en comparación con la maravillosa naturaleza que rodeaba a nuestros primeros padre bíblicos.
    Las cosas han cambiado y ahora los que viven en las escasísimas selvas virgenes que todavía existen en nuestro cada vez más civilizado y desértico planeta, son tildados de salvajes.También ha cambiado el concepto de trabajo como maldición.Ahora la maldición es no tenerlo,porque te aleja del paraíso consumista y globalizador.Dios no se enteró o hace tiempo que aprendió a leer.

  21. Kant

    Gracias, gracias, don Paco, pero lo mío no es bondad, ya le dije en la pasada temporada que yo lo aprecio a ud. mucho: es un estupendo payaso que a otros molesta, a algunos irrita y a mi me hace reír a mandíbula batiente. Especialmente cuando pone esas faltas de ortografía tan graciosas, como la de introducir la extremidad superior de un ave, el ala, cuando quiere utilizar la interjección denotativa de una persistencia, hala. Ud. no se preocupe por ello, persevere que con esfuerzo y dedicación algún día logrará salir del Parvulario y entrará el Colegio de los mayores. Suyo afectísimo…

  22. Kant

    Señor Scalfaro, qué idea tan interesante… sólo que dios nació mujer, así que ese dios varón del que hablan los judíos, usted cita y con él se argumenta para hablar del Edén (de la expulsión del paraíso monoteísta), debe ser un advenedizo.

  23. Kant

    Otra versión.

    La hormiga hace trabajar a brazo partido, todo el verano, bajo un calor aplastante, a las termitas que ha esclavizado, a las mariquitas de las que extrae sus azúcares y a sus vecinas de especie cuyo hormiguero ha ocupado y en donde construye su nueva casa, despojando a las otras de la suya y aprovisionándose de víveres para pasar el invierno en ella.

    La cigarra, un insecto culto que había leído las fábulas del bosque, conocía la sinvergüencería de la hormiga. Así que se pasa el verano riendo, bailando y jugando todo el día. La hormiga, cuya avaricia no le dejaba espacio en el cerebro para la sagacidad, pensaba que la cigarra era una fracasada.

    Pero la cigarra se reunía por las noches con los insectos más concienciados del hormiguero de la hormiga avariciosa y, con sus canciones les iba metiendo en su cabeza de esclavizadas la conciencia de su situación.

    Cuando llegó el invierno, la hormiga quiso refugiarse en su casa para lo cual le sobraban los insectos a los que había esclavizado durante el verano. Y allí coincidieron todos. La hormiga que los quería tirar y los insectos que le exigían la plus valía de sus esfuerzos y la libertad que le había arrebatado.

    La cigarra, entonces, hizo sonar su musiquilla, les recordó su situación, enardeció los ánimos y los insectos esclavizados despedazaron a la hormiga avarienta. Las mariquitas encontraron acomodo, las termitas pudieron volver a su hogar y las otras hormigas recuperaron su hormiguero. La cigarra recibió de todos ellos cuanto necesitó para pasar el invierno a cubierto.

    Y siguió cantando durante el invierno en el cálido interior de la tierra de los insectos libres.

  24. Luis

    Quiero felicitar al señor Kant. El asunto de la cigarra y la hormiga todavia es nuestra perdición. Viva la pereza!

  25. Paco Fuster

    Leyendo la entrada de Justo me doy cuenta de la diferente concepción de la Universidad y las clases que separa a profesores y a alumnos (a algunos alumnos). Un tópico que circula por las tertulias de los alumnos en cafeterias de facultad y “cenas de clase” (lo digo por experiencia), dice que los profesores universitarios son gente acomodada, con escaso interés por los alumnos y por su trabajo; un atajo de vagos que se han “colocado” como funcionarios y que con las espaldas cubiertas por un sueldo astronómico y desproporcionado (hablamos de titulares y catedráticos, los asociados son tema aparte), se dedican a vivir la “dolce vita” y a holgazanear. Ninguno de ellos – dice el tópico del que hablo, no lo digo yo – se ha ganado su puesto: ¿han opositado?, ¿han hecho alguna prueba para estar ahí? ¿tienen un curriculum digno del cargo? La respuesta suele ser negativa. Normalmente la gente siempre atribuye las plazas a la misma razón: el “enchufe”, el mero y llano nepotismo (por no hablar de la endogamia en el cuerpo de profesores, otro tema aparte).

    El caso de Justo es paradigmático – no lo digo por hacer la pelota, podría citar otros muchos, pero ya que estamos aquí… – de la falsedad de este tópico, que como decia mi profesora A.Aguado de los tópicos, tiene su parte de verdad y su parte de mentira. Pues este caso sería la de mentira. Y lo digo porque los que le conocemos algo, sabemos de su enorme capacidad de trabajo, unas veces en la sombra y sin propaganda y otras veces más público y conocido. Lo mejor del trabajo en la facultad, pienso yo (opino como alumno, pero imagino lo que le ocurrirá a los profesores), es que de vez en cuando tienes la ocasión de ver el resultado de tu trabajo reflejado. Cuando las horas de trabajo intenso dan su fruto, sientes una alegria tal, que por unos minutos o incluso horas, te olvidas de la responsabilidad y la obligación, y sientes que has hecho lo que querias, lo que en realidad te gusta. El trabajo que ha presentado tu alumno esta mañana es un perfecto ejemplo de esto que hablo. Al hombre se le notaba entusiasmado con su trabajo, que había disfrutado haciéndolo y salvando los escollos (¡que paciencia!) de la investigación. Aprovecho para darte la enhorabuena públicamente – como ya se la he dado a Jose Luis, creo que se llamaba así – por tu trabajo.

    Decía W. Faulkner que: “Lo más triste es que la única cosa que se puede hacer durante ocho horas al día es trabajar”. En parte es verdad. A mi me ocurre esto con mi trabajo de fin de semana (camarero), que cada més me cansa más (ya son muchos años). Comparado con este, la facultad se me antoja casi el paraíso (y ya no digamos la tranquilidad de una tarde en la hemeroteca, consultando esas revistas que nadie lee). Estoy esperando a empezar el curso para ir a clase, aprender y disfrutar haciendo trabajos (que no trabajando) sobre lo que me gusta. Siempre me he considerado un privilegiado por estudiar lo que me gusta, por tener a los profesores que tengo (salvo excepciones contadas) y por pasarme el dia en Valencia de biblioteca en biblioteca. Veo los libros de economia y contabilidad de mi hermano (recién licenciado en A.D.E.) y me reafirmo. Me parece genial poder hacer un trabajo (y que me lo puntuen, bien o mal) sobre una novela de Garcia Marquez o sobre la historia de la mujer en la época medieval. A otros le parecera un peñazo – entre ellos mi hermano – pero bueno, para esta la variedad. Lo malo es que el 60% de la gente (siendo generoso) no trabaja en aquello que le gusta o le gustaría. Esos son los que sufren la condena.

    PS: A título anecdótico y aunque parezca coña, mi tia regentó durante una época un bar llamado así, “El Edén”. No se trataba de un bar de carretera como imagina Justo para un nombre así, sino de un bar de pueblo (concretamente de l’Alcúdia, desconozco si todavía existe) que conociendo a mi tia y al pueblo (nunca estuve allí), más que edénico, me lo imagino dantesco.

  26. Pavlova

    Hace ya muchos años que desistí de enseñar a leer al que no sabe, fundamentalmente porque casi todo el mundo sabe, sabe leer, pero hay muchos analfabetos funcionales y es inútil. Por eso, la que no entraréa trapo seré yo, lo que sí quiero aclarar, por si as moscas, o las cigarras y hormigas, es que yo no sabía en qué condiciones escribía nuentra encantadora Conterula Bou y nada más ejos de mi ánimo que juzgarla.

    Sí me gustaría saber qué quiere decir esto qued dice Penélope

    “Sin disculparlos, ni mucho menos, ellos quizás podrían achacar a la Sra. Pavlova el uso que también ella hace de esos “folios” ( utilizados de 8 a 15h.), por escribir sobre los “robados” por ellos ellos…”

    ¿Qué dice que hago yo? Ay, madre.

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